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Borges Esencial, de Jorge Luis Borges

Borges esencial

Borges esencialAquellos que me conocen  me habrán escuchado decir en cientos de ocasiones que los poetas nunca mueren, con motivo del treinta aniversario de la desaparición de Jorge Luis Borges, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, han querido rendirle un sentido homenaje al gran maestro, poeta y escritor, con esta edición titulada Borges esencial, que publicado por la editorial Alfaguara no ha de defraudar a ninguno que, como yo, tuviese ganas de tener una buena obra recopilatoria que en este caso ha preparado, como no podía ser de otra manera,  José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de las Letras.

Yo no soy una gran estudiosa de Borges, les diré que he leído fundamentalmente su poesía, y muchos de sus  cuentos, casi nada  de ensayo, cosa a la que que gracias a esta obra estoy poniendo remedio, y bien que lo estoy agradeciendo porque no es lo de menos conocer su opinión sobre Schopenhauer, o Nietzsche que  “…Sabía que el Eterno Recurso  es de las fábulas o miedos  o diversiones que recurren eternamente, pero también sabía que la más eficaz de las personas gramaticales es la primera. Para un profeta, cabe asegurar que es la única…”, ya ven, descubrir que Borges pensase lo mismo que  Nietzsche, y ellos lo mismo que yo al plantear la duda entre la inspiración y el recuerdo, no tiene precio…  Estoy disfrutando mucho, como pueden ver  y aprendiendo de aquel que aprendió de otros, y otro s que aprendieron de otros mucho antes.

¿Cuántas carencias tengo sobre los clásicos? Muchas, tantas que no caben en diez libros de milloneses de páginas, pero ello  no es motivo de amargura para mí, porque así me acerco a libros y son libros que me hablan y casi siempre salgo satisfecha. Gracias a ellos luego voy a los autores recientes y veo de donde vienen las novelas, unas de la lectura, otras de la pura creatividad, otras de la pura ignorancia como la mía, pero todas hacen falta en el arco literario jajaja

Fíjense, este volumen va precedido de una pequeña introducción  realizada por la RAE que está encabezada por su conocido símbolo con la frase “Limpia, fixa y da esplendor” en la que nos presentan la obra que tenemos entre las manos y sobre todo su importancia y contenido. Inmediatamente después nos encontramos con una introducción a Borges y su obra  realizada por el profesor Teodosio Fernández, que no hace mucho, por cierto, descubrí que no tiene entrada en Wikipedia, cosa que me ha extrañado sobremanera, pues hasta yo, que bien poco se de casi todo, sabía que es un conocido hispanista que da conferencias sobre Borges (para lo que aquí nos interesa, naturalmente). Ya ven, así nos va…

Para hablarnos precisamente del Borges ensayista está Alberto Giordano (y no, no lo busquen tampoco en wikipedia que se llevarán un disgusto), y miren que divinamente nos introduce en el tema:

“En la breve nota que precede y da título a la compilación de sus ensayos literarios, Virginia Woolf esbozó la figura de un lector capaz de decidir  sobre la grandeza poética de las obras que lo conmueven sin recurrir más que a su “instinto” y sin pretensiones de sabiduría perdurable ni de objetividad. …”

Y cómo no quedarme enganchada de las palabras  de Giordano que darán paso después a las de Dario González que nos hablará de El tiempo y la lógica del asombro, o lo que es lo mismo, nos introduce a la filosofía de Borges. Noé Jitrik, que desde 1997 es director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires (y si está en la Wikipedia), nos habla de el inmenso trabajo realizado por nuestro autor, su continuidad en el tiempo, y de ahí a su poesía de mano de Santiago Silvester y ya que él nos habla de ella yo les voy a dejar también este poema titulado La fama (1981), en el que “enumera veintidós circunstancias (más que  razones) que según él, sumadas, le depararon una celebridad que no podía comprender”.

borges

 

“Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar.

Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe.

Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón.

Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín.

Haber conversado en Palermo con un viejo asesino.

Agradecer el ajedrez  y el jazmín, los tigres y el hexámetro.

Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya.

Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafísica.

Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz.

No ser codicioso de islas.

No haber salido de mi biblioteca.

Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote.

Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo.

Agradecer los dones de la luna y de Paul Verlaine.

Haber urdido algún endecasílabo.

Haber vuelto a contar antiguas historias.

Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas.

Haber eludido sobornos.

Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y (como todos los hombres) de Roma.

Ser devoto de Conrad.

Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino.

Ser ciego.

Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara una fama que no acabo de comprender”.

 

Finalmente, esa otra porción de Borges que tanto admiramos, “Su opción por la brevedad”, presentada por Graciela Tomassini. Hoy diríamos que fue un adelantado a su tiempo, si comprimía un mundo en un puñado de frases, ¿lo pueden imaginar jugando en twiter con esas palabras ajustadas que tan bien dominaba?

Toda esta introducción me ha resultado impresionante, ahora la obra de Jorge Luis Borges la leeré y releeré en muchos casos con más cariño, acercándome a él de otra manera, es un reencuentro, es un volver a Borges desde mi experiencia de vida, y desde el conocimiento que me han aportado los expertos.

Está claro que no puede haber mejor homenaje para este inmenso autor que “sólo quería ser poeta”, que hacer un trabajo como este, esta recopilación en la que seguro que dentro de poco ya tendré frases subrayadas, poemas pintados de amarillo, rosa o verde, y volveré a adentrarme con él por Quevedo y El Quijote, volaré hasta Kafka y Joyce, y como bien habrán imaginado me inundaré de nuevo de El Alepf, y en esta ocasión el baño será completo.

¿A qué ya están deseando tener esta obra en su biblioteca?

Merece la pena.

No lo duden.

 

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Harley Quinn 4: La llamada del deber, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

la llamada del deber

la llamada del deberYa tenemos de vuelta a la payasa sociópata más sexy del panorama comiquero. Si en el tomo anterior, Entre besos, tiros y puñales, acabábamos con la idea de Harley de formar una banda, aquí ya está montada, con unos cimientos frescos y débiles, dispuestos a combatir el crimen de la ciudad por un módico (o no tan módico) precio y con el visto bueno, previo chantaje (“si es que hay que poner etiquetas a todo”), del alcalde.

La banda tendrá que hacer frente a varios sucesos, de los cuales el que más páginas ocupará será el de un marinero convertido en Popeye malvado gracias a unas extrañas algas alienígenas, que llevarán de cabeza a Harley para poder pararle los pies.

