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Cuentos populares portugueses, edición de José Viale Moutinho

cuentos populares portugueses

cuentos populares portuguesesEstoy hecha de cuentos. Del de la ratita presumida buscando marido, del de las aventuras de Pulgarcito, del de la aparente valentía de Juan Sin Miedo, del de la carrera de la liebre y la tortuga. De esas historias que me contaba mi abuela en su regazo, que me gustaban tanto o más que las series de dibujos animados. Quizá los libros siguen siendo mi refugio porque aún busco la emoción de esas tardes de la infancia. Hay una niña en mí, lo reconozco, que no desprecia las «cosas de niños», sino que las valora más que antes si cabe, porque esas «cosas de niños» me han hecho ser cómo soy y amar lo que amo.

Por eso, cuando leí «cuentos populares» contuve un suspiro y me dije «sí, quiero leerlo». Poco me importó que fueran portugueses, al fin y al cabo, no tienen que distar mucho nuestras historias de las de nuestros vecinos de península. Y sí, en Cuentos populares portugueses he reconocido personajes, aunque con otros nombres y en otros contextos, y también he descubierto a muchos nuevos en los ciento diecisiete cuentos que componen la edición de José Viale Moutinho publicada por Siruela. En el fondo, las tramas son recurrentes: que si jóvenes casaderos o en busca de riqueza, que si parejas infieles o que añoran tener un hijo, que si hombres que recorren el mundo en busca de vivencias o animales que se comportan como seres humanos. Reyes, príncipes, labradores, frailes o demonios son personajes habituales. Y las armas para salir airosos, las esperables: la bondad imponiéndose a la malicia, pero también la astucia imponiéndose a la bondad; y, sobre todo, el poder de la palabra, siempre presente. Historias inocentes, surrealistas, mágicas, crueles, procaces e incluso meros chascarrillos, que demuestran que hay cuentos para cada público y para cada ocasión.

José Viale Moutinho fue uno de esos niños que creció con los cuentos de sus abuelos, y ha visto necesario recoger la tradición oral de su país en este libro, esas historias que han pasado de boca en boca, generación tras generación, adaptándose a la época y a las circunstancias gracias a la imaginación de los cuentistas que se han apropiado de ellas a través de los años. Fuente de cultura popular y parte del imaginario colectivo, estos cuentos están compuestos por las expresiones del pueblo, sus tópicos y lugares comunes, y son una forma de conocer a la sociedad portuguesa de antaño, sus aspiraciones, sus miedos y su sentido del humor.

Quizá poner los cuentos populares sobre papel sea un atentado a su esencia, como el propio Viale Moutinho reconoce. Pero en estos tiempos de videojuegos e internet, en los que los abuelos que sientan a sus nietos en el regazo para contarles historias parecen en peligro de extinción, es necesario hacer algo para que estos cuentos no desaparezcan en el silencio. José Viale Moutinho ha puesto su granito de arena recogiéndolos en Cuentos populares portugueses y ahora es misión de nosotros, los lectores, que volvamos a ellos y los contemos en voz alta como en los viejos tiempos. Para entretener o para reflexionar. A niños o a mayores. Da igual. Lo importante es que nunca demos el cuento por acabado.

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La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brontë

La inquilina de Wildfell Hall

La inquilina de Wildfell HallEste año se celebra el bicentenario de la muerte de Jane Austen y eso me ha animado a volver a los clásicos. De vez en cuando, es bueno volver la vista -o nuestras lecturas- atrás para coger perspectiva. Os invito a que leáis a esta magnífica escritora. Por mi parte, ya os he hablado de mi predilección por las Brontë, especialmente por Charlotte, que aunque puedan parecer del mismo estilo, no los son. No voy a entrar en un debate porque me encantan tanto la una como las otras, aunque me gusta más la pasión que le ponen las Brontë a sus historias. Con La inquilina de Wildfell Hall he disfrutado muchísimo, como siempre.

Publicado en 1848 bajo pseudónimo, no fue bien recibida en una sociedad tan cerrada y que cuidaba tanto las apariencias. Anne Brontë trata, con una gran calidad descriptiva, temas feos y duros, como los malos tratos o los estragos del alcoholismo en su relato, y esto no gustó a sus contemporáneos. Estos asuntos se tapaban, eran vulgares y propios de un estrato más bajo de la sociedad, no de la clase media-alta de la que hablaba la novela y quedaban dentro del ámbito privado de las casas; no se aireaban por muy mal que se estuviera pasando. Esta novela fue un atrevimiento y un desafío.

El relato está dividido en cincuenta y tres capítulos, pero hay tres partes bastante diferenciadas. La primera, cuando el protagonista, Gilbert Markham, conoce a la misteriosa viuda Helen Graham, que ha venido a vivir con su hijo Arthur a la ruinosa Wildfell Hall. Estos primeros capítulos y los de la tercera parte, están contados de forma epistolar. Gilbert le cuenta a su amigo Halford la historia del acontecimiento más importante de su vida de forma muy pormenorizada, ayudado por viejos papeles y un diario. Estamos en 1847, pero la historia se remonta a 1827. En esta primera parte hay una descripción detallada de la forma de vivir de los caballeros y hacendados rurales y sus familias. Sociedad reducida a unos cuantos vecinos en la misma condición, cotilla e impertinente, de buenas palabras y no siempre bien intencionada. Hay unos puntos irónicos sobre todo en los diálogos, muy divertidos Comienza una relación de amistad con altibajos entre Gilbert y Helen que claramente es algo más por ambas partes, aunque hay algo que impide dar el paso. Él, joven, impulsivo y consentido, como la mayoría de los hombres que se describen, aunque acaba siento bastante sensato y noble e intenta cultivarse. Ella, más madura, profunda e independiente, se gana la vida pintando, hecho este casi inaudito en la época para una mujer de su clase social.

