
Anatomía de un instante, de Javier Cercas

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La serie–bombazo The walking dead tiene dos tipos principales de espectador. Uno de ellos es aquel a quien gustan las escenas de emboscadas de muertos vivientes, los tiroteos, las carreras para salvar el pellejo, los purulentos cráneos de los zombis estallando como piñatas bajo el impacto de las balas. The walking dead recrea, para ellos, un mundo de fantasía y de acción en el cual ellos pueden identificarse con los protagonistas.
Vale, pues a ese tipo de espectador es al que menos le gustará el libro The walking dead; mejor harán comprándose el cómic en el que está basado. El otro grupo es el público objetivo de The walking dead (el libro): los que ven la serie importándoles menos los zombis y las escenas de acción que el desarrollo de los personajes y sus conflictos como personas que nacen a un nuevo mundo y deben aprender a desenvolverse y a sobrevivir en él: un mundo en el que todas las estructuras fabricadas por el hombre, las máscaras de nuestra civilización, han caído, y el hombre puede ser un lobo para el hombre o puede ser su mejor amigo (normalmente, lo primero, parece decir la serie The walking dead).
Y es que el libro de Errata Naturae es, en realidad, un manual de filosofía (no se asusten; es filosofía accesible) que utiliza ese nuevo mundo posapocalíptico como excusa para proponernos unas cuantas reflexiones. Son diez los autores que participan –sin contar con Edgar Allan Poe, autor del cuento con el que se cierra el libro–, con nueve ensayos y un relato. Los autores son todos fans de The walking dead, la serie, y la mayoría lo son también (o principalmente) del cómic. Hay algún autor que viene precisamente del mundo del cómic, algún otro que es filólogo o escritor… pero la mayoría son filósofos.
En los ensayos, hay de todo y la mayoría están muy bien (si bien hay alguno que chirría un poco): los hay que participan del espíritu pachanguero y gamberro de la cultura popular en torno a los zombis (por cierto, si algún agente de castings está leyendo esto, ¡yo también quiero hacer de zombi empanada en la tele!), hay otros que nos ilustran sobre The walking dead en cuanto obra literaria y narrativa de primer nivel; pero los que yo he leído con más interés tratan del mundo de humanos y zombis desde un punto de vista filosófico. En esta vertiente, el zombi sirve de excusa para pensar en nosotros mismos y en el mundo que hemos construido.
Los ensayos que más me han gustado son Monstruos de la modernidad, de Stephen Brett Greeley, en el que se nos invita a preguntarnos si no somos nosotros ya los verdaderos muertos vivientes, más atentos a la pantalla de nuestros robots electrónicos que a la persona que tenemos al lado, y dejándonos dominar por poderes fácticos que nos han usurpado la voluntad y el control sobre nuestra vida; El horror de la humanidad, de Julia Round, sobre la vigencia del existencialismo y el anclaje del mundo zombi en esa filosofía; y, mi favorito, ¿Eres cereeeeeebro solamente o algo más?, de Gordon Hawkes, donde se nos presenta el interesantísimo concepto de zombie filosófico (sí, los zombies son una realidad lógica) y los muertos vivientes sirven para debatir, nada menos, sobre el dualismo y la posible trascendencia de lo humano más allá de la muerte.
Hay muchas ideas que se quedan en la mente tras cerrar The walking dead. Apocalipsis zombi ya. Preguntas que nos podemos hacer cada uno a nosotros mismos, y que tenemos muy pocas probabilidades de poder responder algún día: ¿quiénes seríamos nosotros, como supervivientes, en ese mundo posapocalíptico? ¿Quizá nos revelaríamos como líderes, personas con iniciativa y valentía, capaces de acciones heroicas y desinteresadas? ¿Cabe la posibilidad de que un mundo así nos obligara de una vez a ser nosotros mismos, ya sin las ataduras de la civilización, y de ese modo alcanzáramos la libertad individual para la que hemos nacido y fuéramos felices? No todo es terrorífico acerca de ese hipotético apocalipsis, y The walking dead, este magnífico libro, nos permite asomarnos a él.
espectador. Uno de ellos es aquel a quien gustan las escenas de
emboscadas de muertos vivientes, los tiroteos, las carreras para salvar
el pellejo, los purulentos cráneos de los zombis estallando como piñatas
bajo el impacto de las balas. The walking dead recrea, para ellos, un
mundo de fantasía y de acción en el cual ellos pueden identificarse con
los protagonistas.
