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Vienen mal dadas, de Laura Gomara

vienen mal dadas

vienen mal dadasLa vida es una jungla. Ya lo dicen los León Benavente (… «los seres humanos somos fieras, devoramos a quien sea bien por fama bien por recompensa…»). Es algo que todos, antes o después, por las buenas o las malas, acabamos aprendiendo. La mayoría vive y lucha para sobrevivir mientras unos pocos privilegiados solo tienen que preocuparse de nimiedades como el color del traje que toca vestir cada día o de si adornan sus muñecas con el Patek Philippe o con el Hublot.

Ruth Santana pertenece al grupo mayoritario. Pero en ese grupo hay también subgrupos, y ella está dentro de la categoría de joven (28 años), plantada en el altar dos años atrás por su novio y pluriempleada para poder seguir pagando la deuda con el banco. Sola en la vida, pues no puede contar con su madre, ha llegado al extremo de tener que buscar comida en los contenedores cercanos a los supermercados.

“–Es que, mira –dijo despacio, como si estuviera hablando con un niño muy pequeño–, tengo diez euros para pasar lo que queda de mes, no tengo nada más en el banco hasta que cobre…”

Y justo cuando parece que la vida de Ruth ha tocado fondo, es posible que su vida esté a punto de sufrir un cambio a mejor al recibir de un desconocido, Hugo Correa, la propuesta de reventar cajeros y ganar dinero fácilmente. ¿Accederá? ¿Ella, que es mujer de firmes convicciones y de unos principios y moral sólidos como una roca? Y, por otra parte, ¿podrá fiarse de ese desconocido salido de la nada justo en el momento en el que más putas las estaba pasando?

Vienen mal dadas es la primera novela de Laura Gomara y yo me sentía pequeño, muy pequeño al leerla porque no podía creer que semejante joya del noir fuera obra de una primeriza. Porque si difícil es escribir un buen libro, más lo es escribir un buen primer libro y más todavía de un género con unas características tan marcadas como el negro.

Gomara nos envuelve en un ambiente cargado de crisis económica (en su mayor parte transcurre en 2014) e impregna a toda la obra un miedo que, tal vez todos tenemos, a la pobreza. Un miedo a ser pobres. A perder la casa y acabar comiendo en comedores sociales, rebuscando en contenedores, a la caridad, a ser reconocido por esa gente que antes pertenecía a tu subgrupo y a terminar muriendo algún día en la calle, olvidado por todos.

“Hacía mucho que no sentía miedo porque no le importaba lo que pudiera pasarle, hacía mucho que se arrastraba por la vida dejando que el barro y la mierda resbalaran sobre su piel. Esa había sido su estrategia de supervivencia”.

Gomara hace palpable la realidad social del momento y la refleja con maestria: estamos ahí donde nos quiere llevar, no nos cuesta situarnos y olemos las tripas del pescado que Correa limpia, vemos la pensión, respiramos el aire del minúsculo cuartucho en el que Ruth habita, nos reconocemos en sus dos trabajos, y sentimos su rabia por ser pobre… En ese aspecto, es una novela muy minuciosa y detallada. Muy real.

No obstante, aún estando enclavada en el noir, es bastante atípica. Cierto que nos movemos en un ambiente criminal y que toca además palos como la corrupción, los desahucios, la “okupación”, la precariedad laboral, y otros temas que confieren el verismo necesario e ideal a esta novela y siempre con un cierto aire de derrota continuada. Pero, y esto no es malo, la autora se sale de ciertas líneas invisibles que hacen que, –ya desde el principio, cuando vemos que Ruth no es la mujer fatal que creíamos (o que al menos yo creía) que iba a protagonizar la trama, sino que es, más bien, la antimujer fatal; o, por ejemplo, llama la atención el extraño buenrollismo y camaradería en la banda de “piratas”,…–, este libro tenga el regusto de los clásicos y a la vez un enfoque novedoso, original y absorbente.

La única cosa que no me ha convencido del todo ha sido el final. Y no me ha convencido porque no es un final realista, tal y como venía siéndolo el resto de la narración. Me ha chirriado; tenía que haber sido algo inesperado, imprevisible. O algo que sí se viera venir, si se prefiere, pero más en sintonía con el tono general de la novela. Esa es mi opinión, pero todos sabemos que para gustos los colores, y el mío es el negro negrísimo.

Quitando eso, que ya digo que es algo muy subjetivo, Gomara ha escrito una muy correcta y estupenda novela que te atrapa y que eres incapaz de soltar en los dos días que he tardado en leerla (y que habrían sido menos de no tener ciertas obligaciones). Las descripciones, los personajes auténticos, con pasado y bien construidos, las frases lapidarias en off que no pueden faltar, los diálogos… ¡Todo! Todo está muy trabajado y documentado y hace que leer Vienen mal dadas sea un placer.

Además la narración es ágil, la lectura no se complica con lenguaje innecesariamente complicado o superfluo, no se detiene en tonterías, sino que va al grano, con una prosa fluida y precisa que se agradece mucho.

Un libro que merece un hueco en la biblioteca rodeado por los de Silva, Gellida, Bartlett y los de su calaña…

De seguro, esta novela se va a quedar mucho tiempo rondando por mi cabeza y eso no pasa con muchos los libros. Solo con los buenos. Y este lo es. ¡Y es el primero!

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Ya vamos, de Ronja Von Rönne

Ya vamos

Ya vamosUna de las cosas que más me gustan de los libros es que me inviten a reflexionar, a abrir mi mente a algo desconocido y a conocer cosas que nunca he vivido de cerca. Y esto fue lo que me animó a leer esta novela.

