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Una virgen imprudente, de Ida Simons

Una virgen imprudente

Una virgen imprudenteVendida como la Stoner holandesa, esta novela atrajo mi atención desde el primer momento. No sé si conocéis Stoner, de John Williams. Es un libro que leí hace un par de años y que me gustó bastante. En Stoner no ocurre nada y ocurre todo a la vez: el paso del tiempo, el devenir de una vida más o menos simple, el amor, las decepciones. Todo ocurre a un ritmo acompasado con el de la vida del protagonista. Y sin tener nada en especial es una novela que atrapa. Es cierto que Una virgen imprudente tiene muchas similitudes con Stoner: ambas son novelas cuyo equilibro baila al compás de la existencia del protagonista, una existencia que se nos presenta tal cual es, sin grandes ni arriesgados artificios literarios. Sin embargo, en Una virgen imprudente, la protagonista es una niña de once años y dejaremos la novela cuando ésta tan sólo tenga trece años. No la acompañaremos a lo largo de su vida, pero viviremos unos años, quizás cruciales, de su adolescencia.

Gittel es el nombre de esta niña judía a través de cuyos ojos conoceremos la vida, más o menos tranquila, de unos años próximos a la Segunda Guerra Mundial. Antes de adentrarme más en la trama, creo que es muy necesario que os hable de la autora para que entendáis las semejanzas entre realidad y ficción. Ida Simons fue una escritora belga nacida en 1911. Debido a los agitados años que le tocó vivir, no tuvo una residencia fija y anduvo por varios países de Europa aprendiendo a tocar el piano. Tal fue su éxito como pianista, que formó parte de varias orquestas importantes hasta que llegó la invasión nazi. Ida Simons sobrevivió a dos campos de concentración, aunque su salud sí se vio afectada y tuvo que renunciar a su sueño de ser una pianista de fama internacional. Tuvo un relativo éxito literario, pero fue, como muchos otros, injustamente olvidada. Menos mal que el tiempo a veces es justo y podemos disfrutar de esta autora, cuya vida bien podría ser una propia novela.

Para los escritores de hoy en día, que tenemos una vida relativamente cómoda y aun así tenemos la santa manía de quejarnos, debería existir una mano divina que apareciera de la nada  y nos diera una colleja cuando nos atrevemos a lamentarnos de lo más mínimo. Deberíamos aprender de escritoras como Ida Simons, carajo.

Ahora que conocéis a la autora, podréis entender los parecidos razonables entre personaje y autor. Además de la época escogida por Ida Simons para narrar la historia de Gittel, su personaje también es una gran amante del piano y llevará su pasión consigo allá donde viaje. Y es que la vida de esta niña es un tanto agitada. Su padre es un hombre algo desgraciado con poco olfato para los negocios y su madre, una mujer inquieta que en cuanto discute con su marido sale huyendo con su hija a casa de la abuela y su leal criada, a casa de la baronesa o quien sea que les dé cobijo en ese momento en Amberes. Y entre el trajín de ir y venir a La Haya, Berlín y Amberes, Gittel descubre algunos sentimientos que hasta entonces no conocía. Será en Amberes donde conozca a la familia Mardell y sobre todo, a Lucie, una mujer soltera de veintinueve años con la que Gittel descubrirá qué es la amistad (un amistad ciega, casi devota) y la traición.

Los personajes de esta novela están maravillosamente desarrollados. Me recuerdan a aquellos que creaba Dostoievski, como en El jugador. Aparentemente sencillos, pero muy complejos.  He disfrutado mucho con los personajes de Una virgen imprudente: la inocente e irónica Gittel, el genial tío Wally, la sorna de la madre, lo impecable de Lucie y la extravagante abuela. De verdad, una galería de personajes geniales, de los cuales da pena despedirse cuando acaba la novela.

Y aunque, como os decía al principio, este libro no tiene una gran trama, realmente no la necesita. Porque Gittel y el resto de personajes son suficientes. Porque es la vida misma, lectores, lo que transcurre entre sus páginas. ¿Hay algo más sincero?

