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Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

los perros

los perrosDos tardes, y eso porque no pude dedicarle una entera, me ha llevado leerme lo nuevo de Pérez-Reverte. Suelo leer todos los libros del académico (a pesar de habérseme atragantado Cabo Trafalgar y El tango de la guardia vieja –para más inri, este último incluso firmado por él)  y este nuevo libro, uniendo a perros con novela negra, no iba a ser una excepción.

Lo cierto es que en un principio, meses antes de la publicación, al anunciarse el libro y un breve extracto del mismo, se hacía raro. ¿Pérez-Reverte escribiendo diálogos y reflexiones para un protagonista perruno? ¿Una historia en la que los personajes son perros? Es bien sabido el amor que el autor profesa a los perros. ¡Pardiez, si incluso se han recopilado algunos de sus artículos de temática canina que ha escrito para una publicación dominical en el libro Perros e hijos de perra! (Aunque también es cierto que choca mucho ese amor hacia los perros pero que no vea mal las corridas de toros. Pero bueno, cada uno tiene sus “cadaunadas” y lo que tenemos que tratar aquí son los libros). El caso es que no lo veía claro, pero había curiosidad. Mucha.

Y una vez saciada la curiosidad puedo decir que Los perros duros no bailan es una lectura agradable y que se reconoce el estilo del autor pero, desde luego, no es ni de lejos lo mejor que ha parido. Es un cuento sencillo, a veces parece una fábula para adultos, sin mayores pretensiones y muy fácil de leer, cuyo personaje es el de un tipo duro, por más que en esta ocasión se trate de un perro, que arrastra un pasado oscuro y violento del que, dada su edad, comienza a olvidar algunos detalles o bien estos le asaltan de buenas a primeras sin él quererlo. Un tipo, como tantos otros antes en la bibliografía perezrevertiana, con un fuerte sentido del honor, de la amistad, del deber y, cómo no, yendo esto de perros, de lealtad y fidelidad.

¿Pero de qué va, de qué va?  Pues va de que Teo, el mejor amigo del Negro, y Boris el Guapo han desaparecido. No se sabe nada de ellos y por eso el Negro decide investigar, igualito que un detective privado, pero sin fumar ni beber güisqui. Preguntando irá de aquí para allá, siguiendo el rastro, sorteando peligros y metiéndose en algún que otro jaleo, con perros neonazis incluidos y… y poco más puedo decir sin destripar la trama.

Y así, a medida que la investigación va avanzando, pasaremos de un inicio de novela policiaca a un nudo y desenlace de novela negra mientras somos testigos de un mundo y una vida de perros adaptado del nuestro, con su propio Rodolfo Perrostino,  con refranes o dichos populares, con los perro-corridos de Los Chuchos del Norte, con los equivalentes en perro de humanos famosos como, por ejemplo, Charlize Theron o Brad Pitt y con los oficios o roles que cada personaje ha asumido (Agilulfo es filósofo, Margot regenta un abrevadero, Fido es perro policía, Susa la lumi…)

Aprovecha también Pérez-Reverte, el pistolero más rápido de Twitter (y posiblemente el escritor español más presente en dicha red), para criticar, con toda la razón, el trato que esta sociedad de animales humanos da a los perros. Tratados por muchos como cosas que se regalan en Navidad y son abandonadas en verano, cuando la “cosa” ha crecido y ya no es tan mona o graciosa como cuando cachorra, y, sobre todo, arremete contra las peleas de perros, contra los desalmados hijos de puta que se deshacen de los galgos cuando ya no les son útiles, contra la pasividad de la justicia y contra lo barato que sale el maltrato en este país.

Habrá lectores amantes de los perros a los que alguna escena tal vez le revuelva el estómago, y eso, sinceramente, es buena señal.

“…por un momento pensé en todos los que ladraban. En aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame: perros que, como había dicho el dogo, tal vez un día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas, y que ahora, en aquellas sucias jaulas, esperaban su destino…”

En resumen, Los perros duros no bailan es un libro menor del autor. De fácil lectura, entretenido y con un ritmo ágil, que no se para en chorraditas innecesarias y va al meollo. Un libro para todo fan de Pérez-Reverte, (y yo me considero uno más, aunque repito, no es de lo mejor de su obra), para completistas y para todos los que saben lo que es tener o haber tenido a un perro como compañero.

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Gabo, memorias de una vida mágica, de Óscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba

gabo memorias de una vida magica

gabo memorias de una vida magicaDesde que supe de la existencia de Gabo, memorias de una vida mágica, deseaba leerlo. Porque las novelas gráficas publicadas por la editorial Rey Naranjo sobre las vidas de Juan Rulfo y Jorge Luis Borges me habían fascinado y porque, esta vez, estaba dedicada a mi idolatrado Gabriel García Márquez, uno de los escritores que han marcado mi vida literaria, como lectora y como escritora.

Como buena seguidora que soy de García Márquez, hace ya años leí su autobiografía, Vivir para contarla, por lo que muchas de las curiosidades que aparecen en las páginas de Gabo, memorias de una vida mágica ya las conocía. Sin embargo, he descubierto muchas otras e incluso me ha parecido una obra más emotiva.

¿Cómo puede ser que una vida contada por otros me haya resultado más entrañable que la escrita por el propio protagonista? Quizá, porque García Márquez concluyó su relato en 1950, año en el que se casó, mientras que la memoria gráfica escrita por Óscar Pantoja e ilustrada por Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba llega hasta 1982, año en el que se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Pero no solo eso ha hecho que para mí la lectura de Gabo, memorias de una vida mágica haya sido especial. La razón principal ha sido que el epicentro de estas memorias es Cien años de soledad, la primera obra que leí de este escritor colombiano y la que me hizo caer rendida a sus pies.

