Publicado el

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película, de María Adell y Pau Llavador

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película.

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película. Siempre me cuentan que al poco tiempo de quedarse mi madre embarazada, se recorrió media Europa en un crucero. Esa es la explicación que dan los que me conocen cuando les digo que estoy planeando un viaje nuevo. Desde que tengo uso de razón he estado viajando. También ayudó el hecho de que mi padre fuera humorista, teniendo que actuar cada día en una ciudad diferente. Mi infancia se pasó entre coches, escenarios y hoteles. Cuando la afición por viajar arraigó del todo dentro de mí, no hubo frontera que me parase. Primero París, luego Túnez, pasando por una decena de destinos más hasta llegar al último, Kenya, donde estuve hace apenas cuatro meses.

Así que no es de extrañar que toda mi vida gire en torno a los viajes. Todas las decisiones que tomo en la vida, las tomo pensando en ellos. En ahorrar, en comprar cosas útiles para viajar, en informarme más y más sobre nuevos lugares… y esto lleva a una pequeña obsesión que consiste en ver todos los documentales de viajes que existen y acumular libros y libros sobre sitios a los que quiero ir. Ruta 66, coches, moteles y canciones de película ha sido mi última adquisición. Nunca he estado en Estados Unidos y, por supuesto, es uno de los destinos que tengo súper pendientes. En concreto, la ruta 66. Y todo esto por culpa del cine. Me encantan esas películas en las que lo importante de un viaje no es el destino, sino el trayecto en sí. Esas escenas que suceden dentro de un coche y que quedan marcadas en nuestra retina para siempre. Por ejemplo, una de mis escenas favoritas es una de Pulp Fiction, en la que Vincent le explica a Jules cómo llaman al cuarto de libra en París, sonando Jungle Boogie de fondo. Otra de mis películas favoritas es Pequeña Miss Sunshine, donde el viaje es lo importante de la película y donde hay escenas absolutamente maravillosas.

Este libro, escrito por María Adell y Pau Llavador, tiene una cosa muy especial y es que no solo nos ofrece un recorrido por la ruta 66, desde el inicio hasta el final, sino que nos va enseñando, ciudad a ciudad, qué películas míticas se grabaron allí y dándonos una canción que podría valer de banda sonora para esa visita en concreto.

¿Quién no ha sonreído y se ha dejado llevar cuando en el coche empieza a sonar nuestra canción favorita y las ventanas bajadas dejan entrar el aire fresco? ¿Quién no ha soñado con montarse en una moto y recorrer la Ruta 66 mientras los neones pasan fugazmente a nuestro alrededor? ¿Quién no se ha imaginado bajando de un Chevrolet en un motel de mala muerte para pedir un café y una hamburguesa? No importa el destino, importa el trayecto. Aunque el trayecto debe de hacerse en un coche de confianza y que esté perfectamente equipado para poder aguantar tantas horas de viaje. Con el mío, no podría ir ni desde Los Ángeles hasta California… así que igual es hora de dejarme asesorar por autoDoc.es si quiero embarcarme algún día en una aventura como esta.

Ruta 66, coches, moteles y canciones de película tiene los ingredientes necesarios para que la mente de las personas que aman viajar empiece a volar muy alto. María Adell y Pau Llavador recopilan imágenes de películas que todos hemos visto una y otra vez y que han hecho que queramos conocer El Gran Cañón, Las Vegas o los desiertos de Nuevo México.

No sé si algún día se cumplirá este sueño, pero, por si acaso, lo mejor será empezar a planearlo. Siempre hay que pensar en positivo. Aunque la verdad es que voy a matar el gusanillo muy pronto, ya que en breve voy a tener que empezar a hacer la maleta. Dentro de una semana a estas horas estaré en Copenhague. No es la ruta 66, no. Pero tampoco está tan mal, ¿no creéis?

[product sku= 9788416177738 ]
Publicado el

Cortejo en la catedral, de Kate Douglas Wiggin

Cortejo en la catedral

Cortejo en la catedralCualquiera que me conozca bien sabe que estoy un pelín obsesionada con la literatura del siglo XIX. Hay algo en ella que me relaja y que me hace querer leer para conocer más. Esa vida alejada de las tecnologías pero lo bastante adelantada como para permitir a quien quisiera (en realidad, en aquella época no era quien quisiera, sino quien se lo podía permitir) llevar una vida tranquila y viajar para conocer la cultura de otros países.

Quizás por este último motivo esta novela llamó mi atención. Aunque no conocía a la autora, debo decir que lo que me hizo leer este libro fue el viaje cultural que recorría los protagonistas por las ciudades catedralicias inglesas. A priori, me pareció que sería muy interesante leerla y que podría descubrir a una nueva autora que mereciera la pena.

Y no me equivoqué en absoluto. La lectura me pareció interesante desde el principio. Por si no fuera poco, la autora no solo describe detalladamente las catedrales de las ciudades por las que viajan nuestros protagonistas, sino que también añade referencias a otros autores y obras literarias. Quiero destacar aquí la referencia a Persuasión, última obra de Jane Austen, que tiene un significado especial en esta novela. Todo ello a través de una pluma fluida y muy cuidada que refleja sus grandes dotes para la literatura y que me ha transportado por completo a esas ciudades inglesas.

Alejándonos de los aspectos formales y centrándonos en la historia, me ha encantado la forma en la que transcurre la historia, cómo se desarrolla cada uno de los encuentros entre nuestros personajes, un hombre (Jack Copley) y una mujer (Katherine Schuyler) que se encuentran constantemente durante la ruta de las ciudades catedralicias. Además, al estar narrada en dos voces, permite al lector saber lo que piensan cada uno de ellos respecto al otro y cómo la persecución de Jack a Kitty origina más de una situación divertida. Esto ha hecho que me haya leído la novela en una sola tarde y que esté deseando releerla.

A medida que avanzaba con la lectura, me dejaba llevar por la historia y viajaba junto a estos y otros tiernos personajes a su época y me encandilaba con la persecución amorosa (que no resulta ser un acosador, ni nada por el estilo). Esta es una novela simple, que no profundiza en los personajes ni en la historia de amor pero sí lo hace en el desarrollo de su viaje, en los destinos a los que viajan y en los constantes reencuentros que se producen entre ellos. Y también en los que desafortunadamente no se producen, aunque ambos protagonistas lo deseen más que nada en el mundo…

Cortejo en la catedral es una entretenida novela narrada a dos voces que no se me ha hecho larga en ningún momento y que he saboreado por los paisajes, las referencias culturales y la nota divertida de la autora. Ha resultado ser una novela muy fresca y perfecta para verano que me ha trasladado por completo al siglo XIX y al viaje que realizan los dos protagonistas de la historia.

