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Medianoche en el campanario, de Óscar Sotillo López

Medianoche en el campanario

Medianoche en el campanarioA pesar de mi joven y tierna edad (ejem, ejem), esta señorita ya peina canas y tiene en su haber seis sobrinos maravillosos comprendidos entre los once y el año y medio de edad. Quizás por ese motivo y porque no sé muy bien si ya he madurado del todo (o quizá nunca lo haga) me gusta, de vez en cuando, leer libros para niños.

Lo cierto es que dentro del sector de literatura infantil y juvenil hay unas auténticas preciosidades de libros, ¿verdad? Hay editoriales que hacen un trabajo maravilloso y cada día se publican libros más originales y bonitos. Ya tengo algunas de mis editoriales infantiles favoritas y la verdad es que me gusta estar un poco al día de lo que se va publicando para los pequeños lectores. La importancia de que los niños empiecen a cogerle el gusto a lectura desde pequeñitos es primordial. La labor de los padres es esencial, pero también de todos los que estamos a su alrededor. Es responsabilidad de esta sociedad hacer llegar la lectura a los peques de una forma divertida y, por supuesto, inteligente. Sí, los niños son el futuro, pero ese futuro será más fácil para aquellos niños que lean y amen la lectura. Así pues, es nuestra obligación darles la oportunidad de leer a todos los niños, enseñarles a valorar y disfrutar los libros. Hagámoslo, merece la pena.

Medianoche en el campanario es un libro escrito para niños de entre ocho y trece años. Publicado por Premium editorial. Esta novela de 160 páginas ha sido escrita por el autor Óscar Sotillo López. El libro ganó el primer de narrativa infantil y juvenil de la Diputación de Córdoba en 2015. Normalmente suelo leer libros para niños más pequeños, así que me interesó mucho cuando supe que este libro había ganado dicho premio. Cuando yo tenía la edad para la que va dirigida este libro yo leía libros de El barco de vapor y cosas por el estilo. (¿Recordáis a Fray Perico y su borrico?). No sé qué leen los niños de estas edades hoy en día (aparte del omnipresente Gerónimo Stilton), así que este libro me pareció una buena oportunidad para adentrarme en este mundo.

Elia es una niña de once años que va a pasar el verano al pueblo con sus abuelos mientras sus padres disfrutan de unos días en la playa. Allí la espera su amigo Víctor, dos años mayor que ella. Pero este verano va a ser diferente. Víctor ya no es el mismo. Este verano tiene una nueva pandilla de amigos, su situación familiar ha cambiado y esa inocencia infantil parece que se ha esfumado. Elia no logra llevarse bien con los nuevos amigos de Víctor, demasiado bravucones y listillos.

Mientras tanto, una noche Elia descubre un secreto: las campanas del reloj del campanario suenan trece veces en lugar de doce al llegar la medianoche. Convencida de que se trata de un auténtico misterio, decide compartir este descubrimiento con su abuelo, quien ayudará a la pequeña a tratar de desentrañar el enigma.

Aventuras, miedos, secretos y enigmas se suceden en este verano atípico. Elia descubrirá que no todo es lo que parece y que los adultos, en ocasiones, mienten. Vivirá también esa etapa de transición entre la niñez y la adolescencia. Pero sobre todo, Elia descubrirá que la magia existe, que no importa la edad que tengamos, si creemos en ella, si aún conservamos esa pequeña esperanza, ésta siempre nos acompañará.

Medianoche en el campanario, acompañado de las ilustraciones de Pilar Leandro, es un libro lleno de aventuras y muy entretenido que seguro gustará a nuestros pequeños.

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Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal

Reparar a los vivos

Reparar a los vivosSimon Limbres tiene un accidente de tráfico. Muy grave. Se lleva la peor parte en un choque frontal cuando vuelve de hacer surf con unos amigos y queda en estado crítico. Este hecho, tan común como trágico, es el desencadenante de todo lo que ocurre en Reparar a los vivos, la excelente novela que lanzó a Maylis de Kerangal más allá de las fronteras francesas y que ahora incluye Anagrama en su catálogo de Compactos.
Reparar a los vivos explora con éxito la última frontera de la vida, la que la separa de la muerte. La vida que se tambalea encima de la cuerda del funambulista, a punto de caer al abismo, y las muertes de aquellos que la contemplan sin poder hacer nada, por muy unidos que estén a aquel que se la está jugando en el alambre. Entre ellos, los jóvenes padres del veinteañero Simon, sobre cuya separación aprendemos en las largas horas de sala de espera, Cordelia, la novata insegura que pasa una guardia entera pendiente de una llamada, Thomas Rémige, el enfermero que se gasta tres mil euros en un jilguero…
Ya adelanto que el argumento va más allá de la existencia incluso, y que aborda cuestiones de calado moral y científico relativas a los alrededores de la defunción. La sacralización del cuerpo, el vínculo entre el corazón y el espíritu y, sobre todo, la borrosa y discutida línea a partir de la cual se considera que todo ha terminado. Todo ello en salas de operaciones, entre cirugías, bisturís y electrocardiogramas, pero sin olvidar que detrás de siglos de evolución médica siempre se encuentran latiendo los corazones de hombres y mujeres que ríen, lloran y sufren como el resto. Y que se terminan convirtiendo, más allá de Simon Limbres, en los verdaderos protagonistas del relato.
El envoltorio técnico de Reparar a los vivos resulta abrumador, impresionante. Los procesos que discurren en el hospital son descritos de manera tan poética como precisa por Maylis de Kerangal, adicta al detalle, nunca corta de sustantivos y adjetivos para definir cada instrumento, cada sensación, cada movimiento. La obra no pierde tensión por ello, porque flota en el ambiente la sospecha de que puede girar y transformarse a la vuelta de la siguiente página. Sin embargo, sí es cierto que para los lectores más puntillosos habrá un cierto exceso barroco en la manera de expresarse de la autora, una tendencia a dar más explicaciones de las debidas y más vueltas de las razonables.
Por mi parte, me quedo con la impresión de que, como ocurre con la propia narración, este es un libro de digestión lenta. El lector que se enfrenta a él necesita tiempo para paladearlo, para disfrutarlo completamente, y su complejidad (sintáctica, gramatical) hace que no sea adecuado para el metro, los aeropuertos o los cafés concurridos, en los que cualquier distracción interrumpe la lectura. Es necesario poner todos los sentidos en él para disfrutar Reparar a los vivos, aunque les prometo que, cuando se consigue, se disfruta de manera tremenda.
En resumen, Reparar a los vivos es una de las novelas que más me han impresionado este año y uno de esos libros que, quizá, se vayan filtrando poco a poco en el inconsciente colectivo hasta quedar en el recuerdo como una obra importante. Por ahora ya tiene película, ha pasado por la SEMINCI de 2016 y cruzo los dedos para que tarde o temprano llegue al cine de mi barrio o (de manera legal) a la pantalla de mi ordenador. Será mejor el libro, seguramente, pero eso, en este caso, será lo de menos.

