Publicado el

Muerte en la rectoría, de Michael Innes

Muerte en la rectoría

Muerte en la rectoríaLos amantes de la Edad de Oro británica de la literatura policíaca y de misterio recibirán con agrado la reedición de obras seleccionadas de uno de los autores de esa época menos conocidos en España: Michael Innes. Concretamente, la editorial que ha tenido la feliz iniciativa, Siruela, ha empezado por el primer caso de su protagonista habitual, el inspector Appleby: Muerte en la rectoría o, como se ha dado en titular en otras épocas, Los siete sospechosos.

En principio, el segundo título me pareció más sugerente, pero no tardé en darme cuenta de que era mucho menos idóneo que el primero. Y es que, como el lector notará inmediatamente, la lista de sospechosos es alargada. Más de lo que da a entender ese título alternativo y, desde luego, mucho más que en cualquier novela de misterio de los contemporáneos más famosos de Innes. Y aquí debemos lanzar las primeras flores a nuestro autor de hoy, porque, si ya es difícil manejar con soltura y ecuanimidad un grupo de tres sospechosos, el mínimo exigible, imagínense ustedes qué maestría (o eficacia a la hora de llevar notas y consultarlas -me refiero al escritor, obviamente) no requerirá gestionar la pila de sospechosos que Michael Innes se saca de la chistera.

La cosa se complica, y mucho, cuando, tal como pregona el título oficial, encontramos que este misterio tiene lugar en una rectoría y, para ser más precisos, en un college o universidad cien por cien británica, Saint Anthony, trasunto de Oxford y quizá también de Cambridge (Innes conoció perfectamente esos ambientes tan selectos, tan académicos y tan británicos debido, en parte, a que fue docente en Oxford). Podemos suponer -y acertaremos- que los principales sospechosos son académicos y profesores (aunque también hay un mayordomo, como no podía ser de otra forma), y que las pesquisas tienen lugar en el propio campus donde se ha cometido el asesinato (la víctima es, en efecto, el rector, el profesor Umpleby). Innes hace una labor meritoria al presentarnos a los sospechosos de forma individualizada y, casi siempre, subrayando algo acerca de ellos que ayude a diferenciarlo de los demás. No siempre lo consigue, justo es decirlo, aunque, a medida que avanza la lectura y nos familiarizamos con los personajes, probablemente iremos fijando nuestra atención en algunos de ellos, olvidando a los demás. El puñado de personajes que más espacio de la novela ocupan quedarán cada vez más perfilados a nuestros ojos, e Innes acierta al hacerlos protagonizar acciones o pronunciar palabras que llaman ciertamente la atención y que resultan, cuando menos, excéntricas, llamativas o directamente… sí, digámoslo: sospechosas.

Si para algunos novelistas de misterio la clave de la resolución de éste se halla en la personalidad y en la vida de la víctima, en Muerte en la rectoría sucede justamente lo contrario. La figura de la víctima, el rector Umpleby, con excepción de algunas pinceladas que son, en realidad, de gran interés psicológico, queda bastante difusa.

El porqué debemos buscarlo en el estilo de Michael Innes, quien concebía sus novelas de misterio como un juego, un armazón perfectamente construido, un acertijo que proponía al lector. Y es aquí donde, sin más demora, debemos advertir de que Muerte en la rectoría es una historia compleja. Sumamente compleja. Desorientadora y liosa en grado máximo. Y esto significa que incluye, sin que la lista sea exhaustiva, mapas; un enorme número de personajes; descripciones de ubicaciones, direcciones, lugares y emplazamientos; relatos pormenorizados de lo que casi todos aquellos personajes hicieron o dejaron de hacer en la noche de autos; comprobaciones de tales relatos; interrogatorios (más bien conversaciones de mucha etiqueta y no poco interés académico y hasta filosófico, si en eso estamos); subtramas protagonizadas por tres estudiantes tipo de St. Anthony; señuelos y pistas falsas para el lector; ramificaciones de la trama principal, con descripciones bucólicas -si bien breves- del paisaje y el entorno del St. Anthony… Muerte en la rectoría es una lectura para llevar a cabo con relajación y, si puede ser y se es ese tipo de lector, con bloc y bolígrafo a mano para que todos los cabos acaben bien atados.

Añádase a lo anterior que Innes escribía bellamente y sabía cómo hacerlo. Pero no es la suya, al menos no en Muerte en la rectoría, una escritura de belleza lírica (que también puede serlo en contados momentos de indulgencia), sino de belleza lingüística. Es, en otras palabras, la belleza -de raro hallazgo, sobre todo hoy en día- que irradia la escritura de alguien que domina el idioma a la perfección; más aún, que lo tiene domesticado. Cierto es, probablemente, que el autor emplea una página entera en contarnos lo que podía habernos contado en un párrafo de cinco líneas, pero es que ahí está el Innes académico, el Innes intelectual, que también tiene derecho a asomarse a su obra, y en buena hora.

No es Michael Innes un autor de personajes, sino de tramas. Con todo, su retrato psicológico de otros personajes -incluso de algunos perfectamente irrelevantes para la trama principal, aunque esto sólo lo sabremos al terminar el libro- revela finura y grandes dotes de observación psicológica, así como de retratista literario. Inevitable demorarse algo más de la cuenta en algunos trazos que delatan el carácter oscuro o solapado de algunos de los sospechosos, o en determinadas observaciones que hace Appleby (no diremos si acertadas o no, para no estropear el misterio a los lectores, pero sí de indudable interés y sutileza).

Un rasgo muy importante de Muerte en la rectoría es también el humor. Un humor que no hace reír a carcajadas, por supuesto, sino sonreír con admiración o con complicidad, o con ambas (¿humor académico, puede ser?). Leerlo es como escuchar hablar a un profesor erudito de Oxford, figura ya estereotípica que Innes retrata en ocasiones con comicidad y en ocasiones con un deje que sospechamos autoparódico; y es que uno de los personajes es un alter ego del propio Innes, amable y simpático a su manera, un poco pedante y bastante seguro de sí mismo (hablamos del personaje, claro).

Muerte en la rectoría es una novela muy británica, con ese humor que ellos llaman “seco” y nosotros llamamos “humor inglés” (aunque Innes fuera escocés; dejémoslo en “humor británico”, o humor de un escocés a gusto con su identidad británica). Y la solución, ¡qué decir de ese monumento literario a los juegos malabares y a la ocurrente inventiva de los grandes maestros del suspense! Innes juega aquí a dilucidar la fina línea entre lo improbable y lo imposible. Y, en realidad, llegados a ese punto (el punto final), poco nos importa que la resolución haya sido una concatenación de circunstancias casi casi inverosímiles. Porque la novela es tan, pero tan elegante, tiene tanta clase, y es una exhibición tal de dominio del lenguaje, que nada podemos reprocharle a su autor. Pensamos, al final, que es una de esas novelas que ya no se escriben, no sólo por combinar entretenimiento con calidad literaria, erudición clásica y una elegancia que para su lord investigador habría querido la mismísima Dorothy L. Sayers, sino porque constituye un ejemplo de novela policíaca que hace sonreír, que exuda finura y gusto por las cosas y cuyo verdadero espíritu y meollo no reside en la narración de una investigación de asesinato, sino en las juveniles conspiraciones de esos tres eruditos estudiantes cuya ilusión por la vida y ganas de vivirla se contagian desde las páginas y son un eco precursor de ese Carpe diem tan vitalista, pero a la vez tan solemne como un gran college inglés (o británico).

