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Palabra de Lorca, de Rafael Inglada y Víctor Fernández

Palabra de Lorca

Palabra de LorcaNo se me ocurre una mejor manera de empezar esta reseña que recordando el primer libro que leí de este autor: Bodas de sangre. Y cómo, a partir de esta lectura, vinieron muchas otras más. Su particular forma de narrar la pasión, el amor, los celos, la envidia, la amistas, la familia… La España profunda de la Guerra Civil y la Posguerra. Cómo vivían las familias de a pie de aquella época, con sus problemas de dinero, la represión y la falta de libertad que se respiraba en casi todos los hogares españoles.

Siempre me ha parecido muy interesante y muy real todo lo que cuenta Lorca en todo lo que he leído, y que además llega a tu corazón de inmediato. No solo por pensar que eso es lo que seguramente sufrieron la mayoría de nuestros abuelos o bisabuelos, sino también porque esos sentimientos que tan bien refleja este famoso dramaturgo son exactamente los mismos que podemos experimentar nosotros mismos hoy en día.

Por eso, cuando supe que la editorial Malpaso iba a publicar Palabra de Lorca, la primera recopilación completa de sus entrevistas y declaraciones sin la censura que sufrieron años en el siglo pasado, incluso las que se realizaron después de su muerte, supe que tenía que ser mía. No solo por el hecho de profundizar en su obra y los aspectos que se desconocen, sino también por conocer a la persona que hay detrás de tanto talento. Y eso ha sido lo más interesante. Descubrir su talento a partir de los hechos que marcaron su vida, las declaraciones de las personas de su alrededor, que no solo decían que era un escritor brillante, sino también una persona maravillosa.

“Yo denuncio a toda la gente
Que ignora la otra mitad,
La mitad irredimible
Que levanta sus montes de cemento
Donde laten los corazones
De los animalitos que se olvidan
Y donde caeremos todos/en la última fiesta de los taladros.”

Escribe Lorca en uno de sus poemas. Y aquí ya podemos ver algún vestigio de su persona. Un hombre adelantado para su época, que solo ansiaba libertad y felicidad para todos, no solo para los suyos. Y así se demuestra en su obra. Y no todos los escritores son capaces de revelar tanto de sí mismos en aquello que escriben, y es algo que admiro demasiado de él.

Me ha encantado el trabajo que han realizado Rafael Inglada, Víctor Fernández y la editorial Malpaso. Este era un libro necesario para conocer a una de las figuras literarias más importantes del pasado año, y creo que ya se ha convertido en uno de mis imprescindibles. Muchas de las cosas que dice Lorca se han metido en mi interior. Me ha hecho sufrir y amar al mismo tiempo, al ser humano y a sus contradicciones, sus problemas y sus errores. ¡Qué grande habría sido poder conocerle en persona!

Palabra de Lorca no es solo un libro para los que aman a este increíble escritor al que tantos admiramos, sino que creo que también podría ser una bonita forma de que, aquellos que aún no hayan leído alguna de sus obras, empiecen a conocerle y a interesarse por su obra. Porque, que yo recuerde, y no es que sea profesora de Lengua y Literatura, jamás me mandaron ni uno de sus libros como lectura obligatoria cuando estaba en el colegio. Y no sé por qué, pero creo que si nos la hubieran mandado en la ESO (no creo que antes se pueda comprender a Lorca), muchos de los que odiaban leer se habrían interesado más por la Literatura española.

Porque Lorca escribe para vivir y contagia esas ansias de vivir a todos aquellos que leen alguno de sus libros. De conocer todos los aspectos que depara la vida y todo lo que tenemos a nuestro alrededor, la familia, los campos y las ciudades de España, sus gentes… Porque él amaba España, y aunque terminaron asesinándole simplemente por sus ideas y orientación sexual, estoy segura de que España le ama a él. Y como prueba, tenéis que leer este libro.

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Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojos

Detrás de sus ojosSecretos, secretos, secretos. La gente está llena a rebosar de secretos si te fijas bien

Hace unos días, la polifacética y todopoderosa, Oprah Winfrey, daba un discurso histórico delante de algunas de las personas más famosas de Hollywood en la la 75 edición de los Globos de Oro al recoger el premio Cecil B. de Mille. El discurso era un poderoso alegato contra el acoso y el racismo que mantuvo a miles de personas pegadas al asiento. En él, también hablaba sobre la fuerza y la importancia de la verdad: “de lo que estoy segura es de que decir la verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos”. La verdad, la mentira y lo que se encuentra entre ellas, los secretos, son armas poderosísimas que mueven nuestras vidas, e incluso, el mundo.

Cuando le confiesas un secreto a alguien, al principio te sientes genial, pero después se convierte en una carga, en un nudo en el estómago, porque sabes que has encerrado algo que no podrás volver a encerrar y que ahora otra persona es dueña de tu futuro. Por eso siempre he odiado los secretos: es imposible guardarlos.

Si digo que a los seres humanos nos atraen los secretos no estoy descubriendo América. Es un hecho. Nos encanta el morbo de lo desconocido, de lo oculto. Todos llevamos un pequeño Sherlock Holmes dentro que no puede resistirse ante un buen misterio. Cuando sabemos que alguien oculta algo, instantáneamente queremos descubrirlo y la realidad es que todos guardamos uno o varios secretos, ya sean más o menos candentes, por lo que el misterio nos rodea miremos a donde miremos. Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, es una buena muestra de ellos. La novela nos presenta a Louise, una madre divorciada que trabaja como secretaria en una clínica dental y que tiene una vida social casi nula. Una noche conoce a David en un bar y ambos se sienten irremediablemente atraídos, sin embargo, la cosa no va demasiado lejos ya que él se echa atrás en el último momento. Al día siguiente, Louise conoce a su nuevo jefe y no es otro que David que va acompañado de su bella mujer, Adele. Hasta aquí podría tratarse de una historia romántica de enredos más, pero una mañana Louise y Adele chocan en plena calle y comienzan una extraña amistad. A partir de ese momento, Louise se ira adentrando en terrenos pantanosos a medida que va intimando con el matrimonio y descubriendo sus más oscuros secretos.

