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Mi querido asesino en serie, de Alicia Giménez Barlett

mi querido asesino en serie

mi querido asesino en serieCuando los periódicos sacan esas odiosas listas de títulos o autores, cuando hablas con gente aficionada al género o cuando pides recomendaciones de novela policíaca siempre salen a colación los nombres de toda la vida, los clásicos y los no tan clásicos pero habituales: Hammet, Chandler, Nesbo, Mankell, Leonard, Thompson, Montalbán… Pero menos veces de las que debiera, aparece el nombre de Alicia Giménez Bartlett.

Reconozco que yo también tengo mi parte de culpa, ya que, hasta 2015, (año en el que ganó el premio Planeta con Hombres desnudos, y en el que tuve la tremenda suerte de ser invitado a los actos de dicho premio ­–¡y de hacerme una foto con ella como flamante ganadora con esa camiseta estampada con la palabra “merde” bien visible, qué cachonda!–) solo había leído Mensajeros de la oscuridad y me había gustado mucho, como se puede comprobar en la reseña. Hombres desnudos también me gustó. No llevaba una trama criminal como la que suele acompañar a las historias protagonizadas por Delicado y Garzón, pero el ambiente y atmósfera de fondo no se alejaban mucho.

Así que intentando reparar mis carencias lectoras de los libros de la Bartlett, me pongo a ello con Mi querido asesino en serie. Sí. Ya sé que no sigo ningún orden. Empecé la saga por el tercero y sigo por el undécimo y último hasta ahora. Pero no pasa nada. Estos libros son como los de la saga de Kurt Wallander de Mankell. Cada libro es un caso y el orden solo importa en el sentido de que el/los detective/s de turno tienen una vida que va evolucionando con cada nueva entrega. Por tanto, seguir el orden es aconsejable pero para nada imprescindible.

Llegados a este punto vamos a meternos de una vez con el libro de marras. Unas mujeres aparecen asesinadas, con la cara destrozada y una nota de amor despechado. Todas tienen idénticas marcas y eso confirma que esta vez Petra y Fermín se las van a tener que ver con un asesino en serie, algo bastante infrecuente en España. Pero en esta ocasión, a la pareja se les unirá el inspector Roberto Fraile de los Mossos d’Esquadra para que ambos cuerpos cooperen y logren atrapar al criminal lo antes posible.

Por supuesto el fuerte carácter de Petra chocará con el del joven “recién llegado” y habrá varios roces al principio, que Fermín, como es habitual, se encargará de suavizar. Y es que Petra es combativa y feminista y le toca mucho las bolas que ella, rondando la cincuentena, con dotes sobradas y más que demostradas para el liderazgo y para llevar una investigación tenga que acatar las órdenes de un Roberto Fraile, que, aunque con mismo grado, es mucho más joven e inexperto, más frío, come a base de donuts y táperes en la oficina en lugar de los platos de La Jarra de Oro que Fermín y ella papean, y parece no vivir para otra cosa que no sea el trabajo.

No obstante a medida que la investigación va desarrollándose la relación irá calmándose y haciéndose cada vez más amigable.

El libro atrapa desde la primera página en la que Petra, frente al espejo, se da cuenta de que tiene una edad que no siente suya y a partir de ahí comienza a agrandarse la bola de nieve y la seguiremos en comisaría, en las escenas de los crímenes, interrogatorios, en las comidas con su equipo de trabajo (y comen mucho, muchísimo, muchas veces), en las “acampadas”, en los momentos de estancamiento en los que las pistas parecen no llevar a ningún sitio y en su vida familiar y sentimental. Una vez empiezas a leer a Barlett, es muy difícil parar porque lo que te ofrece es una lectura ágil, rápida, zas zas, sin rodeos, sin entretenerte en chorradas y captando fielmente la realidad cotidiana, el día a día y la rutina de unos protagonistas como tú y como yo. Una historia que engancha, que es directa y que está bien documentada, tramada y desarrollada, con unos personajes tan bien perfilados y, por tanto, humanos, que te los llegas a creer del todo, que te transmiten los cambios de humor (el cansancio acumulado, el renacer de las fuerzas…) y en seguida conectas con ellos, con las chanzas de Fermín, los diálogos (a veces bruscos y cortantes y por eso mismo magistrales) de Petra, la progresiva integración de Roberto en la peculiar pareja, y los problemas de la vida diaria de cada uno al margen del trabajo policial…

Hay también una cosa a destacar de Mi querido asesino en serie que es evidente pues la propia trama lo exige y varias veces se comenta en boca de los protagonistas: la soledad. La soledad en las grandes ciudades es algo que se toca a menudo y que está ahí, en el fondo, como si fuera un decorado, y en el propio núcleo de la investigación.

“Saber a qué grado de soledad puede llegar una persona era un ejercicio sociológico muy difícil de realizar. Barcelona es una ciudad discreta, donde los ciudadanos conviven sin preguntarse gran cosa, casi sin mirarse por no interferir en la vida del otro, por no molestar. Todo sucede en medio de un silencio social compartido, como una especie de pacto implícito.”

Me queda un muy buen sabor de boca de esta lectura, y la promesa hecha a mí mismo de intentar leer poco a poco todos los casos de Petra. ¡Sí, joder, me he quedado con mono! Y también me queda al acabar esta lectura, una sensación extraña al despedirme de Fermín y la inspectora. Parece mentira que se les pueda coger tanto cariño a unos personajes con solo 400 páginas devoradas en dos o tres días.

¡Tiene mérito la Bartlett. Ya lo creo que sí!

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Geopolítica de las series, de Dominique Moïsi

Geopolítica de las series

Geopolítica de las seriesEs probable, y mucho más en estas fechas, que si os digo aquello de Winter is coming, todos sepáis de qué estoy hablando. Y es que la repercusión que Juego de Tronos tiene en la sociedad actual va mucho más allá de lo escrito o filmado sobre los Siete Reinos de George R.R. Martin. También es muy probable que, si os hablo de Frank Underwood o Carrie Mathison, la mayoría sepáis la serie que protagoniza cada uno de estos personajes. Todo este boom mediático que están viviendo las series de televisión hace que varios expertos en política y relaciones internacionales se hayan fijado en ellas para explicar de un modo sencillo los mecanismos y estrategias que rigen nuestro día a día. Uno de estos expertos es Dominique Moïsi, autor de Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo. El politólogo francés define el objeto de este ensayo y el fin mismo del libro como “una obra sobre geopolítica que utiliza las series como materia prima para comprender la evolución de las emociones del mundo”. Sin duda un tema que captó rápidamente mi atención, y mucho más tras ver la genial portada de David Sánchez, hombre de referencia en la editorial a la hora de ilustrar sus libros.