Gabo, memorias de una vida mágica comienza con aquel viaje en coche que García Márquez hizo con su familia allá por 1965, en el que saltó la chispa para que por fin se sentara a escribir la historia que llevaba rumiando veinte años. Mientras miraba la carretera, a su mente acudió una frase que acabaría siendo uno de los inicios más famosos de la literatura: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

A partir de ahí, Gabo, memorias de una vida mágica va hacia delante y hacia atrás en el tiempo, para unir todos los momentos vitales que llevaron a García Márquez a crear el universo de Macondo. Desde su infancia en casa de sus abuelos, con una abuela que adivinaba el porvenir y un abuelo que no dejaba de contarle historias de la Guerra de los Mil Días, el ejército liberal y la compañía bananera, hasta el viaje junto a su madre, siendo ya adulto, en el leyó la palabra «Macondo» en el cartel de una finca en mitad de la llanura, «el único lugar que conservaba lozanía y vitalidad en aquella zona devastada por el olvido», sin saber aún que ese sería el nombre de uno de los pueblos ficticios más inolvidables.

Los autores de estas memorias consiguen trasladarnos a la infancia mágica de García Márquez y hacernos sentir el amor del escritor por su esposa, Mercedes, pero también las estrecheces económicas que sufrieron durante años, hasta que la publicación de Cien años de soledad se convirtió en un éxito instantáneo. Y, finalmente, nos emocionamos con la entrega del Nobel de Literatura, el mayor reconocimiento posible para un hombre que llegó a dormir en los bancos de un parque y a empeñar sus anillos de boda para perseguir su sueño literario.

Gabo, memorias de una vida mágica es una lectura imprescindible para todo aquel que haya leído a García Márquez alguna vez. La mejor forma de descubrir al hombre de carne y hueso que creó el universo de Macondo y fascinarse de nuevo con el realismo mágico escondido en Cien años de soledad.

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Francine se desarregla, de Francine Oomen

Francine se desarregla

Francine se desarregla¿Qué me ha llevado a mí, a mis treinta y pocos, a leer Francine se desarregla, de Francine Oomen, una memoria gráfica sobre la menopausia, esa etapa de la vida de toda mujer, a la que (en principio) me enfrentaré dentro de bastantes años? Pues que no sé nada de ella, ni yo ni la mayoría de la gente, ya que, como bien apunta el subtítulo de la obra, es un tema tabú, como tantos otros que pertenecen exclusivamente al universo femenino.

Francine Oomen nos relata con humor y naturalidad cómo vivió la menopausia, todas las incertidumbres que aparecieron en su vida cuando, a los cincuenta y dos años, su cuerpo y su mente empezaron a cambiar. Y es que sabemos tan poco de la menopausia, que sus síntomas a menudo se confunden con problemas de salud como la depresión, el estrés o la pérdida de memoria.

En cuanto Francine Oomen se dio cuenta de que no estaba enferma ni a punto de morir, sino solo abocándose al final de su fertilidad, se relajó bastante y buscó información sobre la menopausia para sobrellevarla mejor. Pero al ver que únicamente encontraba explicaciones técnicas y recomendaciones de pastillas, decidió relatar su propia experiencia para facilitarles las cosas a otras mujeres.

Mientras leía Francine se desarregla, no dejaba de pensar en mi madre, al verla retratada en muchos de los problemas de Francine, como cuando empezó a tener olvidos de nombres y despistes con cuarenta y tantos años y temió estar padeciendo la misma demencia senil que mi abuelo. Pero no, lo que en realidad estaba viviendo era la perimenopausia, la etapa previa a la menopausia, en la que aparecen algunos de sus síntomas. ¡Qué lástima que mi madre no tuviera un libro como este en aquella época! ¡Cuántos quebraderos de cabeza se hubiese ahorrado!

Además de explicar los síntomas de la menopausia de forma sencilla y advertir de los peligros de los tratamientos de hormonas para paliar los síntomas (puesto que pueden provocar problemas graves en el organismo), Francine Oomen relata las crisis existenciales que atravesó en aquellos momentos, tanto en el trabajo como en el amor (con referencias a Tinder incluidas). Pero sobre todo nos habla de cómo se enfrentó a la Arpía, esa voz interior con la que lleva conviviendo toda la vida, que le obliga a ser una supermujer, capaz de abarcarlo todo y hacerlo perfecto. Porque, a través de sus vivencias, Francine Oomen anima a ver la menopausia como un punto de inflexión, en el que las mujeres se tomen su tiempo para hacer inventario y deshacerse de todas esas cargas que se han impuesto a lo largo de los años y que ya no soportan por más tiempo.

Francine Oomen nos demuestra que la menopausia es una fase más del desarrollo vital y que no hay que pretender saltársela o detenerla. El conocimiento siempre es la mejor arma para encarar los miedos y saber que lo que nos pasa le pasa a muchas, nos permite relativizar los problemas. Por eso, Francine se desarregla me parece una lectura necesaria para todas las mujeres, pero también para quienes las rodean, para conocer y, sobre todo, comprender los cambios de esa etapa y sobrellevarlos de la mejor manera posible.

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Shanti y el mandala mágico, de F.T. Camargo

Shanti y el mandala mágico

Shanti y el mandala mágicoReconozco que soy una chica con muchas aficiones. Si me preguntas qué hago en mi tiempo libre la respuesta puede ser muy variada dependiendo del momento en que formules esa cuestión. Pero si me preguntas qué es lo que haría toda mi vida sin cansarme y a lo que no podría renunciar jamás, te contestaría: “leer, escribir y viajar”. Con esas tres cosas yo ya soy feliz.

Creo que esas tres aficiones están estrechamente relacionadas, ya que leer y escribir son en sí una forma de viajar. En el primer caso, a mundos inventados por otros y, en el segundo, a lugares que solamente yo puedo imaginar. Sea como sea, de lo que se trata es de conocer cosas nuevas, de descubrir.  Y precisamente por eso amo la lectura. Leer me lleva a lugares increíbles y me enseña cosas que, quedándose en mi mente más o menos tiempo, me resultan verdaderamente interesantes. Por eso, cuando cojo un libro como Shanti y el mandala mágico doy las gracias porque mi madre me hubiera inculcado la lectura desde bien pequeña. Porque, si no puedo viajar, al menos puedo leer y aprender de esta forma cosas fascinantes.

