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Manual de exilio, de Velibor Čolić

Manual de exilio

Manual de exilio“No te metas con los bajitos”, este es uno de los consejos que le dan al protagonista cuando acaba en la calle.  Porque los bajitos llevan toda la vida peleando duro para que no los destrocen aquellos que son más grandes que ellos y están más acostumbrados a devolver los golpes. En cambio, los altos nunca han tenido que meterse en una pelea. Solo con su tamaño han logrado evitar la mayoría de enfrentamientos. El protagonista de la novela mide cerca de dos metros. Con esta metáfora, Velibor Čolić, autor y al mismo tiempo protagonista del texto, define a su personaje y a sí mismo.

Bosnia, 1992. Velibor es escritor, ha ganado premios literarios y lleva un programa de radio. No es soldado. No quiere ser soldado. Pero eso al ejército le importa poco. Por eso, va a la guerra y tras un tiempo en el frente, deserta del ejército bosnio. Con 28 años y apenas tres palabras de francés (Jean, Paul y Sartre), recorre media Europa y se planta en Rennes pidiendo asilo político. Se convierte en un refugiado. Sí, como esos que están muriendo a miles en el Mediterráneo. Pero él consigue llegar a su destino, Francia le acepta, le dan ayudas.

¿Y ahora qué?

Manual de exilio trata sobre ese “ahora qué”, sobre cómo vives cuando lo has perdido todo y tu nuevo país te tolera (es decir, no te mete en un CIE) pero te da la espalda (chaval, apáñatelas). El libro nos deja ver, por unas horas, la vida de esas personas que nos cruzamos por la calle y de las que huimos, porque nos dan miedo. Nos deja desnudos con nuestros privilegios y nuestros prejuicios. Y Velibor Čolić se las apaña para que, por encima de todo esto, te rías con él. Solo con el subtítulo “Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones” ya nos dice por dónde van los tiros.

Esta novela, autobiográfica, de autoficción, cómo queramos llamarla, no es Los bosnios, la obra, también publicada por Periférica, en la que Čolić describió, punto por punto, con un estilo seco y sin humor ni ironía (¿cómo iba a tenerlo?) el horror que vio durante la guerra. Manual de exilio habla de lo que pasa cuando te quedas solo, después de salvar el pellejo, y empiezas a pensar (o evitar pensar a toda costa) en lo que has visto.

También trata sobre la pérdida de todo referente social o personal. Sobre la pregunta: ¿y ahora quién soy? Sobre la obsesión con la literatura como único referente compartido con el país de acogida. Sobre el abandono institucional. Sobre  la depresión. Sin adjetivos. Sobre la nostalgia. El desasosiego. La pérdida. La soledad. Pero también sobre la belleza. Tiene momentos de una belleza fulgurante encuadrados en escenas cotidianas, como descripción de los gestos de una cajera de supermercado o del piso destrozado de su vecino en Budapest.

La narración empieza en 1992, con el personaje llegando a Rennes una mañana lluviosa*, y termina en Estrasburgo en 1999, pero estos siete años pasan como un suspiro para el lector. Porque apenas sucede nada y pasan muchas, muchísimas, cosas. El protagonista escribe de manera frenética tres o cuatro novelas (muchas de ellas publicadas más tarde), aprende francés a marchas forzadas, hace el ridículo, busca imposibles en los cuerpos de algunas mujeres, se emborracha, le publican, cena con Toni Morrison y Salman Rushdie, trabaja como mozo de almacén (durante dos horas), vive en Milán, en Budapest, cita a Verlaine en plena cogorza, se cree Borges, desprecia sus textos, recorre kilómetros y lee miles de páginas, se ve incapaz de salir de la cama… Y al terminar la novela, te quedas con la sensación incómoda de que la historia no ha acabado, pero ¿cómo terminar una historia así? ¿Qué final hollywoodiense esperábamos?

Lo que más me ha gustado de esta novela es su estilo, cómo está escrita. La lengua, las metáforas, las imágenes y el juego que hace Velibor Čolić con su lengua de adopción, el francés, pese a pasarse la mitad de la novela repitiéndose que no lo domina. Manual de exilio es uno de esos textos raros que el editor no necesita explicar para que el lector se interese por él. Con mucho acierto, Periférica ha usado las primeras líneas de la novela como texto promocional. En cuanto las leí, sabía que tenía que leer este libro. Os las dejo aquí. Y, sí, es todo así, no baja el nivel en ningún momento:

Tengo veintiocho años y llego a Rennes con tres palabras de francés por todo equipaje: Jean, Paul y Sartre. También llevo mi cartilla militar, cincuenta Deutsche Mark, un boli y una gran bolsa de deporte desgastada, color verde aceituna, de marca yugoslava. Su contenido es escaso: un manuscrito, algunos calcetines, un jabón deforme (parece una rana muerta), una foto de Emily Dickinson, una camisa y media (para mí, una camisa de manga corta sólo cuenta como media camisa), un rosario, dos postales de Zagreb (sin usar) y un cepillo de dientes. Estamos a finales del verano de 1992, pero voy vestido como para una expedición polar: dos chaquetas pasadas de moda, una bufanda larga, y en los pies las botas de ante, dadas de sí, tras sufrir diez mil mordiscos de la lluvia y el viento. Soy un caballero liviano, un viajero de rostro marcado por un frío metafísico, el último grado de la soledad, del cansancio y de la tristeza. Sin emociones, sin miedo ni vergüenza. Murmuro una queja estúpida e infantil, a sabiendas de que las palabras no pueden borrar nada, de que mi lengua ya no significa nada, de que estoy lejos, y de que ese “lejos” se ha convertido en mi patria y mi destino.

