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La forma del agua, de Guillermo del Toro y Daniel Kraus

La forma del agua

La forma del agua“Al amor. En sus muchas manifestaciones y formas.”

Así comienza esta historia, con esta sincera dedicatoria de los creadores. Y es que este es el principal tema de esta brillante novela, que se manifiesta de formas diversas desde sus primeros capítulos. Porque todos aquellos que conocemos, en especial, la obra de Guillermo del Toro, sabemos que este es uno de los temas que más aborda en sus películas y creaciones. Aunque, de forma más especial que este, sabemos que en sus historias siempre destaca lo diferente al ser humano. Los monstruos que quizás no sean como siempre nos hemos imaginado…

Y así es La forma del agua. Una obra que se aleja demasiado de lo convencional, en todos los sentidos, y se centra en personajes olvidados, marginados por la sociedad, para darles un hueco en el mundo. Tanto Elisa, la protagonista, una joven muda sin apenas amigos, limpiadora y con una vida aparentemente normal, como el resto de los personajes que se van incorporando a lo largo de la trama.

Aunque no me sorprendió, porque me encanta este matiz de Del Toro, que seguramente haya matizado junto a Daniel Kraus, todos aquellos que aparecen en esta novela se sienten fuera de la sociedad y esta novela se ha convertido en todo un homenaje a ellos. Como héroes, pero también como villanos, ya que deben tomar decisiones que afectarán también a personas inocentes. Y me ha gustado mucho que muestre ambas caras, que todos los seres humanos tenemos, pero que no siempre se muestran como deberían. Y esa forma de conectar todos estos aspectos tan humanos con “el monstruo”, ese otro personaje, esa especie de anfibio, que aparece en medio de la novela para trastocar las vidas apacibles de todos ellos. Y cómo se desarrolla una bonita y real historia de amor y amistad que transpasa todas las leyes de lo que es real y lo que no lo es.

Y esto, aunque quizás sea lo más especial de La forma del agua, no es lo único. Me ha encantado la forma de narrar de estos dos brillantes creadores, descriptiva y repleta de detalles, y también de reflejar los aspectos más importantes de la sociedad estadounidense de los años 50 y 60, en los que se ambienta esta original novela. Además, su particular retrato del legendario sueño americano, que cómo no, también aparece aquí, es increíble. Porque nada es imposible para aquellos que creen en ello… Nada.

Esta historia, que ha tenido la increíble suerte de haber logrado un Oscar en la gala de este año, me ha sorprendido por su capacidad de adaptar una necesidad humana universal, que es la necesidad de amar y ser amados, y enfocarla en una relación de amor desinteresada y tremendamente real entre una mujer y un ser ficticio. Ha sido un placer leer esta novela y disfrutarla de principio a fin junto a sus personajes, ni héroes ni villanos, lo mejor es que son una mezcla de ambas cosas. Me ha parecido increíblemente interesante y me ha dejado con la sensación de una lección aprendida: no juzgar a nada ni a nadie por lo que parece, sino dejarse llevar por los sentimientos y las emociones que despiertan los hechos. Pero no solo los hechos empíricos, sino también todo aquello que no podemos ver, pero que sí podemos sentir.

Esta es de esas historias valientes, reales a pesar de ser fantásticas, y originales, pese a tratar un tema que casi todos los libros tratan. La cuestión es la sensibilidad en cómo lo tratan los creadores y todo lo que son capaces de transmitir, tanto en esta novela a través de las palabras, como en la película, a través de la música y las imágenes en movimiento. La forma del agua es ternura e inocencia y tiene las dosis perfectas de realidad y fantasía para atrapar a cualquiera.

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BCN Noire, de VV.AA.

bcn noire

bcn noireLo negro en formato cómic y en píldoras. ¡Irresistible combinación! Tenía que caer y más después de haber ojeado los diferentes estilos y los cantos de sirena de la cuidada edición de Norma. Lo de que todas las historias estuvieran ambientadas en Barcelona era lo de menos. Toda ciudad tiene sus historias negras. Absolutamente todas. Barcelona tiene, además, el atractivo de su particular encanto urbano modernista y de sus gentes y, además, el haber sido declarada en 2016 por la UNESCO Ciudad Literaria, por su presencia continuada en el mundo literario, (aunque eso es lo de menos). Así que venga, va, compro la idea. De cabeza.

El germen de todo esto ha sido Raule (Jazz Maynard), guionista y experto en esto de la negrura. Su idea era escribir historias del género, ambientadas en la Ciudad Condal, escritas por autores que debían llevar muchos años viviendo en ella (aunque no hubieran nacido ahí), y que no fueran historias futuristas o históricas – la última se ha colado porque se le olvidó avisarlo–, ser profesionales del cómic y tener experiencia.

El resultado es una mezcla total de estilos que no hacen sino corroborar la gran salud del género. Veintitrés pildoritas que son veintitrés perlas que pueden leerse sin orden y que da igual por donde se abra el cómic, porque hacerlo, atraparte en su lectura y obligarte a seguir con la próxima y luego con la siguiente y la siguiente es todo uno.

Historias de echadores de cartas, videntes, carteristas que dan el palo y vuelven a su casa a cenar como si hubieran vuelto de su jornada laboral, taxistas, redes de prostitución, drogas, venganzas por chorradas, venganzas dormidas que despiertan tras un reencuentro inesperado, enchufismos en las mafias, sexo, skins, homófobos, detectives borrachos, envidias profesionales, más putas, malos tratos, más venganzas, Ferdie Mer-curie y su ayudante, paquistaníes que dejan su país para ganarse la vida vendiendo cerveza en las calles, noches de lobos, traiciones en la banda, trapicheos con un sofá, corrupción policial, fracasos y penitencias… Todo esto, y mucho más, puebla las páginas de BCN Noire.

