
¿Te sientes una mierder?, ¿Pasas las horas balanceándote en una mecedora mientras cantas muy bajito “quién me va a curar el corazón partío”?, ¿miras cada dos por tres el teléfono en busca de algún indicio de que sigue vivo?, ¿no quieres salir de tu trinchera en el sofá ni dejar de ver Bridget Jones? Entonces lo más probable es que estés sufriendo mal de amores. Puede que te hayan dejado o puede que hayas decidido poner fin a una relación igualmente mierder en la que llevabas años atrapada. Todos hemos estado alguna vez ahí y sabemos que está muy bien eso de regocijarse en el dolor propio. Muy natural, muy humano. Pero, ¡ya está bien!, ¿no te parece? Déjalo ya, no puedes ir por la vida con las pintas del cantante de The Cure, no puedes ponerte en modo marmota ni esconderle forever and ever. ¿Es duro? Ya sé, pero te traigo la solución: No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor es tu medicina, hazme caso.
Y sí, como decía, todos hemos estado alguna vez en una situación parecida. Es ley de vida. El amor duele y el desamor ni os cuento. Pero, también es ley de vida saber recomponerse y créeme que aunque ahora lo veas muy negro, ese día llegará. Mientras tanto, el nuevo libro de la brillante Pedrita Parker puede resultarte de gran ayuda porque ella sabe muy bien por lo que estás pasando. Tan bien que ha decidido plasmar en su nueva novela gráfica las aventuras y desventuras en torno a las relaciones de pareja y, en concreto, ese trágico momento de la ruptura. Porque no, la vida no es una película de Disney y parece ser que el mundo está lleno de ranas.
Pedrita Parker, aka Estefi Martínez, es una de las personas más divertidas que no conozco. Aunque conocerla a través de sus libros y de su cuenta de Instagram vale, ¿no? Me río mucho con ella, con sus ilustraciones y su sentido del humor tan real, tan negro, tan ella. Si no la conocíais, este libro es una maravillosa carta de presentación.
Sentirse reflejado en las historias y situaciones que nos plantea Pedrita Parker es inevitable porque, como os decía, todos hemos pasado por ahí, ya sea como protagonistas o espectadores. También nos ha tocado alguna vez aguantar a algún amigo ante una ruptura.
Síntomas y señales de que la cosa no funciona, el tiempo de luto y las tonterías que podemos llegar a hacer por recuperar una relación en la que ni siquiera estábamos cómodos, las recaídas (ya nos vale), el sacar pecho y encarar el futuro. Todas estas situaciones aparecen en No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor . ¿A que os suenan?
El contenido extra del libro es otra de sus genialidades. Seguro que vamos a necesitar las pegatinas para tapar el careto del ex en las fotografías. Y si nos sentimos en un momento de recaída, podemos recurrir a un pasatiempo o a repetirnos en voz alta frases tan motivadoras como “El amor es como un pedo, si tienes que forzarlo seguramente será una mierda”. La banda sonora y las películas para ocasiones de ruptura también vienen genial.
Estés o no en esta situación (ay, todo se andará, iluso), lo que sí es seguro es que te vas a reír mucho con este libro. Qué grande la Parker, de verdad de la buena.

No recuerdo el tiempo exacto que lleva gustándome Liniers, pero sí sé que son ya muchos años los que este dibujante argentino lleva haciéndome reír. Seguro que os suenan sus dibujos, ¿verdad? Tenéis que haber visto sus tiras de Enriqueta, Fellini o los divertidos duendes y pingüinos en muchas partes. Desde 2001, Liniers publica su tira cómica Macanudo en el diario La nación y hace ya muchos años que en España es también muy conocido gracias a sus publicaciones. Porque Ricardo Siri, su verdadero nombre, ha publicado ya más de veinte libros en un montón de países. También ha expuesto en multitud de sitios y ha diseñado las cubiertas de los discos de artistas como Andrés Calamaro o Kevin Johansen. Con este último y con su banda tiene una costumbre de lo más curiosa. Se va de gira con ellos y mientras la banda toca, él se dedica a pintar en el escenario. No sé si será efectivo para la inspiración, pero fijo que se lo debe pasar teta en esas giras internacionales.