Ya vamos profundiza en la vida de una joven, sus miedos, sus sueños y motivaciones tras perder a su mejor amiga, y en sus relaciones de amor y desamor con dos hombres y una mujer. Es cierto que esta mezcla tan extraña llama la atención de primeras, y si además le unes que la autora ha escrito varios artículos con cierta polémica y escribe asiduamente en Die Welt, pues llamó mi atención aun más, si cabe.

Es cierto que la narración de Ronja Von Rönne es sencilla y no destaca por su fijación en los detalles, pero este último aspecto del que os he hablado (la polémica que levanta la autora con sus escritos), no pasa desapercibido en esta, su primera novela.

Y es que el tema que trata es algo escabroso y muy personal. Pero es quizás esto lo que más me ha atraído de la novela. Aunque sea algo que esté a la orden del día, el amor libre es uno de los más desconocidos entre todos nosotros. Pensar que una persona es capaz de amar a dos o más personas a la vez y mantener relaciones sexuales libremente es un tema que, aún para muchos, es difícil de asimilar. Sin embargo, esto es lo que más me ha gustado del libro, la capacidad que tiene la autora de transmitir esto de una forma tan humana y natural, compartas o no su punto de vista. Y esto me ha parecido realmente interesante, ya no solo por la forma tan cercana que tiene de relatarlo la autora, sino también porque es un tema sobre el que no he leído nada hasta el momento.

Además de esto, la autora narra la dificultad y el dolor que nos produce crecer. Cuando somos jóvenes, es difícil la transición a la vida adulta, y creo que lo ha sabido transmitir muy bien a través de la protagonista, Nora. Su crisis existencial, unido al dolor que le produce haber perdido a su mejor amiga y no estar pasando su mejor momento en su relación amorosa a cuatro, nos ayuda a comprender lo que siente realmente el personaje en un mundo en el que está muy mal visto encontrarse perdido en el mundo. Pero, ¿acaso no es necesario perderse para encontrarse? Y más cuando somos jóvenes y estamos descubriendo quiénes somos realmente…

Pero Nora no está tan perdida como parece. Nos demuestra que tiene ganas de vivir, de viajar, de comerse el mundo, pase lo que pase. Y esto es una reflexión que se acerca bastante a lo que la gente dice sobre los millennials: la generación “perdida”, con tantas cosas que no valoran realmente lo que tienen… Sin embargo, esto no es tan cierto como nos lo quieren pintar, o al menos no lo es en la mayoría de los casos. No sé si esto es exactamente lo que pretendía la autora hacernos pensar al leer esta novela, pero es lo que me ha transmitido en el desarrollo de la novela y me ha encantado poder compartir esta historia con ella.

Aunque ha habido algunos aspectos de esta novela que han escapado a mi entendimiento, he de decir que esta novela me ha producido una sensación de vacío debido al personaje principal, un personaje con el que es difícil conectar, pero con el que terminas haciéndolo, a pesar de sus apenas doscientas páginas. Pero también me ha encantado, como ya he dicho, la forma tan cercana con la que la autora nos relata todos los acontecimientos que les ocurren a los personajes, además de cómo desarrolla la trama amorosa entre cuatro personas. Una lectura muy interesante y original que se lee en apenas una hora.

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Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama

Un grito de amor desde el centro del mundo

PUn grito de amor desde el centro del mundoublicada por primera vez en España en 2008, Un grito de amor desde el centro del mundo llega de nuevo a nuestras librerías de la mano de Alfaguara con un mensaje en su faja que seguro que conseguirá que muchos la compren: «La novela japonesa más leída de todos los tiempos». Kyoichi Katayama, que ha superado en ventas a Haruki Murakami, ha conseguido ocupar los dedos de toda una generación de jóvenes japoneses en pasar sus páginas con la historia que nos cuenta directamente Sakutaro Matsumoto, alguien que clama al cielo vivir en un país donde no exista la enfermedad.

Un grito de amor desde el centro del mundo es la narración de una ruptura obligada, una ruptura que llega porque tiene que llegar pero que deja un poso infinito y eterno en quien la narra. Este es Sakutaro – a quien Aki, su amada, llama cariñosamente Saku-chan –, un joven que roza la mayoría de edad y que conoce por primera vez el amor, ese amor que se descubre al cerrar tu taquilla del instituto y encontrarte con unos ojos que por primera vez desprenden hacia ti una red, una red cordial, que deja marca, huella. La historia se nos cuenta en cuatro tiempos que se van mezclando: el inicio de todo, el durante, el después reciente y el un poco más después. La relación entre Sakutaro y Aki crece en paseos, clases y besos furtivos. Y termina, como todos los grandes amores. Todo termina. Pero en este caso el final es excepcional y, a diferencia de su abuelo, quien perdió también, aunque de manera distinta, a su primer amor, Sakutaro deberá decir adiós a Aki para siempre, o por lo menos para ese siempre que nos ofrece la conciencia del presente sin poder imaginar, pensar o creer en que hay un reencuentro posterior, un beso de nuevo, un amor – ese sí – para siempre.

Toda una generación de jóvenes en Japón ha quedado prendada de la historia que narra este libro, un libro que se lee en un día, que pasa rápido y que se olvida lento; un libro que duele pero que a la vez consigue que, por lo menos por un rato, cuando lo cierres mires a la persona que hay a tu lado y sientas la fortuna de seguir teniéndola ahí. Aunque esa persona seas tú. No siempre se está y no siempre se va a estar, es por eso que el mejor camino a tomar es el de exprimir el instante, beber hasta la última gota de una copa que siempre acaba rota.