Como dice Cristina Fallarás acertadamente en su prólogo, “Este volumen excelente es un compendio de drogas, sangre y putas. Las cosas por su nombre.” Y hablando de nombres BCN Noire en origen iba a llamarse Puta Barcelona, desechado por poco comercial, y después Barcelona viste de negro, título que tuvo que cambiarse (al igual que la gran ilustración de Pasqual Ferry que iba a ser la portada) tras el atentado del año pasado para evitar confusiones.

La verdad es que, para mí, como fan de la novela negra y de los cómics, me ha sorprendido gratamente el conjunto. Tal vez hay un par de historias que no me gustan del todo, pero el conjunto es soberbio, tanto por la enorme calidad del dibujo como de los argumentos. Historias sórdidas, realistas, con finales sin perdices en su mayoría, cruentas algunas, pero que te las crees, porque la realidad cada vez más supera la ficción y la vida es muy puta y hay gente como la que aparece en estas viñetas, que lo pasan jodidamente mal. Y eso no nos gusta. Parafraseando una vez más a Cristina Fallarás, “me gusta que no me guste”. Eso significa que el cómic ha reflejado fielmente cosas de nuestra sociedad que están ahí, pero no deberían. Y quién sabe sí, llegado el caso, no actuaríamos también como muchos de los personajes de estas historias si la situación nos empujara a ello. Si la vida, perra y puta otra vez, nos quisiera poner a prueba, –y, realmente lo hace muchísimas veces a diario y en pequeños actos que son, a su manera, semillas de novela negra que logramos controlar para que nuestra vida siga siendo una novela costumbrista y no pase de ahí a los periódicos–, ¿sabemos de verdad cómo somos? ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer? Todos somos personajes en potencia de una novela de este género. Absolutamente. Y eso es algo que se reafirma tras la lectura de esta colección de historias.

Andreu Martín, Enrique Sánchez AbulíJorge Zentner y Joan Mundet, Natacha Bustos, Hernán Migoya, Diego Olmos, Oriol Hernández, Jordi Lafebre, Roger Ibáñez, Homs, Enrique Corominas, Cristina Bueno, Pedro Espinosa, Sagar, Danide, Marcos Prior, Francisco Sánchez, Josep Busquet, Josep Maria Polls, Danide, Manolo Carot, Ernest Sala y así hasta un total de 48 autores, algunos viejos conocidos, otros, descubrimientos a los que seguir la pista.

Comenta Raule que, si las ventas acompañan, podría hablarse de un segundo tomo. Esperemos que acompañen porque merecen mucho la pena estas historias de la Barcelona negra y criminal. De la Barcelona sucia, pero en realidad de todas las ciudades y de todos nosotros.

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Microterrores, de Diego Palacios Marxuach

Microterrores

MicroterroresUno de mis géneros favoritos de cine es el de terror.  Disfruto (sí, disfruto) muchísimo con las películas que no me dejan pestañear, que juegan con mi mente y me hacen querer ver un capítulo de Heidi después de verlas para ver si se me pasa el mal rollo. He visto tantas películas de miedo que ya me sé todas las tramas y personajes posibles. Existe tal variedad de películas de este género que, desafortunadamente, hay auténticas bazofias. Pero hasta con esos tostones disfruto, qué le voy a hacer. A veces es divertido adivinar lo predecibles que pueden llegar a ser y los sustos metidos con calzador. Hay directores que se piensan que para que una película provoque miedo es imprescindible asustar mucho. A mí me aterra mucho más Jack Nicholson en El Resplandor perdiendo la cabeza, qué queréis que os diga.

En cuanto a la literatura de terror debo reconocer que no estoy al mismo nivel. He leído a poquísimos autores de este género: Poe, King, Lovecraft y poco más. Eso sí, uno de mis libros preferidos y que he releído más veces es Drácula, de Bram Stoker. Supongo que eso me da puntos.

Diego Palacios Marxuach, autor de La escalera y otros microrrelatos (2008) y la biología vampírico-fantástica compuesta por Valeria (2014) y El diablo da las llaves del cielo (2015) sí que es un experto en este género. Ávido lector de las novelas de terror, esta pasión queda reflejada en sus libros y, sobre todo, en Microterrores, su última publicación a manos de Libros y Literatura, con quien colabora como reseñista y responsable de comunicación.

Para los amantes de este género Microterrores es una auténtica joya, porque en él está todo. Y cuando digo todo es todo: vampiros, brujas, zombies, nigromantes, fantasmas y hasta esa rubia tetona que sabes que será la primera en morir. Dicho así suena a topicazo, pero nada más lejos de la realidad. Las pequeñas e intensas micro historias de terror que componen este libro, un total de 77, están escritas con exquisito gusto y son tan sutiles que no te darás cuenta del inesperado giro de guión que esconden. Ese giro que hace que digas: “joder, ¿cómo le irá al abuelo de Heidi?”.

Porque hay que reconocer que los objetos que se mueven solos asustan, que los áticos con puertas cerradas no esconden nada bueno, que los espíritus y dementes acojonan y que la soledad es, a veces, terrorífica. Se me vienen un montón de referencias cinematográficas a la mente al leer estas pequeñas historias: desde It a Hannibal Lecter, desde la puñetera abuela de La visita hasta Gary Oldman interpretando a mi querido conde Drácula. Ese Jack Nicholson que os comentaba antes volviéndose loco con su personaje de Jack Torrance e incluso las llamadas telefónicas de Scream (saga mala donde las haya, pero con buenos resultados).

Todo está aquí, en Microterrrores. Eso y mucho más, porque Diego nos sorprende con inesperadas vueltas de tuerca, con nuevos terrores, con otras formas de pasar miedo mientras leemos. Mucho más difícil asustar al lector que al espectador, claro está, pero Diego lo consigue.