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Locas 2, de Jaime Hernández

Locas 2

Locas 2Como a Roma, son varios los caminos que conducen a la creación de un gran libro. Puede el autor, por ejemplo, proponerse escribir una obra maestra. Si se llama Joyce, Proust o Mann, puede, tras invocar a sus númenes, plantearnos profundas reflexiones sobre la memoria, el arte o la posmedernidad y el resultado se acercará bastante a la obra maestra. Por otra parte, el autor puede optar por olvidarse de la posteridad y escribir pensando en su público inmediato y en uno mismo. En ese caso, si tiene el talento suficiente, le bastará con llamarse Hernández, evocar el barrio donde creció y refocilarse en un culebrón de aquí te espero.

En este segundo volumen continúan las desventuras amorosas y las borracheras que, en Locas 1, nos deleitaban y, en lo que nos toca, nos hacían subir los colores. Locas 2, sin embargo, se centra mucho más en los personajes de Hopey Glass y, sobre todo, Maggie Chascarrillo, esa pareja de, sí, locas, con su relación de montaña rusa que ahora sube y ahora cae en picado.

Es probable que, a medida que publicaba estas historias en pequeñas entregas, Jaime Hernández se diera cuenta de que lo que tenía entre manos era más grande de lo que se había propuesto. Quizá sintió que sus personajes cobraban vida propia y reivindicaban aún más protagonismo en detrimento de la desbordante fantasía que podía chocarnos en la primera parte. Así, algunos de los elementos más llamativos y -vaya, otra vez- locos del primer volumen, a saber, los cohetes, los dinosaurios y el señor con cuernos, apenas aparecen, y de manera testimonial, en un par de escenas. Como todos los que alguna vez hemos tenido veinte años, Hernández debió de llegar a la conclusión de que la vida de los chicanos en California y el mundo de las luchadoras de wrestling ofrece suficientes elementos sobradamente capaces de entretener, asombrar y evocar.

Nadie debería, pues, ver en esa desaparición de cohetes y dinosaurios una falta de coherencia o un pecado de improvisación. A mi juicio, la grandeza de la serie Locas radica, entre otras cosas, en ver cómo no sólo los personajes, sino el propio autor, evoluciona y madura con nosotros. Crecemos (o nos gustaría haber crecido) con Maggie, y  sentimos que vamos conociendo junto a ella a los nuevos personajes que irrumpen en su vida. Entre estos destacan Danita y, sobre todo, Ray Dan, un chico que dejó el barrio para irse a la uni y acaba de regresar presuntamente licenciado.

El libro continúa con esa estructura de capítulos aparentemente deslavazados y sin un hilo narrativo claramente definido que caracterizaba ya al primer volumen. Esta estructura, que sin duda debe mucho al culebrón televisivo, sirve perfectamente a los intereses de Hernández y le permite insertar episodios que son, por sí mismos,  pequeñas obras maestras de la narrativa gráfica, como el capítulo “Moscas en el techo”.

Locas 2 es la prueba tangible de que aquellas horas que pasamos sentados en un banco comiendo pipas, encerrados en nuestra habitación mirando al techo, o buscando pelea a la salida de la discoteca no fueron horas desperdiciadas: Hernández las ha convertido en arte.

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Una chica con pistola, Amy Stewart

Una chica con pistola

Una chica con pistola¿Y luego qué? Antes los años futuros eran un territorio vago y desconocido, amorfo, sin una medida concreta. Pero después de la muerte de mi madre, empecé a verlos en décadas delante de mí, unos encima de otros como una pila de ladrillos. Primero llegaba la década de los treinta, la mitad de la cual ya se había pasado-, y luego entraría en la de los cuarenta y en la de los cincuenta, eso era algo sólido, incuestionable. Pero después, los ladrillos se desmoronaban. Mi abuela murió con sesenta y dos años, y mi abuelo con sesenta y uno. Luego murió mi madre, víctima de una neumonía cuando acababa de cumplir los sesenta. Cuando me ponía a pensar en lo efímero del tiempo que me quedaba por vivir, en lo fútil que era pasarlo guisando o cosiendo o cavando en el huerto, me daba tanto miedo que casi no podía respirar.

