
La huella del pájaro, de Max Bentow

Sigue leyendo La huella del pájaro


Sigue leyendo La huella del pájaro




Los hijos de Nobodaddy reúne tres novelas de Arno Schmidt que podrían ser los tres actos de una misma obra: una mordaz sátira sobre la estupidez desde la infamia del nazismo hasta el apocalipsis de una hipotética Tercera Guerra Mundial.
Debería tomar notas, pero entonces, como suelo aprovechar cualquier momento y lugar para leer, además de con los libros tendría que cargar con cuaderno y lápices. En lugar de eso, he cogido la costumbre de ir marcando las páginas que contienen los fragmentos que quiero recordar más adelante, cuando me ponga a escribir el correspondiente comentario. No es una solución muy elegante, pero es práctica.
El caso es que cuando terminé del leer Los hijos de Nobodaddy, no exagero mucho si digo que tenía más páginas marcadas que sin marcar. Y no debería extrañarme; el libro me sorprendió y me enganchó, en él abundan los párrafos memorables y las reflexiones lúcidas y la forma de escribir de Arno Schmidt hace que cada fragmento sea una pequeña obra literaria con entidad narrativa propia.
Sin embargo, a la hora de escribir esta recomendación, me he quedado bloqueado. Llevo semanas dándole vueltas, escribiendo, borrando y volviendo a escribir, y no avanzo. Desde luego, no ha sido por falta de material —en todo caso sería por exceso—, pero ahora veo cuál fue el error: desde el principio quise tomar el camino fácil e intentar reducir Los hijos de Nobodaddy a un par de conceptos, a una idea central. Y ese camino no lleva a ninguna parte.
Sigue leyendo Los hijos de Nobodaddy

Joseph Roth (1894-1939) es un autor bastante desconocido para el gran público y que jamás halló en vida el reconocimiento que merecía. Su vida parece haber sido rica en calamidades, y su muerte fue un broche igualmente triste a esa vida: falleció en el exilio, en París, alcoholizado y solo. Era judío y su familia desapareció en campos de concentración; su mujer, esquizofrénica, fue asesinada por aplicación de leyes eugenésicas.Imposible saber si, de no ser por tantos infortunios –la persecución por parte del nazismo, la decadencia y muerte del país donde nació –el Imperio Austrohúngaro–, el exilio, su vida personal, etcétera–, Joseph Roth habría sido el genial escritor que fue. Y no me ha hecho falta leer gran parte de su obra; me han bastado las 220 páginas de las que consta El profeta mudo, obrita de 1929 que se creía perdida y se publicó por primera vez en 1956. Es, en efecto, la obra de un genio.


Pensar. Reflexionar. Ponerse en el lugar de los personajes. Son verbos y situaciones que todos conocemos. Y sin embargo, muchas veces nos es complicado que nos sucedan con un libro. Bien sea porque el argumento es poco convincente, porque es pura ciencia ficción o porque, en el peor de los casos, no logramos congeniar con ninguna de las personas que desfilan ante nuestros ojos. Pero, ¿qué sucede cuando, en un libro, conseguimos trasladarnos a su mundo y nos sentimos igual que el personaje principal, odiamos al secundario de turno, o nos encoge el corazón la trama hasta el punto de tener que dejar de leer durante unos minutos? Pues que estamos ante una gran historia. Y eso es lo que nos vamos a encontrar aquí, en esta “Casa de verano con piscina” que no dice mucho de por sí, pero que encierra dosis extremas de realidad (y no precisamente de la más delicada).
Un médico que no dedica a sus pacientes ningún cuidado. Un matrimonio feliz, pero en el fondo desgraciado. Unas hijas que crecen a marchas forzadas y que empiezan a despertar los primeros sentimientos. Un actor enfermo, casado con una mujer que cautiva en las distancias cortas. Y un incidente que va a hacer que todas las relaciones caigan en picado, se revuelvan, y acaben en un final que nadie esperaba en un principio.
Sigue leyendo Casa de verano con piscina


Una novela placentera e intensa como una larga caminata por el bosque.
Me gusta caminar. Reconozco que muy pocas veces lo hago, que con las prisas y las obligaciones diarias, siempre termino yendo a todas partes en coche, pero siempre me ha gustado. No me refiero a pasear, o a aprovechar que tengo que ir de un lugar a otro para hacer algo de ejercicio; lo que realmente me gusta es deambular por la ciudad, apartarme de la ruta más razonable entre el origen y el destino y volver a encontrarla casi por casualidad, recorrer, a buen paso pero sin prisa por llegar, calles desconocidas.
Algo parecido me sucede con los libros: cuando durante una lectura se menciona un título o un autor, se abre ante mí una nueva calle por la que no puedo dejar de transitar, un camino hacia quién sabe qué nuevos barrios literarios. A fin de cuentas, ¿quién puede dejar de leer El coronel Chabert después de las páginas que le dedica Javier Marías en Los enamoramientos? ¿Quién es capaz sustraerse a la curiosidad de disfrutar de la fascinante prosa de Sir Thomas Browne al cerrar las páginas de Los anillos de Saturno de Sebald —otro gran caminante, por cierto—?
Sigue leyendo Los hermanos Tanner




