Publicado el

La Patrulla Condenada: Ladrillo a ladrillo, de Gerard Way y Nick Derington

la patrulla condenada ladrillo a ladrillo

la patrulla condenada ladrillo a ladrilloLa luz que hoy emite el sol es extrañamente sedosa. Se enrosca entre los titánicos edificios que se cimbrean peligrosamente, como espigas de trigo mecidas por la suave brisa primaveral. Las calles han amanecido desiertas y el silencio es un embustero, falso testimonio de una ciudad súper poblada. Una figura humana, de rostro enmarañado, que se pasea por la acera de enfrente atrae mi atención. De la mano lleva una correa, al final de esta hay un perro inmensamente peludo. El can está intentando defecar pero le está resultando imposible. El hombre alza al perro y olisquea su ano, seguidamente lo sacude con fuerza, de igual manera que un barman sacude la coctelera para que los ingredientes se mezclen adecuadamente. Fuerte, fuerte, más rápido. Esto te aligerará las tripas, grandote. Cuando vuelve a dejar al animal en tierra este se sacude y todo su pelaje cae al suelo de forma pesada. Solo la cabeza del pobre chucho conserva su tersa y brillante pelambrera. Las emociones fuertes todavía no han terminado para el pobre perro, pues en cuestión de segundos pasa de estar tranquilo a jadear y babear. El trasero del perro se infla y explota como una bonita piñata de cumpleaños, pero en vez de esparcir golosinas son polillas, del tamaño de golondrinas, cientos, miles, las que inundan cada recoveco de la ciudad.

Lo que os acabo de contar es uno de los últimos sueños que he tenido. Y como todo sueño, mientras estás viviendo esas extrañas aventuras, todo tiene sentido y la trama parece seguir algún tipo de retorcidas reglas. Es el momento en el que despiertas cuando se desvanece como por ensalmo toda lógica aparente y se revela la total incongruencia que rige en los sueños. Con algunos cómics pasa exactamente igual. Mientras tienes la narizota metida entre sus páginas y estás fuertemente agarrado al hilo de la historia, lo que allí se explica, por raro y demencial que te parezca, no carece de cierta coherencia. El cómic que hoy nos ocupa es uno de ellos.

La Patrulla Condenada: Ladrillo a ladrillo nos narra la vida de Casey Brinke, una conductora de ambulancias que tiene recuerdos de una vida que no parece ser la suya. La aparición de diferentes y extraños personajes pondrá su vida patas arriba, al igual que sus convicciones, dejando la frontera entre lo real y lo fantástico hecha unos zorros. Y que los villanos de la historia sean la versión chunga de la cadena de comida basura McDonald’s empeñados en conquistar un planeta que tiene consciencia propia no va ayudar en nada a que Casey deje de flipar en colores. Tal vez La Patrulla Condenada pueda poner un poco de cordura en todo esto. ¡Jajajaja! No en serio. ¡Jajajaja!

La Patrulla Condenada: Ladrillo a ladrillo es un reboot de aquellos inadaptados con poderes que empezaron su andadura en 1963 en el cómic antológico My Greatest Adventure. Tras dos etapas que pasaron sin pena ni gloria, los héroes más bizarros de las historia cayeron en manos del guionista Grant Morrison que le dio el toque surrealista que necesitaba la serie para que por fin probara las mieles del éxito. Ahora es Gerard Way, cofundador y ex vocalista del ya extinto grupo My Chemical Romance, (When I was a young boy, my father took me into the city, to see a marching band… Genial, ahora no puedo quitármela de la cabeza) el que se ha encargado de resucitar a Robotman, Crazy Jane, El Hombre Negativo o Flex Mentallo. Habiendo leído The Umbrella Academy y The true lives of the fabulous Killjoys (con el pelón de Morrison convertido en uno de los villanos de la historia) ya esperaba un gran trabajo por parte del chavalote natural de Nueva Jersey.

Para empezar Way no ha concebido un reinicio desde cero. ¡Qué les den a los fans de siempre, viva la generación spinner! No, así no. Es más bien un regreso. Los personajes portan el bagaje de historias antaño contadas y de aventuras de chifladura supina ya vividas; recuerdos que gustan de hacer partícipes de ellos al lector que les observa desde el otro lado de la página, ya sea un principiante o alguien curtido en mil lecturas. Así sí. Y aunque Way no olvida los verdaderos inicios de estos héroes tan bizarros, con un tono fresco y gamberro nos narra una nueva aventura que, a pesar de esos mundos ocultos dentro de un dürüm, de cómics dentro de cómics (metaficción a tope), de Crisis Existenciales (¿o Crisis en Tierras infinitas?), goza de una cierta lógica evolutiva que solo serás capaz de percibir si te dejas atrapar por ese influjo de ensoñación por el cual está rodeado el cómic. O lo que es lo mismo: lee, sueña y disfruta. Algo a lo que también ayuda sobremanera Nick Derington con un dibujo que rememora lo clásico sin renegar de lo moderno, siendo capaz de dotar de un tono indie a un cómic de superhéroes que no parece un cómic de superhéroes y que goza de unos colores solo vistos anteriormente mediante el consumo habitual de LSD.

La Patrulla Condenada: Ladrillo a ladrillo, publicado por ECC, es un cómic tan brillante como loco. Una lectura que te deja desorientado pero satisfecho, con la sensación de haber experimentado un viaje con unos chalados de acompañantes y con una sola pregunta en tu mente: ¿Qué cojones acabo de leer?

[product sku= 9788417206260 ]
Publicado el

Los poderes de la oscuridad, de Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson

los poderes de la oscuridad

los poderes de la oscuridad¡Uy, uy, uy! –me frotaba las manos y repetía– ¡uy, uy, uy! ¿Pero qué ven mis ojos? Pero si sale al mercado la versión perdida de Drácula. ¡La versión perdida de Drácula! ¡¡Drácula!! El libro por excelencia de vampiros, uno de los pocos que he leído más de una, de dos y de tres veces, el libro que sentó las bases del género, que me deslumbró en mi juventud por esa manera de narrar a base de diarios, telegramas, reproducciones fonográficas, cartas y extractos de prensa, el libro en el que aunque el malvado no aparezca durante gran parte del relato se le siente y se le teme porque es todo un machote vampiro,  todo un señor vampiro, la novela de un vampiro hecho a sí mismo y no como esos gusyluces imberbes… Una obra maestra de la literatura, vamos, y un clásico con todas las de la ley. Estaba claro. Tenía que leerlo. Y lo he hecho.