Este párrafo debió de ser el pensamiento, el sentimiento, de muchas mujeres de siglos pasados. Tenían una existencia supeditada a la de sus maridos y otros familiares masculinos; su vida estaba programada y desde que tenían uso de razón sabían qué era lo que se esperaba de ellas. Por supuesto, había excepciones; mujeres que no se conformaban con lo que los demás querían y esperaban de ellas; mujeres que se rebelaban y cambiaban la vida específicamente planeada para ellas. Las protagonistas de Una chica con pistola, de Amy Stewart, entrarían en este grupo de mujeres atípicas que no seguían los dictados de la sociedad en la que vivían. Este libro cuenta un año de la vida de las hermanas Constance, Norma y Fleurette Kopp, que viven solas y aisladas en una granja de Nueva Jersey. La historia comienza cuando el coche de un rico fabricante de sedas, Henry Kaufman, embiste la calesa de las tres hermanas; este suceso cambiará la vida de las Kopp que se verán envueltas en una trama de amenazas y ataques que pondrá patas arriba su existencia tranquila, monótona y solitaria, e introducirá en su rutina al Sheriff Heath, el hombre que las enseñará a disparar y a protegerse.

Hoy en día no es ninguna novedad un libro en el que la heroína es una mujer que se subleva contra las normas de la sociedad patriarcal de la época en la que vive. Referentes como Elizabeth Bennet, Jane Eyre, Emma Bovary, Anna Karenina… marcaron la senda hace dos siglos y las novelas con este tipo de protagonistas han continuado creciendo hasta cotas impensables para pioneras como Jane Austen, o las hermanas Brontë, que jamás habrían imaginado leer libros sobre personajes femeninos como Lisbeth Salander o Katniss Everdeen, por nombrar dos ejemplos de heroínas de actuales conocidas por todos. Por supuesto, los personajes han evolucionado a la par que la sociedad y la época en las que se han escrito. Pero me estoy yendo por las ramas, Amy Stewart, reconstruye la historia de tres mujeres de carne y hueso que existieron de verdad, y con la que se topó por casualidad en un artículo de 1914. En este artículo se narraba la historia del choque de las hermanas Kopp y los sucesos posteriores, y la autora supo ver en él y en sus protagonistas ese je ne sais quoi que convierte una anécdota en una historia digna de contar y despertar el interés de los lectores.

Recopilando todo lo que hay sobre la familia Kopp e incluso entrevistándose con sus descendientes, Amy Stewart ha sabido dotar de vida a unos personajes reales pero de los que apenas se sabe nada más allá de esos pocos artículos que se publicaron a raíz de su enfrentamiento con Kaufman. Ha logrado crear unas mujeres llenas de matices, muy diferentes entre sí, pero con muchas cosas en común como las consecuencias de ser educadas por una madre desconfiada que las apartó de la ciudad y, por tanto, de la sociedad. La relación entre las tres hermanas es el eje de la novela y lo que más brilla en ella; a lo largo de todo el libro sientes que las conoces y que estás metido en la vieja granja que tienen como hogar. Las tres son magníficas, pero si hay un personaje que sobresale por encima de todos es el de Constance, la narradora de nuestra historia y la hermana mayor de las Kopp, que se enfrenta constantemente a Henry Kaufman, demostrando una valentía y un saber hacer que la llevó a ser la primera mujer ayudante del sheriff de la historia. He aquí, por tanto, a una protagonista digna de esos referentes literarios que antes mencionaba.

Por supuesto, Una chica con pistola, a pesar de ser un buen libro, no llega a la categoría de los de Austen o las hermanas Brontë, principalmente porque aquéllos presentaban algo completamente nuevo y transgresor y porque las mismas autoras rompían con la sociedad de la época para escribir y publicar algo así. Una chica con pistola no es una novela rompedora ni se va a convertir nunca en un referente para escritores posteriores, pero eso no le resta ni un ápice del mérito que tiene, que es el de una novela con un gran trabajo detrás, unas fascinantes protagonistas y una buena historia que te mantendrá pegado al libro hasta conocer cómo se resuelve la trama de acoso y violencia en la que se ven enredadas las hermanas Kopp sin comerlo ni beberlo.