Vale, pues a ese tipo de espectador es al que menos le gustará el libro
The walking dead; mejor harán comprándose el cómic en el que está
basado. El otro grupo es el público objetivo de The walking dead (el
libro): los que ven la serie importándoles menos los zombis y las
escenas de acción que el desarrollo de los personajes y sus conflictos
como personas que nacen a un nuevo mundo y deben aprender a
desenvolverse y a sobrevivir en él: un mundo en el que todas las
estructuras fabricadas por el hombre, las máscaras de nuestra
civilización, han caído, y el hombre puede ser un lobo para el hombre o
puede ser su mejor amigo (normalmente, lo primero, parece decir la serie
The walking dead).
Y es que el libro de Errata Naturae es, en realidad, un manual de
filosofía (no se asusten; es filosofía accesible) que utiliza ese nuevo
mundo posapocalíptico como excusa para proponernos unas cuantas
reflexiones. Son diez los autores que participan –sin contar con Edgar
Allan Poe, autor del cuento con el que se cierra el libro–, con nueve
ensayos y un relato. Los autores son todos fans de The walking dead, la
serie, y la mayoría lo son también (o principalmente) del cómic. Hay
algún autor que viene precisamente del mundo del cómic, algún otro que
es filólogo o escritor… pero la mayoría son filósofos.
En los ensayos, hay de todo y la mayoría están muy bien (si bien hay
alguno que chirría un poco): los hay que participan del espíritu
pachanguero y gamberro de la cultura popular en torno a los zombis (por
cierto, si algún agente de castings está leyendo esto, ¡yo también
quiero hacer de zombi empanada en la tele!), hay otros que nos ilustran
sobre The walking dead en cuanto obra literaria y narrativa de primer
nivel; pero los que yo he leído con más interés tratan del mundo de
humanos y zombis desde un punto de vista filosófico. En esta vertiente,
el zombi sirve de excusa para pensar en nosotros mismos y en el mundo
que hemos construido.
Los ensayos que más me han gustado son Monstruos de la modernidad, de
Stephen Brett Greeley, en el que se nos invita a preguntarnos si no
somos nosotros ya los verdaderos muertos vivientes, más atentos a la
pantalla de nuestros robots electrónicos que a la persona que tenemos al
lado, y dejándonos dominar por poderes fácticos que nos han usurpado la
voluntad y el control sobre nuestra vida; El horror de la humanidad, de
Julia Round, sobre la vigencia del existencialismo y el anclaje del
mundo zombi en esa filosofía; y, mi favorito, ¿Eres cereeeeeebro
solamente o algo más?, de Gordon Hawkes, donde se nos presenta el
interesantísimo concepto de zombie filosófico (sí, los zombies son una
realidad lógica) y los muertos vivientes sirven para debatir, nada
menos, sobre el dualismo y la posible trascendencia de lo humano más
allá de la muerte.
Hay muchas ideas que se quedan en la mente tras cerrar The walking dead.
Apocalipsis zombi ya. Preguntas que nos podemos hacer cada uno a
nosotros mismos, y que tenemos muy pocas probabilidades de poder
responder algún día: ¿quiénes seríamos nosotros, como supervivientes, en
ese mundo posapocalíptico? ¿Quizá nos revelaríamos como líderes,
personas con iniciativa y valentía, capaces de acciones heroicas y
desinteresadas? ¿Cabe la posibilidad de que un mundo así nos obligara de
una vez a ser nosotros mismos, ya sin las ataduras de la civilización, y
de ese modo alcanzáramos la libertad individual para la que hemos nacido
y fuéramos felices? No todo es terrorífico acerca de ese hipotético
apocalipsis, y The walking dead, este magnífico libro, nos permite
asomarnos a él.


Ahora mi hija ya es una adolescente “encantadora”, una jovencita que come y duerme perfectamente, así que no es ella la causante de la lectura de este libro que hoy les traigo. Tampoco soy yo la que padece de insomnio, ¡que va!, yo duermo ocho horas al día, y si me dejan más, pues más, y al llegar a la cama he de taparme con rapidez pues caigo en ella perdiendo directamente el conocimiento, si es que algo de eso creen que aun tengo.
Este libro me pareció curioso porque, vista la gran labor que el Dr. Estevill realizó implantando los buenos hábitos a tantos niños y padres para que aprendieran a dormir, he pensado que sería interesante ver que es lo que está pasando con la falta de sueño en adultos, pues veo a mi alrededor a muchas personas que se quejan de no poder dormir e intuyo que quizá este libro les pueda ayudar.