Publicado el

La chica que lo tenía todo, de Jessica Knoll

La chica que lo tenía todo

La chica que lo tenía todoHay ciertos libros que, sin esperarlo, te marcan por su historia y sus personajes. Este es uno de ellos y para mi se ha convertido en uno de los libros revelación del verano. Aunque se compara con Perdida, La chica que lo tenía todo no es un thriller o una novela del tipo domestic noir. Si tuviera que compararlo con algo, lo compararía con la mítica película Chicas malas y su forma de retratar la popularidad y cómo encajar en un instituto americano.

Este libro nos cuenta la historia de Ani FaNelli, una mujer de treinta años que parece tenerlo todo: su trabajo soñado, un cuerpo diez y el hombre perfecto. Pero Ani oculta un pasado que le ha convertido en la persona fría, calculadora y superficial que es ahora. Un pasado que se cuenta en el libro en partes intercaladas con el presente, en el cual se revelarán todos los secretos de Ani.

A pesar de que cuando comencé el libro odié a Ani y su forma de actuar, tan preocupada por las apariencias, a medida que avancé con la lectura me encontré con un personaje muy complejo, con muchísimos problemas y traumas del pasado que revelan una personalidad insegura y llena de complejos. Lo que más me ha gustado del libro es la evolución de este personaje y que vayamos descubriendo sus secretos poco a poco, a medida que se revelan todos los sucesos traumáticos que vivió Ani en su pasado. Un pasado en el que también conoceremos a otros personajes que también vamos a ver en el futuro. Personajes que, aunque siento que no he llegado a conocer lo suficiente, juegan un papel imprescindible en el desarrollo del libro y en la vida del personaje principal. Algunos para bien y otros para mal.

El ritmo en este libro es espectacular. No puedes parar de leer porque quieres descubrir todo lo que pasó en el pasado y cómo. A pesar de que uno de los mayores secretos se descubre aproximadamente en la mitad del libro, al final hay un giro argumental que sorprende y que completa el libro. Además, la forma de narrar de la autora me ha gustado especialmente, ya que nos cuenta el desarrollo de todos los acontecimientos, intercalando el pasado y el presente, desde la perspectiva de ella a sus catorce y a sus treinta años. Jessica Knoll ha logrado crear un personaje potente y con gancho a través de la premisa de “la chica que lo tenía todo” a través de una narración sencilla pero llena de intriga y misterio.

Pero no todo es drama, en el libro también hay otros elementos como el amor o la amistad que, aunque son menos protagonistas, también son imprescindibles en el libro. Me encanta que un libro trate todo lo que significa la adolescencia, tanto para bien o para mal, en la vida de una persona. Una etapa de la vida en la cual las experiencias que vives te marcan para siempre y te convierten en la persona que serás en el futuro.

A pesar de no tener unas expectativas altas, La chica que lo tenía todo se ha convertido en uno de los mejores libros que he leído este año. Una historia compleja y llena de misterios que te atrapa por completo hasta el final y de la que he disfrutado hasta la última página. Es uno de esos libros que, cuando terminas, te mantienen pensando y reflexionando sobre todo lo que ha ocurrido. Un libro que esconde una historia y unos personajes complejos y que trata temas complicados como la identidad, la violencia sexual, el amor y lo que significa ser mujer.

[product sku= 9788416498260 ]
Publicado el

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch, de Neil Gaiman

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. FinchEn Libros y Literatura se ha hablado muchas veces de Neil Gaiman. Siempre ha impresionado a todos los que le leyeron y después reseñaron tanto sus cómics como sus novelas. Es de esos autores además, que sus seguidores se cuentan por legión y cualquier historia que escribe es estudiada con un riguroso análisis siendo pocas veces criticado en contra. Entra, de este modo, en el selecto grupo de los intocables junto a escritores como Alan Moore o Frank Miller. En el caso de los anteriores de quienes ya he leído bastantes cosas, a veces puedo estar a favor, otras, sin embargo, me decepcionaron lo suyo. Sin miedo a represalias de sus devotos seguidores. En el caso de Gaiman, es mi primera vez. Esta historia que voy a reseñarte es la primera historia que leo del autor y hasta el momento solo contaba con las críticas muy favorables a cómics y novelas suyas como Sandman o Coraline. Una vez leída, voy a darle a la tecla para hablar de ella.

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch es el último monstruito, la última creación publicada de Neil Gaiman. La obra original correspondía a un relato del autor que ahora, gracias a los lápices de Michael Zulli y Todd Klein, se puede disfrutar en formato cómic. Y dada la temática que narra la historia, con su ambientación, localizaciones y personajes, el dibujo no hace más que añadir más puntos a favor. Ambientada en las catacumbas de un viejo edificio londinense donde se celebra un clandestino espectáculo circense repleto de seres aberrantes y pesadillescos, el autor te invita a pasar un ratito de lectura muy entretenida y tenebrosa. Un poco del argumento:

Un guionista de películas intenta terminar el escrito de su guion en la habitación de un hotel de Londres. Recibe una llamada por teléfono de una pareja, amigos suyos, para salir a cenar e ir al teatro y así de paso endilgarle como parejita a la amiga amargada, seca e insoportable que es la Srta. Finch. El hombre, sin mucho más plan a la vista, acepta la invitación. Cuando quedan todos, la cita ha dado un pequeño vuelco; cambian el teatro por el circo. Lo que no saben es a qué tipo de circo se van a adentrar. Refugiándose de la incesante lluvia londinense, entran en las catacumbas de un viejo edificio donde se va a desarrollar la función. El maestro de ceremonias, ¿Alice Cooper?, les invita a conocer las horrendas criaturas que se esconden en cada una de las salas del circo. Vampiros, una monja desnuda, magos macabros y otra colección de viles y enfermizos personajes de pesadilla. Y una sala especial. Un lugar donde es mejor andarse con cuidado con lo que se desea.