Aunque es muy difícil que un libro tan corto transmita tantas cosas a la vez, me ha parecido que la autora ha sabido aprovechar cada una de las páginas para relatar esta historia de amor, viajes y aventuras. A pesar de no estar muy interesada en el aspecto religioso de las catedrales, la arquitectura me encanta y creo que me apuntaría este viaje para hacerlo en los próximos años… Y si es con un Jack Copley y una Kitty Schuyler, no me lo pensaría dos veces. La diversión y las “aventuras” estarían sin duda aseguradas.

[product sku= 9788494687518 ]
Publicado el

La máquina del tiempo, de Carlos Giménez

la máquina del tiempo

la máquina del tiempoA veces, la literatura se adelanta al futuro. El género de la ciencia ficción ha ideado inventos que al principio parecían fantasías de un escritor especialmente imaginativo, pero que décadas o siglos después se han hecho realidad gracias a los progresos tecnológicos. Como dijo Albert Einstein, «si puedes imaginarlo, puedes lograrlo». El primer ejemplo que me viene a la cabeza es el de Jules Verne, que en sus novelas describió el submarino (Veinte mil leguas de viaje submarino), internet (París en el siglo XX) o el cohete espacial (De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna) mucho antes de que la ciencia estuviese lo suficientemente desarrollada para llevarlos a la práctica. Otro hombre adelantado a su época fue H. G. Wells. Sin embargo, su grado de anticipación llegó a tal extremo que invenciones como la invisibilidad (El hombre invisible) o el contacto con seres de otro planeta (La guerra de los mundos) todavía no se han materializado (aunque, en el caso de la segunda, mejor que así sea; no me hace demasiada ilusión que nos visiten extraterrestres para exterminarnos). Pero el invento de H. G. Wells que sin duda ha levantado más pasiones es la máquina del tiempo.

La máquina del tiempo, escrita en 1895, fue su primera obra y se ha convertido en la fuente de inspiración de decenas de libros, películas y series. Quién sabe si algún día la ciencia conseguirá que con un movimiento de palanca viajemos al pasado o al futuro; lo que es evidente es que esa historia ha marcado a miles de personas. Como por ejemplo a Carlos Giménez, que ha plasmado su admiración por esta novela corta adaptándola al cómic, una buena forma de darla a conocer a las nuevas generaciones.

En las páginas iniciales, este historietista español confiesa que La máquina del tiempo es uno de sus libros favoritos y que siempre había querido dibujar su visión del mundo del año 802 000 que describió Wells y a sus extrañas criaturas, los Elois y los Morlocks. Su mayor preocupación con este reto creativo ha sido no traicionar el mensaje transmitido por el autor británico, que mostró cómo podía llegar a ser la especie humana en un futuro si seguía por la senda del capitalismo y la lucha de clases, además de plantear los pros y los contras, sociales e individuales, que viajar en el tiempo supondría. Temas que, con los avances cada vez más vertiginosos de la sociedad, están en plena vigencia, por lo que la reinterpretación de Carlos Giménez de esta fábula decimonónica llega en el mejor momento.

A veces, la literatura regresa al pasado para demostrarnos su tremendo poder. No solo porque géneros como la ciencia ficción hayan anticipado inventos y debates sociales que el común de los mortales ni siquiera era capaz de atisbar, sino porque ha planteado cuestiones atemporales que, por muchos años que pasen, siguen suscitando el interés del ser humano. Ese es poder el que convierte a algunos libros en clásicos, y conviene regresar a ellos de vez cuando, ya sea leyendo los textos originales o acertadas reinterpretaciones como la que Carlos Giménez ha hecho de La máquina del tiempo.

[product sku= 9788416709892 ]
Publicado el

Los senderos del mar. Un viaje a pie, de María Belmonte

Los senderos del mar

 

Los senderos del marCerrar un libro que a uno le ha gustado es un gesto que suele estar asociado a ciertas emociones, tantas como libros y lectores, y este Los senderos del mar no es diferente pero hay una que no es frecuente y que yo he sentido con no poca intensidad: la envidia. Sana, naturalmente. Aunque gracias al texto uno acompaña a la autora en su caminar por la costa y a que leer es la verdadera realidad aumentada, pese a que María Belmonte presta a todos los lectores sus ojos descubridores dignos de todo elogio, a uno realmente le encantaría estar en sus zapatos y caminar su ruta, disfrutar de sus paisajes y vivir sus mismas experiencias. El libro consigue lo más difícil, que es vivir la experiencia en la piel de la autora, pero la consecuencia lógica es la necesidad de vivirla en la propia.

Diría que es rigurosamente cierto que uno no conoce un lugar hasta que lo recorre caminando, que el esfuerzo y el disfrute guardan una relación directa y que en este mundo de velocidad hay en recorrer un sendero a pie, parándose a mirar cuando mirar es necesario, hay una suerte de conexión con una parte si no perdida si al menos olvidada para la mayoría de nosotros y nuestras vertiginosas existencias. Los senderos del mar no es sólo la descripción de una ruta por la costa del País Vasco, María Belmonte no se limita a contarnos lo que lee sino que completa la experiencia con lo que piensa y suma a sus reflexiones sus conocimientos y sus investigaciones de forma que acompañan al paisaje la biología, la geología, la filosofía y en fin, todo aquello que nace en la fértil mente de la autora gracias a la inspiración que el mar y los senderos le proporcionan.

Todas esas cosas no las tendría uno recorriendo esos senderos con su propio pie, por tanto el camino leído es más rico que el caminado y sin embargo uno tiene la sensación de que ese que marcan los pasos y no las páginas es insustituible. Pero si lo que hace grande el camino es la conexión con la naturaleza, lo que hace lo propio con el libro es la inquietud de una autora que todo lo mira con ojos nuevos y con ganas de saber. Alguien a quien no le basta descubrir o disfrutar, sino que necesita conocer y que afortunadamente tiene la generosidad de compartir con los demás su experiencia. Tengo la sensación de que si ver lo que ella ve a través de las páginas de Los senderos del mar es un privilegio, sería uno mayor poder disponer de unos ojos (y de unos pies) como los suyos y poder mirar nuestro propio mundo con ellos. Sospecho que lo veríamos diferente, más rico y diverso y sobre todo más interesante.

 

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

[product sku= 9788416748471 ]
Publicado el

El viaje de los sueños, de Ariel Lawhon

el viaje de los sueños

el viaje de los sueñosEl 6 de mayo de 1937, el dirigible Hinderburg explotó, en mitad de la maniobra de aterrizaje, ante centenares de espectadores: familiares que esperaban la llegada de sus seres queridos y curiosos que querían ver de cerca aquel prodigio de la ingeniería. En medio minuto, pasó de ser un hotel de lujo flotante a un amasijo de hierros calcinados sobre el campo de New Jersey, y todo quedó grabado, convirtiéndose en el primer accidente retransmitido por televisión. La conmoción mundial fue de tal magnitud que aquel episodio supuso el fin de los dirigibles. Nunca más volvieron a alzar el vuelo.