Los poderes de la oscuridad viene firmado por Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson. Se publicó en 1901 en Islandia, (solo cuatro años después de la publicación de la edición original y, al parecer, como un folletín en un periódico sueco), con el título Makt Myrkranna (que significa Los poderes de la oscuridad), y se perdió hasta ser redescubierto en 2014. Según se nos cuenta en el amplio y curioso prefacio, Ásmundsson no solo tradujo Drácula sino que, ayudado por Stoker, escribió una versión distinta (y vaya si lo es), reelaboró la trama, añadió personajes y esto dio como resultado una novela más corta, más erótica y con bastantes diferencias respecto al original, aunque la esencia permanece.

¿Y bien? ¿Qué diferencias son esas?

Para empezar, la primera parte aumenta considerablemente la extensión. Por ejemplo, el viaje a Transilvania de Harker (que aquí no se llama Jonathan sino Thomas) pasa de las 22.700 palabras (aproximadamente) a 37.200 en esta novela y el resto de la historia disminuye de las 137.860 a las 9.100. Una purga excesiva, diría yo.

Se ha ganado tensión en el castillo. Se han añadido varios personajes (una anciana muda y una sexy vampiresa), hechos que aportan un matiz más sensual y también tintes conspiracionistas y ocultistas (un templo escondido en el propio castillo, una ceremonia ritual de sacrificio, un trama diplomática paralela, conversaciones sobre política…) y se han eliminado a las tres vampiresas (¡ay, adiós, Mónica Bellucci!)

Además, en la segunda parte se carga el formato epistolar, que era uno de los atractivos de la obra, y lo que nos queda es un narrador omnisciente. Esta segunda parte es mucho más rápida y a ello también contribuye la desaparición de bastantes episodios que ocurrían en Whitby y, sobre todo, la persecución final por Europa. Da la impresión de que Stoker/Ásmundsson no tenían ganas de volver a escribir lo mismo y que querían acabar cuanto antes. Puede que, si no se conoce el original, (e incluso conociéndolo), el lector se quede bastante confuso ante la rapidez con la que se suceden todos los acontecimientos y la celeridad con la que se acaba con el conde en una elipsis asombrosamente elíptica. En el proceso de destrucción se carga también a Renfield y la boda con Mina (que aquí se llama Wilma)…

Los poderes de la oscuridad está plagado de notas al margen. En ocasiones son ampliaciones de la traducción de tal o cual palabra islandesa, y otras veces compara lo narrado aquí con lo sucedido en la original Drácula o comenta costumbres de la época y lugar.

El lenguaje no difiere del primigenio (cuidado, antiguo… ¡gótico, es la palabra!, pero no complicado), yo al menos no lo distingo y eso ayuda a meterte en el ambiente.

En resumen, la primera parte me ha provocado más tensión que el Drácula de Stoker. Puede que haya pasado demasiado tiempo sin revisitarla, o que haya sido la extensión ampliada pero reconozco que me ha angustiado como si se tratara de un libro nuevo. El conde impone y acojona porque sabemos quién es y de lo que es capaz, porque tiene ya una fama a cuestas y no sabemos hasta donde podrá llegar en esta versión.

En cambio la segunda parte me ha resultado más floja. Como ya he dicho, da la impresión de tener prisa por acabarse y de que el dúo de autores iba con una escoba barriendo todo lo que consideraban paja.

Al margen de la novela en sí, hay que subrayar la gran labor de documentación que se ha llevado a cabo y que se nos muestra antes de esta y también quiero destacar como curiosidad que podemos ver los planos del castillo gracias a la reconstrucción de los pasos seguidos por Harker en sus tentativas de huida.

Los poderes de la oscuridad es un libro recomendable a los que han leído Drácula, lo aman y  quieren leer todo sobre él, pero no al revés. En mi opinión, si no se ha leído Drácula, no aconsejaría leer este libro, pues el lector puede pensar que le falta algo, que se pierde algo. O eso me parece a mí poniéndome en su lugar.

No obstante, es obvio que me ha gustado horrores. Me parece un documento extraordinario del que no sabía nada y con el cual he podido aprender unas cosas y refrescar otras casi olvidadas. Un libro curioso, entretenido y de obligada lectura para los amantes de los vampiros de verdad y del auténtico señor de los no muertos. Del origen de todo en una especie de versión 2.0 o de rebirth  que se dice ahora.

Brillante y más que imprescindible.

[product sku= 9788466662420 ]
Publicado el

Odd y los gigantes de escarcha, de Neil Gaiman

Odd y los gigantes de escarcha

Odd y los gigantes de escarchaMira que me gustan las historias infantiles de Neil Gaiman, esas que narra con sencillez, pero que están llenas de dobles lecturas. Me parecen una excelente elección para aficionar a la lectura a los más pequeños. Además, suelen publicarse en ediciones tan cuidadas que es inevitable que les entren por los ojos. Es el caso de Odd y los gigantes de escarcha, con una portada espectacular y las magníficas ilustraciones de Chris Riddell, que le roban protagonismo al mismísimo Neil Gaiman, el mejor cuentacuentos del siglo XXI.

Odd y los gigantes de escarcha nos narra la historia de un niño de doce años llamado Odd, al que no suele acompañarle la suerte. En poco tiempo, se ha quedado cojo y ha perdido a su padre, y, sin embargo, encara el futuro con una sonrisa, algo que desconcierta e incluso incomoda a la gente de su alrededor, más acostumbrada a quejarse y a no buscar solución a los problemas.

Un día, un oso, un zorro y un águila se cruzan en su camino. Pero no son animales cualesquiera, sino Thor, el señor del trueno; Odín, el más grande de todos los dioses y Loki… hermano de sangre de los dioses. Le cuentan que en Asgard se han asentado los gigantes de escarcha y que estos amenazan con sumir el reino en un invierno sin fin. Y visto que como animales poco pueden hacer para combatirlos, Odd se ofrece a viajar hasta allí para poner remedio a esta desagradable situación.