En la segunda parte, lo que leemos es la transcripción del diario de Helen, de su vida antes de llegar a Wildfell Hall, cuando es presentada en sociedad en la primavera de 1821, conoce al que luego será su marido, Arthur Huntingdon, y su vida con él en los siguientes años. Este personaje parece muy atractivo al principio, pero luego se descubrirá que es un cretino de mucho cuidado. Bebedor y excesivo, amante de los placeres de la vida sin ninguna moderación; egoísta y maltratador. En la novela, no hay casi ningún personaje masculino que se salve del todo, aunque alguno es especialmente odioso. Hay un paralelismo con la vida de la autora, ya que su hermano también era dado al exceso en todo, menos en responsabilidad. Tampoco es que todas las mujeres que nos pinta sean una maravilla, no se corta al criticar en muchas de ellas sus chácharas sin sentido o su sumisión, por ejemplo.

En la tercera parte, vuelve Gilbert a contar el resto de la historia de su relación con Helen. De esta no os cuento nada, que no quiero desvelar demasiadas cosas; es mejor que descubráis por vosotros mismos el devenir de la historia y el desenlace.

Yo sé que este tipo de novela no gusta a todo el mundo, puede parecer anticuada, barroca, o dar algo de reparo porque está escrita hace casi dos siglos, pero yo os animo a que la leáis. Es entretenido, engancha y es fácil de leer. Hay que ponerlo en perspectiva, claro, pero es un libro feminista para su época, desafiante y rompedor. Es una historia de amistad y de amor, pero también es un relato exhaustivo de la época, una dura crítica a los convencionalismos, a los matrimonios por conveniencia social o económica, y contiene un trabajo incisivo y profundo de la psicología de los personajes.

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Retrato de una dama, de Henry James

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Henry James es un mago del lenguaje escrito como pocos ha habido, hay y, me aventuro a pronosticar, habrá. Es sumamente infrecuente encontrar una escritura tan bella, tan cuidada, tan rica, tan preocupada por el detalle y, a la vez, tan deliberadamente ambigua, de tal forma que suscita tantos interrogantes como respuestas proporciona, y deja abierto a la imaginación y a la adivinanza tanto espacio, que casi la mitad de la historia -o de las conclusiones de la historia y de sus diversas secuencias, situaciones y escenas- es obligatoriamente obra del lector, de cada lector, partiendo de la certeza o de la advertencia forzosa de que ni siquiera después de décadas de estudios, aproximaciones, análisis sincréticos y dialécticos de su obra, de contextualizaciones históricas y biográficas, de interpretaciones de literatura comparada… ni siquiera después de todo eso han logrado los expertos en Henry James alzarse con respuestas definitivas que despejen algunas de las más célebres ambigüedades de su obra; el ejemplo más conocido es La vuelta del torno (u Otra vuelta de tuerca), muestra, toda ella en su íntegra integridad, de las prestidigitaciones semióticas y paradójicas de las que era capaz James. Pero el resto de su obra participa igualmente de esa preferencia por dejar al lector confuso e indeciso: tal famosa escena de Retrato de una dama ¿se refiere al despertar sexual o es la descripción velada de un intento de agresión?

Bien; vamos por partes. La primera: leer Retrato de una dama. A pesar de su longitud, es, sin embargo, mucho más accesible y fácil de leer que obras breves como Los papeles de Aspern y la propia La vuelta del torno. Ello se debe a que se trata de una obra cuyo objetivo es narrar la vida, o la mayor parte de ésta, de Isabel Archer, quien, al comenzar la obra, es una jovencita estadounidense que llega a Inglaterra de la mano de su tía y bajo la égida de ésta, como muchacha casadera. Inmediatamente comienza a hechizar a quienes la rodean, empezando por su familia, los Touchett: su primo Ralph -uno de los personajes mejor construidos y más entrañables de la novela, tal vez el único verdaderamente noble- y su anciano y enfermo tío; más tarde, el joven aristócrata Lord Warburton y la enigmática Madame Merle; sin olvidar a los que ya cayeron bajo su magnetismo personal y la siguen hasta Inglaterra, como su apasionado pretendiente Caspar Goodwood o su mejor amiga, la periodista Henrietta Stackpole. Isabel conocerá a mucha gente, y casi todos ellos serán personajes que conoceremos al dedillo, porque Henry James les insuflará la vida -sí, cobrarán vida delante de nuestros ojos, y conoceremos sus mentes y sus almas hasta el punto de que nos resultará excesivo, nos agobiará ese conocimiento tan perfecto, como si fueran nuestros mejores amigos o los enemigos de toda una vida­–; personajes que, sin embargo, no podremos dejar de seguir, de los que querremos leer más y más, saber de sus bondades y de sus vilezas, adivinar sus próximos pasos, indagar aún más en su interior. Pero nada de ello nos distraerá del objeto preferente de nuestro interés, que ni por un solo momento dejará de ser ella: Isabel Archer. Porque, a medida que avance la lectura, el objetivo, la pregunta suprema de Henry James será también la nuestra: ¿puede Isabel Archer ser feliz con las decisiones que ha tomado?, y ¿puede compaginar su amor por la libertad con esas decisiones concretas y con las consecuencias de éstas? Así, la historia aparentemente trivial de una muchacha de clase media agraciada –en apariencia– por la fortuna deviene en el estudio pormenorizado de un dilema existencial que traspasa épocas, siglos, circunstancias históricas y geográficas, incluso socioeconómicas. Es así como la historia particular de Isabel Archer se convierte, para Henry James, en supuesta lección moral y vital, pues el autor, si en algún momento no juega a la ambigüedad, es precisamente a la hora de mostrarnos claramente sus propias conclusiones, dejándonos aun así la libertad de rechazarlas y alcanzar nosotros las nuestras (pues, si no, no sería Henry James).