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Redención, de John Hart

Redención

RedenciónDe las cinco obras publicadas por John Hart, dos han obtenido el premio Edgar. Él es, de hecho, el único autor que lo ha recibido por dos novelas consecutivas: Down River, aún no disponible en nuestro idioma, y No hay cuervos, publicada también por la editorial Pàmies. Redención, traducida por Cristina Alegría, es su quinta y última novela, la primera que llega a mis manos. No importa. Porque resulta que a veces empezar por el final no está tan mal. A fin de cuentas, no es más que solo un comienzo.

Como el de esta novela, cuya acción se inicia trece años después de que se cometa un atroz asesinato en el altar de una iglesia. Trece años es el tiempo que ha transcurrido para que Adrian, un policía aparentemente honrado, salga en libertad de la cárcel. El mismo periodo de tiempo que lleva ejerciendo como detective Liz, la hija de un párroco que se ha visto envuelta en medio de un brutal tiroteo. La estampa se completa con dos pequeñas pinceladas más. Un chico con una pistola que busca venganza y el secuestro de una joven a manos de un desconocido.

Ambientado en una pequeña ciudad al sur de Estados Unidos, Redención es un thriller sobre personajes que, de un modo u otro, necesitan purgar sus propios pecados, aunque estos, a veces, se traten de los pecados de otros. Una red compleja de historias y tramas que se va enredando a medida que el texto avanza en un sorprendente clímax de acción, suspense y adrenalina, cuyo ritmo nunca pierde el compás.

Si algo tuviera que subrayar de Redención es precisamente esto último. Hart, exabogado de profesión, conoce bien los trucos del género negro para esbozar esta novela, cuyo complicado entramado de suspense nunca se le va del todo de las manos, sino más bien al contrario. Al menos, al finalizar su lectura, a ese punto donde uno llega apurado, con la necesidad de conocer su desenlace, no queda ningún cabo suelto por atar.

Y es que en un universo donde aparentemente no existe la redención para nadie, sus protagonistas, solitarios, rotos y atormentados, encuentran el espacio para conectar entre sí mientras tratan de reponerse al dolor de sus propias heridas y cicatrices, en medio de una vorágine que les arrastra al centro de este tornado de crímenes y violencia.

Para contarlo, John Hart no escatima en balas, disparos y, hasta si me apuráis, en sangre. El universo en el que nos sumerge es el de las calles y los bajos fondos, donde las traiciones, la avaricia y la corrupción marcan sus propias normas. En medio de todo ello Liz, la detective que arrastra su particular pasado, tendrá que lidiar con todo ello para tratar de salir airosa en un juego en el que también ella se verá cada vez más acorralada.

 

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Harrow County 2. Doble narración, de Cullen Bunn y Tyler Crook

Harrow County 2. Doble narración

Harrow County 2. Doble narraciónEl catálogo de las librerías donde se exhiben cómics de terror tiende, por norma general, a llenar sus estantes de cuentos cuyas páginas rebosan escenas sangrientas y sucias que te dejan el estómago del revés. Auténticas carnicerías para expresar con imágenes un miedo a algo muy chungo que acecha a los personajes de la historia. Parecen necesitar valerse del poder de la sugestión mediante macabras escenas que, según qué público, puede causar cierto recelo a continuar leyendo. ¿Porque les da miedo? No. Asco, más bien. Existe un modo más sutil de mostrar el miedo en las narraciones sin necesidad de convertir aquello en la sección de carnicería del Mercamadrid. Un modo añejo, hogareño y mágico. Un embrujo que ya hacían los antiguos al calor de un fuego: contar leyendas sobre seres imposibles que se esconden en los bosques.

Esta fue la premisa con la que surgió Harrow County, el cómic de Cullen Bunn y Tyler Crook nominado al Premio Eisner 2016 a Mejor Serie que, en su segundo número, Harrow County 2. Doble narración, continúa desvelando detalles de esos mitos que rodean esa inhóspita población sureña de Estados Unidos. Y tanto el subtítulo como la portada nos dan pistas de por dónde van a ir los tiros en esta entrega.

Situémonos; la joven Emmy descubrió en Harrow County 1. Innumerables seres un oscuro secreto que rodeaba la historia de su pueblo y los habitantes de allí. Además de tener que enfrentarse a una serie de peligros y conocer, muy a su pesar, su verdadera identidad. Todo ello plasmado con unas ilustraciones que reflejaban con fidelidad la atmósfera que se respiraba en esos bosques. La conexión que consiguió establecer con los seres que habitan entre los pantanos y el follaje del pueblo hizo que la normalidad y tranquilidad regresara a Harrow County. Pero una visita inesperada se presenta en el pueblo en un elegante Rolls Royce negro conducido por un chófer siniestro. Su pasajera no resulta menos agradable.