Sarah Pinborough, nos introduce en una historia que atrapa de la primera a la última página y que, como las matrioshkas rusas, encierra un secreto dentro de otro que iremos descubriendo a través de la voz de las dos mujeres, Louise y Adele, y en dos momentos temporales, pasado y presente. Las dos protagonistas están tan logradas y sus voces tan diferenciadas, que llega un momento en el que podríamos saber cuando habla cada una aunque el libro no nos los especificara al empezar cada capítulo. Además, ambas son unos personajes tan complejos, carismáticos e interesantes, con sus luces y sus sombras, que se hace difícil tomar partido por ninguna de las dos.

Desde el momento en el que abrimos el libro nos vemos atrapados en una telarañara tan adictiva que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo acaba todo. Pinborough, lo consigue mediante una prosa ágil y sugerente que hace que el suspense se palpe a lo largo de todo la historia, a la vez que la sensación de inquietud e incomodidad que nos provoca el conocimiento de que algo malo va a pasar, va in crescendo.

Detrás de sus ojos navega entre varios géneros cogiendo características de todos ellos: de las novelas de misterio, las de terror, y las de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer algo complicado y confuso, la autora sale más que airosa de esta mezcla y consigue una obra perfectamente construida en la que cada palabra está milimétricamente pensada para llegar a un final de infarto que difícilmente nadie se espera y en el que absolutamente todo encaja. Así bien, sólo me queda quitarme el sombrero ante Sarah Pinborough por haber conseguido un libro tremendamente placentero, minucioso y redondo. ¡Chapó!

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El alma dividida, de Luciano Sívori

El alma dividida

El alma divididaSi dijera que El alma dividida, la segunda novela del escritor argentino Luciano Sívori, es una versión actualizada del famoso libro de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, simplificaría demasiado, aunque no sería del todo incorrecto. Y es que Alberto, de veintitrés años, el protagonista de esta historia, es quien se compara a sí mismo con esos personajes, porque hace ya tiempo que siente que se ha desdoblado en dos seres: por un lado, Alpha, una mezcla de actor y cantante que, por el momento, lleva el mando de su vida, y por otro, Beta, su lado más salvaje y violento, capaz de golpear a su padre hasta sumirlo en el coma.

A lo largo de las ciento setenta y dos páginas de esta novela, Alberto nos habla de los cuatro días que cambiaron su vida, según él: «la desgraciada historia de un muchacho perdido en las tinieblas, combatiendo a sus monstruos en busca de respuestas». Y lo más duro de todo lo que nos cuenta es que «esos monstruos vienen en todas las formas y colores (…). Muchas veces es la gente que se supone que debe protegernos. Un padre, un policía».

Al ritmo del rock de Sui Generis, Red Hot Chili Peppers o Andrés Calamaro, los lectores vemos cómo la trivial vida de este joven se convierte en una sucesión de persecuciones, robos, palizas, secuestros y muertes, donde nadie es lo que parece. Desde esa perspectiva, El alma dividida es una novela de suspense de prosa ágil y lectura adictiva, en la que nos espera un nuevo giro al final de cada capítulo para que no podamos hacer un alto y, así, acabemos leyéndola de una sentada, o dos. Pero también es un retrato del alcoholismo y los malos tratos dentro del hogar y una reflexión filosófica sobre la identidad y la bondad. Y, en especial, sobre la carga de los errores pasados: los propios y los de nuestra familia. ¿Estamos abocados a repetirlos? ¿Estamos destinados a convertirnos en ese monstruo al que tanto odiamos?

Es fácil sentirnos identificados con la lucha interna de Alberto. Aunque la suya esté motivada por los traumas, el sentimiento de culpa y el abuso del alcohol, seguro que cada uno de nosotros reconocerá sus propios monstruos, esos que en determinados momentos de la vida nos hacen cuestionarnos quiénes somos en realidad o hacia dónde vamos. Y también es sencillo conectar con él a través de la música que impregna su día a día. ¿Quién no elige una canción u otra según su estado de ánimo? ¿Quién no ha acudido a ella alguna vez para sacar afuera lo que lo estaba destrozando por dentro? O, quizá, hemos elegido el deporte o la lectura como escapatoria de esa realidad que no éramos capaces de enfrentar. Sea como sea, aun sin mafia y delitos de por medio, todos tenemos nuestros monstruos y nuestras vías de escape. Todos somos Alberto, aunque nos pese. De ahí que recomiende la lectura de El alma dividida: una versión actualizada de El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, y mucho más que eso.

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La hija del alfarero, de José Luis Perales

la hija del alfarero

la hija del alfareroNo suelo leer a presentadores o cantantes que se meten a escritores, aunque reconozco que me he llevado alguna grata sorpresa. Por ejemplo, cuando leí, hace ya años, El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta, cantante de Extremoduro. En esa ocasión, iba sobre seguro, porque me lo había recomendado un buen amigo y porque pensaba que si Robe componía grandes canciones, bien podía escribir una historia más larga. Lo mismo imaginé de José Luis Perales.

Ya sé lo que estáis pensando: ¡vaya salto, de Extremoduro a Perales! Sí, es cierto, poco tiene en común la música de uno y otro, pero coinciden en una cosa: saben transmitir con las palabras, provocar emociones. Y, al fin y al cabo, eso es la literatura. Por eso me aventuré a leer La hija del alfarero, la segunda novela de José Luis Perales, para ver si el cantante conquense se manejaba igual de bien sobre la página en blanco que sobre la partitura.