 Laura Gomara @lauraromea

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Los últimos días de Nueva París, de China Miéville

Los últimos días de Nueva París

Los últimos días de Nueva ParísLlevo leyendo a China Miéville desde que tengo uso de razón lectora. Desde que no es otro sino yo quien elige en qué libro se sumerge, con qué autor gasta el tiempo. Podría haberme equivocado. Podría haber caído en manos de alguien que no enciende, que no ilumina. Gracias a los dioses di con este señor de aspecto poco amable y capacidad inventiva por encima de la media. Y entendí que había obviado la parte más fascinante de la literatura. Aquella que te lleva a lugares en los que nunca has estado porque nunca te has salido del camino marcado, de la bibliografía recomendada. Pero sucede que si te atreves, si sales de la norma imperante, la norma subversiva alecciona de un modo diferente, convierte las batallas perdidas en segundas oportunidades. La fantasía deja de ser algo para niños inquietos y se convierte en el pan de adultos que no fueron bien domesticados. Ese es el sustento que nos da el señor Miéville con cada una de sus novelas. Y esta última, publicada por Nova, no es una excepción en la excelente producción del autor inglés.

Si has leído más de un libro de este señor, sabrás que cada nueva incursión literaria abre un mundo completamente nuevo dentro de su trayectoria. Rompe con lo que había hecho hasta la fecha para darle rienda suelta a la oportunidad de sorprenderse a sí mismo y por ende al lector que le sigue. Ahora hablamos de ucronías y la posibilidad de reinventar la historia de nuestro tiempo. Concretamente esta novela nos lleva a las calles de un París invadido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y una resistencia completamente surrealista. Literalmente. Y es que desde los ojos de Thibaut, uno de los últimos combatientes de los artistas que se sublevaron ante la ocupación, vemos una ciudad llena de manifs. Obras surrealistas que cobran vida a raíz de una bomba de origen desconocido. Estas piezas de batalla ingobernables hacen frente a la invasión alemana de formas totalmente insospechadas. Claro que el bando enemigo no se quedará atrás ya que para contrarrestar el arte combatiente han decidido invocar demonios a través de pactos con el Infierno, por lo que la ciudad, aislada, se ha vuelto irreconocible, lejos del aquel París romántico de los años 40. Ahora, para sobrevivir en este contexto, uno debe protegerse de cualquier tipo de arte y alianzas si no quiere caer en el fuego cruzado.

Aunque sea una novela mucho más breve de lo que nos tiene acostumbrado el autor inglés, lo cierto es que Últimos días de Nueva París deja entrever muchos de los rasgos identificativos del autor. Los comienzos son difíciles y más aún si hablamos de una novela de China Miéville. Esa transición entre no entender y entender propia de cualquier libro del autor inglés aquí vuelve a tener lugar. Nos sumerge en un mundo desconocido para nosotros –olvídate del París del título, nunca antes habías estado en esta versión de la ciudad-. Y uno avanza como puede hasta que empieza a esclarecer términos, a deducir y a contrastar. Este modo de proceder deja indefenso al lector durante un buen tramo del recorrido, pero una vez conquistado el terreno, la satisfacción que provoca es mucho más reconfortante. Fall Rot, cadáveres exquisitos, La Main á plume… Un mundo por descubrir con sus propios neologismos y su capacidad para definir pedazos de la realidad que carecían de nombre. La magia Miéville ha hecho su efecto y uno se plantea la relectura tras finalizar la novela con el fin de descubrir pasajes ocultos, rutas secundarias o un entendimiento de la obra completamente nuevo.

Hay ideas poderosas. Hay ideas que buscan realmente su lugar sin importar el precio que tienen que pagar para cumplir con su cometido. Si algo nos ha enseñado el arte es a reconfigurar nuestra idea del mundo. Expandirlo y reformarlo para que una nueva conciencia tenga cabida. El arte es la revolución a marchas forzadas cuando la evolución ha detenido su curso. Y justo en estos términos es cómo el arte se subleva en la novela de Miéville. Rompe y arrasa allí donde el humano ya no puede avanzar y le otorga otra oportunidad, una senda completamente nueva que nadie podría haberse imaginado. Este libro es una auténtica clase de historia. Claro que no en el sentido en el que te esperas. Los hechos históricos no son certeros, pero la red establecida para hacer frente al enemigo no puede ser más auténtica. China habla de una revolución cultural, una batalla del pensamiento allí donde las balas son insuficientes, donde los partisanos carecen de energía para contraatacar. Y es que el arte de la guerra nunca se había vuelto tan explícito como en este libro. El enfrentamiento contra el opresor nunca había dejado una mancha tan indeleble en nosotros, mancha que bien podría protagonizar un lienzo u otro tipo de arte que nos invite a defendernos.

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Your name, de Makoto Shinkai

Your name

Your nameDesde que era pequeña siempre me he sentido muy atraída hacia el género. Crecí viendo la mítica serie Sailor Moon y de mayor disfruté de la archiconocida Death Note. No sé de dónde viene esta obsesión por este género, pero cada vez me gusta más. En cuanto a este libro, lo descubrí después de ver el trailer de su adaptación cinematográfica, que me llamó especialmente la atención por su originalidad. Pero llamó más mi atención cuando me llegó a casa y descubrí que no era realmente un manga, sino la versión narrativa en forma de novela de la película.

Your name trata la historia de dos jóvenes, Taki y Mitsuha, que un día descubren que se intercambian los cuerpos y se obsesionan por conocerse el uno al otro, a pesar de que viven en entornos muy diferentes y de que se olvidan de este intercambio al poco tiempo de producirse.

