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Charlas TED, de Chris Anderson

Charlas TED

Charlas TEDDesde que vi la primera, hará algo así como ocho años, en la universidad, he sido seguidora de las charlas del TED. Confieso que veo dos o tres a la semana, sobre temas como feminismo, tecnología o ciencia. Y, sean de 5, 15 o 25 minutos, siempre me he preguntado por qué nos dejan pegados a la pantalla del portátil, o del móvil, por qué acabas de ver esas charlas con una sensación brutal de descubrimiento.

Desde el principio tuve claro que no era tan solo por lo que me estaban contando porque muchas veces, en temas que domino, no decían nada que no hubiera oído o leído en otra parte. Entonces pensaba: “si lo que te deja con esa sensación abrumadora no es el conocimiento que te están transmitiendo, ¿qué es?” Exacto, es cómo lo están contando. Y esa es la razón por la que quería leer el libro de Chris Anderson, director de TED, sobre cómo hablar en público.

Charlas TED, el libro del que hablo, es una guía muy práctica, con trucos y esquemas, que desmenuza el arte de la palabra. Es, por qué no decirlo, un curso de oratoria.

Se divide en cinco partes: una pequeña introducción llamada “Fundamentos” que se centra en qué queremos contar y cómo encontrar el tema; una segunda de “Herramientas” en la que explica conceptos como persuasión, storytelling y estructura; una tercera en la que habla del proceso físico de la preparación (¿tengo que ensayar, memorizo o no, preparo diapositivas?); una cuarta que se centra en el momento de la charla (voz, presencia, gestos, preparación mental…); y una quinta en la que, a modo de conclusión, el autor reflexiona sobra la importancia de saber hablar en público y compartir lo que sabemos con los demás.

Como decía arriba, Charlas TED es un curso de oratoria exprés y lo recomiendo a todos aquellos que tengáis que dar una conferencia, defender un trabajo en público o presentar un informe, pero también a los que os haya tocado hablar en una boda o queráis expresar vuestra opinión en la junta escolar. Y, sí, también a todos los que alguna vez en la vida habéis dicho eso de “es que yo no sé hablar”.

Porque lo entiendo. Yo también he dicho un millón de veces “es que yo no sé hablar”. Pero, aunque no seas tú el que hable, saber cómo se organiza un discurso nos hace más libres. Para empezar, porque permite, a los que no pondríais un pie en un estrado en la vida, ver cuando alguien os la está intentando colar. Muchas veces un discurso, una idea, en la tele o donde sea, no nos convence del todo pero al mismo tiempo está tan bien expuesta que la damos por buena. Conocer los fundamentos de la retórica nos ayuda a ver qué está haciendo el orador para que esa idea nos parezca válida, incluso atractiva, aunque no estemos de acuerdo con ella. Y, por lo tanto, nos ayuda a ser más críticos y a rechazar discursos con los que en el fondo no estamos de acuerdo.

Por otro lado, saber (y atrevernos a) hablar en público nos hace literalmente más libres, porque, aunque creas que no, habrá algún momento en la vida en el que lo vas a necesitar, sea en una reunión de vecinos para defender tus derechos como propietario, sea en una celebración familiar para expresar tus sentimientos, sea delante de un público amplio para compartir algo valioso en lo que estás trabajando. No saber hablar o no atrevernos a hacerlo en público nos aísla de los demás y nos hace dejar de hacer cosas que querríamos hacer.

Por todo esto, si os gusta el estilo de las charlas del TED, echadle un ojo a este libro. Aunque no sea la lectura del verano, a nadie le viene mal aprender un poco de oratoria 😉

Laura Gomara @lauraromea

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La canción pop, de Raúl Portero

La canción pop

La canción popLlevaba días con este libro entre mi pila de pendientes, siendo muy consciente de que estaba ahí, pero sabiendo que tenía que esperar el momento adecuado para leerlo. Hay libros que te eligen a ti, eso es indudable. También hay épocas y momentos en tu vida que te llevan de una forma u otra a una lectura determinada. Y está bien eso de dejarse llevar.

La canción pop me ha venido a buscar esta mañana, casi como una melodía que sonara desde la estantería de mi dormitorio y que me incitara a bailar al ritmo de sus páginas. Hoy, que estoy de vacaciones, me he levantado temprano y he desayunado sola en el salón. Y cuando me he levantado a prepararme otro café y he pasado por el cuarto, he oído la canción y he sabido que ese era el momento, que el libro me estaba llamando. Así que yo, dócilmente, lo he cogido y lo he llevado conmigo a la paz del sofá, de las primeras luces del día y de la casa en calma. Y me he puesto a leer. Y he leído tanto que cuando me he querido dar cuenta la canción había dejado de sonar y yo cerraba la última página de libro. Así de fácil, ¿veis? Tan fácil como dejarse llevar por una canción, por un libro que te está llamando.

Justo cuando he acabado de leerlo me ha venido una intensa sensación de tristeza que extrañamente se ha ido disipando durante el día dando lugar a una mezcla de nostalgia y gratitud. Increíble la de sentimientos que un libro puede provocar en nosotros.

Pero mejor os cuento, ¿no? La canción pop habla de un grupo de amigos treintañeros que, tras el suicidio de uno de ellos, vuelven a juntarse tras pasar varios años sin saber demasiados los unos de los otros. Algunos viven fuera, como es el caso de Simón, el protagonista; y otros aún siguen viviendo en la Barcelona que los vio crecer, como es el caso de María o de Úrsula.

