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Locas 1

Locas 1

Locas 1, de Jaime Hernández

Locas 1Dicen los que saben de esto que la novela gráfica está viviendo su edad dorada. Desconozco hasta qué punto eso es así, pero no me cabe duda de que, entre las constantes novedades y las reediciones de clásicos, el lector recién llegado a este género se siente como un niño en una tienda de juguetes. Nos invade la misma emoción y la misma frustración que a ellos, al saber que no vamos a dar abasto aunque nos limitemos a las obras grandes grandísimas, como la de hoy.

Locas 1, de Jaime Hernández, tenía a priori algunas de las etiquetas que, con mis gigantescos prejuicios y mayor ignorancia, más rechazo me producen… ah, pero sospecho que no soy el único. Decidme si no: ¿regalaríais a vuestra pareja una novela gráfica underground, que mezcla el punk con la ciencia ficción, y que tiene entre sus muchos personajes a un empresario con cuernos y una mujer llamada Rena Titañón, campeona de lucha libre? ¿No? Pues mal hecho.

Jaime Hernández es hermano de Beto, y juntos revolucionaron la escena del comic alternativo en los años 80 con la creación de Love and Rockets. En ese tebeo, por recuperar el término más tradicional y menos ambiguo, nacieron las dos grandes creaciones de los hermanos Hernández, la saga de Palomar, de Beto, y la que nos ocupa, que también se conoce como Hoppers 13.

Locas y Dickens… ¿y de qué habla ahora este tío?, me diréis. Bueno, si tenemos en cuenta que en esta novela nos encontramos con dinosaurios, cohetes, motos que flotan en el aire y millonarios que compran países, mencionar aquí al autor inglés tampoco es tan surrealista. Y serán cosas mías, pero se me ocurre que el modo en que Hernández publicó estas historias, a lo largo de varias décadas, no se aleja tanto del folletín por entregas del XIX, y que esto se refleja claramente en la obra.

En ese sentido, dudo mucho que el volumen que tengo en las manos y que hemos dado en llamar novela gráfica naciera con vocación de novela. Parece constar, más bien, de una serie de historias más cohesionadas o menos, cuidadosamente enlazadas o no, cuyo hilo a veces nos transporta a través de decenas de páginas, mientras que otras veces nos hacen apearnos en la segunda. En consecuencia, el lector alérgico a lo underground y lo alternativo tendrá la sensación inicial de caos, de historias sin pies ni cabeza, de haberse embarcado en un viaje a ninguna parte. Pero entre tanto desconcierto, notamos que algo tira de nosotros, y ese algo son los personajes.

Margarita, Esperanza, Beatriz e Isabel, más conocidas como Maggie Chascarrillo, Hopey Glass, Penny Century e Izzy Reubens, entre muchas más, son un grupo de adolescentes chicanas aficionadas al punk rock que viven en California. En Locas 1, las seguimos en sus borracheras, sus peleas, sus relaciones hetero u homosexuales, sus recuerdos, sus trabajos y sus viajes al otro confín del mundo para reparar un cohete o huir de la fama. Poco a poco, el lector va aceptando las reglas que le propone Hernández y empieza a sentir que tampoco es tan difícil habitar este mundo subterráneo y punk. Hay un señor que tiene cuernos, es cierto; hay dinosaurios, vale; los mecánicos prosolares tienen fama mundial, de acuerdo. Pero los retratos de los personajes son magistrales y no tienen nada que envidiar a vuestro autor favorito, ése que profundiza tanto en la descripción psicológica más sutil.

Las historias de Locas 1 respiran vida y nos remiten a nuestra tardía adolescencia, de la que nos resistíamos a salir pese a que tenía más de asfixiante que de feliz. Compartieron penas y alegrías con ellas los afortunados lectores que conocieron a Maggie y compañía allá por los 80, y que han tenido el privilegio de crecer y madurar con ellas. Hoy Maggie tiene más de cuarenta años, y servidor se frota las manos al pensar en lo que le falta todavía por leer de esta serie.