Realmente hay pocos libros que atraigan tanto a través de una simple sinopsis. Sin embargo, creo que este es especial, ya que sabe cómo conectar con el lector con unas pocas frases acerca de lo que trata el libro. Ha sido muy curioso, además de divertido, leer cómo me sentían tanto Taki como Mitsuha en el cuerpo del otro. Su experiencia en primera persona nos ayuda a conocer más a cada uno de ellos como personajes y nos acerca a sus vivencias y a los sentimientos que experimentan al estar en un cuerpo que no es el suyo. Esto me ha parecido un tema bastante original e interesante, que creo que debería tratarse más en las novelas. Solo recuerdo un libro que hablara de lo mismo, Cada día, de David Levithan, del que también disfruté bastante.

Volviendo a Your name, aparte del intercambio de cuerpos y de cómo lo narra el autor, hacia la mitad de la novela se revela otra gran sorpresa. Y es que este libro es maravilloso, entre otras cosas, por lo imprevisible que es. A medida que iba leyendo me iba dando cuenta de que no está nada claro ninguno de los hechos que ocurren en la novela. ¿Acaso es un sueño? Se pregunta Taki más de una vez. Pero no, no se trata de ningún sueño, se trata de algo bastante más complejo que eso y tiene que ver con una cometa que cada 9.000 años destruye la región de Itomori, en Japón… No revelaré más, ya que creo que esta parte debería descubrirla el lector por sí mismo.

Alejándonos de lo que trata la historia, me ha encantado la narración ágil y descriptiva, a dos voces (la de Taki y la de Mitsuha), que emplea Makoto Shinkai en esta novela. También me han parecido realmente interesantes las descripciones que realiza sobre algunas de las costumbres de la cultura japonesa, que personalmente desconocía y que me ha gustado mucho descubrir a través de esta lectura.

Creo que hay pocas historias de manga que me hayan gustado más (excepto Death Note, que no debería entrar en esta lista por las grandes diferencias que presenta) que esta. No solo me ha hecho reír y empatizar con los personajes sino que me ha hecho reflexionar acerca de los recuerdos que conforman nuestra vida, esos que nos hacen esbozar una sonrisa y querer volver a revivirlos.

Pero Your name, en tan solo doscientas páginas, no solo me ha hecho pensar en este tipo de recuerdos, sino que también me ha hecho darle vueltas al tema de que hay recuerdos de los que no nos acordamos bien y que luchamos por recordarlos cada segundo de nuestra vida. Quizás esos son los que son realmente importantes y necesarios para darnos cuenta de quiénes somos y de lo que hemos vivido. En definitiva, una novela para pensar, reír y disfrutar hasta el final. Estoy deseando ver su versión cinematográfica, pues no me cabe ninguna duda de que será igual de buena.

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Cuerpo humano, de Steve Parker y Andrew Baker

Cuerpo humano

Cuerpo humanoSe calcula que, si todos los músculos del cuerpo pudieran trabajar a la vez, podrían levantar un peso equivalente al de tres elefantes. Y además, africanos. También se calcula que el cuerpo humano contiene suficiente fósforo para hacer 20.000 cerillas. Y un dato que me sorprende bastante menos: el músculo más fuerte para su tamaño es el masetero, que es el que utilizamos para morder y masticar.

Cuerpo humano está repleto de curiosidades, pero no es en absoluto uno de esos libros que consisten en una colección de anécdotas seguida de una serie de trivialidades para dar paso a una recopilación de datos irrelevantes. El subtítulo, Una guía ilustrada de nuestra anatomía, nos da una idea más aproximada del contenido, aunque quizá sea el título original en inglés el que más nos revele qué hace de este libro algo especial. Hélo aquí: Body, the infographic book of us, es decir, que, a diferencia de las guías y enciclopedias de toda la vida, con fotos  e ilustraciones siempre lo más realistas posible, Cuerpo humano nos muestra lo que somos a través de infografías.

¿Y por qué va a ser mejor aprender con infografías que con fotografías o con las habituales ilustraciones? Pues ni mejor ni peor, pero sí mucho más claro y fácil de captar a primera vista. Estamos en la era del PowerPoint y del Prezi, y cualquiera que quiera hacer llegar cierta información al público de manera rápida, clara y sencilla, sabe que en una obra de divulgación, dirigida al gran público y no al lector especializado, los esquemas, diagramas y gráficos son, en ocasiones, el medio más eficaz de transmitir dicha información.

Otra de las grandes diferencias entre Cuerpo humano y los libros de anatomía tradicionales podemos encontrarla en el índice. Así, en lugar de esos capítulos, de todos conocidos, titulados “el sistema nervioso”, “digestivo” o “el aparato muscular”, la obra de Steve Parker y Andrew Baker opta por clasificar la información de un modo más global, en el que el cuerpo no es una máquina o un conjunto de engranajes, sino que, más bien, forma parte de un todo que va desde las partículas químicas que lo constituyen a la relación que establecemos con el mundo que nos rodea.

A modo de ejemplo, tomemos el primer capítulo, “El cuerpo físico”, cuya sección “Con la cabeza alta” nos muestra la evolución de la altura de los seres humanos a lo largo de los siglos y en diferentes partes del mundo, así como las posibles causas de dicho desarrollo. En la sección “Es hora de…”, del capítulo “El cuerpo pensante”, podemos ver otro ejemplo de ello. Esta sección se ocupa del reloj biológico de nuestro cuerpo, y nos explica el modo en que la temperatura ambiente o la luz influyen en la sincronización de ese reloj con nuestros sistemas hormonales o endocrinos.

