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Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa

Travesuras de la niña mala

Travesuras de la niña malaDesde hace más o menos un año y medio sigo un grupo de lectura de Facebook llamado “Club de lectura literatura +1”. Está compuesto por más de veinte mil miembros venidos de todos los países hispanohablantes del mundo. Cada mes, el búho lector (el jefe del grupo) abre la veda para que los miembros propongan libros. Se escogen las treinta primeras propuestas y luego se votan durante unos días. Así, cada mes sale un libro diferente que todos debemos leer y comentar. Pues bien, yo empecé en este club leyendo El psicoanalista, al que le siguieron obras como El Aleph, Drácula o Lolita. Este club me ha dado la oportunidad de encontrar títulos que de otra forma nunca hubiera leído y me ha enseñado que en la variedad está el gusto y que se debe leer de todo para poder opinar sobre ello como es debido.

Pero la verdad es que no todos los meses he seguido las lecturas —sobre todo, últimamente, porque estoy leyendo otras cosas y no me da tiempo a seguir el ritmo del club—, así que, armándome de paciencia, papel y boli en mano, copié en una hoja todos los títulos que se habían leído en el club desde el inicio de los tiempos (quizás unos cinco años antes de que yo entrara) y me propuse leer todos y cada uno de ellos. Esto es motivador pero también muy frustrante, porque hay que tener en cuenta que cada mes hay que sumar el libro elegido y la lista crece y crece incesantemente…

El caso es que uno de estos libros que se me habían quedado en el tintero y que no leí en su día —por pereza, básicamente— era Travesuras de la niña mala. La verdad es que la historia me atraía bastante y tuve en mis manos el libro varias veces, a punto de ser comprado y enviado a mi biblioteca, pero al final veía otro título que llamaba más mi atención y acababa procrastinando. Y es que yo tengo un problema con los escritores sudamericanos. Me cuestan y mucho. He leído a Márquez, a Borges, a Allende… y puf. Para mí, son demasiado descriptivos y demasiado intensos. Tanto que siento que coartan mi imaginación a la hora de leer un libro. Yo necesito una descripción, pero que permita a mi mente imaginar todo lo demás. Y eso, sobre todo con Márquez, me resulta imposible. Así que tenía un miedo terrible de enfrentarme a Vargas Llosa, porque no quería tener que dejar un libro suyo a medias y olvidado en el rincón donde abandoné hace ya tiempo a Márquez (sinceramente, me encantaría que esto cambiara y que algún día me descubra leyendo un libro de él con ojos fascinados). Pero el otro día lo decidí, tenía que leerlo. Y es que si se quiere opinar de algo, hay que saber de lo que se habla. Así que lo pedí y, unas semanas después, aquí estoy, intentando trasmitiros lo que me ha hecho sentir este libro.

Travesuras de la niña mala habla de Ricardo y Lily que, movidos por las rebeliones acontecidas en Perú, tienen que partir hacia Europa. Ricardo entonces era un chico inocente que no sabía de qué iba el mundo. Y en cambio Lily, por toda la vida que llevó y los asuntos donde estuvo entrometida (hasta aquí puedo leer), aprendió las lecciones que Ricardo hubo de aprender más tarde. Él, enamorado de ella hasta las trancas. Ella, sabiendo que su futuro debía estar en manos de otros hombres. Un amor imposible que se ve impulsado cada vez que se encuentran. Primero París, luego Londres, Japón, incluso en Madrid. Lily aparecía cada vez de la mano de un hombre, dentro de un matrimonio infructuoso y torturador. Y se dejaba llevar por las caricias de Ricardo cada vez que se veían en un hotel de la ciudad. La “niña mala”, la llamaba él, a sabiendas de que nunca podrían compartir eso que él llamaba amor.

Mario Vargas Llosa nos trae una novela a caballo entre lo erótico y lo sentimental. Sin cortarse un pelo en las escenas más calientes, nos transporta a diferentes ciudades perfectamente ambientadas. En cada capítulo viajaremos a un lugar distinto, con personajes nuevos y con un “mini-clima” creado exclusivamente para ese capítulo. Así, encontraremos varias historias dentro de una misma y sentiremos la frustración que siente Ricardo cada vez que ve a Lily marchar.

En cuanto a la descripción, que tanto miedo me daba, no ha sido para tanto. Vargas Llosa deja más a la imaginación que otros autores del estilo que había leído y no se me ha hecho tan pesado como otros. Incluso me ha enganchado, cosa que no esperaba en absoluto. En cada capítulo, Vargas Llosa nos deja con ganas de más; con ganas de saber qué habrá sido de la niña mala y si la pasión que vive cada vez que ve a Ricardo sigue en pie como el primer día.

Me daba miedo leer este libro. Me daba miedo tener que decirle al mundo que no me gusta Vargas Llosa. Me daba miedo tener que dejar el libro a medias y no poder recomendároslo. Pero ya veis que no ha sido así. Que lo he leído de principio a fin sin poder parar. Que he dejado la lectura que me tocaba este mes (El idiota) para poder terminar este libro a tiempo y recomendároslo a todos y cada uno de vosotros. Tanto si os gustan los escritores latinos, como si no. Tanto si os gusta la novela romántica, como si no. Tanto si os cae bien Vargas Llosa, como si no (por suerte o por desgracia, la gente juzga mucho por lo que ve a través de los televisores y a la literatura eso le importa poco). Porque es una novela que se deja leer por todos los públicos. Tiene conflictos, guerras, sentimientos, romanticismo, erotismo y más conflictos. Y un personaje principal que se deja identificar fácilmente por el lector.

Pocas palabras me quedan ya para describir esta obra de la literatura contemporánea. Sin duda, una pena no haberla leído en su día para poder comentarla con mis compañeros del club de lectura. Así que ahora vengo aquí para poder comentarla con vosotros. Ya sabéis, nunca es tarde.