Hay quien tacha Retrato de una dama de novela aburrida, estática, donde no pasa nada. Al contrario: pasan muchísimas cosas; no dejan de pasar cosas, en realidad. Que éstas pasen en las mentes y en los corazones de los personajes, y que James nos haga partícipes de ellas usando para eso todo su arte literario, no supone la menor diferencia. En su afán por explorar hasta las últimas consecuencias las preguntas que él mismo pretende responder, Henry James va haciendo a Isabel Archer atravesar todo tipo de situaciones, enfrentándose a algunos personajes, aliándose con otros y despachando a algunos más, todo ello manteniendo constantemente el interés, porque sus personajes, ya lo dijimos, están casi insoportablemente vivos, evolucionan ante nuestros ojos, insinúan sus intenciones, disimulan, se muestran o se ocultan y nos sorprenden al final. Leer Retrato de una dama es tan apasionante como observar a la gente de nuestro alrededor, descifrarla y adivinar sus motivaciones y sus próximos pasos, filosofar sobre la condición humana, emitir juicios de valor, hallar correlaciones de causa y efecto con parámetros profundamente humanos y, por ello, imposibles de sintetizar ni de descodificar.

Retrato de una dama es también la historia de los anhelos humanos, de los deseos y de su diferencia -a veces, abismal y, por ello, en ocasiones, trágica– con la realidad, cuando ésta llega para desbaratar aquéllos, para obligar a los personajes a cambiar de tercio. Henry James nos va mostrando cómo sus personajes se enfrentan a la pérdida, a la derrota, al fracaso vital, y cómo van salvando las situaciones: algunos con dignidad, otros con vergüenza. Se describen y se denotan a sí mismos, no hace falta juzgarlos porque ellos, en sus actos, llevan ya su salvación o su condena.

Además, en Retrato de una dama disfrutaremos de la crónica social y de costumbres de Europa y de Estados Unidos, por aquel entonces –si es que no lo sigue siendo– un país idealizado, joven, que todavía conservaba un aura salvaje e indómita.

Retrato de una dama es, en resumen, una obra imprescindible para entender el personalísimo realismo de Henry James y para disfrutar de su singular estilo, irrepetible, sin concesiones. Random House nos ofrece esta novela clásica en una bonita edición de tapa dura y, lo que es más importante, en una maravillosa –y, sin duda, muy laboriosa– traducción de Ana Eiroa.

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El rey Lear, de William Shakespeare

el rey lear

 

El rey LearWhen we are born we cry that we are come
To this great stage of fools/
Cuando nace uno llora la llegada
a este gran escenario de idiotas.
LEAR

Si hay un aspecto de las obras de Shakespeare que podríamos extrapolar a nuestro tiempo, es quizás la psicología de los personajes y las situaciones que viven en las mismas. Aunque es cierto que en nuestro entorno no encontramos reyes, bufones, princesas, caballeros, duques o condes, sí que podemos encontrar corrupción, venganza, ambición e hipocresía disfrazada de honradez y sinceridad.

Y, en esta obra, encontramos muchos ejemplos de ello… Todo comienza cuando el anciano rey Lear se levanta un día con el deseo de dividir su reino entre sus tres hijas, pidiendo a cambio que ellas expresen en palabras su amor por él. Mientras dos de sus hijas proclaman por todo lo alto su infinito amor por el monarca, Cordelia no dice nada y esto desata la ira del rey. A esta trama se le unen otras subtramas y otros personajes que marcarán el desarrollo de la obra.

Tras haber leído y disfrutado Sonetos, El sueño de una noche de verano, Noche de Reyes, Hamlet y Romeo y Julieta, la lectura de El rey Lear era casi obligada. Ya sabía que, en cierta manera, encontraría en ella el humor característico de Shakespeare, junto con las situaciones dramáticas a las que tiene acostumbrados a sus lectores. Lo que no sabía es que en esta obra nadie es quien parece ser y que el autor me iba a sorprender tanto jugando con el factor sorpresa. En El rey Lear, amarás a los personajes que odiabas en un principio y odiarás a esos personajes que parecían tan sinceros y amables en sus primeras páginas. Además, aunque el autor introduce pequeñas moralejas, nos encontramos situaciones injustas que, como en la vida misma, ocurren en el libro.

Lo que no me ha sorprendido en absoluto durante su lectura es la magia que el autor desprende a través de su pluma, sus juegos de palabras y la ironía que solo él sabe poner a sus personajes más enigmáticos. En esto el autor sigue como me tenía acostumbrada en las obras que ya he leído y releído varias veces. Amor, amistad, ambición, venganza, hipocresía, falsedad y honestidad se dan cita en una obra que no cesa su ritmo desde que empieza hasta que llega a su fin.

Además, leer esta edición especial en concreto, al cumplirse los 400 años de la muerte de este célebre autor, ha sido una delicia. No solo incluye la edición original en las páginas impares y una nueva traducción al español (brillante, por cierto) en las pares, de tal forma que puedes leer ambas al mismo tiempo o consultar dudas del original, sino que también incluye magníficas ilustraciones a lo largo de la misma que acogen algunas de las frases más importantes y significativas.

El rey Lear es quizás una de las tragedias más conocidas de Shakespeare y una de las obras más valoradas de la literatura universal. Y es quizás también una de las obras más sinceras y profundas que he leído hasta el momento. Me ha llegado, una vez más, al corazón esa forma tan característica del autor de retratar las emociones, los sentimientos y la conciencia humana a través de las palabras. William Shakespeare es uno de los autores que todos deberíamos leer, sin importar nuestra edad o la época del año en la que nos encontremos, solo para dejarnos llevar por la brillantez de su pluma, su retrato de la moral humana y sus moralejas aplicables a nuestro tiempo.

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Robinson Crusoe, de Daniel Defoe

Robinson Crusoe

Robinson CrusoeSiento debilidad por los clásicos. Me atrae conocer de primera mano esas historias y esos personajes que han sobrevivido al paso de las décadas e incluso de los siglos, convirtiéndose en iconos de la cultura popular. Por eso tengo una larga lista de clásicos que quiero leer y cada año saldo la cuenta con unos cuantos títulos. Durante 2016, por fin he tachado de la lista de pendientes el Quijote, de Cervantes (bueno, solo la primera parte), El idiota, de Dostoievski, Rojo y negro, de Stendhal o El príncipe y el mendigo, de Mark Twain. Y cuando descubrí la preciosa edición ilustrada que Alfaguara ha hecho de la historia de supervivencia del náufrago más famoso de todos los tiempos, supe que había llegado el momento de atreverme con la primera novela moderna de la literatura inglesa: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.