Así que, si seguís con prejuicios, sustituid underground por diversión, punk por irreverencia, y estaréis listos para disfrutar de literatura de alta graduación, nunca mejor dicho.

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Cómo se hizo La guerra de los zombis, de Aleksandar Hemon

Cómo se hizo La guerra de los zombisSalirse del guión es una cosa que se me da bastante bien. Ni siquiera iba a empezar esta reseña hablando de esto. Así de bueno soy. Acabo siempre esquivando las balas y los conflictos de un modo preocupante. Y justo así me vi entre las páginas de Cómo se hizo La guerra de los zombis. Creo que huía de algún otro libro al que no quería hacer frente y acabé leyendo este otro donde el protagonista también está huyendo de todo lo que se le viene encima. Y así estamos, él y yo, viendo cómo las cosas que deberíamos enderezar acaban más torcidas por nuestra decisión de no actuar. No, no estoy proyectando. No estoy leyendo entre líneas mi propia biografía. Solo digo que Aleksandar Hemon ha llegado para hablarnos de ese nuevo personaje que abunda en las novelas de las editoriales independientes y en las películas propias de Sundance. Sí, el escapista moderno tiene su propia producción audiovisual y cuenta con toda una bibliografía para radiografiarlo. Es fácil identificarse con él. Cómo se hizo La guerra de los zombis es el último signo divisado del florecimiento de los huidizos. Aquí no hay zombis al uso. Aquí lo que huele a muerto y no deja de perseguirnos es nuestra necesidad de madurar.

Josh Levin, protagonista y causante de que hoy esté aquí hablando de esta novela, ha pasado la treintena y su futuro sigue siendo bastante incierto. Trabaja de profesor de inglés para inmigrantes hostiles y sueña con ser el próximo guionista en parir el blockbuster del siglo. Sus guiones no son nada del otro mundo, aún. Y la relación que mantiene con su novia es del todo normal, aún. Tras un momento de debilidad, una serie de consecuencias del todo inimaginables empezarán a acampar a sus anchas en el salón de nuestro protagonista. Hay mujeres, infidelidades, maridos trastocados por la guerra, la sombra alargada del 11S y un casero con una katana dispuesto a usarla. Todo lo que parecía controlado y seguro pierde su estatus para convertirse en un campo de minas que Josh se verá forzado a cruzar. Todas las posibilidades en las que un desastre puede manifestarse se verán recogidas en estas páginas. Una transición de niño a adulto a marchas forzadas que pondrá en perspectiva qué relación mantenemos con lo extraño y lo familiar. Sigue leyendo Cómo se hizo La guerra de los zombis, de Aleksandar Hemon

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La insólita pasión del vendedor de lencería, de Asako Hiruta

La insólita pasión del vendedor de lencería

la-insólita-pasión-del-vendedor-de-lenceríaTodos tenemos un gran amor. Algunos tienen un par de ellos, tres o cuatro incluso, o son tan enamoradizos que encuentran a la persona de sus sueños cada mes. Pasa igual con los libros: los que nos atraviesan el corazón de manera definitiva son unos pocos, que recordamos toda la vida y a los que intentamos regresar siempre que las circunstancias lo permiten.
Pero eso no impide que muchos, entre cada gran amor, entretengan la espera con amores pequeños, con aventuras de fin de semana que en muchos casos dejan como resultado el lunes una sonrisa en la boca y un teléfono que borrar la semana siguiente. Lo mismo con los libros, con las lecturas, más que nada porque si uno pasara la existencia leyendo los libros de su vida, entonces la estaría leyendo más que vivirla.
La insólita pasión del vendedor de lencería, de Asako Hiruta, ha sido mi rollo de fin de semana. Se lo he confesado a mi novia ya, que me lo ha perdonado, así que puedo escribirlo aquí tranquilamente. Lo he leído en ratos extraños, a las ocho de la mañana de un día de diario, a las doce de la noche de otro, mientras mi novia dormía la siesta y en Madrid comenzaba el infierno del verano. Ahora que lo he terminado sé que no sentiré ansiedad por volver a verlo, que quizá no regrese nunca a él para releer con avidez alguno de los pasajes y que lo mismo dentro de un par de años o tres ni siquiera pueda citarlo entre los libros memorables de dos mil dieciséis.