Hace muchos, muchos años… Bueno, quizá no tantos… Hace algunos años, había un apuesto y valeroso joven al que le atraían mucho los cuentos folklóricos. Un día este joven conoció a una hermosa doncella venida de tierras germánicas. Los dos se enamoraron, y el chico decidió estudiar la lengua de su amada. Tras aprobar primero de alemán en la EOI, nuestro héroe, que era muy osado, entró en una tienda y, con gran donaire, le dijo al tendero: dadme ese libro tan gordo de los hermanos Grimm en alemán…
El cuento acababa así: tras un arriesgado viaje por el mundo de los Grimm, nuestro héroe descubría un par de cosas. Una, que con pasión, cierta facilidad para las lenguas, y la ayuda de su enamorada, bien pronto aprendió el vocabulario básico (bruja, lobo, pozo, castillo, rana, sangre, Virgen…) y fue capaz de entender la mayor parte de los cuentos. Y dos, que lo que se consideraban cuentos infantiles, en su versión original desbordaban crueldad a raudales. Por el contrario, la versión conocida en su reino había sufrido una operación de cirugía plástica que los había vuelto irreconocibles, y los había hecho aptos para el público… adulto.


Hablar de Daniel Glattauer es hablar de amor, eso ya lo sabemos. Lo que pasa es que esta vez no hablaremos del mismo tipo de amor con el que nos atrapó en Contra el viento del norte y Cada siete olas. Y es que en efecto en este nuevo libro el autor nos sorprende llevando el sentimiento al extremo, a lo anormal, a un estado más propio de la paranoia y la locura que no al romanticismo. Pero vayamos por pasos.
Siempre tuyo empieza en un escenario de lo más corriente: un supermercado. Allí un arquitecto simpatiquísimo y de sonrisa perfecta atropella accidentalmente con su carrito a Judith, la rubia y atractiva dueña de una tienda de lámparas. Hasta ahí todo bien. Perfecto, de hecho, pues de ese fortuito encuentro surge una relación que cualquiera podría considerar ideal. Él, Hannes, se enamora al instante. A medida que van pasando las páginas, vemos que realmente siente devoción por ella. La ama, no hay duda. ¿Y Judith? Bueno, ella también, claro. Es inevitable no querer al hombre perfecto, guapo, listo, atento y que además te hace sentir como la mejor y más bella persona del planeta. ¿Qué mujer no sueña con tal príncipe azul?


¿Puede la trama de un libro ser poco importante? ¿Puede no tener relevancia que les sucede a los personajes? ¿Puede ser algo que quede en segundo plano? Por supuesto que sí, cuando se tiene algo más que ofrecer al lector. Con este autor poco me importa lo que dice la contraportada, sé que va a garantizarme un estilo de escritura tan distinto que uno tiene que respirar profundo y luego lanzarse a la lectura. No me interesó mucho la historia, me interesó como la cuenta. Así se puede leer perfecto Sí de Thomas Bernhard.
Cosas básicas de la trama: el personaje principal no tiene nombre, habla al lector en primera persona y admite vivir encerrado sin contacto con el mundo. Excepto Moritz. Y esta conexión un día lo conduce a conocer a los Suizos: el Suizo y a su señora, la Persa. No sabemos los nombres, pero sí sus empleos, sus actitudes.
Este personaje que cuenta al lector comienza a sentirse cercano a la Persa. Comienzan los paseos y el desvarío de esa voz que habla constantemente sobre su aislamiento, su pérdida del rumbo y su gran inteligencia ligada a Schumann y Schopenhauer. Reflexiona sobre su música y su filosofía y fluye hasta que conoce a los Suizos.


Michael Ende es un autor al que en su día descubrí a través de “La historia interminable” (1979), ese magnifico libro en el que me presentó a Bastián y me cautivó con este mundo de fantasía en el que venía a mostrarnos como uno puede quedar atrapado por la literatura.


Uno de los primeros relatos escritos sobre el Holocausto y también uno de los más lúcidos y valientes; uno de los imprescindibles.
Suelo intentar, al escribir una reseña, no centrarme sólo y exclusivamente en el libro. Me gusta llegar al argumento indirectamente, introduciéndolo a partir de otros temas que puedan resultar interesantes, escribir sobre la vida del autor, darles una idea del argumento sin llegar a destriparlo y, sobre todo, transmitirles mis sensaciones al leer el libro. Además, quisiera hacerlo con un tono cercano y ameno. Sé que la inmensa mayoría de las veces todo queda en simple retórica, pero lo sigo intentado. Pero hoy no. Hoy, después de leer Mía es la venganza, no me parece razonable jugar con las palabras. Una historia como esta, sobre un tema como este, no admite lucimientos; sería, como poco, una frivolidad imperdonable.
El título ya impresiona: Mía es la venganza es una sentencia que aparece varias veces enla Biblia. Con ella se indica a los fieles que, a pesar de que sufran persecución o sean víctimas de todo tipo de injusticias, deben dejar la venganza en manos del Señor; Él castigará a los culpables cuando llegue el momento.
[Haz clic en “Leer más” para seguir leyendo la reseña de este libro]
Sigue leyendo Mía es la venganza