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¿Cómo nos metimos en este desastre?, de George Monbiot

Cómo nos metimos en este desastre

Cómo nos metimos en este desastreTal vez muchos no se acuerden, pero en un principio el periodismo consistía en decirle a la gente lo que le pasaba a la gente. Sin muchos mayores filtros que el contraste de las informaciones y la selección de los temas que más podrían llegar a interesar al conjunto de la sociedad. Pronto los intereses económicos y políticos comenzaron a complicar el trabajo del profesional de la información, que vio cómo su primera batalla la tenía que vivir en su propio escritorio. «Cada mesa un Vietnam», como le gusta decir a Enric González. Muchos fueron los periodistas que se vieron obligados a modificar su modus operandi, a relajar su inquietud investigadora o, simplemente, a comenzar a trabajar para el que pone los billetes sobre la mesa. Sin embargo, también han quedado unos cuantos periodistas valientes y comprometidos con la verdad. Y George Monbiot, como puede leerse en sus artículos recogidos en el libro ¿Cómo nos metimos en este desastre?, es uno de ellos.

Monbiot es una de esas escasas voces críticas e indignadas que han conseguido sobrevivir a la gran crisis del periodismo global y que se esfuerzan por sacar a la luz las perversidades e injusticias del sistema. No debemos pensar que es un ser extraordinario en ese sentido; en nuestro país contamos también con comunicadores con un perfil similar al suyo, aunque rara vez tienen la visibilidad de este autor. Y es que el británico lleva años denunciando las injusticias desde su columna en el prestigioso periódico The Guardian. Una visibilidad y un poder que le ha llevado (o eso se afirma en este libro) incluso a alterar proyectos de ley con sus artículos.

El estilo de Monbiot es puramente periodístico, en el mejor de los sentidos: claro, conciso y muy directo. Además, es de los autores que sorprende por la precisión de sus sentencias. Prácticamente cada una de las ideas que recoge en sus artículos está acompañada de la fuente de la que procede, ya sea dentro del texto o con una nota a la enorme sección de referencias bibliográficas que cierra el libro.

Lo que sí que diferencia a este autor de otros periodistas críticos es que tiene una opinión propia de prácticamente cada tema, que en no pocos casos dista de lo que cabría esperar de él. Sus ideas tienen denominación de origen Monbiot y, si bien en su gran mayoría podrían ser subscritas por lo que antaño solíamos denominar la izquierda, otras tantas, sin embargo, se salen de los esquemas habituales. Por ejemplo, su defensa de que el pastoreo constituye un peligro medioambiental y económico para Reino Unido, su preferencia por la energía nuclear frente a otras que considera más perjudiciales o su apoyo a limitar el gasto público en subsidios a la agricultura por considerarlos un despilfarro.

Pero si algo sobresale en este compendio de artículos es la especial fijación de Monbiot en el medio ambiente. El uso de combustibles fósiles, la preservación de la fauna, la utilización de los suelos o la sorprendente relación directa entre el uso del plomo y la criminalidad son algunos de los asuntos a los que dedica sus esfuerzos divulgativos. Ello no evita para que haya una gran variedad temática, que escapa en varias ocasiones de lo puramente político y nos acerca aspectos como la obsolescencia programada o el dudoso y lucrativo negocio de las revistas científicas.

¿Cómo nos metimos en este desastre? reafirma una de las ideas que llevo defendiendo bastante tiempo, que es la de que cuando uno quiere enterarse con cierta rapidez de lo que está ocurriendo a su alrededor no debe buscar a los grandes intelectuales, sino a los buenos periodistas, como George Monbiot. Es bien seguro que su respuesta no será tan minuciosa y trabajada como la de los primeros, pero el profesional de la comunicación nos ahorrará la labor de síntesis, de contraste de las informaciones y de poner las mismas dentro del contexto necesario para entenderlas correctamente.

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Más allá del invierno, de Isabel Allende

Más allá del invierno

Más allá del inviernoIsabel Allende es una de mis autoras más admiradas, creo que ya lo he comentado. Me gusta su forma de escribir: directa, sincera y sin tapujos. Me gusta la sensación de alegría de vivir que trasmite, que se nota todavía más en los últimos libros. Me encanta como conecta el más acá con el más allá, su realidad mágica o su fantasía auténtica. Es fascinante como describe a los personajes y sus relaciones, con pocas palabras eres capaz de entender sus interiores y pensamientos, de ponerte es su lugar. Es una maestra profundizando con sencillez, allanando el camino, haciéndote comprender lo más difícil.

Siempre que la he recomendado, ha triunfado. He tenido el caso de un usuario de la biblioteca, hombre, que era muy reticente a leerla. Le gustaba Alberto Vázquez-Figueroa y Eduardo Mendoza, pero se acababan ese tipo de autores y quería explorar algo más, así que le insistí con Isabel Allende. Se llevó Inés del alma mía y volvió a las dos semanas dándome las gracias. Me dijo que había sido el primer libro escrito por una mujer en el que había sentido que lo habían entendido como hombre, identificado. Se llevó Hija de la fortuna y Retrato en sepia y se convirtió al “isabelismo”.

Más allá del invierno es su último trabajo, en el que vuelve a demostrar la profunda belleza de lo sencillo. En este caso, el escenario está en Brooklyn, a principios del 2016. La ciudad está paralizada por una gran nevada y Lucia Maraz se siente encerrada en el sótano congelado en el que vive desde hace unos meses. Lucia es chilena, de sesenta y tantos y le está dando otra oportunidad a su vida, una nueva perspectiva, intentando ilusionarse otra vez después de pasar una mala racha. Su vecino y casero es Richard Browmaster, compañero y colega de la universidad que es un hombre obsesivo, preocupado, solitario y maniático. Se conocen desde hace años, de cursos, seminarios y reuniones. A ella le gusta, pero desde que se ha trasladado allí, él parece evitarla e ignorarla. Ella tiene adoptado un chiguagua viejo y feo y él, cuatro gatos. Richard tiene que salir por una emergencia ese día imposible de nieve y choca con el coche que conduce Evelyn Ortega, que se va murmurando asustada, sin que Richard pueda hacer nada para entablar conversación, más que entregarle su tarjeta. Evelyn aparecerá ese mismo día, unas horas más tarde, asustada, pidiendo ayuda. Es una joven guatemalteca, inmigrante sin papeles, y el coche era de su jefe al que tiene pánico.