Han pasado ochenta años desde la tragedia y aún se desconoce qué originó el fuego. Durante la comisión de investigación, los expertos en aviación alemanes y estadounidenses solo trataron de autoexculparse. Evaluaron los aspectos técnicos y cuantificaron las pérdidas económicas, pero nadie se interesó por quiénes eran los treinta y seis fallecidos ni se plantearon que la catástrofe hubiera tenido un detonante humano. Noventa y siete personas encerradas durante cuatro días en un espacio reducido y nadie indagó en las tensiones que pudieron surgir durante el vuelo. Pero ¿y si ahí estuviera la clave del enigma? Eso es lo que piensa Ariel Lawhon y en El viaje de los sueños nos cuenta su teoría sobre qué provocó la explosión del Hinderburg.

El viaje de los sueños se divide en cuatro partes, una por cada día que duró el vuelo, y la narración de Ariel Lawhon es tan cinematográfica que parece que una cámara siga a cada uno de los personajes protagonistas: la camarera, el tercer oficial, el americano, la periodista y el grumete. Es inevitable acordarse de la película Titanic porque tienen puntos en común: tanto el barco como el dirigible eran lujosos y se consideraban indestructibles y desde el primer momento sabemos que ambos viajes acabaron en tragedia. Eso basta para que conectemos con la tripulación y los pasajeros, con sus esperanzas de futuro, sus miedos y sus amores, deseando que todos ellos sean supervivientes. Pero no solo surgen acercamientos amorosos y amistades, el ambiente se va enrareciendo a lo largo de los cuatro días: cada vez hay menos cosas que hacer, la sensación de claustrofobia aumenta y se rumorea que hay amenazas de bomba, aunque no les dan demasiada credibilidad. Únicamente algunos pasajeros se inquietan, porque son conscientes de que viajan en uno de los mayores símbolos de orgullo nazi y que Hitler no está haciendo muchos amigos por el mundo, precisamente. El convulso clima social que han dejado en tierra se suma a los secretos que ellos esconden, dando lugar a numerosas broncas, intrigas y traiciones. Con todos estos elementos, Ariel Lawhon consigue atraparnos y a partir del segundo día (al menos, eso me pasó a mí) la novela se devora.

Ariel Lawhon ha ahondado en quiénes fueron los pasajeros de aquel majestuoso dirigible alemán, esos a los que los titulares de los periódicos no prestaron especial atención, y a través de anécdotas y detalles reales ha reconstruido cómo pudieron vivir aquel último vuelo del Hinderburg. Tal vez las cosas no sucedieron del modo que ella relata, o quizá sí, nunca lo sabremos, pero con El viaje de los sueños ha conseguido que no acordemos de aquellos hombres y mujeres que murieron aquel funesto día de hace ochenta años o que lograron sobrevivir milagrosamente. De esta forma, la ficción de nuevo pone en valor lo que la Historia dejó en segundo plano. Porque aquel 6 de mayo no solo se acabó el futuro de los dirigibles, sino el de decenas de personas.

[product sku= 9788401018206 ]
Publicado el

Rumbo a Tartaria, de Robert D. Kaplan

Rumbo a Tartaria

Rumbo a TartariaLa editorial Malpaso recupera, con muy buen acierto, uno de los clásicos de la literatura de viajes actual. Rumbo a Tartaria es un recorrido por los lugares más inestables del planeta, esos lugares que aparecen más en los telediarios que en las agencias de viajes. Robert D. Kaplan parte a finales del siglo XX desde Hungría, y recorriendo parte de los Balcanes, Asia Menor, Oriente Próximo y el Cáucaso llega a Turkmenistán, parte de aquel trozo de mundo que los europeos medievales conocían como Tartaria. Por el camino, un total de doce países con diferentes realidades históricas pero en cuyos territorios se encuentran el 70% de las reservas de petróleo y el 40% de las de gas natural.

Del mismo modo que el imperio austríaco fue “el sismógrafo de Europa” en el siglo XIX, el Nuevo Oriente Próximo, que se extiende desde los Balcanes en dirección este hasta “Tartaria”, puede constituir el sismógrafo de la política mundial y el escenario de una despiadada lucha por los recursos naturales en el siglo XXI

Kaplan viaja buscando el carácter nacional de cada país, enseñando al lector que el presente no es casual, sino parte muy directa de las acciones del pasado. La tarea del autor es casi inabarcable, pero con su estilo claro y nada farragoso, intenta explicar de forma sencilla la difícil partida de ajedrez que se lleva jugando (y lo que queda) en estos territorios. Mezclar en un solo libro miles de años de luchas tribales y religiosas, los restos del Imperio Persa y Otomano y la caída de la URSS puede resultar explosivo, pero gracias al buen hacer de este Heródoto moderno, la clase magristral de historia cala más en el lector que muchas de las insufribles peroratas que tuvimos que aguantar en nuestra etapa escolar.

En 1975, los refugiados palestinos, apoyados por musulmanes libaneses, lucharon contra los cristianos libaneses. Después, los sirios pelearon contra los palestinos, pues temían que un Líbano radicalizado e imposible de controlar los arrastrara a una guerra con Israel. De todos modos, los israelíes invadieron el Líbano en 1978, y de nuevo en 1982, aliándose con los cristianos contra los palestinos, los drusos y los musulmanes sunitas

Este párrafo da buena cuenta de la difícil tarea que es explicar el presente de ciertos territorios, esos lugares donde las potencias occidentales intentan meter mano con fines poco claros, creando todavía más confusión. Su viaje por Oriente Próximo está marcado por la dificultad de explicar el extraño puzle surgido tras la II Guerra Mundial, que ha propiciado los grandes conflictos bélicos tras la Guerra Fría. La calma tensa de lugares como Jordania o Líbano contrasta con las dificultades de Kaplan en Siria, un lugar dominado con mano dura por el gobierno ególatra de los Assad, y en los que el autor intenta sin éxito conseguir gente que quiera explicar cómo un gobierno tan cruel puede perpetuarse en el tiempo. Previo a esto, había podido comprobar los miedos que los países de Europa del Este tenían tras la caída de la URSS, buscando nuevos gobiernos que les acercaran más a la Unión Europea que al influjo de Rusia y el Comunismo.