Si os gusta este género, Microterrores es sin duda vuestro libro. Si no sois muy fans del terror, siempre podéis tener preparado un capítulo de Heidi o Sonrisas y Lágrimas para ver entre historia e historia. O si no, podéis recurrir a leer algo de Paulo Coelho, aunque yo no sé qué da más miedo, la verdad.

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La escala de los mapas, de Belén Gopegui

La escala de los mapas

La escala de los mapasHace un rato comentaba con alguien este libro y le decía que para mí era «un por fin en toda regla». Y es que sé, y acepto, que muchas de las personas que lean esta reseña se/me digan que llego bastante tarde a La escala de los mapas de Belén Gopegui, y seguramente tienen razón. Tienen razón y no, porque sí, sé que han pasado años, 25 en concreto, casi los que yo tengo, pero también sé que muchas veces pienso, cuando un libro me pega tan fuerte como este, en si el haberlo leído en otro momento, el no haberlo leído nunca, el no saber de su existencia, el tenerlo siempre ahí encima sin entrar en él, hubiera sido igual. Puedo decir, recién entrados en abril y con unos cuantos libros ya leídos este año, que esta ha sido la lectura que más he disfrutado de 2018. Ojalá sigan las sorpresas. El mundo literario es un buen lugar para ello. Y todo gracias a la recuperación por parte de Literatura Random House de este libro que en ocasiones puede llegar a hacerte pensar que un alter ego tuyo, con aptitudes de escritor, lo ha escrito en otra vida, en otro momento, en otra realidad, para decirte lo que eres capaz de llegar a sentir.

Como digo, Literatura Random House recupera en este 2018 La escala de los mapas, la gran novela de Belén Gopegui, en una edición 25 aniversario en tapa dura y acompañada por un epílogo de la propia autora que suma delicia a lo que parece no poder dar más de sí. Para quien todavía no la haya leído (¡qué envidia!), se podría decir que La escala de los mapas es una carta de amor a esa persona que siempre hemos querido/pedido/deseado que nos acompañe en vida. Todo narrado por la fuente de ese amor puro y desbocado, que es Sergio Prim. Creo que todos hemos sido alguna vez Sergio Prim, sino siempre, y todos hemos querido/pedido/deseado alguna vez una Brezo Varela, sino siempre.

Sergio Prim es el desdoble, a veces cóncavo, a veces convexo, de un hombre que ha sido conquistado completamente por su mente. Si una nariz pudo ser un hombre dentro de un cuento ruso, cómo no va a poder serlo una mente bajo las líneas repletas de bellas palabras de Gopegui. La escala de los mapas es la confesión de alguien para quien el amor hacia una mujer es el compás de su vida, es la pauta de su camino, las huellas donde pisar para poder seguir avanzando. La excusa, la venda, el disfraz de este amor escrito es una vida de geógrafo triste que busca poder encontrar algo que él cree que existe: el hueco. ¿Y qué es el hueco? Pues verás, ¿alguna vez has sentido que la multitud no era un conjunto contigo? ¿Alguna vez te has dado cuenta de que si existiese la soledad habitarías a fondo en ella? Ese es el hueco que busca Sergio Prim, aunque siempre camine hacia su admirada, su midons, Brezo. ¿Y si fuera ella?

Iba a decir que lo que me parece más admirable del libro es cómo Gopegui consigue expresar de manera magistral un sentimiento tan usado y manoseado como es el amor en la literatura. Pero no, seamos sinceros, lo que me parece admirable es que haya conseguido escribir esto con 30 años. No me queda mucho para cumplirlos, alguna vez he debatido conmigo mismo si sería capaz de escribir algo decente y, de repente, Gopegui. No, no soy para nada capaz. Por otro lado, estoy seguro de que si Sergio Prim existiera y lo conociéramos la gran mayoría lo odiaríamos (de hecho, Gopegui en el epílogo se sorprende de que Prim no caiga mal a los lectores), pero ¿no es eso lo que pasa con la gran mayoría de genios? Es la mente de Prim lo que enamora, lo que engancha, y la mente solo es capaz de transmutarse en luz legible a través de los libros. Gracias a [inserte aquí su dios] por darme esta afición.

En definitiva, y aunque Prim tenga la suerte de (medio)conseguir ese amor suspirado que todos alguna vez hemos tenido (y que a la mayoría nos ha rechazado o ni siquiera nos ha sabido), creo que debo decir que es este un libro para todo aquel a quien alguna vez el corazón le ha latido más rápido, más lento, diferente, cuando ha visto a una persona de sexo contrario, igual o indefinido, pasar por su lado creando auto e inconscientemente un nuevo campo gravitacional entre los dos. La escala de los mapas es uno de esos libros piscina, en los que alguien se baña y queda para siempre dentro. Disfrutad de lo que cuenta Sergio Prim. Quizá consigue que digáis con vuestros sentimientos lo que he dicho yo con el libro (¿y si lo estaba diciendo también por los sentimientos?): «un por fin en toda regla». Hay libros que son consejo, señal, premonición, aviso y auxilio. Y libros que son todavía más. La escala de los mapas es padre y madre en ese festival de categorías.