Para el segundo volumen de este cómic, el autor ha querido ceder más protagonismo a la ingente cantidad de seres escondidos. Uno de los más aterradores habita en un pantano y cuando veas el modo en cómo ha sido dibujado lo entenderás. Inquietante como lo son muchos otros moradores del bosque, almas muertas que pululan a lo largo y ancho de Harrow County. Un excelente trabajo de creación de escenarios y personajes por parte del dibujante Tyler Crook que vuelve a ser la parte más destacable de esta serie que, en el tomo que edita Norma, incluye cuatro números americanos acompañados de unas notas sobre los bocetos en las páginas finales.

El guion también ha mejorado con respecto al primer tomo. Una historia más compacta y mejor desarrollada. De un modo amable, sin entretenerse en diálogos eruditos ni complicaciones argumentales que despisten al lector, se mantiene fiel a su cometido que no es otro que el de relatar un cuento de mitos y folclore por el placer de contar historias. Si en el primer tomo la impresión que me dejó fue de haber corrido mucho a partir de cierta parte de la historieta, en Harrow County 2. Doble narración todo queda mejor relatado. La historia queda completa y mantiene el mismo ritmo narrativo durante todas sus páginas. Además de desarrollar algo más a sus protagonistas y sobre todo, lo que más disfruto con esta historia, el enorme imaginario de sus creadores para dar vida a leyendas extraídas de bestiarios y viejas narraciones de abuelas que, seguro, contaban a sus nietos y los niños de las aldeas para hacerles temer los peligros que se esconden en los oscuros recovecos del bosque.

Gracias a ellas, las criaturas perviven entre nosotros en los cuentos, en los cómics, en el calor del fuego. Solo si estás preparado para escuchar su siseo entre las hojas y las ramas de los árboles podrás llegar a disfrutar de tan espeluznante embrujo.

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Assassination Classroom 15, de Yusei Matsui

assassination classroom 15

assassination classroom 15«¡El sonido de los disparos retumba en el aula a primera hora de la mañana! La clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka es un aula de asesinato en la que todos los alumnos intentan matar a su profesor. ¡Empieza una peculiar dinámica diaria entre profesor y alumnos, que son víctima y asesinos en potencia respectivamente!».

Las premisas de los mangas suelen plantear dilemas morales muy atrayentes. Por eso, cuando leí la sinopsis de Assassination Classroom, de Yusei Matsui, no me fijé en nada más y me lancé a leerlo. Entonces me percaté del número 15 que acompaña al título y me di cuenta de que me había perdido demasiados capítulos de esta historia. Obviamente, me temí lo peor. Pero la presentación de personajes, el breve resumen inicial y los continuos recordatorios de acontecimientos anteriores han hecho posible que me ubicara en la trama y disfrutara de este volumen en solitario, aunque haya comenzado la lectura en un punto avanzado de la historia. Queda claro que, un tiempo atrás, un monstruo destrozó la Luna y, después de anunciar que dentro de un año haría lo mismo con la Tierra, se convirtió en el tutor de la clase 3º-E, donde acaban todos los alumnos que se portan mal, despreciados por el resto de la escuela. En el volumen 15 están a mitad de curso y este peculiar profesor ya ha salido airoso de más de una tentativa de asesinato. Los alumnos, muy aplicados, no dejan de intentarlo, por supuesto.

Es inquietante que tu tutor sea un monstruo que amenaza con destruir el mundo. Que el objetivo de la asignatura sea matarlo, también, y más aún cuando su nombre, Korosensei, significa «profesor imposible de matar». Pero el colmo es su ¿simpático? aspecto, su amabilidad y su perenne sonrisa.

korosensei

«Uno: Tratad de matarme de modo que os puedan mirar con orgullo y una sonrisa en el rostro.
Dos: Aceptaré cualquier intento de asesinato en cualquier momento, siempre y cuando eso no suponga un obstáculo a vuestros estudios.
Tres: No haré ningún daño a los alumnos que traten de matarme. Más bien me encargaré de que no se oxiden los cuchillos».

Según Korosensei, no los está enseñando a matar, sino a vivir. Tanto él como el director y los alumnos dejan algunas reflexiones sobre los ideales educativos y la muerte, y ahondan en esa dualidad de la moral de la que hablaba al principio. Su lectura, al igual que la de otros títulos manga, te deja con la sensación de no saber diferenciar el bien del mal.

En el volumen número 15 de Assassination Classroom se desvelan algunos secretos que sorprenderán a los que siguen este manga desde el principio, y estarán un poco más cerca de saber el verdadero motivo por el que hay que matar al encantador Korosensei antes de que finalice el plazo de un año. A los lectores despistados como yo, les plantea las suficientes preguntas para que se interesen por esta colección y quieran descubrirla desde el principio. Son 21 volúmenes (si no me equivoco) y además hay película, anime y videojuego inspirados en ellos. Así que, después de todo, no he llegado tarde: me queda mucho por descubrir de Assassination Classroom y su desconcertante protagonista.

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Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio

industrias y andanzas de alfanhui

industrias y andanzas de alfanhuiLa edición ilustrada que Literatura Random House ha publicado de Industrias y andanzas de Alfanhuí es atípica: por sus dimensiones, inferiores a las habituales (un tamaño ideal para llevar en el bolso, he de decir); por el tacto rugoso de su tapa, dura y blanca; y por el trazo sencillo del dibujo del niño protagonista en la cubierta —creado por Asen Stareishinski, como todas las ilustraciones de la obra— con solo un toque de color bajo sus labios. Una edición atípica, que incluso desentona en la estantería de novedades literarias, pero la edición idónea para esta historia que, publicada por primera vez en 1951, también se desmarcó de los cánones de la época y del realismo predominante. La encuadernación y las ilustraciones le otorgan un halo de libro antiguo que es perfecto para la historia del niño llamado Alfanhuí, pues sus andanzas nos llevan al mundo primigenio, ese donde la naturaleza y la inocencia intentan prevalecer sobre todo lo demás.