Este libro, escrito por F.T. Camargo, tiene como marco principal una historia de aventuras donde la magia negra juega un gran papel. Shanti, la protagonista de la novela, tiene una visión donde descubre que ella tiene un pasado muy antiguo y que es la única que puede vencer la guerra que se avecina. Para ello, tendrá que reunir a varios chicos de todas las partes del mundo para crear dos alianzas: la del hemisferio norte y la del hemisferio sur. Una vez formadas las alianzas, todos juntos tendrán que buscar un objeto misterioso que será lo que les llevé a vencer esa batalla contra la oscuridad.

Esta es la presentación esencial de la novela, editada por Caligrama, que ha ganado numerosos premios a nivel internacional. Y no es de extrañar, porque F.T. Camargo nos trae una historia muy original mediante la cual tendremos la oportunidad de conocer las culturas de muchos países diferentes. Los protagonistas nos contarán un poco de su vida y nos ayudarán a entender por qué son útiles en la búsqueda del objeto misterioso.

Tiendo a ser muy sincera en mis reseñas y, en esta ocasión, no iba a ser menos, así que tengo que decir que, para mi gusto, la presentación de los personajes ha sido un poco excesiva. Me explico: el principio del libro está compuesto por varios capítulos en los que se introduce a cada uno de los personajes que después formará la alianza. Poco a poco, el autor nos cuenta sus historias detallando muy bien el contexto del que vienen. Al ser muchos los protagonistas que afrontarán la batalla junto a Shanti, estas presentaciones duran más de lo que a mí me gustaría, ya que hasta más o menos la mitad del libro no comienzan a juntarse para luchar contra los magos oscuros. Por supuesto, si eres una persona a la que le gustan los libros descriptivos y que se tomen su tiempo en contextualizar y poner al lector en situación, esto te encantará. Ojalá fuera mi caso, de verdad, porque hubiera disfrutado todavía más de lo que lo he hecho.

Pero dejemos de centrarnos en los puntos menos positivos y vamos a hablar de la narración, ya que hay que destacarla especialmente. El autor tiene un lenguaje ágil en el que intercala muchísimos diálogos, lo que facilita mucho su lectura. Me ha gustado mucho su narrativa y su estilo. Precisamente eso ha hecho que pudiera leer cantidad de capítulos seguidos sin cansarme y sin darme casi ni cuenta. Y, aunque antes decía que las descripciones de los personajes quizás sean excesivas para mi gusto, tengo que decir que gracias a eso podemos descubrir la gran labor de investigación que ha hecho el autor. Si yo hubiera escrito este libro lo que más me hubiera costado habría sido informarme de todas las culturas que están implicadas en la historia. Cada personaje viene de una parte diferente del mundo, lo que supone que cada uno tiene su forma de ser, su historia, su cultura, su entorno… y F.T. Camargo, gracias a sus descripciones, nos deja claro que la labor de investigación que ha hecho es magnífica. Sí, puede sonar contradictorio: “pero, ¿te gustan o no te gustan las descripciones?”. Ya, vale. En realidad es muy sencillo, ya que he pasado por dos fases en esta lectura: mientras leía el libro y después de hacerlo. Mientras lo leía, las descripciones me estorbaban un poco, pero después he entendido que eran necesarias para que la historia fuera redonda. Ahí tenéis mi impresión, dos caras de una misma moneda.

Shanti y el mandala mágico te gustará si te gustan las novelas de aventuras en las que los protagonistas tienen que descubrir de qué son capaces, ya que ni ellos mismos lo saben en un principio. Me ha recordado un poco a Endgame por la estructura de los personajes y la narración que, si la tenemos que comparar con un videojuego, correspondería a un juego de plataformas. Leer este libro es como ir pasando pantallas, hasta que al final te encuentras al malo malísimo al que hay que derrotar. La diferencia entre Endgame y este libro es que del primero lo leería ninguna parte más (a pesar de que ya están publicados los dos siguientes tomos) y, en cambio, del segundo no me importaría continuar la historia. Y eso es decir mucho.

Sin duda, leer es mi segunda forma favorita de viajar. Así que cuando cojo un libro como el que os traigo hoy, no puedo hacer más que sentarme en mi sillón, relajarme y dejarme llevar a donde el autor quiera guiarme.

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Lolita, de Vladimir Nabokov

Lolita

LolitaEste es quizás uno de los libros que más aparecen en las listas de los libros que leer antes de morir y de los más controvertidos del último siglo. Y también se encuentra en las listas de todos aquellos amantes de la literatura, que se prometen leerlo al menos una vez en la vida. Y así estaba en la mía… Pero, de lo que me he dado cuenta, es que Lolita no es cualquier lectura que elegir entre los libros pendientes de la estantería. Hay que elegir cuidadosamente el momento en el que la lees, estar preparado mentalmente, y dedicarle el tiempo que merece.

Lo que oí de esta novela antes de leerla es que era simplemente una historia “sobre un pederasta y sus violaciones a niñas inocentes”. Pero creo que es un error decir simplemente esto sobre esta peculiar novela porque es mucho más que eso.

Como yo lo veo, Nabokov nos presenta a Humbert Humbert, un hombre solitario de unos 40 años cuya obsesión y única pasión en la vida son las “nínfulas”, niñas de unos 12 años que, a su parecer, muestran su sensualidad y logran corromperle con sus actitudes y sus faldas y “vestiditos”. Este es un punto muy importante en el libro, ya que está narrado en primera persona por este protagonista y desde el principio se observa una autojustificación por su parte ante su depravación y obsesión por estas niñas. E intenta que el lector no le juzgue, y a veces incluso habla de sí mismo en tercera persona.