Robinson Kreutznaer, conocido por todos como Robinson Crusoe, nace en 1632, en York, dentro de una acaudalada y honorable familia. Pero el jovencito Crusoe, lejos de querer dedicarse el resto de sus días a la abogacía, tal y como le aconseja su anciano padre, está deseoso de conocer mundo surcando los mares. Desobedeciendo a sus sensatos progenitores, se hace a la mar con diecinueve años y, desde el primer momento, parece destinado a que lo persiga la desgracia. Así dan comienzo las aventuras de este hombre, que acabará sobreviviendo veintiocho años en una isla desierta.

Narrada como si de una autobiografía se tratara, Defoe escribió un ficticio diario de supervivencia que, a pesar de ser publicado por primera vez 1719, no ha envejecido nada mal. Al fin y al cabo, por muchos avances tecnológicos que tengamos hoy en día, si naufragáramos en solitario en una remota isla deshabitada, nuestros únicos medios para sobrevivir serían nuestras fuerzas y nuestro ingenio, tal y como le sucedió a Crusoe. Sin embargo, la personalidad de su protagonista sí que chirría vista con los ojos y valores del siglo XXI, o al menos a mí me ha parecido así. La normalidad con la que ejerce el tráfico de personas y ese sentimiento de superioridad racial y moral que manifiesta en sus acciones ha hecho que este personaje no me cayera del todo bien. Sobre todo desde que entabla relación con el indígena, al que bautiza como Viernes porque sí y al que nunca se digna a preguntarle su verdadero nombre, ni siquiera cuando ya se comunican con soltura, además de creerse con el deber de cristianizarlo y alejarlo de sus costumbres «bárbaras».

Este es uno de los riesgos de leer a los clásicos: son el reflejo de una época que puede distar mucho de la actual y con la que no tenemos por qué estar de acuerdo. Es inevitable ver en este célebre personaje literario el ensalzamiento de la supremacía blanca y las virtudes del colonialismo, y eso me ha llegado a irritar como lectora. Pero también plasma valores universales, esos que han hecho que se convierta en una obra atemporal, como el afán de supervivencia del ser humano hasta en las condiciones más adversas y su necesidad de sociabilizar.

Eché en falta un Robinson Crusoe más humano, más emocional, que aparte del miedo o la soledad, sintiera añoranza de los seres queridos, disfrutara de la naturaleza —más allá de proveerse de ella— y demostrase, aunque fuera sutilmente, apetencia sexual. Pero es que este manual de supervivencia tan detallado es, sobre todo, un relato de aventuras y hay que leerlo como tal. Que logre entretener tanto a los lectores actuales como a los de hace tres siglos, tiene mucho mérito. Por eso, tras leer Robinson Crusoe, ya puedo decir con conocimiento de causa que comprendo que esta historia se haya convertido en un clásico y que este luchador náufrago marcara un antes y un después en la literatura inglesa y universal.

Un clásico menos en mi lista de pendientes y un personaje literario más para el recuerdo, tanto por sus virtudes como por sus defectos.

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Lorca esencial, de Mauro Armiño

Lorca esencial

Lorca esencialEs esencial conocer a Lorca, leer a Lorca, querer a Lorca. Se lo debemos. Le debemos toda la pasión y todo el reconocimiento porque la historia no fue justa con él. Y es, permítanme decirlo, una auténtica mierda que Lorca nos fuese arrebatado tan pronto. Pero, por otra parte, sus obras son el mejor legado, son su carta de presentación, su “aquí sigo, no pudieron conmigo”. Claro que no pudieron con Federico García Lorca. Lorca siempre estará con nosotros. Siempre va a ser esencial, por ello este libro se titula también Lorca esencial.

Tengo varios poetas predilectos y uno de ellos es Lorca. Creo que en mi top ten (qué manía me ha dado últimamente por hacer listas), Federico García Lorca, Miguel Hernández y Ángel González estarían en los tres primeros puestos. Es que, amigos, lo que ellos hacen es POESÍA. Eso es hacer magia con las palabras, retorcer el lenguaje, y exprimir de él toda la belleza. Como lectora me encantan. Como poeta me aterran. ¿Por qué? Pues me pasa que cuando leo sus poemas pienso que yo nunca podré escribir algo tan genial. Y esa, amigos, es otra maldita manía mía. No sé qué hago queriéndome poner a la altura de Miguel Hernández o de Lorca. Tranquilos, no son los humos, son las ganas.

A Lorca lo conocemos todos, lo hemos estudiado, hemos oído o leído algún poema suyo o incluso hemos visto alguna obra suya representada en el teatro. Lorca forma parte de la historia española, de nuestra cultura y tradiciones. Que Lorca fue fusilado en el 1936, justo un mes después de que comenzara la Guerra Civil Española, también lo sabemos. Lo sabemos y nos duele, como nos duelen todos los fusilamientos injustos, todo el dolor que las guerras provocan. La historia es injusta, pero eso también lo sabemos todos.

El poeta estudió en la célebre Residencia de estudiantes de Madrid, un centro donde se concentraba lo más granado de la cultura (presente y futura) española. Algunos de sus compañeros fueron los conocidos Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí. Lo que os decía: lo mejor de cada casa. Lorca empezó a escribir desde muy joven. Entre los años 1920 y 1921 ya había publicado su primer poemario y había estrenado y escrito varias piezas teatrales. Porque sí, Lorca era poeta, pero también era dramaturgo. Uno de los mejores dramaturgos que hemos tenido. Compartía grupo generacional con la denominada Generación del 27, a la que pertenecían autores de la talla de Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis Cernuda o Vicente Aleixandre. Entre sus características comunes, este grupo fundía las normas neopopulares con los movimientos de vanguardia. Lorca es, sin duda, uno de sus máximos representantes, pues en sus obras mezcla como ninguno la tradición con la vanguardia.