En el Cáucaso, el problema que encuentra Robert D. Kaplan es distinto. Este territorio está marcado fuertemente por su geografía. Armenia, Azerbaiyán y Georgia viven encajonados entre el Mar Negro y el Caspio, y sometidos durante años a la influencia soviética, persa y otomana. En estas tres ex repúblicas soviéticas se percibe, al igual que en los libros de la Nobel Svetlana Aleksiévich, que aquella disolución rápida de 1991 dejó a las nuevas generaciones a merced de una nueva clase dirigente sin valores. En este caso, la zona de Transcaucasia quedó convertida en un hervidero, con gobernantes chapuceros sin experiencia legislativa, y con una sociedad perdida y dividida en unos territorios no del todo definidos que en años sucesivos han dejado conflictos como el del Nagorno Karabaj o el de Osetia del Sur, hace menos de una década.

Rumbo a Tartaria es el legado de un periodista nómada que tiene un valor incalculable a día de hoy. Kaplan sabe que todo tiene un por qué, y es lo que busca en su largo viaje. Su testimonio tiene una credibilidad ganada a pulso, pues como buen guerrero, no duda en bajarse al fango y viajar donde nadie quiere viajar, aunque tenga que sufrir agentes fronterizos extorsionadores, habitaciones destartaladas o viajes infernales por carreteras olvidadas.

Este libro escrito a finales del siglo XX sigue vigente a día de hoy. Quizá el mapa que presentaba hace dos décadas no haya variado mucho, y quizá muchas de las profecías anunciadas para el siglo XXI no se han cumplido completamente, pero tengan por seguro que gran parte de los problemas que la comunidad internacional está sufriendo y sufrirá vienen ya reflejados y esbozados en este gran testimonio.

Si hay un movimiento fundamentalista en Siria, seguro que permanecerá oculto hasta que el régimen dé muestras de debilidad. Pero Alepo tal vez esté maduro para difundir las ideas del islamismo radical

César Malagón @malagonc

[product sku= 9788494174988 ]
Publicado el

Guías visuales: India, de varios autores

Guías visuales: India

Guías visuales: IndiaMi primer viaje fuera de España fue a París. Tenía once años y estaba tan preocupada por el miedo que me daba el avión que no fui capaz ni de pensar que iba a cumplir el sueño de todo niño: visitar Disneyland. Aunque, para ser sincera, a mí lo que realmente me apetecía era ver la Mona Lisa. Así de rara era yo ya con once años.

Cuando pisé el suelo de París y me monté en un taxi que nos llevó por los puentes más bellos que había visto yo en mi corta vida, decidí que viajar iba a ser una de mis grandes aficiones. Y las aficiones hay que cuidarlas. Hay que regarlas como si fueran una planta, que necesita agua y luz para crecer sana y fuerte. Ese fue el desencadenante. Ese momento fue el culpable de que yo ahora haya visitado ya nueve países, en diez viajes maravillosos.

El primer viaje que hice con Aarón, mi novio, fue a Londres. Aunque yo había estado en Inglaterra con anterioridad, trabajando de aupair, no pude conocer la capital, así que, él, sabiéndolo, me regaló aquel viaje. Por lo que nos escapamos un fin de semana que haría que inauguráramos una nueva tradición: cada año, viajaríamos a un sitio. Luego vino la multicultural Malta, la salvaje Argentina y el colorido Méjico. Y aquí estamos, en 2017, pensando cuál será nuestro siguiente destino. Ya que llevábamos dos años cruzando el Atlántico, pensamos que la mejor idea era cambiar de rumbo. Asia parecía un buen plan. Y, aunque a él le llamaba más China, a mí India hacía que me brillaran los ojos. Desde el momento en el que empezamos a mirar billetes de avión, mi imaginación comenzó a volar. Yo ya no estaba en España, estaba en mitad de Jaipur, perdiéndome entre mercaderes. Estaba en Delhi, dejándome bañar por el sol que se refleja en Qutb Minar. Estaba en Agra, observando con mis propios ojos el más precioso monumento hecho por amor que la historia ha podido conocer.

Al final, después de mucho mirar, creo que viajaremos a otro país y a otro continente. Se oyen tambores de Kenia por nuestros sueños y no sabemos si dejarnos seducir por esa melodía tan hipnótica.

Pero India siempre es un destino que he tenido en mente. Y más después de leer Guías visuales: India. En más de ochocientas páginas, encontramos cientos, miles de motivos para que este viaje esté en nuestra lista de deseos por cumplir. Sí es cierto que, varias personas que conozco que han tenido la suerte de visitar este país, coinciden en que el contraste con nuestra civilización es chocante de más. Pero también están de acuerdo en que solo de esta manera podemos llegar a apreciar lo que tenemos en España. Cuando ves un tren en el que no cabe ni un alfiler; cuando ves cómo los niños juegan con poco más que piedras; cuando sientes pena al ver cómo las mujeres son tratadas como no se debería tratar a ningún ser humano; cuando te sientes impotente al ver la pobreza que inunda cada rincón de la ciudad. Pero, en cambio, con la misma facilidad se puede ver el amor que sienten por la familia, el cuidado con el que mantienen sus ritos, la amabilidad con la que reciben a los extraños. Y todo eso hace que India sea un país de contrastes. En el que lo bueno compensa mil veces lo malo. Y del que sales sintiendo que eres afortunado por tener esa afición de viajar y poder conocer culturas tan diferentes a la tuya.

Si no cambiamos de idea, no podremos conocer India este año, pero después de soñar despierta durante tanto tiempo —cosa a lo que ha ayudado con creces esta guía repleta de fotos increíbles— tengo claro que yo quiero sentir el amor que Shah Jahan puso al diseñar una de las maravillas del mundo y, sobre todo, quiero verlo con mis propios ojos.

[product sku= 9788403517257 ]
Publicado el

El faro de Dalatangi, de Axel Torres

El faro de Dalatangi

El faro de DalatangiIslandia, un país con poco más de 300.000 habitantes y una liga de fútbol casi amateur, protagonizó la gran sorpresa de la última Eurocopa al alcanzar, contra todo pronóstico, unos más que meritorios cuartos de final en su primera participación en un torneo de tal magnitud. Antes del evento, ni los propios expertos en fútbol internacional sabían mucho de esta selección, cuyo jugador más reconocible era (y sigue siendo) el ya veterano Eiður Gudjohnsen, que militó a finales de la década pasada en el FC Barcelona.

Un año antes de aquella gran gesta, el periodista deportivo Axel Torres estuvo disfrutando de aquel país, y fruto de aquel viaje nace El faro de Dalatangi, su tercer libro. Como he dejado claro en las reseñas que hice de sus otros libros (11 ciudades y Franz, Jürgen, Pep), tengo a Axel como uno de los periodistas deportivos de referencia en este país, no solo por esta pasión que transmite por el deporte de la pelota; también por esa difícil neutralidad de la que hace bandera en una profesión en la que el periodista bufandero viene siendo cada vez más habitual. En este viaje le acompaña otro periodista deportivo, Víctor Cervantes, cuya admiración casi obsesiva por Gudjohnsen arrastrará a él y a Axel, que terminarán viajando al país más aislado de Europa para poder encontrarse con el futbolista, y de paso, conocer un poco más sobre el desconocido fútbol islandés que ya en 2015 empezaba a despuntar.