De este modo, Odd y los gigantes de escarcha se convierte en una novela de formación, pues vemos que Odd comienza su viaje hacia Asgard como niño y regresa a su hogar como adulto. Aunque es más bien una evolución física, una constatación ante el mundo de lo que Odd era desde el principio, pues su personalidad y actitud ante la vida demuestran su madurez e ingenio desde la primera página.

Como siempre, Gaiman se sirve de los elementos clásicos de este tipo de historias para dales una vuelta de tuerca y echar abajo tópicos y prejuicios: ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos, ni los problemas se solucionan siempre de la misma manera. Eso es de agradecer en cualquier libro, pero especialmente en los que están dirigidos a los niños, pues les hacen tener amplitud de miras y les asegura una lectura divertida y repleta de aventuras. Además, Odd y los gigantes de escarcha es un libro perfecto para que descubran que la mitología escandinava va más allá de las películas de superhéroes de Marvel y se fascinen con ella.

Así que yo no pienso dejar escapar la ocasión de poner este libro bien a la vista en mi estantería. No porque sea una preciosidad y se me caiga la baba cada vez que lo miro, sino para captar la atención de los niños que pasen por mi casa. Quiero que lo cojan entre sus manos, que acaricien esa portada en relieve y que, al pasar la primera página, Neil Gaiman los embauque con su relato de las gélidas aventuras de Odd. Las impresionantes ilustraciones de Chris Riddell que adornan cada página harán el resto. Será mi mejor anzuelo para que caigan en las redes de la literatura para siempre.

 

[product sku= 9788467594560 ]
Publicado el

La cofradía del Silencio, de Santos Camacho González

la cofradía del silencio

la cofradía del silencioDejadme que hoy os hable de ladrones, dejando en segundo término a políticos, intercambios de sobres o cajas B. Permitidme que os relate una historia de timadores en la que los banqueros sin escrúpulos que engatusan a jubilados son meros secundarios. Hablemos de hechos delictivos, pero dejemos los cometidos por la iglesia a un lado. Hoy hablaremos de profesionales, no de pluriempleados de sotana o corbata que esconden su punible ocupación tras los puestos de poder que ocupan. Hablemos pues de gente que se dedica en cuerpo y alma al negocio del birle, el latrocinio, el timo o la falsificación. Profesionales en el escamoteo del dinero ajeno. Ladrones de guante blanco que han convertido el afanar en un refinado arte. Los Ocean’s Eleven pero a la española. Unos Robin Hood de tiempos modernos; unos héroes por accidente; unos supervivientes natos. Dejadme que os presente a La cofradía del Silencio.

La cofradía del Silencio del autor Santos Camacho González nos empuja a vivir y a ser testigos de primera mano de las andanzas de un grupo de personas que hicieron de robar su modo de vida. Tras una portada que recuerda más a una novela sobre bondage, hallaremos el relato narrado en primera persona de Legrand: en cierto modo la autobiografía de uno de los integrantes de la banda. Repasaremos los primeros pasos de lo que en principio fue una escuela de ladrones y luego se convertiría en la banda de timadores más famosa del Madrid de los 80. Unos ladrones que la mayoría de veces solo timaban a esa gente que se benefició de una transición española todavía en pañales. Gente, que se creía de noble casta, que se aferraba a esos puestos heredados o que los alcanzaba a base de sobornos. Políticos, banqueros, curas… Pero entonces robaron a la persona equivocada y ahora están muy jodidos pues sus vidas corren peligro. Para salir de esta no les queda otra que volver sobre sus pasos y descubrir en qué momento todo se torció. Así pues, y escudriñando los recuerdos de Legrand, descubriremos de dónde vienen y cómo son los integrantes de la banda. Cinco integrantes que, cada uno con sus propias y muy diferenciadas personalidades y habilidades, resultan ser un prototipo de antihéroe que indiscutiblemente conseguirá que el lector confraternice con su causa. Y es que La cofradía del Silencio solo estafa a todo aquel que, por algún u otro motivo, lo merece.

El escenario por el cual transita la historia es la movida de los años 80. Esa explosión de contracultura que era una respuesta a una España postfranquista con todavía demasiados tics de dictadura. Santos Camacho González rememora con precisión aquella época que abarcaría diferentes ámbitos de la cultura pero nos muestra la cara menos amable y romántica, siempre desde el punto de vista del reflexivo Legrand que no duda en realizar juicios de valor siempre de índole reivindicativa, en ocasiones algo extensos, en referencia al panorama social que le rodea. Y todo ello mientras nos detalla algunos de los timos más memorables de la banda; timos descritos, de forma parsimoniosa y detallista, dejando claro que el autor ha realizado un gran trabajo de documentación y que gracias a él la novela goza de verosimilitud.

Y aunque la elaborada trama está enfocada claramente hacia el thriller, y se va desgranando con el ritmo adecuado para mantener el interés del lector, da algún que otro inesperado e interesante viraje para coquetear con el género de aventuras en donde los exploradores de países ignotos marcan el compás y en donde lo místico, que no fantástico, puede codearse con lo real. Por no mencionar esos tramos en los que la narración y el ritmo ceden a la acción, durante un rato nada despreciable, las riendas de la historia, conduciendo al lector a un desenlace intenso.

Por último, y no por ello menos importante, cabe mencionar que la prosa utilizada por el autor es detallista y repleta de florituras en los momentos necesarios, como cuando el protagonista se muestra más introspectivo y se abre al lector, y en general rememora la forma en la que se narraba en la novela picaresca que habitó el Siglo de Oro. Con todo, el lenguaje se adapta a la época en la que suceden los hechos, así pues, no es de extrañar encontrar mucha jerga utilizada por las tribus urbanas de aquellos momentos o la que utilizan los propios timadores y ladrones.

La novela La cofradía del Silencio de Santos Camacho González, publicada por la editorial Caligrama, resulta un entretenimiento de calidad, con una historia bien hilvanada que va de menos a más y que, de una forma gratamente amena, nos conducirá desde los bajos fondos hasta los estratos más altos de una sociedad de la mano de una banda de ladrones que hará honor a ese refrán que dice: ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.