Pero también habrá tiempo de ensoñaciones lisérgicas varias, citas interrumpidas, una misión de rescate en la que se cruzará con Deadshot, y un viaje en caravana junto con Catwoman y Hiedra Venenosa para despedir las cenizas del tío de nuestra pálida majadera.

Y todo con el humor característico y mala leche dosificada de una mujer que podrá o no salir victoriosa de sus enfrentamientos, pero que no se lo piensa dos veces antes de plantar cara y atacar, sea el tamaño que sea el que tenga el rival de turno. ¡Ja! ¡Esta sí que es una wonder woman!

Harley Quinn 4: La llamada del deber tiene muertos, acción, violencia, historias bizarrísimas (incluso veremos un cameo de Bizarro), pérdidas de maletas en el aeropuerto, secuestros, millonarios gordos desnudos en bañeras hidromasajes en medio de una fiesta, sueños con Batman, Joker, Green Lantern, Aquaman…, réplicas ingeniosas (no siempre), y personajes estrafalarios (aunque a muchos de ellos ya los hemos visto con anterioridad).

Los dibujos son muy variados. Los hay de mi gusto y los hay que ya no tanto. En general cumplen su función en un tebeo de estas características y el cambio de dibujantes, a pesar de parecer brusco en el contraste, no reviste mayores complicaciones y la lectura no se resiente, no distrae la atención de la línea argumental.

No obstante, a pesar de ser un cómic que solo piensa en entretener sin más, se empieza a notar un decaimiento. De los cuatro tomos este es quizás el más flojo, el que pega un bajón respecto a los tres primeros. Las historias no son tan frescas y pecan de ser demasiado absurdas. Es normal. Tarde o temprano tenía que pasar; no es fácil mantener el excelente nivel que llevaba la colección hasta ahora. Confíemos en que haya sido algo puntual y que el próximo número nos devuelva a la payasa a la gloria y esplendor de los tomos pasados, que es donde debe estar. Un personaje como Harley puede dar aún muchísmo juego y Conner y Palmiotti pueden con ella, ¡faltaría más!, ya lo han demostrado. Siendo como han sido capaces de lo mejor, mi fe y esperanza sigue con ellos.

Con todo esto no quiero decir que el cómic sea malo. En absoluto. Tal vez la pareja guionista me ha malacostumbrado y me he vuelto exigente. Es mucho mejor que cualquier cómic de humor. (Hay que admitir que la serie de Harley pertenece al género de la comedia y acción). Ya les gustaría a muchos cómics tener la mitad de categoría que tiene este. Es simplemente que, en comparación con sus antecesores, no es el mejor. Ni más ni menos, pero Harley Quinn 4: La llamada del deber sigue siendo un cómic recomendabilísimo.

Así pues, chalada, espero tus próximas aventuras. A ver en qué líos te meten esta vez…

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Rendición, de Ray Loriga

Rendición

Rendición“Loriga se ha unido al selecto grupo de escritores que – como Houellebecq y Murakami – están redefiniendo la ficción del siglo XXI”. Esta frase, que firma Wayne Burrows para The Big Issue, aparece en la faja de Rendición, la última novela de Ray Loriga, premio Alfaguara 2017. Aunque no está fechada, creo que pertenece a la época en la que Loriga publicó “Tokio ya no nos quiere”, es decir, hace ya unos catorce años. Y lo que Burrows escribió en inglés fue “is set to join”, que en realidad se podría traducir como “está listo para unirse”, más que como un hecho consumado.
Antes de empezar con la lectura, pues, uno puede preguntarse: ¿lo ha hecho Loriga? ¿Se ha unido a ese selecto grupo? La verdad es que no lo parece. En la última década, justo antes de llegar a la cincuentena, ha transitado por diversos géneros, incluida la novela juvenil, sin recuperar el pulso que le había hecho ganarse un puesto por derecho entre los más grandes.
Después de un cierto silencio reciente, este Rendición se saluda como la vuelta del mejor Loriga, “una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos”. Esto último lo he cogido también de la faja, me van a perdonar que no haya abierto ni siquiera el libro y ya me haya pasado el primer tercio de la reseña. Para responder a la segunda pregunta nos vale con las primeras veinte o treinta páginas, y la respuesta también es “no”. Ah, y la pregunta sería ¿regresa el mejor Loriga?
El mejor no. Regresa otro. Un buen Ray, si bien muy distinto del Loriga al que se refería Wayne Burrows. Rendición no tiene nada que ver con nada anterior a “El hombre que inventó Manhattan”, ni por el tono ni por la temática. Donde antes había narrativa urbana llena de drogas, sexo y rock’n’roll, ahora encontramos una fábula distópica, en la que el autor reflexiona a golpe de metáfora sobre la pretendida transparencia de la sociedad actual y la necesidad de aparentar la felicidad, más que de conseguirla.
Loriga nunca ha andado mal de imaginación así que sale con cierto éxito del paso de inventarse una sociedad de la nada. El planteamiento es interesante: una familia se ve obligada por la guerra, un conflicto intuido más que real, a quemar sus pertenencias y a dejar su hogar en el campo. El gobierno, al que deben obediencia pero al que no tienen acceso, los desplaza junto a sus vecinos a un lugar seguro, que resulta ser una ciudad de cristal, donde todo está a la vista de todo el mundo y sus necesidades se encuentran cubiertas por completo. Después de haber pasado años de penalidades y de llegar al borde de la hambruna, el protagonista, su mujer y su hijo (en realidad un huérfano al que encontraron antes de partir) reciben en esta urbe transparente todo lo que pueden desear. Pronto olvidan la guerra de la que venían, a los dos hijos que tienen en el frente y se entregan a una existencia anestesiada en la que no hay dolor pero tampoco pasión.
Se despliega todo esto ante nuestros ojos, en primera persona, de la mano del pater familias, un hombre de campo, un tanto inculto y consciente de sus limitaciones, que no aspira a más que a comprender un poco su propia existencia. El padre cuenta con profusión sus días en la ciudad de cristal, cómo cada problema queda resuelto por la comunidad sin la intervención de una autoridad superior y cada jornada es igual que la anterior.
Quizá el problema de Rendición como historia estriba en que termina convirtiéndose, durante su mayor parte, en un “paseo por el zoo”, como decía Kim Stanley Robinson de algunas novelas utópicas en una entrevista reciente. De las poco más de doscientas páginas del libro, la mayoría se aprovechan para describir el contexto. El campo primero, la guerra, la ciudad después, todo es retratado de manera estática, como algo que está allí, un escenario. Los conflictos son escasos y, sobre todo en la ciudad, resueltos rápidamente.
Al final nos queda “una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva” (esto es de la cuarta de cubierta). Kafkiana sí, aunque hay que llegar hasta el final para comprenderlo plenamente. Orwelliana, no tanto. Del Orwell de 1984 puede ser, pero no creo que orwelliano se pueda aplicar tan a la ligera cuando hablamos de un tipo que también escribió Homenaje a Cataluña. Rendición está más relacionada con el Huxley de “Un mundo feliz”, dado que la enseñanza subyacente es similar.
En resumen, una apuesta valiente por parte de Loriga por salir de su zona de confort con un resultado que no desmerece, pero que tampoco creo que lo vuelva a catapultar a los altares de la ficción internacional.