Esta es una de las cosas que me parecieron más interesantes a lo largo de la novela, esa constante autojustificación de este señor, que busca que se le excuse por todos sus actos a lo largo de toda la trama. Y vamos viendo que no tiene límites ante su obsesión, algo que está presente en su interior cada día. Pero, a su vez, también me gustó mucho la narración de Nabokov, en palabras de Humbert, respecto a las “nínfulas” por las que se ha sentido atraído a lo largo de su vida y a las que ha amado en el sentido más sexual de la palabra. Se observa, sobre todo, en la descripción de Lolita: ternura, cariño, adoración, devoción… La describe con todo lujo de detalles, incluso sus aspectos más negativos, por lo que cuando acabas de leer sientes que conoces a esta joven quizás incluso más que él mismo.

Y esto me llamó especialmente la atención porque no me lo esperaba. La sutileza con la que trata este tema, a pesar de lo extremadamente evocador, enfermo y sexual que es, sorprende y te descoloca ante lo que esperabas encontrar en el libro. Por eso creo que Nabokov me ha atrapado tanto. Lolita es un libro, en ocasiones, demasiado denso y descriptivo, que se anda por las ramas, pero que logra mantenerte pegado a él hasta que desentrañas todos los cabos sueltos de la historia.

Pero, ante todo, de algo que me he dado cuenta después de leerlo, es que un libro muy maduro que hay que leer sin prejuicios, porque sino es imposible seguir leyéndolo. Hay que tener presente desde el principio que es una narración en primera persona de un hombre enfermo, poseído por una conciencia sexual y una obsesión por las niñas apenas desarrolladas sexualmente que no tiene límites.

Personalmente, Lolita ha conseguido fascinarme y asquearme a partes iguales. Y no se me ocurre, por el momento, ninguna novela que haya logrado despertar en mí ambos sentimientos a la vez. ¿Por eso es tan especial? Rotundamente, no. Quizás lo más especial, como he explicado anteriormente, es su narración. Cómo une la sutileza y la provocación, la sexualidad y el amor, lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral… Esto es lo que Lolita me ha inspirado a mí y por lo que creo que todo el mundo debería leerlo al menos una vez en la vida.

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Las diez mil vidas de Milo, de Michael Poore

las diez mil vidas de Milo

las diez mil vidas de MiloEl inicio de un poema de Charles Chaplin dice así:

«La vida es una obra de teatro que no permite ensayos

Por eso, canta, ríe, baila, llora

y vive intensamente cada momento de tu vida

antes de que el telón baje

y la obra termine sin aplausos».

Pero ¿y si tuviéramos otra oportunidad para hacerlo mejor? ¿Y si a esta vida le siguiera otra, y otra, y otra más, y fuéramos aprendiendo de nuestros errores y nuestros aciertos hasta alcanzar la Perfección? Eso es lo que plantea Michael Poore en su novela Las diez mil vidas de Milo, con un sentido del humor que me ha recordado al gran Terry Pratchett.

Milo es el alma más vieja del mundo. La mayoría de almas alcanzan la ansiada Perfección cuando llevan unas nueve mil vidas, pero él está a punto de llegar a las diez mil y todavía no lo ha conseguido. Milo está preocupado, claro. Solo le quedan cinco oportunidades, y si no lo logra, en vez de atravesar el Umbral del Sol y fundirse con la Ultraalma, será absorbido por la Nada. Y lo malo no es desaparecer en el olvido, después de haber muerto miles de veces, Milo tiene cierta experiencia en eso, el problema es que en la Nada ya no habrá vuelta atrás y nunca más verá a Suzie, su alma gemela.

¿Y quién es Suzie? La Muerte. No es que Milo haya cogido cariño a la muerte por visitarla tan a menudo, sino que esa Muerte, una de tantas que pululan por el mundo para llevar a las almas al otro lado del río de la vida, tiene cuerpo de mujer y la personalidad más afín que Milo ha encontrado a lo largo de sus miles de existencias. Quizá por eso a Milo le guste tanto vivir y morir, porque es la única forma de reencontrarse con ella.

¿Conseguirá Milo alcanzar la Perfección o tendrá un plan mejor?

Las miles de vidas de Milo, vidas del futuro y del pasado, en las que es desde rey hasta insecto, pasando por seguidor de Buda e incluso psicópata, le sirven a Michael Poore para coquetear con el género de ciencia ficción, pero también con el de aventuras y el de terror, sin perder de vista el humor en ningún momento ni la bonita historia de amor que le da sentido a todo. Milo protagoniza tantas vidas anodinas como trascendentales y muere de las formas más heroicas, pero también de las maneras más absurdas. Y de todas esas existencias se lleva una enseñanza, para bien o para mal, al igual que los lectores. Porque Las diez mil vidas de Milo puede parecer una novela desenfadada, pero en realidad es una motivadora reflexión sobre la vida y la muerte.

La filosofía de vida que nos enseña Milo a lo largo de sus diez mil vidas bien podría resumirse en otra frase del genial Charles Chaplin: «Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana». Quizá todos tengamos más vidas aguardándonos para hacerlo mejor, o tal vez no. Sea como sea, deberíamos tomar nota de la sabiduría de Milo. Así, aunque solo vivamos una, haremos que merezca la pena.

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Polar. Surgido del frío, de Víctor Santos

polarrrr

polarrrrPuede que se me tache de oportunista. Y lo soy. Es cierto. En este caso, al menos. Y aunque también es cierto que ya conocía estos cómics (creo que van por el tercer tomo por ahora) y que siempre me han llamado la atención, no ha sido hasta que se ha anunciado (esta vez sí que sí) que se iba a hacer la peli, protagonizada por ese elegante Hannibal o Le Chiffre que es Mads Mikkelsen, que he me he decidido de una vez por todas a tirar todas las lecturas pendientes por el hueco del ascensor, sin erótico resultado, y hacerle un hueco a la obra que un español, Víctor Santos, se guisa y se come él solito. Como un señor.

