
Corazón de tinta, de Cornelia Funke
Un libro para acariciar la pasión por la lectura
Las librerías tienen, por efecto mágico, un aroma especial cada vez que alguien entra dentro. Eso es lo que me sucede a mí cada vez que entro a mi lugar de trabajo. Me considero una persona abierta a todos los géneros, y quizá por eso haya quien no sepa muy bien cómo catalogarme. Nunca he creído en las etiquetas, así que lo de poner collar a los perros no ha sido nunca mi preocupación mayor. Cuento esto porque sucede, a veces, en ese gran templo del conocimiento que son las librerías, que un cliente entra de la mano con su hijo pequeño, que le enseña algunos libros, que te pide recomendación, y el adulto se queda asustado porque ¿cómo su hijo va a leer algo que no tenga que ver con la realidad? ¿un libro fantástico, tú crees que eso es necesario? Lo es, señor, lo es y mucho. Quizá no sólo por la estimulación de la imaginación, que a ciertas edades son vitales, sino también para que los niños encuentren otro mundo ahí fuera que se lo puede proporcionar la literatura. Así me las vi y me las deseé para que cogiera en sus manos Corazón de tinta, quizá uno de los mejores libros que he leído para esas edades y que recomiendo a cada persona que quiera acertar de pleno. La historia terminó de buena manera: el señor volvió, esta vez sin la compañía de su hijo, y me pidió la segunda parte porque su pequeño lo había devorado. Y es que, en esta vida, los prejuicios no son consejeros de nada, sólo un lastre que deberíamos tirar al mar y todo lo profundo que podamos.



















