
Padres no ñoños, de Ata Arróspide
Los bebés traen alegría, traen amor, traen felicidad a las familias. Que sí, que sí, que todo eso es muy bonito. Pero también traen una cosa que es universal: vuelve ñoño hasta al más padre más bestia sobre la faz de la Tierra. Que si mira que listo es mi niño con sólo dos años que ya se interesa por cosas sobre el universo, que si venga, saquémosle todos la lengua y hablémosle como si fuera un ectoplasma, que si vistámosle como si fuera un bailarín de los grandes ballets como aquella canción tengo una muñeca vestida de azul, con su camisita y su canesú, y ¡oh, no, horror!, los padres empiezan a mutar en una especie de oso amoroso con premeditación y alevosía que, para entenderles, necesitamos comprar un diccionario ñoñería – español, español – ñoñería, porque es imposible sacar en claro de qué nos están hablando. Los bebés traen alegría, amor, felicidad, pero eso no significa, si hay algún padre/madre ñoño en la sala que esté mirando esta reseña que la vida parezca un capítulo de La aldea del Arce. Por eso nosotros, los “Padres no ñoños” reclamamos nuestro sitio como seres inteligentes y, por lo que parece, seres de otro planeta.
¿Cómo no ser un padre ñoño? ¿Cómo saber que te estás convirtiendo en uno? Y si todo eso no te interesa, ¿quieres pasar un buen rato viendo en lo que se puede convertir el mundo de la paternidad? Pues pincha en “Leer más” y no te arrepentirás.


