Así comenzará una relación intensa y precipitada entre los tres personajes. Sabremos de la historia y pasado azaroso de los tres, mientras solucionan lo que se les ha presentado: una sorpresa en el maletero del coche golpeado. Viajaremos a Chile y Canadá con Lucia y conoceremos a su familia. Viviremos con Evelyn, su abuela y hermanos en Guatemala. Visitaremos Brasil con Richard. Cambios políticos, violencia, el sufrimiento de los que necesitan huir al norte para sobrevivir, personas que dejan de ser ellas, muchas muertas de verdad y otras en vida, esclavizadas y abusadas, muchas desaparecidas y olvidadas. El dolor de la pérdida, de la culpa y del abandono. Las relaciones familiares, el amor y el desamor. Todos estos temas se mezclan magistralmente en esta novela.

Me ha gustado mucho, como siempre. Quizá se me ha hecho corto, aunque se hayan cerrado todos los círculos, aunque se haya llegado al destino, me he sentido abandonada cuando he acabado el libro, me apetecía quedarme un ratito más con Lucía, Richard y Evelyn. Especialmente Lucia, pura energía y alegría. Con una forma simple, aunque no simplista, de ver la vida. Con los pelos a lo loco y tanto sentido del humor. Con una personalidad muy parecida a la que yo le presumo a la autora.

Me está costando mucho hacer esta reseña, ya lo he hablado con mis compañeros, y parece ser que es un mal que nos acecha a más de uno, pero me cuesta más explicar lo que me gusta mucho. Siempre te quedas con la sensación de que la reseña es pobre, que no refleja todo lo que quieres transmitir. Si soy muy efusiva, parecerá que soy pelota, si soy comedida, parecerá que no me ha entusiasmado… ese equilibrio es difícil. Para expresar estas cosas son muy útiles los emoticonos, aquí pondría caritas sonrientes con ojos de corazones.

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Tengo, tengo, tengo, de José Antonio Millán

Tengo, tengo, tengo

Tengo, tengo, tengo“Una, dole

tele, catole,

quile, quilete,

estaba la reina

en su gabinete;

vino Gil,

apagó el candil,

candil, candilón,

cuenta las veinte,

que las veinte son.”

 

Seguro que todos habéis oído esta cantinela, ¿verdad? Nuestra lengua está repleta de este tipo de rimas. Las utilizamos para jugar, aconsejar, trabajar, memorizar, hacer rabiar e incluso para sanar. El ritmo es fundamental y este tipo de cancioncillas, refranes y retahílas están presentes en todas las lenguas del mundo.

El objetivo de José Antonio Millán es el de explorar estos aspectos de nuestra lengua. Para ello, el autor realiza un ejercicio de búsqueda desde las rimas más antiguas, hasta las creaciones más recientes y se dirige a los lectores que, como, yo, disfrutamos reflexionando sobre nuestra lengua y aprendiendo cosas nuevas. Es un lujo poder aprender de la mano de José Antonio Millán, todo un referente de divulgación en el ámbito de la lingüística con libros como De dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y qué historias cuentan.

Tengo, tengo, tengo está dividido en diez partes y treinta y seis capítulos. Que dicho así suena a mucho, pero no os asustéis, el libro está perfectamente condensado en sus casi trescientas páginas y en mi opinión ni le falta ni le sobra nada. Cada apartado se centra en un determinado aspecto que el autor desarrolla a lo largo de las páginas de una forma precisa y muy entretenida. En la primera parte, por ejemplo, se explica qué entendemos por ritmo en la lengua, en la segunda se analiza la función de las palabras inventadas que usamos en los juegos infantiles y en otras, como en la sexta, se estudian los procedimientos orales que sirven para acompasar las acciones de los hombres. Aunque sea cierto, como se explica en la nota previa, que cada capítulo del libro podría haber dado lugar a uno o varios libros, el autor ha hecho un gran esfuerzo de síntesis y de relación.

Para los lectores que sientan curiosidad por saber más sobre este tema, pueden encontrar al finalizar el libro una amplia bibliografía y, además, en la siguiente página web  encontramos las fuentes utilizadas y en esta otra página, una Lista de medios con ejemplos ilustrativos de algunos de los fenómenos expuestos en el libro. Como veis, el trabajo que ha realizado José Antonio Millán para Tengo, tengo, tengo es de diez.

Personalmente, disfruto mucho con estos matices y curiosidades de nuestra lengua y soy de ese tipo de personas que le encantan los juegos de palabras y las rimas y conocer y descubrir más sobre sus orígenes y usos. Así que he disfrutado mucho con este libro tan curioso y didáctico en el que las palabras y las rimas son más protagonistas que nunca.

Si a vosotros, lectores, también os fascina la lingüística y os gusta aprender sobre nuestra lengua, estoy convencida de que Tengo, tengo, tengo os va a encantar.

 

 

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Un canalla que no lo era, de Sarah MacLean

Un canalla que no lo era

Un canalla que no lo eraSiempre hay veces que un libro te llama la atención y no es ni por su portada ni por su título. Un canalla que no lo era llegó a mí como por casualidad, en un momento en el que estaba buscando lecturas para el verano. Aunque no parecía que fuera a ser un libro demasiado original o profundo, quería algo que me entretuviera y me mantuviera alejada de los problemas y el trabajo. Y debo decir que ha cumplido mis expectativas. Es más, ha conseguido sorprenderme.

A pesar de que deje poco a la imaginación, ya que por su portada y su título podemos intuir que es una historia de romance e intrigas de época, esta primera parte de una de las muchas colecciones de romántica de Sarah MacLean nos traslada al Londres y a la Escocia de principios del siglo XXI para vivir una historia de amor, escándalos, intrigas y otras aventuras. Lo que no se intuye es la magnífica pluma de la autora y la enorme evolución de los personajes principales a lo largo de la novela.