En La hija del alfarero viajamos hasta el pueblo ficticio de El Espejuelo, en la comarca de Vallehondo. En él es fácil reconocer a la tierra manchega que vio nacer al cantante, aunque cualquier otro pueblo de la geografía española podría verse reflejado, sobre todo en los avatares que sufren Justino y Brígida y sus hijos, Carlos y Francisca, la familia protagonista de esta historia. El padre, alfarero al igual que su padre y el padre de su padre, espera que su hijo continúe con el oficio, y el joven se resigna a su suerte. Pero la hija, Francisca, no quiere quedarse en El Espejuelo y, de un día para otro, decide viajar a la ciudad del mar, lo que supondrá mucha tristeza y quebraderos de cabeza para su familia.

La hija del alfarero no cuenta nada nuevo: es la historia que vivieron tantos jóvenes provincianos en la época franquista, cuando dejaban atrás su hogar y viajaban a la ciudad, donde unas veces cumplían sus expectativas de una vida diferente y mejor, y otras, volvían con el rabo entre las piernas, tras ser ninguneados o incluso engañados por personas de más mundo. Pero José Luis Perales retrata, además, la cotidianeidad del pueblo, sus costumbres y sus parajes, y eso es lo que convierte a esta lectura en un dulce viaje al pasado. Demasiado dulce para mi gusto, sabiendo que en aquella sociedad la comprensión no era precisamente la virtud más extendida, y menos todavía en los entornos rurales. Pero es Perales y, como las canciones de Perales, es una historia llena de ternura y esperanza, sin apenas malicia, pese a que la historia podría haberla tenido más que de sobra. Seguramente, no recomendaría este libro a un fan de Extremoduro, mucho más visceral y proclive al lado oscuro de la naturaleza humana, pero sería una lectura que sí regalaría a mi madre, como las canciones de Perales.

En sus primeros pasos literarios, José Luis Perales aún peca de algunos errores de principiante (el tiempo que transcurre entre un hecho y otro, por ejemplo, resulta bastante confuso), pero se le notan las tablas escribiendo canciones en algunos párrafos que son para enmarcar. Parece que esta no será su última novela y eso es una buena noticia. Esa mirada especial que capta la esencia de los pequeños gestos es tan necesaria en la música como en la literatura.

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Encuentros cercanos, de Anabel Colazo

Encuentros cercanos

En los años dEncuentros cercanosorados de los fenómenos paranormales, es decir, allá por finales de los 70 y principios de los 80, en casa veíamos con devoción aquel legendario programa presentado por el inolvidable Dr. Jiménez del Oso titulado Más allá. Todavía se me ponen los pelos de punta al recordar la introducción, con unos dibujos escalofriantes y una música propia de una sala de torturas. En una ocasión, recuerdo que hablaron de un experimento que consistía, sencillamente, en grabar el silencio (hay que recordar también que eran los años del boom del casete. Los mileniales no pueden imaginar la absoluta revelación que supuso para nosotros la posibilidad de grabar y escuchar nuestra propia voz). La gracia del experimento radicaba, por supuesto, en que el silencio estaba, decía el señor del Oso, repleto de sonidos y voces de ultratumba, inaudibles para el oído humano, pero , curiosamente, muy fáciles de registrar en una grabadora. Y un día mis padres decidieron salir al campo radiocasete en ristre y realizar el experimento. Como vemos, no fueron Mulder y Scully los que acuñaron aquello de “la verdad está ahí fuera”. Pero, ¿lo está?

Ésa es la cuestión que Anabel Colazo plantea en Encuentros cercanos, una interesantísima y engañosamente simple novela gráfica. Camino de casa de sus padres, Daniel, el protagonista de la historia, tiene una fugaz visión de un extraño ser, y en ese mismo momento se le estropea el coche. Se da cuenta de que se ha quedado tirado en mitad de la nada, y un coche que pasa por allí lo lleva a El Cruce, un pueblo conocido entre ufólogos por ser escenario habitual de encuentros paranormales. Daniel conoce allí a Juan, un joven que ha recibido amenazadoras visitas de los “hombres de negro”, y a Barry el extranjero, que vive en una caravana y que es una enciclopedia viviente sobre ufología. A partir de ese momento, poco a poco un extraño lazo empezará a anudarse alrededor de la hasta entonces anodina vida de Daniel.

En una época como la nuestra, donde no ocurre nada en ningún lugar del mundo que no sea inmediatamente fotografiado, grabado y viralizado, resulta difícil mantener vivas aquellas ideas, hoy casi románticas, acerca de platillos volantes y hombrecillos verdes. Por eso Colazo va mucho más allá, nunca mejor dicho, y, con un dibujo sencillo, casi naïf, y que nos recuerda mucho al de los entrañables libros de Teo, nos propone un acercamiento mucho más sutil y complejo a este mundo de abducciones, hombres de negro y personas a las que su experiencia, defínase ésta como se quiera definir, les destroza la vida.

¿Dónde está todo el mundo?, se preguntó el físico Enrico Fermi en los años 50, en lo que se vino a denominar la paradoja de El Gran Silencio. De manera muy resumida, esta paradoja nos dice que, pese a que la edad y el inconmensurable tamaño del universo nos inclina a pensar que en algún lugar debe de haber otras civilizaciones, no hay pruebas científicas de ningún tipo que sostengan esta idea. Sólo nos queda, pues, o bien dar credibilidad a testimonios de personas que aseguran, aun a riesgo de ser tachados de locos, haber sido abducidas, o bien olvidarnos de los platillos volantes y preguntarnos si “ahí fuera” no es el espacio interestelar, sino un lugar bastante más cercano e inquietante.

