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Sakura: Diccionario de cultura japonesa, de varios autores

sakura diccionario de cultura japones

Años 9sakura diccionario de cultura japones0. El manga hacía ya un tiempo que venía dando de qué hablar en España, pero fue durante esa década cuando aterrizaron, como una invasión alienígena bien orquestada, las versiones animadas de todos aquellos cómics japoneses que los otakus habíamos consumido con la voracidad de un toxicómano que llevaba semanas con el mono. Fue entonces cuando mostró todo su potencial. Violencia desenfrenada que en ocasiones traspasaba la frontera del gore, erotismo o sexo explícito, cyberpunk, fantasía, amor y compañerismo, pero sobretodo grandísimas historias. Y allí estaba yo, en el corazón de aquella vorágine, un adolescente cualquiera, que se ahogaba en el furor de sus propias hormonas, encantado de que por fin alguien dejara de tratarnos como a mojigatos. Esa fue mi primera toma de contacto con el, por aquel entonces bastante desconocido, país nipón.

Tras imbuirme de forma pormenorizada de la cultura japonesa a través del manga y el anime era de esperar que quisiera más. A los videojuegos estaba tan acostumbrado que ni siquiera me di cuenta de que también formaban parte de forma sustancial e intrínseca de la cultura del país asiático. Luego llegarían nombres ligados a la literatura como Natsume Soseki, Haruki Murakami o Natsuo Kirino. Maestros del cine como Hayao Miyazaki, Akira Kurosawa o Takeshi Kitano. La cocina japonesa fue introduciéndose poco a poco; donde antes había un restaurante chino ahora servían sushi, makis, sashimi o gyozas. Añádase un poco de wasabi a la salsa de soja, sumérjase por la parte del pescado y a la boca. Madres que habían sufrido los berrinches de sus hijos ante la perspectiva de comer pescado alucinaban al comprobar como éstos ahora lo engullían de forma gustosa. ¡Y crudo!

Más, más, más; yo necesitaba más Japón.

El Salón del Manga de Barcelona, reuniendo lo mejor de la cultura japonesa sería ese oasis que muchos estábamos esperando. El siguiente y lógico paso era tantear el idioma. A través del típico diccionario, o con algún programa online, incluso intentando escribir algo. Las tablas de hiragana y katakana me provocaron dolor de cabeza. Tras un chute de ibuprofeno miré los kanji y ni siquiera me atreví con ellos. Lo hacía mal. Si tenía que aprender, ante todo debía ser una experiencia divertida. Entonces, como agua de mayo, apareció Sakura: diccionario de cultura japonesa. ¿Qué mejor forma de profundizar en la cultura de un país que a través de su idioma?

Tras Sakura: diccionario de cultura japonesa no solo encontramos a la editorial Satori, especializada tanto en la cultura de Japón como en su literatura, sino que también hay cuatro colosos de la filología, en el manejo de idiomas y en el malabarismo de letras, así como de las tres escrituras diferentes que componen el idioma japonés. Sus nombres son: James Flath, Ana Orenga, Carlos Rubio y Hiroto Ueda.

Sakura no es un diccionario bilingüe; no encontraréis palabras comunes que tienen su equivalente en español. En Sakura las palabras, en su mayoría, son conceptos, profesiones, tradiciones, momentos de la historia, pensamientos filosóficos o gastronomía; todos ellos tan únicos, tan exclusivos del país nipón, que la traducción al español que hallaréis es en realidad una explicación bastante detallada. En algunas ocasiones acompañada de una imagen que facilitará la comprensión del lector. Porque el idioma japonés es capaz de definir con una sola palabra el suicidio cometido por dos amantes que se arrojan a un río atados por la cintura para que en la próxima reencarnación vuelvan a estar juntos, o la extraña profesión en la que unos funcionarios empujan a la gente en el metro para que las puertas del tren puedan cerrarse. ¡Ahí es nada!

Pero si lo que llama más la atención de este diccionario es su inédito y original enfoque, está en la forma de estructurar la entrada léxica gran parte de su atractiva magia. Y es que la palabra a diseccionar, siempre escrita en romaji para facilitarnos la lectura y pronunciación, también se nos muestra en hiragana, katakana o kanji (dependiendo del caso); información que sería algo escasa si no fuera porque ésta se amplía al mostrar a qué género pertenece, el grupo temático en el que ha sido ubicada (bebidas, armas, botánica, etnografía, religión, música y así hasta 43 grupos diferentes), seguido de la definición en español y (¡oh grata sorpresa!) también en inglés, consiguiendo así que el diccionario sea por ello mucho más internacional y absolutamente completo.

En este punto, y quizás como conclusión, debería hablar sobre qué expresiones me han llamado más la atención, a pesar de que muchas y debido a ser un yonki de la cultura japonesa ya me sonaban, o sobre qué grupo temático mi hambre cultural ha quedado más saciada. Pero si he de ser sincero no puedo elegir. Sería injusto quedarme con el folclore, por todos esos yokais terroríficos o amigables que rondan por estas páginas y no hablar de la indumentaria típica que se vestía durante el shogunato Edo; o dejar de lado la gastronomía, que sea dicho de paso es mucho más variada de lo que nos pensamos. Inaceptable sería también hablar de todas esas palabras, de significado escabroso, que hablan de las diferentes formas de suicidio a las que un japonés es capaz de abocarse, dejando de lado toda esa filosofía zen que estimula a vivir de forma sutil pero plenamente. Creo que sin más os invito a leer las más de 3000 definiciones que se aúnan en este libro. Solo de esa forma descubriréis que Sakura: diccionario de cultura japonesa no es un diccionario al uso, tampoco aprenderéis un idioma con él, pero es la forma más divertida (tan simple como eso) y acertada de acercarse a la cultura de un Japón que a día de hoy se muestra menos desconocido pero todavía muy misterioso.

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Terapia amorosa, de Daniel Glattauer

Terapia amorosa

Terapia amorosaMi crisis lectora en cuanto a lo que el género romántico se refiere excluye a muy pocos libros en cuanto a lo que el sistema editorial español ofrece actualmente y en estos últimos años. Terapia amorosa ha sido, en este principio de 2017, uno de ellos. Pero, ¿qué tiene de especial que no tengan los demás? Mientras que la mayoría de los libros románticos ofrecen a sus lectores una historia que narra el comienzo o el final de una relación amorosa, este va mucho más allá.