Y es que Sarah MacLean ha logrado cautivarme con un estilo directo, descriptivo y cargado de detalles y de ironía con el que me ha mantenido pegada a sus páginas, empatizando en cada momento con sus personajes mientras me divertía con divertidos diálogos y algunas de las situaciones que recrea la autora.

Pero no es solo esto lo que me ha sorprendido de este libro. A pesar de que al principio me encontré con unos personajes principales demasiado planos y que no me transmitían demasiado, a medida que iba leyendo me encontré con dos personas sensibles, con pasados oscuros, problemas familiares, sueños y aspiraciones que me transmitieron una sensación tan real que fue como si salieran del libro. Además de su evolución como personajes, la autora ha sabido crear personajes con problemas de época pero emociones actuales. Y esto es realmente difícil.

Asimismo, la relación que construye entre ambos personajes principales también se hace muy real para el lector, pues va surgiendo poco a poco y de manera muy especial. Además, las conversaciones entre ambos están repletas de ironías y este aspecto me ha encantado, pues me parece que aporta un aire fresco y divertido a la novela que hace que quieres leerla sin parar. Un aspecto que me ha gustado menos, y que está unido a esto, es la previsibilidad de la novela. Al principio ya se sabe lo que va a ocurrir. Sin embargo, pienso que no es un factor de gran importancia para este libro, ya que se disfruta igualmente a pesar de él. De hecho, desde la mitad hasta el final, la autora revela alguna que otra sorpresa al lector.

Todos estos aspectos han contribuido a convertir esta novela en una lectura muy completa, perfecta para desconectar durante el verano. A pesar de algunos aspectos negativos que he comentado anteriormente, como la falta de originalidad y la previsibilidad, me ha encantado descubrir a esta autora a la que espero poder volver a leer pronto. Sin duda, una lectura muy recomendable para todos aquellos a los que os guste la narrativa de época y, más recomendable aún, para aquellos que disfruten de las historias de amor realistas y que se van desarrollando a medida que vas leyendo. Ya empiezo a estar harta de los libros llenos de clichés e “instalove” que no son creíbles para nadie y que, además, están repletos de cursiladas demasiado lejanas de la realidad. Aunque respeto a quienes les gusten, creo que se disfruta mucho más de una historia con la que te puedas identificar. Y esta es una de ellas, si bien se desarrolla en el siglo XXI…

 

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Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, de Mark Yarm

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grungeEl pasado 18 de mayo la escena musical de Seattle perdió a una de las voces del rock más portentosas y que ha acompañado a toda una generación desde finales de la década de 1980. Chris Cornell ha sido la última víctima de una época que nos la han pintado gris, mugrienta, y que surgió de los suburbios de esta ciudad. Se suma de este modo a otros amigos y compañeros de aquella época como fueron Andy Wood, de Mother Love Bone, Kurt Cobain, de Nirvana o Layne Staley, de Alice in Chains. Y solo por mencionar a algunos de los más célebres, porque fueron muchos los que cayeron en el camino. A priori parece que la etiqueta de etapa triste y oscura no se la consigue quitar de encima, pero ante todo la escena cultural de Seattle fue una época de una creatividad sonora inusual. Porque Seattle fue mucho más que grupos de amigos que tocaban en sótanos, con actitud punk-rock o metaleros, enganchados a la heroína o la cerveza y cuyas letras denotaban una actitud pesimista y existencial ante la vida. De hecho, sus letras jugaban más con el humor negro. Seattle fue mucho más que camisas de franela y botas Doc Martens. Seattle fue mucho más que la cuna del grunge.

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, del periodista Mark Yarm, es el fruto de entrevistas con todos aquellos que germinaron la escena musical de Seattle, que hicieron que eclosionara y se convirtiera en el movimiento cultural más grande de su época. Desde su origen hasta los días finales del movimiento, aquellos que tan gráficamente ilustran mencionando un cartel de un escaparate de ropa en el que citaba: «REBAJAS DEL 70% EN CAMISAS DE FRANELA», cada uno de los miembros de aquella etapa, músicos, agentes de discográficas, promotores, roadies, periodistas, fotógrafos, narran sus vivencias en la ciudad de Seattle. Un reflejo fidedigno de la creatividad e imaginación de unos jóvenes que apostaron por una cultura novedosa que rompió moldes y arrasó el mundo entero.

Craso error resumir todo el movimiento de Seattle en cuatro bandas de rock multimillonarias y un disparo de escopeta en el 94. Por mi edad, la muerte de Cobain no me supuso en su momento un mazazo como a la gente de mi entorno que eran mayores que yo y seguían su música. La de Cornell, sin embargo, sí. Cuando salió la noticia de que se había ahorcado me surgieron un gran número de preguntas y entre ellas la de no haber llegado a conocer en profundidad sus orígenes, el porqué de ese despertar cultural y el cómo creció toda esa bola desde unas desmadradas fiestas adolescentes en un sótano y llegó a extenderse por todo el mundo. Este libro no es un libro más que cuenta anécdotas de rockeros de Seattle; este libro es la biblia de Seattle.

El título del libro pertenece a un verso de una canción de Mudhoney que cita: «Todo el mundo nos adora / Todo el mundo adora nuestra ciudad / por eso últimamente he pensado / que este es el momento de marchar». En esta letra se percibe el sentimiento de la juventud de esta ciudad. Lo suyo era crear música por el placer de hacerlo, en aquello que se convirtió o que algunos quisieron convertirla, no era su intención. Y es que de entrada ya dejan claro en el libro que, pese a tener como subtítulo Una historia oral del grunge, aquella palabra, grunge, por todas las connotaciones estéticas que tiene, no la quieren ni en pintura.

El modo elegido para narrar la historia desde sus inicios es sin duda la labor más interesante de este libro. Fragmentos de conversaciones con cada uno de los miembros de la época que le contaron al entrevistador sus impresiones acerca de todos los detalles más íntimos que formaron parte del legendario del grunge. Un trabajo duro de documentación muy bien enlazado en la que la lectura se convierte casi en una reunión con colegas contando batallas y recuerdos de su juventud. Todo con un tono irreverente, punk, muy en la línea de sus profundas personalidades.