Un grito de amor desde el centro del mundo está bien, aunque sigo prefiriendo a Murakami. Pero eso sí, había un pensamiento que me asaltaba mientras lo leía y que no puedo evitar dejar aquí escrito: ojalá me hubieran dado a leer este libro en secundaria, una época en la que la lectura se enquista en la parte cerebral del odio como algo aburrido – ¿quién diablos escoge esos libros? –, obligado y olvidable. Este sí vale la pena, aunque haya veces que las bromas, los chistes, las referencias culturales o geográficas nos puedan quedar un poco lejos – y suerte de Lourdes Porta, la traductora, que ofrece pinceladas a pie de página sobre lo más complicado de entender –. Pero aunque está escrito a miles de kilómetros de aquí, lo que se cuenta es algo universal, común a todos los mortales; ¿o acaso tú nunca has perdido a nadie a quien amabas?

El primer amor, el primer desamor, la primera pérdida y la primera superación de esta – si es posible alguna vez superarla -. Todos hemos sido jóvenes, todos hemos dicho adiós, todos nos hemos visto gritando en silencio al amor perdido desde el centro del mundo, de nuestro mundo. A veces un libro ayuda, ¿será este?

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La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad, de I.J Hernández

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedadEs la segunda vez que leo algo de I.J Hernández, este publicista  y escritor de La Palma. Mi primera experiencia con él fue gracias a su poemario Me preguntaron por drogas y hablé del amor. Si pincháis en el enlace podréis leer la reseña. Si no tenéis ganas, os cuento que al principio me enfrenté a él con bastante reticencia. Es ese miedo que tengo a leer la poesía de jóvenes poetas actuales. Me he llevado muchos chascos y por eso suelo leerlos con la coraza puesta. Pero I.J Hernández consiguió que acabase su poemario sin coraza, desnuda y agradecida. Su poesía me llegó. Su tristeza, su rapidez y esa conexión que hizo que mi corazón parpadease. Me gustó. Por eso, cuando supe que iba a publicar nuevo libro quise leerlo, para saber si era verdad esa conexión, si aún continuaba.

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad no es un poemario, es una novela. Aunque os diré algo: con I.J Hernández es muy difícil marcar los límites entre la prosa y la poesía, porque el poeta no puede evitar serlo. Ese estilo poético del que os hablaba hace unas líneas está presente en esta novela. ¿Y sabéis qué? Me encanta. Me encantan los escritores que no se esconden, que no fingen, ni pretenden ser otros. I.J Hernández es genuino y es algo que encuentro maravilloso.

Es difícil haceros una reseña en pocas líneas sobre este libro porque creo que es un libro que necesita ser leído y no contado. ¿Os parece raro? La rapidez, el ritmo y la lírica de su prosa son las culpables, benditas culpables, de que hablar sobre él me resulte complicado.

El nexo común para todos los personajes de esta novela es la ciudad de La Laguna y un mismo edificio, el edificio Luna. Allí viven Eleanor Smith, una joven que descubre en África el secreto de la inmortalidad. También está Salvatore Curtis, un escritor de novela negra que para poder escribir ha de meterse en la piel del asesino. O Victoria, una joven que una noche desaparece sin dejar rastro.

Personajes raros, ácidos, míseros y al mismo tiempo emotivos. Porque, aunque parezca difícil, el autor consigue que nos metamos en su piel, en lo más profundo de sus pensamientos y que vivamos con ellos esas extrañas aventuras que completan el conjunto de esta novela.

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad no es un novela fácil, no os mentiré. Ni si quiera sé si es apta para todos los públicos. Y con para todos los públicos me refiero a todo tipo de lectores. Pero sí sé que los lectores que nos sentimos retados, que conseguimos conectar con I.J Hernández nos rendimos. ¿Yo? Me rindo de nuevo ante su compleja escritura, ante sus frases rápidas como balas, ante la sordidez y lo genuino.

Este aire fresco que nos ofrece el autor en La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad es todo un regalo para los amantes de la literatura.

 

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La sombra del Golem, de Éliette Abécassis y Benjamin Lacombe

la sombra del Golem

la sombra del GolemQuizá todo empezó con La mecánica del corazón. Las ilustraciones de un joven Benjamin Lacombe —tan tiernas y, a la vez, tan oscuras— casaron a la perfección con la historia de Mathias Malzieu. A muchos lectores nos recordó a los buenos tiempos de Tim Burton. Pero con el paso de los años, Benjamin Lacombe ha conseguido desmarcarse de esas comparaciones y ocupar un espacio propio. Por eso, ahora basta con que sus ilustraciones aparezcan en la portada de un libro para que este se convierta en el objeto del deseo de bibliófilas como yo.

Las magníficas ediciones de Edelvives de Cuentos macabros, de Edgar Allan Poe, y Nuestra señora de París, de Victor Hugo, ilustradas por Benjamin Lacombe, ocupan un sitio de honor en mis estanterías hace tiempo. Y al ver La sombra del Golem, escrito por Éliette Abécassis, pensé que sería un libro perfecto para hacerles compañía. Con los clásicos había ido sobre seguro: los había leído y disfrutado anteriormente. Pero ha sido una alegría comprobar que La sombra del Golem también me ha gustado por dentro tanto como por fuera. Y es que la historia que se narra en sus páginas es tan preciosa como las ilustraciones de Benjamin Lacombe que la acompañan.