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El viejo del puente, de Ernest Hemingway

El viejo del puente

El viejo del puenteDecía Hemingway que basta contar una octava parte de la historia y dejar que el lector rellene los huecos con sus interpretaciones y sentimientos. Como un iceberg que solo asoma la punta, pero que esconde bajo el agua toda su grandeza. El viejo del puente es un ejemplo perfecto de ese peculiar estilo narrativo: un relato corto que cuenta la conversación entre un soldado republicano y un anciano sentado en un puente, mientras centenares de campesinos huyen de una ofensiva fascista. Durante su época de corresponsal de guerra para Ken Magazine, Hemingway plasmó este momento, que a simple vista parece anecdótico, para explicar la caída de Teruel durante la Guerra Civil española. Sigue leyendo El viejo del puente, de Ernest Hemingway

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El último de la estirpe, de Fleur Jaeggy

El último de la estirpe

El último de la estirpeSon los pasos que se adivinan, los que no se oyen, los que te erizan el pelo, no ya por terror, sino por la sensación de que algo se mueve como si fuera una mano invisible que, con tiza, escribe en una pizarra señuelos y mapas de lugares donde se aparecen cosas que no te explicas, o que, aunque lo haces, no deberían estar allí. Y no tiene necesariamente que, como he dicho, ser una imagen terrorífica o un aire indeseado o una relevante impresión. No, no tienen que ser esas cosas, pudieran ser partes de ti mismo deseadas o esperadas, pasadas o futuras. Pero, como fantasmas de seres queridos, como fotografías de pasados mejores, como inmortales lecciones de profesores olvidados, ser tan furiosamente queridos como lánguidamente comenzados a olvidar; ya que parecen ser parte de un sueño que se materializa por última vez, parecen velas que comienzan a gotear sus ultimas ceras, palacios que ven derrumbarse el tejado, en un estruendo de pájaros sin nombre, piedras poderosas y madera carcomida. “El último de la estirpe” posee el olor de la sutil decadencia y del silencioso destino de las cosas que pasaron o, eres plenamente consciente de que hagas lo que hagas, van a pasar…

Las imágenes del espejo en sombra, las personas que no pueden despedirse, los sermones de consolación, las habitaciones vacías, los muertos sin nombre, todos, son el último recurso de la vida para mostrarnos que todo cuanto se ha ido se queda en los rincones del angulo muerto entre la mente y los sentidos.”El último de la estirpe” son los relatos sobre gente ausente, sobre figuras, compactas o etéreas, que parecen dominar el presente y el futuro desde su nostalgia poderosa. Son historias sobre mundos reales y sobre mundos desaparecidos, que parecen disolver sus contornos hasta mezclar vida y muerte, pasado y presente.

Revolver entre los veinte cuentos que componen el libro supone descubrir pasillos que llevan a habitaciones solitarias donde encuentras a Ingebor Bachmann, o, en otra, a Oliver Sacks, o el más bello es el hipnótico aposento donde Fleur Jaeggy dejó reposar sus recuerdos de Iosif Brodsky, lleno de lugares sin olvido y olvidos llenos de lugares. Sigue leyendo El último de la estirpe, de Fleur Jaeggy

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Hieronymus Bosch “El Bosco”, de Nils Büttner

el-boscoTítulo: Hieronymus Bosch “El Bosco”
Autor: Nils Büttner
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 205
ISBN: 9788491043690

La primera vez que fui al Museo del Prado, como a cualquier españolito que se precie, me metieron directamente a ver a Velázquez, al que naturalmente adoro, y me parece un pintor maravilloso, lo mejor de lo mejor 😉 Pero por algún motivo me despisté y mientras todo el mundo iba a las salas programadas yo terminé frente a El Jardín de las delicias de “El Boco”; imagino que alguien debió venir a arrancarme de aquel lugar pues de no ser así aún estaría allí congelada en el tiempo, fascinada a mis trece años ante aquella maravilla de la que nadie me había hablado… ¿Qué demonios nos enseñaban en el colegio?