 

 

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La posada Jamaica, de Daphne du Maurier

La posada Jamaica

La posada JamaicaLa posada Jamaica es un libro de 1936, les mentiría si les dijera que leída hoy día sus giros argumentales resultan sorprendentes o que hay algo en ella que a nuestros ojos pueda resultar nuevo, no ya escandaloso, pero les mentiría aún más si les dijera que pese a eso les va a resultar fácil despegarlos de sus líneas, si no reconociera hasta qué punto he disfrutado con su lectura, dinámica y absorbente.
Daphne du Maurier gozó de un notable éxito en su época, algunas de sus novelas, singularmente Rebeca pero también La posada Jamaica, fueron llevadas al cine por Alfred Hitchcock y eso hace que la trama suene conocida. Probablemente la hayamos visto todos en algún momento u otro, aun sin recordarla, pero créanme, es indiferente. Se disfruta del libro y de la historia como si se leyera con ojos nuevos porque sus virtudes literarias son más que suficientes para lograrlo.
La ambientación es extraordinariamente brillante, los páramos de Cornualles son un personaje más, omnipresente y opresivo, y es posible que sea además el más brillantemente construido porque el resto son sumamente eficaces pero, aunque tienen sus aristas, un tanto evidentes. También da igual. Se disfruta como un niño con la lectura. Y es una historia dura, incluso muy dura. Aún hoy el retrato del trato brutal que reciben las mujeres en ambientes rurales resulta sobrecogedor y hay momentos en los que la reivindicación de la libertad y la autonomía de la mujer es gratificante, especialmente por estar escrito hace tanto tiempo, aunque lógicamente no puede evitar ser hijo de su época.

La posada Jamaica es una historia imaginada en un escenario real y al leer la descripción del paisaje y la época resulta evidente qué es lo que llamó la atención de la autora. El paraje más de un siglo antes debía resultar inhóspito y fértil para la brutalidad y la violencia, en cualquier ámbito pero especialmente contra las mujeres. Y la parte de suspense o de aventura es tan inherente al paisaje descrito que resulta sorprendente que no haya sido un tema recurrente en la literatura inglesa.
La autora demuestra un talento especial para transmitir las contradicciones de una mujer fuerte en ese ambiente, logra que suframos con ella y que corramos por los páramos tan aterrados por la ténebre presencia de La posada Jamaica como ella, que tratemos de averiguar qué es lo que ocurre entre sus paredes y que nos espantemos cuando lo descubramos.
También merece unas palabras la edición: es un libro precioso desde la cubierta a la última página, con un cuidado del detalle que incrementa el placer de la experiencia lectora.
Da igual si han visto la película o si conocen la trama, si acompañan a Mary Yellan en sus andanzas por el páramo no lograrán que la pobre sufra menos por la compañía, pero sí que disfrutarán con la emoción y la aventura. Hospédense en La posada Jamaica, serán tan rehenes de sus páginas como la infortunada Mary y su tía lo son de las garras del malvado Joss Merlyn. No tendrán escapar más fácil que ellas.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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He-Man y Los Masters del Universo: colección de minicómics vol.1, de VV. AA.

he-man y los masters del universo coleccion de minicomics vol 1

he-man y los masters del universo coleccion de minicomics vol 1En la década de los 80 todos los niños querían uno.

Con tan solo esta frase la tarea de adivinar el objeto de deseo podría llevarnos varios años. Así que, es necesario acotar más, allanando el camino hacia la incógnita final. No era un Gremlin ni tampoco un Transformer y, podemos añadir, que el juguete guardaba ciertas similitudes con Conan. La semejanza con el Cimmerio creado por Robert E. Howard es tal vez el indicio definitivo que os haya llevado hasta He-man y los Masters del Universo. Aunque me da a mí que la pista principal ha sido el título de esta reseña.

Hubo una época en la que yo también anhelé poder jugar con un Masters del Universo. Para alcanzar ese fin pacté una alianza con mi hermana que enseguida se puso en marcha con una brutal táctica ofensiva: dar la tabarra a mis padres para que nos compraran uno de esos muñecos de piernas arqueadas y de descomunal pecho de culturista adicto a los anabolizantes. Finalmente unas navidades nuestra batalla culminó en victoria y cada uno recibió su parte del botín. El He-Man que obtuve era una de las figuras de la última hornada, de la serie de animación The new adventures of He-Man. Aquel He-Man era más estilizado, menos cabezón, de músculos menos monstruosos y portaba unos accesorios de corte más futurista. En conjunto resultaba algo menos carismático, pero no dejaba de ser lo que yo tanto había deseado. Casi treinta años después todavía lo conservo.

Aunque ha llovido mucho desde entonces recuerdo vagamente como era el packaging de las figuras (por lo menos el de las más clásicas): la palabra Masters coronando el blíster, en el centro se originaba una explosión rojiza de piedras que eran lanzadas contra el espectador, y, en medio del aluvión de rocas, de forma llamativa, incluso sugerente, la figura. Pero había algo más, una última, gratificante e inesperada sorpresa oculta tras el muñeco y que solo tras haber hecho pedazos el paquete de forma frenética se hacía patente: un minicómic.

He-Man y los Masters del Universo: colección de minicómics vol. 1 recoge los primeros 15 minicómics de los 51 que se llegaron a publicar. Así pues, empezaremos descubriendo los orígenes de He-Man y los compañeros que posteriormente se le unirían, asimismo ocurrirá con su némesis Skeletor y sus lacayos, a través de unas historias que rondan la veintena de páginas. A los primeros de estos cómics no se les puede etiquetar como tal, pues eran más bien cuentos con una única ilustración por página. Con todo, no tardarían mucho en dejar atrás esos cuentos de narración farragosa para dar el salto al, siempre más ágil, mundo de las viñetas.