Industrias y andanzas de Alfanhuí, el primer libro publicado por Rafael Sánchez Ferlosio, puede verse como una novela de aprendizaje, las vivencias de un niño de camino a la madurez. Aunque, en realidad, es el pequeño Alfanhuí el que da más de una lección a los adultos de su alrededor, como si fuera una especie de Principito, enseñándoles que son tesoros todo aquello que no se puede vender, lo que vale tanto que no vale nada. Se podría considerar también que es una historia de realismo mágico, donde hay una criada disecada, pero que sonríe de vez en cuando, y una marioneta se mueve como Pedro por su casa por las calles de Madrid. Pero la verdad es que se publicó mucho antes de que eclosionara el género como tal en Hispanoamérica, y no todos sus elementos casan con esta corriente literaria. Tal vez solo sea un retablo de maravillas, donde Sánchez Ferlosio exploró el lenguaje y la fantasía a tal nivel que, aún hoy, resulta sorprendente. Encasillamientos aparte, Industrias y andanzas de Alfanhuí es una lectura para el deleite, pues pocas veces el lector se encontrará con una prosa que invada sus sentidos como lo consigue esta.

El color es un elemento clave a lo largo de la historia. Alfanhuí planea mil industrias para atrapar los colores de su entorno, esa belleza de la que nadie más parece percatarse. Su capacidad de ver más allá, de crear inventos inverosímiles, asusta a muchos y fascina a unos pocos. Y movido por las reacciones de unos y otros, viaja por el interior de España, desde las tierras de Guadalajara o Palencia hasta la ciudad de Madrid, cruzándose con personajes que quebrantan todas las leyes de la lógica y que, por eso mismo, resultan fascinantes. Pero entre tantos colores, peripecias y fantasías, se entromete el blanco, la muerte y la incómoda realidad, todo eso que parece tan ajeno a Alfanhuí, pero a lo que tarde o temprano ha de enfrentarse.

Un toque de Principito, decía, y del Lazarillo de Tormes, añado. Y, pese a las semejanzas, esta obra es diferente porque su prosa y su inventiva lo son. Sánchez Ferlosio describió imágenes tan visuales y originales que hoy causan el mismo impacto que hace sesenta años. De ahí que Industrias y andanzas de Alfanhuí siga siendo una pequeña rareza literaria, y se revaloriza con el paso del tiempo, con ese encanto que tienen los retratos de otras épocas, en los que aún nos reconocemos.

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El despertar del Leviatán, de James S. A. Corey

El despertar del Leviatán

El despertar del LeviatánEl humano es de naturaleza exploradora; un primate curioso siempre ansioso por descubrir nuevos lugares. Antaño, siendo nómada, podía saciar esas ganas de sondear lugares recónditos a menudo. Luego llegaría la agricultura, y con ella el sedentarismo. Evidentemente había que quedarse en ese lugar para ver cómo crecían los tomates para posteriormente recolectarlos. Pero a pesar de todas esas ciudades colmadas de relativa comodidad, el humano aún percibía como ardía el fuego de la exploración en su interior. Por eso Cristóbal Colón descubrió América. El mismo motivo condujo a Roald Amundsen a dirigir una exitosa expedición a la Antártida para alcanzar el Polo Sur. ¡Y qué decir de la competición que llevaron a cabo rusos y americanos por ver qué nación exploraba más y mejor el espacio exterior! El final de esa carrera acabaría con los americanos dando saltitos en la Luna. Pero también serviría para sembrar el germen de una exploración más profunda, con los ojos de las agencias espaciales puestos en el planeta rojo.

Y mientras en la actualidad se suceden los descensos de naves de exploración en Marte, muchos miramos a la estrellas, y en vez de ver puntitos de luz, vemos nuevos lugares que colonizar. Y, en mi caso, siempre me hago la misma pregunta: ¿Conseguiré vivir lo suficiente para ver cómo el ser humano se expande por el Sistema Solar? Mientras eso no ocurra solo hay una forma de dejar la Tierra con destino a las ciudades cúpula de Marte, el puerto estelar de Ceres o los anillos de Saturno. Y ésta es mediante la imaginación, exaltándola sobre todo gracias a libros como El despertar del Leviatán.

En El despertar del Leviatán el Sistema Solar ya pertenece a los humanos. La Tierra y Marte son las dos súper potencias que gobiernan con puño férreo, a pesar de que entre ambos planetas hay rencillas; provocando así que en el Sistema Solar haya una calma tensa. No en vano son los planetas con más armamento. Vamos, lo que viene siendo una guerra fría a nivel interplanetario. A eso hay que añadirle que los habitantes del Cinturón, que sería como el extrarradio del Sistema Solar, no están muy contentos con las condiciones que se negocian para con sus ciudades. Por ello existe la Asociación de Planetas Exteriores. Para unos, terroristas; para otros, guerrilleros revolucionarios. Lo que es irrefutable es que son rebeldes con ganas de cambiar las cosas. Con este panorama tan tirante solo faltaba que apareciera una nave, la Scopuli, abandonada y vagando por el espacio, y que la Canterbury, que iba en su rescate, fuera atacada. ¿Quién ordenó el ataque? Y, ¿con qué motivo? Únicamente os puedo recomendar que os agarréis con fuerza a vuestro sillón porque la velocidad a la que vais a transitar por este libro os dejará aplastado en él.

Tras esta space opera nos encontramos a Daniel Abraham, autor de ciencia ficción y fantasía, y a Ty Franck, mano derecha de George R.R. Martin a la hora de adaptar Juego de Tronos a la pequeña pantalla; ambos, unidos en una perfecta sincronía, una simbiosis que todos deberíamos agradecer, trabajan bajo el seudónimo de James S. A. Corey. Estos dos señores tienen claro lo que quiere el público, lo que tiene gancho y cómo convertir al lector en un adicto que no dudará en dejarse las pestañas leyendo para llegar al clímax de la novela. Y es que al final todo está en el ritmo, y James S. A. Corey dosifica a partes iguales investigación y acción haciendo que se mezclen, sin pisarse, y manteniendo un interés que va in crescendo y que en mi caso me llevó a morderme las uñas por primera vez.