Aunque podemos deducirlo por el título, esta novela se centra en la crisis de una pareja adulta y con dos hijos que decide tratar de resolver sus problemas gracias a la ayuda de un psicólogo. A través de una larga y tormentosa sesión terapéutica descubriremos si ésta es capaz o no de resolver todos sus conflictos y comenzar un nuevo camino que les ayude a mejorar su relación.

A pesar de que ya conocía la pluma de Daniel Glattauer gracias a la lectura de Contra el viento del norte, no me animé (mal hecho por mi parte) a leer más libros suyos hasta este. Y, como en su primer libro, me ha vuelto a sorprender por el realismo, la originalidad y la cercanía de sus historias y de cada uno de sus personajes. En este caso, aunque lo que más me llamó la atención fue el procedimiento terapéutico que se sigue en una crisis de pareja, me enganchó por completo por las situaciones divertidas que se encuentran en el mismo y la facilidad de lectura (no llega a las 200 páginas y está escrito en forma de guión de teatro), entre otras cosas.

La forma que tiene el autor de transmitir los caracteres de los personajes, tan distintos como complementarios, así como la falta de entendimiento de la pareja, formada por Valentin y Joana, hace que la novela te enganche desde el principio, que te sientas identificado con los personajes y que estos y su historia te llegue al corazón. Y no solo ellos, sino también el psicólogo. Su implicación, paciencia y profesionalidad en todo el proceso me han hecho conocer el esfuerzo y trabajo de una profesión que no conozco tanto como me gustaría. Aunque se encuentra en cada uno de los ejercicios que les propone con reproches y discusiones continuas entre la pareja, no deja de intentar crear un acercamiento entre ellos. Esto provoca más de una situación divertida y más de un comentario ingenioso por parte de cada uno de los personajes, sobre todo por parte del psicólogo, que muchas veces debe alzar la voz para que estos le oigan y se fijen en lo que está diciendo por encima de sus discusiones.

Por todo ello, Terapia amorosa me ha resultado una lectura divertida, fresca y rápida que me ha permitido la oportunidad de reflexionar sobre el amor y sus roturas, esos pequeños recovecos que a veces se crean entre dos personas y que les impiden comprenderse mutuamente. Valentin y Joana, los dos protagonistas, me han conquistado por la empatía que generan con el lector y sus personalidades fuertes y el psicólogo me ha impresionado por su entrega, su sinceridad y su capacidad de escucha.

Además, el libro se lee en una sentada y, en tan solo ciento sesenta páginas, el escritor es capaz de hacernos sentir todos estos sentimientos. En definitiva, Terapia amorosa es una gran lectura para todos los públicos, sin importar el sexo o la edad (recomendado a partir de 18 años), con la que he tenido el placer de comenzar el año en lo que a cuestiones literarias nos referimos.

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El libro y la hermandad, de Iris Murdoch

El libro y la hermandad

El libro y la hermandadLos seres humanos somos curiosos. Desde que nacemos hasta que morimos experimentamos una gran amalgama de sentimientos que vienen dados por las circunstancias en las que vivimos, pero al final, vengamos de donde vengamos, seamos como seamos y pertenezcamos a la época que pertenezcamos, todos terminamos pasando antes o después por experiencias si no iguales, sí parecidas. Esto es algo que se ve muy bien cuando de fiesta trabas “amistad” con desconocidos y termináis contándoos vuestra vida… o en la literatura. Es increíble como en libros escritos con siglos de diferencia, puedes encontrar puntos y temas en común. Siempre se dice –y es verdad–, que los conflictos morales a los que se enfrentaban los personajes de las obras de Shakespeare (por poner un ejemplo) son conflictos a los que hoy en día, en pleno siglo XXI, también nos enfrentamos. Temas como el amor, la amistad, la vida, la muerte… o sentimientos como los celos, el miedo, la nostalgia… conciernen a personas de todas las épocas y regiones del mundo. Es curioso cómo, a pesar de todas las barreras que nos ponemos: estatus, raza, genero o cultura, todos nos volvemos iguales ante los obstáculos de la vida. Uno de esos temas que nos unen e igualan es la madurez y las expectativas incumplidas al llegar a la mediana edad. Cuando somos pequeños y tenemos toda las decisiones por tomar y toda una vida que vivir, nos imaginamos una existencia de película y creamos miles de planes y expectativas, sin embargo, tarde o temprano tenemos que bajar de las nubes y caer en el mundo real. El golpe puede ser más o menos fuerte, pero todos de algún modo nos enfrentamos a él. De esto trata El libro y la hermandad, de la escritora y filósofa irlandesa, Iris Murdoch.

Era como si un vacío vasto y blanco se abriera ante él, no de un blanco apagado y sucio como el del Muro de Berlín, sino un espacio radiante y vivo, como una nube blanca, húmeda y cálida. Se preguntó qué estaría haciendo al cabo de un año. ¿Se hallaba realmente tan próximo su futuro nuevo y diferente?

El libro y la hermandad comienza cuando un grupo de amigos se reúnen una noche de verano en una fiesta de antiguos alumnos en Oxford, enfrentándose así a los recuerdos y a los sentimientos que los unos despiertan en los otros. La mayoría siguen siendo amigos y mantienen la relación, pero también hay nuevos miembros agregados y luego está él –la oveja negra, el innombrable–, Crimond; el único personaje que no tiene voz en esta novela y cuya presencia, sin embargo, planea durante toda la historia debido a un proyecto común: un libro sobre el marxismo que Crimond lleva años intentado escribir con la financiación de los otros. Esa fiesta será el punto de inflexión que les hará plantearse sus vidas. Les llevará a hacer balance sobre qué esperaban del futuro, qué han conseguido y qué no, qué tienen y qué les falta, qué les une y qué les separa; y, al fin y al cabo, sacudirá un poco (o un mucho) el mundo de todos ellos.