Abécassis y Lacombe nos trasladan a la Praga de finales del siglo XVI. El emperador Rodolfo II, príncipe de la casa de los Habsburgo, gobierna un país que lucha desde hace años contra los protestantes, la ciencia, la alquimia y todo lo que esté relacionado de un modo u otro con los judíos. Estos viven recluidos en el gueto, pero el monje Tadeo, consejero del Rodolfo II, quiere expulsarlos del país de una vez por todas. Es entonces cuando Rabbi Yeouda Loew ben Bezalel, conocido como el Maharal de Praga, crea el Golem, una figura informe nacida de la tierra, el agua, el aire y el fuego. Se mueve como un títere a las órdenes de su creador, que lo utiliza para defender a los judíos de todos aquellos que pretenden hacerles daño. Y Zelmira, una niña de diez años, hija de alquimistas y testigo de estos increíbles acontecimientos, es quien nos los relata.

Éliette Abécassis y Benjamin Lacombe recrean la conocida leyenda judía que dio origen a la figura del Golem, un ser fantástico con gran influencia en la literatura, para hablarnos de ese convulso periodo en los países checos. Y entre realidad y fantasía, nos ofrecen una lectura filosófica sobre el significado y las consecuencias de la conciencia, la inteligencia, el amor y la libertad. Un cuento tan triste como esperanzador, que nos hace ver lo peor y lo mejor de los seres humanos.

Dicen que La sombra del Golem es una lectura recomendada para niños entre doce y catorce años, pero para mí los buenos libros no tienen edad. Menos aún uno como este, que transmite valores como la tolerancia (esa que no acabamos de interiorizar, por muchas veces que se repitan los hechos a lo largo de la Historia) y que, además, recupera un mito que hoy está en plena vigencia, pues plantea si es posible el dominio de la máquina sobre el hombre.

Por todo eso, La sombra del Golem ya luce en la primera línea de mi librería personal. Esta vez no solo quiero lucir su preciosa edición, sino que deseo que otros lectores sucumban al embrujo de su portada y se adentren en sus páginas. Así descubrirán que la verdadera belleza de este libro habita en el mensaje de su historia.

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Patria, de Fernando Aramburu

patria

patriaDe alguna forma estaba predestinada a reseñar Patria para todos ustedes y para LibrosyLiteratura, y no solo por haber reseñado ya varios libros de Fernando Aramburu, sino porque haber reseñado en su día “Años lentos” le podía dar una cierta continuidad a aquella reseña en la que les hablaba sobre lo que había sentido con mi lectura de esa obra en 2012…

¡Qué lejos queda ahora aquel año!

Los que leyeron aquellos Años lentos no necesitan que les recuerde que hablábamos de los inicios de ETA, de un libro en el que Aramburu arriesgó mucho, pues siendo autobiográfico, no hablaba de sí mismo, sino de debió echar mano de la memoria, de sus recuerdos vividos de cerca y de la vida, pero no de su vida de forma específica.

El 20 de Octubre de 2011, ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada, poco tardó Aramburu en sacar esta novela que imagino ya le rondaría la cabeza hacía años… tiempo no le había faltado… Ni muertos.

Escribir Patria era otra cosa, había que dejar pasar el tiempo ¿Cuánto? Es muy difícil responder a esa pregunta; pero al parecer llegó en el momento adecuado y apropiado, la sociedad ya estaba preparada para poder conocer esas vidas y rutinas que los muchos personajes de Patria nos iban a ofrecen. Ya estábamos preparados de sobra para conocer a Bittori, pero había que comprobar como estábamos de preparados para conocer a Miren. Dos mujeres que un día fueron amigas en un pequeño pueblo del País Vasco, pero a las que la vida llevó por caminos separados a través de una dolorosa convivencia. Y es que así ha sido la vida de mucha gente en esa zona de España. Unos morían, otros mataban, y casi todos callaban: El miedo, al que muchos llaman cobardía, siempre presente.

Todos en este país de una manera o de otra hemos sufrido el terrorismo de ETA, incluso no viviendo en la zona de conflicto; unos por su profesión, otros porque tuvieron que salir de allí, otros porque vivieron de cerca atentados cometidos fuera de esa Comunidad autónoma… Yo, por ejemplo, vivía al lado de la casa cuartel de Zaragoza y la madrugada del atentado la pasé allí, entre el sonido de cristales rotos bajo mis pies… y el silencio; más tarde llegaron las sirenas. Es probable que por eso yo siempre asocie el terrorismo con el silencio, y el ruido de cristales rotos aun estremezca mi alma.

Patria es un libro sencillo contado de forma directa, frases cortas, desnudas de adornos innecesarios y que al mismo tiempo resultan tan intensas como el más duro de los poemas ¿Quien narra? Pues ese es el juego literario que utiliza el autor, la variación aparente del narrador se muestra eficaz a la hora de conectar con el lector que llega a este libro de una forma abierta. También ayudan el propio formato y estructura de Patria, capítulos cortos pero de gran intensidad emocional, algo que consigue a pesar de que los diálogos son secos y cortantes. Y casi, por encima de todo, ser el primero que se atreve a hablar del sufrimiento, aislamiento y soledad de las víctimas.

¿Cómo puede pasar que dos familias amigas de toda la vida puedan llegar a odiarse de tal forma? Pues un país como el nuestro que ha pasado por una Guerra Civil, bien lo sabe. Pero para no irme tan lejos en la historia he recordado el libro de “La destrucción del alma”, de Janja Bec y siempre surgen las mismas preguntas cuando sabemos que hay intereses ajenos que nos empujan a ello ¿Cómo puede instalarse el odio tan profundamente entre personas tan cercanas? ¿A quién y por qué pueden interesar estos nacionalismos tan trasnochados y exacerbados? ¿Qué queda en el fondo de un ser humano ya destruido? … Sé que ustedes podrán añadir muchas más preguntas a esta pequeña muestra.