Tampoco quiero extenderme demasiado en hablar sobre el autor, pero comprenderéis que es necesario. Lorca esencial es una edición de Mauro Armiño, un premiado y reconocido crítico literario. En su prólogo podéis leer más sobre la vida de Lorca, así como encontrar un montón de fotografías interesantes. El libro recoge la obra fundamental de la lírica de Lorca: Romancero gitano y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías completas y lo esencial de Libro de poemas, Poema del cante jondo, Suites, Canciones, Poeta en Nueva York, Tierra y luna, Seis poemas galegos, Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro. Encuanto a su producción teatral, encontramos Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera y La casa de Bernarda Alba. Como podéis ver, se trata de un libro muy completo, en una edición muy estudiada y cuidada y con un prólogo igual de interesante.

Las obras de un escritor esencial para entender nuestra cultura se encuentran recogidas en este volumen y es una absoluta maravilla poder tener acceso a ellas tan cómodamente. Un libro que consultaré una y otra vez, volviendo siempre a las sabias palabras de Lorca. Para que no se pierdan, para que siempre estén presentes.

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La metamorfosis, el manga, de Franz Kafka

La metamorfosis

La metamorfosisLa verdad es que nunca he sido muy friki de los cómics. A pesar de que me gusta mucho la ilustración, los cómics no son lo mío. Creo que el único que me ha gustado y que he comprado en mi vida ha sido Ghost world de Daniel Clowes (y porque tengo dos amigas muy frikis, ¡hola, queridas!). Por lo demás, no conozco demasiado sobre este mundillo, pero eso ha sido precisamente lo que me ha hecho querer leer este cómic. Para que no se diga que soy una lectora cerrada. Allá voy.

A Franz Kafka sí que lo tengo más trabajado, así que vengo con los deberes hechos, amigos. Leí La metamorfosis cuando apenas era una adolescente y lo cierto es que deja huella. Desde que lo leí aquella primera vez, creo que lo habré releído ya un par de veces y siempre me ha fascinado este corto e intenso relato.

La mejor carta de presentación de esta historia son las primeras líneas del mismo: “Cuando Gregorio Samsa se despertó aquella mañana, tras un sueño agitado, se halló en su cama transformado en un insecto terrífico”. Puede que este sea uno de los comienzos más famosos de la literatura universal. Efectivamente, con este comienzo tan impactante y extraño, arranca este relato. Esa misma mañana, sus padres, su hermana y uno de los jefes de la empresa en la que trabaja como comerciante, tratan de entender por qué no se ha levantado como todos los días para ir a trabajar. Cuando descubren que Gregorio se ha convertido en un horrible insecto, lo encierran en la habitación. La hermana, Grete, trata de cuidarlo a pesar de la desazón que le produce llevándole comida a la habitación. Hasta que finalmente, su propia hermana, empieza a sentir asco por él. Su familia decide desalojar su habitación, llevándose los muebles, lo único que le recordaba que alguna vez había sido humano.

La relación se endurece, pues ni los padres ni la hermana pueden ver en ese repulsivo bicho a quien un día fue su hijo y hermano. Poco a poco, Gregorio Samsa es confinado a la soledad de su habitación. Un día, cuando intenta salir de ella, su padre, enfadado por haber asustado a la madre, le tira una manzana hiriéndole en el caparazón. Tampoco quiero yo destriparos el final de este genial relato, así que os invito a leerlo. En La metamorfosis, Franz Kaffa, sin grandes alardes literarios, nos muestra las claves del existencialismo, movimiento literario al que el autor pertenecía. Una obra realmente absurda y genial que podemos disfrutar también, gracias a la editorial La otra H, en forma de cómic.

Me parece una idea brillante la de hacer cómics de las grandes obras de la literatura universal. Creo que, de esta forma, se puede conseguir que otra clase de lectores se acerquen y conozcan grandes joyas literarias. Con esto no quiero decir que no haya que leer a los clásicos, ni mucho menos. Pero creo que como aproximación o iniciación, convertirlas en cómics es una buena idea, sobre todo para buscar a un público más joven. Si tengo que elegir entre que los jóvenes no lean nada de los clásicos o los lean, aunque sea, en forma de cómic, me quedo con la segunda opción, donde va a parar.

Esta edición, originalmente japonesa, me ha parecido muy buena. Me han gustado los dibujos (que de eso se trata), pero también la forma en la que el relato ha sido adaptado. Algo interesante de esta publicación es que se han añadido elementos de la vida real de Kafka, así como referencias a otras de sus obras.

Como ya os he dicho, la adaptación al cómic me ha gustado bastante. Además, esos elementos añadidos al relato original me parecen muy curiosos y creo que el resultado es, en general, sobresaliente.

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La Reina de Picas, de Alexander Pushkin

La Reina de Picas

La Reina de PicasHe de reconocer que no conocía a este escritor ruso, coetáneo de Lev Tolstói, pero como lectora de este último y como amante de la literatura rusa (lo que he tenido la oportunidad de leer hasta el momento), no podía perder la oportunidad de conocer a este autor y leer esta obra, precursora de célebres novelas como Crimen y castigo. Además, me atrajo totalmente su sinopsis, tratando temas como la avaricia y otros pecados en una historia de misterio y magia.

La novela comienza cuando Hermann, un oficial del ejército ruso, contempla una partida de cartas sin animarse a participar. Al enterarse de que una anciana condesa conoce el secreto para ganar tres partidas de cartas seguidas y ganar una gran cantidad de dinero, cambia de idea y busca a la mujer con el objetivo de que le revele el secreto antes de morir. Sin embargo, los acontecimientos no ocurren tal y como Hermann pensaba y las cosas se complican cuando otros personajes entran en juego…

Me ha gustado mucho la forma de escribir de Alexander Pushkin, directa, sin pretensiones ni demasiado descriptiva, que sabe mantener el buen ritmo valiéndose de un elemento original: la fantasía. El autor introduce este elemento valiéndose de una figura fantástica conocida, que reflejará los temores e inquietudes de Hermann, el personaje protagonista de La Reina de Picas.

