
Blancanieves, de Jacob y Wilhelm Grimm





Pérdida no es la alegría de la huerta. Eso por descontado. La foto (bonita) de la tetera en la portada ya lo presagia. (El título ya ni te cuento). No te va a hacer salir un viernes noche con ganas de quemar la ciudad. Más bien al contrario, si vas a salir a comerte el mundo, apárcalo para después de los postres. Si hay algo que realmente consigue éste libro es hacerte empatizar con tus mayores. Seguramente sabes cómo se conocieron tus padres, su primer coche, sus trabajos, cómo se divertían e incluso cuando fuiste concebido. Pero… ¿sabes lo que hacen ahora que ya no vives con ellos y que tu madre ha empezado a perder un poco la cabeza? ¿Cómo afronta eso tu padre sólo, cuando sus hijos piensan que quién debe cuidar de ella es su marido? ¿Sabes que tu padre no se defiende mal en la cocina, que incluso cocina mejor que tu madre, ahora que le toca a él las tareas de la casa? ¿Sabes la de veces que ha deseado matar a tu madre para liberarse de ella? ¿Y que no aguanta estar con ella pero tampoco sin ella? ¿Y sabes que una vez muerta ya tu madre, tu padre la lleva cada día dentro –literalmente- de él?


Ningún mayor dolor
que acordarse del tiempo feliz
en la miseria
Dante Alighieri
Si Dante tenía razón, vivimos tiempos de dolor porque en la actual época de miseria parece humanamente imposible no recordar tiempos más felices. No obstante todo dolor tiene su tratamiento de elección y yo diría que para combatir el dolor de los tiempos de miseria conviene celebrar la vida. Celebrar a Stendhal, perdón, celebrar a Beyle, es celebrar la vida y este pequeño volumen, este Con Stendhal, que Simon Leys nos regala, es una magnifica forma de hacerlo.


Catorce relatos sobre personajes anónimos, casi insignificantes, que esconden un ingenioso juego literario.
Cualquier libro de Enrique Vila-Matas es mucho más que la historia que en él se narra o que la forma en que está escrito. No en vano en Dublinesca, además de rendir un apasionado y emotivo homenaje a la literatura en casi todas sus facetas, el escritor barcelonés abogaba por un papel más activo del lector, que no debe conformarse con ser un mero espectador, un elemento pasivo y anónimo de una representación ejecutada a mayor gloria del autor: la literatura puede ser más que ocio para el lector y lucimiento para el escritor; puede ser complicidad, juego, estímulo, intercambio. Puede serlo y debe serlo.


Afortunadamente, las lágrimas no huelen, dice Varlam Shalámov en boca de uno de sus personajes de estos Relatos de Kolimá, lo que puestos en situación no carece de importancia, sin embargo, desde la privilegiada mirada de quien lee el Gulag, no de quien como Shalamov lo vivió, lo que es una fortuna que haya quien, como él, posee el secreto, la piedra filosofal que transforma las lágrimas, propias o ajenas, lloradas o no, en tinta. Porque estos Relatos de Kolimá son eso, la expresión literaria del dolor, el sortilegio que convierte en terriblemente hermoso lo trágico, en humanamente cálidas las solidificadas lágrimas que se desprenden de un alma humana helada.
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Todo oscuro, sin estrellas, de Stephen KingHacía tiempo que no leía algo del llamado maestro del terror (lo último fue La Cúpula si no recuerdo mal) cuando sin quererlo llegó a mis manos el tochazo “Todo oscuro, sin estrellas”, y me dije a mi mismo: “venga, va, démosle a tito King una segunda, o quinta, o ¿cuántas oportunidades van ya?” Y es que, si de joven intentaba leer casi todo lo que podía de King, poco a poco fui desencantándome, más que nada por sus finales. Porque lo cierto es que King escribe bien. Si yo fuera vulgar, diría que escribe que te cagas, pero como no lo soy, diré que escribe puñeteramente bien. Tiene historias muy buenas, con inicios y desarrollos excelentes a los que no se puede poner ni un pero, … pero muchos de sus finales son penosos y son los que a la larga acabaron haciéndome no huir de King, pero sí evitarlo.
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Un siglo que nos ofrece un viaje en el tiempo de lo más interesante. Desde el 10 de Diciembre de 1898, en que se firma el Tratado de París entre España y Estados Unidos, momento en el que muere el viejo Imperio español, hasta el 22 de Julio del 2000 en que José Luis Rodríguez Zapatero es elegido Secretario General de PSOE.
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He llegado a la conclusión, por experiencia, de que los libros tienen su lado perverso: son maravillosos, pero también, sobre todo a quien se siente escritor además de lector, estropean, rasgan la inocencia de cada uno de nosotros. Resulta muy difícil, al cabo de muchos libros leídos y admirados y, en cierta medida, absorbidos, volver atrás y recuperar nuestra propia voz, ser quienes éramos antes de todas nuestras lecturas. Y probablemente por eso, un primer libro sea el más difícil de escribir, al igual que el primer paso en una dirección siempre es el que más nos cuesta.
“Hermana” es el primer libro de Rosamund Lupton del que tenemos noticia; el primero publicado, al menos. Y lo primero que me ha gustado de él y me ha ganado del todo es que tiene una inocencia, una llaneza, un encanto al narrar muy difíciles de imitar, y más difíciles aún de preservar en el caso de un escritor novel. Es una novela que se lee muy rápido, porque engancha desde el principio; y lo hace sin necesidad de sofisticaciones, de alardes de erudición o de técnica y, en el fondo, sin contar ninguna historia fuera de lo común; pero acertando en su elección y en el tratamiento, que es intimista y muy sincero, directo desde el corazón. Ahí es donde “Hermana” se eleva por encima de la media. Dicho de otra manera: es un libro que te crees, una autora que te crees.