El catálogo de Errata Naturae está lleno de buenos libros escritos alrededor de las series de televisión. Libros temáticos sobre grandes series como The Walking Dead o Twin Peaks ya han sido reseñados en el blog, y este que hoy os traigo se estructura en torno a cinco series del momento, de cuyo análisis se desprende el estado actual de las alianzas y problemas geopolíticos existentes en los últimos años. Dominique Moïsi explica en la introducción los motivos que le han llevado a elegir Juego de Tronos, Homeland, House of Cards, Downton Abbey y Occupied para el análisis en cuestión. De las tres primeras soy fiel seguidor, de la cuarta he visto bastantes capítulos y pese a no conocer la existencia de la quinta, tras leer el libro ya me he encargado de ponerla en mi lista de series preferentes. También dedica unas páginas el autor para explicar qué concepto de la situación política actual encaja mejor con cada una de las series analizadas. El miedo al caos, el declive democrático, el terrorismo, la nostalgia del orden antiguo o la ocupación rusa encajan a la perfección con cada una de las series, y mediante analogías y análisis de los personajes el autor va mostrando a los lectores como la industria televisiva y cultural utiliza medios audiovisuales como método rápido para entregar un mensaje a un amplio número de personas.

He de reconocer que leyendo la introducción de este libro llegué a pensar que, pese a la buena idea que planteaba el autor, analizar la política mediante series iba a ser harto difícil. Sacar un mensaje claro y sencillo para los profanos en la materia exigiría una capacidad de síntesis que es muy difícil de conseguir. Sin embargo, una vez metidos en materia, me ha sorprendido gratamente la prosa sencilla y clara que utiliza Dominique. A esto también ayuda tener un conocimiento previo de las series en cuestión, al menos de gran parte de las series que aparecen en el libro. Con esto no digo que no se pueda disfrutar del libro si uno no ha visto las series, pero es cierto que es un valor añadido para disfrutar más completamente del mismo.

“Homeland puede leerse como un catálogo de los errores que llevaron a la aparición del Dáesh”

Son muchas las buenas enseñanzas que puede extraer el lector con una lectura atenta del texto. El autor diserta sobre varios puntos a tener en cuenta, como por ejemplo la forma tan negativa que tienen los americanos de retratar su política en las series, en contraposición con los rusos, que venden en su entretenimiento unas actitudes políticas casi inmaculadas. O esas analogías en Juego de Tronos que mezclan en un mismo texto las ciudades-estado del Renacimiento italiano, la política migratoria de Angela Merkel o la crisis de refugiados que estamos viviendo en la actualidad. Y también es de agradecer en el autor que no se centre solo en cinco series para explicar un problema más complejo, y amplíe sus cavilaciones a otras series no menos importantes como The Americans, Borgen o El ala oeste de la Casa Blanca, esta última de especial importancia, pues fue de las primeras en tratar asuntos geopolíticos en sus tramas.

En resumen, Geopolítica de las series es un ensayo ameno que acerca el mundo de la geopolítica a la gente de a pie. Leyendo a Dominique Moïsi se entiende un poco mejor el mundo en que vivimos. Y todo ello contado de un modo abrumadoramente sencillo, haciendo bueno aquel dicho de Séneca, “La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien”.

César Malagón @malagonc

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Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas

Las tres muertes de Fermin Salvochea

Las tres muertes de Fermin SalvocheaAntes de ir a la presentación que hizo Jesús Cañadas este octubre en Barcelona yo ya había leído Pronto será de noche (para mí siempre será “el libro del toro en la portada”) y, en realidad, fue por eso por lo que acabé yendo a la librería Gigamesh, pese a que aquel día se estuviera cayendo el cielo a trocitos sobre Barcelona.

Tenía buen recuerdo de la novela anterior, de esos recuerdos que son emociones (emociones chungas porque es un libro de terror) y, en el momento de llegar a la presentación de Las tres muertes de Fermín Salvochea, solo tenía una idea sobre el autor: me gustaba cómo escribía. Su estilo. Así se lo dije al mismo Cañadas, pero el tío me soltó: “pues esta no tiene nada que ver”. Y cuánta razón tenía.

No he leído la primera novela de Cañadas (en realidad, la segunda pero la primera dice que ni se nos ocurra cogerla, que se muere de la vergüenza), pero con las dos últimas ya me ha quedado claro que este es un autor que no va a escribir dos veces lo mismo ni de la misma manera. Si el estilo de Pronto será de noche (la del toro, vamos) era seco, opresivo, crudo, el de Las tres muertes de Fermín Salvochea es muchas veces lírico, al mismo tiempo que cercano y repleto de humor, porque en esta novela Cañadas recupera la lengua de su infancia en Cádiz.

Y me diréis, sí, sí, pero ya te estás enrollando como en la reseña anterior. ¿De qué va la novela? Eso es algo difícil de contar sin mataros a spoilers. Podría decir, “de aventuras”,  “de vampiros”, pero no es eso exactamente. Alguien la ha definido como una mezcla entre Penny Dreadful y los Goonies y, para mí, en la parte de Penny Dreadful tiene toda la razón. Las tres muertes de Fermín Salvochea empieza como una novela costumbrista, cuatro niños pobres por aquí, un padre borracho por allá, un hospicio, el funeral de un señor –un tal Bigotes, el exalcalde Fermín Salvochea–, un circo de los horrores liderado por un fulano al que llaman Edgardo Poe… Y entonces, ZASCA. Empiezan a pasar cosas raras. Pero muy raras. Empieza con una señora que tiene cuatro brazos, aunque enseguida lo entiendes, de acuerdo, son siamesas. Pero cuando sale el hombre pez y los vampiros del agua… Bueno, entonces no queda mucho espacio para la duda.