No recuerdo muy bien que pensé frente a aquel cuadro que ya nunca olvidaría, y que naturalmente ha sido el que me ha llevado a regresar en más ocasiones al Prado, y desde luego aquel primer encuentro me llevó a querer saber más y más de este pintor.

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Un hombre astuto, de Robertson Davies

Un hombre astuto

Un hombre astutoNo podría ajustar una definición mejor para “Un hombre astuto” que el de un ejemplo de alquimia literaria. Alquimia como mezcla y como combinación de elementos intelectuales diferentes: la maestría de la ficción que se mezcla con la de la filosofía, con la de la medicina, de la música, el arte y la religión; alquimia como ciencia iniciática desarrollada para mentes ávidas de conocimientos de cosas inciertas, inventadas y contadas a la luz de unas pocas velas y con la ventana abiertas a los oídos de los curiosos intrusos… Y esa química para hechiceros es la ciencia con la que está escrito el libro. A pesar, a veces, de parecer estar sostenido por los sólidos contrafuertes de la religión oficial, a pesar de las vigorosas fuerzas de la moralidad que parecen desarrollarse por sus páginas, a pesar de la sensación de elitismo snob que parece ocupar a algunos de los habitantes de sus hojas; a pesar de todo esa tramposa sensación, este es un escrito libre y mágico, fabricado, al parecer, por esos alquimistas, brujos y brujas que se disfrazan con vestidos de gala, que convierten el libro en una sopa de letras hervida en una marmita llena de imágenes hermosas, de humor ácido y culto, de ironía y sagacidad, de corrosión y cemento ; y cuyo resultado final es una mezcla compacta de personajes, de crónicas, de nuevos y antiguos lapsos de vida, que parecen empezar a fraguarse en el borboteo, irónico, de una sopa de recuerdos .

Hobbes, un viejo clérigo anglicano, aclamado santo por sus feligreses, muere de infarto en el púlpito y, años después, una curiosa periodista pregunta a Jonathan Hullah, viejo amigo de familia, por los acontecimientos que sucedieron entonces y por las personas y las ideas que poblaron aquellos tiempos. Jonathan utilizará esa excusa para hacer un diario con la crónica de aquella vida que conoce y conoció, desde su nacimiento hasta la vejez; y con la atención y el recuerdo puesto en las personas, ciudades, pensamientos, comportamientos, meteduras de pata, manías, escuelas, hospitales, cementerios, sacerdotes, iglesias, periodistas, hipocondríacos, curanderos, santos, borrachos, serpientes, enfermeras juiciosas…que lo rodearon, en Toronto, desde la primera parte del siglo XX, hasta cerca del final de siglo. Escritas a modo de memorias, el tiempo irá y volverá del presente al pasado, y, en cualquiera de esos tiempos, las historias se disolverán en el intento de contar la vida paso a paso, con su sincera explicación, con su profunda evocación, su desastrosa solución, su afilada ironía o su visión desenfocada.