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Mortaja para un ruiseñor, de P.D. James

Mortaja para un ruiseñorEl fenómeno -no sé si general o fruto de una percepción personal- se da, con preferencia, en novelas de misterio, sobre todo en novelas de misterio escritas por autoras de lengua inglesa: el misterio puede haber sido más o menos previsible, carente de sorpresas fuera de lo esperable, con un investigador eficaz dotado de métodos propios que tenía que desenmascarar a su asesino de entre una cohorte bien surtida de personajes secundarios; el asesinato ha tenido lugar en un entorno cerrado con reglas propias, a veces sin nada que envidiar a las de regímenes políticos represivos; y tal asesinato ha actuado como elemento catalizador en una atmósfera que era como una olla a presión de bajas pasiones, odios encendidos pero secretos, enigmas personales, ocultaciones y solapamientos que nadie habría podido adivinar hasta el detonante del crimen. Y bien, termina la lectura, y nada de lo leído, en apariencia, aunque sumamente entretenido y hasta objetivamente bien escrito, supera la marca de otras muchas lecturas similares.

Sobre el papel, podría pensarse que es así; sin embargo, en la realidad, no lo es; la novela recién leída ha dejado su impronta en la mente; los personajes no son inmediatamente barridos de la memoria; las escenas aledañas al crimen tienen un peso determinado, significan algo por sí mismas; los ambientes, habríamos podido jurarlo, no nos han sido totalmente ajenos. Son novelas que tienen un peso, una autenticidad, una gravitas; que participan de la vida verdadera -si bien de la parte siniestra de la misma, aunque no es menos verdadera que la parte visible y banal de la que fingimos no extralimitarnos en ningún momento-, que exhiben unos personajes que son personas de verdad, en las que podemos identificar, tal vez, personas de carne y hueso que hemos conocido alguna vez. Estas novelas no son meros relatos, sino algo más, porciones ínfimas pero gravosas de la vida de los seres humanos y de sus pasiones. Al acabar la lectura, nos es imposible pasar a una nueva; necesitamos respirar en la estela de intensidad que ha creado esa inmersión en el mundo sólo en parte ficticio creado por el autor; y, pasado un tiempo, seguimos recordando a los personajes, las impresiones de afecto o de terror que han suscitado en nosotros, y quizás, también, de cierta incredulidad por lo veraces que son.

Esta capacidad para crear gravitas y transmitirla al lector no tiene siempre que ver con la calidad estrictamente literaria del autor, ni tampoco con nuestra preferencia o no por él o ella. Nos puede gustar un autor por otras cualidades; ésta es una más, si bien -para quien esto escribe- importante. Agatha Christie tenía esa capacidad; Dorothy L. Sayers, no. Sue Grafton la tiene; Gillian, Flynn, no; Dennis Lehane, sí; Don Winslow, no; James Ellroy, si; Michael Connelly, no.

Se dio la circunstancia de que dos de las reinas de la literatura ‘criminal’, ambas en posesión de esta misteriosa cualidad que comentamos, fallecieron recientemente y a menos de un año la una de la otra: P.D. James, el 27 de noviembre de 2014, y su amiga Ruth Rendell, el 2 de mayo de 2015. Con su desaparición, se nos priva de dos de las damas -o baronesas, que lo eran- inglesas del crimen que más han contribuido a modernizar su género, y cuyas novelas conjugaban, cada una en su estilo, intríngulis policiaco con calidad literaria para lectores exigentes. A pesar de que las dos vieron el cénit de sus carreras en los años 70 y 80, su escritura no envejece jamás, porque, al margen de detalles contextuales propios de la época, la naturaleza humana queda perfectamente retratada en cada una de sus novelas, configurando retratos permanentes que siempre resultan misteriosos y adictivos.

Quizás por eso, Ediciones B ha relanzado varias novelas, entre ellas algunas que han adquirido ya el estatus de clásicos modernos de su género, de P.D. James en edición de bolsillo de tapa dura. La que hoy comentamos está a la venta al muy asequible precio de 7,95 euros. Se trata de Mortaja para un ruiseñor, cuarta novela protagonizada por el superintendente Adam Dalgliesh, que P.D. James fue construyendo y enriqueciendo a lo largo de 14 entregas. Curiosamente, la ambientación, que sí acusa el paso del tiempo -es una novela ambientada en un colegio para enfermeras, quienes estudian procedimientos que hoy en día han quedado anticuados, con metodologías que aún parecen más anticuadas, y viven en una sociedad con códigos morales, roles de sexo y convenciones que hoy están ampliamente superados, al menos en los usos sociales y en lo comúnmente aceptado-, contribuye a acentuar lo siniestro y amenazador de la historia; ¿se puede uno imaginar lugar más tétrico que un colegio de enfermeras totalmente aislado de la civilización, con historia de fantasmas incluida, donde se vive sin un ápice de intimidad, y se observan normas académicas y de comportamiento que ya entonces eran pasadas de moda? Es en ese lugar donde se producen dos muertes sospechosas, que reclaman la intervención del superintentende Dalgliesh. P.D. James nos lo mostrará en cada paso de su investigación; nos describe cada interrogatorio, cada acción y decisión de Dalgliesh, sus pensamientos, sus valoraciones; y también las de los sospechosos y otros personajes que pueblan la Casa Nightingale, el colegio en cuestión. Metódicamente, Dalgliesh avanzará hasta descubrir la verdad.