[product sku= 9788491127512 ]
Publicado el

El secreto de Marrowbone, de Sergio G. Sánchez

El secreto de Marrowbone

El secreto de MarrowboneEn el recurrente debate de si es mejor el libro o la película, se suele argumentar que son dos lenguajes distintos y, por tanto, incomparables. Sin embargo, hay libros que nacen destinados a ser película o, como en este caso, a la vez que la película. El secreto de Marrowbone es la primera novela de Sergio G. Sánchez y también su primera película como director, además de único guionista.

Entre los anteriores trabajos del autor destacan los guiones de Lo imposible, Palmeras en la nieve y, sobre todo, El Orfanato, la que fue su primera incursión en el mundo del largometraje, junto al también debutante —y ahora, internacionalmente conocido— J. A. Bayona. ¿Y por qué destaco El Orfanato entre sus guiones? Aparte de porque es la única que he visto de las películas mencionadas (las demás, no sé por qué, me dan mucha pereza), es la que más puntos tiene en común con su ópera prima como director. La infancia y sus miedos y la importancia de los lazos familiares son también los temas en torno a los que gira El secreto de Marrowbone.

No puede negar Sergio G. Sánchez que es guionista. La narración en El secreto de Marrowbone tiene mucho de lenguaje cinematográfico. Su forma de describir los gestos de los personajes y sus posiciones en el espacio en cada momento nos hace visualizarlo todo como una escena de cine. A ello ayudan las bonitas ilustraciones que acompañan al texto, que también recuerdan a un storyboard. Y, sin embargo, no cae en el error de presentarnos un guion adornado para hacerlo pasar por novela, sino que la historia funciona perfectamente a nivel literario.

«La memoria es pura creación. Ningún recuerdo es real. Cada día podemos reescribir nuestra historia», dice una de mis frases favoritas del libro. Y de eso va, al fin y al cabo, El secreto de Marrowbone: de los recuerdos como losa y como tabla de salvación; de la capacidad de reinvención del ser humano —y, sobre todo, de los niños— para sobrevivir a los terrores, ya sean los que provoca su fantasía o los que acechan al otro lado de la puerta, en el mundo real.

Sergio G. Sánchez nos cuenta la historia de cuatro hermanos, Billy, Jane, Jack y Sam, que han huido de un pasado lleno de horror y de secretos inconfesables y que ahora viven prácticamente recluidos en su vieja casa familiar, por miedo a que alguien descubra que su madre ha fallecido y los servicios sociales los separen para siempre. Y aderezándola con ternura, suspense, fantasía y terror, Sergio G. Sánchez nos lleva a dónde quiere y cómo quiere, para que el giro final nos deje del revés.

Quizá en esta ocasión, más que nunca, sea inútil preguntarse si el libro es mejor que la película, porque Sergio G. Sánchez ha imaginado la historia de estos cuatro hermanos y él mismo la ha adaptado a la gran pantalla y al papel. Tampoco merece la pena preguntarse si es mejor guionista, director o novelista. Dejémoslo en que es un gran contador de historias y disfrutemos de sus creaciones, sean en el formato que sean.

[product sku= 9788420486949 ]
Publicado el

Mitos nórdicos, de Neil Gaiman

mitos nordicos

mitos nordicos¡Joder, qué portada más chula, ahí el Mjöllnir todo guapo en plan postureo friki  como si posara en un photocall  rodeado de polvo de estrellas brillante! Porque eso es lo que es Mjöllnir, el fabricante de relámpagos: una estrella, un divo soberbio y machacante, que con solo asomar la puntita cierra las bocas de quienes le ven y temen su golpe. ¿Qué mejor portada para este libro de mitología nórdica si prácticamente aparece en todos estos cuentos?

Eso es lo que uno puede pensar al ver este libro. Luego repara en que el autor es Neil Gaiman… ¡Neil Gaiman, el famoso contador de historias! El autor de The Sandman, uno de los mejores cómics de la historia y responsable de que naciera mi afición al noveno arte. Juntar a estos dos, Gaiman y los mitos nórdicos, era algo que no podía perderme. Porque, a pesar de que conozco estos mitos, a pesar de haber leído varias veces estos cuentos, (que les dan mil vueltas a ese otro conjunto de  cuentos que aparecen en el libro llamado la Biblia), y porque leí en su día American Gods, no me daba la gana no volver a leerlos después de haber pasado por las manos del escocés.

Porque eso es lo que tenemos en Mitos nórdicos. No nos equivoquemos. Aquí Gaiman no coge a los personajes de esas viejas fábulas y las actualiza e inventa nuevas historias con las que deleitarnos como era el caso de American Gods, no. Nos deleita igualmente con la cosmología de las Eddas con las que tanto disfrutó de niño pero les despoja del lenguaje solemne y grandilocuente tan característico.

Gaiman se ocupa de hacernos saber, en una breve pero intensa introducción, que su amor por Asgard y sus habitantes se remonta a su infancia, cuando leía las aventuras de El poderoso Thor de Kirby y Lee. Y como suele pasar cuando algo nos gusta, profundizó e investigó por su cuenta hasta conocer lo que había de, por decirlo de alguna forma, “real” en esos cómics.

También se encarga de comunicarnos que, tristemente, gran parte de las historias nórdicas se han perdido y solo conservamos unos pocos que nos han llegado en forma de cuentos populares. Por hacernos una idea, “es como si de todas las historias de dioses de Grecia y Roma únicamente hubieran sobrevivido los mitos de Teseo y de Hércules”.

Así pues, si no conocéis la mitología de Thor y compañía, esta es  vuestra oportunidad. Una oportunidad cojonuda para hacerlo. Conoceréis el curioso origen del mundo (de los nueve mundos), por qué Odín es tuerto, de dónde sale el martillo más famoso de todos los tiempos (y por qué tiene el mango tan corto), la curiosa descendencia de Loki (si habéis visto Thor: Ragnarok, por favor, olvidad que Hela sea hija de Odín y hermana de Thor y Loki. Nada más lejos: es hija de Loki y la mitad de su cuerpo es… bueno, eso os dejo que lo descubráis vosotros), por qué el caballo de Odín tiene ocho patas, la aventura en la que Thor tuvo que vestirse de mujer, el origen de la poesía, aquella ocasión en la que Thor y Loki fueron derrotados, la bonita (a mí me gusta) historia de la muerte de Balder, y el inevitable Ragnarok o destino de los dioses).