Lo primero que llama la atención es el formato apaisado. No es muy corriente esa orientación para un cómic, pero debo decir que las veces en las que se ha elegido así (ahora mismo me viene a la cabeza el estupendo Estamos todas bien) se ha acertado de pleno, y en esta ocasión también.

Lo segundo puede que sea lo primero para otros, porque también se intuye en la portada: Miller. Frank Miller. El puto Frank Miller. El puto crack Frank Miller. Se ve, se respira, se nota, no hace falta ser ningún experto para asociar estilos: la escala tricromática del blanco, el negro y el rojo para “esos momentos”; planos y panorámicas en ocasiones rebuscados, la escasez de diálogos (que a veces recuerda al cine mudo) y la rotundidad tan noir de estos cuando los hay, un personaje duro que te cagas y no precisamente joven y con parche a lo Nick Furia, y mujeres sugerentes, hermosas y peligrosas.

Pero más allá de la influencia o el homenaje al creador de Sin City, Polar. Surgido del frío es una obra puramente visual y estética. (Ya lo dice otro grande, Brian Azzarello en la portada: “Toda una hazaña de la expresión visual”). No puede ser de otra forma. La trama importa, por supuesto, y está bien llevada, pero no es una trama que brille por la originalidad e incluso, en el fondo no importa mucho porque es el dibujo el que te arrastra por la historia. Es para lo que hemos cogido este cómic: para disfrutar con el arte que nos entra por los ojos página a página. Una historia simple en la que prima la forma más que el fondo: Black Kaiser es un espía y letal asesino ya entrado en años al que unos matones intentarán liquidar. ¿Pero quién quiere acabar con él?  Así de simple y así de clásico. Porque a veces, lo más simple, como lo clásico, es lo mejor y no hay porque complicarse la vida cuando lo que quieres es un vehículo para mostrar el talento a los lápices y a la hora de componer (y muy bien compuestas también) las páginas.

Nacido como un webcómic sin diálogos Polar. Surgido del frío es puro cine negro. (Como curiosidad aclaro que “polar” es el término para referirse al cine policial/negro francés de la década de los sesenta y setenta. Eso, y la nieve presente explican el título). Una aventura gráfica de las de “o matas o te matan” llena de acción, que tiene un ritmo trepidante, y que no concede respiros, aunque hay veces que cuesta identificar alguna forma y hay que pararse para observar y entender los detalles.

Un cómic para disfrutar una y otra vez del arte de Víctor Santos, que gustará a quienes les gusten las pelis clásicas de espías (no las de James Bond) y tíos duros y curtidos como, por ejemplo, las que protagonizaba Charles Bronson y a quienes quieran disfrutar de un grafismo peculiar y muy currado del que se ve poco.

Una maravilla y una muestra de la maestría brutal de Víctor Santos en solitario.

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Tú y yo después del invierno, de Laia Soler

Tú y yo después del invierno

Tú y yo después del inviernoPues aquí está otra vez mi lado adolescente hablando por mí. Ya os advertí con Enséñame a olvidar que, de vez en cuando, no puedo evitar leer libros para adolescentes y que, lejos de avergonzarme, me hacen sentir muy bien. No sé si es porque rejuvenezco al leerlos o porque nunca he llegado a madurar del todo. El caso es que mi lado lectora/reseñista adolescente agradece estas “escapadas literarias”.

En esta ocasión me he decantado por Tú y yo después del invierno. Primero, porque me atrajo mucho su estética tan minimalista y segundo porque, un libro ambientado en invierno siempre me va a gustar. Sí, soy persona de invierno. Podéis quedaros el verano todo pa’ vosotros solitos.

Además de leer novelas para adolescentes, otra cosa que me hace sentirme ya madurita es cuando leo que la autora, Laia Soler, es de 1991. Really? Y no es que este sea su primer libro, no. Laia Soler ya ha publicado Los días que nos separan (I Premio Literario La Caixa/ Plataforma Neo), Heima es hogar en islandés y Nosotros después de las doce.  Qué queréis que os diga, sólo puedo darle la enhorabuena  a Laia y desearle que vengan muchos más.

Tú y yo después del invierno está ambientada en Valira, un pueblo de montaña que vive de la nieve, sus pistas de esquí y complejos hoteleros. Y ahí es precisamente donde trabaja Erin como recepcionista hasta que un día su jefa le ofrece trabajar el invierno en las pistas ayudando a los turistas. Erin siempre ha tenido la ayuda de su haya mágica, el árbol de su jardín que sabe darle las mejores respuestas.

Cuando Erin acepta trabajar en las pistas todo cambia. Allí conocerá a Max, uno de esos forasteros que vienen al pueblo a trabajar en temporada alta. Y Max hará que el mundo de Erin se trastoque y que ni ella, ni el haya, encuentren las respuestas a todas esas preguntas nuevas que ella misma se plantea.

Y es que hay respuestas que sólo se encuentran en nuestro interior, aunque a veces no sepamos verlo. Eso es lo que va a descubrir Erin durante ese invierno, porque después, cuando la nieve se derrita, quién sabe si se llevará con ella las preguntas.

Una novela que engancha y entretiene. Tú y yo después del invierno nos transporta mágicamente a ese invierno en Valira y al corazón de Erin. Coged las bufandas y los guantes, lectores.

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Si el Führer lo supiera, de Otto Basil

Si el Führer lo supiera

Si el Führer lo supiera¿Cómo sería el mundo si Alemania hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial e impuesto una dictadura nazi a los países derrotados? ¿Y si solo sus aliados japoneses hubiesen tenido el privilegio de dominar una parte del territorio? ¿Y si Estados Unidos se hubiera convertido en Estados Vasallos Unidos de América, tras su derrota en el conflicto bélico? Esa es la premisa de la que parte Otto Basil en Si el Führer lo supiera, novela escrita en 1965, prácticamente la misma que Philip K. Dick plantea en El hombre en el castillo, publicada en 1962. Y, pese a una idea idéntica, nada tiene que ver el desarrollo de una y otra.