A Bruce Pavitt, cofundador del sello discográfico Sub Pop que dio a conocer a los primeros grupos que surgieron en Seattle cuando apenas sabían tocar, se le podría aplicar aquella cita del poeta romano Virgilio que decía: «La fortuna sonríe a los audaces». Porque lo suyo fue una apuesta arriesgada en la que se vio al borde de la quiebra en más de una ocasión, pero que ha permitido que a día de hoy el mundo haya conocido a tal cantidad de bandas llenas de talento: Soundgarden, Green River, Mudhoney, Nirvana, TAD… En palabras de Chris Cornell:

«Recuerdo haberme encontrado a Bruce Pavitt a la salida de un concierto allá por 1988 y comentarle que de repente parecía haber una eclosión de talento en Seattle y que Sub Pop estaba lanzando cantidad de discos increíbles. Bruce me pasó un brazo por los hombros, con una curiosa expresión de seguridad en la mirada, y me dijo: Seattle va a conquistar el mundo».

Y, ¿no ha sido así?

Todo el mundo adora nuestra ciudad es un libro esencial para conocer en profundidad la atmósfera de Seattle, que estaba basada en la independencia, en el «hazlo tú mismo» y el afán por cuidar y proteger a toda la comunidad musical. Porque eso fue el grunge, una comunidad de amigos que quisieron hacer lo que más les gustaba y, sin darse cuenta, arrasaron más allá de su ciudad. Tras su lectura, muchos son los grupos que desconocía y ahora no dejo de escuchar; muchas son las anécdotas que me han hecho reírme y asombrarme por igual ante las extrañas situaciones en las que se vieron envueltos; las opiniones de Courtney Love y lo que de ella opinan los demás no tienen desperdicio;  la fragilidad, nobleza y actitud divertida de Andy Woody frente al tono ceñudo de los Soundgarden, la profesionalidad de Pearl Jam frente a las fiestas locas que organizaba Buzz Osborne, cantante de los Melvins, el grupo favorito de Cobain. Aunque nunca llegue a comprender en totalidad por qué Andy Wood, Kurt Cobain, Layne Staley o Chris Cornell terminaron así sus vidas, sí puedo decir que les conozco un poco mejor y me siento más agradecido por cuanto nos han regalado. Sí, definitivamente, adoro esta ciudad.

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Black Hammer. Orígenes secretos, de Jeff Lemire y Dean Ormston

black hammer

black hammerLlega un momento en el que uno busca cosas diferentes en el universo del cómic de superhéroes. Y no porque deje de gustarle ni porque se haya hartado de ellos. Simplemente le apetece un cambio, conocer otras historias de ese mundillo, otros autores y otros personajes con historias no tan heroicas, o al menos no en el núcleo principal.

Y así, me encuentro con Black Hammer. Orígenes secretos. Un cómic que, si es alabado por un artista del noveno arte como Mark Millar, cuyo trabajo me divierte y que se refiere a este cómic así: “Hace años que no leía un cómic tan loco y brillante como Black Hammer”, como mínimo debe de merecer la pena.

La verdad es que loco loco, lo que se dice loco no es, pero brillar, ohhh, amigos… Brilla con una luz insultantemente cegadora.

Lo bueno es que no asistimos a manidas luchas entre personajes en mallas y villanos excéntricos (aunque bueno, hay algún breve flashback en el que sí, pasa exactamente eso y más) sino que se centra en las relaciones interpersonales de unos cuantos exsuperhéroes.

Tenemos ante nosotros a un grupo heterogéneo de héroes (casi todos nos van a recordar a conocidos iconos de DC o Marvel) que hace diez años derrotó al malvado Anti-Dios (una especie de Galactus) y no se sabe cómo ni porqué, tras esa victoria fueron transportados a una granja en una localización rural de la que parece ser que no pueden salir. El mundo les da por muertos y ellos viven ocultando sus identidades. Pero no todo el mundo cree que están muertos. Una mujer, periodista e hija del único de los héroes que realmente murió, Black Hammer, está convencida de que el resto de la formación está en alguna parte y pase lo que pase se ha propuesto encontrarlos.

Lo más jugoso de este cómic es lo que ya he comentado, las relaciones entre cada miembro, en lo que parece ser una familia extrañamente estructurada en la que cada uno va a su bola, siendo Abe, el “abuelo,” el más preocupado por ser una familia y por parecerlo (y cuyos orígenes me traen a la memoria los del Capitán América). Tenemos una anciana en el cuerpo de una niña (en claro homenaje a Shazam –si hasta la palabra clave es casi idéntica: Zafram–) harta de estar condenada dentro de ese cuerpo y obligada a asistir año tras año a las aburridas clases del colegio y enfrentándose por ello a Abe, que ejerce de padre. También forma parte de la cuadrilla Barbalien (un remedo del Detective Marciano), el Coronel Wierd (a quien no logro emparejar con ningún personaje preexistente) y el cual en sus primeras intervenciones resulta gracioso pero una vez conocida su historia comprendemos su sufrimiento; Walkie Talkie, compañero del Coronel y Madame Dragonfly, que es más o menos como Madame Xanadú.

El tomo está estructurado en capítulos en los que brevemente se habla de cada miembro y conocemos algo de su historia, para posteriormente seguir con la trama principal, en la que cada uno tiene un objetivo distinto, ya sea formar una familia, ya sea escapar de esa zona fantasma.

La historia entretiene más de lo que a priori parece y engancha que da gusto.  Está bien tejida, con los elementos humanos bien configurados y desarrollados  y un guion que no chirría y en el que los homenajes al cómic clásico de superhéroes son un aliciente más. Además, ha ganado el premio Eisner a la mejor serie nueva, y aunque esto de los premios es muy subjetivo, con los Eisner suelen acertar.