O sí. Porque todos esos bichos no salen propiamente en la historia principal, sino en las historias que le cuenta su padre a Sebastián, el chaval de trece años protagonista de la novela. Y, claro, su padre, Juaíco, es un borracho y un mentiroso, así que el lector duda siempre de lo que está contando. Duda como lo hacen los cuatro niños protagonistas de la novela –Sebastián, el Pani, Candela y Julieta–, que se pasan páginas y páginas recorriendo la Cádiz pobre e industrial de principios del siglo XX en busca de torres voladoras y cuevas de contrabandistas. Ellos quieren que todo lo que cuenta Juaíco sea verdad porque si no, como dice Candela: “yo no soy más que una huérfana coja, los niños del Hospicio se han muerto porque la comida está podrida, y […] no quiero que sea así, Sebastián. No quiero”. El lector tampoco. El lector quiere que todas esas leyendas gaditanas –el circo romano, la Bella Escondida, las cuevas de María Moco– que Cañadas ha devuelto a la vida en su novela sean ciertas. En la ficción, se entiende, porque no me veo cazando vampiros.

Y ha sido la tensión entre mundo real y mundo fantástico, entre costumbrismo y barcos voladores hasta arriba de piratas una de las cosas que más me ha gustado de Las tres muertes de Fermín Salvochea. También los homenajes a las novelas de aventuras que hay por todas partes y, sobre todo, el tono. Esto del “tono” parece muy técnico, muy serio, pero es bien fácil. Convertir una ciudad como Cádiz, que todos pensamos luminosa, blanca, en un lugar sombrío y lleno de monstruos sin que nos olvidemos ni por un momento de donde sucede la acción tiene mucho, mucho mérito. Y lograr que los personajes hablen como gente de la calle, de su condición social y de su época (eso del costumbrismo), pese a estar abriéndole la caja torácica a un vampiro, también. Por ejemplo, que un hombre pez en una caverna llena de contrabandistas diga, señalando al prota, “y a este me lo matáis” y que eso quede bien y te haga reír, mola mucho. Y justo eso es el tono de la novela, que un narrador te diga que “Candela les veía venir de lejos” (y no por la calle precisamente) y en otro momento te describa una voz que “enhebraba recuerdos de mujeres corsario y ron de caña”. Eso es estilo, y Cañadas lo tiene. Aunque lo más flipante no es que lo tenga, es que pueda cambiarlo en cada novela porque le da la gana (y porque puede).

Las tres muertes de Fermín Salvochea es una novela que me ha hecho leer como cuando tenía diez años y me ha dejado las mismas sensaciones que La princesa prometida o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Os la recomiendo si os gustan las historias de aventuras, de vampiros y monstruos (de los de verdad, que los otros ya no se llevan), en las que, por otro lado, pasan cosas muy jodidas (que no tienen por qué estar relacionadas con los bichos) y no todo siempre es bonito para el prota y sus compañeros.

Laura Gomara

 

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Cómo escribir un microrrelato, de Ana María Shua

Cómo escribir un microrrelato

Cómo escribir un microrrelatoBienvenidos al mundo del microrrelato. No os preocupéis, no estaremos estrechos. Visto desde dentro, es más grande de lo que parece. La maestra de ceremonias será Ana María Shua, que con su libro Cómo escribir un microrrelato nos hará un recorrido por la historia de este género, para romper con los prejuicios y tópicos que pesan sobre él.

La primera reticencia al traste: no, para nada, este no es un género nuevo, surgido en Twitter,  motivado por esta sociedad exprés que no dedica más de un minuto de atención a nada o promovido por escritores vagos que no quieren esforzarse en escribir historias más complejas. ¿Oigo por ahí que solo es un juego de ingenio, un chiste facilón, nada que ver con la literatura? ¡Qué va! Si tenéis esa impresión es que, desgraciadamente, no habéis leído microrrelatos de verdad, microrrelatos buenos. Se llama «micro», sí, pero también «relato», por lo que debe contar una historia, aunque mediante recursos diferentes debido a su brevedad. Y eso lo convierte en un arte muy difícil de dominar. Tan difícil que con leer Cómo escribir un microrrelato, de Ana María Shua, no bastará, claro. Pero, eso sí, os ayudará a entenderlo mejor y, por tanto, a valorarlo como se merece.

La autora lleva casi cuatro décadas dedicándose al microrrelato y en este libro comparte con todos nosotros las particularidades de la técnica de este género, sus experiencias creativas y algunos de sus textos, hasta de los primeros. Nos da las claves para escribir microrrelatos (la precisión del lenguaje, las dobles lecturas, la importancia del título y de los cierres, que tienen múltiples variantes, además de la manida sorpresa) y, sobre todo, nos anima a leer muchos primero. Para ello, recomienda escritores como Franz Kafka, Max Aub, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Jean Cocteau, Italo Calvino, Augusto Monterroso (más allá de su famoso dinosaurio) o Ramón Gómez de la Serna, referentes dentro de este género y de la literatura en general, así como una lista de los mejores sitios web donde encontrar buenos microrrelatos. Es más, pone alguno que otro para que vayamos abriendo boca. Y, en cada capítulo, le sale la vena de profesora de escritura creativa y nos plantea ejercicios prácticos de lo más variados para avivar nuestra imaginación, útiles tanto si nos iniciamos en el género como si queremos superar un bloqueo creativo, ese que tarde o temprano aparece en cualquier género literario o campo artístico.

El libro Cómo escribir un microrrelato no explica exactamente cómo escribir un microrrelato. Claro que expone sus principales características y da buenos consejos para salirse de los clichés y escribir microficciones de calidad. Pero lo que sobre todo hace este libro es ahondar en el género, tremendamente menospreciado por quienes no lo entienden o no lo conocen en realidad. Porque al profundizar en su historia, su técnica, sus autores referentes y algunos de los microrrelatos más célebres, es difícil no sentirse atraído por ellos, que con tan poco son capaces de tanto.

Ana María Shua ha conseguido un texto que pone al género del microrrelato en el lugar que se merece. Cómo escribir un microrrelato es una guía perfecta para los lectores y escritores que se inician en él y para que aquellos que se resistían se adentren, por fin, en este mundo… ¡Qué digo mundo! ¡Universo! Enorme y lleno de posibilidades literarias.

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Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas, de Juan Antonio Molina Foix

Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas

Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películasA todos los que nos dedicamos y/o nos gusta escribir sabemos que la parte más complicada del proceso de creación de un texto es empezar, encontrar un hilo del que tirar; encontrar esa semilla que crezca poco a poco hasta convertirse en un árbol alto, fuerte y sano; encontrar, en definitiva, la idea del millón. Y para encontrar esa idea bebemos de la inspiración, ese estímulo que nos anima a crear.