Toda historia que se desarrolle en ese tipo de escenarios, de primeras, me llaman mucho la atención y hacen que devore sus páginas al margen de quién sea el autor. ¿A quién no le dan miedo los circos? Es un escenario muy recurrente para impresionar al lector con historias que danzan entre el terror y el misterio y dependiendo de la delicadeza y buena pluma del escritor, lo pueden hacer de forma sutil, elegante y opresiva o por el contrario, lasciva, macabra y repugnante. En este cómic yo encontré la mezcla de lo macabro escrito de una forma elegante. Si encima a la historia le acompañas de un buen dibujo, de los que denomino feísta por sus formas menos perfectas en cuanto a proporción o detalle pero en conjunto, una sucesión de acuarelas muy personales, mucho mejor. Así que puesto a su lectura solo podía ir metiéndome en la trama cada vez con más gusto gracias a su buen ritmo narrativo y ese toque de suspense que me puso, por así decirlo, contra las cuerdas. Me explico. Me gustaba tanto recrearme en cada viñeta que me sentía casi culpable de pasar de página. Pero es que lo que el guion aguardaba en la siguiente…

Así todo el cómic. Lo leí dos veces seguidas. Y en ambas ocasiones, la misma tesitura. Atractivo dibujo, excitante guion.

Es una de esas historias que me infunden miedo a lo desconocido, a lo que pueda suceder en ese extraño lugar y a las escenas e imágenes tan perturbadoras que se van desarrollando en cada viñeta contrastando, a su vez, con el sosiego y la armonía con la que el personaje protagonista narra los hechos. Ese suceso extraño que les sucedió aquella noche en el circo y lo que a la dichosa Srta. Finch le ocurrió allí. Lectura de lo más inquietante. Que encima el tipo guarde un más que notable parecido con Stephen King en los años 70 le añade, a mi gusto, más flipe.

De la edición que ha editado ECC, una tapa dura de 56 páginas bien cuidada por la editorial que se lee, como dicen por Argentina, en un pedo. Buen tomo para conservar en la librería de casa.

En definitiva, si te gustan los cómics con una historia que esconde un halo de misterio y horror repleto de un elenco de personajes pesadillescos pero bastante reales —uno nunca sabe lo que se cuece en ciertos tugurios de los bajos fondos de las ciudades—, bien ilustrados y con un ritmo que no decae en ningún momento, disfrutarás de esta novela gráfica. Y además, si eres de los que acompañan sus lecturas de una banda sonora que le vaya como anillo al dedo, prueba a poner en tu tocadiscos Welcome to my nightmare, de Alice Cooper. Yo lo hice. Mola. Creo que se ajusta bastante bien al sentido de este cómic. «Bienvenidos a mi pesadilla. Creo que te va gustar. Espero no asustarte […]». ¿Te atreves a entrar?

[product sku= 9788416796861 ]
Publicado el

Insomnio, de Sergio Moreno

Insomnio

InsomnioPocos días atrás tuve una conversación con una amiga acerca de la importancia de la primera novela para un autor. Ella se considera a sí misma fan de los autores amateur y de su obra debut. De entre muchos libros que comentamos, me recomendó Insomnio, de Sergio Moreno. Me dijo que por temática podría interesarme más. Y en esas, me puse a leerla con ganas. Con ganas porque siendo yo prácticamente uno de ellos, un joven escribidor que apenas ha desarrollado una decena de relatos breves, aprecio en estas novelas ese ímpetu de los escritores primerizos, el deseo de querer plasmar en su primer libro todo su potencial y permitir que aquellos que han sido sus maestros, formen parte de sus escritos siendo claramente referenciales. Las hostias, si las hay, ya vendrán después, pero ahí tienes tu novela.

Sergio Moreno se ha atrevido. Y no con una novela pequeña; más de trescientas páginas calza su primogénita. Y ha apostado por el género de terror, donde mejor se sabe manejar. Ahora lo comento. Antes un poco del argumento:

El hermano de Gus aparece con una soga atada al cuello y los pies colgando sobre el parqué de su apartamento. En la mesilla ha dejado su carta de suicidio. Lo que en ella hay escrito, reverbera en la curiosidad de Gus como una larva criando en su cerebro. ¿Qué le sucedió? La policía suele decir que si una nota dice «Nada de policía» es justo el momento preciso de avisar a la policía. Al igual que si otro cartel indica «No pulsar el botón rojo», ¿qué haríamos en nuestro sano juicio? Vosotros no lo sé, yo pulsarlo, desde luego. Pues la nota que encuentra Gus dice las palabras mágicas para avivar su espíritu entrometido:

«[…]Tengo miedo. Lo he tenido desde aquella maldita noche. Algo sucedió, pero es todo lo que puedo contaros».

Lo que Gus desconoce es que adentrarse en esas indagaciones va a convertir su vida en una pesadilla y las consecuencias a pagar tendrán un precio muy elevado. Insomnio juega con la horrible sensación de no poder dormir. A veces hay dramas que te quitan el sueño, otras suelen ser asuntos económicos y problemas familiares y en otras ocasiones, el pavor a quedarte dormido y que ellos te hagan daño…

Para su autor, la idea de su primera novela estaba clara; quería homenajear todo aquello que mejor conoce, que tanto le gusta y mostrarnos con deleite las fuentes de las que ha bebido. Y hay que decir que el tipo tiene buen gusto. Por ahí encuentras menciones a Bécquer, y no sólo eso, sino a su Leyendas en una edición de hace cincuenta años en tapa dura, un pasaje con niños que bien puede recordar a IT de Stephen King y por supuesto, Lovecraft. En él centra todo su relato y juega un papel fundamental en el legendario de la historia. He de destacar que Sergio Moreno fue ganador del último certamen de Relato Breve del día Lovecraft de Madrid, por tanto, desarrollar su novela dentro del género lovecraftniano, para él, es jugar en casa.

No solo referencias literarias ha empleado para inspirarse. También están ahí las noches de domingo viendo a Iker Jiménez en Cuarto Milenio, la Villa de Vallecas, la gasolinera de Batán y The Cure sonando mientras se juega a la Ouija.

La novela, pese a estar dividida en cuatro partes, para mí queda sesgada en dos: la primera es la parte más cotidiana, la búsqueda de la verdad, Gus y su mujer, el pueblo de Vallecas, las cosas que se mueven solas…Hacia poco más de la mitad del libro, la segunda, a mi gusto, gana en ritmo e interés. Es donde se palpan los sueños y el sentimiento Lovecraft. Más onírico, más extraño, más mágico.

Un detalle que me encanta destacar siempre que es posible y en este caso, además, obligatorio: la portada. Como amante de encontrar buenos portadistas para mis historias, me gustaría que quien se encargara de ello consiguiera plasmar el sentido del libro en ella y hacerla lo más atractiva posible. El arte corre a cargo de Góngora, no la nariz superlativa, sajón y escriba, sino el ilustrador Alberto Góngora, de cuyas proporciones narizudas desconozco, por cierto. Autor a tener en cuenta que ha trabajado con diversas ilustraciones para antologías y revistas de género y trabaja por segunda vez con Sergio Moreno (la anterior fue en un libro de relatos cortos llamado Sueños de sótano y desván).