Entiendo, tras su lectura, el tirón de ventas de Patria, lo cierto es que alguien tenía que dar un paso al frente en este tema, y ese alguien ha sido, una vez más, Aramburu, quien ya nos inició en su día en este viaje largo y amargo que ha resultado ser la existencia del terrorismo de ETA.

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Chicas en la luna, de Janet McNally

Chicas en la luna

Chicas en la luna“Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.” El principio de Anna Karenina, de Tolstói, es quizás uno de los más citados de la literatura universal. Y es que hay veces en las que la ficción traspasa las páginas y se parece más a la vida real de lo que imaginamos. Pero este no es el caso, ya que todos sabemos que, en nuestro mundo, cada familia infeliz tiene sus propios problemas, tan personales e íntimos que es imposible cuestionarlos para todos aquellos que no forman parte de ella.

Algo así es lo que ocurre con la familia de Phoebe, la joven protagonista de esta novela. Su vida no es nada fácil desde que sus padres se separaron hace años por motivos que ninguno de los dos quiere revelar y desde que su hermana se mudó a Nueva York para dedicarse por completo a su banda de música. Además, por si esto no fuera poco, no sabe nada de su padre desde hace años y su madre y su hermana ni siquiera se hablan. Sintiéndose perdida y más sola que nunca, ya que su mejor amiga tampoco le habla, decide visitar a su hermana para convencerla de que vuelva a casa y ambas puedan reconstruir sus vidas y las del resto de su familia.

Con una premisa muy parecida a la de Si decido quedarme y una trama familiar muy similar a la de los libros de Jandy Nelson, sabía que este libro me iba a gustar incluso antes de comenzar a leerlo. A pesar de que, en general, el ritmo me ha parecido lento y que en muchos de los capítulos la autora no relataba nada interesante, me quedo con el mensaje que transmite al lector en esta novela: cómo influye la familia en nuestras vidas, cómo el amor tiene el poder de cambiarnos y cambiar nuestra percepción de todo lo que nos rodea y cómo encontrarnos a nosotros mismos cuando nos sentimos más perdidos que nunca. Estos son algunos de los temas en los que ahonda la historia y que me han mantenido pegada a sus páginas.

Pero estos no son las únicas razones que me han hecho continuar con Chicas en la luna, sino que otro de los motivos por los que merece la pena leerla es la excelente pluma de la autora, repleta de ricas descripciones y diálogos ingeniosos y muy reales. Esto me ha absorbido por completo y me ha hecho empatizar con los personajes, que van desarrollándose a medida que avanza la historia y que van adquiriendo profundidad a medida que iba pasando los capítulos.

Y no me olvido de la música, que tiene un papel muy especial para estas “chicas en la luna” (que ya descubriréis quiénes son…), convirtiéndose en algo imprescindible para los personajes, un motor que les anima a continuar con sus vidas, por muy oscuro que parezca todo. ¿Acaso no lo es para todos, además de una forma de expresar cómo nos sentimos? Sin embargo, Phoebe descubre que no solo tiene efectos positivos para los de su alrededor, sino que es también capaz de alejar totalmente a dos personas.

Sin duda, os animo a leer esta fresca novel juvenil, con unas notas de amor y otras tantas de familia, que profundiza en cómo encontrarse a uno mismo cuando todo parece perdido. Y es que no es nada fácil mantenerse a flote cuando tienes diecisiete años y todo se desmorona a tu alrededor, incluso aunque tú no lo hayas provocado. Leer Chicas en la luna es como volver a nuestros primeros viajes de la juventud, en los que nos enamoramos, reímos, soñamos y también sufrimos. Pero, a su vez, veranos que recordaremos para siempre, sin importar los años que pasen.

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La uruguaya, Pedro Mairal

La uruguaya

La uruguayaLa novela hispanoamericana en general y la argentina, en concreto, siempre me han fascinado. Los escritores argentinos tienen una forma de escribir que me llega y me llena. No sé cómo lo hacen, ni siquiera podría explicaros bien el porqué, pero son muchos los escritores de este país que han calado hondo en mí. Por supuesto, Julio Cortázar es uno de ellos, pero hay más, muchos más: Ernesto Sábato, Borges, las geniales Storni y Pizarnik, Piglia y un largo etcétera.

Esta pequeña introducción me recuerda que hace mucho que no leo a un escritor argentino. El último libro escrito por una argentina que leí fue Precoz, de Ariana Harwic. Así que, reencontrarme con mis amigos del otro lado a través de Pedro Mairal ha sido una genial casualidad.

Sobre La uruguaya había leído y había visto mucho antes de lanzarme con él. Es uno de esos libros que se hacen virales y empiezas a ver por todas partes en las redes sociales. Supuse que debería ser bueno, que si tanta gente lo estaba leyendo y lo estaba compartiendo es porque algo tenía esta pequeña novela. Y sí, así es. Pero mejor os la presento.

Como decía antes, Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) es el autor. Y aunque tiene varios libros publicados, sinceramente no había tenido la ocasión de leerle. No sé si porque en España no se han editado más novelas suyas (que lo dudo, pero ahora no estoy en condiciones de averiguarlo) o simplemente porque no había tenido la oportunidad de toparme con él. Lo cierto es que la fama en España le ha llegado gracias al libro del que hoy os hablo.