Pero es más. Aunque conozcáis ya esas historias, merecen la pena revisarlos bajo la óptica de Gaiman. Hay ciertos detalles ampliados que, al menos para mí, son nuevos y que profundizan en estos cuentos que nunca me canso de leer.

Por si fuera poco, al final hay un muy completo glosario de nombres, no vaya a ser que alguien se pierde, cosa que veo difícil.

No lo dudéis. Si os adentráis en este mundo no lo podréis dejar. Una mitología en la que todo o casi todo tiene nombre, la única (creo) en la que los dioses son conscientes de que un lejano día tendrá lugar su propia muerte y conocen las señales, y en la que Thor en sus desplazamientos viaja en un carro tirado por dos enormes machos cabríos (Gruñidor y Crujedientes) a los cuales puede cenárselos porque a la mañana siguiente se recomponen (sí, sí, ¿os lo podéis creer?) Y esto es solo una pequeña muestra.

Mitos nórdicos es un libro básico, imprescindible, para cualquier amante de estos temas y es ideal para quien quiera introducirse en ellos y tomarlo como punto de partida. Buena letra, tramas que enganchan y prosa cuidada… Un libro al que acudir de vez en cuando y que se abra por donde se abra absorberá al lector.

Hacedme caso y hacéos un favor, ¡por Odín bendito! Porque por cada lector que pase de este libro un vikingo irá a Helheim.

[product sku= 9788423352838 ]
Publicado el

Lost in Translation Again, de Ella Frances Sanders

Lost in translation, Again

Lost in translation, AgainParece que este es el mes de las segundas partes. Hace poco os recomendaba Valerosas 2, la segunda parte de Valerosas que acaba de publicar Dibbuks y hoy me toca hablaros de la segunda parte de Lost in translation, un libro que reseñé hace ya unos meses y que me encantó.

La verdad es que esta vez no sabía que habría segunda parte, así que cuando vi que Libros del zorro rojo había sacado un segundo volumen me hizo bastante ilusión. Como os comentaba en la reseña de la primera parte, estudié Traducción e Interpretación porque me gustan mucho los idiomas y las palabras. Así que esta clase de libros me vuelven loca. Si Lost in translation era “un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo”, Lost in translation –again- va un poquito más allá. En esta ocasión no se trata de palabras intraducibles, este libro es pues “un compendio ilustrado de expresiones curiosas de todas partes del mundo”. Y sí, sigue siendo igual de curioso que el primero. Porque lo cierto es que en este mundo hay cantidad de expresiones raras de narices. Seguro que en español os habéis parado a pensar alguna que otra vez de dónde vendrá tal o cual expresión. Creo que los españoles somos especialistas. Pero no los únicos, eh. Con Lost in translation –again- vamos a descubrir que la mayoría de lenguas tienen sus propias expresiones curiosas. Algunas de ellas pueden recordarnos a algunas que nosotros usamos, pero otras es mejor descubrirlas.

Por ejemplo, en coreano existe la expresión “cuando el cuervo echa a volar cae un pera”. Esta expresión quiere decir que dos incidentes que parecen conectados entre sí no tienen por qué obedecer necesariamente a una relación de causa-efecto. Interesante, ¿verdad?

Si un serbio te dicen que estás soplando patitos quieren decir que estás mintiendo. No me digáis que no mola, ¿eh?

Otra que me parece genial es la expresión sueca “deslizarse sobre un sándwich de gambas”. Alguien que se deslice sobre tal es que lo ha tenido todo fácil en la vida. Hombre, la vida desde un sándwich de gambas debe ser mucho mejor. Y si son al ajillo ya ni os cuento.

En japonés si llevas un gato en la cabeza significa que estás fingiendo inocencia con la intención de hacer creer a los demás que eres una persona buena, aunque tus intenciones no sean las mejores. Con dos gatos en casa sé lo que es llevar uno en la cabeza, pero prometo que las mías no son malas intenciones.

Podría pasarme horas escribiendo sobre este libro y sus curiosas expresiones. Otra más, en persa si te dicen que se comerían tu hígado no salgas corriendo. Realmente te están demostrando cariño y un afecto profundo. Un pelín macabro, pero es hasta bonito, ¿no?

Si os gustó la Lost in translation no podéis perderos Lost in translation –again-. Es otra maravilla de libro para los amantes curiosos de las lenguas y las palabras. Os aseguro que vais a pasar un buen rato descubriendo expresiones tan chulas como la del sándwich de gambas.

[product sku= 9788494674419 ]
Publicado el

Queen en 3-D, de Brian May

Queen en 3D

Queen en 3DQueen es la mejor banda de rock de todos los tiempos y Freddy Mercury es el más grande. En mi opinión, claro. Y, bueno, en la de millones de personas también. Por eso, no es de extrañar que más de veinte años después de la muerte de Mercury, aún escuchemos su voz casi a diario. Las canciones de este grupo británico aparecen en anuncios y películas y provocan que miles de personas entonen al unísono con solo escuchar los primeros compases de We Will Rock You, We are the champions o Bohemian Rhapsody. Esta última es mi canción favorita, por si había alguna duda; soy una fan de Queen muy típica, lo sé.

Queen no pasa de moda y sigue ganando seguidores, generación tras generación. Y es normal que cuando sale un libro como Queen en 3-D, que lleva como subtítulo «Un retrato íntimo de la legendaria banda de rock a través del objetivo de Brian May», a los fans de hoy y de siempre se nos haga la boca agua. También habrá escépticos que piensen que es un producto sacado de la manga para seguir generando ganancias y que eso del 3-D es la última chorrada que se les ha ocurrido para que parezca que este libro aporta algo nuevo. Incluso a mí se me pasaron esos pensamientos por la cabeza. Pero ¡era un libro de Queen!, así que iba a descubrirlo de primera mano.