Encuentros cercanos nos plantea, pues, una reflexión sobre este fenómeno en términos mucho más interesantes que el de verdad o mentira, y lo hace con una gran madurez narrativa y una compleja estructura de muñeca rusa, donde se cruzan relatos, puntos de vista y teorías forteanas en una historia que me ha entusiasmado. Tanto es así que hasta le he pedido a mi madre que busque aquella cinta en la que, tantos años atrás, y como Daniel buscando hadas, mi familia y yo grabamos los sonidos de ahí fuera.

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Solo: Mundo caníbal, de Oscar Martín

solo mundo caníbal

solo mundo caníbalUna rata antropomorfa, algo achaparrada pero con un torso y unos brazos que serían la envidia de un culturista. Piernas menudas que finalizan en unas botas gigantescas. En su rostro una mirada aviesa bajo un ceño dolorosamente fruncido. Media sonrisa de suficiencia a la sombra de un morro que aparece coronado por una enorme narizota. En la espalda del roedor pende una escopeta recortada. La mala leche fluye desde cada átomo del animal. Así era Solo la primera vez que el dibujante Oscar Martín realizó un boceto de su personaje insignia. Luego la rata vengadora iría evolucionando: su figura se estilizaría (como si hubiera rebajado su desmesurada ingesta de anabolizantes), su ceño se dulcificaría un poco (lo justo para pasar de dar muy mal rollo a dar mal rollo a secas) y al fin, y sobre todo en esos primeros planos del personaje en el que se nos revelaba su mirada, descubriríamos la heterocromía del iris que sufría Solo. Era 1997 y Solo era un cómic de serie B en formato grapa que había nacido porque Oscar Martín quería divertirse un poco. Contar historias en las que la violencia, la sangre y el humor cafre lo inundaran todo era su única meta. Pero entonces Solo se convirtió en un cómic underground de culto. Un cómic que buscar por cada rincón, por cada kiosco, por cada tienda de cómics y mercado dominical de segunda mano para conseguir el número que faltaba. El cómic que hoy os traigo es un reboot de aquella historia que en 1997 Oscar Martín nos relató.

En Solo: Mundo caníbal retomamos la historia poco tiempo después de lo acontecido en Solo: Los supervivientes del caos. Nuestro roedor protagonista vuelve a casa tras un día de caza y descubre que algo terrible ha ocurrido. Solo se embarcará en su vendetta personal, al estilo película de acción en la que Liam Neeson mata a todo lo que se menea. Y entre disparo y disparo los pensamientos de corte filosófico de la rata acompañarán al lector. Si en el álbum anterior estos trataban sobre la soledad y la necesidad de amar, en este nos mostrará las diferentes etapas del duelo.

Al igual que en Solo: Los supervivientes del caos nos hallamos ante un guion que es solo una excusa para armar una historia endiabladamente violenta. Degollar, abrir en canal, arrancar miembros, destripar, agujerear la carne mediante proyectiles… Son solo algunos de los métodos que el protagonista utiliza para abrirse camino hasta su meta. Y aunque la violencia con tintes de gore reina durante toda la historia también existen momentos de conciliación (Solo y sus ensoñaciones sobre un mundo mejor con un prado verde como telón de fondo) o conmovedores (el encuentro con el cachorro de perro).

El dibujo vuelve a mostrarse como la principal atracción del cómic. Oscar Martín pone toda la carne en el asador y diría que nos ofrece un arte por encima incluso del álbum anterior. Cachocarnes, moradores, solitarios o perros son algunos de los seres que encontraremos en los desiertos y lugares postapocalípticos que surgen de la mente del autor. El diseño de los personajes puede recordar a una compacta amalgama entre los animales que podemos encontrar en las películas de Disney o en los dibujos de Tom y Jerry, pero con un toque adulto dejando de lado todo lo pueril que tienen dichas historias. El color en conjunto parece mostrar una variedad cromática algo más extensa que Solo: Los supervivientes del caos, coloreando paisajes desérticos con tonos algo menos ocres y con más luminosidad en las escenas diurnas.

La edición por parte de Panini Cómics y Ominiky Ediciones es casi impecable. El álbum es del estilo y tamaño franco belga ofreciendo al lector la experiencia adecuada para enfrascarse en la lectura y disfrutar del cómic como si fuera una película de dibujos animados. Algunos errores tipográficos que afectan a la ortografía hacen bajar algo la nota del conjunto (harto sin hache es doloroso para la vista). Con todo, es de agradecer los extras que tanto en Solo: Los supervivientes del caos como en este cómic se han añadido. Fichas técnicas de personajes, bocetos e ilustraciones a doble página que podrían convertirse en un espectacular póster con el que vestir las paredes de una habitación.

Solo: Mundo caníbal es un cómic que atrapa al lector y lo lanza sin mesura a una vorágine de violencia en un mundo estéril. Un mundo creado por la fecunda imaginación del dibujante Oscar Martín que nuevamente vuelve a hipnotizarnos con esos extraordinarios dibujos que parecen cobrar vida en cada viñeta.

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Enciclopedia Eslava, de Juan Eslava Galán

Enciclopedia Eslava

Enciclopedia EslavaQuienes desconozcan al autor de este libro, quizá crean que Enciclopedia Eslava recoge todo lo que hay que saber del país centroeuropeo, del que al menos yo no sé nada de nada. De haber tratado sobre eso, hubiera preferido seguir viviendo en mi ignorancia, lo reconozco. Pero como llevo años coleccionando las obras de no ficción de Juan Eslava Galán, me bastó leer las palabras «Enciclopedia» y «Eslava» unidas en la portada para tener claro de qué iba este mamotreto de más de seiscientas páginas y querer leerlo si dilación.