El reencuentro de todos ellos, en un momento tan delicado de sus vidas, le sirve como excusa a Raúl Portero para trazar las conexiones entre sus vidas pasadas y el presente. Y es entonces cuando esta generación, nacida en los ochenta, comienzan a diseccionar sin darse cuenta su pasado, con sus miedos y esperanzas que aún tienen la misma cabida en este presente que ha vuelto a unirles.

Ilusiones, amor, drogas, música, sexo y frustración, los mismos temas de ayer que hoy vuelven a atrapar al grupo, que vuelven a aparecer en sus vidas para recordarles que nada ha cambiado o que quizá todo haya cambiado.

Lo cierto es que al pertenecer yo también a aquella generación de nacidos en los ochenta, creo que ahora entiendo mejor esa sensación de tristeza que en un principio me ha dejado el libro. Es imposible no sentirse identificado con este grupo, con sus preocupaciones y deseos.

Raúl Portero ha escrito un libro directo, hiriente y muy pegadizo. Un libro que acaba resonando en nuestras cabezas durante mucho tiempo, como una buena melodía. Creo que os gustará, lectores.

 

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The Beauty, de Jeremy Haun, Jason A.Hurley y John Rauch

The Beauty

No es que yo sea muy freak de los cómics. De hecho soy cero freak. He leído muy pocos en mi vida y casi mejor que no os recuerde lo que me pasó con el manga The BeautyGorda cuando lo recibí, ¿o mejor sí? Así que partiendo de esta premisa, ya podéis haceros una idea de lo poco puesta que estoy en estos temas.

Por eso mismo, de vez en cuando me aventuro y me animo a mí misma a leer algo diferente de lo que estoy habituada. Mis motivaciones para leer uno otro cómic pasan por que el título me llame la atención o que la portada me sugiera algo. Así de simple soy. Creo que con The Beauty me pasaron las dos cosas. Además, recuerdo que leí un poco por encima la sinopsis y me quedé un poco en plan WTF?. A veces alucino con las ideas que se les ocurre a la gente. En serio, ¿qué toman para escribir esas historias?

Luego me acordé de que había visto una película que en cierto modo me recordaba al argumento del cómic. Una película muy mala, por cierto, pero es lo que tiene ser amante del género de terror, que vas a tener que ver películas muy malas hasta dar con una buena. Os prometo que si me acordara del título de la película os lo diría, pero tengo una memoria más bien maleja.

Si queréis que se os quede la misma cara que a mí os cuento un poco de qué va y luego ya vosotros decidís si os interesa leer el cómic o no, ¿va?

Resulta que en el mundo que recrean Jeremy Haun y Jason A.Hurley en este cómic, la sociedad vive completamente obsesionada con el ideal de belleza. Tampoco es algo muy nuevo, es un poquito lo que también le pasa a nuestra sociedad. La diferencia está en que en este mundo, alcanzar esa perfección es relativamente fácil: la belleza se contagia a través de las relaciones sexuales. Y sí, he dicho se contagia porque la belleza no deja de ser una enfermedad. Pero claro, la mayoría de la gente prefiere pagar el precio de contraer la enfermedad por sentirse atractivos.

Los inspectores Vaughn y Foster, pronto se dan cuenta de los efectos que la enfermedad tiene para los infectados y deciden tratar de poner fin a todo esto. Pero no iba a ser tan fácil claro: políticos corruptos, grupos pro y anti belleza, empresarios, agentes federales y hasta un terrible mercenario se verán involucrados en la trama, haciéndole la misión bastante difícil a los dos inspectores.

En este tomo podemos encontrar los seis primeros números de la serie. (No sabía que había más, pero ahora tendré que investigar).

The Beauty es una ida de olla, seamos sinceros. Una trama rara de narices con unos diálogos sucios, sin tapujos y directos y unos dibujos inquietantes. Pero, ¿sabéis qué? A mí me ha gustado. O al menos me ha entretenido, que es lo poco que le pido yo a un cómic. Así que sí, misión cumplida.

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La casa entre los cactus, de Paul Pen

la casa entre los cactus

la casa entre los cactusPaul Pen. Me ha bastado con ver el nombre de este autor madrileño —aunque no lo parezca— en la portada, para interesarme por La casa entre los cactus; y pocas veces me pasa eso, al menos, con escritores actuales. Será porque hace cuatro años, cuando leí la inquietante sinopsis de El brillo de las luciérnagas y me lancé a comprarlo nada más salir a la venta, no me defraudó. Y por lo que apuntaba la sinopsis de La casa entre los cactus, había cierta similitud entre ambas novelas: «Elmer y Rose han creado una familia perfecta entre los enormes cactus de un remoto paisaje desértico, un hogar lleno de amor para sus cinco hijas, todas con nombres de flor: Edelweiss, Iris, Melissa, Dahlia y Daisy». Ahí estaba: una familia aislada del resto de la sociedad, ese terreno que tan bien exploró Paul Pen en El brillo de las luciérnagas. Aunque, en esta ocasión, la familia no está recluida en un sótano, sino que vive en una preciosa casa perdida en algún lugar del desierto de Baja California, México, allá por los años sesenta.

En este thriller psicológico, Paul Pen se vuelve a tomar su tiempo para presentarnos a los personajes y crear ambiente. Incluso cuando avanza la trama y aumenta la tensión, el ritmo es pausado. Al principio, todo en esta familia es idílico, pero enseguida notamos discordancias que nos hacen sospechar que nada es lo que parece. La inesperada llegada de Rick, un joven excursionista en busca de refugio, será el detonante para que los secretos guardados durante años salgan a la luz. Y también para que cada uno de los miembros de esta atípica familia muestre sus verdaderas motivaciones.