Fue una agradable sorpresa saber que lo de las fotos en 3-D no era una ocurrencia de los de marketing, sino que Brian May, el mítico guitarrista de Queen y autor de este libro, es un verdadero fanático de las cámaras estereoscópicas desde la infancia. Precisamente este libro ha sido la excusa perfecta para reunir las fotografías que tenía guardadas en un cajón, la mayoría de ellas realizadas entre los años setenta y noventa, durante las giras y conciertos del grupo. Tal es su pasión por la fotografía que dedica varias páginas a hablar de los diferentes tipos de cámaras, enfoques y demás aspectos técnicos, además de mostrarnos sus primeros pinitos haciendo fotos estereoscópicas, lo que nos sirve para pillarle el truco al visor OWL, incluido en la contraportada, con el que debemos mirar las fotografías para captar el efecto 3-D. Reconozco que a mí me costó un poco y que con algunas fotos me resultaba mucho más fácil que con otras, pero cuando conseguía verlas en 3-D, el resultado era asombroso.

Sin embargo, eché de menos que Brian May se mostrara más cercano en su discurso. Si bien es cierto que cuenta algunas curiosidades y anécdotas, como quién de ellos diseñó el logo, cómo trabajaban entonces con las emisoras de radio, lo que les costó generar ingresos y cubrir deudas o las tensiones que surgían entre ellos en los momentos creativos, e incluso se moja en un par de temas políticos y sale en defensa de los animales, no acaba de abrirnos su corazón para saber, de verdad, cómo vivieron aquellos años que los convirtieron en leyendas de la música. ¡Hasta aprovecha varios momentos para hacer publicidad de su negocio de réplicas de sus guitarras y de su empresa de fotografías estereoscópicas! De ahí que este libro no me parezca la forma ideal para conocer en profundidad a los miembros del grupo. Para ello, son mucho más indicados documentales como Days of our lives o The show must go on, que desde aquí recomiendo.

En Queen en 3-D, vemos a Brian May, Roger Taylor, John Deacon y Freddy Mercury delante y detrás de los focos, como reyes del escenario y como unos amigos que se reúnen un fin de semana cualquiera, y eso es lo que le da ese toque íntimo a este libro: muchas de esas fotos no servirían para ser incluidas en una revista, porque no muestran a las estrellas de rock, sino a los seres humanos que se escondían bajo sus excéntricas vestimentas glam. Brian May nos hace así un regalo muy personal: compartir sus fotos más queridas de aquellos años que le cambiaron la vida y en los que ellos cambiaron la historia del rock. Y yo, como buena fan de Queen, no puedo más que agradecérselo.

 

[product sku= 9788448023355 ]
Publicado el

Eva, de Arturo Pérez-Reverte

Eva

EvaEn las primeras diez páginas de la novela, Lorenzo Falcó se las apaña para matar a un espía republicano, dejar K.O. a otro y acostarse con una vedette portuguesa. A eso se le llama no andarse con chiquitas y abrir una novela sacando la artillería pesada. Y la cosa no queda ahí, porque este es el ritmo que lleva Eva, la segunda aventura de la serie del hijo de puta de Falcó, escrita por Arturo Pérez-Reverte.

Sí, han leído bien. El mismo Pérez-Reverte admite que Falcó es un hijo de puta y que quiso hacerlo así. Incluso hay un momento en esta entrega en la que el Almirante (lo admito, mi personaje preferido de las dos novelas de la serie) le llama “psicópata”. Y sí, para el lector, al menos para el de hoy en día, está claro que el tipo tiene un problema: lo vemos cuando mata y cuando está a punto de morir por pura diversión, lo vemos cuando viola, simplemente porque tiene la oportunidad, cuando caza y cuando se debate, cuando están a punto de partirle los dientes y cuando es él quien los parte.

Ya lo hemos dicho (y lo dejé claro en la anterior reseña), Falcó es un hijo de puta, pero, y aquí llega el matiz, un hijo de puta con clase. Es un tipo al que desprecias en muchos momentos, pero con quien te ríes. Porque, cuando quiere, tiene mucho, mucho encanto. Lo dice el tópico: cuando un escritor se lo pasa bien escribiendo, el lector se lo pasa bien leyendo. Y esto es justo lo que pasa con muchos de los diálogos de Falcó. Casi puedes oír a Pérez-Reverte partiéndose de risa delante del ordenador y, entonces, se te olvida lo que el personaje ha hecho hace dos escenas y te ríes con él. Y precisamente eso es lo que el autor quiere que pase. Jugar contigo, con tu sistema moral.

Pero, al mismo tiempo, y esto también lo ha tenido en cuenta el autor, Lorenzo Falcó da bastante pena. En seguida ves que es un yonqui de la adrenalina, que siempre quiere ir un paso más allá, le encanta su trabajo, el peligro mucho más que el glamour, y al mismo tiempo se le nota cierto hastío por todo. Tienes la sensación de que está interpretando un papel incluso para sí mismo, de que es un caballero o un asesino de cara al patio de butacas, pero que, en realidad, todo le importa un carajo. Hay momentos en los que lo ves tan vacío que deseas que el autor tenga compasión y lo mate pronto, que no le deje hacerse viejo como hizo, por ejemplo, con Max.

No sé si os acordáis de Max, el protagonista de El tango de la guardia vieja. En esa novela vemos a Max joven y también lo vemos pasados los sesenta, veteado de canas y con el cuerpo cansado, pero llevando su fracaso (un fracaso mayúsculo, vital) con cierta dignidad. En cambio, el lector intuye, casi desea, que Lorenzo Falcó muera relativamente joven. No debe sobrevivir a la guerra porque, como dice el Almirante, es un personaje útil en esos tiempos, pero un auténtico monstruo en tiempos de paz. Y el problema no es lo que pueda hacer a los demás, no, para nada, el problema es él mismo. Le deseas una muerte temprana porque como sesentón no mantendría ese encanto que hace que, pese a su hijoputismo, te rías con él. Solo sobreviviría el monstruo. En ese sentido es como el Pijoaparte de Marsé, al que es duro ver envejecer (y no en Teresa, sino mucho más tarde, pero lo vemos). También, como Corto Maltés o Lord Jim es un personaje que pertenece a una época muy concreta, al mundo de ayer o justamente al momento en el que el mundo de ayer está cayendo como un castillo de naipes y, de entre sus escombros, aparecen tipos como Falcó, el Dimitrios de Ambler o el Harry Lime de Greene.

Pero vamos a la novela porque sé que en esta reseña os estoy hinchando la cabeza con mis opiniones en vez de hablaros de lo que realmente queréis oír: de Eva (y para los que habéis leído la novela anterior, Falcó: de Eva).