Pero “Un hombre astuto” básicamente nos escribe sobre la historia propia de Jonathan Hullah, Su infancia, sus años escolares, la universidad, la guerra, la profesión… Y, él,  se nos aparece, entre los textos, como un improbable paradigma de hombre del renacimiento: ducho en el arte, en la música, en ciencia, en la sutileza de la retórica, del saber universal común y del saber inusual; porque él es un médico muy peculiar, que utiliza las ideas de Paracelso y de la Filosofía Perenne para diagnosticar y tratar a sus pacientes. Sus excéntricos y, a veces, expeditivos, soeces o procaces métodos van paralelos, Sigue leyendo Un hombre astuto, de Robertson Davies

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El azar y el destino, de Cees Nooteboom

El azar y el destino

El azar y el destino“Viajo y describo lo que veo desde la emoción y desde el juicio crítico. Desde entonces he viajado con frecuencia por Latinoamérica. Muchas cosas han cambiado, otras siguen igual.”

“Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría”. Así reza un proverbio árabe que se podría aplicar a Cees Nooteboom. A sus 82 años, y con decenas de libros publicados, el autor holandés sigue dando muestras de su brillantez intelectual con la publicación de su libro de viajes El azar y el destino. Aunque este no es libro de un viaje, sino de varios. Apuntes, poemas, recuerdos, relatos y vivencias de varios viajes que durante más de medio siglo ha realizado por Latinoamérica. Viajes en los que ha aprendido, ha crecido y ha hecho de Cornelis Johannes Jacobus Maria Nooteboom una persona de mundo, querido en su país y respetado en el resto, autor de ensayos, novelas, poemas y traducciones en varios idiomas. Un ejemplo de trabajo y de vida que no pasa desapercibido ni en la Academia Sueca, que siempre le tiene en la terna de eternos aspirantes al mayor galardón literario.

Esta compilación editada por Siruela tiene un corpus de lo más heterogéneo. Por sus páginas pasan pequeños poemas, anotaciones pasajeras, relatos cortos pero intensos y grandes viajes que por sí solos darían para una novela del género que tantos réditos le han dado al autor. Y todas con un denominador geográfico común, el continente americano, desde el norte mexicano al Cabo de Hornos, miles de kilómetros de naturaleza, historia y grandeza escrutados bajo la atenta mirada de un hombre sabio.

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Este es un libro sobre amor, de Paula Gicovate

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este-es-un-libro-sobre-amorTodo amor es frágil. Nunca lo subestimes. Así es como yo me quedé quieto, mudo, casi sin la respiración necesaria para seguir leyendo. Así, poco a poco, creyendo que la siguiente página supondría un nuevo puñetazo para este cuerpo al que, a veces, le duele demasiado sentir, palpitar, conocer el amor y vivirlo. Porque hay veces que, al encontrar un libro que, a su vez, te encuentra a ti, es como si te hablara. No se me ocurre otra forma de describirlo, de convertir en palabras lo que me ha sucedido con Este es un libro sobre amor. Y sí, es muy posible que, de primeras, el título no le haga justicia a un libro que, en su interior se nos presenta con una edición cuidada tanto en su forma – sus ilustraciones son de una preciosidad increíble – como en su fondo. Porque lo importante de este libro no es su título, no es ese prejuicio que me sobreviene siempre que la palabra “amor” aparece en la portada, sino que al abrirlo, al leer las palabras de Ella, de esos hombres que aparecieron y desaparecieron, que amaron y se perdieron en los hilos que se tejen y de destruyen en la vida y que terminan por unirnos o separarnos como en un juego de cartas. Pero quizás no hablemos de amor, o al menos no de una sola imagen del amor, porque en ese sentimiento universal se esconden tantos elementos como existencias se van por un sumidero de expectativas, desilusiones o, simplemente, decepciones. Todos hemos sufrido por amor. Todos hemos conocido lo que es que nos duela.

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Gatos, de Charles Bukowski

Gatos

Gatos

Si la combinación Bukowski y gatos no les estremece, no les pone la piel de gallina y les hace dar saltitos de emoción mientras aplauden cual adolescente, entonces no entiendo nada de literatura. O quizás sean ustedes los que no entienden nada. En cualquier caso, sepan que este libro está hecho para los fieles amantes de Bukowski y para los grandes admiradores de ese animal tan maravilloso que es el gato. Si este no es su caso, quizá éste no sea su libro. Pero como soy un poco cabezota, voy a darles algunos motivos para leerlo. Si después de esta reseña no he conseguido convencerles, “dejemos que corra el aire y digámonos adiós”, como dice la canción de Iván Ferreiro.