¿Y de qué trata La uruguaya? Pues trata de Lucas Pereyra un escritor que acaba de entrar en la cuarentena y que, a pesar (o por eso mismo) de estar casado y con un hijo, anda sumido en una crisis conyugal. Esa crisis de los cuarenta que quizás os suene, esa misma. Lucas, nuestro protagonista, ha de viajar a Uruguay desde Buenos Aires para recoger un dinero que le envían desde el extranjero y que en su país sería más difícil recibir. Y a partir de ese momento, que es el comienzo de la novela, se desarrolla esta intensa historia. Porque Lucas se confiesa ante nosotros y nos cuenta que también viaja a Uruguay a encontrarse con una mujer, con la uruguaya que da título a la novela. Y desde ese momento en el que el narrador nos hace cómplices, asistimos a un relato en primera persona muy crudo, con el que cualquiera de nosotros podría sentirse identificado.

Y es que en La Uruguaya están las dos caras de la moneda. Nuestras dos partes antagónicas que chocan, que se abrazan, que se asfixian. Nuestras ansias de libertad, nuestros sueños de juventud, nuestros deseos. Pero también quiénes somos hoy, en qué nos hemos convertido. Y es difícil enfrentarse a la realidad, casi tanto como no perderse en la fantasía.

Con un estilo impecable, esta novela, tan concentrada y tan intensa me ha atrapado y me ha hecho reflexionar. También me ha dolido, no os voy a mentir. Pero es un dolor como el de una bofetada en la cara, un dolor de “espabila”, un dolor para pensar mucho en él. De esos que gustan.

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Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

medio sol amarillo

medio sol amarillo¿Os suena Biafra? Yo no había oído hablar de ese lugar hasta hace una semana. No tenía ni idea de su independencia de Nigeria en los años sesenta ni que eso dio origen a una guerra de la que aún sus ciudadanos sufren las consecuencias. Pero gracias a Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie, ya conozco parte de lo que ocurrió antes del conflicto bélico y muchas de las cosas que nunca deberían haber sucedido durante su transcurso.

No había mejor título para esta novela que el símbolo de la bandera de aquel efímero país, ese medio sol amarillo que auguraba un nuevo comienzo para los biafreños y su futuro glorioso, surgiendo entre esa franja roja que representaba la sangre de los asesinados en el norte del país; la franja negra, que recordaba el duelo por ellos y la verde, que presagiaba la prosperidad de Biafra. Ese medio sol amarillo que acabó encarnando el ocaso de las esperanzas de los biafreños de tener un país diferente.

Chimamanda Ngozi Adichie, nieta de personas que murieron en esa guerra y criada en una sociedad en la que pervive la sombra de aquella derrota, toma la palabra para mostrarnos las experiencias de aquellos que la vivieron, sus dilemas pequeños y enormes sobre sí mismos, su país y el conflicto armado. Porque ahí, en las historias de las personas corrientes, es donde se trasluce la verdadera dimensión de las tragedias.

A través de tres personajes de distintos estratos sociales y puntos de vista —Ugwu, el supersticioso pero inteligente sirviente de un profesor universitario; Olanna, una complaciente mujer de la clase burguesa, y Richard Churchill, un británico afincado en Nigeria para conocer y escribir sobre su cultura—, y de sus familiares, compañeros de trabajo y amigos, Chimamanda Ngozi Adichie articula un relato de aquellos años —antes y después de los años sesenta—, de sus contradicciones, de sus corruptelas y de sus masacres. La historia de un país contada desde dentro, para dar cuenta de su pasado y de su gente, y romper así con esa versión única etnocentrista que siempre da Europa sobre Nigeria en particular y África en general. Y es que Europa muestra las hambrunas para remover conciencias y promover solidaridades, pero se calla los porqués de estas, en las que sus estratagemas para dominar el territorio y expoliar sus materias primas tuvieron y tienen mucho que ver. Pero que nadie se equivoque: Medio sol amarillo no cae en el discurso vacuo de «hombre blanco malo», tan simplista como el anterior, sino que se trata de una novela profunda, llena de matices y sin complacencias, que da voz a aquellos que han estado siempre silenciados, aun a sabiendas de que no todo lo que digan los dejará en buen lugar.

Aquel país llamado Biafra, que solo existió tres años y que quedó arrasado por el conflicto bélico y una hambruna que Cruz Roja Internacional consideró la situación de emergencia más grave desde la Segunda Guerra Mundial, no puede ser desconocido u olvidado por millones de personas. Por eso, hay que leer Medio sol amarillo, donde la reveladora mirada de Chimamanda Ngozi Adichie nos muestra los verdaderos sentimientos de aquellos que se esperanzaron y decepcionaron en aquellos cruentos años. Los escritores africanos alzan sus voces, esas que nunca debieron perder, para contarnos su historia. Al resto solo nos queda sentarnos y leerlos, y disfrutar viendo como rompen en mil pedazos la simplista visión del mundo que durante siglos nos han inculcado.

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Veneno que no la mate, de Juan Miguel Borrego

Veneno que no la mate

Veneno que no la mate

Para defender una causa justa no es necesario tratar de blanquearla. Incluso me atrevería a decir que no es recomendable. En muchos casos basta con darle visibilidad, con señalar al mundo que ese problema sigue existiendo, ya que es en el silencio y en la falta de concienciación pública donde mejor florecen los irracionalismos. En el caso de Veneno que no la mate, obra publicada por Círculo Rojo en su colección Teatro, Juan Miguel Borrego plantea un enredo protagonizado íntegramente por mujeres, pero que para nada idealiza a su género. Simplemente le cede todo el protagonismo durante unos minutos para reafirmar que ellas son capaces de todo, tanto de lo mejor como de lo peor, sin que sea necesario que haya hombre que les dé el visto bueno o les censure.