La casa entre los cactus es una de esas lecturas que atrapan y se leen rápido, pero que no se olvidan pronto. Sobre todo porque algunas escenas protagonizadas por determinado personaje (que nos desvelaré para no destripar la novela) pueden incomodar al lector. Incluso el propio desenlace está lejos de ser el esperado. Reconozco que esos pasajes me descolocaron y fueron los culpables de que me decepcionara un poco la novela en su conjunto, pero en el fondo creo que la intención del autor ha sido salirse de la norma, y me parece muy valiente por su parte. Habrá lectores que consideren escandalosos esos episodios, y otros que simplemente los leerán como parte de la ficción, sin ver en ellos justificaciones a conductas más que cuestionables. En mi opinión, la literatura no debería constreñirse a lo políticamente correcto ni a nuestros esquemas morales, porque si no, perdería su razón de ser. Y La casa entre los cactus es un libro que tiene mucho que decir dentro de ese debate, por lo que daría bastante juego en cualquier club de lectura.

Sea como sea, Paul Pen es un autor a tener en cuenta en el panorama español (y a nivel internacional, vista su repercusión en EE. UU.). Parte de premisas sugerentes y se maneja con habilidad en la narración para que sus historias se devoren. Y, además, es capaz de romper los esquemas. Yo lo tengo claro: cuando vuelva a ver su nombre en la portada de un nuevo libro, lo leeré.

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The Woods 2. El enjambre, de James Tynion IV y Michael Dialynas

The Woods 2. El enjambre

The Woods 2. El enjambreA lo largo de la historia del arte ha sido de sobra conocida la relevancia y la impronta que deja en un autor la labor de su maestro. Conocimientos y técnicas que se trasmiten en sus talleres en los primeros años del artista cuando su mente creativa ansía absorber hasta el más mínimo detalle. Miguel Ángel se formó en el taller de Ghirlandaio, Leonardo en el del Verrochio, Francisco Pacheco instruyó a un joven Diego Velázquez y Francisco de Bayeu hizo lo propio con Goya. En cada uno de esos casos, y en muchas de sus obras, se produjo el fenómeno de genialidad en la que el alumno supera al maestro. Muchos años después, y en otra de las expresiones artísticas más relevantes y apreciadas, el denominado Noveno Arte, los talleres o, como a mí me gusta llamar en su voz italiana bottegas, siguen cobrando suma importancia y, en consecuencia, generan nuevos valores de muy elevado nivel. Sirva como ejemplo el sucedido en esta serie de cómics que ha lanzado en España la interesante editorial Medusa Cómics: The Woods. En este caso se trata del aventajado alumno James Tynion IV que se formó bajo la tutela del maestro Scott Snyder (American Vampire, Batman). Y como ocurriera con los anteriores ejemplos de pintores, se podría decir que el pupilo está cerca de emparentarse, si no de rebasar, la obra de su mentor.

The Woods 2. El enjambre es el segundo tomo que continua una aterradora, fascinante e inteligente historia de ciencia ficción en la que los alumnos de un instituto de Bay Point, Milwaukee, desaparecen sin dejar rastro y viajan a un extraño e inquietante mundo lejano, perdidos en medio de un bosque lleno de criaturas y peligros ocultos. En el primer tomo que reúne cuatro espectaculares números nos presentaban a cada uno de los personajes y el conflicto del relato; ninguno sabe dónde han ido a parar y están aterrados, sobre todo después de presenciar cómo una gigante e imposible criatura ha devorado a una de sus compañeras y, en mitad del bosque, han sido atrapados por una comunidad de hombres con ropajes vikingos.

En este segundo tomo se aprecian las influencias aprendidas por su guionista James Tynion IV. Por un lado, el poder de crear una historia muy elaborada que promete un entramado complejo y bien hilvanado con diversidad de personajes perfectamente reconocibles y distintos, detalles que bien podría haber absorbido de Snyder, como también, y por otro lado, las referencias a gigantes guiones de ficción y modos de desarrollarlos como ocurre con la serie Lost. Es esta una apreciación que me trasmitió el cómic a medida que lo iba leyendo. Hay cosas que los distinguen, por supuesto, pero el nudo del relato bien podría tener ciertas afinidades. Por ejemplo, y para poner al futuro lector —a quien recomiendo encarecidamente esta obra— en situación, los alumnos han ido a parar a un lugar lejano y desconocido en mitad de una jungla que oculta misterios en su interior. No sufrieron un accidente de avión, pero sí llegaron ahí por algo que les trajo, digamos, adrede. Para colmo, la aparición de un grupo de habitantes de aquel lugar, aún más inquietantes, que pueden asociarse con aquel grupo de la serie de televisión a los que llamaban «los otros». En cuanto a su forma de narrar la historia también relacionas ambas obras, como es el empleo de analepsis o flashbacks enfocados en las vidas de cada uno de los personajes y que hacen avanzar la narración. En este segundo número conoceremos más en profundidad los temores y la personalidad de algunos de sus protagonistas que serán muy relevantes para el desarrollo de la historia y las consecuencias que esto conllevará.

¿Apreciar tantas similitudes con otras obras resta originalidad o calidad al trabajo final? Bueno, ¿acaso no es digno de apreciar el cuadro La fragua de Vulcano, de Velázquez pese a estar supeditado a las influencias de un pasaje de La Metamorfosis, de Ovidio y a los gustos por la mitología que aprendió de Rubens? No considero que la obra sea un, mal llamado, refrito de otras historias. The Woods 2. El enjambre tiene un guion muy inteligente y bien desarrollado en el que la lectura y el disfrute de los dibujos, esto a cargo del ilustrador Michael Dialynas, son un ejemplo de buen hacer de dos auténticos artistas del cómic que salieron de sus talleres como alumnos y, en gran parte, gracias a este trabajo que ambos están realizando, pueden presumir de poder crear su propia escuela como maestros, que es en lo que se están convirtiendo.