Todo el peso de la historia se asienta sobre los hombros de dos personajes; los dos protagonistas que, como antes he dicho, dividirán la novela en dos partes muy significativas, intercalando capítulos. Por un lado tenemos a Miller, un policía con tendencias suicidas que se obsesionará con el último caso que le ha sido asignado: la búsqueda de una chica que viajaba en la Scopuli. Su personalidad goza de cierta complejidad y es inevitable cogerle cierto cariño, a pesar de que por su cerebro pasan cosas muy feas. Su historia, a ritmo de thriller de investigación, se cruzará con Holden, segundo de a bordo de un transportador de hielo: La Canterbury. Holden es un buenazo, un idealista, demasiado honesto y en ocasiones ingenuo. Las aventuras que éste vive a bordo de diferentes naves son de infarto. Os avisé que os agarrarais al sillón. Cuando Holden y Miller se encuentren se verán obligados a colaborar, aunque eso signifique que en más de una ocasión salten chispas.

Pero además de una prosa que te hace pensar en una de esas buenas pelis palomiteras de ciencia ficción y unos buenos personajes, una space opera debe tener más elementos clave, tales como: aventuras por el espacio, todo tipo de naves con acojonantes avances tecnológicos, batallas, una chispita de amor y ciudades futurísticas (si son oscuras, un poco opresivas y contrarias al término hogareño, mejor que mejor). El despertar del Leviatán cumple con todos esos aspectos. Además no deja de lado cierta rigurosidad científica (en lo referente a las aceleraciones de las naves y los efectos que ésta produce en un cuerpo humano) pero siempre, y como debe ser, tomándose necesarias libertades especulativas (el zumo, el jaleo que se lía en Eros, la titánica Nauvoo, etcétera).

Y si al final todo esto no es un batiburrillo que suene a chino es gracias también al traductor David Tejera Expósito (traductores, grandes olvidados de la historia de la literatura) que hace un trabajo excelente no solo traduciendo, sino también adaptando nombres y términos que en una novela de este género, y como bien suponéis, no son pocos. Solo cabe finalizar con una simple pregunta: ¿Para cuándo tendrá pensado Ediciones B publicar la segunda parte de la saga The Expanse?

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Conjura Gaudí, de José Vaccaro Ruiz

Conjura Gaudí

Conjura GaudíJosé Vaccaro Ruiz no ha dejado títere con cabeza en este libro. No se libra ni dios de la duda y la sospecha. Corrupción a todas las escalas, desde el más pequeño hasta el más grande. Podéis imaginar todo lo que se os ocurra que él ya lo ha plasmado en el libro. Lo que más me preocupa es que lo ha hecho tan bien, que he mirado en google en varias ocasiones para confirmar lo que nos cuenta y me siguen quedando dudas de que no haya explosivos colocados por Barcelona. Es una trama de total actualidad, que implica a países, gobiernos y organizaciones. Además aprovecha para ir añadiendo datos y episodios de nuestra historia más reciente que vienen al caso, que son verdaderos, así que te hace dudar de que lo que está ahora relatando no sea otro sumando a esta cuenta terrible de despropósitos que llevamos.

Conjura Gaudí ya empieza fuerte, con un supuesto atentado frustrado al Papa, de visita pastoral en París. Supuesto, porque se inventan una célula yihadista y acusan a unos estudiantes totalmente inocentes, que acaban aniquilados por la todopoderosa CIA. Todo esto para poner a la opinión pública más alterada, para seguir con la propaganda antimusulmana, crear más miedo, más odio y más paranoia. Pero este no es el motivo final, no. En realidad, lo que mueve esto es lo de siempre: el poder y el capital, otra vez. Detrás de esta orquesta hay unos pocos: las grandes empresas (petroleras, fabricantes de armas, etc.), la ultraderecha judía, el propio Estado Islámico, la Santa Sede, gobiernos y CIA. Se crean alianzas a veces con unos y a veces con otros. Utilizan todo lo que tienen a mano para arrimar el ascua a su sardina. La mayor parte de las veces de forma ilegal, saltándose a la torera las normas y las leyes, qué más da, están por encima del bien y del mal. La novela no tiene un protagonista claro, aunque quizá el que tenga más peso sea el director de la CIA, Before, porque pasa casi todo por sus manos en el entramado. Personaje despreciable como otros de la novela, pero al que ha puesto un trozo minúsculo de corazón en un momento dado. Supongo que todo villano tiene un punto débil.

El siguiente golpe de efecto que planean es destruir la Sagrada Familia. Así, porque sí. Quitando el asunto gravísimo de esta conjura, el autor ha aprovechado para mostrarnos el mágico mundo de Gaudí. José Vaccaro es arquitecto por lo que nos ha sabido contar con mucho detalle todo lo relacionado con la vida y la obra del arquitecto catalán. Para ello utiliza a Samuel Segal y Rod Silvesrton, dos especialistas que se dedican a realizar estudios para proteger monumentos y edificios. Esta pareja suele ser contratada por gobiernos que, desde el 11-S, temen que se atente contra su patrimonio. Por cierto, que son de los pocos personajes que se hacen querer en la novela. Así que se desplazan a Barcelona para estudiar la Sagrada Familia de cerca y de paso conocer toda la obra de Gaudí.

Además de la arquitectura propiamente dicha, también estudiarán el suelo de Barcelona y es que José Vaccaro participó en varias plataformas vecinales, que es su día se opusieron a la construcción del túnel del AVE que circula hoy bajo el templo. Así que tenemos todos los ingredientes para que sea totalmente creíble el asunto. No entiendo nada, ni de arquitectura ni de ingeniería, pero es que está tan bien explicado y tan bien razonado, que yo me lo creo. Aunque algunas partes en las que se ha extendido en las especificaciones más puramente técnicas, se me han hecho un poquito pesadas, la lectura es amena. Utiliza diálogos para aligerar, el final es trepidante y emocionante.