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La nueva lucha de clases, de Slavoj Zizek

La nueva lucha de clases

La nueva lucha de clasesEstamos viviendo el resurgir de los panfletos, no cabe duda. Y entiéndase “panfleto” sin una connotación negativa, sino como un tipo de libro corto, explosivo, no tan elaborado, que invita desde el género ensayístico no solo la reflexión sino a la acción. Stéphane Hessel ganó la batalla de las mesas de novedades para ellos en 2011 con ¡Indignaos!, y después de aquello los principales pensadores contemporáneos (y las editoriales) se han lanzado con mayor o menor suerte a estas digresiones mínimas, siempre livianas en cuanto a páginas pero normalmente muy cargadas de contenido.

Uno de los últimos panfletos, o de los más llamativos entre los más recientes, es La nueva lucha de clases, de Slavoj Zizek, filósofo y sociólogo esloveno. Con el subtítulo de “Los refugiados y el terror”, Zizek aborda desde un pensamiento de izquierda bastante crítico la actual crisis de los refugiados. O más bien la toma como referencia, porque rápidamente uno entiende que los refugiados le sirven a Zizek más bien como excusa para tratar temas variados: la crisis de legitimidad europea, el avance descontrolado de las corporaciones frente a los estados, la violencia fundamentalista o incluso el peligro ecológico. Y quizá por encima de todos ellos, dos. La “nueva lucha de clases” entre los incluidos y los excluidos en el capitalismo, y la construcción en este entorno de un pensamiento de izquierda desacomplejado y firme, libre de sus tabúes actuales.

La nueva lucha de clases invita a discutir con Zizek, en algo que me parece uno de los mayores logros del libro. Por ejemplo, cuando habla de las actuaciones que se pueden llevar a cabo ante la crisis de los refugiados (ante la inmigración en general), el autor critica fuertemente la izquierda “buenista” y utópica. Argumenta que, sin caer en la soberbia, debemos ser capaces de mostrar una respuesta unificada que no es, precisamente, abrir las fronteras por completo.

Alto ahí, ¿no lo es?

No, dice Zizek, y arremete contra los que lo piensan. Y uno se siente aludido, claro. Momentos como ese hay varios en el transcurso de las páginas. Al lector mínimamente interesado le entrarán entonces ganas de echarse al filósofo a la cara y debatir con él. Eso sí, que se abstengan los que buscan una refriega de barra del bar, porque el nivel está donde está y para meterse con este barbudo centroeuropeo hace falta estar a su altura, como se va comprobando cuando se avanza en la lectura.

En resumen, La nueva lucha de clases es un grito, alto y claro. Se lee en un suspiro y me parece un buen punto de entrada a los principales temas mencionados más arriba, sobre los que además recomienda otras lecturas de mayor peso con las que se poder completar un pensamiento crítico. Tendencioso, sí, pero el propio Zizek no lo esconde en ningún momento. Una obra crítica, ácida, pero constructiva, rica en matices. Rápida y concisa, el autor no pierde el tiempo y salta de uno a otro de los temas principales sin solución de continuidad, sin previo aviso al lector. Pierde un poco de profundidad con ello, es cierto, porque en ocasiones simplemente se limita a rayar la superficie. Pero a cambio ofrece un texto sin relleno, en el que cada argumento está expuesto de manera simple y comprensible, en el que cada párrafo, cada capítulo, es un aguijón que va directo al grano.

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Relatos terroríficos 1, de Junji Ito

Relatos terroríficos 1

Relatos terroríficos 1Al pensar en historias de terror, algunos de los nombres que nos vienen inmediatamente a la cabeza son Edgar A. Poe, H. P. Lovecraft y seguramente algún clásico más, pero no hay duda de que Junji Ito bebe sobre todo de fuentes algo más cercanas. El horror de Ito nos sorprende como lo hacían los episodios de Alfred Hitchcock presenta y sus magníficos e inesperados desenlaces. Nos divierte como nos divertía en nuestra infancia aquel cómic de terror llamado Creepy. Nos entretiene como un buen libro de Stephen King, y nos horroriza como lo hacía aquella familia de chalados de La matanza de Texas, por mencionar sólo algunos de sus referentes.