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Te estoy viendo, de Clare Mackintosh

Te estoy viendo

Te estoy viendoDicen que el verano es para las bicicletas. Sí, las bicicletas me gustan mucho; de hecho varios días (en los que la lluvia no lo inunda todo) bajo al trabajo dando un paseo con una bici que me regaló mi tío hace años. Pero… a pesar de que es maravilloso sentir la brisa matutina en mi cara (y algún que otro mosquito despistado) y de que todos recordemos la típica frase de Verano azul, en mi opinión, el verano, es para los libros.

Llega el buen tiempo. El jardín, la terraza, la piscina, la playa, la montaña, los picnics… y da igual el escenario, pero en mi bolso siempre se puede encontrar un libro a la espera de ser devorado. Y qué mejor sensación que la de estar en el jardín, con un café con hielo aguardando, las flores rebosando colorido (y polen, mucho polen), una hamaca, una sombrilla, los pies al aire… y un libro en las manos.

Escribir esto (lunes, diez de la mañana, legaña que no se quiere despegar de mis pestañas, depresión post fin de semana) me está dando ganas de dejar mi trabajo y darme a la vida idílica del verano. Después recuerdo que vivo en Cantabria y que aquí el verano dura una o dos semanas como mucho y luego lleva el duro invierno y también que necesito un trabajo del que vivir, y se me quita la idea de la cabeza.

No sé si es buena opción rememorar lo que estuve haciendo ayer (recuerdo: lunes, diez de la mañana…) pero he venido aquí precisamente para eso. Ayer terminé Te estoy viendo. Lo terminé mientras mis pies chapoteaban en la piscina y el jolgorio de niños chillando y corriendo era mi banda sonora. Lo terminé aguantando la respiración, como cuando intento nadar más y más profundo, intentando tocar el lecho de algas de un mar cristalino, a sabiendas de que la subida a la superficie será agonizante y tremendamente dura.

Clare Mackintosh es ya conocida por el thriller Te dejé ir. En él demostró que es una verdadera reina del suspense y que saber cómo hacer para que los lectores se enganchen página a página. Te estoy viendo cuenta dos historias paralelas. Por una parte nos habla de Zoe, una mujer trabajadora, divorciada y con dos hijos que un día ve una foto suya en la sección de clasificados de un periódico local. Debajo de su foto viene un número de teléfono y una página web y no sabe ni cómo ni por qué aparece ella en esa sección. Y, por otra parte, nos habla de Kelly, un agente de policía que descubrirá, igual que Zoe, que la foto que aparece en el periódico, así como otras muchas que surgieron con anterioridad, guardan relación con oscuros secretos que llevan asolando la ciudad de Londres durante un tiempo.

Cuando eres asiduo de las novelas de misterio, en las que los asesinatos y las investigaciones policiacas te persiguen hasta en sueños, crees que ya lo has visto todo. Llega un momento en el que, al enfrentarte a un nuevo thriller, piensas: “bueno, no me pueden dar nada nuevo. Habrá un asesinato, un poli frustrado, una loca que quiere resolver el crimen ella sola y un criminal del que sospeché en la primera página”. Pues bien, si eres de los que piensan así, déjame decirte que tienes que leer Te estoy viendo.  Clare Mackintosh nos regala una trama muy original en la que no tenemos ni idea de cuál va a ser el siguiente paso. Todos parecen sospechosos y todos parecen inocentes. Es un quebradero de cabeza, inteligente y divertido. Por eso os decía que lo terminé aguantando la respiración, porque os prometo que no me esperaba en absoluto el final que me encontré.

Sin duda, es un libro para el verano. Para disfrutarlo saboreando un café helado. Dejándose llevar por las historias de Zoe y Kelly, sin prisa y sin tener remordimientos por haber pasado una tarde entera sin poder soltar el libro. Y respirando. No se os olvide como a mí y vayamos a tener un disgusto.

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Cartas. Edición conmemorativa bicentenario (1817-2017), de Jane Austen

cartasUn libro como este no es simplemente una obra que se compra, se lee y se guarda, es uno de esos ejemplares a los que se reserva un espacio noble en la biblioteca personal, que se revisita y se enseña a las visitas, incluso presumiendo si me permiten el exceso de vanidad. Es uno de esos volúmenes que son mucho más que la suma de las páginas que contiene, un homenaje a una escritora digna de recibirlo como tal, naturalmente, pero leídas estas cartas merecedora del mismo también como persona. No sólo por el cariño que muestra y del que hace merecedora por parte de sus allegados, sino por su elegancia, su sentido del humor y su capacidad de observación. Diría que estas cartas se emparentan con sus novelas en esas tres características, y aunque, lógicamente, la prosa no esté igual de cuidada, si acaso hay una diferencia significativa es el gran número de personajes que abarcan que serían muy difíciles de seguir de no ser por las aclaratorias, pertinentes y agradecidas notas de los editores.