Otro punto, y muy importante, es el dibujo. En mi opinión, una mezcla del estilo de Mignola y el de Kevin O´Neil que me ha dejado más que satisfecho y que se aleja del típico dibujo del superhéroe comercial. Cabe resaltar el enorme mérito de  Dean Ormston, ya que semanas después de los primeros episodios sufrió una hemorragia cerebral de la que tardó meses en recuperarse y el lado derecho de su cuerpo, incluida la mano con la que dibuja, quedo parcialmente paralizada. Gracias a mucho esfuerzo y rehabilitación consiguió recuperarse casi por completo y los resultados hablan por sí mismos.

En resumen, un cómic en el que Jeff Lemire hace el cómic que siempre quiso: su versión de los superhéroes con historias humanas acerca de la familia y la vida en el pueblo.

Black Hammer. Orígenes secretos es un cómic que apetece mucho, de esos que pueden leerse varias veces (y yo no suelo), un homenaje al cómic en general, con un estupendo punto de partida desarrollado en una gran historia, un magnífico entretenimiento que, además, te deja con el ansia viva de saber qué coño va a pasar después del cliffhanger monumental con el que acaba.

Uno de los indispensables de 2017, sin ninguna duda.

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Sortilegio, de María Zaragoza

sortilegio

sortilegio

Imagina por un momento que miras una foto y puedes sumergirte en ella. Ver más allá de esas sonrisas, tal vez fingidas, conocer la historia que se esconde detrás de cada una de las personas retratadas o de los objetos que adornan la escena. ¿No sería fascinante? Sobre todo en estos tiempos, donde las fotografías son el recurso favorito de muchos para mostrar lo que querrían ser más que lo que realmente son. Pues Circe Darcal, la protagonista de Sortilegio, de María Zaragoza, tiene ese don, y eso hizo que me sintiera atraída por este libro al leer su sinopsis.

Sortilegio sigue las pautas de una novela de iniciación. En la primera parte, «Equinoccio de otoño», Circe se muda de un pequeño pueblo a la ciudad para ir a la universidad, donde poco a poco descubre un mundo nuevo y una nueva cara de sí misma. En «Solsticio de invierno», ya es conocedora de toda la magnitud de su poder y aprende a manejarlo, y en «Equinoccio de primavera», se desata la lucha contra el mal. Esta novela contiene los elementos habituales del género juvenil de fantasía: la protagonista es una joven con un poder oculto y un pasado lleno de secretos que están a punto de salir a la luz; es la pieza clave para evitar un gran peligro que se cierne sobre el mundo y se ve envuelta en un triángulo amoroso. Además, tanto ella como el resto de personajes tienen nombres raros, y eso que la historia transcurre en España. Esos clichés no me resultan demasiado atractivos, por lo que no suelo leer este tipo de novelas; pero, por suerte, María Zaragoza les ha dado un enfoque reivindicativo y feminista muy bien llevado.

«Mucha gente cree que lo que no te hace santa o madre, te convierte en bruja. Ya sabes: o eres lo que ellos quieren que seas, o eres mala».

Sin olvidar el elaborado trasfondo del mundo mágico en el que se adentra Circe, que bebe de la mitología cristiana y pagana. Me parece uno de los puntos fuertes del libro, aunque María Zaragoza ha querido transmitir tal cantidad de información que esta no siempre está bien integrada en la novela y, en momentos puntuales, corta la fluidez de la trama.

La primera parte de la historia me atrapó con su suspense plagado de situaciones extrañas e, incluso, inquietantes; mientras que las otras dos, si bien se leen con la misma facilidad, me interesaron menos. Será que las batallas finales nunca me parecen lo suficientemente apocalípticas y me quedo siempre con ganas de más. También me ha decepcionado un poco que el don de Circe de sumergirse en las fotografías solo sirva para introducir información del pasado, pero no tenga la trascendencia que yo me esperaba en el desarrollo y resolución del conflicto.

Sortilegio tiene partes que me encantan y otras que me chirrían, por eso su lectura me ha dejado una sensación agridulce. Pero no por ello deja de parecerme una lectura recomendable, ya que su enfoque feminista, su trasfondo tan bien documentado y sus frases para subrayar hacen que merezca la pena. Sobre todo para los aficionados a la fantasía juvenil que quieran darle una vuelta de tuerca a los manidos clichés del género.

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Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez y Gianluigi Toccafondo

los girasoles ciegos

los girasoles ciegosHay libros hermosos, en los que si nos ponemos a subrayar una frase que nos parece especial, esta puede convertirse en una línea continua de principio a fin. Pero cuando esos libros cuentan historias tristes, su lectura nos deja una sensación extraña. Su belleza nos inunda y su dolor nos vacía, y los terminamos hechos pedazos, tratando de recomponernos de esa implosión emocional. Eso me ha pasado a mí con Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez.

A través de cuatro relatos interconectados —«1939, Primera derrota o si el corazón pesara dejaría de existir», «1940, Segunda derrota o el manuscrito encontrado en el olvido», «1941, Tercera derrota o el idioma de los muertos» y «1942, Cuarta derrota o los girasoles ciegos»—, el autor recorre el campo de batalla, las cárceles de los sentenciados a muerte, los escondites de los desaparecidos, las escuelas y las casas de una España que fingía que todo lo ocurrido en la guerra civil había caído en el olvido en cuanto la fusilería había dejado de resonar en las calles.

Alberto Méndez me ha oprimido el corazón con sus palabras vívidas y certeras, trasladándome a esa época y haciéndome sentir la desolación de los derrotados con toda su crudeza. Y los derrotados no son solamente los que perdieron la guerra. Esa es la perspectiva obvia, tantas veces vista; pero en este libro se dejan a un lado el blanco y el negro y se profundiza en los grises, única forma de retratar con autenticidad algo tan complejo como la naturaleza humana y la tragedia de una guerra. Porque el derrotado no siempre es víctima y el vencedor no siempre gana.