A parte del contenido, que ya es razón suficiente para que el libro sea interesante, la forma de contar las cosas de Vaccaro me parece magnífica: clara, sin pelos en la lengua, irónica, fina, de andar por casa, al pan, pan y al vino, vino. Si te gusta, bien, y si no, también. Estoy segura de que a alguno le escuece. Pone en la solapilla, que Gustavo Vidal ha dicho de él: “Adentrarse en cualquier novela de José Vaccaro acarrea perder la inocencia” y me parece una apreciación muy acertada.

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Pensar y no caer, de Ramón Andrés

Pensar y no caer

Pensar y no caer«Pensar y no caer significa pensar y no cejar, perseverar en la pregunta, no consolidarse, no quedarse ahí, no abonar lo estático, no poner el oído a la tonalidad de la complacencia, no darse por concluido, porque nunca se llega a ser». Esta es la definición que da el propio Ramón Andrés al título de su obra. Si no fuera por ella, que se encuentra casi al final del libro, me hubiera sido inevitable pensar y convencerme de que una condición intrínseca de pensar es caer. Como aquella caída que entonaba el poeta José Ángel Valente que era una ascensión a lo hondo, no puedo concebir el ejercicio del pensar sin suponerlo una caída a nuestro pozo interior, a esos interiores ahumados de los que hablaba Galdós. 

Ramón Andrés interpreta la caída, sin embargo, como detención del pensamiento, no como avance hacia abajo; como parada. Probablemente es por ello que el pensador navarro busque a través de su estilo familiar a la vez que erudito e hiperreferencial enganchar a un lector que el propio escritor sabe que quiere pensar con él. Vamos a pensar con él, por él, e incluso hay veces que parece que haya conseguido que pensemos para él. Pensar y no caer está hecho de ensayos y, ¿cuál es el objetivo principal de un ensayo si no es hacer pensar tanto a escritor como a lector?

En efecto, Pensar y no caer (Acantilado) son diez ensayos en los que cada uno prende su mecha a partir de una obra artística – ya sea un poema, una partitura o una película -. Andrés pone tal obra junto al título de cada ensayo y a partir de ahí se explaya. Como el primer empujón a un niño que quiere aprender a montar en bicicleta, esa pieza artística que el autor escoge es el destello, el estallido, la primera inercia de un texto que vendrá. Y que viene.

Ramón Andrés empieza hablándonos del pan y de la historia del hambre hasta nuestros días con sentencias cargadas de crítica social; sigue con el cuerpo y con la función terapéutica que se le ha querido dar en ciertos momentos y en ciertos ámbitos de la historia y de la sociedad al arte; pasa por la narración del momento en que Dostoievski lloró al leer a Hegel por sentirse extranjero en cualquier tierra, por verse parte de lo que en su día María Zambrano llamó el “no lugar”; vemos al ser humano animalizándose a lo largo de la historia; recorremos la caída de Europa mientras suena «la música de un derribo»; se nos muestra el ansia de individualismo en un mundo circense donde la diferencia también es una forma de igualdad; llegamos al mejor ensayo para cualquier amante de la lectura y escritura – si estas pueden separarse – con un recorrido por la historia de estas y los porqués de nuestro atracción a ellas; transitamos por la calumnia; también por la muerte; y acabamos con un paseo al lado de la trágica vida de Nietszche de la mano de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr.

No sé si por mí, por el momento de las primeras páginas o por el libro mismo, debo reconocer que el inicio – aunque el primer ensayo es conmovedor – se me hizo cuesta arriba. Pero seguí avanzando y acabé encontrándome con ese séptimo ensayo que me hizo ver algo así como que el camino recorrido con la lectura de este libro era parecido al del pensamiento: pequeños destellos en un mundo de oscuridad. Uno de esos destellos es el ensayo del que hablo – «La escritura, la Tierra» -, una de esas partes de libros – seguro que os ha pasado alguna vez – que dan la sensación de estar hechas de espejos en vez de hechas de papel. Te reflejas en ellas como si hubieran arrancado una parte sensible de ti y la hubieran colocado en un libro al alcance de todo el mundo. Leer es muchas veces compartir tu intimidad, aunque lo que leas no lleve tu firma. Y ese es el secreto de Ramón Andrés – que ni él sabe -: haber robado una parte de alguien que a partir de ahora va a ser un nuevo seguidor suyo. Yo.

El libro avanza, quedan tres ensayos, y nos va a hablar de la calumnia primero, de la muerte después y de la nada al final. Sobre todo hay que leer ese final. ¿Mejor forma de acabar? Imposible.

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Los olvidados, de David Baldacci

Los olvidados

Los olvidadosMientras leía este thriller estuve cavilando sobre quiénes eran los olvidados a los que hace referencia el título. A lo mejor le estoy buscando tres pies al gato, por cierto, ¿por qué no buscamos el quinto pie del gato, si ya tiene cuatro? Seguro que tiene una explicación quijotesca. A lo que iba: que yo he visto varios posibles olvidados en esta novela, pero no sé si estoy buscando una explicación demasiado filosófica y profunda para una novela ligera y de acción.

El protagonista, John Puller, es una especie de policía militar o investigador del ejército de los Estados Unidos: es un CWO de CID del grupo 101 de Quantico, Virginia, según se presenta él mismo. Estuve intentando esclarecer esto para explicároslo pero me lío con la nomenclatura que utilizan y andar en las páginas de internet de esta gente me da algo de “yuyu”, pienso que van a aparecer de un momento a otro descolgándose por las ventanas, con casco, pasamontañas y metralletas. El narrador califica a Puller de veterano, aunque poco pasa de los treinta y esto me chocó, pero supongo que es porque batalló en varios frentes. Es hijo y hermano de militares. Tiene unos días de vacaciones después de pasar por un caso muy duro (Los olvidados es una continuación de la novela Día cero y tiene una tercera entrega) y decide visitar a su tía Betsy en Paradise, Florida, ya que les ha enviado una carta algo preocupante. Esta es una de las olvidadas: tía Betsy había sido muy importante en su vida, ya que había interpretado el papel de madre que a John le faltó, pero hacía mucho que no sabía de ella, prácticamente desde que se metió en el ejército. Paradise es una pequeña ciudad típica de Florida, llena de jubilados, de los que casi nadie se acuerda. Cuando llega se encuentra con que su tía ha fallecido. Como buen policía, sospecha que no ha sido un accidente. Empieza a investigar por su cuenta, aunque tiene la ayuda de la agente Cheryl Landry, la única policía local que parece competente en ese lugar tan tranquilo, y de su amiga, la general Carson, que aprovecha también unos días libres para echarle una mano.