La señora Hall, de Sherborne, dio a luz ayer a un bebé muerto unas semanas antes de lo que se esperaba a causa de un susto. Supongo que miró a su esposo sin darse cuenta (10-1798, p.63)

Su sentido del humor es a menudo ácido, contundente, aunque sin perder la elegancia pero no es eso lo que más me llama la atención de esta recopilación epistolar. Lo llamativo es lo mundanas que son las cartas, dirigidas en su mayor parte a su hermana Cassandra, y cuando digo mundanas me refiero a que son constantes las referencias a asuntos prácticos, materiales, al estado de la cosecha, a la ropa que confecciona, al precio de las compras (algo muy presente y que pone de manifiesto el estado de las finanzas familiares, no especialmente indicado para los gastos superfluos) o a la comida, que por cierto es no sólo casera, o poco refinada si se quiere decir así, sino que resulta especialmente contundente (gelatina de cerdo, goulasch, estofado de cordero con alubias, sopa de guisantes, costillas de cerdo, pudin…). Lo más parecido a caprichos culinarios que aparece en estas cartas puede que sea la hidromiel o la melaza.

La señora Portman no es muy admirada en Dorsetshire, las gentes de buen corazón, como de costumbre, ensalzaron tanto su belleza que todo el vecindario ha tenido el placer de verse decepcionado. (11-1798, p.67)

Encontramos a una Jane Austen familiar, siempre preocupada por su familia y muy apegada a todos sus miembros y a otra Jane Austen cronista de sociedad que mantiene a su hermana informada de cuanto ocurre en su entorno en sus frecuentes cartas, que describe bailes y transmite ecos de sociedad, pero sin perder en ningún momento su incisiva mirada ni, sobre todo, su sentido del humor a la hora de contar las cosas.

No creo haber sido muy solicitada. Todos mostraron gran disposición a no sacarme a bailar hasta que no lo pudieran evitar; ya sabes que las circunstancias de una persona varían de vez en cuando, a veces sin mayor razón en particular. Había un caballero – un oficial de Chesire – un joven muy bien parecido que, según me dijeron, tenía gran interés en que yo le fuera presentada; pero él no lo deseaba tanto como para tomarse la molestia de conseguirlo, por lo que no sucedió nada. (17-1799, p.91-93)

Se preguntarán ustedes si eso es todo, si no aparece la Jane Austen escritora. La respuesta es que sí, naturalmente que aparece. Muy tímidamente en la primera mitad de la obra y más intensamente en la segunda, cuando comienza a ser publicada y a conocer el éxito. Sin embargo no son las cartas de una escritora, los comentarios sobre sus obras (excepto en las pocas carta dirigidas a su editor o al responsable de la biblioteca real) son tan aparentemente casuales como aquellos que le dedica al precio de una tela que acaba de comprar o a la receta de un plato que solicita. Tal vez sea más apropiado utilizar el adjetivo “natural” que casual, porque es eso lo que destacaría, la naturalidad con la que se refiere a su obra y a sus personajes.

…y creo que puedo alardear de ser, con toda la vanidad posible, la mujer más inculta y poco informada que jamás osó convertirse en escritora. (132D-1813, p.568)

Sin embargo sí que hay momentos en que sus cartas parecen las de una escritora, cuando no comenta sus propias obras sino las de sus sobrinas, a las que aconseja y corrige de forma tan eficaz como entrañable. Como norma general, aun siendo indudable el inmenso afecto que siente por su familia en general, el tono de la correspondencia con sus sobrinas es diferente, más maternal pero a la vez cómplice. Esas cartas, especialmente las dedicadas a su sobrina Fanny, muestran a una Jane Austen madura y cariñosa, como ella misma diría, debidamente matizado, son unas cartas verdaderamente deliciosas.

He traído tu capa a casa, es realmente deliciosa; tan deliciosa al menos como la mitad de las circunstancias que así se denominan (21-1799, p.108)

Sorprende, o bueno, desgraciadamente no sorprende porque es un tema conocido pero sí resulta difícil de asimilar, el trasfondo social verdaderamente machista en el que logró ser reconocida Jane Austen (Sentido y Sensibilidad se publicó anónimamente como “a novel by a Lady”), lo cual incremente sin duda su ya de por si inmenso mérito. Las primeras cartas sobre su actividad literaria las envían su padre o su hermano, y tampoco parece que los editores la traten con excesiva magnificencia. Incluso cuando le reconocían los méritos hay cierto aire de absurda superioridad en algunos de sus remitentes masculinos como el bibliotecario de la corona que al tiempo que le da muestras tanto de su admiración como de la del príncipe regente, se permite aconsejarle sobre temas de los que escribir, detallando personajes y diversas cuestiones que le gustaría que se reflejaran.

Te espera una carta muy agradable; no estará sobrecargada de temas, pues no tengo absolutamente nada nuevo que contarte. Puedo dar rienda suelta a mi ingenio de principio a fin. (32-1801, p. 153)

La escritora y la persona tienen una cosa en común, su empeño en ser ella misma y en mostrarse como tal. Durante mucho tiempo mantuvo el anonimato en su faceta de escritora y probablemente en gran parte fuera debido a las convenciones sociales de la época, pero quiero pensar que también fue para mantener a salvo su núcleo familiar, ese reducto de libertad en la que podía ser ella misma y sentirse querida al mismo tiempo. El retrato de la familia Austen que se extrae de estas cartas es sumamente reconfortante, es cierto que un sentido de la protección mal entendido llevó a su hermana a mutilar o destruir una parte significativa de su correspondencia, lo que resulta frustrante, pero no lo es menos que resulta muy difícil hacerle ningún reproche.