Bukowski fue un poeta sucio, muy sucio. Este escritor estadounidense, fallecido en 1994, ha sido uno de los autores más prolíficos y extravagantes de la literatura universal. Quizá el adjetivo extravagante se quede corto. Tampoco es que quiera yo faltar al respeto, pero Bukowski fue un tío raro de narices, para que me entiendan. Su excéntrico carácter y sus declaraciones en entrevistas así lo demuestran. Les invito a ver en Youtube alguna de estas entrevistas televisadas para que puedan ver con sus propios ojos a lo que me refiero. Pero Bukowski, afortunadamente, es mucho más. Es uno de esos autores que no pertenecen a ninguna generación (por mucho que intenten encasillarle en la Generación Beat). Escritor independiente y gran representante del realismo sucio, Bukowski es y será siempre una gran influencia para todo tipo de escritores. Y eso ya es mucho. Sigue leyendo Gatos, de Charles Bukowski

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Hurra, de Ben Brooks

Hurra

Hurra

Vuelvo a Ben Brooks porque desde que leí Lolito (atraída por el nombre y por esa edición tan cortina de la abuela, tan sumamente vintage) decidí que iba a leer todo lo que este autor tan gamberro escribiera. Y no defrauda.

“Hurra por la hermana que salta desde un aparcamiento de varias plantas y lleva ropa interior sin combinar. Hurra por imaginar un entierro al que van Harry Potter, las últimas vaquitas marinas y los dos Murakamis. Hurra por dormir hasta tarde, las cervezas para desayunar y los universos paralelos donde todo es un poco mejor (…)”.

Estos son algunos de los Hurra que se pueden leer en la contraportada su nueva novela.Yo quiero añadir otro: Hurra por Ben, porque lo ha vuelto a hacer, porque ha vuelto a escribir una novela hilarante y desquiciada, una novela donde los extremos se tocan, una novela que tiene sin duda el sello Brooks en cada una de sus páginas. ¿Cuál es el sello Brooks?  Es como hablar de sexo con tu abuela mientras veis El precio justo y desde tu trinchera de mantas encadenas pensamientos sobre osos polares, desodorantes y bigotes absurdos. Algo así de loco. Sigue leyendo Hurra, de Ben Brooks

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El piano oriental, de Zeina Abirached

El piano oriental

El piano orientalLo primero que debéis saber de esta novela gráfica, seleccionada como una de las grandes obras de 2015 por el Festival Internacional del Cómic de Angulema, es que está llena de sonidos.  A medio camino entre los acordes occidentales y orientales, la artista franco-libanesa, Zeina Abirached, a la que tal vez conozcáis por El juego de las golondrinas y Me acuerdo. Beirut, se retrotrae en esta ocasión al Beirut anterior a la guerra civil para contarnos en su última obra, El piano oriental, la historia de cómo su bisabuelo, Abdalah Kamanja, soñó con inventar una especie de instrumento bilingüe que fuera capaz de reproducir los compases de una y otra cultura en un mismo piano. El relato, en realidad, es una hermosa metáfora, a ritmo de semitono y de cuarto de tono oriental, de esa búsqueda insaciable, aparentemente tan necesaria hoy, por unir culturas y tender puentes.

Esos mismos puentes son los que le sirven años después a una joven Zeina Abirached para recorrer la distancia de Beirut a París y explorar su identidad a partir del idioma. Es, precisamente, la relación con sus dos lenguas maternas, el árabe y el francés, la piedra angular del otro relato que también reconstruye a lo largo de las páginas de su novela. Dos historias entremezcladas, que alternan del pasado al presente y viceversa, y que comparten el nexo común de la diversidad cultural. Sigue leyendo El piano oriental, de Zeina Abirached