Toda la obra teatral se desarrolla en la sede de una asociación de mujeres. En ella, las cinco protagonistas colaboran con diferentes causas y movimientos sociales. El conflicto central se inicia cuando Andrea, la voz cantante del grupo, desvela que va a casarse con su prometido, al que también pretendía Diana, una joven caprichosa y de fuerte carácter. Ésta última hará todo lo posible para evitar el matrimonio, para lo cual contará con la complicidad o el silencio del resto de las asociadas, las cuales no se atreven a pararle los pies por motivos diversos, a pesar de las altas probabilidades de que el desenlace de sus actos sea fatídico.

Como se puede ver, el compromiso del autor con el feminismo es palpable desde el propio planteamiento de la obra; de hecho, no aparece ningún hombre en ellaa, al menos como personaje activo. Lo principal en esta breve historia es la relación que existe entre cinco mujeres muy diferentes, cuyas personalidades están fuertemente marcadas tanto por su nivel socioeconómico como por la época en la que les ha tocado nacer. Es precisamente este choque generacional positivo, el mismo que ha provocado que la mujer poco a poco haya dejado de ser entendida y de entenderse a sí misma como un mero complemento de su marido para pasar a escribir su propio destino, el que brilla en el comienzo de la obra. Un empoderamiento que, como bien recoge el autor en una de las historias secundarias que pone sobre la mesa, todavía se encuentra en marcha y no se debe bajar la guardia.

Unido a lo anterior, si algo ha logrado sobradamente el autor gaditano es que sus personajes hablen como lo hace la calle. El lenguaje es sumamente llano e imperfecto: directo, brusco, plagado de onomatopeyas, de errores léxicos y de frases inconexas, lo que, por desgracia, no dista mucho de la forma en la que habitualmente nos comunicamos de viva voz. Esto no es una cuestión nimia; al fin y al cabo, cuántas lecturas pierden verosimilitud por basarse en diálogos excesivamente perfectos y acartonados. En ese sentido, creo que este es uno de sus principales logros, junto con la forma pausada en la que Borrego va introduciendo a los personajes en la historia, de tal forma que resulta sencillo captar las marcadas personalidades, casi caricaturescas, de cada uno de ellos.

Con todo, he echado un poco en falta una mayor adaptación del contexto a los tiempos actuales. Es decir, especialmente en el caso de las tres mujeres más jóvenes, que rondan la veintena, creo que no hubiese estado de más aproximarlas al mundo de redes sociales, series televisivas y modas pasajeras en el que vivimos. Por el contrario, el autor ha optado por escapar de prácticamente todo aquello que escapa del puro contacto humano, con lo que la trama podría situarse sin problema en épocas bien distintas. Ello no quita para que nos ofrezca una sucesión de hechos enormemente entretenida, en la que los giros de guion, numerosos para lo reducido de la obra, permiten que lleguemos a las últimas páginas sin tener demasiado claro cuál va a ser el desenlace, lo que siempre es de agradecer.

Veneno que no la mate tiene su mayor virtud en su sencillez, en su falta de pomposidad tanto en su planteamiento como en la forma de actuar de sus personajes, a lo que se añade el claro propósito de su autor de reflejar cómo la mujer va tomando poco a poco en nuestra sociedad el papel que le corresponde. No son pocos (ni pequeños) los motivos, por tanto, para darle una oportunidad a esta lectura.

 

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La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie

La flor púrpura

La flor púrpuraHay personas tan inteligentes, directas y honestas que es irremediable sentarse a escucharlas cuando hablan. Y no para aprender de sus palabras, que también, sino porque nos hacen reflexionar, mirar a nuestro alrededor con nuevos ojos, teniendo en cuenta puntos de vista que antes ni siquiera sabíamos que existían, y sacar nuestras propias conclusiones.

Chimamanda Ngozi Adichie es una de esas personas. Yo la descubrí con Querida Iljeawele. Cómo educar en el feminismo, una lúcida carta que todos deberíamos leer en algún momento para tener claro qué es el feminismo y por qué hay que aspirar a él. Quedé tan fascinada con su elocuencia que, cuando vi que la editorial Literatura Random House publicaba el resto de sus obras en una edición limitada, me abalancé sobre ellas; concretamente, sobre sus tres novelas: La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah. Ya conocía a la Chimamanda divulgadora, ahora quería descubrir a la Chimamanda novelista.

Pero empecemos por el principio, en esta reseña os hablaré de La flor púrpura, su primera novela, galardonada con el Commenwealth Writers’ Prize or Best First Book y con el Hurston/Wright Legacy Award, ni más ni menos. En este libro, Chimamanda Ngozi Adichie nos cuenta la historia de dos hermanos, Kambili y Jaja, hijos de Eugene, director del periódico que critica abiertamente la corrupción y represión del gobierno nigeriano, y benefactor de aquellos niños que no tienen medios para seguir estudiando. Reconocido de puertas para afuera por su gran labor política y social y por ser uno de los defensores más activos de los derechos humanos  en su país, dentro de su hogar tiene sometidos a su mujer y a sus hijos bajo una inflexible moral religiosa. Por eso, aunque Kambili y Jaja tienen una vida llena de privilegios económicos y buena reputación, su día a día es amargo. Pero no son conscientes de ello hasta que pasan una temporada con su tía Ifeoma y sus primos, una familia que se sobrepone a las carencias con amor, confianza, comprensión y risas.