En resumen, si llegara a vieja, desearé haber muerto ahora, bendecida por la ternura de una familia como la mía, antes que sobrevivir a cada uno de ellos o a su afecto (159-1817, p.636)

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Eternas palabras, de Johnny Cash

Eternas palabras

Eternas palabrasAntes de que Dylan fuese elegido Premio Nobel de Literatura y se desatase una fuerte polémica al respecto —que ha llegado hasta el límite del absurdo con las acusaciones al artista de haber plagiado frases de su discurso de aceptación del premio—, éramos muchos los que considerábamos a ciertos músicos como auténticos poetas, independientemente de que hubiesen tenido la mala fortuna de que su talento compositivo fuera acompañado de una bonita voz o de una particular destreza con la guitarra. Y es que sería de necios negar que Lennon, Cohen y Morrison o que Víctor Jara y Sabina han hecho algo mucho más profundo durante su carrera que encontrar palabras que rimen y se adapten bien a una melodía. En otros casos, como el de Johnny Cash, no es necesario hacer una defensa tan activa, ya que los versos a los que no puso voz han quedado ahí para respaldar su aura de poeta.

Eternas palabras es la recopilación de algunos de los poemas que John Carter Cash encontró entre los papeles de su padre tras el fallecimiento de este. Un total de 41 poemas que, junto con sus canciones, reafirman su papel como uno de los grandes narradores del pasado reciente de Estados Unidos. Es complicado, por no decir imposible, diferenciar los versos que creó para que fueran cantados de los que nacieron para ser recitados, del mismo modo que resulta imposible leer los poemas sin tener la voz grave y cálida del de Kingsland siempre presente. Y es que muchos poemas son enormemente melódicos, con sus estribillos, sus frases recurrentes, sus cadencias…

Los versos, que se incluyen tanto en su versión original como traducidos al español, van acompañados de fotografías de Cash en distintas épocas de su vida, así como de los propios manuscritos de los poemas. A lo largo del libro se entremezclan textos que escribió en épocas muy diversas, desde los años cuarenta hasta comienzos del siglo XXI. Precisamente el más reciente de los poemas es del año 2003, poco antes de su fallecimiento y tiene el título de Para siempre. Me parece oportuno reproducirlo, tanto por lo premonitorio del mismo como para resaltar la calidad y la profundidad de sus creaciones: «Me dices que moriré /Como las flores que tanto amé /Nada de mi nombre quedará /Nada de mi fama se recordará/ Pero los árboles que he plantado/ Aún son jóvenes/ Las canciones que canto/ Aún seguirán cantándose».

Los temas que toca no son muy diferentes de los de sus composiciones musicales. Habla de la guerra, la fama, la naturaleza, la familia, las drogas, la muerte, la religión… aunque, principalmente, al igual que en las más de 1 500 canciones que publicó, habla de amor. Un amor que, salvando pequeñas excepciones, lo dibuja casto y sincero. Estos poemas ayudan también a descubrir nuevos matices en Cash, como un humor negro muy desarrollado. Para el que tenga dudas, recomiendo leer su poema I wish you a Merry Christmas. Un auténtico desahogo, lleno de odio y de deseos horriblemente divertidos contra la mujer que le ha abandonado.

Empecé a leerlos en castellano, pero pronto me di cuenta de que, sin desmerecer ni mucho menos la labor en la traducción de Andrés Catalán, estos textos reclaman el inglés. Además, como también ocurre en sus canciones, el lenguaje que emplea Cash es sumamente sencillo, por lo que no es necesario un nivel muy elevado de la lengua de Shakespeare para poder entender lo que nos quiere contar el músico, con la ventaja de que su voz se hace presente durante la lectura.

Eternas palabras es un pequeño regalo para todos los que añoramos al Hombre de negro, una recopilación de poemas que se lee con rapidez y que deja un poso notable. Breves historias, en su mayoría, contadas con un lenguaje llano y directo, sin apenas adjetivos ni florituras estilísticas. Y es que en sus poemas no deja de ser el mismo contador de historias que ya conocimos y apreciamos en sus canciones.

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Lady Susan y otras novelas, de Jane Austen

Lady Susan y otras novelas

Lady Susan y otras novelasNunca me ha gustado releer una misma novela. Hay tantísimos libros nuevos por descubrir que nunca he pensado que fuera algo muy productivo. Sin embargo, creo que siempre hay excepciones, y que una segunda o tercera lectura puede resultar más enriquecedora que la primera. Con esta brillante autora siempre he hecho una excepción. Me releí Orgullo y prejuicio dos veces y cada vez me resultó aún mejor que la primera.

Pero todos los apasionados de sus novelas sabemos que Jane Austen es mucho más que su obra cumbre y, por eso, esta vez he releído dos de sus novelas cortas en esta preciosa edición revisada llamada Lady Susan y otras novelas: Lady Susan y Los Watson.

La primera ya supuso todo un descubrimiento la primera vez que la leí, pero me ha gustado aún más en esta segunda lectura. Es increíble cómo la protagonista de este libro se aleja de los modelos comunes de Austen. Lady Susan es una mujer manipuladora, atrevida, interesada, egoísta y consentida. Pero también es un personaje que quiere reivindicar su poder como mujer en la sociedad, y creo que es por eso por lo que la autora la incluyó dentro de su obra. Sin embargo, en esta obra no solo destaca su protagonista, sino que también nos encontramos con la narración a la que la autora nos tiene acostumbrados. A través de una pluma repleta de ironía y absurdos, nos muestra que las principales preocupaciones de las mujeres en la época eran el dinero y la búsqueda de marido (que no de amor).

En Los Watson, nos encontramos con una protagonista bastante diferente a Lady Susan. Sin embargo, también es un personaje fuerte, valiente y no políticamente correcta que se niega a vivir como mujer débil y objeto sexual frente a los hombres que la rodean y que reclama su independencia en la sociedad. Aunque está sin acabar, creo que es de mis favoritas y si hubiera sido acabada, habría sido una de sus novelas más importantes.