Mortaja para un ruiseñor, como el resto de las novelas de misterio que salieron de la imaginación de P.D. James, es una novela con un ritmo pausado, en ocasiones hasta muy pausado. No es una novela al gusto de las modas actuales, donde prima la velocidad, los flashes, lo visual, las impresiones en lugar de las descripciones, lo superficial y lo impactante en lugar de lo profundo y espeso. Sin embargo, P.D. James es una maestra en el género, y no sólo en el género, también en el retrato humano que es en realidad la base sobre la que debe descansar cualquier novela que se precie de buena e incorruptible al paso del tiempo. En realidad, a James no le gustaban las personas, no le gustaba la raza humana, y no lo oculta; en cada descripción de cada personaje deja entrever su desprecio por la parte malvada, rastrera, hipócrita, embaucadora y mentirosa de hombres y mujeres. Sin embargo, su mirada no resulta prepotente ni ofensiva, sino realista y apenada; pues, al final, James siempre se preocupa por hacer valer la verdad, el bien y la derrota del mal, venga éste de quien venga. El malvado puede exhibir cualidades aparentemente redentoras, pero James siempre hace prevalecer el verdadero bien, la extracción de la verdad oculta bajo capas de subterfugios, mentiras y crímenes. No premia al valedor del bien ni lo reviste de un valor moral superior ni sobrehumano (el pobre Dalgliesh no está revestido, de ningún modo, por un aura heroica ni mítica; es un policía cansado y desengañado, que sólo desea volver a su piso sobre el Támesis y escribir sus poemas), pero condena sin paliativos al asesino.

Hay autoras, como Louise Penny, que también participan de esta cualidad introspectiva y auténtica que hemos comentado, pero que ven -o eligen ver- el sol, la amabilidad última, la redención, la capacidad de perdonar y ser perdonados, el arrepentimiento, el regreso a una guarida cálida y familiar que nos proteja del frío y del peligro; y hay otras, como P.D. James o Ruth Rendell, que se centran en la tiniebla, el mal que puede no ser espectacular, sino sólo estúpido y cotidiano, pero innegable; y que, sin embargo, no aminoran el deseo de seguir leyendo sus novelas sino que lo acrecientan. Mortaja para un ruiseñor es sólo una pequeña muestra del enorme talento de P.D. James, y merece la pena conservar esta pequeña joya y releerla después de un tiempo.

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El hombre del traje negro, de Stephen King

el hombre del traje negro

el hombre del traje negroTodos sabemos que King escribe como los ángeles. Puede que en las narraciones largas suela cagarla en los finales. Sí, es un hecho innegable. Lo ha venido haciendo de un tiempo a esta parte y es un miedo que hemos cogido aquellos a los que nos gusta leerle. Pero el desarrollo y la forma que tiene de contar la historia es magistral, poderosa, envolvente y engatusadora. Ya puede meter en medio de la trama cómo se fabrica la mantequilla de cacahuete en una vieja factoría de Maine o cómo al protagonista le hacen una mamada mientras conduce su gastada furgoneta. Da igual. Te lo mete tan sin darte cuenta, porque sabe cómo hacerlo, que tú, encantado, devoras todo, lo disfrutas, estás a su merced y ni siquiera recuerdas a santo de qué venía esa historia del cacahuete.

Ya hacía tiempo que no leía al bueno de Stephen. Pero es que, los finales, ya sabéis… Así que cuando vi en la librería un libro negro, tan pulcramente editado, con los lomos de las hojas dorados a la manera de los antiguos misales, con ese extraño pez en medio de la sobria y a la vez elegante portada y el nombre de Stephen King en destacada letra blanca, ¿qué hice? Pues investigar… y llevarme una sorpresa

El hombre del traje negro es un relato corto que ganó en 1995 el World Fantasy Award al mejor relato corto de ficción. Es puro King destilado y servido en chupito. Cuenta la historia de Gary, un niño de nueve años cuyo hermano murió un año antes. Va a pescar al río y se queda dormido. Cuando despierta se encuentra con que le estaba observando un hombre vestido con un traje negro y con los ojos anaranjados, como si tuviera llamas dentro de él. Además huele a cerillas… El joven concluye que uno y uno son dos. Por si fuera poco para acabar de acojonarle, el hombre empieza a meterle miedo y le cuenta cosas sobre su familia que un desconocido no debería saber. Consigue escapar de él corriendo como alma que lleva el diablo. No hago espoilers, tranquilos, porque la narración comienza con Gary, ya anciano, rememorando esta historia.

Aquí podéis leer a King sin miedo a que el final sea decepcionante. Es un relato muy bien escrito, con una trama que te tiene en vilo y que da pena que se acabe tan pronto. Las reflexiones del anciano Gary, las razones para escribir su historia… Podría haber sido un cuento más largo y no habría desmerecido en nada.

Por otra parte, este relato tiene intercaladas en él preciosas ilustraciones de Ana Juan.

Pero, como decía Súper Ratón, “no se vayan todavía, aún hay más”. Tras el relato de King se incluye otro de Nathaniel Hawthorne, El joven Goodman Brown. ¿Y eso por qué? Pues según parece el cuento de King es un homenaje a este. Lo cierto es que algo de parecido tiene, pero son totalmente distintos y los dos merecen mucho la pena.

Para empezar, El joven Goodman Brown transcurre en Salem, así que ya podemos hacernos una idea de por dónde irán los tiros, ¿no? Como curiosidad apunto que el bisabuelo del escritor fue inquisidor en los juicios contra las brujas, cosa que le avergonzó toda su vida, tanto como para modificar su apellido añadiéndole una “w”. Creo que con esta nota, se entenderá mejor (y no es que sea difícil de entender, en absoluto) el cuento y las intenciones del autor.

Así pues, dos por el precio de uno. Los dos buenos, bonitos y baratos. Una oportunidad de oro para leer a King y para descubrir o redescubrir a un autor que es todo un clásico de la literatura norteamericana.

Recalco lo chula que ha quedado esta edición de Nórdica. Un ejemplar de coleccionista, sin duda.

Gracias, Susana. ¡Un abrazo!

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Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño

Llamadas telefónicas

Llamadas telefónicasRoberto Bolaño es uno de mis escritores preferidos. No solo por sus libros, que también. Lo que me pasa con Bolaño es que me produce una empatía tremenda. Me cae bien, tan bien que me tomaría con él una copa en una charla infinita. Algo que, por desgracia, ya es imposible. Pero es uno de esos escritores de los que es difícil separar persona de escritor, no sé si me entendéis. Hay algunos libros que me fascinan, pero la persona que se esconde tras él ya no tanto. Aun así, como ya sabéis, no se puede juzgar un libro solo por su escritor y sería estúpido que un libro no te gustara porque quien lo ha escrito no te caiga demasiado bien. La imparcialidad es muy necesaria en el ejercicio literario. En fin, todo esto para deciros que Bolaño me parece uno de los personajes más interesantes de la literatura.