Iris Murdoch es una de las mejores escritoras del siglo pasado y, sin embargo, casi una desconocida en nuestro país. Poco a poco, Impedimenta está reeditando sus obras logrando unas ediciones que son una delicia tanto por sus traducciones como por su diseño, pero que, sobre todo, merecen la pena ser leídas por la maestría de su autora. Esta es la primera obra que tengo el placer de leer de Iris Murdoch y creo que he empezado bien porque es su novela más extensa y coral. Se publicó por primera vez en 1987, época en la que alcanzó su madurez literaria, consecuencia de lo cuál, salió este libro, uno de los últimos que escribió antes de comenzar a padecer los devastadores efectos del Alzheimer. A raíz de su lectura –y aún a falta de seguir indagando en la genialidad de esta mujer–, quiero destacar la complejidad y la diversidad de Murdoch. El libro y la hermandad es un melodrama que ahonda en las relaciones de sus personajes, pero su narración no tiene nada de banal, ya que la autora se permite el lujo de escribir páginas y páginas con detalles que a priori pueden parecer superfluos, pero que no hacen más que mostrarnos de verdad a los protagonistas, a los que dota de tal realismo y profundidad, que ‘leerlos’ es como ponerse frente a un espejo. Son también dignos de admirar sus ágiles diálogos, de tal calado, que cada vez que cierras el libro por un rato, no puedes evitar reflexionar sobre lo que acabas de leer. Y es que estos diálogos son también el reflejo de la gran sabiduría de esta mujer, que dejaba entrever en cada uno de ellos sus propias reflexiones sobre la vida, la muerte, las relaciones, la filosofía y la política.

Dices que las personas serán marionetas y que la tecnología gobernará, pero, tanto si te consideras marxista como si no, ¡tienes que luchar para evitar que esa sociedad exista, no para que lo haga! Hablas de repensarlo todo, pero ¿bajo qué óptica? Debemos ser pragmáticos y tener esperanza, no entregarnos a la desesperación. No podemos prever el futuro. Es nuestro deber proteger al individuo.

En El libro y la hermandad vemos también la influencia de los grandes autores que marcaron a Murdoch. El inicio de la novela, con esa reunión de antiguos alumnos, recuerda sobremanera a El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, uno de sus autores predilectos; Crimond, por su parte, recuerda también de algún modo al Gran Gatsby de Fitzgerald; y el estilo y la forma de esta novela nos lleva a pensar en los grandes autores del siglo XIX, como sus amados Dickens y Tolstói.

En resumidas cuentas, gracias a El libro y la hermandad, puedo decir que Iris Murdoch es de esas escritoras que disfrutas enormemente porque te pierdes en sus historias y en sus personajes; que es de esas escritoras que te deleitan poco a poco con libros escritos sin prisa, libros escritos para saborearlos y recrearte en ellos; y, sobre todo, que es una escritora de esas que te da hasta rabia de lo bien que escriben, ya que mientras lees sus libros (o mientras te sientas delante del ordenador para escribir una reseña sobre uno de ellos) eres consciente de que jamás escribirás como ella, con esa facilidad que tiene para el detalle y para entremezclar lo banal y lo intelectual, el humor y el drama; con esa facilidad que tiene para escribir novelas que son pozos de sabiduría que tratan sobre todos los temas importantes que ocupan nuestras vidas.

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Boy, Snow, Bird, de Helen Oyeyemi

Boy, Snow, Bird

Boy, Snow, BirdCuando me dispongo a escribir una reseña, la primera pregunta a la que siempre me enfrento es ¿de qué trata este libro? Jamás he leído nada que admita una única respuesta a esta pregunta. En más de una ocasión he tenido que claudicar mis investigaciones con eso de que todas las respuestas anteriores son correctas. Y me siento un poco defraudado, como si no estuviese haciendo bien mi trabajo. Como si al fiscal del distrito se le estuviese escapando algo entre el número infinito de documentos que ha recolectado. Algo de esta confusión multirespuesta me ha embargado con la última obra de Oyeyemi. No llega a las 300 páginas y la cantidad de asuntos que trata se merece mucho más que una reseña. Yo le dedicaría una entrada en el club de lectura de Oprah. O la haría lectura obligatoria en institutos y sociedades secretas. Siento algo de fascinación por esta maravillosa novela. Es demasiado lo que me ha ofrecido para las pocas palabras de elogio que puedo yo escribir desde aquí. Sin embargo me limitaré a asumir mi papel y dejar las revoluciones literarias para otro momento. Helen Oyeyemi ha entrado en la madurez absoluta con esta novela de iniciación a tres bandas que convoca a unos personajes femeninos con la fuerza de los clásicos y con la absoluta vigencia del telediario que pudiste haber visto ayer mientras cenabas.

Boy, Snow, Bird gira en torno a tres mujeres relacionadas de un modo u otro, buscando todas ellas su lugar en un mundo que no parece del todo dispuesto a satisfacerlas. Empezamos con Boy, que huye de un hogar y de una vida que la menosprecia para llegar a Flax Hills, donde puede rehacer sus maltrechos pasos hasta convertirse en la esposa de Arturo Whitman y madrastra de Snow. La llegada de Bird, hija biológica de Boy pondrá patas arribas el hogar de los Whitman al traer consigo una revelación ante la que nadie puede apartar la mirada. El elenco de personajes secundarios que acompaña a estas tres mujeres les insufla más vida si cabe, tejiéndose en torno a este trío una red dramática de venganzas y redenciones con un final absolutamente inesperado y evocador. La capacidad de Oyeyemi para insuflar de vida las calles y las casas de su pequeño pueblo americano es digna de mención. Muchas de las historias secundarias se solucionan y otras, no; ya que, como en la vida misma, uno nunca sabe qué sucede detrás de cada puerta. Detrás de cada persona.

El estilo de la escritora inglesa de origen nigeriano me ha cautivado. No recuerdo haber leído un primer capítulo tan magnético y envolvente en mucho tiempo. No sé si podemos hablar de realismo mágico o fábula posmoderna. Incluso diría que esa capacidad de mezclar feminismo y cuentos de hadas bebe de las fuentes de Angela Carter y La Cámara Sangrienta.  Pero lo cierto es que los primeros compases de Boy te hacen entrar en su mundo y asumes como válido los preceptos con los que el personaje carga. Que esto suceda en las primeras quince páginas de novela no hace más que confirmar que estamos ante una narradora experta en su oficio. Capaz de reformular los arquetipos clásicos de los cuentos en personajes redondos que respiran, se contradicen y crecen en el transcurso de la novela.