Además, también me ha gustado mucho leer esta entretenida historia en esta maravillosa edición, que cuida todos y cada uno de los detalles. La portada es excepcional y ya nos traslada a la idea de que hay dos personajes femeninos totalmente opuestos. Las ilustraciones, en tan solo tres colores (rojo, blanco y negro) y sus variaciones, reflejan muy bien las situaciones que se dan en el libro y captan muy bien la esencia de los personajes. Al inicio de capítulo la ilustradora coloca una pequeña ilustración que recoge muy bien la idea plasmada en cada uno de ellos. Me ha parecido un detalle, en particular, muy bien elegido y cuidado.

En cuanto a la presentación y desarrollo de los personajes principales, me ha encantado la idea de que en realidad no hay evolución en ninguno de ellos puesto que cada uno significa unas virtudes distintas y totalmente contrarias. Así, la avaricia, la moralidad, la bondad y la justicia se simbolizan a través de los tres personajes principales de la novela. De esta forma, el autor crea una historia típica de un cuento, con una moraleja al final muy clara que refleja la enorme moral de la época y que el autor tenía muy presente tanto en su obra como, imagino, en su vida. Una moraleja que se basa en la típica idea de que los buenos reciben un feliz destino y los malos acaban pagando por sus pecados. Sin embargo, aunque lo refleje, esta historia no es ni mucho menos, la típica de los cuentos.

La Reina de Picas me ha parecido una novela muy entretenida, que en tan solo ochenta páginas nos cuenta una original historia muy bien construida y ambientada en la Rusia del siglo XIX. Temas como el amor, la avaricia, la amistad, la crueldad, el poder, la justicia y la moralidad aparecen en partes iguales como tema principal de esta novela. Una novela corta muy bien estructurada y caracterizada, con partes muy diferenciadas, en la que se revela la maestría de Alexander Pushkin como contador de historias y como escritor que sabe plasmar la realidad social de la Rusia de aquella época. De forma sencilla y sin demasiadas florituras, nos conduce fácilmente a aquellos paisajes y nos traslada a una compleja historia con moraleja y con sorpresa final. Sin duda volveré a leer algo de este autor, que me ha sorprendido gratamente y al que recomiendo si estáis buscando una lectura rápida y que os haga reflexionar.

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De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz

De noche, bajo el puente de piedra

De noche, bajo el puente de piedraCuando una amiga supo que me iba a leer este libro, me dijo que para ella había sido una de las lecturas más deliciosas de su vida. Usamos esa palabra normalmente para referirnos a comida, pero si miramos en el diccionario pone lo siguiente: delicioso/sa: muy agradable o ameno, placentero. Hay muchas cosas en la vida que nos resultan agradables, que nos causan placer, que resultan muy amenas y un libro, efectivamente, puede proporcionar todo eso. En ese momento me resultó algo chocante que usase el calificativo “delicioso” para referirse a un libro, pero estoy de acuerdo con ella en que algunas lecturas son auténticas delicias, pequeños bocados de placer, como un bombón, por ejemplo.

De noche, bajo el puente de piedra es una caja llena de exquisiteces. Es un compendio de relatos aparentemente inconexos pero que dan lugar a una novela. Te sumerge en la Praga de finales del siglo XVI y principios del XVII de la mano del emperador Rodolfo II, excéntrico, desconfiado, enamorado de las artes, católico fervoroso pero que subvencionó a cuanto alquimista y charlatán se tropezaba. O te lleva de recorrido por el barrio judío con las indicaciones del gran rabino, que no solo era un religioso, sino que ejercía de mago, vidente y místico. O te sorprende con la increíble historia de las riquezas del judío Mordejai Meisl, sus comienzos, su crecimiento y el destino de sus tesoros. No es una visión panorámica, sino una sucesión de versiones, en algunas avanzas, en otras retrocedes y vas aclarando muchas dudas que surgen durante las diferentes narraciones. Cuando acabas el libro, se resuelve el rompecabezas, se cierra el círculo.

Una lectura deliciosa, efectivamente, pura poesía en muchos pasajes:

“… Mi día son voces y sombras que me circundan. Paso por él como quien atraviesa la niebla, y no me encuentro a gusto en él, no es real, es mentira…”

Otras partes derrochan ironía, sentido del humor y guiños como:

“… No doy crédito a los comentarios de desconocidos. Un sordo escuchó que un mudo contaba que un ciego vio bailar a un cojo en una cuerda…”

Hay declaraciones de principios que creo que tienen mucho que ver con el carácter y pensamientos del autor:

“… Para mí, más importante que cualquier astro es la naturaleza y el carácter de los hombres, su genio y el raciocinio de su alma…”

Tengo el libro lleno de asteriscos y rayitas, cosa que no hago nunca, pero es que da para sacar frases o párrafos para llenar varias hojas. Sentimientos y pensamientos atemporales y extensibles a cualquiera.

De noche, bajo el puente de piedra se puede clasificar de varias maneras: es una novela histórica, pero contada desde lo cotidiano, desde lo pequeño. También es una novela romántica, porque hay una historia de amor preciosamente descrita y materializada en la relación de la flor del romero y la rosa roja. Tiene un punto de misterio e intriga. Podría clasificarse como realismo mágico por la naturalidad con la que nos mezcla lo real y lo fantástico. Lo irreal forma parte del día a día, como suele ocurrir en las leyendas o cuentos de tradición oral. El punto de humor e ironía típicos también en los cuentos antiguos, de esos con retranca y moraleja, podrían ponerla del lado de la comedia. Hay cuentos que se podrían llevar perfectamente al escenario de un teatro. O sea, que puede ser y es, un montón de cosas. He leído que el crítico Fiedrich Torberg definió las novelas de Leo Perutz como “el posible resultado de una unión ilícita de Franz Kafka con Agatha Christie” y me parece que es una acertada definición.