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El mundo sería un lugar mucho mejor si hubiera más gente feliz. ¿Obviedad? Puede que lo sea. Pero viendo como andan las cosas a nuestro alrededor, cualquier lo diría, ¿no creéis? Todos los días nos enfrentamos a problemas, malentendidos, situaciones estresantes, ante las que no podemos hacer frente, o al menos eso creemos. Realmente no se trata de que no podamos, simplemente es que, por mucho que lo intentemos, no conseguimos ver la solución. Libros de autoayuda, terapias milagrosas, amuletos de la buena suerte. Hay un fin sin de métodos que proclaman que atraerán nuestra felicidad y que si somos capaces de conseguirlos, ya nada puede ocurrir. Bien, ¿es eso cierto? ¿realmente hay un poder místico más allá de nosotros que nos haga ser más felices? Y lo que es más importante, ¿qué es lo que nos puede ayudar a que desaparezca esa tristeza que nos inunda por momentos? Muy sencillo: tú mismo.
¿Qué diferencia hay entonces, os preguntaréis, en este “El arte de no amargarse la vida” de otros manuales, de otros libros que proclaman conseguir tu felicidad por encima de todo? Yo os lo voy a decir: una voz, como la de Rafael Santandreu, que dice claramente, por una vez, todo aquello que yo siempre había pensado: que no hay varitas mágicas, simplemente amor a nosotros mismos y a los demás.
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¿Somos personas predispuestas a que nos manipulen? ¿Son, en todos los casos, los otros los culpables de ciertas situaciones de manipulación o fraude? ¿Quién puede decir aquello de “yo soy demasiado listo para ser manipulado”? En un mundo donde los límites entre lo que realmente necesitamos y lo que nos hacen necesitar es tan difuso, ciertas preguntas como las anteriores no tienen una respuesta clara. Es por ello que, muchas veces, nos encontramos ante momentos en los que no sabemos muy bien qué nos ha sucedido, qué nos ha pasado, cuando nos damos cuenta de que alguien se ha aprovechado de nosotros, ha abusado de nuestra confianza, y todo sin que, aparentemente, nos hayamos dado cuenta, sin que hayamos sido verdaderamente conscientes de que nuestra vida estaba en manos de alguien que sólo miraba por sus propios intereses. Así que, ¿por qué nos pasa esto?
Marie – France Hirigoyen es una de las psiquiatras más reconocidas en el ámbito del acoso moral. Trabajos anteriores han supuesto un punto y aparte en cuanto a legislación del tema se refiere. Ahora, nos propone un nuevo rumbo, un nuevo viaje por el mundo de las manipulaciones, de los fraudes, de los timos emocionales, que tantas veces acusan a las personas pero que, paradójicamente, permanecen tan invisibles.
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La historia del mundo en 100 objetos, | ¡La exclusiva!, de Annalena Mcafee | Los ninjas de Kôga, de Yamada Futârô |
Ya quedan pocas semanas para que acabe octubre, pero nosotros no descansamos y os queremos ofrecer a todos vosotros, los que nos seguís día a día, las últimas novedades literarias que nos han llegado y que, muy pronto, podréis ver reseñadas en el blog.
Para empezar, de la mano de Debate os ofrecemos uno de esos ensayos sobre la historia del mundo, desde una perspectiva original. En “La historia del mundo en 100 objetos” podremos ver una visión de lo que ha sido la historia de la humanidad a través de aquellos objetos más representativos de cada época. Sin duda, una visión diferente sobre lo que fue y es la Historia con mayúscula, escrita por el historiador Neil Macgregor.
Seguimos con “¡La exclusiva!” de Annalena McAfee, en el que nos introduciremos en el mundo del periodismo desde una mirada irónica e incisiva. Una de esas historias que sacan las luces y las sombras de una profesión que es más que eso, que puede convertirse en un modo de vida. Una novela que Anagrama nos regala para que podamos disfrutarla como un pequeño caramelo que se deshace en nuestra boca.
Terminaremos este nuevo boletín de novedades presentando una de esas novelas que nos trasladan a otra época, a la del Japón feudal, y en la que podremos descubrir mucho más sobre este apasionante mundo gracias a Quaterni en su “Los ninjas de Kogâ”. Una obra del aclamado autor japonés Yamada Futârô que, como es evidente, no dejará indiferente a nadie.


Así como la literatura nos enseña partes de una realidad que creíamos desconocida, la fotografía nos hace una representación de ésta, la retrata, enfocando con el objetivo, pulsando un simple botón, pero capturando para nosotros la luz, las sombras, y en definitiva, el reflejo de una imagen para que los observadores de la imagen puedan darle un sentido determinado. Los fotógrafos son pequeños artistas que, con una herramienta a veces sencilla, crean sensaciones que oscilan entre la ternura más profunda o el odio más visceral. Esa es la magia de la fotografía, de la imagen impresa, del retrato de un mundo que aparece ante nosotros, con o sin retoques, para que podamos ser capaces de lo que nos depara nuestra existencia.