Como decía al principio, es una primera novela de un autor novel, al menos en cuanto a extensión, y cierto es que esos detalles se aprecian en su lectura. Además del ímpetu y las ganas del primerizo, muy agradecidas, también está la tendencia a ser demasiado explicativo por temor a no ser entendido en según qué situación, la carencia de ritmo e interés en algunos pasajes y la falta de desarrollo de los personajes. Cosas que a muy seguro su autor irá perfeccionando en futuras historias porque esa es la idea, aprender siempre desde la humildad patente con la que ha sido escrita.

[product sku= 9788494529511 ]
Publicado el

El peso de los muertos, de Víctor del Árbol

El peso de los muertos

El peso de los muertosAcabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún estoy tratando de asimilar el final de la historia. Al terminar de leer la última frase de la última página, un escalofrío me ha recorrido la espalda de principio a fin, erizándome la piel y dejándome todavía el corazón encogido, en un puño. Estoy tratando de asimilar esta historia, recolocando en mi cabeza todos los sentimientos que se han agrupado durante la lectura, preparándome para despedirme del libro y volver a guardarlo en mi biblioteca; en un lugar privilegiado de mi biblioteca, desde ahora. Y estoy haciendo algo que no había hecho nunca, empezar a escribir la reseña, sin respetar esas horas o días que hay que dejar entre la finalización de un libro y su reseña, ese tiempo en el que los posos que deja la lectura nos dibujan claramente si leímos una buena historia o no.

Acabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún sigo sin creer que esta fuera la primera novela de un autor, consiguiendo en su debut una madurez que muchos otros autores todavía no han encontrado tras muchos años escribiendo y publicando. Diez años después de escribir esta historia, Víctor del Árbol ha conseguido que crítica y público coincidan en los halagos hacia él. Incluso ha conseguido el prestigioso Premio Nadal con La víspera de casi todo, justo los dos (primero y último) únicos libros que he leído del autor, algo que necesariamente tendré que solucionar. Y pienso que El peso de los muertos y La víspera de casi todo tienen lugares e historias comunes, algo así como un sello personal que el autor confiere a sus obras y que, tomando perspectiva de las cosas, lo escrito en el 2006 fue algo enorme, aunque mejor ha sido lo que ha escrito en 2016. Por eso irremediablemente me da por pensar en el 2026 y saco la conclusión que Víctor del Árbol y su literatura no tienen límites.

Acabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún sigo digiriendo su narración madura, sus personajes tan definidos y ese misterio suministrado al lector en pequeñas dosis. Sigo fascinado por sus narraciones tan completas y académicas, sus paisajes rurales y urbanos tan especiales y por esos personajes como Lucía o Liviano, tan fuertes pero a su vez tan llenos de miedos y de culpas. Y me encanta la manera que tiene el autor de hablar de la vida y de la muerte como si fueran dos caras de la misma moneda, dos conceptos antagónicos pero con una línea extremadamente fina que los separa. Por eso, cada vez que se lanza la moneda al aire y sale la muerte, ese peso se queda dentro de los vivos, un peso que engorda con los años y que impide continuar a sus protagonistas, por mucho empeño que le pongan. Y sí, está claro que el libro tiene algunos pequeños defectos (el propio autor lo reconoce en al inicio de la novela), pero no estoy aquí para juzgar al Víctor del Árbol actual sino al Víctor del Árbol de hace una década que cumplió su sueño de ser escritor y que dejó una ópera primera de una factura difícil de igualar.

Acabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún sigo pensando en su final. Y querría ponerle un adjetivo pero no encuentro el más adecuado, quizá por miedo a que alguien pueda hacerse una idea equivocada del mismo. Prefiero que los lectores de esta reseña lo descubran por sí solos. Yo, mientras tanto, sigo sorprendido por los efectos del libro. Como he dicho antes, es la primera vez que me pongo a escribir nada más terminar de leer. Y también es la primera vez que consigo escribir una reseña completa en solo diez minutos. Increíble.

César Malagón @malagonc

[product sku= 9788416328611 ]
Publicado el

Viento mortal, de Cay Rademacher

Viento mortal

Viento mortal

Hay libros que te marcan y otros que simplemente te entretienen y te hacen pasar gran rato sin más pretensiones. Viento mortal, de Cay Rademacher, se encuentra en el segundo grupo, pero no obstante, es una lectura que realmente merece la pena y que se ajusta muy bien a la época estival en la que nos encontramos.

Se trata de una novela de misterio en la que el protagonista, el capitán Roger Blanc, es trasladado a a una pequeña localidad en la Provenza como castigo por investigar e incomodar a altos cargos de la capital francesa. Por si eso fuera poco, su mujer se niega a acompañarlo aduciendo a la aventura que desde hace tiempo tiene con otro hombre. Así las cosas, Blanc, empieza de cero en una vieja casa heredada de un tío y en una comisaria donde no es del todo bien recibido. Por eso, nada más llegar le asignan un caso que, en principio, parece carecer de importancia, pero que irá ganando magnitud y que tendrá que investigar con dos de sus nuevos colegas: un hombre vago y nada respetado por sus compañeros y una especialista informática que es todo lo contrario. Además tendrá que lidiar con el matrimonio formado por el Secretario de Estado culpable de su traslado y la jueza de instrucción de su nuevo destino, que estará pendiente de todos sus pasos desde el primer momento.

Es un libro de misterio al uso que no aporta nada nuevo al género pero que, no obstante, sí tiene algunos rasgos distintivos que lo hacen más atractivo y mejor que la media de libros del género. Para empezar, su ambientación. Como decía, la historia se desarrolla en la Provenza francesa, un paisaje bucólico y tranquilo en el que nadie se espera que sucedan cosas terribles y, por eso, cuando suceden, el avispero se agita ineludiblemente. Tras la cansina moda de novelas negras ambientadas en los fríos y ya monótonos paisajes nórdicos, es de agradecer este cambio de tercio a una panorámica cálida y colorista que se advierte y experimenta nada más ver la portada (y sus magníficas solapas), además de desde la primera página. He de añadir, hablando de primeras páginas, que me gustan mucho las novelas que, a lo Agatha Christie, comienzan con un listado de personajes a modo de presentación para que sepamos desde el principio quién es quién.

Además del cambio de ambiente, Cay Rademacher, también introduce unos personajes algo diferentes, especialmente el protagonista que, a pesar de la difícil situación personal y profesional que atraviesa, no ahoga sus penas en alcohol ni saca a relucir un carácter agrio y antipático como la mayoría de los protagonistas de la novela negra hoy en día. Blanc se trata de un hombre normal que, como todos, tiene luces y sombras y que en el momento del libro se encuentra en una mala racha, pero en vez de arrastrase por el suelo y autocompadecerse, empieza de cero y trata de rehacer su vida en todos los ámbitos a la vez que es fiel así mismo. Hago hincapié en esto porque últimamente estábamos acostumbrados a policías atormentados que reniegan de todo y vuelcan su frustración y tormento en litros de alcohol. El protagonista de este libro no es así y es algo que valoro enormemente como lectora asidua de novelas negras o de misterio.