Además de estas dos novelas, en esta edición también he descubierto Amor y Amistad y Sanditon, dos obras que llevaba mucho tiempo queriendo leer. Mientras la primera nos muestra la dependencia de la mujer del  hombre y las preocupaciones absurdas que afligen sus vidas y ambos temas son llevados al extremo, en la segunda nos encontramos una historia en la que el amor por disfrutar la vida al máximo hasta el final es el núcleo clave. Ambas me han sorprendido bastante, ya que la primera fue escrita cuando la autora solo tenía quince años, cuando ya comenzaba a mostrar su genialidad, y la última la escribió en el transcurso de su enfermedad y no puede reflejar menos amor por la vida de lo que demuestra. Además, también se nota que fue su última novela, porque la narración es brillante y muestra todo lo que ha aprendido en sus años como novelista.

Es increíble que una autora como Jane Austen haya sobrevivido al paso del tiempo y que se sigan leyendo sus novelas como si hubieran sido publicadas ayer. Su tema favorito, la reivindicación del papel de la mujer en la sociedad, a través de las situaciones vividas en sus novelas y con su narración llena de ironía y absurdos, la ha catapultado como una de las mejores novelistas británicas de todos los tiempos.

Al margen de esto, creo que hoy en día todos deberíamos leer a esta autora, porque aunque hayan transcurrido más de dos siglos desde que sus novelas fueron escritas, hay situaciones que aún no han cambiado y seguimos viviendo en un sistema patriarcal. El feminismo es algo por lo que hay que luchar cada día, y si Jane Austen ya se dio cuenta en su época y tuvo la valentía de plasmarlo en las más de mil páginas que ocupan todos sus libros, nosotros también deberíamos seguir haciéndolo.

Estas obras recogidas en Lady Susan y otras novelas son el ejemplo perfecto de clásicos imprescindibles que todos deberíamos leer, y que nadie debería aplazar. En poco más de trescientas páginas, esta autora vuelve a sorprender a sus lectores, además de divertirles, entretenerles y hacerles reflexionar. Afirmo sin lugar a dudas que nunca me cansaré de leer a Jane Austen, da igual el tiempo que pase o los libros que lea. Su sello de identidad la diferencia de cualquier escritor y la convierte en una verdadera heroína de su siglo.

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No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor, de Pedrita Parker

No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor

No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor¿Te sientes una mierder?, ¿Pasas las horas balanceándote en una mecedora mientras cantas muy bajito “quién me va  a curar el corazón partío”?, ¿miras cada dos por tres el teléfono en busca de algún indicio de que sigue vivo?, ¿no quieres salir de tu trinchera en el sofá ni dejar de ver Bridget Jones? Entonces lo más probable es que estés  sufriendo mal de amores. Puede que te hayan dejado o puede que hayas decidido poner fin a una relación igualmente mierder en la que llevabas años atrapada. Todos hemos estado alguna vez ahí y sabemos que está muy bien eso de regocijarse en el dolor propio. Muy natural, muy humano. Pero, ¡ya está bien!, ¿no te parece? Déjalo ya, no puedes ir por la vida con las pintas del cantante de The Cure, no puedes ponerte en modo marmota ni esconderle forever and ever. ¿Es duro? Ya sé, pero te traigo la solución: No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor es tu medicina, hazme caso.

Y sí, como decía, todos hemos estado alguna vez en una situación parecida. Es ley de vida. El amor duele y el desamor ni os cuento. Pero, también es ley de vida saber recomponerse y créeme que aunque ahora lo veas muy negro, ese día llegará. Mientras tanto, el nuevo libro de la brillante Pedrita Parker puede resultarte de gran ayuda porque ella sabe muy bien por lo que estás pasando. Tan bien que ha decidido plasmar en su nueva novela gráfica las aventuras y desventuras en torno a las relaciones de pareja y, en concreto, ese trágico momento de la ruptura. Porque no, la vida no es una película de Disney y parece ser que el mundo está lleno de ranas.

Pedrita Parker, aka Estefi Martínez, es una de las personas más divertidas que no conozco. Aunque conocerla a través de sus libros y de su cuenta de Instagram vale, ¿no? Me río mucho con ella, con sus ilustraciones y su sentido del humor tan real, tan negro, tan ella. Si no la conocíais, este libro es una maravillosa carta de presentación.

Sentirse reflejado en las historias y situaciones que nos plantea Pedrita Parker es inevitable porque, como os decía, todos hemos pasado por ahí, ya sea como protagonistas o espectadores. También nos ha tocado alguna vez aguantar a algún amigo ante una ruptura.

Síntomas y señales de que la cosa no funciona, el tiempo de luto y las tonterías que podemos llegar a hacer por recuperar una relación en la que ni siquiera estábamos cómodos, las recaídas (ya nos vale), el sacar pecho y encarar el futuro. Todas estas situaciones aparecen en  No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor .  ¿A que os suenan?

El  contenido extra del libro es otra de sus genialidades. Seguro que vamos a necesitar las pegatinas para tapar el careto del ex en las fotografías. Y si nos sentimos en un momento de recaída, podemos recurrir a un pasatiempo o a repetirnos en voz alta frases tan motivadoras como “El amor es como un pedo, si tienes que forzarlo seguramente será una mierda”. La banda sonora y las películas para ocasiones de ruptura también vienen genial.

Estés o no en esta situación (ay, todo se andará, iluso), lo que sí es seguro es que te vas a reír mucho con este libro. Qué grande la Parker, de verdad de la buena.