Y es que si hay un autor vivo al que admire especialmente, ese es Juan Eslava Galán: por su forma de escribir, por su guasa y por su sapiencia; la mezcla perfecta para que sus obras de divulgación sobre historia sean mis preferidas. Tanta es mi fascinación que cuando asistí a una charla sobre su libro Misterioso asesinato en casa de Cervantes, ganadora del Premio Primavera de Novela en 2015, me quedé embelesada escuchándolo, con mil preguntas que me gustaría hacerle rondando por mi cabeza. Pero no me atreví a abrir la boca, pese a su insistencia en hacer participar al público y su más que demostrada cercanía y afabilidad. Ni una foto me animé a pedirle, aunque me convertí involuntariamente en la fotógrafa del resto de asistentes, que me solicitaban una y otra vez que me encargara de inmortalizar el momento junto a uno de sus autores favoritos.

Visto que en el cara a cara fui incapaz de profundizar en los conocimientos de los que es poseedor este hombre, Enciclopedia Eslava se presentó ante mí como una nueva oportunidad de disfrutar de ellos desde la distancia.

«Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser razonablemente culto» es el ambicioso subtítulo de esta obra. ¿Qué es ser culto o razonablemente culto? Disertar sobre ello también daría para un volumen de considerable grosor y nunca nos pondríamos de acuerdo, aunque creo que todos sabemos reconocer a una persona culta cuando la vemos. Los que hemos leído a Eslava Galán tenemos constatado que él lo es y que está más que capacitado para escribir una obra de tal envergadura. Pero ¿realmente lo ha conseguido? Ahora pensaréis que voy a decir que claro que sí, cegada como estoy con este autor. Sin embargo, he de reconocer, mal que me pese, que ese «Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser razonablemente culto» se ha quedado algo corto y, a veces, la libro resulta repetitivo en los temas que son de especial interés para su autor.

¿Eso quiere decir que me ha decepcionado el libro? En absoluto. Como siempre, he aprendido un montón de cosas y he disfrutado de la prosa de Eslava Galán, sobre todo cuando se desata y, en vez de limitarse a hilar los datos más o menos fiables aportados por otros, expone irónicamente su punto de vista. Además, en Enciclopedia Eslava cuenta anécdotas personales e incluso muestra fotos suyas que nos hacen conocer un poco mejor a ese hombre sexagenario, viajado y curioso, al que le gusta visitar los restos arquitectónicos de las culturas antiguas y no deja pasar la oportunidad de sentarse frente a una buena mesa para degustar la gastronomía de cualquier parte del mundo.

Enciclopedia Eslava no llega a ser «Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser razonablemente culto», pero se acerca a «Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser tan culto como Juan Eslava Galán». Y eso ya es decir mucho; un reto bastante ambicioso para el común de los mortales.

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Cuentos escogidos, de Joy Williams

Cuentos escogidos

Cuentos escogidosEscribe Joy Williams (1944) en El patinador, uno de los relatos que integran esta recopilación de Cuentos escogidos, traducida por Albert Fuentes y publicada por Seix Barral, que en los mitos hay dos caminos hacia el desastre. “Uno de ellos consistía en responder a una pregunta que no tenía respuesta. El otro era no ser capaz de responder a una pregunta que sí la tenía”. Pues bien, querido lector, el presente volumen es un compendio de ambos senderos. Un hermoso camino, en cierto modo, hacia el desastre que centra la mirada en el detalle, abre el plano e invade las casas del ciudadano medio. Como si sus relatos estuvieran plagados de esa gente normal que inunda algunos informativos de sobremesa o protagonizan los sábados por la tarde cualquiera de los telefilms de Antena 3. Vecinos, buenas personas, con vidas corrientes y anodinas que adquieren nuevas texturas, una extrañeza que los hace únicos pero a la vez, he aquí la tragedia, también comunes.

A lo largo de sus textos, una amplia y acertada recopilación que incluye 46 historias, 13 de ellas nuevas, Williams somete sin ningún tipo de piedad a niños, adolescentes y adultos, hombres y especialmente mujeres, en función de su propia literatura, retorciendo sus vidas hasta esculpir sentencias irrefutables, llenas de una lógica absurda, de un humor inteligente, difícil de empañar. Así, por ejemplo, escribe en Química invernal: “Si en el infierno hacía calor, entonces en el cielo tenía que hacer un frío espantoso”. Y lo hace a lo largo de más de 700 páginas donde la escritora esboza personajes inquietantes, desolados, tristes y crueles bajo un aspecto inicialmente inocente e inofensivo. Williams, que entiende la oscuridad como un elemento más del que servirse para arrojar luz sobre nuestra propia existencia, investiga a partir de ellos las grandes inquietudes de la vida como el duelo, la enfermedad, la soledad, la paternidad, la infancia, la tristeza o el amor.

Así, a pesar de que sus protagonistas tiendan, de algún modo, a una absoluta incomprensión de sí mismos y de los demás, de fondo se observa a veces una despiadada necesidad por conectar con el otro o, al menos, con el universo. La autora norteamericana, una de las escritoras de relatos más interesantes de la actualidad, escribe con imágenes. Sus palabras son capaces de recrear la realidad con una mirada única que, aunque retorcida, resulta oportunamente precisa. “Lo curioso es que nunca se había enamorado de ningún animal”, relata en Congreso con una brutal contundencia simbólica. Una historia que arranca con la obsesión de una mujer por una singular lámpara, construida a partir de cuatro patas secas de ciervo . “Sencillamente –continúa-, se había saltado ese erotismo entre especies para ir directamente al amor por los fragmentos de animales modificados. Había algo malo en ello, pensó. Era tan desesperado. Pero el amor lo era siempre”.