Los otros capítulos, que van desde “El cuerpo químico” hasta “El cuerpo médico”, pasando por el “genético”, el “sensorial”, el “coordinado” o el “creciente”, son igualmente interesantes y amenos y están siempre explicados con apabullante claridad.

En definitiva, un libro excelente para consultar, para aprender y para curiosear, y en el que siempre descubrimos algo nuevo.

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Relatos clínicos

Relatos clínicos

Relatos clínicos Al ver qué estaba leyendo estos Relatos clínicos de Sigmun Freud, una amiga me comenta que Freud es suena ya como viejuno, que está pasado de moda… Eso pensé yo, pero no podía resistirme a leer estos casos concretos que un día escribió para dejar constancia de su trabajo, aunque yo creo, como también lo cree el propio Juan José MIllás y así lo manifiesta en su prólogo, que lo hizo sabiendo que eran más que una historias clínicas, y es por ello que no conserva nombres y en algunos ni fechas exactas para no poder ser identificados.

Freud sabía que estos relatos clínicos podían tener un recorrido más largo. Y ese es el que a mí me interesaba. El valor literario.

Y eso es lo que lógicamente piensa mi mente literaria, pero luego está mi otro yo algo más cotilla al que le encanta leer sobre otros, biografías interesantes, expedientes médicos o judiciales, testamentos antiguos … Ya saben, hurgar un poco en las profundidades de los hechos reales.

Y desde luego no me ha quedado otra que estar absolutamente de acuerdo con Millás al decir que estas historias poseen “eficacia narrativa”, me parece una expresión de lo más acertada. Además son historias completas, incluso las más cortas de apenas unas líneas.

Todos sabemos que Freud es el padre del psicoanálisis, muchos sabemos de él por su obra más importante, La interpretación de los sueños, pero no porque hayamos leído este libro donde expone toda la teoría de su especialidad, sino porque a todos nos suena eso de las teorías froidianas sobre la sexualidad, ya saben, eso de que según Sigmund Freud la sexualidad rodea todo lo que somos y está presente desde que nacemos.

Este ejemplar que tengo en mis manos y que he leído con gran delectación, es una cuidada edición que Siruela ha dejado al cuidado de la también psicoanalista Isabel Menéndez, y cuyo resultado les puedo asegurar que no les dejará indiferentes. Es probable que al finalizar la lectura no les parezca tan viejuno, y que incluso ustedes quieran adentrarse en la mente de estas “señoritas” a las que psicoanaliza y trata el Doctor Feud.

Porque esto sí es algo que me ha llamado la atención. En este libro todas las pacientes son mujeres, y la mayoría jóvenes, aunque los temas están agrupados en la parte primera encontramos la dedicada a la sugestión y la hipnosis; en la segunda parte los casos están dedicados a las Obsesiones y fobias, ¡más de uno estará pensando que esta parte me habrá venido de maravilla!, y por último veremos casos sobre paranoia y homosexualidad …

“… Nos vemos así forzados a dar la razón a los poetas que nos describen preferentemente personas que aman sin saberlo, no saben si aman o creen odiar a quien en realdad adoran. Parece como si las noticias que nuestra conciencia recibe de nuestra vida erótica fueran especialmente susceptibles de ser mutiladas o falseadas. … “

Así, con este fragmento pueden ustedes hacerse una idea de su estilo narrativo, aunque les diré que revive con naturalidad los diálogos con las pacientes, así como con los colegas o amigos a los que consulta.

En esta ocasión he seguido el ritmo establecido por Isabel Menéndez, esto es, primero he leído el prólogo de Juan José Millás, para después adentrarme en los casos concretos y terminar con el estupendo cierre o epílogo de Isabel, en el que responde a mi pregunta del porqué todas las psicoanalizadas son siempre mujeres, y en el que descubro la importancia del valor de la mujer, ella apuesta siempre por la lucha para resolver los temas que le inquietan, no dudando en ofrecerse para su curación, pero también para la experimentación y el avance de la ciencia, así que he llegado a pensar que tan importante fue el padre del psicoanálisis como esas primeras mujeres que se dejaron tratar por él.

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Ayako 2, de Osamu Tezuka

Ayako 2

Ayako 2Un autor de cabecera es, según el diccionario, aquél por el que se manifiesta preferencia y que se lee con frecuencia. El  origen de la expresión se encuentra en la cabecera de la cama, que es donde algunos, supongo, ponen sus libros favoritos o, sencillamente, aquéllos más conducentes a tener un sueño dulce y reparador. Dado que mis autores favoritos provocan sueños más bien tormentosos, nunca los coloco a la cabecera de la cama. Por ello, voy a cometer la osadía de enmendar la plana a esos señores tan serios que escriben diccionarios, y corregir su definición de autor de cabecera.

Autor de cabecera: dícese de aquél cuyo estilo nos gusta tanto que nos da igual la historia que nos esté contando.

De acuerdo, la redacción podría estar mejor, pero no me negaréis que mi definición se ajusta mucho más a la realidad. Así, entre mis autores de cabecera se encuentran, por ejemplo, escritores como Bolaño o Faulkner, cuyos respectivos estilos me maravillan, escriban lo que escriban, y de quienes hace años que no leo nada.

Otro de estos autores de cabecera es, desde luego, el maestro Osamu Tezuka, quien, incluso en sus obras más flojas, es capaz de deslumbrarnos con sus insólitas perspectivas, su inagotable creatividad, su sentido cinematográfico y sus personajes siempre apasionados al borde del abismo. Pero cuando, además, a su inimitable estilo se une lo que ya describí en Ayako 1 como un majestuoso melodrama, los fans del manga, esa religión que se extiende por el mundo a pasos acelerados, no cabemos en nosotros de gozo.