El primero de estos Relatos terroríficos 1 muestra la maestría de Ito al combinar varias de esas influencias en una estupenda historia de terror psicológico y terror del otro. Kotani, un joven estudiante, recibe la llamada de Narumi, una antigua compañera de instituto que le anuncia que está a punto de tirarse de un puente. Kotani le salva la vida y, ante la negativa de Narumi a volver a casa, le permite alojarse con él. La convivencia, sin embargo, no es fácil y, cuando Kotani insiste en que debe volver con sus hermanos, ella amenaza con suicidarse. Narumi es huérfana y hasta ahora vivía en una vieja casa con sus seis hermanos, y es aquí cuando nos acordamos de Cara de Cuero y su familia, y cuando las cosas se ponen verdaderamente interesantes.

Los hermanos Hikizuri, que es como se llaman, son una colección de variopintos y sádicos bichejos que harían temblar al más pintado. Están dominados por el mayor de ellos, Kazuya, que es quien decide qué tipo de castigo se merece Kotani por haberse apropiado de su hermana, aunque el final no es el que el lector se espera. Volvemos a encontrarnos con ellos en el segundo relato, donde Ito se sirve del mundo del espiritismo para explorar las envidias y el odio que anidan entre los hermanos.

El tercer relato, “La mansión del dolor fantasma”, es, sencillamente, magistral, si bien tiene un tono completamente diferente de los anteriores. El terror aquí es mucho menos cárnico y sí más angustiante y enigmático, y la idea de una mansión que, en cada uno de sus rincones, duele (como suena) al joven que la habita, se erige en una soberbia metáfora que nos hace pensar en el ya mencionado Poe o incluso en el gran autor italiano Dino Buzzati.

La última de las historias está un tanto menos lograda. En ella el autor plantea como motivo central la locura del culto al cuerpo y el sacrificio de la salud en aras de una presunta belleza. Ito integra esa idea en una trama muy original, tanto que, posiblemente, requeriría de algo más de desarrollo para proporcionarle la coherencia y verosimilitud que incluso la historia más fantástica necesita.

En conjunto, no obstante, estos Relatos terroríficos 1 confirman la gran impresión que me causó la lectura de El muerto enfermo de amor, y con ellos pasarán un gran rato los aficionados a los cuentos de terror, sean hitchcokianos, poeistas o lovecraftenses.

 

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Manual de inquisidores, de António Lobo Antunes

Manual de inquisidores

Manual de inquisidores

En este libro hay voces, un enjambre de voces que crean confesiones -acaso monólogos- para un entrevistador fantasma, que no se ve, que no aparece; acaso eres tú, preguntando por la causa de las cosas, por la razón que motivó que sucediera así. Todas esas voces engendran desde las palabras, desde frases redondas, desde adjetivos recónditos, desde verbos cúbicos; un bosque de huesos que van modelando esqueletos, que van cubriéndose de carne, de venas, manos, brazos, caras y de cabellos, hasta concebir la pequeña multitud de personas que pueblan el libro: gentío o, a veces, chusma, que nace y muere desde la figura de un ministro del dictador portugués Salazar. Ministro moderno con alma de Inquisidor viejo, que decide sobre la vida y la muerte, sobre la tortura o el calabozo en aquel añejo Portugal; hombre que arrastra su figura carnavalesca caída y vencida en su vida privada; que es germen, entonces, de este bosque de personajes que hablan de él y, a la vez, de ellos mismos y de sus propias mentiras, de sus medias verdades, del paso del tiempo, de sus miradas oblicuas, de sus perezas, de sus torpezas inherentes, de sus escasos triunfos… Confesiones que llenan huecos, a veces, como polvo antiguo, otras veces los rellenan con cemento que nace de la mezcla de la mentira y del olvido. En este libro hay puertas abiertas donde ya no entra nadie, hay puertas cerradas donde el pasado se ha quedado allí encerrado, repitiéndose una y otra vez, intentando volver a empezar de nuevo.

Lobo Antunes cuenta, desde la voz de muchos personajes, una visión de sus vidas y la de las personas que los rodearon; en un juego de “relato” de una historia y “comentario” como respuesta a aquel. Los personajes hablan, sí, de ellos mismos y también de un mundo esférico de protagonistas que orbitan alrededor de ese Ministro de Salazar. Recompone esas existencias como si fuera un rompecabezas que debe reconstruirse para ver el conjunto final. La particularidad del libro la pone esa combinación de historias y respuestas que permite ver a los personajes como si cruzaran en medio de dos espejos: por uno se ve su frente, por el otro su espalda, de tal modo que se verán todas las visiones: la triste, la enfadada, la realista y la irónica, hasta configurar una historia casi circular .