Al margen de los dos puntos claves y distintivos que he comentado, Viento mortal es un libro que se lee fácil y cómodamente. Está bien escrito, con su justa medida de descripciones y diálogos y con un argumento bien hilado y presentado, que se centra en cómo afecta el crimen a los habitantes de la localidad –en la nota de prensa que presenta el libro se habla de género slow crime–. Por eso, no esperéis generosas dosis de tensión ni grandes giros, porque no es el caso de esta novela. Esto no quiere decir que el libro no enganche, que no haya misterio o que sea excesivamente lento o previsible, ni mucho menos; pero no son sus rasgos más destacados.

En resumidas cuentas, es un libro recomendable para los amantes del género de misterio que estén un poco cansados de la última corriente escandinava que puebla las librerías hasta la saciedad; y para los lectores que busquen un libro correctamente escrito y de ambiente y tono plácido, para leer en las mañanas y/o tardes de playa o piscina.

 

@EvaLColmenero

[product sku= 9788416363902 ]
Publicado el

La viuda, de Fiona Barton

la-viudaAbrir un libro es abrirse uno mismo a ser decepcionado, quizá, pero sorprendido gratamente, otras veces. Nunca se sabe. Y con La viuda, debut literario de la otrora periodista Fiona Barton, me sucedió a mí y puede sucederle a usted, amable lector. No me refiero a que esta novela me haya sorprendido por haber superado mis expectativas, ni por haberme brindado una lectura más gratificante de lo que yo esperaba (no esperaba nada de particular más que pasar un rato agradable, habida cuenta de que La viuda se nos ha presentado como heredera de otras novelas veraniegas de tintes criminales, y muy especialmente de La chica del tren, con la cual se la ha comparado favorablemente, jerarquización con la cual no puedo estar más de acuerdo).

No. Me refiero a que La viuda pertenece a ese grupo de novelas que se transforman delante de nuestros ojos en otra cosa de lo que eran hasta ese momento. No se trata de transformaciones radicales; La viuda no contiene abruptos o  rebuscados giros argumentales, sorpresas que estiran hasta el límite la frontera de lo verosímil ni complejidades temáticas o estructurales que nos obliguen a releer fragmentos enteros para tratar de armar el puzle. La transformación de la que hablo tiene más que ver con la manera en que fluye la historia y fluyen los personajes, y ello lo debe todo a la magistral dosificación y administración de la información de las que hace gala Fiona Barton. Esta autora consigue en La viuda imitar la vida y a las personas reales, a las que no “leemos” ni conocemos igual que conocemos a los personajes de una novela cualquiera, sino poco a poco, llevándonos pequeñas sorpresas y desengaños, descubriendo sus personalidades lentamente, con un conocimiento cuyos fragmentos nos suelen llegar con cuentagotas y dependiendo de situaciones, momentos y coyunturas. Pues algo así sucede con los personajes de La viuda, sin duda el elemento decisivo a la hora de engancharnos a esta novela y el que la eleva por encima de otros libros de similares estilo, temática y argumento.

Los cuales no son el colmo de la originalidad, pero todas las historias ya han sido contadas; lo que las diferencia es las distintas maneras de contar, cómo el autor maneja la información, y en eso Fiona Barton acierta de lleno. La viuda cuenta la historia de Jean Taylor, que acaba de enviudar de un hombre que había sido juzgado (y absuelto) por secuestrar a una niña de 2 años. Ahora que el marido ha muerto, Jean recibe otra vez la visita de las personas que lo persiguieron y que nunca dejaron de creer en su culpabilidad: el inspector que llevó el caso, Bob Sparkes, y la periodista que lo cubrió a la par que intentaba descubrir la verdad, Kate Waters. Cada uno de ellos a su manera tratará de despejar la duda que los acecha: ¿es el difunto Glen Taylor el secuestrador de la pequeña Bella? Ambos se aferran a la posibilidad de que Jean conozca el secreto.

La viuda es una obra con más enjundia de lo que pueda parecer. Como historia criminal, las hay mejores y también mucho mejores; sin embargo, donde verdaderamente brilla es en la liga de historias de drama psicológico con tintes policíacos. Subrayo lo de los tintes; en realidad, es un barniz, pero no el corazón de la historia; pienso que a la autora no le interesaba tanto escribir una historia de sabuesos en persecución de la verdad como una acerca de los personajes en los que no se suele posar el foco de la atención pública: la mujer que posa al lado del acusado, la periodista ambiciosa pero con corazón, el policía que se agarra a un clavo ardiendo con tal de descubrir la verdad. Personajes secundarios en la vida real si miramos la historia con los ojos de un espectador no involucrado personalmente en la historia; a ese espectador -o lector- sólo le interesará el misterio y su resolución, y saber si el acusado se llevó a la tumba un secreto inconfesable o, por el contrario, era un hombre injustamente acusado. Pero personajes de indiscutible protagonismo si nos adentramos en la historia y elegimos vivirla en vicaria primera persona. Puesto que cada individuo es el más importante para sí mismo, y su historia, la única verdadera.

En La viuda hay o puede haber tantas verdades como personajes. Y Fiona Barton procura tratarlos a todos por igual, sin prender la llama del prejuicio, sin alentar éste con trucos fáciles de escritor de novela negra; jugando algunas veces el juego de adivinar qué piensa y siente el lector y demostrarle lo equivocado que está (o no) y hasta qué punto es presa de atajos simples de lector resabiado (o no).

La viuda es más sincera que La chica del tren, y más humana que Perdida. Y está mejor narrada que cualquiera de las dos. Porque atesora momentos de magia literaria, aquellos en los que, creyendo que teníamos caladísimo a tal o cual personaje, la autora nos demuestra que es ella quien más sabe. Y lo hace de una forma muy elegante: dejando caer información como gotas de sirimiri, de tal forma que, para cuando queremos darnos cuenta, somos nosotros los que estamos calados hasta los huesos, y ni nos hemos enterado.

Brilla con luz propia, del elenco de personajes, ese policía mucho más humano, mucho más real, mucho más amable y fácil de querer que la mayoría de superpolicías que pueblas las novelas de misterio: Bob Sparkes, el inspector que ha llegado a querer a la niña cuyo secuestro investiga. Sparkes es entrañable, y es especial entre los policías de novela; es excepcional porque personifica al policía que es derrotado por su caso pero, aun así, no ceja en su empeño. Es un policía que sale del Cuerpo por la puerta de atrás, humillado, avejentado, desengañado; un policía totalmente falible, que, a pesar de contar con compañeros jóvenes e inteligentes, se ve obligado a bajar a los infiernos para poder volver a nacer.