Mediante la temerosa voz de Kambili, esta novela muestra los contrastes y conflictos internos tanto personales como de la sociedad en su conjunto, plasmando temas complejos, extrapolables a otros países y a otros tiempos: la represión (estatal y familiar) y el despertar de la adolescencia hacia la vida adulta a través de la construcción de la libertad y de la identidad propias. Y pese a las capas y capas de profundidad que subyacen, su lectura es sencilla; a veces dura, sí, pero llena de ternura. Eso se debe a la capacidad narrativa de Chimamanda Ngozi Adichie, que representa esas complicadas realidades a través de la cotidianidad de sus personajes, siempre bien perfilados y creíbles. Y con sus historias derriba nuestros prejuicios y llega a nuestro corazón sin necesidad de recursos maniqueos y sin pretensión alguna de aleccionarnos. Porque Chimamanda Ngozi Adichie abre el camino a la reflexión, pero no nos marca la senda.

Si la Chimamanda divulgadora habla, yo escucho. Si la Chimamanda novelista escribe, yo la leo. Porque tiene el poder de la palabra, con el que nos incomoda, nos emociona, nos despierta. Hacen falta más escritoras como ella en la literatura. Hacen falta más personas como ella en el mundo.

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Primavera azul, de Taiyo Matsumoto

primavera azul

primavera azulLa maldita adolescencia: ese momento de locura transitoria en el que las personas se convierten en una inestable bomba de relojería. Personalidades volátiles y cambiantes que estallan por una mirada inoportuna, una palabra malinterpretada o una situación que, a priori, no vaticinaba un desenlace de cariz violento. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué coño miras? Si quieres pelea la tendrás. Parece una buena idea reunir a todos estos muchachos y muchachas, que intentan tomar el control de un cuerpo que parece ir a la deriva, en un mismo lugar. Añadámosles, en algunos casos, marginalidad, drogas y la falsa creencia de ser eternos. No existen peligros, la inmortalidad les ampara. Morir es solo de viejos. Sí, parece una buena idea concentrarlos en un único edificio que les infunda la engañosa sensación de perder su libertad. El instituto: un polvorín atestado de seres frágiles y cargados de inseguridades que solo buscan subsistir. De este tipo son los personajes y las situaciones que vamos a encontrar en Primavera azul, la última obra del mangaka Taiyo Matsumoto publicada por ECC.

Primavera azul de Taiyo Matsumoto es una recopilación de siete historias que nos mostrarán el lado más extremo de lo que significa ser adolescente. Extremo porque el autor añade elementos como las drogas, la violencia a través de las armas o el más hondo desprecio por la vida; la de los demás y la propia. De hecho, las primeras cuatro páginas del manga ya son toda una declaración de intenciones de lo que nos vamos a encontrar a continuación. Cuatro páginas de color ocre que muestran a jóvenes divirtiéndose, comiendo, peleándose e incluso suicidándose. Jóvenes con el rostro marcado por el sufrimiento y con la mirada perdida que, aun rodeados por una multitud, se sienten solos e incomprendidos.

Si eres feliz y ya lo sabes, bate palmas es la primera de las historias que encontraremos en Primavera azul. Un comienzo por todo lo alto; en varios sentidos. Un relato sobre muchachos que se ven en la obligación de mantener su estatus en el instituto mediante un juego arriesgado que pondrá sus vidas en peligro. Igualmente ocurre en Revólver, un relato contado en tres actos en el que el autor introduce una variante: un arma de fuego que puede cambiar la vida de sus dueños. En Verano de mahjong un grupo de jóvenes deportistas se enfrentan al estrés que tienen que soportar ante la posibilidad de acceder a la final de un torneo de baseball. Muchachos que intentarán rebajar dicha tensión jugando al mahjong y descubriendo que se juegan en esos partidos más de lo que creen.

Y así hasta siete historias: truculentas y extrañas, como la de Paz; divertidas, distendidas y que muestran lo que significa la amistad a esas edades (como en ¡Los restaurantes familiares son nuestros paraísos!) o amar hasta la últimas consecuencias (véase ¡Esto no está bien!); o agradablemente reveladoras, como la de Señor Suzuki, en la que asistiremos a los primeros pasos juntos del yakuza conocido como “El ratón” y su joven pupilo Kimura, tiempo antes de que se cruzaran con Blanco y Negro, los niños protagonistas del manga Tekkon Kinkreet; la magnum opus del autor.

Fue dicha obra la que nos enseñó que Taiyo Matsumoto era un mangaka que se salía de lo normal. Rompía sobre todo las normas narrativas visuales llevándolas al extremo, y pasaba olímpicamente de proporciones y de dibujos de aburrida perfección. Es por ello que algunas de sus viñetas acercan al lector a un insólito, diría que onírico, mundo visto a través de una lente ojo de pez o, en otras ocasiones, de un exagerado gran angular. No importa si está narrándonos un partido de ping pong, una historia de samuráis o las desventuras de un grupo de muchachos huérfanos, pues entre las páginas de sus mangas encontraremos picados, contrapicados, primerísimos planos, perspectivas imposibles y un diseño de personajes y escenarios que se alejan totalmente del estilo kawaii del que tan acostumbrados estamos en el cómic japonés. Es, sin ningún género de dudas, un tipo de dibujo chocante, de surrealismo explosivo, que goza de una gran fortaleza descriptiva debida a su trazo inquieto y, en ocasiones, sobrecargado. Un tipo de dibujo que, afortunadamente, en Primavera azul volvemos a encontrar.

Primavera azul de Taiyo Matsumoto es un seinen de corte dramático que muestra sin tapujos y de forma realista situaciones desgarradoras y violentas en las que también hay cabida para el amor y la amistad. A esto hay que añadirle la lucidez que revela el autor a la hora de hacer un profundo y laborioso retrato sobre la psicología de unos personajes hastiados de la vida y que buscan la libertad en los lugares o de las formas más insospechadas.

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