Y es que donde el resto de nosotros vemos la realidad en bruto, sin limar, ella ve palabras. Es complicado, al menos, encontrar una sola frase entre todos sus párrafos que no conduzca en varias direcciones, que no te cuente o que no te diga. Aunque la clave de su propia escritura probablemente la hallemos en este otro párrafo de uno de estos Cuentos escogidos, titulado Centro de belleza, en el que es posible que la norteamericana sintetice también la esencia del relato corto e incluso de la literatura: “Solo eran palabras, lo sabía, palabras que podía usar cualquiera, pero detrás de las palabras siempre había cosas, a veces cosas que no podías contarle a nadie, ni mucho menos a tus seres queridos, cosas que daban miedo y que ni si quiera eran verdad”.

Porque los personajes que esboza Joy Williams se mienten, como nos mentimos nosotros con mayor frecuencia de la que seríamos capaces de admitir. Las mismas mentiras que proporcionan a la vida “un ritmo y una estructura que la verdad aún no alcanza a justificar” (La excursión). Estos relatos que, en realidad, nos contamos a nosotros mismos, que disfrazan y someten nuestra propia realidad, desfigurándola hasta tratar de encontrarle el sentido, de responder a lo que no tiene respuesta o a lo que sí la tiene. Algo muy parecido a lo que hace Williams en este libro.  Entre líneas, de hecho, la autora se expresa, a veces, a sí misma. “Necesita otra lengua, otras palabras. Tiene más que aburridas sus palabras. Disfruta buscando. ¿Acaso la búsqueda no lo es todo?”.

 

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Nadie duerme, de Xina Vega

Nadie duerme

Nadie duermeHace unos años, en mitad de una no demasiado acalorada discusión, la chica con la que salía por aquel entonces me dijo una frase que me dejó bastante encabronado: “En España en realidad las cosas no están tan mal como las venden los periódicos”. Al día siguiente me propuse cuestionar su opinión y la invité a dar una vuelta conmigo por un barrio obrero de la ciudad en la que vivíamos. Al poco rato de entrar y tras apenas haber recorrido un par de callejuelas me pidió con los ojos brillantes y algo de ansiedad que volviésemos al centro. No habíamos visto nada extraordinario: personas de miradas tristes pidiendo limosna, unas ancianas con ropas deshilachadas y rostros cansados haciendo la compra, un grupo de niños con la cara sucia por la calle en lugar de en el colegio… el verdadero problema era que ella había estado viviendo en una burbuja en la que la pobreza, la mendicidad o la marginación no tenían cabida.

En Nadie duerme, de Xina Vega, esta burbuja se rompe a las pocas líneas. A partir de una conversación entre dos extraños se nos introduce en una breve pero inclemente narración en la que lo que brilla, lo que sobresale ante nuestros ojos, es el lado menos amable y más repulsivo de nuestra realidad. Una joven maltratada, un africano que busca ser aceptado fuera de su país, una mujer que acaba de abortar y un hombre maduro que ha visto frustrada una cita amorosa conviven durante una noche en la que no existen el amor, la piedad o el respeto; el ser humano queda reducido a su mínima expresión, a sus deseos y traumas, a follar y a sufrir.

Este es un relato que se revuelca en el dolor, que chapotea en las desgracias y las miserias humanas, que baila animado sobre los traumas enquistados de sus protagonistas. Vega busca continuamente la arcada del lector, sin pausa ni compasión. ¿Qué es entonces lo que hace apetecible esta lectura?, se preguntará más de uno, con toda la razón del mundo. Varias cosas: el maravilloso lenguaje con el que su autora expone la fealdad del mundo, las pequeñas historias y anécdotas que relatan los personajes, tan tristes como bien construidas, y, por encima de todo, la admirable capacidad de la autora gallega para conseguir que cada detalle de nuestra cotidianeidad, desde la arcaica máquina tragaperras del bar hasta un simple disco de bachatas, consiga provocarnos repulsa y angustia.

Pocos autores han conseguido encandilarme tanto con un contenido tan poco amable; a pesar de ser un fiel seguidor de eso que llaman ‘realismo sucio’ me suelo ver forzado a exiliarme a historias felices de cuando en cuando, para evitar tener que abrazar el bote de antidepresivos antes de tiempo. Pero este librito es como aquel tipo que en el colegio te pegaba y te humillaba y del que no querías separarte, como aquella chica que te daba largas de las peores formas posibles y que te tenía enamorado perdido, como aquel compañero de trabajo al que sigues queriendo caer bien a pesar de ser un gilipollas redomado… Puro masoquismo literario.

El mundo es cruel y patético, o al menos una buena parte de él. Y Nadie duerme funciona a modo de antifiltro de Instagram: limpia los retoques fotográficos y acentúa los defectos y las imperfecciones de nuestra realidad para horrorizarnos, sí, pero también para acercarnos a ese mundo que el imperio Disney y otros vendedores de felicidad impostada se han esforzado tanto de borrar de nuestra memoria. Seguramente tenga que leer bastantes novelas amables para compensar este trance. Pero huir de lo cómodo y lo maquillado cada cierto tiempo debería ser obligatorio. Si no, corremos el peligro de querer quedarnos a vivir para siempre en la ficción.

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Feminismo ilustrado, de María Murnau y Helen Sotillo

feminismo ilustrado

feminismo ilustrado Feminismo Ilustrado. Ideas para combatir el machismo. El título está absolutamente claro y no deja nada a la imaginación, porque esto es lo que vamos a encontrar dentro de las páginas de este libro. Un viaje a través del feminismo y de las formas de reconocer el machismo que hay a nuestro alrededor. Desde luego hay muchas fórmulas para poder dar a conocer la realidad del feminismo, y creo que María Murnau y Helen Sotillo utilizan una de las mejores, el humor.