¿Tienen vigencia los cuentos de hadas? ¿Siguen vivas las historias que nos contaron de pequeños? Todos conocemos dichas historias. Son lugares comunes, lugares de tránsito. Sin embargo, muchas de las moralejas de estos relatos infantiles ya no tienen cabida. Oyeyemi parte de esta falta de interés para otorgarle a dichas fábulas la capacidad de volver a brillar hablando de aquello que hoy nos interesa. Recoge el testigo y reformula las narraciones que nos han visto crecer. Sin perder el tono, sin dejar de lado los giros de guión, nos habla de racismo, de maternidades truncadas, de belleza y de mujeres que se enfrentan a sus opresores. Exigid a alguien que os lea Boy, Snow, Bird antes de ir a dormir porque sus personajes se asientan directamente en el origen de nuestra capacidad de asombro. En ese lugar donde iban a parar todas esas historias que nos hacían comprender cómo funcionaba el mundo.

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Preparación para la próxima vida, de Atticus Lish

Preparación para la próxima vida

Preparación para la próxima vidaLlevo tiempo sabiendo de la existencia de esta novela. Desde su publicación en 2014 cuando empezó a ganar premios hasta finalmente decidieron traducirla al castellano. He seguido todas las reseñas de los grandes medios y todas las pequeñas radiografías llevadas a cabo por el ciudadano medio. No, no creo que llegase a obsesionarme con la novela, pero sí sentí que, de algún modo, me vería arrastrado hacia ella. Ahora, una vez leída, entiendo que “arrastrado” es el término que mejor define mi experiencia. Y es que Atticus Lish ha ganado premios y renombre por desenterrar cadáveres en un día de lluvia. Esta es la historia de amor con más barro que recuerdo. Y decir que es una historia de amor es andar muy cerca de un desfiladero terminológico. Quería acercarme tanto a esta novela que no pude esquivar lo que recibí a cambio. No recuerdo una novela tan dura desde aquel festival de violencia que fue Meridiano de Sangre. Bienvenido al fin de la esperanza y a la reinvención del amor. Bienvenido a Preparación para la próxima vida.

Ambientada en un Nueva York post 11S, la historia nos cuenta el encuentro fortuito y desolado de dos criaturas que se necesitan a pesar de ser antagónicas. Skinner, un veterano de la guerra de Irak incapaz de hacer un alto al fuego dentro de su cabeza; y Zou Lei, una inmigrante ilegal de origen chino y musulmán. Una suerte de Romeo y Julieta desvaídos y carentes de magia, que luchan por creer en algo incluso cuando la realidad no para de pisotearlos. El ambiente turbio de los bajos fondos neoyorquinos se encarga de poblar la novela de personajes crueles y buscavidas, cuyo único lema vital que aún les acompaña es el sálvese quién pueda. Olvídate de ese Nueva York chic. Olvídate de zapaterías de lujo y restaurantes en la parte alta de los rascacielos. Nuestros personajes van a la deriva entre Foot Lockers y McDonalds de horarios nocturnos. El oportunismo y la necesidad de un cambio les hará reflexionar sobre cuánto tiempo les queda antes de que llegue algo y les arrebate lo poco que aún pueden considerar como propio.

El estilo de Atticus Lish es duro y demoledor. La novela puede jactarse de dejar sin aire a más de uno. La dureza del relato está aderezada con escenas de batallas militares en las que poco queda de algo que pueda llamarse humano. El ambiente bélico, así como el abuso en cárceles norteamericanas a inmigrantes sin papeles son el colofón a una historia basada en el dolor como medio para despertar la empatía. Diálogos directos y escenas callejeras dan el último pulido a una historia incapaz de dejar a alguien impasible. Porque Zou Lei y Skinner confunden durante muchos pasajes el amor y la necesidad de otro humano. Tantas veces, que incluso uno acaba creyendo que puede que la versión errónea de dichos conceptos sea la que posee el lector y no los personajes. Así de bueno es aquello que se arrastra entre las páginas de Preparación para la próxima vida.

Hemos tardado dos años en traer esta historia hasta nuestras fronteras. He esperado con verdadera devoción para poder tenerla en esta más que correcta edición que ha elaborado Sexto Piso. Y ahora tengo miedo. Esperar algo, una nueva oportunidad, un historia de amor como las de antes, un futuro mejor. Esperar es otorgarle a la paciencia el peso de nuestra toma de decisiones. Esperar es aguantar a que él se cure o a que ella no tenga que esconderse cada vez que se cruza con un policía. Lo terrible de esperar, como uno aprende desde la primera página de esta pieza absoluta de dolorosa autenticidad, es que a veces aquello que llega preguntando por nosotros dista mucho de aquello que creíamos que vendría. No te pierdas esta novela. Pero no esperes leer la historia que creías que iba a ser.

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Cuarentón, de Joe Ollmann

Cuarentón

CuarentónAntes de que todos supiéramos inglés, en España se traducían los títulos de las películas. Los traductores se lo pasaban pipa compitiendo por ver quién se alejaba más del original o, sencillamente, quién era capaz de desvirtuarlo por completo.  Existen incontables ejemplos de ello, pero hoy me basta con citar sólo uno. ¿Os acordáis de aquella gran comedia de Billy Wilder, que inmortalizó la imagen de Marilyn Monroe sobre la salida de ventilación del metro? En español se tituló La tentación vive arriba, porque el personaje de Marilyn vivía encima del señor que se la mira en la famosa foto, y porque además ella era una chica muy tentadora. Todo muy sutil, como veis. Pues bien, en inglés el título era The seven-year itch, que hace referencia a ese picorcillo que, a decir de algunos psicólogos, les entra a los miembros de una pareja tras siete años de relación y que los lleva a tontear fuera de ella.

En lo que a mí respecta, llevo bastante más de siete años casado, y, si alguna vez he sentido ese picorcillo, ya ni me acuerdo. Pero es que tampoco he pasado por esa temida etapa en la que se nos viene encima, como un alud, toda nuestra insignificancia, nuestra flacidez, nuestra alopecia, nuestros cartuchos mojados y nuestras frustraciones. Me refiero, naturalmente, a la crisis de los cuarenta.

No puede decirse lo mismo de John, el amargado protagonista de esta estupenda y cruelmente divertida Cuarentón, de Joe Ollmann. John, casado con una mujer mucho más joven que él, padre, con su primera mujer, de dos hijas mayores de edad y, con la segunda, de un bebé, y encargado oficial de limpiar la mierda de los gatos que sus hijas dejaron al emanciparse, está hasta los mismísimos. Pero a diferencia de otras historias sobre víctimas de esta crisis, las causas de la amargura de John hay que buscarlas dentro de él mismo, y no en quienes le rodean. Su caso, pues, se parece más al de Sherman, el vecino de Marilyn, que al de Lester, de American beauty. Su matrimonio es feliz, como el mismo John reconoce, y su mujer es tan comprensiva con él que probablemente le perdonaría… pero no revelemos demasiado.