Leo Perutz tiene una biografía muy interesante, nació en Praga, pero su familia era austriaca y con antepasados sefardíes. Vivió en diferentes ciudades europeas y en Palestina durante la primera mitad del siglo XX y a parte de escribir cuentos, novelas fundamentalmente históricas e incluso teatro, su otra profesión eran las matemáticas. Me hubiera gustado conocerle y poder charlar con él durante unas horas. Estoy segura de que no dejaba indiferente a nadie.

No quiero acabar esta reseña sin mencionar el magnífico trabajo de traducción de Cristina García Ohlrich, porque no tiene que ser fácil tener entre manos una obra de arte de este calibre y saber transmitir toda esa magia.

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El príncipe y el mendigo, de Mark Twain

El príncipe y el mendigo

El príncipe y el mendigoEl príncipe y el mendigo es uno de los muchos clásicos que Mark Twain ha dado a la literatura universal. En el prefacio de la obra, el escritor estadounidense nos la presenta así: «Puede que sea histórico o solo una leyenda, pero pudo haber ocurrido. Puede que en otros tiempos creyeran en ello los doctos y los ilustrados, y puede que solo lo creyeran los ignorantes y humildes». Esas dos frases avanzan gran parte de lo que nos vamos a encontrar: un cuento con tintes históricos, en el que se contraponen formas de ver el mundo: la de los ricos y la de los pobres, la de los niños y la de los adultos.

Twain se remonta al siglo XVI para contarnos la historia de Tom Canty, un niño que sobrevive en uno de los barrios más pobres de Londres, y Eduardo Tudor, príncipe de Gales. Ambos nacen el mismo día y con semblantes idénticos, pero no es hasta que tienen diez años que sus caminos se cruzan. Movidos por la curiosidad de sentirse en la piel del otro, el príncipe se viste con harapos y el mendigo con el traje de gala, y una serie de malentendidos provoca que también tengan que intercambiar sus papeles. De nada sirve que reivindiquen su verdadera identidad: a Tom Canty lo toman por loco (¿dónde se ha visto que un príncipe quiera ser mendigo?) y todos se mofan de Eduardo Tudor cuando reclama su realeza. Atrapados en una vida tan opuesta a la suya, los dos niños aprenderán a verse a sí mismos y a su sociedad desde una nueva perspectiva.

La edición de El príncipe y el mendigo que Anaya ha publicado recientemente va acompañada del apéndice «Presentación en Delmonico’s», donde Vicente Muñoz Puelles recoge las reflexiones y ocurrentes respuestas que Mark Twain dio a la prensa durante la presentación de su libro en 1881. El escritor estadounidense reconoció que escribirlo había supuesto un reto para él porque, tras las polémicas que suscitaron los descarados protagonistas de Las aventuras de Tom Sawyer o Las aventuras de Huckleberry Finn, quería demostrar que podía ser un autor serio y crear una historia que no ofendiera a nadie. Su mujer y sus hijas estaban encantadas con este cambio de tono, pero los periodistas se temían que en ese cuento apto para todos los públicos no hubiera ni rastro del característico humor que había lanzado a la fama a Twain. Esto no es del todo así. Si bien es cierto que en esta historia priman los datos históricos (aunque con bastantes inexactitudes), Twain no se resiste a parodiar el absurdo boato de la Corona, que queda evidenciado cuando el humilde y cabal Tom Canty ocupa el trono. En ocasiones, parece que se excede tanto que cae en la caricatura, pero, entonces, la nota al pie de página nos advierte que la escena está basada en una anécdota real, y lo que parecía un chascarrillo se convierte en una certera sátira.

El príncipe y el mendigo es un cuento con una moraleja evidente: no te fíes de las apariencias. Pero también es un alegato contra la crueldad (en la Inglaterra del siglo XVI, hasta doscientos veintitrés delitos estaban castigados con pena de muerte), una crítica a la desigualdad social y una reflexión sobre qué es lo que define nuestra identidad.

Los lectores que busquen entretenimiento lo encontrarán en las peripecias de estos dos niños, y los que deseen que un libro les haga pensar, también. Que nadie se equivoque: Twain era un escritor serio hasta cuando hablaba en broma. Si nadie se escandalizó con El príncipe y el mendigo fue porque los aludidos llevaban muertos varios siglos. Al fin y al cabo, para la sociedad que leyó este libro en su primera publicación y para la que lo lee ahora, casi siglo y medio después, lo ofensivo es que le pongan sus miserias enfrente y, encima, se rían de ellas.

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El Principito, Enciclopedia ilustrada, de Christophe Quillien

El Principito, Enciclopedia Ilustrada

El Principito, Enciclopedia IlustradaPuede que El principito sea uno de los personajes más conocidos de la literatura universal. No conozco a nadie que no sepa quién es este pequeño príncipe y aunque no hayan leído el libro (que por una parte ya les vale, son apenas cien páginas) todo el mundo ha oído hablar de él o sabe cómo es. Hay un montón de objetos con la famosa ilustración. Los tipos de merchandising en los que aparece este principito son inescrutables, mis feligreses. Yo misma atesoro varios de ellos: una acuarela, una libreta o un pastillero ideal (que me viene muy bien para mi hipocondría).

Habrá gente a la que no le guste este personaje o que piensen que el libro esté sobrevalorado. ¿Sabéis que os digo? Sois unos adultos muy aburridos. Prefiero los baobabs y las boas que engullen elefantes, dónde va a parar.