¡¿Quién osa decir que los feministas carecemos de humor?!

Además de hacerlo divertido son rigurosas en la información y clarificadoras de conceptos. Saben que es importante empezar por el principio para comprender; así pues, el primer punto en desarrollar es el “Patriarcado”, que definen como el sistema político, económico, religioso y social basado en el privilegio de los hombres sobre las mujeres. Y aunque muchos pueden pensar que las leyes ya equiparan en todo a hombres y mujeres, como muy bien puntualizan:

“No podemos dejarnos engañar por el fantasma de la legalidad. Las leyes por sí solas no pueden cambiar una sociedad, hay que aplicarlas con convicción. Si nos guiamos por ellas podemos caer en el error de creer que la desigualdad es ya historia, y eso no es cierto”.

Y ahora antes de que todo el mundo se ponga a intentar contestar mentalmente sobre que esto es un error y que la igualdad llegó para quedarse a través de las leyes…, vamos a reflexionar. Y si un rato de reflexión no ha servido, duplicaremos el tiempo y le daremos otra vuelta, miraremos más detenidamente a nuestro alrededor, observaremos la realidad que nos rodea, la desprenderemos del cariño que profesamos a los que conviven con nosotros, y retomamos el tema 😉

Los pasos siguientes serán, como no podía ser de otra manera, entender que es el machismo, y qué el feminismo, y comprender la literalidad de estor términos. En relación al feminismo hay que afanarse porque todo el mundo comprenda que persigue la igualdad absoluta entre hombres y mujeres. Y el machismo la supremacía del hombre sobre la mujer. Esta diferencia ha de ser absolutamente clara.

Hacen las autoras un pequeño repaso histórico del feminismo y nos conminan a declararnos sin miedos y sin vergüenzas como feministas.

¡Yo soy feminista!

Lo cierto es que desde hace un año aproximadamente hay un despertar muy importante del movimiento feminista, o como mejor se debería decir, de los movimientos feministas, que pueden tener diversas visiones o formas que querer llegar a un fin común, el de la igualdad.

Roles de género, micromachísmos, cosificación, son otros puntos que acertadamente están desarrollados en este libro.

Como dice la contraportada “«Feminista» es una palabra que viene con mucho equipaje. Demasiado. En este libro la explicamos desde el humor y con viñetas. Tratamos de plantarle cara al machismo y de quitarle la máscara al patriarcado. A ver si, ilustrándolo, se entiende de una vez por todas que todos deberíamos ser feministas”.

Me encanta lo bien que utilizan los determinantes del género, no van a la banalidad si no a lo que realmente importa. Son inclusivas en el discurso y en la forma de entender el feminismo, y eso me gusta porque allí dentro debemos y tenemos la obligación de caber todos.

Es posible que uno de los temas que cada vez más debemos poner encima de la mesa sea la necesidad del empoderamiento de las mujeres. Creer que se puede, “tomar conciencia del poder que cada una de nosotras tenemos para afrontar todas las situaciones de la vida”. Para eso es fundamental que aparezcamos en la parte de la historia que se nos ha hurtado al narrarla. Hablar de las mujeres que por mérito propio llegaron a recibir el Premio Nobel, o aquellas otras a las que se les negaron muchos premios y reconocimientos por el solo hecho de ser mujer. Que los libros nos muestren a esas mujeres fuertes e independientes que hicieron que el mundo diese pasos fundamentales hacia el futuro. Que dejen de estar invisibilizadas. Que aparezcan en libros, en películas, en obras de teatro, en televisión, de forma que sus nombres y sus vidas lleguen a calar en nuestro interior, en el interior de cada uno de nosotros y en el interior de la sociedad.

Hay otra palabra que me ha gustado que aparezca en el libro, el término Sororidad, que viene a ser la alianza entre mujeres que fomenta la confianza y el apoyo.

La desunión entre mujeres siempre ha sido aprovechada por el patriarcado ¿Han escuchado en alguna ocasión expresiones de este tipo dichas por nosotras mismas?: Es una facilona, no se respeta, va provocando, es una zorra de manual,… Pues todas estas cosas son las que deben desaparecer de nuestro lenguaje, pero sobre todo de nuestras cabezas. Las mujeres debemos sentirnos libres para ir y actuar, dentro de nuestra libertad y con respeto a las libertades ajenas, como queramos.

Me parece importante que sobre todo la gente joven comprenda que es vital para conseguir la igualdad unir fuerzas, ese tipo de frases de “si nos tocan a una nos tocan a todas” nos ofrece ese sentimiento de unión, y eso siempre debilita a aquellos que quieren destruirnos como merecedoras de esa igualdad y de nuestros derechos igualitarios reales.

Hace muchísimo tiempo… años, en una reseña les hablaba del Test de Bechdel, también nos hablan de él en el libro, y les aseguro que la mayoría de las películas que se comercializan siguen sin poder pasarlo.

Feminista ilustrado

Se avanza, pero falta un largo recorrido para derrotar al machismo… Este tiene que ser un año importante para el feminismo, se nota en el ambiente que ya no habrá vuelta atrás.

Ufff al final me he puesto algo seria y resultaba que este libro era para ver estas cosas dentro del marco del humor 😉

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El aroma del miedo, de Armando Rodera

El aroma del miedo

El aroma del miedoEspoleado por el éxito de ventas y crítica que obtuvo con El color de la maldad, Armando Rodera ha decidido continuar con las aventuras del inspector Bermejo y el sargento Roncero. Y sobre esa continuación, El aroma del miedo, vengo a hablaros hoy. Esta fue una de mis últimas lecturas de 2017, y tengo que reconocer que fue una de las lecturas más contradictorias del año. ¿La razón? La diferencia de sensaciones que tuve al leer las primeras páginas y las que tuve tras terminarlo. Ahora os explicaré el porqué, pero antes hablemos un poco sobre la trama de El aroma del miedo.