La estructura de los cómics, de un máximo de cuatro viñetas por página, era siempre la misma: Skeletor intentado hacerse con el control del poder que ostentaba el castillo de GraySkull para dominar el mundo de Eternia. He-Man entrando en acción. Un intercambio de tortas entre el bien y el mal, y, finalmente Skeletor huyendo con el rabo entre las piernas. “¡Maldito seas, He-man! ¡Has vuelto a derrotarme! Pero algún día… ¡Te venceré! ¡Yo, Skeletor, lo juro!” Puede afirmarse, sin duda alguna, que los guiones eran simples como el mecanismo de un chupete, pero, al igual que el accesorio para bebés, sumamente efectivos. Y es que los minicómics no solo funcionaban como una brillante idea de marketing para que compraras las figuras que desarrollaba Mattel, sino que además creaban un contexto que resultaba un brutal fertilizante para la floreciente imaginación de los niños. Tramas que, simple y llanamente, estimulaban a seguir jugando, aunque, como en mi caso, ese juego implicara que los Masters del Universo debían luchar hombro con hombro con las Barbies de mi hermana para detener los pérfidos planes de los malévolos G.I. Joe.

Pero hablemos de la gente que hizo posible las historietas, pues tras estas encontramos a dibujantes de la talla de Alfredo Alcalá o Mark Texeira. El primero sería uno de los que daría forma a La Cosa del pantano de Alan Moore, además de ser un habitual en Marvel dibujando a Conan el Bárbaro; algo que le haría perfecto para dibujar un mundo ambientado en el subgénero fantástico de espada y brujería pero que también gozaba de grandes dosis de ciencia ficción. Por otro lado tenemos a Mark Texeira que, a posteriori, se convertiría en un peso pesado de la industria con títulos como The Punisher: War Journal y diversas aportaciones para Wolverine o Spiderman. El dibujo de Texeira es atractivo aunque irregular: épico en algunas viñetas y simplemente correcto en otras. Alcalá, en cambio, es más hábil a la hora de otorgar detallismo a cada personaje o escenario. En lo referente al color hay que destacar esas tonalidades desvaídas que le da al conjunto ese aire de objeto arqueológico que inflamará la morriña por los años 80 de más de un lector.

A tener en cuenta también los extras que aporta esta edición: prólogo del presidente de Mattel, entrevistas a guionista y dibujantes, detalles sobre el proceso creativo, y anécdotas que, en forma de breves acotaciones a pie de página, servirán para explicarnos por qué el diseño de algunas figuras fue variando o en qué momento los minicómics se inspiraron en la serie de animación producida por Filmation.

He-Man y los Masters del Universo: colección de minicómics vol. 1 publicado por ECC es un libro esencial para todo aquel que creció gritando a los cuatro vientos: Por el poder de Grayskull… ¡Yo tengo el poder!

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Cuentos góticos, de Emilia Pardo Bazán

Cuentos góticos

Cuentos góticosEsta cuidadísima edición nos presenta de forma ciertamente hermosa los cuentos de terror de Emilia Pardo Bazán, quien además de ser una de las mejores novelistas españolas del XIX introdujo en España el cuento gótico y lo hizo de la forma tan brillante que podemos comprobar en esta obra. Cuentos góticos es, por tanto, precisamente eso, una recopilación de once cuentos góticos, pero permítanme que, como acostumbro, me salga un momento del guion y les diga que antes que góticos, oscuros o terroríficos, son gallegos. Universales, por supuesto, como todo lo que está bien escrito, pero de ambientación y espíritu tan de su tierra que es imposible sustraerse a su origen y dedicarle unas palabras.
Y aún tengo otra apreciación personal: en estos Cuentos góticos destaca también la elegancia con la que están escritos, como si la autora quisiera aterrorizar sin asustar, no sé si me explico. El miedo tiene una importante componente psicológica, no se logra a base de truculencias o brutalidad, por decirlo de otra manera, al cerrar el libro no teme uno que le haya salpicado la sangre, pero las historias quedan ahí, y uno vuelve a ellas y las siente, y es entonces cuando valora esa dimensión terrorífica de la que hace gala la edición.
Cuando un libro está tan primorosamente editado como este, es obligado hacer mención, a modo de homenaje, a los responsables. Y no me refiero sólo a uve books, la editorial, sino que no puedo resistirme a traer a estas líneas a Sandra Márquez, responsable de diseño y edición de arte, y a los padres y madres de las ilustraciones interiores: Édouard de Beaumont, Charles Dana Gibson, Émile Bayard y William John Hennessy.
Igualmente, ante libros como este, resulta sumamente ilustrativo traerles el índice, porque los títulos a su vez dan pistas sobre los temas:
– Vampiro
– El conjuro
– Un destripador de antaño
– Mi suicidio
– La resucitada
– El antepasado
– El espectro
– El mausoleo
– Las espinas
– La cana
– El fantasma
Todos los Cuentos góticos me han resultado brillantes y atractivos pero permítanme que les destaque uno, “La resucitada”, cuya oscuridad me ha resultado deslumbrante porque no es la del escenario, la de la muerte o la del propio miedo la que retrata, sino la del alma humana y la de ese poderosa fuerza destructiva que es la superstición. Un cuento ejemplar que trasciende géneros y que deja un regusto triste, amargo, pero de una extraordinaria potencia literaria.
Aunque sea un libro de esos que merece la pena tener para mirarlo de vez en cuando, recordar alguna historia y admirar las ilustraciones, al final se trata de disfrutar de la lectura. Del miedo ya se encarga Emilia Pardo Bazán.

Andrés Barrero
@abarreror
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Gente corriente, de Vincent Zabus y Thomas Campi

Gente corriente

Gente corrienteDel mismo modo que, según dicen, el sentido común es el menos común de los sentidos, podemos decir que la gente corriente es la más extraordinaria que existe. Coged una revista y leed sobre la vida y milagros del futbolista estrella del momento, escuchad al actor de moda contar su vida, descubrid cómo le gusta pasar el tiempo libre a esa cantante revelación. Rascad un poco esa superficie de glamour y famoseo y veréis que sus vidas no son tan diferentes de las del resto de los mortales. Rascad un poquito más y os convenceréis de que, en realidad, sí son diferentes: son infinitamente más anodinas que la de cualquier hijo de vecino. Y hablando de hijos de vecinos, hoy os traigo unos personajes tan interesantes como el señor del cuarto segunda. O más.