Islandia. Sin ejército. Sin odio. Sin comunidades nacionales enfrentadas. Sin interpretaciones peligrosas de la historia. Canciones de Sigur Rós. Qué paz.

Lo que diferencia este libro de los otros del autor es el marcado tono introspectivo que llena sus páginas, coincidiendo con un momento anímico no del todo óptimo. Su viaje por Islandia encierra a la vez un viaje interior en el que Axel reflexiona sobre su propia carrera, sobre sus miedos e inseguridades. Sabe que ha alcanzado la cima, pero que eso no ha ido acompañado de felicidad. Debe sentirse un privilegiado porque tiene todo lo que siempre soñó, aunque descubra que el final del camino no es cómo había soñado. Por eso las tierras inhóspitas de Islandia se tornan en el lugar perfecto para una huida hacia delante, un lugar idóneo en el que emular a Henry David Thoreau, con el propio faro de Datalangi convirtiéndose en el particular Walden del periodista.

Pero no hay que olvidar que en este libro se habla mucho de fútbol. Axel Torres recobra poco a poco su pasión futbolera en esos campos de gradas casi vacías enclavados en verdes y extensas praderas o en parajes de aspecto casi lunar, como bien se puede comprobar en las estupendas fotografías de Edu Ferrer que añaden color y valor al libro. El autor conoce a varios futbolistas españoles, auténticos temporeros del fútbol que encuentran en la isla un lugar perfecto donde crecer como personas y como deportistas.

Islandia siempre ha sido un país que ha llamado poderosamente mi atención dada su peculiaridad histórica y geográfica. Ahora, tras leer este libro, mis ganas de conocer el país han aumentado más aún. Porque lejos de esa imagen de vikingos rudos, habitantes de ciudades impronunciables como Seyðisfjörður, Hafnarfjörður o Vestmannaeyjar se encuentra una población orgullosa de sus valores y costumbres. Los islandeses se muestran pasionales, con una personalidad marcada durante generaciones por ese aislamiento autoimpuesto, que se acrecenta entre los habitantes de las Islas Vestman, que no tienen reparos en llamarse “los más fuertes entre los más fuertes”, como dice orgulloso Heimir Hallgrímsson, entrenador de la selección islandesa de fútbol, que compaginaba hasta el año pasado su tarea con la de dentista en dichas islas. ¿Puede ser más pintoresca la historia?

Axel Torres nos devuelve una parte de la esencia del fútbol que muchos treintañeros teníamos perdida. Y es que muchos de los futboleros de nuestra generación nos enamoramos de un deporte que poco tiene que ver con el actual. Antiguamente, ser de un equipo era motivo de orgullo, y lo importante era lo que pasaba durante los 90 minutos que jugaba tu equipo. Ahora no; ahora lo importante es lo que rodea al fútbol, es saber quién vende más camisetas, qué dirá determinado futbolista al acabar un partido o cuál ha sido la última publicación del futbolista de turno en la red social de moda. Por no hablar de las polémicas arbitrales, que copan la gran mayoría de minutos en los debates mediáticos, de forma totalmente interesada por parte de quienes protagonizan dichos debates. Toda esa tontería, por suerte, no ha llegado a Islandia, que conserva todavía un fútbol de una pureza casi virginal.

Espero que El faro de Dalatangi haya servido como terapia al autor para seguir al pie del cañón durante muchos más años. Porque sí, Axel (y permíteme que ahora me dirija a ti), en este mundo de mediocridad, periodistas deportivos como tú sois más que necesarios. Porque puede que tener valores e ideales no esté a la orden del día en una profesión tan caníbal, pero seguro que siempre hay alguien dispuesto a apreciarlo. Y si es necesario viajar cada cierto tiempo a países de fútbol casi desconocido para despejar la cabeza, bienvenidos sean esos viajes. Aquí algunos seguiremos leyéndote, hables de fútbol albanokosovar, del próximo Madrid-Barça o de tu querido Sabadell.

César Malagón @malagonc

[product sku= 9788494683305 ]
Publicado el

15 libros de viaje para esta Semana Santa

Los últimos. Voces de la Laponia española

Aunque parece que las Navidades todavía resuenan en nuestra cabeza, la realidad es que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Muchos de ustedes vais a tener unas merecidas vacaciones por lo que la pregunta es sencilla, ¿habéis elegido ya el destino? Si la respuesta es negativa, os dejamos aquí una buena lista para viajar sin salir de casa, con 15 libros que harán las delicias de todos. Y quién sabe, quizá esta lista os inspire para elegir vuestro próximo destino vacacional. Tenemos de todo. Empezaremos por España, para los bolsillos más modestos. Viajaremos a Portugal, nuestro vecino ibérico, cruzaremos el charco para viajar a los Estados Unidos, volveremos de nuevo a Europa e incluso realizaremos uno de los viajes míticos, ¿quieren saber cuál? Pónganse el cinturón… ¡empieza el viaje!

Los últimos. Voces de la Laponia española1. Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá (Pepitas de Calabaza. ISBN 978-8415862765)

Para muchos, las vacaciones siempre tendrán olor a leña, a silencio, a campo y a tranquilidad. Esas vacaciones siempre ligadas de forma indisoluble a nuestro pueblo. Y sobre los pueblos trata este trabajo periodístico de Paco Cerdá. Sin embargo, ese estilo rural empieza a ponerse en peligro, como demuestran los datos demográficos de la Serranía Celtibérica, una amplia región que abarca territorios de diez provincias españolas, doblando la extensión de Bélgica, y en la que solo encontramos 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado. Por esta Laponia del Sur viaja el autor recogiendo testimonios reales de un estilo de vida rural que languidece ante nuestros ojos.

La España vacía2. La España vacía, de Sergio del Molino (Turner ISBN 978-8416354146)

A estas alturas nadie duda del merecimiento del éxito que está cosechando Sergio del Molino con su estupendo y premiado ensayo. En La España vacía viajamos a esa España alejada del turismo, una parte de nuestra geografía cuyo atractivo no es el sol o el chiringuito playero abarrotado de guiris. El autor analiza de forma detallada y cuidada las causas de la despoblación rural que se vivió en la década de los 50, 60 y 70. Y solo entendiendo ese pasado (que muchos lectores reconocerán) se puede llegar a entender el presente que tenemos.

viaje-por-el-guadalquivir-y-su-historia3. Viaje por el Guadalquivir y su historia, de Juan Eslava Galán (La esfera de los libros ISBN 978-8490606810)

La Semana Santa en Andalucía es un reclamo eficaz. Se espera que muchos turistas abarroten las calles de Málaga, Córdoba y Sevilla al paso de sus procesiones más importantes. Pero nosotros os recomendamos un viaje por Andalucía de la mano de su río más ilustre, el Guadalquivir. Tartesos, béticos, califas… muchas y grandes historia que contar en los 657 kilómetros que separan la sierra de Cazorla de las aguas gaditanas de Sanlúcar de Barrameda. Todo narrado con la frescura y el rigor histórico de Juan Eslava Galán, uno de los escritores españoles más prolíficos.