“Fotografías, The New York Times Magazine” es un compendio de algunos de los mejores trabajos realizados hasta la fecha en materia de fotografía. Hasta ahí, podría parecer un simple libro de ensayo, uno de tantos. Pero dentro de sus páginas, dentro de cada una de las imágenes que aparecen en este libro, hay una historia, una vida. Y somos nosotros los que tenemos que darle nuestra propia existencia.
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Luego de leer Cleopatra, estoy seguro de que si la reina del Nilo se levantara de su tumba (si es que está enterrada en algún lugar) y se encontrara con todo lo que se dice sobre ella elegiría volver a envenenarse y seguir descansando en paz.
Como bien explica Stacy Schiff, la autora de este interesante libro, Cleopatra es tal vez una de las celebridades del pasado más mencionadas (está presente en libros, películas perfumes, cajetillas de cigarrillos, obras de teatro y hasta en el nombre de un satélite) pero a la vez una de las menos conocidas y más falseadas de la historia. Cleopatra fue de todo, pero nunca fue como todos dicen que fue… o al menos no al extremo que lo dicen.


Aníbal Lecter en El silencio de los corderos, Jigsaw en Saw, John Doe en Se7en… Son personajes muy conocidos de la cultura popular actual. Tienen en común ser asesinos en serie de conocidas películas. Hay un sinnúmero más de la misma especie en películas, novelas, cómics y otros productos de la industria cultural. Ahora bien, si algún incauto lector o espectador ha adquirido de tales productos todo su conocimiento sobre los verdaderos asesinos en serie, va listo si algún día se cruza con uno de ellos y pretende identificarlo. Y es que los asesinos en serie de la vida real y los de ficción se parecen tanto como un huevo a una castaña. No lo digo yo, sino Robert K. Ressler, probablemente la mayor autoridad mundial hoy día en asesinos en serie –fue él la persona que acuñó ese término, “asesino en serie”, y fue en 1974, o sea, ayer al mediodía–, agente especial del FBI durante 20 años y criminólogo, y autor del interesante libro Asesinos en serie.
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Pasa como los héroes a los que nunca se los baja del bronce que adorna una plaza: sabemos quienes fueron, pero nos lo venden tan idealizados que inconscientemente no nos terminamos de creer que equis persona existió de verdad, sufrió las derrotas y festejó las victorias. Es imposible imaginar a San Martín, Hitler o Napoleón yendo al baño.
Las guerras siempre parecen pasar en otros lados, lejanas, irreales. Por suerte existen escritores como Michael Jones que logran todo lo contrario, y todo lo contrario es excelente, porque no solo nos cuentan la historia sino que nos la hacen sentir como si la estuviéramos viviendo.


Los problemas son, por su definición, dificultades que se producen en la vida que tienen una solución complicada. Todos nos enfrentamos a ellos en el día a día. Los hay pequeños, grandes, y algunos enormes. Es entonces cuando pensamos que, hagamos lo que hagamos, nada tendrá solución, nada de lo que podamos decir o hacer nos llevará al final del túnel, para poder salir y decirnos a nosotros mismos: lo he conseguido. Pero, ¿qué me diríais si hubiera un método que te ayudara con los problemas de una forma eficaz? ¿Qué pensaríais si, después de muchas lecturas, de libros y libros de autoayuda leídos os dijera que estamos ante lago diferente? Hay dos opciones: mirarlo con reticencia, como si hubiera algo oculto o abrir la mente y acercarse a él. Yo he elegido la segunda opción, y aquí tenéis “El método”.
Una serie de herramientas, un proceso de trabajo constante y fuerza de voluntad. Esas son las premisas de “El método” y lo que nos proponen los autores, en un relato sencillo y práctico sobre los problemas cotidianos y alguna de las maneras de resolverlos por nuestra cuenta. Un modelo de terapia revolucionario que nos cambia desde dentro, nunca desde fuera.


-¿Qué es mejor que Woody Allen?
-Una película de Woody Allen
En una cruzada por el bien de la humanidad, Tusquets se lanzó a publicar los guiones de las películas más llamativas de Woody Allen, en español y de forma completa. Annie Hall es solamente uno de los tantos manuscritos al que puede acceder al lector si prefiere darle una chance al Allen escrito y no visual. Si bien el cine es imagen, este director y actor puede dar lo mejor de sí también a través de un texto.
Sin saber por qué, Annie Hall fue una de las primeras películas que vi de Woody Allen fuera del circuito de las últimas conocidas. Este film fue una revelación para mí en cuanto al guión. Si bien el libro no es lo más original, fue el relato de los hechos, el ritmo y los diálogos los que hicieron de esta película una de mis favoritas de todos los tiempos. Para mí, ver cada una de las escenas era leer una novela; las palabras se destacaba por sobre la visual y el ingenio era tal que me provocaba risitas cómplices, emoción y ansiedad. Una completa trampa sin salida.