¡Han vuelto los animalotes! ¿Os acordáis que hace poco os hable de esta banda 




“Loriga se ha unido al selecto grupo de escritores que – como Houellebecq y Murakami – están redefiniendo la ficción del siglo XXI”. Esta frase, que firma Wayne Burrows para The Big Issue, aparece en la faja de Rendición, la última novela de Ray Loriga, premio Alfaguara 2017. Aunque no está fechada, creo que pertenece a la época en la que Loriga publicó “Tokio ya no nos quiere”, es decir, hace ya unos catorce años. Y lo que Burrows escribió en inglés fue “is set to join”, que en realidad se podría traducir como “está listo para unirse”, más que como un hecho consumado.
El fenómeno -no sé si general o fruto de una percepción personal- se da, con preferencia, en novelas de misterio, sobre todo en novelas de misterio escritas por autoras de lengua inglesa: el misterio puede haber sido más o menos previsible, carente de sorpresas fuera de lo esperable, con un investigador eficaz dotado de métodos propios que tenía que desenmascarar a su asesino de entre una cohorte bien surtida de personajes secundarios; el asesinato ha tenido lugar en un entorno cerrado con reglas propias, a veces sin nada que envidiar a las de regímenes políticos represivos; y tal asesinato ha actuado como elemento catalizador en una atmósfera que era como una olla a presión de bajas pasiones, odios encendidos pero secretos, enigmas personales, ocultaciones y solapamientos que nadie habría podido adivinar hasta el detonante del crimen. Y bien, termina la lectura, y nada de lo leído, en apariencia, aunque sumamente entretenido y hasta objetivamente bien escrito, supera la marca de otras muchas lecturas similares.
Todos sabemos que 
Roberto Bolaño es uno de mis escritores preferidos. No solo por sus libros, que también. Lo que me pasa con Bolaño es que me produce una empatía tremenda. Me cae bien, tan bien que me tomaría con él una copa en una charla infinita. Algo que, por desgracia, ya es imposible. Pero es uno de esos escritores de los que es difícil separar persona de escritor, no sé si me entendéis. Hay algunos libros que me fascinan, pero la persona que se esconde tras él ya no tanto. Aun así, como ya sabéis, no se puede juzgar un libro solo por su escritor y sería estúpido que un libro no te gustara porque quien lo ha escrito no te caiga demasiado bien. La imparcialidad es muy necesaria en el ejercicio literario. En fin, todo esto para deciros que Bolaño me parece uno de los personajes más interesantes de la literatura.
Leemos por placer, dicen algunos. Y supongo que es cierto. Ese tipo de lector que se siente tan feliz en compañía de familia, amigos o amante, que al final, desesperado, tiene que levantarse y salir de la habitación para coger un libro, abrirlo, dejar entrar un soplo de mal rollo en su vida y recordar que todo es vanidad, no es el tipo de lector que más abunda. Aunque, no os quepa duda, haberlos, haylos.
Esta novela de Mikel Santiago es una novela que debería oler a verano, a crema solar y a piel salada, pero en realidad se masca la intriga y el suspense con música de jazz de banda sonora. Vuelvo al thriller, no puedo evitarlo, vuelvo al misterio, la investigación y la sospecha. En un escenario de película antigua como Atrapa a un ladrón o Buenos días tristeza. Las carreteras estrechas y sinuosas, los acantilados, las pequeñas calas y las bonitas puestas del sol del Mediterráneo. Aunque estas pelis están ambientadas en la Costa Azul y la novela transcurre en la costa italiana, el ambiente es similar ¿Os acordáis de A pleno sol? Es la película basada en el libro de Patricia Highsmith, 
Hay escritores que nos cuentan una historia y hay escritores que nos la evocan. Y, lo reconozco, siento debilidad por los segundos. Desde que leí la primera línea de Babel de un hombre y otros relatos, intuí que Javier Montiel era uno de esos. No me sorprendió que fuera uruguayo, pues destila ese encanto tan propio de la narrativa latinoamericana. Este joven multifacético —pues, además de escritor, es psicólogo, pintor y librero en activo— reconoce que el realismo mágico y la