[product sku= 9788408155546 ]
Publicado el

Yeruldelgger, muertos en la estepa, de Ian Manook

yeruldelgger_muertos_en_la_estepaNunca hay suficientes policías desquiciados. He leído un buen montón de novelas de género negro y nunca está de más otro policía totalmente perturbado. La verdad es que son mis preferidos. Me aburro bastante con los buenos policías; los que son un ejemplo para el cuerpo, los que cumplen las reglas, los de cuerpos esculturales, las guapas y listas, los que van en parejas, los buenos mossos, los guardias civiles, los policías nacionales; las juezas, los periodistas, las amas de casa, los publicistas, abogados y toda esa clase de investigadores accidentales. Son todos iguales. Aburridos.

Adoro el Pulp. La acción pura, romper las reglas, disparar antes de preguntar. Detectives alcoholizados y tristes y valientes y un poco románticos. A su manera. Gente que pierde los papeles. Muchas veces. Detectives privados con pasados dolorosos. Policías a los que les quitan las placas por insubordinados.

Yeruldelgger no es nada de lo primero y casi todo de lo segundo. Ian Manook –que en realidad se llama Patrick Manoukian y, además de ser francés, es editor, periodista, guionista de comics, escritor de libros juveniles e infantiles y sobre todo conocido por sus reportajes de viajes- se ha sacado de algún rincón de su cabeza a este comisario mongol de nombre impronunciable, carácter explosivo y métodos expeditivos para satisfacer a los que le pedimos a la novela negra un punto algo más incómodo y duro de lo que habitualmente se encuentra en las mesas de novedades.

Y sí, he dicho mongol.

Porque Yeruldelgger, muertos en la estepa está ambientado en Mongolia, concretamente en su capital, Ulán Bator, y alrededores. Incluida la inmensa y solitaria y peligrosa estepa. Y Yeruldelgger, en efecto, es el complicadísimo nombre de nuestro insólito comisario.

Todo empieza cuando una familia nómada encuentra el cuerpo de una niña pequeña enterrado junto a su triciclo en medio de la nada, de la infinita estepa. El comisario Yeruldelgger se desplazará desde la capital hasta la pequeña Yurta de la familia –cinco horas de calor e interminables baches por el desierto- para hacerse cargo del cuerpo y buscar cualquier pista que sirva para resolver el dramático hallazgo. Solo unas horas antes, el comisario estaba ante tres cadáveres mutilados de tres ciudadanos chinos a los que han asesinado brutalmente en una fábrica de la capital. No hay descanso en la ajetreada Ulán Bator.

Con estos dos casos arranca la historia de Yeruldelgger, un tipo duro que no escucha a nadie y que tiene una piedra por corazón. Manook abre la novela con fuerza, con pasajes de esos que se te van gravando en la retina y prácticamente no afloja hasta el final. Una novela ambientada en Mongolia es algo exótico, no nos engañemos, de esas novelas que se salen de lo habitual, como lo fueron las nórdicas, las chinas o las indias en el pasado. Manook nos trae toda la cultura mongola; sus tradiciones, sus rutinas, sus hábitos, su sociedad, sus males, sus puntos débiles, todo, y es absolutamente fascinante descubrirlo con la intensidad con la que Manook lo cuenta.  Como toda buena novela negra, Yeruldelgger, muertos en la estepa ofrece múltiples lecturas, a cada cual más dura. Una de las que más me ha interesado es cómo Manook expone al lector las condiciones  del país frente al desembarco –invasión, irrupción o ataque, según a quién preguntes- de los chinos en Mongolia. Los asiáticos se han hecho con multitud de fábricas mineras, explotando las riquezas del país, de la que ellos sacan beneficio, han abierto negocios por toda la capital, están presentes en las altas esferas de la política mongola, en los círculos financieros, en la policía.

Manook enfrenta estas dos sociedades parasitarias, de mutuo beneficio exclusivo, frente a un país dejado de la mano de sus dirigentes, empobrecido y exprimido hasta la extenuación por los políticos y los empresarios sin escrúpulos. Un país que olvida sus creencias y sus ritos. Un país que, según algunos, está en manos de los intocables y corruptos chinos.

Pero esa es solo una de las múltiples lecturas que ofrece Manook en esta historia, hay muchas más; sobre la perdida y el dolor, sobre el racismo, sobre el amor, la ética, la amistad, una tras otra se solapan en una trama sin descanso que nos lleva por todo Ulán Bator, desde sus alcantarillas hasta sus parajes escondidos más fastuosos e increíbles, desde edificios sucios, arruinados y peligrosos hasta mansiones imposibles con todos los lujos imaginables. Mongolia excesiva y calurosa, arruinada y peligrosa, Mongolia en todo su esplendor.

Pero no nos engañemos, Manook nos quiere contar la historia de Yeruldelgger. La historia de un comisario que iba camino de ser el jefe de policía y que ha acabado siendo un solitario y malhumorado policía, prácticamente sin amigos y sumido en un letargo sin fin con brotes de violencia incontrolada. Manook nos cuenta el porqué de ese descenso al infierno del comisario a través de estos casos y de una sociedad prácticamente desconocida para nosotros, lo envuelve todo en un thriller negrísimo –no apto para todos los estómagos- y nos ofrece una novela diferente en todos los sentidos. Y cuando digo diferente me refiero no solo al paisaje y la ambientación, que lo son, sino también al desarrollo en sí de la trama, a los personajes, todos bastante extremos y peculiares, a la resolución de las tramas, a la historia en sí. Manook mezcla el género negro con pinceladas de otros géneros aquí y allá, lo enriquece, lo transforma, le da su tono.

Yeruldelgger, muertos en la estepa, no es solo la historia de un comisario caído en desgracia, es también todos y cada uno de los que están a su alrededor;  los que lo sufren, lo admiran o lo odian; es la historia de un país, de una cultura enclavada en el pasado; es un tapiz de vidas entrelazadas, mezcladas, cortadas, borradas; es una historia de las muchas que habitan en un país gigantesco, polvoriento, olvidado y del que muy poco sabemos.

[product sku= 9788416237166 ]
Publicado el

Aguacero, de Luis Roso

aguacero

aguaceroLa novela negra siempre ha sido uno de mis géneros favoritos para desconectar del día a día y, de paso, jugar a ser una detective –la primera profesión a la que me quise dedicar cuando apenas superaba el metro de altura–. Tengo cientos de recuerdos de mí misma devorando libros de Agatha Christie o Patricia Highsmith ya en mi más tierna infancia. Fueron de los primeros libros “serios” que leí. Luego, vendrían Conan Doyle, con su archiconocido Sherlock Holmes, y Raymond Chandler. El gran atractivo de estas novelas radica, además de en su temática, que gira, evidentemente, en torno a un crimen, en sus ambientes opresivos, sórdidos y violentos; en sus carismáticos investigadores; y en sus diálogos que le dan ritmo a la investigación. Aguacero, la primera novela de Luis Roso, cumple con todas estas características y me ha devuelto a esos veranos de emoción y tensión de mi infancia.