He leído bastante de él y sobre él, pero hasta hoy no había reseñado a este autor en LyL. Mis compañeros sí que lo han hecho en reseñas como Putas asesinas, El gaucho insufrible, El espíritu de la ciencia ficción, Los sinsabores del verdadero policía, Estrella distante, El tercer Reich, o Amuleto. Parece que no soy la única a la que le encanta este escritor chileno por aquí.

Para conocer más sobre él, os recomiendo que veáis este documental emitido en la 2 de TVE, que me recomendó el otro día un amigo. Efectivamente, es imprescindible.

Llamadas telefónicas es el último libro que he leído de Bolaño y del que me toca hablaros. Se trata del primer libro de relatos del autor, que fue publicado por primera vez en 1997. Recibió el Premio Ámbito Literario de narrativa y el Premio Municipal de Santiago de Chile. Con este primer libro de relatos, Bolaño ya consiguió consolidarse como uno de los mejores escritores de narrativa corta.

Dividido en tres apartados, Llamadas telefónicas, Detectives y Vida de Anne Moore, el libro cuenta con un total de catorce relatos. Lo que más llama la atención, sin duda, es la facilidad con la que el autor nos presenta a los personajes que se pasean por el libro. O al menos, la aparente facilidad. Es obvio que Bolaño tiene un don en cuanto a la elaboración de personajes, algo que consigue que el lector en seguida se familiarice con ellos. Imaginad que hay autores que necesitan páginas y páginas para presentarnos a sus personajes. Bolaño, en un par de páginas, ya nos ha atrapado en su universo y nos ha hecho, de alguna manera, cómplices de sus personajes. Brillante, ¿verdad?

No sé si podría elegir mis relatos favoritos de Llamadas telefónicas. Lo cierto es que todos me han gustado y en todos he encontrado el sello del autor. Dicen que Sensini, el relato que abre el libro, es una de sus obras maestras. Puede que lo sea, pero creo que todo el libro merece la pena, que cada uno de los relatos que en él aparecen atrapan por igual, que la magia Bolaño está presente en cada uno de ellos. No sé si ya sois fans de Bolaño, si no, este libro me parece una maravillosa forma de iniciarse en su extraordinario universo.

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Opiniones contundentes, de Vladimir Nabokov

Opiniones contundentes

Opiniones contundentesLeemos por placer, dicen algunos. Y supongo que es cierto. Ese tipo de lector que se siente tan feliz en compañía de familia, amigos o amante, que al final, desesperado, tiene que levantarse y salir de la habitación para coger un libro, abrirlo, dejar entrar un soplo de mal rollo en su vida y recordar que todo es vanidad, no es el tipo de lector que más abunda. Aunque, no os quepa duda, haberlos, haylos.

Existe otro tipo de lector. Este también lee por placer, por descontado, pero, a diferencia de aquéllos que buscan un autor al que tutear, un narrador con el que se identifiquen y unas aventuras o sueños cercanos a los suyos, este lector encuentra el placer en un autor distante, con el que no tenga nada en común y que le hable de asuntos que jamás hubiera considerado de su interés. Cuando nuestro lector encuentra a un autor así, se entrega a él en cuerpo y alma, ve transformado su concepto de la literatura y recibe de buen grado el majestuoso desdén de su nuevo amo y  señor.

Así que ya lo sabes: si a ti te gusta un autor con el que te puedas identificar, yo me enorgullezco de que Vladimir Nabokov me llame ignorante. Y lo hace a las primeras de cambio:

Sólo cierto tipo de personas ignorantes mueven los labios al leer o reflexionar.

¡Y yo que pensaba que, al contrario, me hacía parecer más inteligente! Pero servidor es sólo el primero de los títeres que nuestro genial autor decapita. Aquí no se libra nadie. Vayamos por pasos.

Opiniones contundentes tiene un título sobradamente explícito, aunque habría que señalar que falta la palabra “razonadas”. Porque para opiniones contundentes, las mías (y si no, que se lo pregunten a mis enemigos de facebook), pero saber defender esas opiniones con argumentos y elegancia, ah, ahí ya no llego yo.

El libro consta, en su primera parte, de una serie de entrevistas concedidas por el autor, a lo largo de diez años (de 1962 a 1972), a medios tan diversos como Time, la BBC, la Radio Suiza, Vogue o Playboy. En estas entrevistas disfrutamos de la primera gran, enorme, virtud de Nabokov: su falta de espontaneidad. Así, a diferencia de tanto pánfilo que responde a una pregunta estúpida con la primera sandez que le viene a la cabeza, Nabokov siempre exigía que le entregaran las preguntas con anterioridad, para así poder preparar con tiempo suficiente la respuesta de aquéllas que se dignara responder. Naturalmente, dichas entrevistas son un auténtico deleite para el lector. Y en ellas, el bueno de Vladimir se despacha a gusto.

Entre sus fobias no literarias destacan “el jazz, el cretino de medias blancas que tortura a un toro negro (…); el bric-à-brac de los abstractos; las máscaras rituales primitivas; las escuelas progresistas; la música en los supermercados; las piscinas; los brutos, los pesados, los filisteos con conciencia de clase; Freud, Marx o los falsos pensadores”, entre otros.

Huelga decir que nuestro amigo rechazaba el encasillamiento en un grupo o movimiento literario. La literatura, en opinión de Nabokov, no conoce corrientes, grupos ni generaciones. Sólo existe el artista y su obra. Despreciaba la impostura, la pomposidad, las grandes ideas, las novelas repletas de símbolos y, sobre todo, la literatura con una función social. Califica como necia la Muerte en Venecia, de Thomas Mann; El doctor Zhivago, melodramática y mal escrita; y define las novelas de Faulkner como “crónicas con barbas de maíz”. Se ríe de esos autores que afirman que, al escribir, uno de sus personajes se apodera de ellos y les dicta el curso de la acción. !Qué experiencia tan absurda”; observa, para añadir que, en su relación con sus personajes, él es “un perfecto dictador dentro de ese mundo privado”. Es decir, mi libro lo escribo yo con mi mente, mi mano y mi lápiz. Patochadas pseudorománticas, no por favor.