La inspiración puede encontrarse en todos lados. En la visión de una pareja que discute y airea sus trapos sucios delante de todos en el súper; de un niño que le cuenta emocionado a su padre como le ha ido en el último entrenamiento de fútbol; de dos amigas que intercambian maquillaje en el metro mientras van a una cita a cuatro; de una chica que pide consejo a una dependienta para elegir un vestido para la boda de un exnovio; de un anciano que con su nieto le echa migas de pan a las palomas… La inspiración se encuentra a la vuelta de cada esquina. Todo lo que vemos, leemos, oímos o nos pasa es susceptible de convertirse en la semilla que nos inspire una gran historia. Y a veces esa inspiración nos viene de la idea de otro. Mientras leemos una historia, nuestra mente va imaginándose lo que lee, va poniendo cara a los personajes; va desplazándose por la casa, el parque, el bar, la calle… donde se desarrolla la historia; va asimilando y comprendiendo, empatizando, con los sentimientos de los protagonistas de la obra… Eso es lo que supongo que le ha pasado a muchos de los grandes directores de cine de la historia. Algunas veces las ideas les habrán surgido de manera directa y novedosa y otras veces, al leer las palabras de otra persona, se habrán imaginado como lo plasmarían en imagen. Gracias a Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas, edición de Juan Antonio Molina Foix, podemos ver el origen de algunas de las grandes películas de la historia del cine.

J.A. Molina Foix ha creado una antología de relatos que inspiraron a algunos de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Pero, además, esas historias fueron escritas también por algunos de los mejores escritores. Así bien, en este libro podemos leer historias escritas por autores como Guy de Maupassant, Stefan Zweigt, Agatha Christie, Daphne du Maurier, Fiódor Dostoievski o James Joyce. Historias que inspiraron algunas películas como Rashomon de Akira Kurosawa, La paura de Roberto Rossellini, Testigo de cargo de Billy Wilder, El hombre que mató a Liberty Valance de John Ford, Los pájaros de Alfred Hitchcock, Una historia inmortal de Orson Welles o Dublineses de John Huston. Como el propio Molina Foix dice en el prólogo, no están todos los que son, pero sí son todos lo que están.

Como en toda antología de relatos el nivel de todos ellos no es lineal, unos son mejores que otros y, además, en este caso, al ser de distintos autores las temáticas son muy distintas. No obstante, todos tienen un nivel bastante alto y aunque Molina Foix no ha podido incluir en el libro todas las historias que le habría gustado por cuestiones de espacio y de permisos, ha escogido una muestra que pretende ser una buena representación de la idea que defiende con esta obra: cuando una película está inspirada en un libro, más que una adaptación totalmente fiel al mismo, debe tratarse de una creación nueva y autónoma. Por eso, ha seleccionado once relatos, porque al ser historias más breves y menos desarrolladas que una novela, los directores tienen tanto la oportunidad como la obligación de extenderse más y elaborar una historia mayor, creando así una película autónoma y personal. Como decía, no todos los relatos me han parecido igual de buenos. Mientras que unos son un pequeño esbozo de una historia a la que los directores han tenido que darle forma y empaque, en definitiva, convertirlos en una historia de verdad; otros brillan por sí solos y aunque breve, nos cuentan una historia con una presentación, un nudo y un desenlace.

Esta reseña es, probablemente, una de las que más me ha costado porque quería hacerlo bien. Quería tener la oportunidad de ver las dos caras de la moneda: el relato y la película; al escritor y al director. Así pues, me he leído los once relatos y he visto las once películas correspondientes, tras lo cuál, creo que he podido vivir la experiencia completa y sí, estoy de acuerdo con Molina Foix. Cuando lo que se lleva al cine es un gran libro, pocas veces (por no decir ninguna) se supera al libro. Pero la cosa cambia cuando lo que se lleva a la gran pantalla es una historia corta. La experiencia es mucho más libre y mientras ves la película, ves la película. Me explico. En muchas ocasiones cuando vemos la película que se ha hecho de un libro (que encima amamos) no podemos evitar comparar cada escena y cada diálogo; comparar a los actores escogidos para dar vida a los personajes del libro con la idea que nosotros habíamos creado de ellos en nuestra mente. Sin embargo, al ver estas películas, apenas pensaba en el relato porque en este caso las películas vuelan solas ya que gozan de una autonomía casi absoluta.

Entonces, ¿qué estoy diciendo?, ¿me ha gustado Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas o no? Sí, sí me ha gustado porque me ha hecho ir más allá en muchos sentidos. He descubierto historias no tan conocidas de algunos autores muy conocidos y películas que no había visto, me ha hecho reflexionar sobre las diferencias entre el lenguaje literario y el lenguaje cinematográfico y además, aunque algunos relatos no me han”llenado” del todo, otros sí lo han hecho. Como ejemplo, Miedo de Stefan Zweig. Es un relato maravilloso que en pocas hojas te hace experimentar el éxtasis y la emoción de lo prohibido y el miedo y la angustia a verse descubierto. Pocos autores captan mejor los sentimientos y pensamientos de sus personajes y te hacen empatizar más con ellos que Stefan Zweig. Por lo tanto, aunque recomiendo más este libro a amantes del cine que de la literatura, creo que los segundos también se verán recompensados con algunas buenas historias que es posible que no conocieran de algunos de sus autores de cabecera.

 

 

 

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Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Otra vuelta de tuerca

Otra vuelta de tuerca¿Quién podría decir que esta romántica y bella portada pueda albergar una historia de terror? Solo aquellos que conozcan la obra de Henry James saben lo que esta esconde y no es precisamente una historia romántica… Aunque, en mi caso, tampoco es lo que me esperaba encontrar en ella.

Aunque he leído mucho sobre las famosas novelas y cuentos de Henry James, jamás había leído ninguno de ellos. Esta es mi primera novela del autor y debo decir que creo que ha sido la adecuada, pues ha despertado aún más el interés que siento por su obra.

Pero empecemos por el principio. Otra vuelta de tuerca es la historia de una institutriz a la que se le ofrece cuidar y educar a los dos sobrinos de un respetable caballero. A pesar de que los primeros días junto a ellos son agradables y se siente cada vez más unida a los pequeños, comienza a observar presencias extrañas en la casa y comportamientos cada vez más raros en los niños.