La otra parte de la historia es la que nos cuenta las desventuras de Sherri, una aspirante a rockera a quien la industria musical no le permite más que dedicarse a las canciones infantiles. A través de las canciones de Sherri, que encandilan al bebé de nuestro héroe, John conoce y se encapricha de la cantante hasta la obsesión. Y empieza entonces la operación Sherri, a la que John se lanza con esa sensación en el estómago que sólo un cuarentón puede tener: estoy a punto de cometer una locura, soy consciente de ello y me lanzo sin paracaídas.

El personaje de Sherri es una gran creación que introduce en la novela el elemento redentor. Sherri emana bondad y comprensión, y a veces su sola presencia basta para ayudar a quienes la rodean, que, por supuesto, no dudan en aprovecharse de ella. La aparición de Sherri en la vida de John promete sacarlo de esa rutina de pañales y oficina, que lo tiene encerrado en esas nueve viñetas tan regulares y constantes como las barras de una celda.

Las vidas de John y Sherri continúan cada una por su lado, una, cuesta abajo, otra, atascada, hasta que al final se produce el encuentro. Naturalmente, no os voy a contar qué sucede a continuación, pero, comparando el comportamiento de John en ese momento con el de servidor hace treinta años, se me ocurre que quizá el cuarentonismo no sea una cuestión de edad, sino una característica personal más.

En definitiva, grandes perdedores en una gran novela, divertida y amarga, que algunos leerán con la sonrisa congelada.

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Galveias, de José Luis Peixoto

Galveias

GalveiasPortugal es un país que me encanta. He vivido allí durante un año y he visitado en muchas ocasiones sus ciudades y pueblos. Me gustan sus gentes, su lengua, su cultura, su gastronomía y esa decadencia tan visible en ciudades como Oporto o Lisboa. Es un país que me produce una nostalgia enorme, pero una nostalgia sumamente positiva. Como un fado, Portugal me envuelve y yo solo puedo dejarme llevar. Además, siendo extremeña, cruzar la frontera es realmente fácil y rápido. ¿Veis? Ahora me han entrado muchas ganas de perderme en uno de sus encantadores pueblos, pasear por sus calles y tomar café en cualquiera de sus cafeterías (por cierto, el café portugués es uno de los mejores del mundo).

Cuando viví allí con una beca Erasmus estuve en Braga, una ciudad que está en el norte del país, cerda de Oporto. Braga no es una ciudad muy grande y donde yo vivía, a las afueras, aquello parecía aún más una aldea con sus quintas, sus calles empinadas, fuentes y típicos aldeanos. Así que algo sé de ese Portugal más rural. En Galveias, José Luis Peixoto (1974) sitúa la historia en su pueblo natal (el mismo que da nombre a la novela). No sé si conocéis a este autor, pero es uno de los más importantes escritores portugueses de la actualidad. (¡Hay vida más allá de Saramago!) Hace poco os hablamos de su novela Dentro del secreto.

El libro, publicado por Literatura Random House, recrea la vida rural en Galveias, en el norte del Alentejo (muy cerca de Extremadura). Pero la narración de la cotidiana vida de este pueblo arranca con un suceso: una noche de enero de 1984, una serie de explosiones y movimientos sacuden la tierra de Galveias. Los vecinos, desconcertados, no saben bien qué ha ocurrido ni de dónde viene ese olor a azufre. Seguirán días de lluvia torrencial y desde esa noche, esa presencia inquietante trastocará y acompañará la vida de los vecinos. Este será el punto de partida para conocer a los habitantes de Galveias, privada y públicamente. Esta novela es un retrato de vida y de la realidad rural que se desarrolla en los pueblos portugueses (bastante parecido a lo que ocurre en nuestro país).

Así, conocemos a personajes como Isabella, la brasileña que regenta la panadería y que también es la dueña del burdel, los hermanos Cordato (que llevan cincuenta años sin hablarse), Miau, el tonto del pueblo, la familia Cabeça o el cartero Joaquim, quien conoce todos los secretos. Todo un elenco de personajes de lo más variopinto, bien definidos y caracterizados y que representan la vida cotidiana de Galveias reflejando la sociedad rural portuguesa en la que creció este autor.

Peixoto es un escritor duro y cuando digo duro quiero decir tremendamente genuino y real. No adorna su narrativa: la presenta fría, seria y en ocasiones hiriente, así como la vida misma.

En este universo cerrado que es Galveias, cada capítulo cuenta una acción diferente, sin un aparente vínculo con la anterior. Un entramado de capítulos que va tejiendo la vida diaria del pueblo y sus personajes.

Lo cierto es que es una novela bastante real que esconde mucho simbolismo entre sus páginas y un cierto sentido poético. Ese suceso inicial que os he contado y que es el punto de partida de la novela representa algo así como un mensaje divino: es el vínculo de unión entre el universo y Galveias.

Una novela cruel y dura que esconde mucho más entre sus líneas y cuyos personajes, genialmente desarrollados, representan una realidad rural que a veces se nos escapa.

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Las penas del joven Werther, El manga, de Johann Wolfgang von Goethe

Las penas del joven Werther, El manga

Las penas del joven Werther, El mangaEsta vez he hecho el experimento lector al revés. Los  otros dos mangas que he leído de la editorial La otra H fueron La metamorfosis y El gran Gatsby y ambos los había leído previamente y los conocía bastante bien. En esta ocasión he querido leer el manga de Las penas del joven Werther sin haber leído la obra original. ¿El resultado? Os lo cuento a continuación, amigos.

No sé por qué no he leído nunca esta famosa obra de Goethe. Conozco al autor, conozco más o menos su obra, pero nunca me ha dado por ponerme en serio con él. Cuando vi el manga de este libro pensé que sería una buena forma de aproximación a Goethe. O al menos una forma divertida, porque me consta que este escritor alemán un poco espesito sí que es. La culpa no es suya, es del romanticismo. Sí, los románticos eran un poquito densos, para echarles de comer aparte. Pero bueno, Goethe es uno de los principales representantes de la literatura alemana y hay que conocerlo, que no se diga.