La fiesta, es decir, el drama terrible, la tragedia familiar, los asesinatos y las venganzas a troche y moche, continúan en este Ayako 2, en el que nuestra trágica y perturbada heroína crece y se enfrenta con escasas armas a la terrible vida que la espera.

El trabajo gráfico de Tezuka es, una vez más, sensacional, y uno puede pasarse las horas bobas rastreando las influencias estilísticas. Servidor ve, en esa viñeta inferior de la página 67, un toque de Orson Welles; en esa casa de la 105, un remoto eco de Hitchcock; en esa extraordinaria secuencia de la página 111 a la 122, la teatralidad de los primeros años del cine; en la 182, inspiración para Taniguchi, y en la 190, para Joe Sacco. por mencionar tan sólo unas pocas  referencias de las muchísimas que podrán encontrar los conocedores del cine y de la novela gráfica.

Por si todo ello fuera poco, este Ayako 2 viene con propina. En efecto, el melodrama concluye, de manera soberbia, por supuesto, hacia la mitad del volumen, y nos encontramos entonces con tres historias cortas que, con excesiva e injustificada modestia, el autor, en el epílogo, describe como “salvables”, y que a servidor le han parecido excelentes.

La primera de ellas, “Melodía de acero”, con un comienzo brutal e irresistible, nos presenta una historia de gángsters que deriva en un híbrido entre la novela paranormal, la ciencia ficción y el thriller. A continuación tenemos “La silueta blanca”, que, pese a su brevedad y a su apariencia de mero entretenimiento, es una pequeña joya que nos da una idea del genio de Tezuka. Muchos autores hubieran alargado esta bella y divertida historia hasta darle la dimension de una novela o un largometraje. No así Tezuka, que era capaz de parir cinco ideas parecidas antes del desayuno. Por último, “Revolución”, la última de las tres historias de propina, es una lograda tragedia con metempsicosis por enmedio.

Híbrido de estilos y géneros, pasión, violencia, sentido del humor, villanos que reciben su merecido, y héroes a los que les pierde el sentido de venganza. Ayako es Tezuka en estado puro.

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Vinilos, de varios autores

Vinilos

VinilosVinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.

Se trata de un trabajo muy minimalista, en el que los autores —los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout— han tenido muy claro lo que querían ofertar al público. Así, con una simple división en dos apartados, «fotografía» e «ilustración», se exponen ante nosotros un total de 242 portadas —que en muchos casos van acompañados de sus contraportadas, casi por obligación artística— sin que haya un orden aparente. Ni falta que hace.

Hablamos, como digo, de casi doscientas cincuenta portadas, recogidas bajo la atrevida denominación de “las mejores portadas de discos de la historia”. Y aquí se es obligada la pregunta impertinente de todas las listas de este tipo: «¿realmente son las mejores?» No seré yo el que lo afirme o lo desmienta. Por supuesto que me han faltado unas cuantas de mis favoritas en esta recopilación—ejem, Abbey Road, ejem, Is this It?—, pero al mismo tiempo me alegro de no haber visto otras muchas hasta el momento de encontrarlas en las páginas de este libro. Porque yo, que apenas viví la época en la que la primera referencia que uno tenía de un grupo era la portada del disco que se iba a atrever a comprar, he podido experimentar la sensación de sentirme seducido por algunas fotografías e ilustraciones realmente maravillosas, de las que luego he podido descubrir que contenían música de muy diversa calidad (lo siento, Roxy Music, pero soy más de vuestras portadas que de vuestros temas).

Como explicaba al comienzo de la reseña, además del prólogo y de los dos artículos que abren las secciones, los textos son muy escasos en este libro y se limitan a repasar la biografía de algunos de los fotógrafos e ilustradores más importantes de la historia reciente de la música. Y creo que esto es algo que en el fondo hay que celebrar. De todas las épocas y estilos musicales que están recogidos en este trabajo se han hecho fenomenales reportajes y ensayos; Vinilos, en lugar de entrar en esta pugna, deja que sean las propias portadas las que hablen. Y es complicado explicar el placer que se siente al admirar con detenimiento y en buen tamaño y calidad portadas como  la de From the inside, de Alice Cooper o la de Appetite for destruction, de los Guns and Roses.

Por todo ello diría que estamos ante un libro (o no exactamente) que merece la pena disfrutar lentamente, página a página, disco a disco, con paradas imprescindibles en las estaciones de servicio de YouTube o de Spotify para comprobar tranquilamente qué hay detrás de esos envoltorios tan trabajados e impactantes. Vinilos es, por desgracia, un reflejo del pasado de la música, en la que era tan importante trabajar el continente como el contenido. Por eso hay que guardarlo a buen recaudo, porque sus páginas contienen un tesoro al que no debemos renunciar: el de la convivencia del arte estético con el musical.

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El libro de los espejos, de E. O. Chirovici

El libro de los espejos

El libro de los espejosNo sé qué fue lo primero que me llamó la atención de este libro. Quizás fue la originalidad de su portada, con un espejo hecho añicos agresivamente, o quizás la trama misteriosa que protagoniza esta novela. Lo que sí sé es que, fuera por el motivo que fuese, no me arrepiento de haber leído esta historia que me enganchó desde sus primeras páginas.