Aunque la sinopsis de esta novela no sea extremadamente original, pues encontramos cientos de historias similares en la actualidad, creo que no es nada comparable a ninguna otra. Empezando por la brillante narración del autor, repleta de figuras retóricas y detalles al profundizar en las mentes y miedos más profundos de los personajes, que también coinciden con los del ser humano, y siguiendo por su perfecta ambientación. La oscuridad que rodea la novela y la casa Bly, en la que se desarrolla esta novela, es algo que me ha puesto los pelos de punta al lector y me ha hecho preguntarse mil cosas acerca de la oscuridad que a su vez albergamos todos los seres humanos en nuestro interior.

Y es que en esta novela no solo nos encontramos con elementos sobrenaturales, como los fantasmas y los muertos que regresan para poseer cuerpos vivos, sino que también reflexiona sobre el plano psicológico de la protagonista principal, una institutriz a la que el miedo le hace ver cosas que no existen realmente. ¿Pero acaso no nos ocurre eso a todos? El miedo que nos paraliza, aunque sea irracional, es algo que siempre juega en nuestra contra y que ha sido y será así siempre. Por eso, el tema que James trata en este libro sigue vivo dos siglos después y seguirá, estoy segura, muchísimos años más.

Porque siempre habrá algo que nos atraerá de este tipo de historias. En mi caso, resolver el misterio que dificulta la vida de los protagonistas y profundizar en los límites de la maldad del ser humano. También preguntarnos qué ocurrirá al final, aunque presintamos a medida que vamos leyendo que no será nada bueno. Pero tampoco podría decir que esta especie de tétrico cuento que relata James en apenas 150 páginas sea previsible. El autor guarda alguna que otra sorpresa, que logró sorprenderme aún más y que me hizo sumergirme por completo en cada una de sus páginas.

Leer Otra vuelta de tuerca ha supuesto todo un descubrimiento en cuanto a las historias de terror que he leído anteriormente. Es de esa clase de novelas que te dejan con los pelos de punta a lo largo de sus capítulos, al adentrarte en las partes más oscuras del ser humano, ya que no puede haber nada más terrorífico que eso. Además, hacerlo en esta preciosa y cuidadísima edición ha sido todo un regalo para los sentidos. Sus evocadoras y logradas ilustraciones han conseguido que me trasladara por completo a la casa Bly, junto a sus personajes y sus terribles vivencias. Espero tener la oportunidad de volver a leer muy pronto a Henry James, y mucho más en una edición como esta, pues esta primera experiencia ha sido muy, muy positiva.

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Lobezno: ¡Snikt!, de Tsutomu Nihei

lobezno snikt

lobezno snikt¡Snikt! Una onomatopeya que imita el sonido que realizan unas cuchillas abriéndose paso entre carne, tendones y piel.

¡Snikt! El sonido que precede a la amputación de un miembro, una rápida e impoluta decapitación o un destripamiento que verterá vísceras, convirtiendo el lugar en una baño de sangre.

¡Snikt! Es una única nota aguda, preámbulo de un himno de justicia desenfrenada. Si eres un villano, date por jodido.

¡Snikt! Es sin lugar a dudas el distintivo sonoro, representado con caracteres, de uno de los X-Men más bestiales y carismáticos que ha parido la editorial Marvel: Lobezno.

Desde que la creación de Len Wein y John Romita empezara sus andaduras allá por 1975 en los X-Men, hemos podido ver al mutante canadiense en un sinfín de aventuras que lo han llevado a recorrer medio mundo o a adaptarse a circunstancias realmente peculiares. En Arma X, por ejemplo, pudimos asistir atónitos a los traumáticos inicios del que más tarde portaría un esqueleto de un material indestructible; dejándonos no solo una historia que aunaba terror y ciencia ficción sino también la poderosa e icónica imagen de un Logan inhumano, en paños menores y con un raro casco que desempeñaba un papel clave en la narración. En la colección Marvel Zombies Lobezno se convertiría en un zombie altamente voraz, e igualmente putrefacto, que pondría en jaque a la galaxia. En Lobezno: Saudade Logan sería representado desde un punto de vista europeo al caer en las manos del guionista francés Jean-David Morvan (conocido sobre todo por su éxito con Spirou) y del dibujante Philippe Buchet. Brasil, favelas y mafias serían los ingredientes suficientes para que Lobezno acometiera una aventura marcada por el drama de la pobreza y la corrupción en un álbum que precisamente se convertía en un cómic de denuncia social con un apartado gráfico que sin llegar a ser sobresaliente cumplía con las expectativas.

Ahora, y de la mano de Panini Cómics, nos llega Lobezno: ¡Snikt! un volumen integral que recoge una miniserie de cinco números que originalmente fueron publicados entre los meses de julio y noviembre de 2003. El cómic que hoy nos ocupa podríamos clasificarlo, al igual que el de Lobezno: Saudade como de “rareza”. El autor en esta ocasión es el conocidísimo japonés Tsutomu Nihei. Algo que ya se sale de la normalidad de una editorial que en contadas ocasiones ha experimentado con la fusión del manga y el cómic americano. Aunque lo verdaderamente extraño de Lobezno: ¡Snikt!, a parte de su apartado visual, es también el mundo postapocalíptico en el que el protagonista tendrá que desenvolverse.

El argumento de Lobezno: ¡Snikt! no es ningún dechado de originalidad: una niña llamada Fusa, que ha aparecido de la nada, se acerca a Lobezno implorándole ayuda. Cuando ésta toca la mano de Logan lo transporta a un mundo en el que los humanos libran una terrible lucha contra unos monstruos que están devorando el mundo. Abominaciones que, dicho sea de paso, son terriblemente sensibles al adamantium. El guion, y a medida que vayamos avanzando en la historia nos daremos cuenta enseguida, no deja de ser un refrito de historias ya mil veces vistas en el cine, tales como Terminator, Matrix o Alien. En su defensa se puede argüir que Nihei no disponía de tantas páginas (apenas 130) como en el caso de Blame! para desarrollar una historia más compleja o para crear personajes más profundos o extraños (¡el misterioso oso de Biomega!). Con todo, la exigua historia no deja de ser una excusa para apoyar lo que realmente importa en este cómic: la acción, representada en un fabuloso apartado visual.