Después de las entrevistas vienen las cartas hundidoras, que el autor escribía a los medios cada vez que sentía que no podía dejarse sin respuesta la última necedad del criticastro de turno. Nos dice Nabokov que él podía aceptar todo tipo de críticas, pero no toleraba que nadie pusiera en cuestión su erudición. Como veis, aquí no hay falsa modestia. Y si la réplica que dispara requiere que el autor se enemiste con un antiguo amigo, pues todo sea por el bien del arte y la verdad.

La tercera parte de Opiniones contundentes consta de una serie de artículos que abarcan desde su obra más conocida, Lolita, o la poesía de Jodásievich hasta su primera gran pasión, por encima incluso de la literatura: las mariposas.

Nabokov no sería hoy un personaje querido por los medios. La despiadada crítica a la estupidez, la fatuidad, los lugares comunes, la tradición académica establecida, y en fin, todo  intento de diluir el pensamiento del artista en el intragable potaje de las corrientes, los movimientos, las “Declaraciones”, los manifiestos y la voz del pueblo harían de él una persona no ya incómoda, sino odiada. Por eso, por sus novelas, por esta joya tan contundente y por llamarme ignorante, siento por él admiración infinita.

 

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El extraño verano de Tom Harvey, de Mikel Santiago

El extraño verano de Tom Harvey

El extraño verano de Tom HarveyEsta novela de Mikel Santiago es una novela que debería oler a verano, a crema solar y a piel salada, pero en realidad se masca la intriga y el suspense con música de jazz de banda sonora. Vuelvo al thriller, no puedo evitarlo, vuelvo al misterio, la investigación y la sospecha. En un escenario de película antigua como Atrapa a un ladrón o Buenos días tristeza. Las carreteras estrechas y sinuosas, los acantilados, las pequeñas calas y las bonitas puestas del sol del Mediterráneo. Aunque estas pelis están ambientadas en la Costa Azul y la novela transcurre en la costa italiana, el ambiente es similar ¿Os acordáis de A pleno sol? Es la película basada en el libro de Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley. Pues mi cabeza loca ha recordado en algún momento a Alain Delon mientras leía El extraño verano de Tom Harvey. Os recuerdo que mis conexiones son algo peregrinas, pero ahí las dejo.

Tom Harvey es un músico de jazz norteamericano que vive en Italia. Apenas se gana la vida con su saxofón, así que tiene que complementar sus ingresos haciendo de guía turístico en Roma. Recibe una llamada de su amigo Bob Ardlan, pintor de renombre, al que no ve desde hace tiempo, pero le viene mal contestar en ese momento y se olvida. Al cabo de un par de días, le llama Elena, la hija de este amigo y antigua pareja de Tom y le pide que vaya a Tremonte porque Bob ha aparecido muerto en los acantilados debajo de su casa. Todo apunta, en un principio, a una caída desde la terraza de la casa por accidente o a un suicidio, pero a Harvey no le encajan las cosas.

La novela está contada en primera persona por Tom Harvey que se convertirá en investigador, pasará apuros tanto físicos como psicológicos. Tendrá sueños reveladores e inquietantes. Oirá y sentirá cosas extrañas en la casa. Tendrá que intentar controlar sus sentimientos hacia Elena, que será siempre la mujer de su vida, aunque ahora no estén juntos. Descubrirá aspectos ocultos de la vida de un hombre al que apreciaba y admiraba mucho, que ahora parece que no conocía tanto como pensaba. Tendrá que intentar encajar en el grupo de gente rica, excéntrica, con gustos caros y que posan para la prensa, pero que tienen mucha basura escondida debajo de las alfombras. Un afamado director de cine celoso, una escritora de libros de misterio con muchas más cosas perdidas además de la inspiración, un marchante de arte ambicioso, un aspirante a pintor, un detective estiloso, hombres atractivos de negocios dudosos y un elenco de secundarios la mar de variopintos, que te hacen sospechar de todo y de todos.

Yo no he leído las otras novelas de Mikel Santiago, que ya estoy tardando, pero por las reseñas escritas, esta acompaña perfectamente a las otras. Tiene ritmo, suspense y atrapa hasta el final; capítulos cortos y muchos diálogos. Todo ocurre en apenas dos o tres semanas muy intensas. A mí me ha gustado su forma de escribir, sus descripciones y expresiones son claras y certeras, con sentido del humor, sin florituras. Es una novela muy cinematográfica. Solo he sentido un desajuste leyéndola. No sé porqué, pero había imaginado al protagonista algo mayor de lo que es. Está en la treintena pero en un principio, por su forma de comportarse y pensar, le habría colocado 10 años más. Pero esto es cosa mía, como me gusta, lo acerqué más a mi edad. Creo que me ha influido leer sobre el autor, que también es o ha sido músico, de rock en su caso, de Portugalete y del 75, así que yo creo que le puse su cara a Tom.

Es lo que tienen los libros, que te puedes montar tú mismo la película, el escenario y los protagonistas, como te venga en gana, según tu imaginación. Aunque la novela lo describa todo meticulosamente, no puedes evitar crear imágenes, que cuando las comparas con las que se crearon otras personas sobre los mismos relatos, difieren bastante. Es la magia de la lectura y por eso, muchas veces, te llevas un chasco cuando el libro pasa a la pantalla.

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Babel de un hombre y otros relatos, de Javier Montiel

Babel de un hombre y otros relatos

Babel de un hombre y otros relatosHay escritores que nos cuentan una historia y hay escritores que nos la evocan. Y, lo reconozco, siento debilidad por los segundos. Desde que leí la primera línea de Babel de un hombre y otros relatos, intuí que Javier Montiel era uno de esos. No me sorprendió que fuera uruguayo, pues destila ese encanto tan propio de la narrativa latinoamericana. Este joven multifacético —pues, además de escritor, es psicólogo, pintor y librero en activo— reconoce que el realismo mágico y la fantasía han tenido influencia en su literatura; pero no solo ha bebido de las obras de Cortázar o Borges, sino que ha heredado el dominio del lenguaje que les caracteriza y esa clase de mirada que demuestra que en la literatura quizá esté todo dicho, pero aún quedan infinitas formas de expresarlo.

Los elementos que se repiten más de una vez en los quince relatos que componen esta antología son el desenfreno sexual, el arte de la pintura o la casa como espacio donde el ser humano se esconde y se descubre. Pero el autor va desplegando voces narrativas diferentes —unas veces, perturbadoras; otras, sensuales; en ocasiones, dulces; y siempre bellas—, para crear un universo propio, lleno de caras un tanto oscuras, pero no exentas de humor, en el que entramos enseguida, bajo el influjo de su narración.