La novela está contada desde dos puntos de vista. Al mismo tiempo, estamos viendo como Mecho, un personaje misterioso llega a la costa a nado, después de escapar de una plataforma petrolífera a la que había llegado junto con un motón de gente, en lo que parece una operación de alguna mafia de trata de personas. Estos son otros de los olvidados. Esclavos modernos, gente amenazada, usada como mano de obra o para la prostitución, entre otras cosas. Traídos desde diferentes partes del mundo, aprovechando las malas condiciones de vida en sus países, la mayoría engañados y otros secuestrados directamente. La novela nos muestra un submundo de gente sin papeles, esclavizada y cosificada por la avaricia, la codicia y la falta total de escrúpulos de los que se llaman civilizados. El resto de la sociedad mira para otro lado, mientras no me toque a mí… David Baldacci nos muestra gente muy ruin y miserable, consigue que te den mucha rabia, de verdad.

La vida de estos dos superhéroes o llaneros solitarios, se juntará durante la investigación. No me gusta usar términos como “americanada”, porque suena algo despectivo, pero es que no encuentro otro calificativo que encaje mejor aquí. Ellos son fuertes, aguerridos, solitarios, guapos, altos e indestructibles. Ellas son listas, atractivas y valientes, pero no llegan al nivel de los chicos, claro. Lo siento, tenía que decirlo: creo que este libro puede gustar más a los chicos. A mí, aunque me ha tenido pegada al sofá y reconozco que está bastante bien resuelta la trama, me ha chirriado tanto macho alfa. Por lo demás está bien contada, mantiene el interés, es entretenida y se lee con mucha facilidad. Tiene muchos diálogos y el lenguaje es sencillo. Bastante rápida, con un final trepidante y lleno de tiros y explosiones. Los temas que tratan son interesantes y graves, por eso recomiendo la novela.

David Baldacci está especializado en escribir superventas y varias de sus novelas han sido adaptadas al cine, la más famosa, Poder absoluto, fue dirigida y protagonizada por Clint Eastwood. Los olvidados es otro ejemplo de película de acción con alguna sorpresa.

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Ojos grises, de Llor, Vidal y Battle

Ojos grises

Ojos grisesMuchos fans de Auronplay y El Rubius no se lo creerán, pero hubo una época en este país en que los niños luchaban por pasar el máximo tiempo posible en la calle. En esos años no hacía falta Educación para la Ciudadanía: entre lo que aprendías de los que eran un par de años mayores que tú y lo que comprendías cuando tus padres cogían la zapatilla a la primera de cambio (sin temer que les cayera una denuncia por ello) era más que suficiente. En aquellos tiempos, que a algunos sólo nos pillaron de pasada, las aventuras las vivías por ti mismo, sin necesitar ningún avatar de colores vistosos y un nombre con muchos números al final. Y ahora que hago un parón en la escritura para releer lo que he escrito y ser consciente de lo viejoven que me he vuelto, voy a contaros de qué manera exponen esa época Fernando Llor, Roger Vidal y Àlex Batlle, los autores de Ojos grises.

Este breve cómic publicado por Panini nos sitúa en el verano de 1990, en el barrio de Poblenou, un histórico núcleo industrial de la ciudad de Barcelona. Allí vive Lucho, un chico de 14 años, que lleva una vida relativamente tranquila hasta que una noche es testigo del asesinato de un joven a manos de un policía. A partir de ese momento el chaval se ve superado por la situación; ¿debe contar lo ocurrido?, ¿en quién puede confiar?, ¿quién va a creer la versión de un adolescente por encima de la palabra de un policía?

Si algo destacaría por encima del resto de este trabajo es lo bien ambientado que está, tanto a nivel de guion como de dibujo. Los tonos fríos predominan sobre el resto, lo que ayuda a dar una estética más noventera al tiempo que los escenarios, calles humildes plagadas de grúas, reflejan perfectamente el espíritu de un barrio obrero. Esto se percibe también en los personajes, tan estereotipados como creíbles: el padre de familia que vive en un eterno estado de mal humor, principalmente por su miedo a perder el trabajo, los niños que sólo pisan su casa para comer y que no pueden evitar meterse en líos, los jóvenes que comienzan a verse superados por sus adicciones a las drogas…

A pesar de su brevedad o precisamente gracias a eso, Ojos grises me ha dejado un gran sabor de boca, ya que ha sido capaz de hacerme recordar —y envidiar, por qué no decirlo— esos años en los que los barrios de las ciudades eran como pueblos, en los que la gente se conocía y conversaba más allá de la tensa conversación de veinte segundos en el ascensor. Y también porque, dentro de lo que en apariencia es una trama sencilla, se esconde más de una invitación a cuestionarnos nuestros principios, a hacernos ver que nada es blanco o negro por completo, sino que, tanto hoy como hace veinticinco años, estamos forzados a vivir en una continua lucha contra nuestras contradicciones y nuestros debates morales. Una idea que podría resumirse en una de las preguntas que hace Lucho a su madre una noche, mientras ambos conversan en la terraza: «¿Hasta dónde hay que llegar por hacer lo correcto?».