En Aguacero, nuestro protagonista, el inspector Ernesto Trevejo, deberá trasladarse por orden de su comisario a un pequeño pueblo de la sierra madrileña, Las Angustias, donde han muerto cuatro personas –dos guardiaciviles y el alcalde y su mujer– para ayudar a la Guardia Civil a desentrañar los crímenes. Ya allí, nos encontraremos con un pueblo desolado, sombrío y lleno de secretos. Esta novela tiene tres puntos claves que se corresponden con las características más importantes de la novela negra que decía en el párrafo anterior: el primero es la época en la que se desarrolla, los años 50 de una España en la que ya estaba del todo asentada la dictadura de Franco. Una España, por tanto, cerrada y monjil; que se vuelve aún más encorsetada y oscura en pueblos pequeños como el de la historia. Me ha encantado leer una novela ambientada en nuestro país, en una parte (negra) de nuestra historia –tan rica e interesante como la de cualquier otro país– mostrando cómo era la sociedad y la vida en esos años. Y si bien al reflejar la sociedad de esa época se hace un poco de crítica social, ésta es una pequeña parte del libro porque lo importante, el foco, sigue estando en el caso que se está investigando.

Otro punto a destacar, casi diría que el que más, son los diálogos. En Aguacero ocupan el 90 por ciento del libro y son brillantes. Dotan de ritmo a la narración y nos muestran en todo su esplendor a los distintos habitantes de Las Angustias que están involucrados en el caso. A pesar de que ocupan una buena parte del libro, van de la mano de unas descripciones breves pero precisas que arman un esqueleto sólido para aguantar con facilidad el peso de esta novela.

–Bogart también tiene un aire castellano –afirmó el ingeniero–. O por lo menos europeo. ¿No les resulta calcado a Albert Camus?

–¿A quién? –pregunté, por mí y por el resto de los presentes.

–Es un escritor francés –respondió el ingeniero–. Aunque me imagino que no lo habrán publicado todavía en España. Yo lo he leído en versión original. Es un existencialista. Quiere decir que está todo el día pensando en qué hacemos en este mundo y qué habrá en el más allá.

–Lo mismo que hacemos todos a diario, sin darnos tanto bombo –dije.

–Sí, supongo que sí. Los españoles sois un pueblo muy dado a la metafísica.

–¿Qué es eso, la metafísica? ¿Algún término de su lengua materna?

–Es usted muy ocurrente, inspector. No, la metafísica es la disciplina que estudia el origen del ser, de dónde venimos, adónde vamos, qué significa morir…

–Morir significa morir, se acabó lo que se daba, finito. Tampoco hay que graduarse en la Sorbona para saber eso.

–Ernesto Hemingway, en uno de sus libros que escribió sobre España, puso que le había llamado la atención un dicho de este país: hay que tomar la muerte como si fuera una aspirina. Yo nunca he oído decirlo, y creo que igual fue invención suya, pero me parece que dio en el clavo, que ahí dejó condensado mucho de la manera que tienen ustedes de ser. El humorismo, por un lado, y por otro el desplante y la naturalidad con que asumen el paso a la otra vida.

–Lo natural es morirse, ¿por qué no habría de tomárselo con naturalidad? Las cosas que nos ocurren hay que tomarlas como vengan. Si sale con barba, san Antón, si no, pues eso… Para lo poco que vamos a estar aquí no merece la pena preocuparse tanto por estos temas.

–Estoy convencido de que a usted le gustaría este filósofo que le digo, Camus. Le abriría una nueva perspectiva en su visión del mundo.

–De la visión ando bien, de momento. Pero cuando quiera mándeme algún libro suyo y lo leeré con gusto, aunque no se crea usted que soy un hombre muy de letras.

Por último, el tercer punto destacable del libro son la pareja de investigadores, el inspector Ernesto Travejo y el guardiacivil que actuará como su segundo, Aparecido Gutiérrez. Son dos personajes carismáticos e interesantes por separado, pero cada escena que tienen juntos aumenta el interés y el enganche. No tienen nada que envidiarle a otras parejas famosas de la novela negra y, de hecho, me encantaría poder leer más novelas protagonizadas por ellos dos.

Durante años el epicentro de la novela negra han sido los países nórdicos con nombres como Stieg Larsson, Henning Mankell, Jo Nesbø o Camila Läckberg; pero cada vez más autores españoles están reavivando un género que ya tuvo grandes referentes en nuestro país hace unos años (Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma y Andreú Martín). Autores como Víctor del Árbol, Rosa Ribas, Cristina Fallarás, Alexis Ravelo, Dolores Redondo, o los mismísimos Alicia Giménez Bartlett y Lorenzo Silva, que son ya referentes de la novela negra de nuestro país, colocan cada libro que sacan directamente en las listas de superventas. A esta lista ya podemos añadir a Luis Roso que con Aguacero ha conseguido escribir una novela negra al más puro estilo de los grandes clásicos y en la que ambientación, narrativa y personajes conforman un libro cerrado y perfecto que se lee con avidez y te deja con ganas de más.

@EvaLColmenero

[product sku= 9788466659215 ]
Publicado el

Normal, de R. López-Herrero

normal

normal

Normal. Seis letras muy peligrosas. ¿Qué es lo normal? ¿Quién es normal? En realidad todos. “Todo el mundo es normal hasta que lo conoces”, gran frase que tengo de lema en mi perfil de whatsapp y que es totalmente cierta. Todos normales, “normalizados” como los envíos de correos, todos cortados por un mismo patrón, todos con nuestras cadaunadas, lo cual es también otra forma de normalidad. No obstante, todos queremos diferenciarnos, pensarnos, creernos y esforzarnos en ser únicos, vestirnos con ropa que nos distinga, escuchar música distinta… para acabar todos aún más normalizados. Incluso los grupos marginales, los excluidos, de forma voluntaria o no, de la sociedad son algo normal que acaban pareciéndose entre sí, y refuerzan esa normalidad ya que, lo normal es que en la sociedad acaben conviviendo las tribus urbanas, los pobres y los “normales”.
Hasta aquí todo normal. O no. Porque, como bien he dicho, todo el mundo es normal hasta que lo conoces y, entonces, de normal poco. Nada. Más bien, bastante anormal.

Pues eso es lo que pasa aquí. Tenemos un asesino tan excesivamente normal por fuera, que los testigos de sus asesinatos no reparan en él. Todos le describen como “no sé, era normal…” y esto saca de sus casillas al policía Félix Fortea, a quien Lara, la psicóloga, intentará ayudar con imposibles diagnósticos como prosopagnosia, o ceguera facial, o amnesia colectiva, sin creérselo ella misma.