Las altas montañas de Portugal4. Las altas montañas de Portugal, de Yann Martel (Malpaso ISBN 978-8416665297)

De Andalucía pasamos a nuestra vecina Portugal junto a Yann Martel, escritor canadiense que ya nos emocionó hace años con otro de sus viajes en la novela La vida de Pi. En este caso, Yann nos propone un largo recorrido de casi siglo y medio por el país luso en una historia de ficción protagonizada por Tomás, Eusebio y Peter. Tres hombres con tres caminos que se entrelazan a lo largo de la historia, formando un relato lleno de magia, ternura y algo de surrealismo.

viaje-a-portugal5. Viaje a Portugal, de José Saramago (DeBolsillo ISBN 978-8490628805)

Hablar de literatura en Portugal es tener siempre en mente a uno de sus mejores escritores, José Saramago. El genial Nobel de Literatura, fallecido hace casi siete años, dejó escrito en este libro sus pensamientos e impresiones sobre el país que tanto amó y que también, pese a alguna polémica, tanto le amó. Pese a ser conocido por sus grandes novelas, Saramago se descubre en este libro como un viajero atento y minucioso, que escruta la totalidad del territorio portugués de modo concienzudo y a la vez ameno para el lector.

New York, New York6. New York, New York, de Javier Reverte (Plaza & Janés ISBN 978-8401017520)

Cruzamos el Atlántico y aterrizamos en Nueva York. La Gran Manzana, la capital del mundo, la ciudad que nunca duerme… Llámenla como quieran, o simplemente, cántenla con el mismo tono entusiasta de Frank Sinatra. Porque Manhattan y sus alrededores tienen capacidad de sobra para fascinar a cualquier viajero, y en este caso, el viajero no es otro que Javier Reverte, voz autorizada en lo que a literatura de viajes en español se refiere. El autor madrileño cuenta, a modo de diario, sus impresiones sobre aquel otoño que pasó viviendo en esta fantástica ciudad. Lean este libro y su mente empezará a tararear aquello de “Empezad a extender la noticia, hoy mismo me voy, quiero formar parte de ella, Nueva York, Nueva York…”

viajes-con-charley7. Viajes con Charley, de John Steinbeck (Nórdica ISBN 978-8416112296)

Aunque muchos reconocen a John Steinbeck por Las uvas de la ira o Al este del Edén, entre la bibliografía del Nobel de Literatura en 1962 se encuentra también este libro de viajes. En 1960, y acompañado de su fiel perro Charley, el escritor californiano saldó una deuda personal. Y es que pese a escribir sobre la vida estadounidense, no conocía su propio país. Los 16.000 kilómetros recorridos a lo largo de treinta y cuatro estados le sirvieron para reflexionar sobre su vida y obra. A nosotros, este escrito nos sirve para conocer más y mejor al autor, pero sobre todo el país que intentó retratar.

america-manuel-vila8. América, de Manuel Vilas (Círculo de Tiza ISBN 978-8494571992)

Los Estados Unidos son un país tan grande y variado que ellos mismos tienen la osadía de llamarse América, como si el resto de moradores de dicho continente fueran meros actores secundarios. Solo desde exageraciones como esta puede llegar a entenderse lo que representa este país. El escritor aragonés Manuel Vilas deja plasmado en este libro sus largos viajes por carretera (sobre todo las del Midwest) buscando conocer un poco más sobre la clase media americana y lo que se ha venido llamando la American Way of Life.

Viaje a Rusia9. Viaje a Rusia, de Joseph Roth (Minúscula ISBN 978-8495587374)

Dejamos América pero seguimos hablando de vastos territorios. En este caso, los de la Unión Soviética de 1926. Joseph Roth, uno de los autores centroeuropeos más importantes del siglo XX, viajó de la mano del periódico del que era corresponsal a Rusia, donde el Partido Comunista empezaba a asentar fuertemente su ideología. Roth nos ofrece un viaje al pasado en el que relata no solo la vida política; también la religiosa, social y cultural. Si quieren saber cómo era el modo de vida soviético de la época de entreguerras, este es el libro indicado.

billete-al-fin-del-mundo10. Billete al fin del mundo, de Christian Wolmar (Península ISBN 978-8499425641)

En lo que a medios de transporte se refiere, no hay ninguno que supere el encanto y la belleza del tren. Y en este libro se aborda la historia de uno de los trenes más emblemáticos, el Transiberiano. Christian Wolmar nos cuenta cómo este ferrocarril consiguió transformar la fisonomía rusa, convirtiéndose en un pulmón que insufló vida a regiones tan áridas y apartadas como Siberia. Sus 9.000 kilómetros entre Moscú y Vladivostok sirven no solo para recorrer el país de punta a punta; también sirven para conocerlo y reconocer la importancia histórica que tuvo la construcción de este trazado.

rumbo-a-tartaria11. Rumbo a Tartaria, de Robert D. Kaplan (Malpaso ISBN 978-8494174988)

Malpaso recupera todo un clásico de la literatura de viajes contemporánea. Es Tartaria una región histórica cuyo difuso territorio abarca desde Hungría hasta la lejana Turkmenistán. Muchos la toman como frontera entre Oriente y Occidente, y aunque es muy difícil definirla debido a su variedad, lo que nadie duda es que de su trágica historia se derivan muchos de los conflictos que hoy en día preocupan en el panorama internacional. Robert D. Kaplan nos da la posibilidad de acompañarle en su viaje, a finales del siglo XX, para intentar comprender un poco mejor el siglo XXI.

de-que-color-es-berlin12. De qué color es Berlín, de David Wagner (Errata Naturae ISBN 978-8416544288)

Volvemos a suelo europeo y lo hacemos en una de las ciudades más fascinantes del viejo continente, Berlín. La capital alemana, por su multiculturalismo, su hospitalidad y su historia, es una de las ciudades preferidas por los jóvenes de Europa. David Wagner, siguiendo la estela de Benjamin o Hessel, recupera la figura del flâneur (paseante) y nos enseña cada calle y cada barrio de la ciudad germana. Si todavía no conocéis esta ciudad, esperamos que este viaje os sirva de acicate.