Los girasoles ciegos son cuatro formas de entender la derrota, cuatro maneras de morir en vida y, sobre todo, un lúcido retrato de un periodo y de una sociedad que, pese a los ochenta años transcurridos, a día de hoy aún no ha cerrado el proceso de duelo porque, desgraciadamente, este nunca llegó a existir. Por eso, y por la soberbia escritura y extrema sensibilidad de Alberto Méndez, esta lectura provoca un varapalo emocional. Y por si este no fuera suficiente, la edición especial de Edelvives complementa la obra con las ilustraciones de Gianluigi Toccafonda. Dotadas de una gran expresividad facial, incluso cuando opta por los trazos más toscos, plasman a la perfección el clima desolador de los relatos. Su magnífica propuesta artística se disfruta tanto como acompañamiento del texto como contemplándola de forma independiente.

Para mí, Los girasoles ciegos es una lectura indispensable y esta edición, una joya para cualquier biblioteca. No me cabe duda de que esta obra de Alberto Méndez será un clásico de la literatura española, si no lo es ya, aunque apenas hayan pasado trece años desde su publicación. Porque la atemporalidad de sus palabras, tan bellas y tan dolorosas, seguirán causando estragos en los corazones de los lectores por mucho tiempo que pase. Y es que no solo habla de una guerra, sino de todas; y no solo de un puñado de hombres derrotados, sino del sentimiento de pérdida que ha marcado y marcará tantas existencias.

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Ed, el payaso feliz, de Chester Brown

Ed, el payaso feliz

Ed, el payaso felizLa imaginación es una cosa muy bonita y práctica. Nos permite tanto hallar soluciones insospechadas a nuestros problemas como crear maravillosos mundos de fantasía (imaginación y fantasía no son sinónimos, se ponga como se ponga el diccionario; la fantasía no es sino una vertiente de la imaginación). Cuando iba al cole, nada me gustaba tanto como que la seño nos mandara hacer algún trabajo que requiriera de la imaginación. Y no se me daba mal, a decir de mis amigos. Podía inventarme personajes resultones (con nombres graciosos y todo), situaciones más o menos ocurrentes, ir un poquito más allá del lugar común para hallar una salida ingeniosa, y, desde luego, nadie me superaba en el arte de poner motes. Pero de una cosa estoy seguro: al lado de Chester Brown, soy la persona más sosa, anodina, predecible y carente de imaginación que el mundo ha visto.

Chester Brown lleva la imaginación a otro nivel. Lo que este autor hace con ideas, imágenes y palabras tiene poco que ver con la obra de ningún otro autor que yo conozca. Sin embargo, eso no significa que vaya a ser del gusto de todos. Vaya, pues, por delante la advertencia: Ed, el payaso feliz no es apta para todas las sensibilidades. Para más detalles al respecto, seguid leyendo.

Del mismo modo que, como pontificaba más arriba, la fantasía es tan sólo una vertiente de la imaginación, el disparate es tan sólo un recurso técnico de ésta. Hay autores, no obstante, que confunden recurso con finalidad, y, en consecuencia, presumen de imaginación, cuando en realidad se quedan en el mero disparate. Las primeras páginas de este libro pueden dar la impresión de que estamos ante una apología y antología del disparate. Se trata, no obstante, de un disparate tan divertido que seguimos leyendo y disfrutando como esos pequeños pigmeos que devoran con fruición una rata todavía palpitante. (¿Racista? Cuando menos, políticamente inaceptable. Ya había advertido a vuestra sensibilidad. Pero lo peor, es decir, lo mejor todavía está por venir). Poco a poco, sin embargo, vemos cómo un disparate encaja con otro, y cómo se va construyendo una obra de un surrealismo delirante y, al mismo tiempo, perfectamente coherente.

La coherencia de este delirio pasma a este lector, más aún cuando observa que el libro se fue escribiendo a lo largo de diez años. De hecho, antes de convertirse en novela Ed… era de una colección de tiras cómicas publicadas en la revista Yummy Fur, y que no guardaban más que una tenue relación unas con otras. Brown estaba fuertemente influido por algunas teorías del surrealismo y su obra es, ante todo, fruto, como él mismo admite, de la improvisación. En las interesantísimas notas al final del libro el autor comenta algunos de estos aspectos del proceso de creación de la obra. ¿Cómo surgió ese monstruo de Frankenstein que aparece en la página 14? ¿Por qué el cabello de la vampira Josie empieza de repente a brillar? ¿De dónde salió la idea del calamar masturbador? Las respuestas son siempre sorprendentes y reveladoras, y creo que desmitifican en buena medida el trabajo del artista.

Como ya he señalado, Ed, el payaso feliz no es una obra para sensibilidades delicadas. Pensad, de entrada, en episodios como “El hombre que no podía parar”, que un día se sentó en la taza del váter y, pues eso, no pudo parar. Imaginad una escena de masturbación, y a continuación pensad que la punta de ese pene en erupción es, en realidad, la cabeza de Ronald Reagan vomitando. Y creo que con ese par de ejemplos basta para haceros una idea. Eso sí, en las notas finales, Brown se disculpa por el aspecto más ofensivo de sus viñetas, que achaca a su ignorancia juvenil. Así, nos dice que hoy, por ejemplo, no se reiría de una señora madura que se beneficia a un jovencito, ni haría que sus pigmeos comerratas dijeran ¡uga uga!

Rompedora y divertida, de un humor guarro e irreverente, Ed, el payaso feliz marcó un hito en la escena del cómic alternativo norteamericano, y eso es lo único que no nos sorprende de este libro delirante y absolutamente genial.

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El problema de las mujeres, de Jacky Fleming

El problema de las mujeres

El problema de las mujeresImaginad que estáis en una exposición sobre ciencia con vuestros hijos y la guía os dice: “citadme, así, rápidamente, diez genios de la ciencia o del arte”. Venga, os ayudo: Einstein, Leonardo Da Vinci, Pascal, Newton, Darwin, Pitágoras, Edison, Stephen Hawking, Galileo, Tesla… Por decir diez. ¿Os suenan? Seguro que algunos más y otros menos pero todos los nombres nos suenan y de la mayoría podríamos decir tres o cuatro cosas.

Pero, ¿no falla algo?