Os cuento más sobre Las penas del joven Werther. El protagonista, Werther, es un joven que representa todos los valores del romanticismo. Se trata de un bohemio pintor que no consigue encontrar su lugar en el mundo. Nunca se siente plenamente realizado en ningún lugar ni con la gente que le rodea. Ni siquiera se siente a gusto consigo mismo, lo que le impide alcanzar plenamente su madurez. Por todos estos motivos decide escapar de la sociedad en busca de su lugar y acaba en una aldea llamada Wahlheim. El relato de sus vivencias se narra en forma de cartas a su gran amigo Guillermo, quien conoce bien a Werther y sus inquietudes y pesares. Werther le cuenta a su amigo que una vez estuvo enamorado de una joven que falleció y desde entonces no ha conseguido volver a experimentar aquella sensación tan plena que le recordaba cuál era su lugar en el mundo. En Wahlheim es feliz. La aldea, su naturaleza y sus gentes le encantan y se siente realmente bien allí.

En una de esas cartas a su amigo Guillermo, Werther le cuenta que ha conocido a una joven llamada Carlota, hija de un juez y huérfana de madre, que se dedica a cuidar de sus ocho hermanos como lo hacía su madre. Pero Carlota logra despertar en Werther aquellas sensaciones que parecían haberse perdido para siempre. El joven Werther visitará a menudo a la familia, se ganará la complicidad de los más pequeños y poco a poco consigue convertirse en un miembro más. Todos esos sentimientos que tiene por Carlota no harán más que avivarse cuando Alberto, el prometido de ésta, vuelva a la aldea. Entonces comienza el gran conflicto interno del joven. Sabe que Alberto es bueno para ella, pero no puede contentarse con ello. Como buen romántico, no puede evitar su sino, que él considera que es junto a Carlota. Lo que sucede después es la lucha interna del protagonista por resolver esa situación angustiosa. Y hasta aquí puedo leer. Contaros más sería pasarme de lista, así que os lo dejo para vosotros, lectores.

Como os he dicho no puedo comparar el manga con la obra original porque no la he leído. La adaptación me ha gustado. No es tan caótica como me esperaba y la trama se sigue bastante bien. Conoces la historia de Werther y sus penas y pasas un buen rato leyéndolo y siguiendo sus dibujos. Qué más le voy a pedir a una tarde de jueves.

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Los Zelmenianos, de Moyhe Kulbak

los-zelmenianosNo hace mucho venía a hablarles de un libro titulado Supervivientes, de Java Rosenfarb, un libro escrito precisamente por una sobreviviente del Gueto de Lodz y de los Campos de Auswchwitz. Tengo que reconocer que aun siendo una lectura muy dura, como pudieron ver me gustó mucho; también es cierto que me revolucionó por dentro. Me hizo pensar en cosas que no había recordado desde la lectura de Maus. Es otra forma de ver la historia, ver su resultado en primera persona y por ello de forma muy, muy dolorosa.

Pero todos sabemos que los judíos tienen un buen sentido del humor, peculiar, del que a mí me gusta, porque es un poco saber reírse de uno mismo. Y ese es mi humor, el que yo elegiría para escribir un libro que pienso que podría agradar a los demás … ¿Qué pocas veces utilizamos ya el verbo agradar, ¿verdad?

Como ven, y pese a mi malísima memoria, que una ya va teniendo una edad, y será por ello que empalmo unas lecturas con otras y me ha venido a la cabeza “Los meagrada” que es un álbum escrito por Álvaro Fierro y Gracia Iglesias e ilustrado por Susana Rosique, en ese caso era un libro infantil con el que tengo que decirles que disfruté también mucho…

Pensarán que ya me voy algo de cabeza pero esto es lo que nos pasa a los lectores, que unas cosas nos llevan a otras…, el caso es que en esta ocasión la editorial Xordica me lleva a todo porque la portada del libro me ha encantado, una de esas que no pasa desapercibida a aquellos que vamos siempre mirando de reojo las portadas de los libros, claro que he leído que es del ilustrador Antonio Santos, del que he tenido la suerte de ver varias exposiciones y de la que soy una buena admiradora.

Y si lo que me hizo girar muchas veces la cabeza ante Los Zelmenianos fue precisamente el diseño de la portada, lo que hace que ahora venga a hablarles de él aquí es el impacto que ha producido en mí su interior, una literatura ejemplar, que en este caso me ha resultado maravillosamente agradable para pasar algunos de los días festivos de Navidad, ya saben, hacer las digestiones de estas fechas lleva sus ratos de sillón junto al fuego y una interesante historia ayuda a divertirte y relajarte sin que haya tentación para la siesta… Si, si ya sé que también se puede salir a pasear pero las temperaturas no acompañaban en absoluto.

Si a uno le gustan los libros de humor, las sagas familiares y la literatura yiddish, bien traducida, que nos habla de las tragicómicas desventuras de una familia judía ante la revolución Bolchevique, pues la verdad es que sus 400 páginas no le han de decepcionar.

La traducción directa del yiddish de Rhoda Henelde y Jacob Abecaís es muy actual, fresca y dinámica, con montones de llamadas que no se hacen pesadas, sino todo lo contrario, algunas incluso las podemos obviar pero la mayoría nos llevarán de sorpresa en sorpresa.

Esta obra, que se publicó entre 1929 y 1935, nos va contando la saga de una curiosa familia que iniciamos con el abuelo Reb Zelmele y la abuela Bashe, de los que partirán cuatro estirpes y a través de todos ellos conoceremos como en aquel momento histórico y de grandes transformaciones sociales, intentan seguir con lo suyo, con su forma de vida, constreñidos a las tradiciones y a la voluntad de las decisiones familiares. Pero ahí está el régimen comunista que al final todo lo controla.

Las discrepancias generaciones le sirven al autor para poder hacer crítica de unos y de otros, mejor dicho sátira, que es lo que peor aguantan las dictaduras, y la visión que el autor ya tenía de lo que había a su alrededor culmina en esta maravillosa obra, que junto con sus poemas le costó la vida, pues fue dos años después de su publicación cuando Stalin declara a Moyhe Kulbak traidor a la patria y con 41 años fue ejecutado.

Lo que me maravilla es que una persona en su primera treintena de vida sea capaz de escribir una obra como esta, sé que lo hemos visto en otras ocasiones, pero no puedo dejar de pensar en lo que nos hemos perdido los lectores no dejando que un autor como este crezca hasta donde crecen los grandes, es seguro que la literatura ruso-judía, hubiese alcanzado el nivel de la Gran Literatura judío americana o francesa.