A través de su gran poder imaginativo y de su desenvoltura expresiva, sus palabras palpitan y traspasan la hoja, convirtiendo la lectura de Babel de un hombre y otros relatos en una experiencia sensorial, donde nuestros cinco sentidos y todas nuestras emociones entran irremediablemente en juego al ser testigos de las perversiones, obsesiones y deseos de los personajes, que salen a relucir cuando la realidad tal y como la conocemos queda en suspenso. Un hombre que cambia de estados (líquido, vaporoso, incandescente) o uno que se lanza al vacío sin llegar a caer nunca del todo son algunos de los protagonistas que sufren el trastoque de las leyes de la física, y nosotros ya no somos unos lectores repantigados en el sofá de nuestra casa, sino que los acompañamos activamente  en ese viaje hacia las profundidades de la naturaleza humana.

«Fingir que se finge es la manera más común de decir la verdad», es una de las frases que he subrayado en este libro, porque me parece sublime y un buen resumen de esta obra. Es como esos sueños que nos despiertan en mitad de la noche: un crisol de escenas inconexas que, a simple vista, no son nada más que fabulaciones de nuestro inconsciente; pero, por eso mismo, la irrealidad de los acontecimientos nos parece terriblemente reconocible, ya que es nuestra verdad más intrínseca, aunque no siempre estemos dispuestos a reconocerlo.

Al finalizar Babel de un hombre y otros relatos ya no me cupo duda de que Javier Montiel es uno de esos escritores que evocan. De los que se recrean en las palabras para que disfrutemos del camino, hasta el punto de que nos importe un bledo el desenlace que hayan escrito, pues cada una de sus frases han provocado dentro de nosotros decenas de historias alternativas. Esa es la clase de literatura que yo busco cuando quiero encontrarme. Y si el debut de Javier Montiel ha marcado esa senda, os aseguro que estaré pendiente de sus siguientes pasos literarios.

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Dilo bien y dilo claro, de Antonio Martín y Víctor J. Sanz

Dilo bien y dilo claro

Dilo bien y dilo claroHace unos meses no tenía idea alguna de qué o quién era Cálamo & Cran. Y cuando tu oficio consiste mayoritariamente en editar textos, decir esto es poco menos que ser barman y no saber qué narices es el cardamomo. Así que poco antes de dar un curso de gramática con ellos me explicaron en el trabajo que era una de las empresas más conocidas en lo relativo a formación sobre escritura. Y pese a que, siendo sincero, un curso de veinte horas de ortografía y gramática impartido en cuatro días se hace algo duro, me gustó la forma que tenía el instructor de explicar las reglas que tantas veces había escuchado antes —en la carrera, el instituto y hasta el colegio— y que se olvidaban con tanta facilidad. Así que cuando leí que Antonio Martín y Victor J. Sanz, director y tutor respectivamente de esta empresa, habían sacado un libro sobre comunicación, tuve bastante claro que pisaba sobre terreno seguro.

Dilo bien y dilo claro viene a echar una mano a aquellos que trabajamos con palabras diariamente, ya sea elaborando informes, corrigiendo textos, mandando correos a diestro y siniestro para que prueben nuestros productos o dando conferencias con nuestro amigo el PowerPoint vigilando nuestras espaldas. Eso incluye a un número muy elevado de personas, no todas con los mismos conocimientos en el ámbito de la redacción. Seguramente por ello, los autores se han centrado en lanzar al mercado un trabajo accesible, a través de una de las máximas que defienden a lo largo del mismo: la importancia de la claridad a la hora de exponer las ideas. Y es que de ahí se puede extraer el que para mí es el mensaje más importante que ofrece este libro y que conviene grabarlo a fuego: lo difícil es hacerlo sencillo. Así, los autores animan, y no sin razón, a huir del abuso de las pasivas, de las subordinadas, de las frases largas, de tratar de usted al lector siempre que no sea imprescindible… consejos que, en mi caso y pese a mis esfuerzos, no siempre consigo aplicar. Aunque poco a poco me estoy quitando de esos vicios.

Por otro lado, a pesar de que en su portada se define como ‘Manual de comunicación profesional’, el libro está planteado como un curso práctico, en el que desde el comienzo se nos pide que vayamos resolviendo algunos ejercicios de redacción. Esto hace que podamos ir viendo e incorporando algunos trucos para desatascar nuestra vena creativa. Y es que, si en algo puedo decir que me ha ayudado esta lectura es en intentar buscar nuevos enfoques a la hora de abordar los textos que escribo. Si hay un miedo indisociable al redactor es el del papel vacío. Para remediarlo, Martín y Sanz aportan recetas variadas para que podamos encarar de una forma más eficaz a esa pantalla en blanco que en ocasiones está tan poco receptiva. También me ha sido útil lo relativo a la conexión de ideas, ya que soy de esos que va anotando lo que le viene a la cabeza sin ton ni son y acaba viéndose con serios problemas para encontrar un orden y un sentido a esa lista interminable de datos y pensamientos.

En definitiva, Dilo bien y dilo claro es un auténtico curso de comunicación, un texto que tengo claro que revisitaré en numerosas ocasiones, ya que además de dar unas pautas generales para mejorar nuestra capacidad comunicativa aporta soluciones a problemas muy habituales, desde el tratamiento del género a cómo configurar Word para sacarle el máximo rendimiento. Problemas que conviene solucionar adecuadamente para que se nos entienda de la mejor forma posible. Porque, aunque a veces se nos olvida, ese es el auténtico propósito de la comunicación.

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Por mucho que duela, de Tyler Knott Gregson

Por mucho que duela

Por mucho que duelaSupongo que el título de este poemario me gustó y por eso lo elegí. Tengo una vena como muy folklórica y una extraña tendencia al dolor. Que dicho así, suena muy mal, pero supongo que tiene que ver con la sensibilidad poética. Hay que saber sufrir para escribir poesía. Pero cuidado, también todo lo contrario. Es una paradoja, lo sé. También lo es que me vengan estas ideas tras una siesta infernal de verano a treinta mil grados, pero aquí estoy, divagando sobre el dolor.