En una calle adoquinada de edificios de tres plantas, que desemboca en una plazoleta con una pequeña iglesia, en un barrio de París, viven, cual obra de Pirandello, seis personajes en busca de un sentido a su vida. Uno de ellos, Paul, se regodea en su amargura, que recientemente se ha visto acentuada por la llegada a su oficina de un hombre que sonríe. Paul, que anhela una vida banal y plana, no tolera que alguien que tiene el mismo trabajo que él pueda lucir esa sonrisa. Se ve obligado a tomar medidas.

En otra casa vive Lucie, una anciana que trabaja limpiando casas y dedica su tiempo libre a construir maquetas de ferias. Lucie es, además, una mujer invisible. Nadie se da cuenta de si viene o se va, si está aquí o se ha ido, porque Lucie no significa nada para nadie. Ni siquiera sus cuarenta años de trabajo constan en sitio alguno, por lo que le deniegan un aumento de la pensión en una escueta carta de la administración, cuando ella esperaba una felicitación de su hijo por su cumpleaños. También se ve obligada a tomar medidas.

El papá de Louis es otro de los personajes corrientes que deambulan tristones por esta calle de adoquines. Perdió a su mujer y no ha superado nunca su muerte. Ni siquiera la presencia de su hijo da sentido a su vida, y levantarse cada mañana es una mera función biológica. Es más fácil seguir vivo, contestando con un simple “bueno” a todo lo que le dice su hijo, que languidecer en la cama hasta el fin de sus días.

El señor Armand ha convertido la ventana de su casa en el mostrador de su biblioteca. Desde allí observa los ires y venires de los vecinos, aunque los ojos siempre se le van tras Irina, una bella y enigmática señora de largos cabellos grises.

En las veinticuatro horas que transcurren de la primera a la última viñeta, estos seis personajes van a vivir un día tan corriente como sus vidas, o lo que es lo mismo, van a sucederles cosas extraordinarias. Con las cálidas ilustraciones y los exquisitos rostros que da Thomas Campi a los personajes, y con el excelente guión de Vincent Zabus, que consigue entrelazar con maestría, sencillez y sin costuras estas seis historias, Gente corriente nos cuenta una hermosa y emotiva historia de nuestro tiempo. En esta sociedad en la que tanta gente se limita a dejarse llevar, arrastrando los pies y mirando al suelo, Gente corriente quizá no cambie nuestras vidas, pero sí nos demuestra que ese cambio está a nuestro alcance.

 

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El futuro es femenino, de VV.AA.

El futuro es femenino

El futuro es femeninoQuien todavía no tenga claro que el futuro es femenino es que debe de estar en otro mundo. Solamente hay que ver lo que ocurrió el Día Internacional de la Mujer, un día que pasará a la historia por la lucha contra la desigualdad y la discriminación de género. Ese día me sentí más orgullosa que nunca de todas vosotras y este sentimiento de sororidad que me acompaña desde entonces me tiene el corazón bien contento.

Pero, desafortunadamente, esto no puede parar. Toda esta lucha no puede quedarse en lo anecdótico de un día, tenemos que permanecer unidas y seguir alzando nuestras voces. Y una de las mejores formas de hacernos oír es a través de la literatura, ¿no os parece?

Por eso mismo, libros como El futuro es femenino me parecen tan necesarios y recomendables. Porque gracias a la literatura, las benditas palabras, tenemos una gran oportunidad para llegar a todos, para ser escuchadas y leídas, para seguir luchando a través de la palabra.

En El futuro es femenino ilustradoras y escritoras se unen para dar voz a las mujeres y niñas, pues ellas son las protagonistas de todos los cuentos que se encuentran recogidos en este precioso libro. Niñas valientes que no tienen miedo a ser ellas mismas, a dejarse notar y reivindicar sus derechos. Historias que todos deberíamos leer y que, sobre todo, las niñas y jóvenes de hoy en día deberían tener muy en cuenta, ya que deben saber que el futuro les pertenece.

Como podemos leer en la introducción:

“(…) que si ya eres mujer, enseñes a las niñas que tengas cerca que no son menos que nadie y que se merecen tener las mismas oportunidades y libertades que cualquiera. Y que si no lo eres, te des cuenta de que estamos muy lejos todavía de vivir en igualdad de condiciones e intentes evitar que las mujeres y las niñas que son importantes en tu vida tengan que volver a protagonizar las historias de estos cuentos.

El objetivo de este libro es que la sororidad y la igualdad de género sean el hilo con el que se teja el futuro. Y que el futuro sea, de una vez y por todas, también femenino”.

Creo que no podría expresarse mejor y creo que el objetivo de El futuro es femenino no podría ser más perfecto. Un libro precioso, con ilustraciones de artistas tan conocidas como María Hesse, Ana Santos,  Amaia Arrazola,  Laura Agustí, Elena Pancorbo, Agustina Guerrero, Lady Desidia y Naranjalidad que acompañan de manera brillante estos cuentos que han de servir como ejemplo para todos y todas.

Además, el 5% de la venta de este libro será donado a la ONG InteRed, que trabaja por el derecho a la educación transformadora de calidad e inclusiva en población infantil, juvenil y adulta. No hacen falta más motivos, ¿verdad?

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La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún, de Nagabe

la pequeña forastera siuil a run 2

la pequeña forastera siuil a run 2Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había dos países separados por un muro. En un lado estaba el país exterior, bajo el control del dios negro, en el que habitaban unos seres terroríficos que contagiaban una maldición a todo aquel que tocaban. En el otro lado, el país interior, dominado por el dios blanco, donde vivían los humanos.