Lobezno ha perdido masa muscular y ha crecido varios centímetros. Su rostro es anguloso, los ojos se muestran rasgados y el cabello totalmente de punta. La sonrisa sigue siendo la de siempre: lobuna y descarada. La particular y transgresora visión de Nihei del mutante que porta un esqueleto de adamantium resulta chocante en la portada y en las primeras páginas, pero no supone ningún esfuerzo acostumbrarse. Al poco, es un gozo sumergirse sin remilgo en el desquiciante mundo que el autor ha creado. Su trazo vuelve a mostrase abocetado, aunque esta vez las notas de color lo disimulan. Un color aportado por Guru eFX que en esta ocasión prefiere trabajar con colores fríos y tonalidades oscuras dejando los rostros humanos con coloraciones lívidas. En lo visual hay que destacar también, y valorar notablemente, el ritmo vertiginoso que alcanza la historia que Nihei una vez más deja casi huérfana de diálogos pero bien arropada de alucinantes escenas de acción.

Lobezno: ¡Snikt! es la particular visión que realiza uno de los grandes mangakas del género de ciencia ficción del chulesco e inmortal Lobezno; llevando al mutante a vivir una aventura repleta de tópicos en lo tocante al argumento pero asombrosa en la parte visual.

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Aura, de Carlos Fuentes

Aura

AuraOlvídate de todo lo que estés haciendo ahora mismo y dedica unos instantes a contemplar la portada de Aura. No pienses en nada más. Solo recréate en ella, atraviesa esa frondosidad hasta descubrir a la enigmática joven que se esconde tras ella y déjate seducir por su belleza. Te advierto que para cuando quieras darte cuenta, el tiempo habrá volado y tú ya no serás exactamente tú. Pero no te importará en absoluto. Así es cómo debes mirar la portada y esa es la mejor forma de adentrarte en la lectura de Aura, la novela corta (o el relato largo) de Carlos Fuentes.

Escrita en 1962, esta historia recuerda a los cuentos góticos europeos, pero el autor mexicano la lleva mucho más allá con esa narración en segunda persona, que convierte al lector en el protagonista. Quizá ahí estriba el poder de fascinación de esta obra: desde la primera página te interpela para que seas tú ese Felipe Montero que responde al anuncio del periódico de Consuelo Llorente, una anciana que busca un hombre que haga las veces de secretario en un asunto relacionado con los papeles de su difunto esposo. De ese modo, tú serás quien se adentre en la casona, quien atraviese el callejón techado que huele a raíces podridas y perfume adormecedor y quien llegue hasta la cama donde está postrada Consuelo Llorente, para descubrir, poco después, a su bella y desconcertante sobrina Aura. ¿Qué te sucederá luego? No pienso decírtelo. Has de ser tú quien lo viva, página a página. Solo te recomiendo que, cuando vayas a leerlo, dispongas de tiempo suficiente para hacerlo de una sentada. Que tus obligaciones mundanas no quiebren su influjo hipnótico. Cuando abras este libro, no quedará sitio para nada más que para Consuelo, Aura y tú, encerrados en esa vieja casona.

Aura es ese ambiente embriagador que se apoderará de ti. Aura es el cuerpo joven y hermoso que te incitará a la lujuria. Aura es un ejemplo de originalidad narrativa que no ha perdido fuerza tras los cincuenta y cinco años transcurridos desde su primera publicación. Sus simbolismos y dobles interpretaciones convierten su lectura en una intensa experiencia, donde la línea entre realidad y fantasía, entre sueño y vigilia, se difumina.

Mención aparte merecen las ilustraciones de Alejandra Acosta, que hacen que esta historia sea todavía más envolvente y cautivadora. Muestran la belleza voluptuosa de Aura y de la decadencia inexorable de la casona, y convierten a esta edición de Libros del zorro rojo en un irresistible objeto del deseo para los bibliófilos.

Contempla la portada de Aura por un instante y dime que no deseas adentrarte en sus páginas. Ojea las primeras líneas y dime que no sientes que Carlos Fuentes te está interpelando directamente a ti. Mira una de las ilustraciones interiores de Alejandra Acosta y niégame que deseas ver todas las demás. Ese es el poder de fascinación de esta obra y no merece la pena que te resistas a él. Sucumbir a Aura es peligroso, pero también una experiencia inolvidable.

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Borges, el laberinto infinito, de Nicolás Castell y Óscar Pantoja

borges el laberinto infinito

borges el laberinto infinitoConfieso que tuve miedo a Borges mucho tiempo. Bueno, no miedo; respeto sería una palabra más ajustada. Me parecía uno de esos autores inextricables y me resistía a leerlo. Hará unos tres años, probé con el relato El inmortal. Y sí, comprobé que Borges era un escritor tremendamente complejo… y fascinante. Así que me atreví a dar un paso más y leí Ficciones. En cada uno de los cuentos que lo componen, Jorge Luis Borges dejó patente que era un erudito de imaginación desbordante, un literato que pocas veces ha sido igualado o superado. Pero poco sabemos del hombre, del joven, del niño que fue. Borges, el laberinto infinito, escrito por Óscar Pantoja e ilustrado por Nicolás Castell, es una biografía ficcionada en formato cómic, publicada por Rey Naranjo Editores, que retrata acontecimientos clave de la vida del escritor argentino, lo que nos permite entender mejor cómo alcanzó tan extraordinario nivel de sabiduría y el porqué de sus laberintos literarios.

Hace unos meses, disfruté de Rulfo, una vida gráfica, escrita también por Óscar Pantoja para la misma editorial, así que cuando vi que publicaban Borges, el laberinto infinito supe que era una gran oportunidad para conocer un poco mejor a uno de los escritores fundamentales del siglo XX. Esta biografía ficcionada repite la misma estructura que la de Juan Rulfo, con continuos saltos temporales que van del joven Borges al niño, pasando, de vez en cuando, por el anciano. Aunque la biografía de Borges no me ha impactado tanto como la de Rulfo, cuya novela gráfica me pareció una joya de lectura imprescindible, he de reconocer que ha sido también una lectura gratificante y que me ha sorprendido en muchos momentos.

Nada sabía yo del Borges hombre, más allá de su ceguera y de que nunca le concedieron el premio Nobel de Literatura. Pero gracias a Borges, el laberinto infinito, he descubierto que los suyos lo llamaban Georgie, que su padre lo animó a ser escritor antes, incluso, de que aprendiera a leer (un respaldo poco habitual, como sabrá cualquiera que haya mostrado inclinación por alguna de las áreas del mundo artístico), que tenía una entrañable relación con su hermana, que tuvo miedo a los espejos desde temprana edad y que hubo una traición amorosa que le marcó de por vida y que convirtió en su gran obra, El Aleph.