Sinceramente, si tienen unas horas para bien emplearlas, pasen y lean Los Zelmenianos. Y conozcan sus vidas y no se arrepentirán de adentrarse en un pedacito de la historia que de forma muy entretenida nos cuenta Moyhe Kulbak.
P.D.: Me dice un amigo (más bien conocido y del tipo intelectual) que nunca haré una gran reseña si no transcribo un poquito del libro…

…”El tío Zishe no era un hombre de fácil trato, además de todas las enfermedades comunes, adolecía de vanidad y de presunción, y era de suponer que ahora también estaba practicando la presunción. El asunto de la postal de Moscú, había sido una rotunda mentira. Quien siembra mentiras a su alrededor, después se come el hígado por dentro…”

Bueno, pues si hay que hacerlo, se hace, pero solo en algunas ocasiones, y en esta hecho está para que vean que cuando yo les digo que es de lectura fácil aunque sea un autor ruso y escrito en 1929, así es.

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El gran Gatsby, El manga, de F.Scott Fitzgerald

El gran Gatsby, el mangaSoy una fan incondicional de El gran Gatsby. Las líneas finales de esta novela llevan acompañándome casi toda la vida. Todos los años, cuando estreno agenda, lo primero que hago es copiar las siguientes líneas en ella:

“Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros… Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y… un buen día… Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.”

Una vez escritas en la agenda, ya puede empezar el año. Es algo que llevo haciendo años. Sí, es una manía muy loca, muy TOC, muy de la menda.

¿No habéis fantaseado con iros una temporada a vivir dentro de un libro? Yo me iría a las fiestas locas de Jay Gatsby. Me pondría un precioso vestido años veinte, un largo collar de perlas y muchas plumas y me perdería en el jardín de Gatsby mientras la música jazz suena a lo lejos. No es mal plan, ¿no? Adoro aquellos locos años veinte, su lujo, elegancia y savoir-être. Me gusta para un tiempo, claro. No podría quedarme demasiado por allí porque, inevitablemente, todo ese lujo y suntuosidad esconden algo más oscuro.

Mi deber es hablaros de este libro, aunque también lo es regañaros si no lo habéis leído. Además podría regañaros doblemente si no conocéis la historia porque tenéis varias versiones en película para elegir. A mí  me gustó mucho la que dirigió Baz Luhrmann, ese director tan extremo, en el año 2013 con Leonardo Dicaprio en el papel de Gatsby. En cualquier caso, el libro es mucho mejor. Y si os da pereza el libro… ¡chán, chán! La solución puede ser este manga que hoy os traigo. Pero antes de nada, os pongo en situación.

Jay Gatsby es quizá uno de los personajes más conocidos y misteriosos de la literatura universal. En realidad nadie sabe muy bien quién es ni cómo ha llegado a ser quién es. Nick Carraway es un joven escritor que se muda a Long Island. Allí se reencuentra con su prima Daisy, su marido Tom y Jordan, una joven golfista profesional. Nick tiene por vecino a Gatsby, un excéntrico personaje que celebra lujosas fiestas en su casa casi todas las noches. Sin embargo, aunque Gatsby siempre esté rodeado de gente, ninguna de esas celebridades y personajes son realmente sus amigos. Gatsby esconde un secreto que sólo Nick conocerá. Podríamos decir que Nick se convierte en el único amigo de Gatsby. No seré yo quien desvele el secreto de Gatsby ni todo lo que acontece en la novela. ¡Leed, leed, malditos! Pero sí os diré que esos años locos veinte, llenos de excesos y lujos acabarán escondiendo mucho más: una decadencia inminente y una falta de valores de lo más feo. Sin embargo, F.Scott Fitzgerald lo hace bonito. O al menos el mundo que él recrea mediante una prosa exquisita y llena de nostalgia.

Ahora sí puedo hablaros de El Gran Gatsby, El manga. Hace un tiempo reseñé La metamorfosis, El manga y os hablé de la iniciativa de la editorial La otra H. Adaptar libros clásicos al arte del manga debe ser difícil, pero los resultados, hasta ahora, son bastante interesantes. Claro que leer solo la adaptación al manga no es lo más recomendable, pero me parece una forma muy original de hacer llegar a los jóvenes (y freaks) los grandes clásicos de la literatura universal. Hay algunos libros que admiten mejor la adaptación al manga que otros. En el caso de La metamorfosis me gustó bastante. Con El gran Gatsby me pasa que como soy una gran admiradora, este manga me ha sabido a poco. No es una novela fácil de adaptar y confieso que aunque me la conozco de memoria, a veces me he perdido siguiendo el manga. Aun así, como primer acercamiento a la novela de Fitzgerald me parece muy recomendable. También para fieles seguidores de Gatsby y coleccionistas raretes como la que escribe.

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Bárbara, de Osamu Tezuka

Bárbara

BárbaraCada uno imagina el infierno a su manera. Para algunos será un sótano con calderas hirvientes e  instrumentos de tortura manejados por protervos ángeles caídos de tez candente, mientras para otros será un disco rayado de Juan Pardo en sonido cuadrofónico. En cambio, no cabe duda de que, a la hora de imaginar el cielo, todos estamos de acuerdo: el cielo es una biblioteca con las obras completas de Osamu Tezuka. ¿Cómo, que para ti no? Eso es que lo has leído poco. Y mira que la obra de este fénix de los ingenios ilustrados comprende más de 700 mangas para elegir.

En todo caso, es de agradecer, por no decir arrodillarse y besar el suelo, que, con las cinco obras publicadas hasta ahora, la editorial ECC nos acerque un poquitín a esa visión del cielo en la tierra que tenemos los tezukianos. El tezukianismo es una fe de la que me encanta hacer proselitismo y a la que es muy fácil convertirse. No hay más que leer cualquiera de sus grandes obras, sean, por mencionar sólo las pocas que conozco, Adolf, El libro de los insectos humanos, La canción de Apolo, o, para qué ir más lejos, Bárbara.

Así que entremos en materia, aunque para ello tengamos que dar otro pequeño rodeo.