En esta nueva entrega de la serie, tras un par de aventurillas –nada, rajar cuellos, explotar coches, estar con un par de señoras–, Lorenzo Falcó es enviado a Tánger con la misión de robar (o recuperar, depende del bando en el que estés) el cargamento de un mercante de la República: nada más y nada menos que varias toneladas de oro que van derechitas a una Rusia entorno a la cual Stalin está cerrando las zarpas.

La aventura de Eva se centra en los días en los que Falcó está en la ciudad y en sus maniobras para hacerse con el oro, algunas muy burocráticas y otras bastante menos. En Tánger, como os podéis imaginar por el título de la novela, se reencontrará con Eva Neretva, espía rusa a la que, y perdonad el spoiler si no habéis leído la anterior, salvó la vida al final de la primera entrega de la serie. Y ya os podéis imaginar lo que pasa cuando dos monstruos letales y enemigos se enamoran, o eso creen. Vuelan más navajazos, balas y hostias que besos, pero de eso también hay. Un poco, al menos.

Eva es una novela plagada de escenas de acción muy bien manejadas, realistas y crudas, brutales, con unas descripciones de Tánger que logran hacer que te sientas allí, aunque nunca hayas puesto un pie en la ciudad, y que, en sus 400 páginas, cuenta varias historias (no tengo espacio aquí para hablaros de los dos capitanes, pero no tiene pérdida) y tiene diversas lecturas. Es una novela hecha de gestos –dos dedos en la gorra, ofrecer un cigarrillo, servirse o no un dedo de whiskey…– de ritos y códigos. También es una novela visual, leyéndola sientes que estás viendo una película de los años 30 o 40 (con más sexo y violencia, pero ese es el espíritu de nuestros tiempos), rápida, con espíritu de folletín, que al mismo tiempo habla de más cosas de las que me da tiempo a apuntar aquí.

Antes de irme, quería hablaros de Eva, pero no puedo hacerlo sin spoilers. Así que solo os diré que me recuerda mucho a la Tánger Soto de La carta esférica, mi novela preferida del autor. Si estáis de acuerdo conmigo, cuando salga la siguiente, hablamos.

Laura Gomara

[product sku= 9788420419572 ]
Publicado el

Tránsito, de Rachel Cusk

Tránsito

TránsitoTodo se renueva, evoluciona, se transforma, no hay nada que no sea susceptible de mutar. Nuestra existencia está plagada de cambios, y de hecho hay temporadas enteras durante las cuales, como si habitáramos el ojo de un ciclón, el universo entero da vueltas a nuestro alrededor y no tenemos claro cuánto se va a parecer lo que resulte de la caída de nuevo al suelo de los objetos a lo que era nuestra vida hasta entonces.
Faye acaba de comprar una casa en un barrio de Londres donde, por lo general, no podría permitirse vivir. La casa, a cambio, necesita una renovación profunda, de la que no está muy segura de salir con éxito. La tortuosa reforma se convierte en una analogía perfecta de su situación personal: separada recientemente, dos hijos, un trabajo (escribir) que nunca da la seguridad suficiente para plantearse la vida más allá de los años más cercanos y de vuelta en la gran ciudad después de una década viviendo en el campo, no tiene alrededor precisamente muchos asideros.
El tiempo que abarca Tránsito lo pasa Faye entre citas con amigos, contratistas, conocidos y las clases de escritura creativa que imparte, inmersa en escenas muy del estilo de “Las invasiones bárbaras” solo interrumpidas por las llamadas telefónicas de sus hijos y las intervenciones de sus vecinos para hacerle la vida imposible. En ningún momento desentraña el sentido de su vida ni soluciona casi ninguna de sus dudas, así que visto en perspectiva lo que tenemos finalmente es polvo en suspensión, ruido y caos.
Sin embargo, esta mezcla no arroja como resultado una obra entrópica. Al igual que ocurría en A contraluz, su antecesora, Tránsito es una novela ordenada, reposada y tranquila que además no da la impresión de hacerse larga o tediosa. Los capítulos están más compartimentados y quitando el par de capas que constituyen las obras de la casa y sus hijos, el resto de historias que construye Rachel Cusk son efímeras y no vuelven a aparecer en momentos posteriores al que les corresponde. También como ocurría en la anterior, aprendemos sobre la protagonista en boca de otros, a través de las descripciones y de las preguntas de quienes la rodean. Esta manera elegante de narrar ya no sorprende si se ha leído a Cusk anteriormente, pero no deja de tener un mérito extraordinario. La protagonista escucha y pregunta, y a través de su curiosidad aparecen en el texto grandes temas como la soledad, la pugna entre la libertad individual y el compromiso de pareja, el cambio, cómo no, y la manera que tenemos de enfrentarnos a él. Temas capitales y otros más livianos, la vivienda en la gran ciudad, por ejemplo, porque la realidad tiene estas cosas, que mezcla cal y arena sin que podamos evitarlo, y porque ser intenso mucho tiempo resulta tan cansado como aburrido.
Aquellos que ya estén enamorados de esta autora no encontrarán argumentos para romper con ella después de leer Tránsito. También la disfrutarán los más aficionados a escuchar, los que aprecian que cualquiera les cuente su historia, los empáticos, como ahora está de moda decir. Para mí es una nueva obra redonda de Rachel Cusk, dos de dos, y mención especial otra vez a la traducción de Marta Alcaraz, que, sin haberla comparado con el original, me parece perfecta. Tengo la impresión de que el estilo preciso y detallista del que hace gala el texto no es solo mérito de la autora original, y merece la pena comentarlo.
Después de sus dos primeras entregas queda una tercera, Kudos, que tendría que aparecer en 2018. Las ganas de que llegue, por supuesto, continúan intactas tras recorrer Tránsito.