El doctor era uno de esos seres de apariencia horripilante y Shiva era una niña humana desamparada. Sus caminos no tendrían por qué haberse unido nunca, pero lo hicieron, y así dio comienzo La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe, un manga que me cautivó hace meses.

A diferencia del primer volumen, La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún comienza con una escena de acción, y no es la única. Sin embargo, siguen siendo los momentos de convivencia del doctor y Shiva los que hacen que me enamore de esta historia. Las ilustraciones de Nagabe recrean una atmósfera oscura, en la Shiva aparece como único punto de luz. Los sonidos juegan un papel fundamental para que no solo veamos lo que ocurre, sino que lo sintamos. Igual que sentimos el cariño entre los dos personajes protagonistas, que traspasa las páginas. Sentimos la preocupación del doctor al ver que Shiva está en peligro, y la candidez de la niña, capaz de olvidar al instante los momentos más dramáticos, movida por la esperanza de volver junto a su tía.

Lejos de dar respuesta a las preguntas que se abrieron en la primera entrega de este manga, en este surgen otras de la mano de nuevos seres siniestros. Unos y otros se preguntan cómo romper la maldición y Shiva, la pequeña forastera —quizá la única alma pura que queda en ese mundo— es la pieza clave del misterio. ¿Podrá el doctor protegerla hasta el final?

Con La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún llegamos al ecuador de esta historia cocinada a fuego lento, y yo me muero de ganas de leer la continuación. Me fascina cómo con unos pocos personajes, escasos diálogos y sin apenas explicaciones de ese enigmático mundo en el que se desarrolla la trama, Nagabe nos atrapa, nos conmueve y nos mantiene a la expectativa. Sin duda, sus excelentes ilustraciones contribuyen a que sucumbamos a su historia y el giro final, de nuevo, nos deja en vilo. La lectura de La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún ha sido una delicia y seguro que también lo será la de las dos entregas que aún están por publicarse. ¿Cuánto nos hará esperar ECC para el próximo número? Espero que no mucho.

Sé que muchos lectores no le daréis una oportunidad a La pequeña forastera: Siúil, a Rún porque es un manga y se publica por entregas. Pero si dejáis a un lado esos prejuicios, estoy segura de que no os defraudará. Con su guion, Nagabe nos demuestra que es un buen contador de historias y que, por eso, no necesita recurrir a grandes parafernalias para cautivarnos página tras página. Y, con sus dibujos, nos deja claro que el manga es el formato ideal para crear ciertas atmósferas. Yo ya me he apuntado su nombre para estar al tanto de sus siguientes trabajos. Y es que pocas veces se encuentra una con un artista capaz de tanto con tan poco.

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Wabi Sabi, de Amaia Arrazola

Wabi Sabi

 

Wabi Sabi

Uno sabe siempre cuándo empieza un viaje pero no cuándo se acaba. Suele pasar que, mucho tiempo después de volver a nuestra casa, aún seguimos rumiando las direcciones y los atajos del lugar visitado. Hay algo que queda en la ropa o en el pelo, algo que no estaba al principio de nuestra aventura. Quizás es la magia y la maldición de viajar, que cambia para siempre no sólo la persona que somos, sino también el lugar al que volvemos. Amaia Arrazola es el ejemplo perfecto de esto. Tras recibir una beca para pasar un mes en Tokio, decide aprehender todo lo posible la cultura japonesa y plasmar en ilustraciones el potencial tokiota. Desde sus calles y comercios, hasta personajes y conceptos que todos hemos escuchado de pasada pero que pocos saben definir. El resultado de este proceso es un libro que salió a la venta hace unas semanas de la mano de Lunwerg. Una auténtica delicia visual para aquellos que sufren como yo la fiebre nipona.

A medida que pasan las páginas y los días, el lector siente que acompaña a Arrazola en su viaje. La idea de estructurar el libro en las semanas que la artista estuvo en Japón también ayuda. Así vemos que, conforme avanza su estancia, Amaia pasa de un estado de estupefacción constante al de una normalidad autoinducida. Ella lo explica mejor, dejando claro que el proceso consta de tres fases. Primero, flipas con todo; segundo, empiezas a entender los entresijos de la sociedad japonesa; tercero, comienzas a adaptarte a sus costumbres. Es como si el instinto de supervivencia se esforzara en combatir la epilepsia pop que uno sufriría en Japón si no llegase a normalizar la sobrestimulación.

Los propios los nativos sufren de este bombardeo constante de luces de neón y anuncios de mascotas. Justo por eso, ante la supremacía de lo frenético hay una fuerza antagónica basada en el silencio y en la naturaleza. Amaia Arrazola indaga dentro de esta dualidad y la analiza con sus maravillosas ilustraciones. Nos habla de las religiones predominantes en Japón y su influencia en estos paréntesis zen que salpican la ciudad. Templos, parques y zonas de desconexión donde la hiperrealidad desacelera para dejar paso a una versión más amable del mismo país.

Frente a otras guías y libros ilustrados que he podido leer, Wabi Sabi funciona como un manual para principiantes maravilloso. Y es que más allá de las vivencias locas de una occidental que viaja al otro lado del mundo, Arrazola nos explica conceptos muy básicos de la cultura japonesa. Ideas y realidades que pueden sonarnos pero cuyo mal uso puede haber diluido la definición más certera. ¿Es lo mismo una meiko, una geisha y una oiran? ¿El ikebana es un arreglo floral puro y duro? ¿Sabría uno diferenciar entre el teatro y el kabuki? ¿Los samuráis pertenecieron al periodo Edo o a la era Meiji? ¿Para qué sirve un daruma? Con la más absoluta sencillez y haciendo gala de un trazo limpio, la artista nos explica todos estos conceptos de una manera directa y asequible. ¿Es el wabi sabi que da título a la obra ese condimento verde hecho a base de rábano picante que acompaña a cualquier degustación de sushi? La autora tiene una respuesta también para esto.