El caso es que os contaba esto de haber escogido el libro por su título porque me sucede muy a menudo y sobre todo, claro, con autores a los que no conozco previamente. Este es el caso de  Tyler Knott Gregson. Si os ocurre lo mismo que a mí, os cuento un poco sobre él. Artista multidisciplinar (por cierto, odio la ligereza con la que se usa esa palabra), Tyler vive en las montañas de Helena (Montana) con sus dos perros. Desde allí, desde la paz de sus montañas, ejerce sus dos grandes pasiones: la fotografía y la escritura. Ha publicado dos bestsellers, All the words are yours y Por mucho que duela. Gracias a Espasa y  a la traducción de Loreto Sesma, podemos disfrutarlo por primera vez en español. Tengo que añadir, además, que me gusta mucho cómo apuesta la editorial Espasa por la poesía menos conocida. Bien por ellos.

Por mucho que duela ha venido más de 150.000 ejemplares en EE.UU. La poesía de Tyler Knott Gregson forma parte de ese fenómeno millenial tan de moda hoy en día. Escritores con muchos seguidores en sus redes sociales que publican un libro y venden una cantidad desorbitada de ejemplares gracias, en parte, a dichos seguidores. En España tenemos muchos autores que entran dentro de este fenómeno. Seguro que conocéis alguno, ¿verdad?

Y ahora lo que importa, ¿qué tal escribe este chico? Pues a ver, ya sabéis que esto de la poesía es muy personal y blablablá, pero yo he de decir que me esperaba bastante más. Quizá debería dejar de esperar nada y simplemente dejarme llevar y creo que a mitad de poemario eso es lo que he intentado hacer. Tratar de leer los poemas sin juzgarlos, simplemente dejarme llevar por las sensaciones. Y aunque, como os decía, en general no es un poemario que me llame demasiado la atención, sí que he conseguido disfrutar algunos versos:

“Te ríes,

suavemente,

y el sonido de la risa

saltando

desde tus pulmones

me frena hasta el arrastre.

Esa risa,

dios mío, esa risa

repone todo cuanto se derramó

en mí;

es la

máscara de oxigeno

del accidente aéreo

en el que siempre

he estado inmerso”.

Por ejemplo estos versos.

Es un poemario sumamente sensual, muy romántico, en ocasiones azucarado. Una poesía algo light que en realidad no duele tanto, sino que más bien sirve para curar.

Ahora lectores, es cosa vuestra averiguar qué os parece Por mucho que duela, si encaja o no con vuestros gustos. Ya me diréis.

 

 

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Wylding Hall, de Elizabeth Hand

wylding hall

wylding hallTodos tenemos un grupo (o dos, o tres, o más…) de música del que somos fans, sobre todo cuando somos adolescentes. Grupos que se quedarán con nosotros toda la vida, aunque desaparezcan, se disuelvan, mueran sus miembros o se dediquen a otras cosas. Grupos de los buenos (no de estos de ahora que duran dos telediarios y empapan las bragas de quinceañeras que hacen cola en los estadios para conseguir entradas a costa de perder días de clase) que nos han sorprendido por su manera de enfocar la música, por traernos un sonido nuevo, o unas melodías pegadizas o unas letras que parecen ir dirigidas en exclusiva a ti o por una mezcla de todo, porque te llegan, sin más.

Y a todos nos hubiera gustado ver cómo esa banda de música creaba ese mítico disco que no nos cansamos de escuchar. Saber cómo fueron surgiendo las canciones, cómo cada miembro hacía sus aportaciones, cómo se emborrachaban y emporraban o se metían cosas más duras, y las orgías en las que, seguro, participaban. Además, saabemos que algunos grupos se encerraban para desconectar de la civilización y poder concentrarse mejor en el proceso creativo e inspirarse adecuademente.

Algo así es lo que propone Wylding Hall. Imitando la estructura de un documental con cortes que alternan las narraciones de los protagonistas, aquí se nos cuenta lo que sucedió veinte años antes en una mansión, de mismo nombre que el título del libro, en la campiña inglesa. El grupo es Windhollow Faire, banda de rock folk y durante un verano, a petición de su manager, se encierran en esa mansión para pasar página a la muerte de la cantante principal del grupo y pareja de Julian, el letrista, y, de paso, intentar sacar un nuevo disco, cosa que finalmente conseguirán y será todo un éxito.

Pero claro, este es un libro de terror, ganador del Premio Shirley Jackson 2016, así que algo más tiene que suceder y no puede ser algo muy bueno… y sucede. Vaya que si sucede. Julian desaparece en el interior de la casa.

Confieso que este libro me ha dado en su parte final un escalofrío. Como aquel que sentí cuando escuché esa historia de la chica acampada. Ya sabéis cual, ¿no? Es igual os la voy a contar: una chica va sola por un bosque, haciendo senderismo y fotos a todo lo que le llama la atención. Por la noche duerme en su tienda de campaña y por la mañana, después de desayunar decide ver las fotos que hizo el día anterior. Ve los hayedos, los troncos con musgo, las hojas, el río, y… varias fotos de ella durmiendo en el interior de la tienda.  Así acaba la historia.

¿Qué? ¿La conocíais? ¿Acojona o no? Pues así me quedé yo al final de este libro. Con un ligero escalofrío.

Pero me estoy anticipando. Lo cierto es que me alegró comprobar que esta no era una novela típica de esas en las que se oyen ruidos raros o se abre una puerta de repente o en la habitación hace un frío que pela cuando segundos antes se estaba tan bien, ni aparecen o desaparecen cosas… (salvo Julian, claro). No. Afortunadamente, Hand huye de los estereotipos de casas embrujadas y deja el peso tanto a los protagonistas y sus recuerdos (confiables o no después de dos décadas) y al lector, que será quien finalmente busque una interpretación a lo sucedido, pues Hand no nos la va a dar.

La atmósfera creada, tanto en el interior de la casa, como en los recelos de los lugareños a según qué cosas, la taberna en la que algunos componentes cantarán para sacar algo de dinero… serán aspectos que van a darnos pistas para que cada uno saque sus conclusiones.

Wylding Hall se lee con facilidad, y el acierto de una estructura basada en el constante cambio de narrador, a modo de monólogos interiores, agiliza esa lectura. Todo lo relativo al proceso musical está muy bien llevado y a medida que avanzamos en la trama, el desasosiego va también en progresivo aumento.

El final, aunque se ve venir, es de los que te ponen los pelos de punta. Pocas veces he tenido una sensación así con un libro, a pesar de que el recurso no es nuevo y de, repito, verlo venir.

He aquí un ejemplo de gótico sobrenatural en pleno siglo XXI. He aquí una entretenidísima y aterradora lectura. Escalofriante.

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