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Cosas que te pasan si estás vivo, de Liniers

Cosas que te pasan si estás vivo

Cosas que te pasan si estás vivoNo recuerdo el tiempo exacto que lleva gustándome Liniers, pero sí sé que son ya muchos años los que este dibujante argentino lleva haciéndome reír. Seguro que os suenan sus dibujos, ¿verdad? Tenéis que haber visto sus tiras de Enriqueta, Fellini o los divertidos duendes y pingüinos en muchas partes. Desde 2001, Liniers publica su tira cómica Macanudo en el diario La nación y hace ya muchos años que en España es también muy conocido gracias a sus publicaciones. Porque Ricardo Siri, su verdadero nombre, ha publicado ya más de veinte libros en un montón de países. También ha expuesto en multitud de sitios y ha diseñado las cubiertas de los discos de artistas como Andrés Calamaro o Kevin Johansen. Con este último y con su banda tiene una costumbre de lo más curiosa. Se va de gira con ellos y mientras la banda toca, él se dedica a pintar en el escenario. No sé si será efectivo para la inspiración, pero fijo que se lo debe pasar teta en esas giras internacionales.

Cosas que te pasan si estás vivo acaba de ser publicado por Anagrama y el resultado es un libro muy bonito. Me gusta la edición, el diseño y el formato, totalmente manejable y perfecto para las tiras del dibujante.

En este libro encontramos los dibujos que Liniers realizó entre los años 2006 y 2011 para un blog y para el suplemento ADN del diario argentino La nación. El título del libro lo dice todo: aquí encontraremos todo lo que ocurrió al artista en esos años por el solo hecho de estar vivo. Cinco años dan para mucho, la verdad, desde viajes, proyectos, recitales, giras, libros hasta cosas más normales como comidas con amigos, reuniones, y mundiales. Y sobre todo, en esos cinco años, sucedió algo muy importante en la vida de Liniers: el nacimiento de sus hijas Matilda y Clementina.

Las dos pequeñas aparecen en las tiras del dibujante a lo largo de todo el libro, con sus pequeñas anécdotas del día a día y sus divertidas ocurrencias.

También los conciertos que os comentaba antes, en los que Liniers dibuja mientras sus amigos tocan, encuentros con Jorge Drexler, Matt Groening, escritores, firmas de libros. Todas estas vivencias aparecen reflejadas en Cosas que te pasan si estás vivo. Pero también hay cabida para las anécdotas más terrenales, no os vayáis a pensar. Esos momentos de falta de inspiración, esos días en los que te encuentras mal o incluso esos días en los que no pasa absolutamente nada.

Las tiras son tan fantásticas como siempre y en todas ellas está la esencia de Liniers, esa combinación de sinceridad, de ternura y de un humor brillante. Un libro para disfrutar y volver a él sin prisas, simplemente porque nos apetece pasar un buen rato. Y creedme, con él las risas están garantizadas.

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Animalotes 2, Aaron Blabey

Animalotes 2

Animalotes 2¡Han vuelto los animalotes! ¿Os acordáis que hace poco os hable de esta banda aquí? Pues ya tenemos la segunda parte de las aventuras de esta pandilla de malos malotes que quieren ser buenazos. Ya está aquí Animalotes 2.

Tras su intento en el primer tomo de salvar a los perritos que estaban atrapados en una perrera, el señor Lobo, el señor Tiburón, el señor Serpiente y el señor Piraña volverán a juntarse para hacer el bien. Y es que aquella misión no obtuvo los resultados que esperaban. Resulta que en las noticias hablaron de ellos como unos chiflados que habían aterrorizado a los perros de la perrera. Además, el guardia de seguridad los describió como una banda de maleantes muy peligrosos. Pero, ¿cómo puede ser? Si nuestros amigos pretendían hacer el bien. ¡¡Ellos querían ser héroes!! Algo ha ido mal, está claro.

Vale, no pasa nada. Un fallo lo puede tener cualquiera, ¿verdad? Hay que remontar, hay que buscar una nueva misión que por fin les haga ver a todos quiénes son estos animales en realidad: unos buenazos, unos salvadores, unos héroes. Y para ello, el señor Lobo tiene una nueva idea: colarse en la granja de gallinas Buenaventura y liberar a esas pobres gallinas apiñadas en sus jaulas sin espacio para jugar y sin luz solar. No me digáis que las pobres gallinas no se merecen ser rescatadas por la banda. Es una idea genial, esta vez nada puede salir mal. Además, al señor Serpiente este plan le parece fenomenal. ¿O será que las gallinas le parecen muy apetitosas? No, no, no. Él también es un buenazo.

Pero claro, no todo iba a ser coser y cantar. Hay un ligero problema: resulta que la granja de gallinas Buenaventura es algo así como una prisión de máxima seguridad. Sus muros de acero, sus alarmas, sus vigilantes y rayos láser hacen que resulte imposible colarse dentro. Esta vez necesitarán ayuda y para ello contarán con Piernecitas, una tarántula espantosa de igual fama que el resto de la banda pero que, en el fondo, también es un buenazo y además, todo un superhacker. Justo lo que necesitan para poder acceder a la granja. Parece que todo irá mucho mejor que la anterior vez y, en cierto modo, así será. Esta vez sí que cooperarán como un auténtico equipo. Ahora sí que son la banda de los buenazos.

Pero nuestros amigos no contaban con que acabarían mezclándose con la cobaya más mala de todas las cobayas. Una cobaya que busca venganza, ¿quiénes se han creído ellos para liberar a sus gallinas e irse de rositas así? Ni hablar. La venganza, lectores, nos espera en el siguiente tomo de Animalotes. Estoy deseando averiguar cómo se las van a apañar esta vez, ¿y vosotros?

 

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