A pesar de que he leído pocos relatos de Borges, he entrado en el juego de referencias a sus historias más conocidas. Y es que, si algo ha conseguido Borges, el laberinto infinito con el mismo éxito que Rulfo, una vida gráfica es avivar mi curiosidad por el escritor protagonista y el deseo de redescubrir sus obras. Sé que cuando vuelva a atreverme con uno de sus relatos, ya no solo me perderé en laberintos metafóricos y metaliterarios, sino que en cada vuelta veré el lado humano de Borges, con sus miedos y obsesiones infantiles y con sus fracasos juveniles.

Al final, Borges puso luz a sus sombras cuando se dio cuenta de que el paraíso era, simplemente, su biblioteca. Y conocer un poco más al hombre que hizo semejante afirmación, ha hecho que mi respeto hacia él aumente, ya totalmente desprovisto de temor y repleto de franca admiración.

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La pequeña Roque, de Guy de Maupassant

la pequeña Roque

la pequeña RoqueNo hay muchos escritores que hayan pasado a la historia por sus cuentos, habiendo escrito novelas. Guy de Maupassant, el célebre autor francés del siglo XIX, es uno de ellos, y eso demuestra la calidad de sus relatos cortos.

¿Cuál fue su secreto? Nadar contracorriente, diría yo. Guy de Maupassant no cumplió ninguna de esas pautas que hoy en día se repiten hasta la saciedad en cualquier curso de escritura. No buscaba una frase inicial atractiva para enganchar, un conflicto nunca antes visto con el que sorprender o crear personajes con los que fuera fácil empatizar. Al contrario, su narración se limitaba a encadenar hechos que solo adquirirían sentido al final y los personajes se movían por instintos como el sexo o la avaricia, para humillar e incluso destruir a los que eran buenos e inocentes. Unos rasgos que ya percibí cuando leí, hace un par de años, Carta encontrada a un ahogado, y en los que he profundizado ahora con La pequeña Roque, un relato más extenso y que he disfrutado muchísimo.

Reconozco que yo no me fijo especialmente en las primeras frases de una historia (aunque sé reconocer un buen inicio cuando lo veo), que no me hace falta un conflicto trascendental para engancharme y que tengo predilección por los personajes de moral distraída. Así que me fue fácil sucumbir a la narración de Guy de Maupassant en La pequeña Roque, una historia que nos traslada a una idílica campiña francesa para contarnos el hallazgo del cadáver de una niña y la búsqueda del culpable entre sus apacibles habitantes. Un argumento truculento que el autor relata con suma elegancia. Además, la preciosa edición en cartoné de Yacaré Libros acompaña el texto con las ilustraciones de Yolanda Mosquera. Sus trazos sencillos y sus tonos grises nos hacen adentrarnos todavía más en el ambiente sombrío que se adueña del pueblo tras el crimen de la pequeña Roque, en la incertidumbre de los habitantes y en la creciente tensión del culpable.

Más allá del esclarecimiento el crimen, lo que Guy de Maupassant quiere plasmar es la psicología de los personajes, como individuos y como colectivo. Los diálogos son una muestra excelente de cómo se pueden traslucir los prejuicios de una época en tan solo unas frases. Sabe dosificar la información y el lector intuye desde el principio que nada es lo que parece, pero descubrir al culpable acaba siendo lo de menos. Eso deriva en dos giros de la trama que hacen que el desenlace resulte inesperado.

Sin duda, Guy de Maupassant no es un buen ejemplo para ilustrar los consejos de escritura tan en boga hoy en día, pero manejaba con destreza esos mecanismos narrativos no tan evidentes que son los que consiguieron que sus historias fascinaran a sus lectores de entonces y sigan haciéndolo a los de ahora, más de un siglo después. Tal vez sea difícil desentrañar los elementos concretos que convierten a un relato en atemporal, pero es fácil sentir que están presentes en historias como La pequeña Roque. Olvidémonos por un momento de hallar el secreto de la buena literatura y disfrutemos simplemente de ella.

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El regalo de los Reyes Magos y El poli y el himno, de O. Henry

El regalo de los reyes magos el poli y el himno

El regalo de los reyes magos el poli y el himnoYacaré Libros sigue haciendo de las suyas: publicar relatos de escritores atemporales (o que deberían serlo) en una edición ilustrada y cuidada hasta el extremo. El libro que voy a reseñar en esta ocasión es el homenaje de la editorial a O. Henry, un relatista de principios del siglo XX relegado al olvido. Y eso que, en su época, fue bastante conocido, hasta el punto de que la gente catalogaba los finales sorpresivos como «giros a lo O. Henry». Pero al carecer de una obra cumbre, la historia de la literatura no lo ha visto merecedor de figurar junto a otros escritores contemporáneos de renombre como Mark Twain.

Es una lástima que O. Henry no haya conseguido su hueco en la posteridad, porque escribió mucho, muchísimo. Para que os hagáis una idea, publicó un cuento semanal desde 1902 a 1910. Supongo que tener tiempo libre ayudó, ya que muchos de ellos fueron escritos durante su estancia en la cárcel. Y eso que su editor, Robert H. Davis, lo describía como un hombre infantil carente de malicia. Pero es que O. Henry, como sus historias, estaba lleno de sorpresas.

El regalo de los Reyes Magos y El poli y el himno, originariamente recopilados en The Four Million, son los dos relatos que se recogen en este volumen de Yacaré Libros dedicado a O. Henry e ilustrado por Mikel Casal. Por un lado, en El regalo de los Reyes Magos nos cuenta la tristeza de Della, una mujer que quiere el mejor regalo del mundo para su Jim, pero que solo ha conseguido ahorrar un dólar con ochenta y siete centavos. Y, por el otro lado, El poli y el himno relata las vicisitudes del pobre Soapy durante una noche en la que, con el invierno a la vuelta de la esquina, hace todo lo posible para dar con sus huesos en el calabozo, pero parece condenado a la libertad. Es inevitable acabar la lectura del libro con una sonrisa. De qué tipo sea esa sonrisa dependerá de si lo cerramos por la historia conmovedora y por la humorística. Que cada lector elija, según sus preferencias o estado de ánimo.