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Rey de Picas, una novela de suspense, de Joyce Carol Oates

Rey de Picas¿Qué es, en realidad, escribir bien? ¿En qué consiste ese arte, o magia, como prefieran llamarlo? ¿Qué es lo que hace que una persona pueda hacer versar su historia sobre cómo crece la hierba y a pesar de todo nos enganche, y que otra pueda tener entre manos el relato con elementos más apasionantes del mundo, y aburrirnos, o simplemente no gustarnos? Afirmo que es un misterio; a día de hoy, no sabemos qué tienen algunos escritores para hacer que sus novelas funcionen y otros, tan equipados o más que aquéllos con habilidades técnicas, dotes de autoorganización, buena inventiva, extenso vocabulario, paciencia, y adecuada sintaxis (entre otras herramientas que, objetivamente, ayudan a que un escritor realice bien su tarea), sin embargo no logren el hechizo y no lleguen a superar el nivel de correctos escribidores.

Es precisamente a raíz de la lectura de la más reciente novella de Joyce Carol Oates, Rey de Picas, cuando se me ocurren esas reflexiones y preguntas sin respuesta. Y es curioso que sea esta autora la que me suscite esa reflexión, no sólo porque creo que ella personifica precisamente el modelo de escritor dotado de magia del que hablaba anteriormente, sino porque este libro trata con exactitud de esa cuestión (además de otras). Joyce Carol Oates escribe muy bien, magníficamente bien, eso está fuera de toda duda. Sus obras podrán gustar más o menos -en realidad, la mayoría son bastante desasosegantes y es posible que nos veamos impelidos a abandonar su lectura en algún momento-, pero esta autora puede elegir cualquier tema, cualquier anécdota, por banal o trillada que parezca (de hecho, esto es algo que ella ha llevado a la práctica en muchas ocasiones; ¿o alguien puede decir que en los relatos de Infiel, por ejemplo, se narraba algo verdaderamente original?), y dará probablemente igual, porque cautivará al lector sensible de inmediato. Un buen ejemplo de ese arte o magia lo tenemos en Rey de Picas, que viene a contar una historia que seguramente ha sido contada miles, si no cientos de miles de veces, o quizá incluso más: el descenso de un hombre a los infiernos, como un ciego pastoreado por un lazarillo también ciego, su propia mente ofuscada. El tema (uno de ellos), la lucha del bien contra el mal, anidando ambos en el interior de la misma persona, se nos presenta ya de entrada: el narrador es Andrew Rush, un escritor rico y famoso gracias a sus cuidadosamente redactadas novelas policíacas; aparentemente, un hombre afortunado y feliz con su familia, su mujer que lo adora y sus hijos ya emancipados; en realidad, en su intimidad, un hombre que se debate entre esa personalidad blanca y para todos los públicos, correcta, admirada, frágil pero sostenida por el poder y el ansia de fama y reconocimiento, y otra (¿su verdadera personalidad?), siniestra, brutalmente sincera, despojada de escrúpulos, solitaria: el Rey de Picas, personalidad con la cual escribe, en secreto, novelas llenas de violencia y crudeza.

La novela se abre en un momento crucial de la vida de Andrew Rush, pues, tal como se nos da a entender sibilinamente desde el principio, ese mundo de polos opuestos en delicado equilibrio está a punto de desmoronarse a medida que los pilares sobre los que sostiene su mundo ficticio se ven amenazados: su fama, su coartada de cara al público y a la sociedad, su honor, su reconocimiento.

Rey de Picas es una novela sencilla, terriblemente sencilla. Como suele suceder con frecuencia en las novelas de Oates, en ella encontramos una sucesión de escenas y de hechos que no necesariamente siguen una hilazón lógica con lo que hemos leído hasta ese momento, ni tampoco significan nada especial de cara al desenlace: puede que lo que en ellos se ha revelado tenga su peso al final o puede que no; puede que el aspecto, el carácter y las acciones de este o del otro personaje tengan un eco en las páginas finales o puede que no. Esto no significa que sean elementos huérfanos y sin sentido; todo tiene su sentido, pero no necesariamente un sentido que quede manifestado. Recordaremos después los detalles de los cuidados retratos de personajes que nos ofrece la autora; recordaremos escenas sueltas donde se nos revelan más facetas sobre ellos; pero los recordaremos no porque su presencia fuera decisiva en la historia, sino porque son suficientes y muy significativas por sí mismos, por lo que tienen de retrato en miniatura, de fotografía de brillantes y chillones colores sobre la depravación, la bajeza, el egoísmo, en una palabra, sobre la maldad, tema éste en que Oates demuestra su maestría.

Vuelvo al principio de esta reseña para retomar la cuestión que planteaba allí: la de la diferencia entre un buen escritor y uno mediocre. Porque hete aquí que ese tema se aborda también, y no de forma menor, en Rey de Picas, novela que nos presenta nada menos que a cuatro escritores, todos muy distintos entre sí y con suerte muy dispar en el mercado literario. Hay dos escritores que coinciden casi totalmente en temas y hasta en argumentos, pero uno goza de gran éxito y otro, no; hay un escritor que casi renuncia a su arte; hay otro que no consigue jamás triunfar y sufre por ello; hay otro que funciona exclusivamente a golpe de inspiración y es el único que realmente disfruta con su tarea; y hay otro más que ha cosechado el ansiado éxito comercial, pero que tiene clavada la espina del éxito de crítica y que, por si esto fuera poco, se aburre con su trabajo. Se nos invita a compararlos entre sí y a tomar partido (algunas veces, ocupan posiciones antagónicas) y, de paso, a preguntarnos a nosotros mismos a cuál de estos autores preferiríamos leer, a cuál le compraríamos su libro.

Rey de Picas es, como digo, una historia poco original, casi corriente (y sería decididamente vulgar en manos de un escritor mediocre o de un guionista de telefilmes baratos), pero excepcionalmente poderosa en sus ecos, en su capacidad de incitarnos a reflexionar y a preguntarnos una serie de cosas, en su habilidad para destapar perversiones y a vernos reflejados en ellas. Es, por si eso fuera poco, un entretenido -y, a ratos, burlón- pastiche de la literatura gótica, con Edgar Allan Poe como su máximo exponente, así como del gótico moderno de Stephen King y otros.

En realidad, Rey de Picas es casi una historia propia de King en manos de una merecedora del Nobel de Literatura: Joyce Carol Oates.

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