A Jacky Fleming, la autora de El problema de las mujeres, le parece que sí: todos son hombres. Nuestras “listas de genios” o de gente mínimamente célebre en las artes y las ciencias es históricamente masculina. ¿Por qué? Pues de eso trata este cómic: es un repaso ilustrado a la invisibilidad femenina a lo largo de la historia. Como dice Darwin en una de las últimas páginas del libro: “si comparas una lista de hombres eminentes con otra de mujeres, salta a la vista que los hombres son mejores en todo”. Obvio, ¿no?

Pero busquemos algunas respuestas. Porque el ejemplo con el que he iniciado la reseña nos muestra que las cosas no han cambiando tanto desde Darwin. ¿Será que no hay genios mujeres? ¿Será que la falta de oportunidades ha impedido que ninguna mujer descubriera o creara nada digno de mención antes del siglo XXI? Os propongo otra prueba. Buscad nombres de mujeres en los libros de texto de vuestros hijos o sobrinos. Buscad, buscad… Exacto, no hay ninguno y, cuando los hay, son consortes, esposas, musas. O Marie Curie. La única mujer que ha hecho algo por la ciencia en la historia, claro. Y, sí, de esto también habla Jacky Fleming en El problema de las mujeres.

A lo largo de más de 100 páginas la autora repasa, haciendo gala de una finísima ironía, los prejuicios, ideas falsas y mecanismos de exclusión que intentaron mantener a las mujeres dentro de la esfera doméstica durante los últimos siglos y nos cuenta cómo, pese a todo, lograban salir de ella. Desde que el cerebro de las mujeres es más pequeño y que, por lo tanto, son menos inteligentes, hasta que los pantalones las hacen lesbianas o estudiar les provoca esterilidad, pasando porque son biológicamente inferiores (esa idea sigue dando vueltas por ahí, hoy en día) o conceptos como la histeria. Todos esos bulos, y algunos más surrealistas que no os quiero spoilear, rodean a las mujeres que ilustra Jacky Fleming mientras se emperran en estudiar, pintar, descubrir estrellas, inventar lenguajes de programación o revolucionar las matemáticas.

El problema de las mujeres es un libro que despierta sonrisas y pone los de punta a partes iguales. Es pequeño, casi de tamaño bolsillo, y a una tinta, pero en rústica y bien editado. Yo ya tengo en mente a un par de persona a quien regalárselo, porque es un cómic ligero y divertido pero que al mismo tiempo nos hace recordar que el hecho de que las mujeres no estén presentes en nuestra educación no significa que no existieran, sino que las que se salieron de la norma acabaron en el basurero de la historia y nos necesitan para salir de él y ser reconocidas.

Por cierto, por si sentís curiosidad, os dejo aquí una lista de diez mujeres genio, así, al azar: Ada Lovelace, Artemisia Gentilleschi, Émilie du Châtelet, Grace Hopper, Rosalind Franklin, Katherine Johnson, Marie Curie, Caroline Herschel, Hedy Lamarr, Sophie Germain. Por si os interesa buscarlas en Google.

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Messigráfica, de Sanjeev Shetty

Messigráfica

MessigráficaEs probable que, estando en una librería, hayas escuchado o incluso dicho alguna vez esa frase de «ya hay libros de todo». Si es así, estoy casi seguro de que al ver de qué trata este libro también lo dirás. Sí, es un libro donde se detallan a fondo todos los números de Messi. ¿Por qué de él? Porque, como defiende el propio autor, es el mejor jugador del mundo. Creo que de eso no hay duda. Yo añadiré algo más y acarreo con las posibles consecuencias: es el mejor de la historia.

En Messigráfica, un libro que se ofrece como la «Historia ilustrada del mejor jugador del mundo», encontramos todo tipo de estadísticas y comparaciones siempre centradas en la figura del argentino. Máximos goleadores de la historia con él como epicentro, máximos goleadores en un año natural, jugadores más veloces, más ligeros, jugadores más influyentes en Messi, zonas más habituales de juego, zonas de mayor influencia, minutos más habituales de gol en cada una de las competiciones, etc. Con esto ya te debes de poder hacer una idea de lo que hay dentro del libro. Pero no todo son números y es que el autor, Sanjeev Shetty, reputado periodista de la BBC, también añade la historia de Messi, habla de su trayectoria y su carrera futbolística siempre dejando un toque personal característico, el de quien tiene la opinión o la certeza de que nunca ha visto un jugador igual. Yo tampoco.

Shetty, a quien podríamos comparar con la figura española de MisterChip, trata también todos los datos en función del momento del jugador. Habla de los periodos de lesiones en relación a esos datos, incluso da sus razones del porqué de ese breve periodo sombrío: el querer jugarlo todo. Y todo ello acompañado de imágenes a todo color. Es cierto que probablemente se te haga raro – a mí también me ha pasado – encontrar una Messigráfica cuando el jugador aún está en activo. Imaginaba incluso que mientras lo leía los goles de Messi ya habrían crecido, igual que las asistencias, los minutos jugados, los kilómetros recorridos, los balones tocados. Pero el libro ya ha salido, es inevitable tenerlo en las librerías y por ello, si te gusta el jugador y, sobre todo, si te gusta la estadística en el fútbol, es una buena idea comprarlo.

Vale, entiendo que el fútbol sea aquello que nos distrae de problemas más gordos, que sea el archifamoso opio del pueblo. Pero dime, ¿y cuando lees una novela no lo haces también para distraerte, para evadirte, para ponerte por un momento en la piel de otro? Eso es el fútbol, una bocanada de aire, un abrazo colectivo que dura un rato, un grito desestresante antes de volver al mundo en el que estamos. Pero, eso sí, sin olvidar que hay que volver. No nos convirtamos en Don Quijotes del fútbol. Cada uno debería ser libre de escoger su distracción porque cada uno necesita tener la suya. Y cuando la encuentras, conseguir sacar de ella lo que te produzca una sensación de belleza, de arte, de pasión, incluso de amor. Eso pasa con el fútbol, y con miles de cosas más. Ahora piensa, ¿cuál es la tuya?

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