apuntes-de-un-viaje-por-francia-italia-y-suiza13. Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza, de Miguel de Unamuno (Oportet ISBN 978-8494393594)

En 1889, con 25 años, Miguel de Unamuno se dedicó (junto a su tío) a viajar por Italia, Suiza y Francia, en un viaje de un mes que terminaba en París, que ese año celebraba la Exposición Universal. Aunque en esa época ya cultivaba con interés el cuento y el relato corto, este viaje puede considerarse como la primera obra del escritor bilbaíno. Perdido durante décadas, el texto ve la luz con más de un siglo de retraso. Sin embargo, nunca es tarde para conocer el lado viajero de una de las voces más relevantes de la Generación del 98.

cronicas-de-islandia14. Crónicas de Islandia, de John Carlin (La línea del horizonte ISBN 978-8415958406)

Aunque pertenezca a Europa, hay poco en Islandia que haga referencia al viejo continente. Es más, se podría decir sin temor a equivocarse que no hay ningún país que pueda compararse o igualarse con Islandia. Su aislamiento geográfico, sin embargo, no ha servido para que entusiastas de los viajes la conozcan y queden totalmente prendidos de su encanto. Uno de ellos es John Carlin, periodista inglés que ha dedicado varios de sus viajes a estudiar y disfrutar de la singularidad islandesa. ¿Su veredicto? Viendo el subtítulo de este libro queda claro. “El mejor país del mundo”.

los-500-mejores-lugares-para-viajar15. Los 500 mejores lugares para viajar: La selección definitiva de Lonely Planet (GeoPlaneta ISBN 978-8408159544)

Si con la selección de libros que os hemos hecho todavía tenéis dudas de qué destino elegir, os dejamos de postre uno que os dejará sin excusas. La gente de Lonely Planet, expertos viajeros, han seleccionado los 500 mejores lugares para viajar. La lista la encabezan los templos camboyanos de Angkor y la Gran Barrera de Coral australiana. Pero si esos destinos os pillan un poco lejos, también os ofrecen destinos tan bellos como el Coliseo romano o la majestuosa Alhambra granadina. No lo dudes, entre estos 500 lugares, seguro que está el tuyo. ¿Viajamos?

Publicado el

De qué color es Berlín, de David Wagner

De qué color es Berlín

De qué color es BerlínEl término francés del flâneur (paseante) se asocia a ese personaje literario de los siglos XIX y XX que se solía ver por las calles de París, paseando sin rumbo, como si fuera una parte más del mobiliario urbano. Este ente callejero vagaba sin destino, buscando más experiencias de tipo sensorial que material. Pero fue el análisis que Walter Benjamin hizo de esta figura en su obra El libro de los pasajes lo que elevó su estatus dentro de la literatura. Casi un siglo después, David Wagner intenta emular a Benjamin y otros flâneurs alemanes como Kracauer o Hessel (cuyos Paseos por Berlín también ha publicado Errata Naturae), ofreciéndonos con De qué color es Berlín una visión totalmente subjetiva y personal de la capital germana.

Pocas ciudades de Europa tienen un poder de atracción mayor que Berlín. Pasear por sus calles es dar un paseo por los acontecimientos más importantes del siglo XX. Berlín, que durante la Guerra Fría se convirtió en el centro del mundo, afronta con orgullo el siglo XXI siendo una ciudad multicultural y cosmopolita, destino favorito para millones de jóvenes (y no tan jóvenes) de los cinco continentes.

No. Berlín no es feo. Berlín es hermoso, pese a la basura con frecuencia nada pintoresca y a su silueta de esquinas y aristas. ¿Por qué si no iba a venir tanta gente?

David Wagner se echa a andar desde la primera página, sin hacer ningún tipo de presentación. Porque él no se siente personaje de su propia historia; el único personaje de su libro es la propia ciudad de Berlín. En sus paseos sin rumbo desgrana cada calle y cada barrio, tomando nota de sus gentes y constatando las diferencias entre las distintas zonas de la ciudad, marcadas cada una por diversos niveles económicos o migratorios. En sus largas caminatas, el autor se va impregnando de los múltiples ambientes, del olor de los puestos callejeros y de las señales modernas que van cambiando el semblante berlinés, terminando en ocasiones en lugares alejados y desconocidos incluso para el propio Wagner.

En la lectura de este libro merece la pena tener siempre a mano un móvil, tableta u ordenador en el que poder ir buscando los lugares por los que vamos transitando junto al autor. Pero que no espere el lector unos paseos convencionales y turísticos por Berlín, como los free-tours tan de moda en la capital alemana que llevan a millones de turistas por lugares tan emblemáticos como la Puerta de Brandeburgo, el Monumento del Holocausto o el Checkpoint Charlie. En De qué color es Berlín pasearemos por esos lugares conocidos, junto al Reichstag o la East Side Gallery, faltaría más, pero también por barrios y calles en los que el turista de fin de semana ni está ni se le espera, pero que también forman parte de la rutina diaria de cualquier berlinés.

David Wagner hace de Berlín lo que todos nosotros podríamos hacer de nuestra propia ciudad. Todos tenemos una ciudad que está esperando a que salgamos a encontrarnos con ella, a buscar en sus gentes y sus rincones millones de historias perdidas. Porque el turista tiene una excusa; hay poco tiempo y tiene que aprovecharlo al máximo. Pero los demás tenemos nuestra casa los 365 días abierta, y libros como este nos hacen ver que las grandes ciudades tiene un buen puñado de razones por las que merece la pena patearlas hasta la extenuación. Yo os dejo, que me voy a dar un paseíto…

… Berlín es verde, dices, pero en realidad tiene los colores del asfalto o de la arena, el rojo del ladrillo, el tono pimienta y sal del granito del pavimento, el azul y el violeta del empedrado.

César Malagón @malagonc

[product sku= 9788416544288 ]
Publicado el

Tocqueville: hacia un nuevo mundo, de Kévin Bazot

Tocqueville hacia un nuevo mundo

Tocqueville hacia un nuevo mundo«Los verdaderos dueños de este continente son quienes saben sacar provecho de sus riquezas».

Quedaos con esa idea, esa idea que ha llevado al mundo a ser lo que es. Los seres humanos se han sentido legitimados por el mismísimo dios para asolar el planeta con la violencia de su huella: talando árboles milenarios para alzar sus torres de acero, contaminando el agua que da la vida con sustancias que provocan la muerte, llenando el aire que respiramos de humos que nos enferman. La inteligente civilización del hombre blanco se ha abierto paso a costa de todo y de todos: eliminando sin miramientos especies enteras de animales, pero también a esos humanos considerados de segunda. Salvajes sin facultades suficientes para entender el progreso, condenados a la destrucción porque no están hechos para este mundo.