[product sku= 9788417007225 ]
Publicado el

Saltar en los charcos, de Ariel Herz

Saltar en los charcos

Saltar en los charcos

Seguramente Álex se me haya colado alguna vez en la interminable fila del Carrefour de Lavapiés, habremos estado codo con codo en la barra del Traveling y el camarero le habrá servido primero, quién sabe si me habrá quitado la última mesa en la enésima terraza de moda para ponerse a divagar con su última cita de una noche. Así que puede que la haya odiado durante un segundo entonces, pero después leer su novela me resulta imposible no tenerle un puntito de cariño.
Álex es Ariel Herz, o viceversa. Una ilustradora recién salida de una relación fracasada, con un empleo precario, y ya es decir mucho, que se aventura en Tinder con una mezcla de curiosidad, escepticismo y buen humor. Autora y protagonista se confunden en esta comedia anti-romántica sobre el amor exprés y los traqueteos de la vida en la frontera entre los veinte y los treinta, o incluso un poco más allá. Saltar en los charcos es su recuento, promete que fiel, de la experiencia. Un auténtico bestiario por el que pasean hombres de distintas razas, nacionalidades, modos de vida y, sobre todo, maneras de ser y de comportarse en pareja. No todos son amantes, también hay amigos y confidentes. Tampoco duran lo mismo, los hay que no pasan de los cinco minutos y otros que se quedan, haciendo hincapié, herida y cicatriz, lo que dura la novela entera.
Podría definirse Saltar en los charcos, además, como el libro que uno siempre dice que escribirá… pero nunca lo hace. La fantástica idea detrás de la penúltima, el latigazo de inspiración que surge en la ducha después de que tu enésimo ligue se haya largado para no volver. Por qué no contarlo, pensamos, esto da para una novela o, qué demonios, para una trilogía. Luego somos incapaces de hacerlo a la mañana siguiente, con la resaca bajo los párpados o se nos olvida a la salida de la ducha, cuando, ya secos, descubrimos que se ha perdido por el desagüe el gran comienzo que se nos había ocurrido al entrar. Esa idea de algo familiar, vivido, impregna las páginas de esta novela (bueno, excepto cuando la protagonista viaja, que ahí nos asalta la envidia cochina) y no dejamos de sentir las aventuras de Álex como propias de alguna manera.
Con un estilo limpio, correcto, al texto le sobran un par de escenas y quizá le falta un punto de oficio. Funciona bien como colección de retratos, engancha por momentos, hace reír, tener lástima y sentir vergüenza ajena pero en ciertos momentos se echa de menos un mejor manejo de la tensión narrativa. La relación obsesiva y tóxica que planea sobre todo el libro puede terminar asfixiando hasta a los lectores, y la repetición de la misma escena una y otra vez, con toda la sinceridad que conlleva, no le hace ningún favor al ritmo de la trama.
Aun así, la de Ariel Herz resulta una mirada entretenida, con cierta acidez pero sin mucha mala leche, al Madrid de los bares, cafés y demás escenarios de nuestro fast love. Aquellas que hayan vivido en esta santa ciudad una época en Tinder asentirán con cada página, e incluso lo mismo reconocen a alguno de sus ligues. A los que estamos del otro lado bien nos podría servir como guía para nuestros futuros encuentros, porque Álex llena las líneas de consejos también para los hombres, todos bastante razonables (los consejos, no los chicos). Por último, la banda sonora que acompaña al libro, vía playlist de Spotify, acompaña bien y sirve para algún que otro descubrimiento y muchos rescates.
En resumen, para los que estén un poco cansados de historias de amor que nos trasladan a la India o a la Patagonia, para aquellos que quieran aprender algo sobre sí mismos y entretenerse cotilleando lo que hace la vecina del tercero, sí, esa que ya nos hemos encontrado en el portal con varios hombres distintos, Ariel Herz y esta novela dan la talla.
O al menos hacen reír en el intento, que ya me parece bastante.

[product sku= 9788408176817 ]
Publicado el

El placer del amor, de Alain de Botton

El placer del amor

El placer del amorA ver cómo me enfrento yo a esta reseña, porque la novela de la que quiero hablaros es una novela bastante rara de esas que tienen algo que me gusta, pero que no sé muy bien explicar ni cómo ni por qué. Será mejor que empiece desde el principio.

El placer del amor fue publicado por primera vez hace más de veinticinco años y está considerado como un clásico. Este libro fue la primera novela del autor Alain de Botton, a la que le siguieron otras como Las consolaciones de la filosofía, Cómo cambiar tu vida con Proust, La arquitectura de la felicidad y La fatiga del amor. Como veis, Alain de Botton suele unir amor y filosofía en su escritura. Actualmente colabora en un canal de televisión británico en programas de divulgación. El tipo es un crack de la filosofía y se nota su pasión por ésta en sus novelas.

El libro del que os hablo hoy, El placer del amor, mezcla perfectamente filosofía y amor en sus páginas. Dicen de él que es “un compendio de humor y sabiduría, una novela provocadora (…) que no ha perdido un ápice de actualidad.” Y la verdad es que tengo que dar la razón en todo. Veinticinco años después, la forma en la que se trata el amor en este libro sigue estando de total actualidad.

Si tuviera que explicaros en pocas palabras de qué va el libro, creo que lo más fácil sería deciros que esta novela trata sobre una relación de amor narrada por Woody Allen en cualquiera de sus películas. Y creo que con eso me entenderíais, ¿no? A quienes nos gusta este director estamos acostumbrados a que nos narre relaciones amorosas analizadas desde todos los puntos de vista, sobre todo el neurótico y filosófico. Pues algo así es El placer del amor, solo que sin tanta neurosis (si eso es posible en el amor).

Un día cualquiera, un hombre cualquiera conoce en vuelo entre París a Londres a Chloe, su compañera de asiento en el avión. Desde ese momento, él ya sabe que ella es la mujer de su vida. A partir de ahí, viene lo normal en todas las relaciones: la primera cita, la primera cena juntos, la primera noche que se acuestan, etc.

Pero, por supuesto, también viene todo lo demás. Tras esos primeros momentos juntos, viene la otra cara del amor. Las discusiones por nimiedades, la monotonía, los celos. Y todo narrado desde ese prisma filosófico que os comentaba. Un verdadero análisis de las relaciones amorosas desde el punto de vista de la filosofía y los grandes intelectuales de la historia de los que el autor se vale para ir desgranando esta relación.

El placer del amor no es un libro cualquiera, esto está claro. Tampoco es un libro para todos los públicos.  Creo que es más un libro para pensadores, curiosos e inquietos, para filósofos y amantes del amor y Woody Allen. Si ese es tu caso, entonces esto libro te encantará. A mí me ha fascinado.

[product sku= 9788426404541 ]