Sería difícil exagerar la influencia que llegó a tener Tezuka no sólo en el manga sino en toda la literatura japonesa, pero me atreveré a daros un pequeño ejemplo: ¿verdad que conocéis a Haruki Murakami, ese escritor de imaginación tan desbordante, capaz de crear historias, personajes e imágenes que parecen sacadas de lo más profundo de nuestro subconsciente? Pues sabed que Murakami no hace nada que no hubiera hecho, muchos años antes, Osamu Tezuka. Por mencionar tan sólo un ejemplo de dicha influencia, pensad en esas chicas enigmáticas, de pasado desconocido, tan pronto ardientes como el fuego como frías cual bisturí, que entran y salen de la vida del narrador como Pedro por su casa, y que pueblan las novelas de Murakami. Pues bien, todas ellas parecen algo más que inspiradas en el personaje que da título a esta obra de Tezuka.

Bárbara, como el susodicho título no indica sino sugiere de manera muy indirecta, nos cuenta el descenso de un artista al infierno de la esterilidad creativa. Yosuke Mikura es un autor de gran éxito e inmenso prestigio a quien los políticos y empresarios más ricos del país ofrecen sus bellas hijas en matrimonio. Mikura, sin embargo, sufre una enfermedad crónica, un trastorno sexual cuya naturaleza nunca nos revela, y que lo mantiene al borde del abismo al que la aparición de Bárbara terminará por lanzarlo.

En Bárbara, como en cualquier otro libro de Tezuka, asistimos al gran milagro que este autor es capaz de obrar, a saber, que alguien con un talento relativamente limitado para el dibujo sea al mismo tiempo capaz de crear viñetas y páginas magistrales que aún hoy, casi cincuenta años después de su publicación, nos siguen sorprendiendo cuando no maravillando. A Tezuka le sirve cualquier momento en la narración, incluso aquéllos donde, a priori, no pasa nada, para introducir una perspectiva insólita, un detalle nunca antes visto, una imagen jamás imaginada y, sobre todo, una impresionante traslación del lenguaje cinematográfico al medio de la novela gráfica. ¿Qué me decís, por ejemplo, de esa mano que, en la página 36, agarra el pomo de la puerta revelándonos el resto del cuerpo en la sombra, que tanto nos recuerda al cine expresionista alemán? ¿Qué de esos ojos en la 186 o esas bocas en la 27, una imagen tan sencilla y tan poderosa? ¿Esa composición de viñetas de la 118, tan orsonwellsiana y que, como veremos una y otra vez, fusiona cine y manga? Y, por terminar lo que podría ser una lista interminable, ¿qué me decís de esos pasos que, en la página 315, persiguen y huyen, una imagen tantas veces vista en el cine y que nadie, hasta Tezuka, supo trasladar a la página?

Las imágenes, sin embargo, por deslumbrantes e innovadoras que sean, no son para Tezuka un fin en sí mismo. Nuestro autor nos cuenta una historia profunda, enigmática y que intuimos eterna. Nos habla de la naturaleza de la creación, de la inspiración, de los demonios que atormentan al artista, o del valor de su obra, entre otras muchas ideas. Es clara la influencia de occidente en lo que respecta al arte, la literatura e incluso la mitología, y, sin embargo, esa misma influencia es cuestionada hacia el final por ese curioso y pequeñito remedo de Andy Warhol.

En definitiva, Bárbara es, como su protagonista, bella, misteriosa, arrolladora, inolvidable y, me atrevería a decir, destructiva: vuestro concepto acerca de lo que es la novela gráfica o, sencillamente, la literatura puede caer hecho pedazos.

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El duelo es esa cosa con alas, de Max Porter

El duelo es esa cosa con alas

El duelo es esa cosa con alasDesde un primer momento supuse que este libro me iba a doler y me enfrente a él un poco con un escudo, un poco con curiosidad y a la vez con fuerza. Sé lo que es el duelo (o al menos mi particular duelo) y sé el daño que provoca. Sé que puede destrozarte, aniquilarte, convertirte en la sombra de lo que fuiste. Sé que el duelo es necesario y que hay que pasarlo. Sé que el duelo no es algo temporal, que en realidad se acomoda y se instala en nuestras vidas y que hay que aprender a convivir con él. Pero finalmente acaba por dejar de doler tanto, acaba por hacerte fuerte. Para Max Porter el duelo es un cuervo, para mí, el duelo es frío: glaciaciones y tiritonas sin nada a mano con lo que cubrirse, con lo que cubrir la pena. Sí, el duelo es algo tan único que cada persona lo experimenta a su manera. La idea de que el duelo sea un cuervo que grazna, que siempre está presente, que habla y que recuerda es inquietante. Pero quién soy yo para decirle a este autor nada sobre su duelo. Ni se me ocurre.

La editorial :Rata_ es valiente. ¿Por qué? Porque su catálogo es original, atrevido y muy personal. Hace poco leí Precoz y, al igual que este libro, me dejó un poco tocada, para qué os voy a engañar. Son libros atípicos y con mucha fuerza. Libros que no dejan a nadie indiferente, pero no aptos para todo tipo de lectores. En ese sentido son un poco sibaritas los de :Rata_ (y me parece genial su propuesta).

El duelo es esa cosa con alas entra dentro del tipo de libro que os acabo de explicar. Ni siquiera sé si es una novela, una colección de poemas, un diario o qué se yo. Sólo sé que es un libro para ser leído (¡valiente comentario!), un libro que nos pide que nos dejemos llevar. Yo lo he hecho. He dejado que Max Porter me llevara por sus líneas a su duelo personal. ¿El resultado? Muy positivo. En ocasiones doloroso, pero positivo.

En este libro se mezclan tres voces: la voz del padre que ha perdido a su esposa, la de los hijos que han perdido a su madre y la del cuervo, la representación del duelo en forma de ave negra y picuda. Todos tienen mucho que decir y cada uno vive el duelo a su manera, claro está. El padre echa de menos a la madre. Los niños echan de menos a la madre. El cuervo no echa de menos. El cuervo es simplemente el tiempo que pasamos echando de menos.

En el fondo, sin saber bien si se trata de un libro de poemas, sí que puedo decir que es un libro muy poético, extremadamente lírico. La voz del cuervo, es decir, la voz del duelo es desgarradora y seductora.

El duelo es esa cosa con alas es un libro difícil de reseñar porque es un libro que pide ser leído e interpretado de manera individual por cada lector. Al igual que el duelo es distinto para cada uno de nosotros, las múltiples lecturas que ofrece este libro también lo son. Ganador del premio Dylan Thomas en 2016, este libro es una propuesta realmente compleja, pero interesante.

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