El libro de los espejos comienza cuando un manuscrito sin terminar llega a manos de un agente literario que se obsesiona por conocer el final, ya que hay un asesinato del que no se ha desvelado aún al culpable y el protagonista y escritor del manuscrito se convierte en uno de los principales sospechosos. Esto obsesiona al agente, Peter Katz, que quiere conocer el final y sacar este manuscrito a la luz, a la vez que a un periodista de investigación y a un expolicía que conoce bastante mejor de lo que pensaba a los protagonistas de esta historia.

La utilización del autor de estos personajes como los tres narradores del libro, tan diferentes como parecidos, me ha parecido una gran herramienta para mantener en vilo al lector sobre el misterio acontecido en la novela y para ofrecer distintos puntos de vista acerca de la misma historia. Cada uno de ellos continúa la investigación en el punto en el que acaba la del anterior y ofrece nuevos datos que confunden al lector aún más, si es que es posible. Esto me encantó y me enganchó por completo porque llega un momento en el que no sabes exactamente qué pensar ni quienes crees que son realmente los sospechosos del crimen. Incluso me llegó a obsesionar en bastantes momentos y me hizo quedarme leyendo hasta las tantas y pensar en los personajes una vez que me había ido a la cama, cosa que hacía mucho que no me ocurría con un libro.

Además, la narración descriptiva y fluida del autor hace que sea fácil leer esta historia de poco más de 300 páginas. No me suelen gustar las novelas demasiado descriptivas, pero en esta el autor logra ofrecer al lector la dosis exacta de descripciones, lo justo para no aburrir, y están totalmente justificadas en el desarrollo de la historia. Además, el libro está en general tan bien escrito (y traducido, un gran punto a su favor) que es una delicia leerlo desde el principio hasta el final.

E. O. Chirovici también hace un retrato perfecto de cada uno de los personajes, que no son pocos, y los desarrolla de tal forma que entiendes todo al final, como si terminaras por unir las piezas de un puzle que te pareció imposible en un principio. Son personajes con personalidad y carácter y con una historia detrás que termina cogiendo forma de una manera que ni te imaginabas al empezar a leer.

El libro de los espejos ha sido una lectura magnífica que me ha recordado qué es lo que realmente me apasiona del género thriller, debido a que sabe mantener el misterio hasta el final, da al lector las pistas justas y hace un retrato perfecto de los personajes, tanto de los que aparecen en el manuscrito que protagoniza la novela como de los tres narradores que nos va contando todo lo que ocurre. A medida que iba leyendo tenía más ganas de terminar el libro y saber quién era realmente el asesino y qué escondían la mayoría de los personajes. Se lo recomendaría a todos aquellos apasionados de los thrillers que quieran leer algo bien escrito y quedarse con la boca abierta cuando lleguen al final. Sin duda volveré a darle otra oportunidad a este autor que me ha sorprendido gratamente en tan solo 300 páginas.

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Kaiki. Cuentos de terror y locura, de VV. AA.

Kaiki Cuentos de terror y locura

Kaiki Cuentos de terror y locura«Yo no creo en fantasmas, claro, pero una vez un amigo me contó algo que le pasó, una historia que escapa a toda lógica. Si sucedió de verdad o solo fue producto de su imaginación, yo no lo sé, no estaba allí. Pero lo que sí vi fue el terror en sus ojos mientras me lo contaba… Solo de recordarlo, me dan escalofríos».

A todos, alguna vez, un conocido nos ha contado, por ejemplo, una experiencia paranormal jugando con la ouija o una aparición extraña en su casa una noche que estaba solo. Este tipo de relatos se vuelven más perturbadores narrados por alguien cercano, y les demos verosimilitud o no, nos producen esa fascinación y miedo que nos hacen escucharlos en silencio y repetirlos después a otras personas.

Las historias de terror han pasado de boca en boca a los largo de los años y la cultura japonesa es especialista en ellas. Su idioma no tuvo escritura hasta el siglo VI, por lo que su tradición oral es, posiblemente, la más extensa y antigua, y está repleta de relatos sobre fantasmas, seres sobrenaturales y mitos populares. Tanto es así que tienen diferentes términos para designarlos, según el grado de desasosiego que provocan. Hace un tiempo reseñé El fantasma sin rostro, un manga publicado por la editorial Quaterni que recogía seis kaidan, algo así como cuentos clásicos sobre lo raro, lo extraño y lo místico, y en esta ocasión voy a hablaros del libro Kaiki. Cuentos de terror y locura, que está compuesto por doce historias muchísimo más tétricas y espeluznantes.

En esta antología se recogen los kaiki de Ryūnosuke Akutagawa, Juran Hisao, Kyōka Izumi, Kōda Rohan, Kōtaro Tanaka, Kaita Murayama, Mori Ōgai, Atsushi Nakajima, Kidô Okamoto, Rampo Edogawa, Junichirō Tanizaki y Yumeno Kyūsaku. Algunos de ellos son autores prestigiosos de finales del siglo XIX y mediados del siglo XX y otros son bastante desconocidos, pero todos los cuentos antologados atrapan al lector desde la primera palabra y lo envuelven en una atmósfera inquietante hasta golpearlo con el giro final. No es frecuente encontrar una antología de varios autores —ni siquiera de un único autor— en la que todos los relatos sean disfrutables, pero la selección que la editorial Quaterni ha realizado para Kaiki. Cuentos de terror y locura es excelente y hará las delicias de los que seáis aficionados a la novela gótica y de terror.