Llegados a este punto quiero hablar del estilo de Arrazola. La autora, nacida en Vitoria, ha llevado a cabo numerosos proyectos artísticos anteriores al título que nos ocupa. Sin embargo, no había tenido la oportunidad de cruzarme con ellos. Siendo este mi primer contacto con su obra, no puedo más que alabar el talento de la artista. Siento recurrir a un cliché manido, pero en este caso es cierto. Consigue que lo difícil parezca fácil. Y eso es algo que sólo consigue gente con mucho talento. En un primer momento el trazo aparentemente infantil te hace bajar la guardia. Te hace gracia y poco más. Pero a medida que avanzan las páginas y las semanas, ves que has cometido un error de apreciación. Aquí hay años de práctica y un estilo definido —que no definitivo—.

Cuando Arrazola se arma de valor y recrea estampas japonesas del siglo XIX con un respeto absoluto por la obra original, uno no puede más que sonreír y correr por la casa para enseñarle las imágenes a cualquier otro. Como si hubiera interiorizado  la idiosincrasia japonesa, los dibujitos monos conviven con ideas mucho más maduras y elaboradas. El resultado final es alentador y te obliga a memorizar bien el nombre de Arrazola para no perderle la pista.

Para cerrar quiero añadir que aquí se nos insta a unirnos a un viaje muy personal. Como ya hicieron en su día Florent Chavouet con Tokyo Sanpo o la más desconocida Kate T. Williamson con A year in Japan. Este libro es una invitación en toda regla a sumarnos a una aventura desde la mirada de la artista. El Japón que encontramos aquí es el de Arrazola y no el de los mapas. Hay una bendita ignorancia y una suerte de subjetividad que consiguen contagiarnos el estupor y las ganas de salir corriendo al aeropuerto más cercano. ¿Destino? Narita.

Si es verdad eso de que Japón es lo más parecido a una realidad alternativa que podemos encontrar hoy día, Wabi Sabi es el complemento perfecto para perderse. Para entender que no existen representaciones extrapolables del país nipón. No es la guía más perfecta que puede uno encontrar, pero ahí radica su belleza. Ahí reside el ansiado wabi-sabi.

 

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Orlando, de Virginia Woolf

Orlando

OrlandoSi por algo destaca Virginia Woolf en la Literatura, y justamente es uno de los motivos por los que ha pasado a la historia, es por su increíble valentía a la hora de plasmar la libertad que debería ser inherente a todo ser humano, especialmente a la mujer, en pleno siglo XIX y principios del XX. Y este es precisamente uno de los grandes temas que he encontrado en Orlando, el eje sobre el que gira toda la trama y uno de los motivos por los que me alegro de haberme adentrado en esta lectura.

Pero, ¿quién es realmente Orlando? Por un lado, es un noble inocente y tremendamente educado, favorecido por la reina de Inglaterra, que desea enamorarse y vivir. Pero, por otro, es simplemente un joven apasionado de la escritura, que siente que la corte no es su sitio y que quizás no es tan feliz como pensaba. Es increíble cómo la autora va plasmando en el libro estas dos partes tan diferenciadas de Orlando y cómo consigue que se aúnen en una misma persona para que el lector empatice con ella desde el principio. Al menos, conmigo lo ha logrado de tal forma que al final también me enamoré del personaje, al igual que la misma autora.

Porque este interesante protagonista hace que te mantengas pegado a las páginas de este libro hasta descubrir todos los misterios que esconde, sin importar su sexo. Porque este es otro de los grandes temas sobre los que reflexiona Orlando, la libertad del hombre y la mujer a la hora de elegir su sexo y mostrar su verdadera personalidad. Y esto, personalmente, me ha encantado y me ha parecido tremendamente transgresor para la época en la que escribía Virginia. Y me hace admirarla aún más.

Pero no solo por los grandes temas que esconde la novela, que buscan hacer reflexionar al lector y plantearse ciertas cuestiones, que a día de hoy todavía se continúan debatiendo en la sociedad, sino por su brillante pluma. Las descripciones de esta autora son impresionantes. Además de la gran atención que muestra a todos los detalles, llevándonos hasta el lugar en el que desea que nos encontramos y sintiendo todas las emociones que quiere que sintamos, destaca su gran sutileza y el toque romántico con el que está escrita toda la novela. Da igual las páginas que tenga, que consigue que la leas con una sonrisa y aumente tu amor por la literatura. Tengo que admitir que este toque característico en sus libros, ese punto original, que la hace diferente, es una de las cosas que más me maravillan de ella.

Pero, enfocándonos especialmente en esta novela, Orlando desprende alma y personalidad. Y es que refleja, personificada en la figura de su protagonista, una mujer a la que amó Woolf en su vida real. Y la sutileza, la ternura y el cariño con el que describe a este personaje a lo largo de todo el libro, me ha parecido tremendamente brillante y real, quizás precisamente por ese motivo. Y ahí es donde demuestra, además, su enorme valentía a la hora de escribir, sus ganas de mostrar que el amor, a veces, puede con todo. Tanto en la literatura como en la vida real. Y por eso esta es una de sus novelas más optimistas, alegres y reales. Y también una de las más transgresoras para la época, por tratar un tema como es el cambio de sexo, con esa sutileza y ese interés por la libertad. Un canto de amor a la vida, que creo que seguirá impresionando a todos aquellos que se animen a leerla. Al menos, conmigo lo ha conseguido en esta edición ilustrada y tan cuidada, que hace que los apasionados de esta autora (y aquellos que aún no han tenido el gusto de conocerla), la amen aún más y disfruten de ella con todos los sentidos.

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