Manual de inquisidores” es la constatación escrita, casi documento notarial, de la podredumbre que rodea a las dictaduras; es la radiografía en la que se ve que la gangrena se extiende por un estrato social y va invadiendo a todas las personas que toca, como un gesto de afirmación de los que sustentan el poder con los pobres, de los importantes con los débiles, de los que se creen que son algo con los que no pueden serlo… aún. Pero ser poderoso, ser hijo de poderosos, ser el amigo o la favorita de los poderosos, no te impide que puedas ser partícipe de su caída, de la mayor de las derrotas; allí donde la ola se ha alzado alta como una casa, es desde donde cae en un hervidero de espumas, maderas podridas y peces muertos. El poder tampoco evita fracasos personales, casi los provoca en ese hartazgo que se produce cuando el pequeño dios, el sátrapa del oeste atlántico,  es visto en zapatillas, con olor a sudor y tabaco pasado, con la baba derritiéndose en su barba. El libro es una oscura visión no solo del hombre como depredador político, es también la mirada sombría, con los ojos bajos, de la vida de las gentes en busca de amor, sea el de pareja, sea el del deseo nunca correspondido. Y es también un manifiesto contra las consecuencias del paso del tiempo, del olvido que lo rodea, y de la soledad que con ello se soporta.

Los universos propios que se mueven en estas páginas se van cruzando, entrechocando, fundiendo, repeliéndose y moviendo a lo largo del tiempo y del tiempo. Esas vidas que cuenta son vistas desde el pasado y el futuro, en lugares diferentes, en situaciones diferentes, en derrotas y victorias, en locuras y verdades, en la dictadura y el revolución, en los calabozos y en los hospitales, en el desprecio y en el amor, en todas esas cosas en las que se debe fijar un narrador para describir la vida; nuestra vida, vuestra vida o la vida de un plenipotenciario, duro y, después, decrépito ministro de una dictadura tan degenerada que pudrió su mundo.

Pero “Manual de inquisidores” es tan oscuro en lo que cuenta en sus temas, en todos esos personajes perdidos, abandonados por la historia, o por su familia, o por el amor, o por la simple vida; es tan cerrado en sus ubicaciones de casas pequeñas y pobres o en casas ricas pero rodeadas de odio, o en la quinta del ministro rica y derrotada a la vez; como hermoso en cómo lo cuenta. Cada una de las partes en las que se divide el libro, esas entrevistas, monólogos o confesiones; son una larga frase en la que aparece la poesía; pero no es esa poesía de rima y verso, ni siquiera es prosa poética, es esa que nace de la combinación exacta de ocurrencias iluminadas, de frases y palabras hermosas, atadas con ideas y visiones extrañamente bellas y rápidamente originales para el tema del que trata. Y en el que, como si un rezo fuera, alguna frase se repite como los misterios de un rosario profano en los que el mundo de cada personaje en ese instante se circunscribiera a esa locución, a esa pregunta o a esa exclamación que va y vuelve en el texto como si fuera las luz de un faro.

Siempre estaré buscando la solución al enigma, el perfecto secreto, por el que las cosas más terribles o las visiones más tristes, pueden ser contadas de la forma más bella; ese contraste que solo se halla en las tormentas en el mar, en los relámpagos más brillantes, en las fauces más abiertas, en algunos cuadros de Caravaggio, en algún Requiem, como el de Fauré; y que aquí aparece, simplemente, en el reverso y en el anverso de unas hojas unidas con pegamento.

 

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Cuchillo de agua, de Paolo Bacigalupi

cuchillo de agua

cuchillo de aguaA estas alturas al señor Paolo Bacigalupi lo conoce todo el mundo; responsable de la multipremiada La chica mecánica, del libro de relatos, también premiados, La bomba número seis y de la novela juvenil El cementerio de barcos, Cuchillo de agua es su última novela.