Supersticiones antiguas, apariciones infernales y maldiciones más allá de la muerte marcan el rumbo de los protagonistas de estas historias. ¿Y si de repente a tu lengua le diera por probar la comida del diablo?; ¿y si te enamoraras de una sádica mujer, aun sabiendo que pretende matarte?; ¿y si descubrieras que una misteriosa película provoca la desgracia de todo aquel espectador que la ve a solas? Habrá lectores que verán en estos kaiki el poder de las fuerzas sobrenaturales y otros que, en cambio, los interpretarán como una espiral de locura a la que sucumben los personajes. Opten por el enfoque que opten, la lectura resultará igualmente terrorífica. Con Kaiki. Cuentos de terror y locura nadie se librará de que un escalofrío le trepe por la espalda al final de cada relato.

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El carterista, de Kazuo Koike y Goseki Kojima

El carterista

El carteristaEn buena hora se me ocurrió meterme en el mundo manga, pues resulta que no es tal mundo, sino una galaxia, y lo que se presentaba como un viajecito a un género diferente lleva así camino de convertirse en un exilio definitivo. Parece que he caído en un agujero negro, el del manga, y nadie va a poder sacarme de allí. Y la verdad es que ECC, con la publicación de clásicos del género como este El carterista, no está precisamente colaborando para mi regreso a la tierra, a ese mundo en el que había otros libros, otras novelas, otras historias, y el manga no era más que una estrella lejana en el cielo.

Os escribo, pues, desde mi agujero negro, donde estoy en compañía de Ankuro, un joven, diestro y misterioso carterista que carga con el juramento que se hizo a raíz de una terrible tragedia que le acaeció siendo niño. Estamos en Edo, que por si, al igual que yo, no lo sabíais, era el nombre que tuvo hasta 1868 la megalópolis que hoy conocemos como Tokio. La historia que va a suceder transcurre a mediados del siglo XIX, en una sociedad que estaba constituida por cuatro grandes clases: los samurái, los campesinos, los artesanos y los mercaderes… Un momento, ¿he dicho cuatro? Me temo que he olvidado un grupo social de extraordinaria relevancia para esta historia: los carteristas.

El carterista se abre con una gran escena, en la que un iracundo samurái acusa a una bella mujer de haberle robado la cartera. La mujer niega las acusaciones y reta al samurái: si ella demuestra su inocencia, él se postrará en el suelo para disculparse. Lo que sucede a continuación puede sugerir que nos vamos a encontrar con una típica historia de golfo encuentra a golfa, que tan bien nos ha contado el cine con películas como Los timadores. Sin embargo, no van por ahí los tiros, y la novela empieza a sorprendernos por sus inesperados giros, por el retrato que hace de la vida y costumbres sexuales de los edoítas, por su brutal violencia, por el exquisito modo en que se organizaba el mundo del hampa, y, sobre todo, por el retrato psicológico del protagonista principal.

Ankuro, al que todos llaman An, se revela bien pronto como un personaje carismático y oscuro, capaz de hacer enloquecer a las mujeres y de salir bien parado, gracias a sus argucias, de las crueles y refinadas trampas que le tienden los jefes de la banda de carteristas de turno. A An le gusta jugar. Confiado en su destreza e inteligencia, renuncia a las victorias fáciles y da a su contrincante la oportunidad de vencerle, como un cowboy que acepta enfrentarse con un revólver y un solo cartucho a un forajido con dos cargadores llenos. La comparación con los cowboys no es baladí, pues esta gran novela puede recordar al lector al legendario western Centauros del desierto. Al igual que John Wayne, An es un hombre sediento de justicia y con una misión, y nada, ni el amor de una mujer, ni una banda de carteristas, ni una colección de consoladores (sí, como lo oís) de todas las formas y colores lo va a desviar de su camino…

…¿o quizá sí? Para averiguarlo habrá que esperar al segundo volumen de este gran manga de violencia, sexo, venganza y algún que otro samurái.

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La Voz del Amo, de Stanislaw Lem