Cuando pensaba que ya lo había visto, incluidas películas y dibujos animados, llega la editorial Lunwerg y publica esta enciclopedia y claro, tengo que emocionarme. Creo que es el momento de deciros que si hay alguien en la sala al que no le guste El Principito no sé qué hace leyendo esta reseña. Podéis iros por la puerta de atrás, insulsos que sólo sois capaces de ver sombreros. ¿Alguien más? ¿No? Así me gusta. La Enciclopedia Ilustrada de El Principito es obra de Christophe Quillien y el trabajo que ha hecho Lunwerg es excepcional. He visto enciclopedias más finas que este libro. Tiene empaque, está a todo color y tiene todo tipo de detalles. No le falta de nada, es un libro que podría estar expuesto. De hecho, algunos  de mis libros los coloco estratégicamente por la casa a modo de exposición por lo bonitos que son. Podéis llamarme rarita, venga. Éste acabará expuesto en algún rincón de casa, ya os lo digo yo.

¿Qué contiene esta enciclopedia? Todo lo que un admirador de este libro pueda soñar, palabra de reseñista. En el completísimo índice encontramos todas las sorpresas que contiene. Obviamente, el primer apartado va dedicado a Antoine de Saint-Exupéry, su autor. Desde su infancia, sus primeros escritos y dibujos hasta su vida como aviador, sus amores y su misteriosa muerte. El día 31 de julio de 1944, en una misión de reconocimiento sobre los Alpes, se perdió la pista del avión que pilotaba Saint-Exupéry. Aunque en 1998 un pescador marsellés encontró su brazalete y en 2008 un piloto alemán asegurase que lo abatió en vuelo, su cuerpo nunca ha sido encontrado. Nunca van a faltar teorías locas al respecto, pero es verdad que su desaparición puso un broche final un tanto atípico a la vida de un escritor igualmente atípico.

Otro apartado está dedicado a los orígenes del libro y la repercusión que éste ha tenido: el manuscrito, sus traducciones a miles de idiomas, ediciones e ilustraciones. También hay un apartado dedicado exclusivamente a los personajes del libro: el principito, el zorro, la serpiente, la rosa, el rey o el farolero. No falta ninguno y es genial poder conocer más sobre estos míticos personajes. Realmente interesante. En otra sección se habla sobre las adaptaciones cinematográficas, las series de televisión, los dibujos animados, las obras de teatro e incluso las canciones basadas en el cuento. Todo acompañado por maravillosas fotografías e ilustraciones. Y es que este personaje tan universal tiene hasta su propio parque de atracciones, un hospital en Brasil que lleva su nombre, museos en Japón, Corea del Sur, Marruecos, Canadá y asociaciones y exposiciones por todo el mundo. Hay testimonios sobre el libro, ilustraciones dibujadas por niños, coleccionistas que muestran sus tesoros y muchísimo más. No os voy a contar todo porque, probablemente, a los enamorados de esta historia y de este adorable niño, ya os haya surgido la necesidad de tener en vuestras manos esta preciosa enciclopedia. Es normal, este libro es una auténtica delicia en el que perderse durante horas y jugar de nuevo a ser niños.

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Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen

Orgullo y prejuicio

“Es una verdad munOrgullo y prejuiciodialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Lo sepa él o no…”

Todos los que somos fans de Jane Austen guardamos esta frase en el corazón y sabemos todo lo que sigue después. Orgullo y Prejuicio es quizás la obra por excelencia de la autora y una de las más conocidas. En los últimos años la obra ha inspirado numerosos retellings, siendo el más conocido Orgullo, prejuicio y zombies. Y ha sido llevada al cine en varias ocasiones, siendo la más conocida la última adaptación, en la cual Keira Knightley interpretaba a la inigualable Elizabeth Bennet. Una de sus últimas adaptaciones es esta novela gráfica que, en cuanto supe que iba a ser publicada, no me pude resistir a leer.

Esta novela narra las vidas de una familia modesta del siglo XIX que vive en las afueras de Londres y cuya madre se empeña en casar a sus cinco hijas con los solteros más ricos de Inglaterra. Como todas las novelas de Jane Austen trata el tema del matrimonio por conveniencia y el papel de la mujer en el siglo XIX de una forma irónica y con un punto de humor que la convierte en una de las autoras inglesas de referencia. En Orgullo y Prejuicio, en concreto, introduce un personaje femenino con una fuerte personalidad que se erige como contrapunto del prototipo de la mujer de la época: pasiva, renegada al hogar y cuyo principal objetivo en la vida es conseguir un marido por encima de todo lo demás. Elizabeth Bennet es inteligente, ingeniosa y una mujer con carácter que destaca por querer conseguir el amor sin importar la fortuna ni los deseos de su madre. Porque este, sin embargo, también es uno de los temas recurrentes de las novelas de Austen: el amor romántico por encima de las imposiciones de la época y del papel de la mujer.

Como gran fan que me considero de esta autora y, en especial, de esta obra, he leído numerosas ediciones especiales que han publicado en España y en el mundo. Y, esta edición en concreto, me ha parecido una de las mejores. No soy especialmente lectora de mangas pero este me ha parecido magnífico. Las ilustraciones, en blanco y negro, reflejan a la perfección cada una de las emociones de los personajes y captan muy bien el tono irónico que Austen plasma en cada una de sus obras y sus personajes más excéntricos y peculiares. Además, es una edición muy fiel a la novela original, muy distinta a la famosa última adaptación al cine. Pero es cierto que una adaptación al cómic de esta novela es imposible que sea 100% fiel porque quería demasiado extensa y, en este aspecto, me ha gustado mucho. Otra de las cosas que me han encantado de esta edición ha sido la introducción de varias páginas de viñetas de humor sobre algún aspecto de algún personaje en concreto, ya que me ha parecido muy original y divertido.

La relectura de esta obra en este nuevo formato y con estas preciosas ilustraciones me ha recordado todo lo que amo de las novelas de esta autora. Una lectura ágil y amena, perfecta para leer en un fin de semana, para la vuelta de las vacaciones y para pasar un buen rato de lectura en estos últimos días de verano. Para aquellos que no han leído la obra original aún, esta lectura es muy recomendable porque te lleva a querer leer la obra completa y conocer todos y cada uno de los detalles que hacen de ella uno de los clásicos imprescindibles del siglo XIX.

 

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