Los sucesos avanzan a buen ritmo. Conocemos a los personajes y nos vamos turnando al meternos en la piel de alguno de ellos, incluso en la del asesino. Sus voces están bien llevadas en todo momento, el vocabulario es muy coloquial, sin términos grandilocuentes ni una prosa llena de florituras, lo cual se agradece y es lo que pide el libro. Por otra parte, Fortea, a su edad, sigue siendo un friki que además se liga a la psicóloga buenorra y flipa por eso durante toooodo el libro. (Tengo que reconocer que esta es la única pega que le pongo al libro, la increíble rapidez con la que se la liga o con la que ella se deja ligar).

Pero lo mejor, aparte por supuesto de la fluidez y facilidad con la que avanza la trama, y de pasar miedo por los protas a medida que pasamos las páginas, es la recreación de escenas cotidianas, la relación entre Fortea y Ana y entre Fortea y sus compañeros de trabajo, así como la inclusión de la pandilla friki que vive en La Cueva y que forman la sección informática, de los que no se sabe qué comen, pero los donuts son una apuesta segura.

El estilo de López-Herrero es tan visual, que en muchos momentos parece que estemos visualizando una película o algún episodio del palo de CSI, y eso es algo que a mí personalmente me gusta. Si cuando lees un libro visualizas a la vez lo que estás leyendo, o tienes mucha imaginación o el libro es bueno. O las dos cosas.

Descolocados como están, con teorías que van del asesino en serie a bandas organizadas del este, Fortea irá estrechando el círculo poco a poco, hasta que algo le detiene.

Confieso que hace tiempo que oí hablar de R. López-Herrero, pero no fue hasta hace unas tres semanas cuando me decidí a leer su Antonio mató a Luis con un hacha porque le debía dinero, un policíaco en clave cómica. Confieso también que no me gustó y no pude acabarlo, pero se veía que sabía escribir. Cuando me enteré de la existencia de Normal decidí darle otra oportunidad. Esta vez era un policíaco “serio”, o al menos no cómico. Y no me arrepiento. Lo he leído con mucho interés, he sentido la tensión de algunos momentos, me he sobresaltado en otros, me he llegado a emocionar y también he sonreído.

Los personajes me han perecido muy bien tratados, para nada planos, muy verosímiles y creíbles. La investigación me la creo y el desarrollo ha ido un ritmo que era el que tenía que ser. Y el final… ¡qué jodido gran final! Eso sí que no lo esperaba. Ninguno de los dos finales…

Así pues, si queréis una novela policíaca inteligente, fresca, divertida y muy entretenida para este verano, lo normal sería que leyerais Normal.

@palati77

Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo

[product sku= 9788483658710 ]
Publicado el

La noche de la Usina, de Eduardo Sacheri

La noche de la Usina

La noche de la Usina“Uno olvida la mayoría de los días. Qué hizo, dónde estuvo, con quién. Tal vez de otro modo no se puede seguir viviendo. Las imágenes serían demasiadas. Pero eso no sucede siempre. Al contrario, hay momentos que no se olvidan nunca.”

Corre el año 2001 en O´Connor, un pueblo situado en la provincia de Buenos Aires. Un frío día del mes de diciembre cientos de familias se ven arruinadas al no poder disponer de su dinero, depositado previamente en los bancos, libremente. Es el fenómeno que fue denominado mundialmente como corralito y es el escenario principal de la nueva novela del escritor argentino Eduardo Sacheri, La noche de la Usina, que ha sido galardonada con el Premio Alfaguara de Novela de este año 2016.

Perlassi, Fontana, Medina, Lorgio, Rodrigo, Hernán y los hermanos López componen el genuino y humilde grupo de amigos protagonista de este libro que mezcla varios elementos propios del thriller con otros de auténtica novela de aventuras. La historia comienza cuando Perlassi descubre una oportunidad de negocio y convence a sus amigos para invertir una gran cantidad de dinero.  Cuanto todos ellos deciden arriesgarse y gastarse todos sus ahorros en este proyecto, Perlassi ingresa todo su dinero en el banco. Poco después, descubren que han sido estafados por el banquero que les atendió y por otro comerciante, llamado Fortunato Manzi, que se aprovechan de la liquidez e inmediatez de su dinero en estos tiempos del corralito. Sin embargo y para que estos culpables paguen por lo que han hecho, deciden tramar un épico plan de venganza.

La noche de la Usina es una novela que combina el humor, la tristeza y la rabia, entre otros temas. El humor irónico de este especial grupo de amigos, con los que es muy fácil conectar a lo largo de la novela, la tristeza que sienten al descubrir que han sido estafados y la rabia que les lleva a la venganza al ver frustradas todas sus aspiraciones. Porque de esto es de lo que trata, al fin y al cabo, esta novela. De la venganza de la clase trabajadora ante la injusticia y la ambición de un grupo de personas sin escrúpulos que no dudan en aprovecharse de la situación y abusar de los más débiles, de aquellos sin poder que no tienen posibilidades. Unos hijos de puta, según Sacheri, a los que se hace especial alusión en numerosos capítulos del libro, que no son conscientes de que lo son. Unas personas que piensan que todos haríamos lo mismo en su situación. De esta manera, el autor nos hace reflexionar acerca de la moral humana y de lo que nos lleva a actuar como actuamos, corran los tiempos que corran y a pesar de que las circunstancias sean difíciles.

Autor de la novela El secreto de sus ojos, cuya adaptación cinematográfica le valió el Oscar a Mejor Película de Habla Extranjera en el año 2009, Eduardo Sacheri retrata magistralmente en este libro el trasfondo del periodo del corralito bancario en una original y brillante historia con elementos de suspense, política, humor irónico y rabia. Con un lenguaje sencillo y descriptivo nos acerca la realidad de la crisis económica en la Argentina de principios de siglo a través de capítulos cortos pero intensos. Una novela de ritmo ágil cuya espectacular resolución destaca en la misma por combinar la acción, la amistad, la tensión y la rabia en una sola noche. Una noche legendaria y secreta que a ningún lector dejará indiferente. Una noche que ningún lector podrá olvidar: La noche de la Usina.

Publicado el

Todo lo posible, de Carmen Pacheco

Todo lo posible

Todo lo posible“Mi religión siempre han sido los libros. Desde niña los devoro, a veces con auténtica desesperación, no por entretenerme, no por evadirme, sino por encontrar, entre todas esas historias, la mía. ¿No es por lo que leemos todos?”

Con este breve pero maravilloso fragmento de la novela comienzo una reseña de un libro que supone toda una declaración de amor por los libros. Pero empecemos por el principio. Todo lo posible trata la historia de Blanca Cruz, una joven escritora de una saga de novelas vampírico-nórdicas de éxito nacional que está pasando por una gran crisis sentimental y profesional. Cree que su novio la está engañando con otra mujer y no se siente con fuerzas para continuar con su saga. Pero cuando llegan a su poder los libros y las cartas personales de Patricia A. King, una desconocida escritora inglesa que vivió en los años treinta, todo cambia y se sumerge en una aventura que la llevará a donde jamás había pensado.

Sigue leyendo Todo lo posible, de Carmen Pacheco