Ambientada en un futuro cercano -y devastador- Bacigalupi nos propone unos Estados Unidos arruinados, devastados y desmantelados por la falta de agua. Las ciudades a las que no llega agua han sido abandonadas y arrasadas, y en las que aún llega, la población se divide entre los que sobreviven en los suburbios malviviendo del agua de los surtidores de pago y con los que se pueden permitir vivir en los lujosos complejos verticales donde el agua y el aire son de primera calidad, igual que los ingresos de sus inquilinos.

La lluvia no hace acto de presencia desde hace años, la mayoría de los ríos se han secado, así como las reservas subterráneas y los lagos, las grandes ciudades viven de algunas presas que se alimentan de los deshielos, algunos lagos y algún paupérrimo río que aún no está agotado. La guerra por el agua es atroz, los derechos sobre el agua –y las zonas por donde pasa esa agua- son auténticos tesoros que se compran y venden al mejor postor, derechos que se roban, con los que se especula, se chantajea y se asesina. A más derechos sobre agua más poder, más dinero.

Las guerras entre ciudades están a la orden del día, aunque todo el mundo mire hacia otro lado cuando una presa que abastece a otra ciudad explota en pedazos o una depuradora estalla en mil bolas de fuego bajo el impacto de decenas de misiles disparados desde unos cuantos chopperes. Todo este sinsentido ha dado lugar a una sociedad híper-clasista donde la prostitución, los carteles, las mafias y un montón de escoria controlan los suburbios, exigiendo impuestos sobre cualquier venta, negocio, cuerpo o lo que a ellos se les ocurra. Al otro lado de toda esa podredumbre social están los habitantes de las Arcologías Taiyang, los complejos de lujo para ejecutivos, abogados, directivos, capos de los carteles y cualquiera que gane el dinero suficiente para permitírselo. En ese escenario Bacigalupi desarrolla Cuchillo de agua, un auténtico thriller de principio a fin, pasado, eso sí, por el cedazo del americano, por su estilo tan peculiar y que tantas ampollas levanta.

Tres son los ejes de esta historia, podríamos hablar de un protagonista y dos coprotagonistas. Ángel es el actor principal, un tipo rudo, violento, fuerte, un poco el arquetipo de los thrillers, menos guapo –aunque goza de esa erótica del poder- lo tiene todo. Lucy, segunda de abordo,  una periodista afamada, lista, que se mueve como pez en el agua en las redes y que no deja de denunciar el estado de putrefacción social en el que está cayendo Phoenix, le preocupa la falta de agua y el futuro de la cuidad. Y la que hace tres, María, apenas una adolescente refugiada de los suburbios que se ve sometida al control de las mafias para poder vivir un día más.

La ciudad de Phoenix, en plena decadencia, es el escenario principal, aunque salen salpicados California, las Vegas, Colorado y algún lugar más. Ángel es un cuchillo de agua, un tipo que se dedica a proteger los intereses de la más temida de las especuladoras de derechos de agua. Su jefa es tan virulenta, impredecible y atroz como un huracán y sus métodos son implacables. Una de las misiones de Ángel se cruzara en la vida de Lucy primero y en la de María después, vidas que quedaran unidas y mezcladas por el interés, la supervivencia y la codicia.

La novela toca temas de primer orden hoy en día: la inmigración, la ecología, la economía, la política, las sociedades de consumo. La trama resalta el tema de la inmigración, ya que el   peso del escenario se apoya en esos suburbios plagados de inmigrantes de otros estados donde el agua se ha agotado, inmigrantes –tejanos caso todos- que nadie quiere, que todo el mundo odia, que las mafias asesinan sin pudor, pero que todo el mundo necesita para levantar esos majestuosos complejos de lujo autosuficientes para los más ricos del lugar.

¿A alguien le suena esto de algo?