La Voz del Amo

La Voz del AmoNo sé si es casualidad que la versión que publica Impedimenta de La Voz del Amo, primera traducción directa del polaco original, haya llegado a nosotros poco después del estreno de La llegada (Arrival). Lo sea o no, las dos se complementan a la perfección y plantean, con cincuenta años de diferencia, la misma pregunta: ¿cómo se enfrenta la Humanidad al descubrimiento del primer mensaje que llega de las estrellas, a la primera comunicación extraterrestre? Llegan a conclusiones distintas, incluso opuestas, pero ambas, me atrevo a decirlo, son obras maestras en sus respectivos géneros.
Ambientada en un punto indefinido de la Guerra Fría y en una de las dos súper potencias en conflicto, en la novela de Stanislaw Lem, los extraterrestres no tienen una presencia física sobre la Tierra, y lo único que conoce un grupo limitado de la Humanidad es su mensaje, una señal de neutrinos con un patrón de repetición procedente de una constelación lejana. Todo esto lo sabemos a través del relato en primera persona Peter Hogarth, matemático al que recurre el Pentágono para formar parte del equipo que, como se nos cuenta al principio del texto, fracasa en el intento de descifrar La Voz del Amo (MAVO, Master’s Voice según su definición en inglés, que se maneja en el libro).
De hecho el texto de Hogarth se configura como un informe personal del desarrollo del Proyecto desde dentro y, por tanto, como una justificación de su fracaso. Denso, profuso en terminología científica y mucho más reflexivo que narrativo, Lem consigue que su protagonista parezca exactamente lo que es en el libro: una mente preclara, un visionario que sin embargo es consciente de los límites de la raza humana, un científico lúcido en una jaula de grillos. Pero un científico de altísimo nivel al fin y al cabo. Confinado junto al resto en un antiguo complejo nuclear en medio del desierto de Nevada, un paraje inhóspito perfectamente recreado en el libro, y completamente dedicado a la experimentación con el mensaje, Hogarth solo puede trabajar y pensar. De su trabajo nace el tronco narrativo que sostiene el texto, de su pensamiento, las ramas y las hojas que forman el tupido árbol que finalmente presenta ante nosotros La Voz del Amo.
Sería casi imposible enumerar los temas que trata con cierta profundidad, pero algunos destacan sobre el resto. En cuanto a los extraterrestres y al mensaje en sí, encontramos decenas de páginas de digresión que desmontan la mayoría de las concepciones con las que se entra en este libro. Desde la posibilidad de que su física siga unas leyes distintas a la nuestra (y por tanto nos resulte incomprensible) hasta la constatación de que, incluso si nos mandan un mensaje, seríamos incapaces de descifrarlo.
Más allá de MAVO, los planteamientos de Hogarth/Lem sobre los límites del progreso tecnológico o la influencia de las relaciones sociales entre los científicos en el avance de la misma son temas recurrentes y expuestos con una claridad envidiable. La cosmología, la biología, la filosofía e incluso la propia ciencia-ficción (carente de imaginación, según él) son analizadas en profundidad, y no menos resulta leer sus reflexiones sobre temas de importancia capital en el momento en que fue escrita la novela, tales como el equilibrio de fuerzas entre las súper potencias.
Hay un paralelismo entre la experiencia lectora de La Voz del Amo, de Stanislaw Lem, y lo que está propiamente escrito en él. Un sujeto como yo, un lector medio, no alcanza a comprender más que una parte del libro. Un treinta o un cuarenta por ciento se me escapa. A Peter Hogarth y al equipo de científicos que trabajan en MAVO les pasa lo mismo. Y sin embargo, eso no impide que lleguen a unas conclusiones importantísimas, y en mi caso no es óbice para disfrutar tremendamente con la lectura. Se hace difícil durante algunos momentos, y solamente en el tramo final consigue una tensión narrativa que se echa en falta en todo el resto, pero se cierra, si se ha llegado hasta el último punto y aparte, con un gran sabor de boca.
Así que al mismo tiempo que esta reseña recomienda el libro, también contiene un aviso. Absténgase de él los lectores pretenciosos, si no son científicos de cierto rango; aquellos que quieran abarcar el texto por completo, llegar con vida a sus más recónditos recovecos, serán derrotados. Es necesario acercarse a La Voz del Amo con la mente abierta, dispuesto a aprender algunas cosas y a permanecer en la inopia con otras, con la convicción de que en el resto se encuentra una literatura de alta calidad.

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¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?, de Raquel Díaz Reguera

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?Pues la verdad es que se me ocurren pocas cosas más aburridas que ser una princesa (rosa, verde o amarilla, da igual). Bueno, quizás una conferencia política, una charla entre el presentador de Documentos TV y Jesús Hermida o quedarte encerrado en una biblioteca que solo tenga libros de Jorge Bucay y Paulo Coelho. Está bien, esto último no es aburrido, es directamente una tortura. Y de las peores.

De pequeñas casi todas las niñas sueñan con ser princesas. Es un hecho. Supongo que parte de la culpa se la debemos echar al señor Walt Disney y sus repipis princesas. Aunque, afortunadamente, ese estereotipo de princesa remilgada y pedante ha ido cambiando con el tiempo y cada vez podemos ver a más princesas guerreras y con un par de narices. ¡Bravo!

Yo no recuerdo que quisiera ser princesa cuando era pequeña, ni cuando veía esas películas o leía cuentos sobre ellas. No era mucho mi estilo. Sí, ¿qué pasa? Una ya tenía estilo desde pequeña. Nunca he sido ni fina, ni delicada, ni risueña. Qué le voy a hacer, tengo otras virtudes. Supongo también que el llevarme cuatros años con mi hermano y el haberme pasado la infancia jugando con él y sus dinosaurios y he-men, jugando al fútbol en el pasillo de casa o con su monopatín no ayudaban mucho a verme en el papel de princesa. En cualquier caso, debe ser un rollo.

Y eso es precisamente la pregunta que nos plantea este libro: ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? y esa es también la pregunta que se hace Carlota, la protagonista de este cuento. Cansada de que todo lo que la rodea sea de color rosa, de esas princesas tan absurdas que andan besando sapos para ver si encuentran a su príncipe azul y que siempre hacen cosas tan aburridas, Carlota se pregunta por qué las princesas no pueden surcar mares, salvar a príncipes y vivir mil aventuras. Esa pregunta se la hace a sus padres, a los consejeros del reino y a todas las personas importantes que la rodean, pero todos tienen la misma respuesta. Pero, ¿por qué no pueden ser los príncipes los que vistan de rosa y las princesas las que maten dragones?, ¿por qué tiene que ser tan sumamente aburrido ser una princesa?

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? ha vendido más de 15.000 ejemplares y no me extraña. Hacía tiempo que no leía un cuento tan original y sincero. Un cuento que, como podemos leer en la contraportada, sirve para romper un montón de estereotipos. Además, yo que soy una enamorada de la ilustración, puedo deciros que las ilustraciones que aparecen en este libro son preciosas. Y encima es una maravillosa sorpresa descubrir que la escritora y la ilustradora son la misma persona: Raquel Díaz Reguera. Genial, ¿verdad?

Un libro que debería ser lectura obligatoria por el mensaje tan importante que transmite de manera tan sencilla. Así que ya sabéis, papás, mamás, niños y niñas, gente a la que le guste el rosa y gente que lo deteste: tenéis que leer este extraordinario libro.

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