Philip K. Dick me fascinó con su libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (rebautizada como Blade runner en su adaptación cinematográfica), por lo que hace años leí El hombre en el castillo con grandes expectativas. Un mundo sometido al nazismo me parecía una ucronía apasionante, una distopía aterradora. Pero Philip K. Dick apenas explotó la mina de oro en la que se había adentrado y la lectura de El hombre en el castillo fue una decepción para mí. De ahí que al leer la sinopsis de Si el Führer lo supiera y ver la similitud, me aventurara a averiguar si Otto Basil había sido capaz de sacarle todo el partido que esta premisa prometía.

En Si el Führer lo supiera, Otto Basil nos traslada a los años sesenta del Magno Imperio Germánico. A Höllriegl, nacionalsocialista de pura cepa y funcionario especialista en giromancia, le han encomendado una misión que le hace viajar por todo el imperio, justo cuando el anciano Hitler muere, se desata una lucha por ocupar su puesto y la Magna Iapónica decide atacar a sus aliados alemanes para hacerse con el control del mundo. En esta caótica tesitura, Höllriegl se va encontrando con personajes peculiares que, de una forma u otra, atentan contra los principios del Gran Reich Alemán.

Mientras asistimos a los devaneos amorosos de Höllriegl y a las situaciones disparatadas en las que se ve envuelto, conocemos el contexto macrohistórico a través de discursos de los personajes, los chismorreos y los programas de radio y televisión. Otto Basil nos muestra un mundo dominado por los alemanes en el que el sexo solo se permite para preservar la especie, las minusvalías y los complejos de inferioridad se consideran delito, los judíos se han extinguido —¡y también los psicoanalistas!— y se ha esclavizado al resto de seres humanos que no pertenecen a la raza aria, denominados simios e infrahumanos.

Por momentos, Si el Führer lo supiera parece una ficción exagerada. Sin embargo, muchas de las fantasías de Otto Basil nacen de documentos presentados en los juicios de Núremberg; en ellos, el poder nazi contaba sus planes de futuro para dominar el mundo, y lo paranormal ocupaba un papel relevante. Quien ahonde un poco en la trastienda de la Segunda Guerra Mundial descubrirá que los nazis tenían contratados a videntes para ir un paso por delante en la contienda, y Otto Basil se ha servido de estas excentricidades para asentar su sátira.

Gracias al elaborado contexto político, cultural y social, Si el Führer lo supiera es una ucronía distópica verosímil, y, por eso mismo, inquietante. No sé si Otto Basil leyó la novela de Philip K. Dick, pero sin duda fue el escritor austriaco el que supo sacarle todo el jugo a esta versión alternativa de la historia.

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Mandíbula, de Mónica Ojeda

mandíbula

mandíbulaMónica Ojeda fue mi gran descubrimiento de 2016. Asistí a la presentación de Nefando, su primera novela, y me impresionó su discurso. Eso hizo que leyera su libro con unas expectativas altísimas, y aun así, las superó. En aquella historia rompió tabúes, se saltó las pautas clásicas de la narrativa y logró una de esas obras que quedan grabadas en la memoria, por mucho tiempo que pase. Así que imaginad las ganas que tenía de leer su nuevo trabajo, Mandíbula.

Mandíbula y Nefando tienen puntos en común, pero son muy distintas. Por ejemplo, en lo que respecta a la construcción de personajes. En Mandíbula profundiza mucho más en ellos y ¡menudas personalidades! Miss Clara es una profesora de treinta años que viste y se comporta como su fallecida madre. Meses atrás, unas alumnas la secuestraron y torturaron durante horas. Tras aquella experiencia traumática, su ansiedad, con la que convive desde la infancia, se dispara, y en semejante estado entra a trabajar en el Colegio Bilingüe Delta, High-School-for-Girls, donde Fernanda, Annelise, Ximena, Analía, Natalia y Fiorella tampoco se lo van a poner fácil. Fernanda y Annelise, best friends forever, lideran este grupo de adolescentes que «juega» a contarse historias de miedo y a demostrar su valentía superando retos cada vez más humillantes y violentos. A través de estos «juegos», descubren el lado más oscuro de sí mismas, ese en el que atraviesan los límites de lo moralmente permitido.

A diferencia de Nefando, Mandíbula sí tiene una estructura convencional. En la primera página nos pone en situación y, mediante flashbacks, nos cuenta por qué han llegado dos de los personajes hasta ese punto. Pero, al igual que en su primera novela, lo que destaca, lo que convierte a Mandíbula en una experiencia literaria fuera de lo común, es la reflexión filosófica que plasma Mónica Ojeda a través de la trama.

«Lo horrible, lo que en verdad nos petrifica los órganos, es lo que conocemos a medias; lo que tenemos cerca y, a pesar de ello, somos incapaces de entender. (…) Lo horrendo, quiero decir, no es lo desconocido, sino lo que simplemente no se puede conocer».

Ahonda en qué es el terror, pero también en las sombras de las relaciones maternofiliales, en la violencia y en el sexo. Y lo hace sirviéndose de las conversaciones de Annelise con Miss Clara, de las de Fernanda con su psicoanalista o incluyendo un ensayo sobre el horror blanco en la literatura de Lovecraft, Edgar Allan Poe, Mary Shelley, Bram Stoker, Chambers y Machen. Y es que Mónica Ojeda tiene un dominio pasmoso de la palabra y de los recursos literarios y, haga lo que haga, todo fluye y nos envuelve.

En Mandíbula, Mónica Ojeda nos pone de nuevo frente a la maldad más inextricable del ser humano y nos demuestra que «el miedo no es el qué, sino el cómo». Y aunque es una novela menos transgresora que la anterior, sigue estando por encima de la calidad literaria actual, por lo que me parece la lectura idónea para iniciarse en el perturbador universo de esta escritora ecuatoriana.