La nueva novela de Armando Rodera tiene dos tramas diferenciadas. Por una parte, tenemos al inspector Bermejo, que llega a Valencia para investigar un misterioso asesinato en la Albufera y de paso una trama corrupta dentro de la Policía de la ciudad. El otro protagonista es el sargento Roncero, que tras unos meses de descanso es llamado también a la capital levantina para colaborar en un importante operativo de la Guardia Civil contra la trata de personas y las diferentes mafias que operan en la zona. Ambos protagonistas han quedado marcados por los acontecimientos ocurridos en El color de la maldad, si bien no es del todo necesario haber leído esa historia para disfrutar de este libro, pues el autor da pinceladas de todo lo ocurrido en las primeras páginas.

El autor recrea a la perfección todo el submundo policial, judicial y administrativo que rodea el caso. Policía, guardias civiles, jueces, delegados gubernamentales… todos sus procedimientos, su argot y sus rutinas quedan explicadas a la perfección. Y quizá ese exceso a la hora explicar los entresijos internos de los cuerpos policiales hacen que la primera parte de la novela se ralentice demasiado. Tanto es así, que incluso decidí dar una pausa al libro para leer otro tipo de historias, algo que en muy pocas ocasiones suelo hacer.

Pero si El aroma del miedo tarda mucho en entrar en acción, hay que reconocer que una vez que entra, es un libro que se lee con mucha facilidad y que se disfruta enormemente. Tras leer todo el barullo inicial, y mientras vamos descubriendo más sobre asesinatos y mafias, el interés de la historia empieza a crecer de manera exponencial. Los personajes del libro están bien construidos y se generan algunas subtramas interesantes entre los mismos. También se pinta con bastante verosimilitud todo el tejido corrupto que durante años se ha ido extendiendo entre el funcionariado español de todo tipo, y mucho más en una ciudad como Valencia, que tiene bastantes espejos en los que mirarse.

Si el dicho popular “Lo que mal empieza, mal acaba” tuviera que aplicarse a El aroma del miedo, caeríamos en un grave error. Como decía anteriormente, el ritmo va creciendo y uno termina la historia con ganas de más. Todo esto gracias a unas últimas 150-200 páginas que bien se pueden leer de una sentada, casi sin parpadear. Aquí el autor maneja bien los tiempos, mantiene la tensión narrativa en todo momento y termina la historia en lo más alto, dejando un buen sabor de boca que en nada se parece a las sensaciones que producían las primeras páginas. Armando Rodera nos ofrece una historia que, pese a tener pequeños detalles por pulir, merece ser disfrutada y leída.

César Malagón @malagonc

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La cronopandilla: el túnel de tiempo, de Ana Campoy

La cronopandilla: el túnel de tiempo

La cronopandilla: el túnel de tiempoHablar de Ana Campoy en la literatura infantil y juvenil es ya hablar de un referente en este género. Autora de las colecciones de libros  Soy un superhéroe o Las aventuras de Alfred & Agatha, (que han sido leídos por niños de varios países gracias a su éxito), Ana es una incansable escritora para este público tan exigente. Y la verdad es que se le da fenomenal.

La cronopandilla: el túnel de tiempo, el libro del que hoy os hablo, resultó ganador del Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2017. Dirigido a lectores de entre diez y doce años este libro es una maravilla que he disfrutado como si volviese a tener esa edad. Y es que de vez en cuando sienta genial rejuvenecer unos añitos y volver a sentirse un mico, ¿no os parece? Pues la literatura juvenil en los adultos crea ese efecto tan maravilloso del que os hablo. Así que no olvidéis, de vez en cuando, leer un poco de literatura juvenil. Ya veréis como os sienta fenomenal volver a sentiros libres para vivir aventuras sin que nada importe.

Aventuras, sí. Eso es lo que nos propone Ana Campoy en este libro. Porque, efectivamente, hay viajes en el tiempo. ¿No me digáis que no habéis soñado nunca con poder viajar en el tiempo? Pues eso es lo que hacen los protagonistas de esta novela: Eric, Alicia, J.J y Verónica viajan treinta años atrás, a la época en la que sus padres tienen la misma edad que nuestros protagonistas. Sí, incluso se cruzarán con ellos. Imaginad qué shock encontrarte con tus padres con tu misma edad. También os gustaría, ¿eh?

Y es que, lectores, el cambio de instituto y de ciudad no es nada fácil y menos cuando tienes esa edad. Por eso, a J.J se le ocurre una idea: va a colarse de noche en un parque de atracciones abandonado. Venga, que levanten la mano los que estén leyendo esta reseña y también se hayan colado con sus amigos de pequeños en sitios donde no debieran. No diré nada, tranquilos. Pues eso es lo que hace J.J junto a sus amigos, adentrarse de noche en un parque de atracciones. Pero, sin duda, el lugar más especial será la mansión del terror, porque desde allí es donde viajarán en el tiempo hasta retroceder treinta años. Y, ¿ahora qué?, ¿qué harán allí? Y lo que es más importante: ¿cómo volverán? Pues amigos, tendréis que leer la historia para ver cómo acaba.

La idea es bastante original y se le ocurrió a Ana Campoy cuando su sobrino le dijo que le encantaría poder jugar con ella de pequeña. La verdad es que una ocurrencia genial.

La cronopandilla: el túnel de tiempo es mucho más que aventuras. Es amistad, familia, compañerismo, autoconocimiento, exploración y claro, diversión. Un libro realmente entretenido para niños y no tan niños. A mí me ha encantado la idea de poder viajar al pasado. Eso sí, como me encontrase con mi yo en esa edad alguna que otra cosa me diría.

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