O. Henry era conocido por sus finales sorpresa, pero también criticado por escribir historias intrascendentes del gusto del gran público y por buscar la lágrima fácil. Sirva la publicación de Yacaré Libros para comprobar si sus coetáneos estaban en lo cierto o es la literatura la que está siendo injusta con él al no reservarle un lugar en su historia. Y sirva también para conocer tanto sus ficciones como su historias real, a la que se le dedica un interesante prólogo. Estoy segura de que leer El regalo de los Reyes Magos y El poli y el himno despertará la curiosidad de muchos lectores por O. Henry, un autor lleno de contrastes en lo personal y en lo narrativo. Y quién sabe si el reconocimiento que no le ha dado la historia de la literatura se lo hagan los lectores al ponerlo en la primera línea de sus librerías particulares.

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Malaz 2: Las puertas de la Casa de la Muerte, de Steven Erikson

malaz 2 las puertas de la casa de la muerte

malaz 2 las puertas de la casa de la muerteEl mundo de Malaz surgió de las imaginativas mentes de Steven Erikson e Ian C. Esselmont. Primero fue un esquema para jugar elaboradas partidas de rol, pero ese esbozo de mundo que era solo un entretenimiento banal, tras el desarrollo gradual que le fueron otorgando sus autores, fue convirtiéndose en algo más complejo. Tenían tanto por contar, tantas historias, tantos personajes y tantas localizaciones que las gotas de fantasía que habían fluido desde sus intelectos acabaron convirtiéndose en un océano por explorar. Eran jóvenes y el siguiente paso fue previsible.

Cuenta el propio Steven Erikson que cuando intentaron vender el guion para elaborar una serie de televisión o una película todo fueron halagos, pero también les daban un consejo: haced algo más sencillo, algo que para el público medio sea coser y cantar. “Salíamos de las reuniones sintiéndonos frustrados, descorazonados y confusos. ¿De verdad acabábamos de escuchar cómo nos invitaban a ser mediocres? La verdad era que sonaba así. Bueno, pues que le den a eso”.

Sí, que les den; es lo que les decimos también todos los lectores de la saga malazana. Pues gracias a esa mentalidad cerrada y conservadora propia de algunos negocios y a la perseverancia de Steven Erikson e Ian C. Esselmont lo que fue primeramente un juego de rol y luego un guion, finalmente se convirtió en una saga de libros de fantasía. Una saga que empezaría con el duro, complicado pero épico trabajo de Erikson en Los jardines de la Luna y que ahora podemos continuar leyendo en el segundo volumen de Malaz: El libro de los caídos.

En Las puertas de la Casa de la Muerte abandonamos Darujhistan y lo que acaeció en el primer volumen para visitar nuevos parajes de las Siete Ciudades. No solo dejaremos atrás lugares conocidos, sino que también nos despediremos de los personajes (o de casi todos) que tuvimos el placer de conocer en la primera novela. Así pues, y aunque nos encontraremos con el Abrasapuentes Violín y el asesino Kalam que intentan a toda costa devolver a Apsalar a su hogar, la mayoría de sujetos que aparecen en esta novela portan nuevas historias consigo, las de sus vidas, para aportar nuevas pinceladas a un lienzo que aún muestra muchas porciones por pintar. Historias como la de Felisin, antes perteneciente a la clase burguesa y ahora esclava en las minas de otaralita por la gracia de su hermana, de la cual jurará vengarse. Historias como la de la sublevación que se está gestando en el desierto de Raraku que busca vencer y enterrar el imperio malazano; una sublevación con el nombre de: el Torbellino. Historias que podrían convertirse en leyenda, como la de Coltaine, el comandante malazano que guiará a treinta mil refugiados a lo largo de cientos de kilómetros mientras un ejército enemigo les pisa los talones.

Si por un momento llegasteis a pensar que la lectura de Las puertas de la Casa de la Muerte sería sencilla, errasteis. Si pensasteis que sería más sencilla que el primer libro, entonces os acercasteis un poco a la verdad. Y es que esta vez empezamos la novela con un contexto, unos recuerdos a los que aferrarnos cuando nos sintamos algo perdidos. Con todo, Erikson no nos deja disfrutar de la zona de confort durante mucho tiempo y de nuevo, y mediante nuevos personajes, nos remite a lugares desconocidos y a una mitología de la que hemos oído hablar pero la cual todavía no dominamos. Esa comodidad lectora también se desvanece cuando descubres que Erikson muestra un conflicto en el que todos son capaces de lo mejor y de lo peor. Los villanos del primer libro ya no lo son tanto y los que decían ser héroes son capaces de las mayores atrocidades. El autor consigue esto al poner su lupa sobre pequeños grupos de personajes de ambos bandos, algo que le permite perfilar personalidades complejas y carismáticas que son la suma de un conjunto de evoluciones paulatinas y coherentes con lo que ocurre alrededor de los personajes.

Leer Las puertas de la Casa de la Muerte llega a ser agotador. Y esto ocurre, simple y llanamente, cuando el autor es capaz de embrujarte con su prosa y hacerte creer que estás cruzando un desierto sin una gota de agua en tu haber o cuando eres testigo de una lucha a muerte entre dos ejércitos rivales que recorrerán distancias impensables en una suerte de titánica partida de ajedrez que los llevará a verter sangre, sudor y lágrimas. Barcos embrujados navegando por lugares imposibles, demonios de extremidades desparejas y de formas angulosas (os encariñareis con la aptoriana, ya veréis), un historiador poniendo en riesgo su propia vida para ser fiel a los hechos, parajes de belleza que os harán enmudecer si estáis leyendo en alto (el paso de Vathar y las mariposas amarillas es pura poesía paisajística), amistades que traspasan fronteras y que os llegarán al corazón (Mappo, Icarium y el terrible secreto con el que deben cargar), un punto de humor (las apariciones de Iskaral Pust siempre proporcionan, como mínimo, una sonrisa) y magia, muchísima magia, y de las formas más inverosímiles, que actuará a través de dioses, lugares o seres que en un principio parecían huérfanos de poderes. Me quedo corto al decir que todo esto es lo que encontraréis, pues cada lector encontrará también su propia aventura.

Las puertas de la Casa de la Muerte, segundo volumen de Malaz: el libro de los caídos, publicado por Nova en una edición impecable es una muestra de que si se ordenan de forma adecuada las palabras se puede llegar a crear magia.

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