No me extraña que haya sido incluida en la lista de Bogotá que recoge a los treinta y nueve escritores latinoamericanos menores de cuarenta años con más talento y proyección de la década, porque es imposible que los lectores salgamos indemnes de su prosa. Y eso, en los tiempos que corren, muy pocos autores lo consiguen.

@EstherMagar

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Marvel Integral: La Visión, de Tom King, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire

marvel integral la visión

marvel integral la visiónSi me hubieran preguntado hace unos meses cuál era mi Vengador favorito, seguramente, el primero que me habría venido a la cabeza habría sido Thor, pues su figura aúna en un solo personaje los pasionales mitos nórdicos y la épica de los cómics de superhéroes. Sí, claro, también podría haber escogido al Capitán América. ¿A quién no le gusta el Capi? El tipo de la gran estrella en el pecho, símbolo viviente de los verdaderos valores por los cuales se debería regir Norteamérica. La Viuda Negra también se halla en mi lista. La espía de procedencia rusa que es tan misteriosa como implacable a la hora de hacer frente a sus enemigos. Ironman, Ojo de Halcón o Hulk serían los siguientes en ser seleccionados en ese registro mental de Vengadores por los cuales siento simpatía. He de ser sincero, si me hubieran preguntado hace unos meses cuál era mi Vengador favorito la Visión ni siquiera habría rondado mis pensamientos; hasta ahora.

La Visión, que fue creado por el guionista Roy Thomas, lleva desde los años 60 dando guerra. Los orígenes de este androide (aunque él prefiere que se refieran a él como sintozoide) están íntimamente ligados a Ultrón. Este villano crearía a la Visión con el único fin de destruir a Los Vengadores. Pero cuando a un androide le otorgas conciencia también le estás dando la oportunidad de elegir. Y la Visión eligió ponerse del lado de los héroes a los que había ido a destruir para luchar contra su progenitor. Luego la Visión se convertiría en un miembro destacado de Los Vengadores. Con todo, a pesar de codearse con infinidad de humanos, el androide de personalidad fascinante y de frío raciocinio siempre ha sentido que no encajaba, que no era lo suficientemente normal.

En Marvel Integral: La Visión el protagonista decide que para ser una persona normal y corriente y formar parte de la sociedad necesita una familia. Una mujer, una hija y un hijo. Una casita con jardín y un perro correteando por el césped. Vestir siempre de forma elegante puede ayudar. Sociabilizar con los vecinos podría estar bien. Y que los niños asistan al instituto es de vital importancia. Pero cuando tu familia al completo es capaz de volar, atravesar paredes, destruir una mesa de un solo puñetazo o lanzar rayos de energía por la frente, quizá la palabra normal no sea la adecuada para definirte. Así que, esta peculiar familia tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo en el cual si te sales del guion establecido eres señalado con el dedo.

Coger alguien excepcional y hacerle actuar de forma normal. Esta es la premisa planteada por el guionista Tom King que, gracias a una potentísima narración, solo necesita una página para conseguir enganchar al lector. Varias voces serán las que relaten la historia de los Visión. Voces que detallan de forma exquisita, y con cadencia de cuento, el pasado, presente e incluso futuro que rodea a todos los personajes; incluso el de aquellos más insignificantes. En ocasiones, esa narración tendrá la osadía de avanzarnos acontecimientos clave, que, una vez ocurran, aún a sabiendas de que iban a ocurrir, no dejan de sorprender. A esto hay que añadirle la magistral forma en la que King trata temas como el racismo, el bullying escolar o los conflictos familiares. Asuntos a los que da un inicio cautivante y un final contundente y que terminan uniéndose y formando un círculo narrativo perfecto. En conjunto, el guion de Tom King es una elaborada metáfora, que llega a alcanzar niveles de tragedia shakesperiana, sobre todo aquello especial a lo que cualquier individuo se ve obligado a renunciar para encajar en un grupo.

Si con un guion de manufactura antológica no bastaba, a los lápices encontramos al español Gabriel Hernández Walta creando un dibujo impecable. Sus ilustraciones, más cercanas al cómic independiente que al superheroico, no solo son capaces de dotar de gran elocuencia, e incluso humanidad, a los Visión (hablamos de seres sin cejas, sin pestañas y con una oquedad blanca donde deberían estar los ojos) sino que además eleva a niveles épicos escenas que a priori, explicadas de viva voz, podrían no parecerlo. La Visión y un mechero… Y no diré nada más. A través de la distribución de viñetas, o jugando con los elementos que hay dentro de ellas, Walta logra apoderarse de la atención del lector y lo sumerge en escenas que producen claustrofobia (la Visión en detención domiciliaria) o inmensa melancolía (la Visión, su ojo proyector y Shakespeare). Pero si hablamos de momentos emotivos y bellos entonces no podemos olvidarnos de Michael Walsh, el dibujante invitado, encargado de explicarnos en el séptimo capítulo el romance que vivieron la Visión y Bruja Escarlata. Amor, ternura, desamor, dolor, tragedia… Un torbellino de emociones marcado por una viñeta simplemente hermosa: la Visión y Bruja Escarlata besándose mientras Los Vengadores se enfrentan a Nefaria. ¡Pero no se vayan todavía, aún hay más! Y es que la colorista Jordie Bellaire, mediante sus pinceles, jugando con las luces, las tonalidades y los colores saturados en las escenas que hacen mención a recuerdos, dota de más profundidad y mejora un trabajo que ya de por sí parecía perfecto.

A todo lo anteriormente mencionado hay que añadirle la edición especial que se ha sacado de la manga la gente de Panini. Una edición que, sobre todo por el lomo, evoca los clásicos de la literatura y que incluye el guion al completo, el proceso de creación, portadas alternativas, entrevistas a los autores, bocetos, bocetos y más bocetos. Un completísimo montaje del director (más de 200 páginas) que encantará a los que sienten curiosidad por saber cómo se hace un cómic.