Tocqueville: hacia un nuevo mundo, de Kévin Bazot, es una novela gráfica que adapta libremente Quince días en el desierto americano, de Alexis de Tocqueville, para narrar las aventuras que el filósofo político vivió junto a su compañero Gustave de Beaumont durante el verano de 1831, al recorrer el norte de América poco antes de que su naturaleza virgen sucumbiera a la febril urbanización del continente. Los dos jóvenes ansiaban pisar un lugar donde no hubiera llegado la civilización y no les resultó fácil encontrarlo, pues los emprendedores y ambiciosos estadounidenses ya se habían apropiado de la mayoría del territorio.

En esa personal búsqueda del paraíso perdido, Alexis de Tocqueville y Gustave de Beaumont, ambos franceses, presencian con qué menosprecio se trata a los indios americanos, que ya nada tienen que ver con esos hombres fuertes y solemnes que se describían en los libros, y descubren esa impronta de los ciudadanos de Estados Unidos, un país recién nacido por entonces, que les ha llevado a ser los dueños del mundo en nuestros días: un afán por conseguir riquezas que les ciega ante la belleza y placeres que ofrece la naturaleza en estado puro.

La gran edición de Ponent Mon —no lo digo solo por sus dimensiones (216 x 286 mm), sino por la calidad del dibujo y del color— nos hace viajar al siglo XIX y adentrarnos en los majestuosos bosques e infinitos lagos del llamado nuevo mundo, para compartir el asombro y la decepción que Tocqueville y Beamount sienten con todo lo que se van cruzando en el camino. Quizá ellos fueron los últimos viajeros que disfrutaron del «maravilloso espectáculo de la naturaleza abandonada a sí misma» en Norteamérica y a nosotros, los lectores, casi doscientos años después, apenas nos quedan rincones en este maltratado planeta donde vivir una experiencia similar.

Tal vez, si el mundo lo hubieran dirigido personas con la sensibilidad de estos jóvenes aventureros, los indígenas habrían logrado que su voz fuera escuchada y hoy en día seguiríamos teniendo la posibilidad de huir, aunque fuera de vez en cuando, de la civilización para reencontrarnos con su sabiduría ancestral y la naturaleza primigenia. Pero se han adueñado del planeta unos salvajes que ven en la destrucción el discurrir natural de las cosas. A la vista está que es el mundo el que no estaba preparado para semejantes humanos.

[product sku= 9781910856840 ]
Publicado el

Viaje a Rusia, de Joseph Roth

Viaje a Rusia

Viaje a RusiaDe Joseph Roth conocemos sobradamente su faceta literaria. Si su vida no hubiera sido tan calamitosa y llena de desventuras, quizá el convulso siglo XX le habría encumbrado como uno de sus mejores escritores. La leyenda del santo bebedor, La marcha Radetzky o La cripta de los capuchinos dan solera a una bibliografía que se cortó de raíz en mayo de 1939, cuando el autor falleció en París, solo y consumido por el alcohol. Pero Joseph Roth no fue solo un gran contador de historias; también ejerció el periodismo, alcanzando unas cotas de reconocimiento, nacional e internacional, considerables.

En Viaje a Rusia se desgranan los artículos que el Frankfurter Zeitung le encargó al autor en 1926. Roth siempre se había atraído por la Unión Soviética, que tras la Revolución de 1917 y la muerte de Lenin en 1924 se presentaba al mundo como un modelo socialista que pretendía alcanzar la excelencia política y que consiguió seducir a muchos de los intelectuales de la época. De septiembre de 1926 a enero de 1927, los artículos que Roth mandaba al periódico permitieron en Europa comprobar de cerca las verdades y las mentiras del invento socialista.

Abarcar el vasto territorio soviético es imposible, pero el autor intenta descubrir la mayor parte de ese poliedro de mil caras que es la Madre Rusia, lugar con un número de culturas, etnias y realidades difícil de contabilizar. Joseph Roth parte de Moscú a conocer otros territorios más alejados como Yalta, Bakú o el curso del río Volga hasta su desembocadura en el Mar Caspio, cerca de la sucia y maloliente Astracán.

No cabe duda de que en Rusia está surgiendo un mundo nuevo, dicho sea con todas las reservas que se quiera. Me siento feliz de poder ver las cosas de aquí. No se puede vivir sin haber estado aquí, es como si hubiera una guerra y usted se quedara en casa.

Navegando por sus artículos el lector intuye la seria y concienzuda labor de preparación que llevó a cabo el autor, en un intento por conocer la realidad rusa a la que tendría que enfrentarse durante el viaje. Hay que decir que en 1926, la NEP (Nueva política económica) empezaba a ofrecer sus primeros frutos. La producción industrial crecía lenta pero de forma continuada y para los jóvenes rusos, pertenecer al Komsomol (Unión Comunista de la Juventud) suponía un motivo de orgullo. Con esa idea utópica y revolucionaria llega el autor a Moscú. Sin prejuicios ni estrechez de miras, Joseph Roth empieza a conocer la realidad rusa, dándose cuenta que cuanto más conoce esa realidad, menos utópica le parece. Sus ideas previas van desintegrándose poco a poco rebajando su moral. Para un firme detractor de la burguesía como él, la NEP se presentaba como la única capaz de extinguirla. Sin embargo, lo que descubre allí no es el exterminio burgués; más bien es un cambio de disfraz, algo difícil de digerir.

Pero esto no hace de Viaje a Rusia un libro lleno de reproches. Su desencanto progresivo no hace que deje de enfrentarse a la realidad con la sagacidad de los buenos periodistas. Su artículos no solo reflejan la realidad política del momento. Lo que se nos ofrece aquí es un completo tratado etnográfico de una sociedad que vive uno de sus cambios históricos más grandes. La política, la cultura, la moral, la mujer, la religión… todo tiene cabida dentro del ojo crítico de Joseph Roth, que alcanza sus mejores cotas a la hora de tratar la problemática judía o el valor de los medios de comunicación de la época (“La consideración hacia el lector hace al periodismo fértil. La consideración hacia la censura hace a la prensa estéril”). A estas bellísimas crónicas se le añade un pequeño diario de viaje en el que conocemos el difícil estado anímico por el que pasaba Joseph Roth y un posfacio de Klaus Westermann que sirve para contextualizar de manera completa cómo era esa Unión Soviética de 1926.

Si pudiéramos viajar en el tiempo y conocer cómo se vivía en el Moscú en 1926, probablemente encontraríamos una imagen muy parecida a la encontrada en Viaje a Rusia. Eso habla muy bien de Joseph Roth y su labor periodística. Y por eso un libro así se antoja imprescindible para conocer parte del siempre difícil periodo de entreguerras.

César Malagón @malagonc

[product sku= 9788495587374 ]