Voy a contar un secreto, algo que no le he contado a nadie. Preparad la tira negra para cubrirme los ojos, difuminad mi cara para que no se me vea demasiado, y modulad mi voz (un poco más aguda de lo normal, puestos a pedir) para que no se me reconozca.
Ahí va: yo también tengo una madre adicta al drama.
Lo sé, es impactante, es un secreto tan revelador que se podría situar a la altura del final de Perdidos, pero qué queréis, estar prácticamente en la treintena y soltarlo así, a bocajarro, tiene su mérito. Porque aquí donde me veis yo he sobrevivido, con estoicismo, con verdadera valentía, con dosis de esfuerzo a frases tan perturbadoras como ·”pues si no lo quieres para cenar, para desayunar” o a consejos ansiosos como “corre, corre, bébete el zumo que sino se le van las vitaminas, pero ¡corre, corre!, ay qué va a ser de mí con este hijo que me ha tocado”. Y es que a mi madre parecía que su hijo le había tocado en una tómbola de esas en las que se juega a muchos boletos y al que más compraba le tocaba el mejor premio. Así que aquí me tenéis, lectores, difundiendo un secreto tan grande como aquel momento en el que mi madre se me quedó mirando fijamente, se acercó tranquilamente y con esa neutralidad en la voz me soltó: “como vaya yo y encuentre lo que te he pedido…”
Y después de esta revelación me entra el miedo en el cuerpo porque, ¿seré yo un drama papá? ¿me convertiré, después de muchos años renegando y jurándome a mí mismo que jamás, pero jamás de los jamases, iba a repetir yo esas frases, en un clon de mi madre? Oh no, me entran sudores fríos. Pero, ¡esperad!, ¿qué es lo que ven mis ojos? Un manual para no convertirte en una drama mamá (que digo yo que nos valdrá igual a los hombres). Voy corriendo a comprarlo, abrirlo, y a leerlo para prepararme para el examen de mi vida. Qué nervios, qué nervios…
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Hay preguntas que, durante años, se plantean al ser humano. ¿Hay algo más allá de esta realidad? ¿Hay alguien (o algo) encima de nuestras cabezas que nos protege y, de alguna manera, nos guía en la vida? Y si lo hay, ¿Cómo es? ¿Qué nos espera más allá de nuestra existencia, cuando ya hayamos dejado este mundo? Respuestas que son difíciles de hallar, de responder sin ningún atisbo de dudas, y que nos mete de lleno en debates (muchas veces encarnizados) para acabar igual que estábamos: en la duda más absoluta.
Esta es la historia de un niño pequeño: Colton Burpo. De cómo una intervención quirúrgica complicada le hizo visitar lo que él llamó “el cielo”. Pero no se trató sólo de un viaje celestial. En su periplo conoció a familiares que se habían ido hace tiempo, pudo ver partes de un futuro lejano, y conocer a Dios en su máximo esplendor. Y por eso, tal y como dice él en el libro: “Quiero que todo el mundo sepa que el cielo es real”
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Hace muchos, muchos años… Bueno, quizá no tantos… Hace algunos años, había un apuesto y valeroso joven al que le atraían mucho los cuentos folklóricos. Un día este joven conoció a una hermosa doncella venida de tierras germánicas. Los dos se enamoraron, y el chico decidió estudiar la lengua de su amada. Tras aprobar primero de alemán en la EOI, nuestro héroe, que era muy osado, entró en una tienda y, con gran donaire, le dijo al tendero: dadme ese libro tan gordo de los hermanos Grimm en alemán…
El cuento acababa así: tras un arriesgado viaje por el mundo de los Grimm, nuestro héroe descubría un par de cosas. Una, que con pasión, cierta facilidad para las lenguas, y la ayuda de su enamorada, bien pronto aprendió el vocabulario básico (bruja, lobo, pozo, castillo, rana, sangre, Virgen…) y fue capaz de entender la mayor parte de los cuentos. Y dos, que lo que se consideraban cuentos infantiles, en su versión original desbordaban crueldad a raudales. Por el contrario, la versión conocida en su reino había sufrido una operación de cirugía plástica que los había vuelto irreconocibles, y los había hecho aptos para el público… adulto.


La luz frente a la oscuridad. El Bien y el Mal. El conocimiento frente a la destrucción. Batallas entre los extremos de una misma línea continua que, en muchas novelas, han sido tejidas con mayor o menor fortuna. Entonces, ¿por qué “Las horas oscuras” es diferente? Déjenme, vuesas mercedes, que les cuente las divinidades y demonios, los claros y sombras, los amores y desventuras que, en esta novela, se cuentan por docenas. Porque entre sus páginas podrán encontrar buenas historias con las que pasar el día, y terrores que les harán estremecerse en las noches más aciagas. Comiencen el viaje conmigo, y no saldrán defraudados.
El mundo se prepara para el año 1000. El fin y el principio de un milenio. Y las teorías que pronostican que todo acabará en una lucha encarnizada empiezan a hacerse realidad en Irlanda. Un monje aparece en un pequeño poblado para reconstruir un monasterio que abarcará todo el conocimiento perdido por la humanidad. Pero algo acecha en las sombras, una oscuridad que quiere destruir todo lo que la congregación de fieles ha construido. Y en la batalla final, ¿quién o qué saldrá victorioso? ¿Es el fin de los tiempos? ¿Queda esperanza más allá de los muros de piedra del monasterio?
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