En definitiva, Marvel Integral: La Visión es una brillante fábula de ciencia ficción costumbrista que, a través de unos seres excepcionales que se enfrentan a situaciones cotidianas e intentan con todas sus fuerzas parecer humanos, invita al lector a reflexionar sobre la propia condición humana.

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Morder la manzana, de Letricia Dolera

Morder la manzana

Morder la manzana Yo siempre me he manifestado abiertamente feminista. Lo fui desde muy pequeña, supongo que es lo que tiene ser niña y nacer en una casa en el que ya por delante de ti hay un niño. Si eres observadora llegas a darte cuenta de que ciertos privilegios no son porque él sea mayor, sino porque es niño. Y algo va haciendo que luches contra algunas desigualdades desde la más tierna infancia. Eso sí, mi madre es muy buena gente y si en algo ha sido responsable de esas desigualdades siempre ha sido inducida por el tremendo influjo que ejerce el patriarcado en todas nosotras.

Supongo que verdadera conciencia del poder del “Patriarcado” y de la discriminación como “mujer” por el hecho de serlo, los descubrí cuando un monje, me prohibió la entrada a la Cartuja de Aula Dei de Zaragoza cuando servidora no contaba más de 12 años, aduciendo, como única explicación que yo era “el pecado y la carne” y que no podía pasar (ni yo ni ninguna de las otras chicas, aunque sí los chicos ) al convento en el que había unas pinturas de Goya que pretendíamos ver. Ya ven, nosotras que no habíamos abandonado casi la infancia ya nos encontrábamos con las duras palabras de un Cartujo, al que taladramos con nuestras miradas y nuestras preguntas.

Alfonso Milian fue el sacerdote que nos llevó hasta allí aun sabiendo que las chicas no podríamos entrar, a él le agradeceré siempre que me enseñara a mirar el mundo de otra manera, siendo crítica con todo lo que me rodea, incluso con la propia Iglesia (Tan patriarcal ella, a la que también le vendrá bien una amplia revisión).

Quienes siguen este blog saben que soy feminista porque mi feminismo es bastante militante. Hace años no éramos muchas las que nos definíamos, al albor de las palabras de la RAE, como feministas. Éramos esas cuatro locas que pensábamos que cambiar el mundo y hacerlo igualitario era justo y debía ser posible.

Cada día es mayor el número de gente joven que pide información sobre libros que hablen de feminismo, pero empezar, hoy por hoy, con El segundo sexo de Simone de Beauvoir o cualquiera de los de Virginia Woolf, incluso con algo de Pardo Bazán podría ser complicado, así que iniciarse con un libro como este de Leticia Dolera, podría estar bien, entre otras muchas cosas porque, ella es joven y nos cuenta las cosas de manera sencilla, pero además lo hace desde esa primera persona del singular que tanto gusta en este tipo de libros a la gente más joven.

“Morder la manzana. La revolución será feminista o no será”, se inicia con una larga serie de agradecimientos que ya te acercan a la autora, porque si cualquiera tuviera que agradecer lo mucho o poco que tuviese de feminista, al primer lugar que hay que girar la mirada es a la propia familia, allí están nuestras madres y nuestra tías, e incluso nuestras abuelas que en alguna ocasión nos han empujado un poco más allá de lo que autorizaba la previsión de nuestras madres.

Leticia Dolera viene a contarnos su experiencia personal y de paso a reflexionar sobre la vida, esta vida que estamos viviendo y sobre la que hoy tenemos el firme convencimiento de que tenemos la auténtica posibilidad de hacer cambiar, o cuando menos de poder decir ya en voz alta cuales son las cosas que urge modificar. Y desde luego es cierto que todo empieza cuando una mujer habla con otra mujer… Así que si tienes con quien hablar, habla, peor si no tienes con quien hablar, lee. Y verás como eso que creías que solo te había pasado a ti resulta que le pasa a la mayoría de las mujeres, aun cuando en determinados entornos algunas nunca lo reconocerán.

Estamos ante un libro de capítulos cortos y muy directos. Donde contará, como les decía, episodios de su vida, reflexiones con sus amigas, y un valiente análisis muy crítico sobre el machismo que sufrimos. Digo valiente porque no es una mujer que se haya subido ahora al carro del feminismo, lleva muchos años denunciando tanto desde sus cuentas de las redes sociales como desde los micrófonos siempre que se le da la ocasión.

Y no, no habla solo de los abusos o discriminación que sufren las actrices, que va, habla de los actos machistas y micromachistas que debemos sufrir todos y cada uno de los días. Reflexiona sobre lo difícil que resulta ser feminista o no ser machista en una sociedad estructuralmente patriarcal.

“Los prejuicios son mucho más difíciles de cambiar porque no se sustentan en la lógica ni en la razón, sino en lo subjetivo y lo emocional y ahí como se llega no es a través de una ley, es a través del relato cultural…”.

Dolera hace un buen trabajo para llevarnos a esas lecturas de las que les hablaba en el inicio, pero también a otras muchas en las que se ha documentado. Porque antes les hablaba de lo importantes que son los referentes cercanos (madres, tías, abuelas…), pero las mujeres, como colectivo, necesitamos referentes culturales y artísticos porque el alma de las personas se forja de ellos, y sobre las mujeres los hay, pero hay que buscar para encontrar. Las mujeres tenemos que leer más a las mujeres, no solo sobre mujeres.

No hay tema con el que no arriesgue la autora, Morder la manzana tiene fuerza, entiendo que haya tenido tan buena acogida, y tiene calidad, y tiene humor, y siendo de fácil lectura tiene profundidad, te deja con una buena sensación. Porque al final, hay muchas cosas de tu vida que no llegas a comentar con nadie y como decíamos al principio y yo creo que es fundamental:

“Todo empieza cuando una mujer habla con otra mujer”… Y no hablan especialmente de hombres 😉

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