Bacigalupi, como os comentaba al principio, bebe de la fórmula del thriller para construir esta novela -ritmo vertiginoso, personajes arquetípicos, trama lineal y trepidante, subtrama erótico-festiva, desarrollo predecible y final un poco edulcorado- solo que la adereza con un escenario de ciencia ficción y con su ya comentado estilo personal. Además de unas cuantas escenas bastante crudas. Ese estilo personal al que no dejo de referirme y al que mucha gente no le acaba de pillar el qué, viene determinado porque Bacigalupi  lanza al lector a la trama sin ningún tipo de información; nada de infodumps, nada de worldbuilding, nada de descripción de personajes, objetos o cosas así, apenas cuatro pinceladas y la confianza en el lector. A mí personalmente este recurso me encanta, me gusta el desafío que supone y lo prefiero a largos y tediosos párrafos o páginas de explicaciones. Y todo, además, trasladado a nuestro idioma con una fluidez exquista, como viene siendo habitual en las magníficas traducciones de Manuel de los Reyes.

En general, y si ser un amante de los thrillers, sean del género que sean, Cuchillo de agua me parece una fantástica novela de aventuras en primer lugar y una buena historia de juicio y reflexión en segundo, para conocer hacía donde podríamos estar dirigiéndonos, si no nos concienciamos un poco sobre todo lo que nos rodea.

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Génesis, de Sebastião Salgado

génesis

Tengo ungénesisa deuda pendiente con este libro. Desde hace un año. Algo más de un año ya desde que me lo regaló mi hermano, y el mismo tiempo sin atreverme a hablar de él. Un libro enorme, tanto por peso (unos 4 kg), como por dimensiones (25 cm. x 36 cm.) y número de páginas (517, algunas de ellas desplegables). Lo que se dice un señor tocho. Y además, en una impresión fotográfica muy cuidada, como todo lo que hace Taschen, (I´m in love with Taschen).

Y no he hablado antes por… ¿respeto? ¿Admiración? ¿Es esa la palabra? Si no lo es, la palabra que busco se le acerca bastante.

Admiración hacia uno de los mejores fotógrafos del planeta. Respeto porque, como fotógrafo aficionado, no sé ni por dónde empezar a hablar de semejante maravilla de libro y me gustaría hacerle justicia.

Génesis es un libro que le costó a Sebastião Salgado nada menos que ocho años y 32 viajes, que se dice pronto, y tuvo que valerse para ello de avionetas, buques, canoas, globos aerostáticos y helicópteros y, además, tuvo que buscar la financiación.

Dice el propio fotógrafo que “alrededor del 46% de La Tierra permanece en el estado en el que se hallaba en la época del Génesis”.

En esos 32 viajes ha visitado lejanos rincones, paisajes terrestres y marinos, animales y comunidades que han escapado del hombre moderno, pero Génesis no es ir donde el hombre nunca antes ha ido, sino, mostrar la naturaleza en todo su esplendor.

De un libro de este tipo en el que se quieren enseñar al lector fotografías espectaculares de nuestro planeta y que ha llevado, repito, ocho años tomarlas, uno esperaría fotos a todo color, con una variedad cromática infinita y un contraste multitonal a cada vuelta de página. Pues nada de eso. Salgado, autodidacta tardío, siempre ha hecho sus fotos en blanco y negro ya que considera que el color “distrae”. Y lo cierto es que muchas veces es cierto. Además, aunque parezca lo contrario, las imágenes de este libro quedan preciosas en los numerosísimos tonos de blancos, negros y grises y ahora no sería capaz de imaginarlas en color e incluso puede que no me gustaran, o no tanto. El blanco y negro siempre, siempre, da una elegancia y una distinción a las fotos que el color no consigue.

Y hablando de distracciones, para que tampoco nos distraigamos con los pies de foto se han eliminado del libro. Tranquilos, hay un cuadernillo aparte con el que podemos situar el lugar en el que la foto fue hecha. Esto es otro punto a favor de Taschen, que no hace sino poner de relieve el tipo de material artístico que tenemos en las manos.

Casi todas las fotos de este impresionante catálogo (y digo casi porque a mí en particular no me gustan las fotos tribales) tranquilamente podrían adornar las paredes de nuestra casa (tanto es así que Taschen ha puesto a la venta un set de 25 postales y otro de 16 pósteres). Podrías empapelar la casa entera con las hojas arrancadas del libro y las visitas se morirían de envidia ante el buen gusto decorativo.

Puercoespines, bueyes, morsas, pingüinos, orcas, elefantes, leones marinos, murciélagos, leopardos, búfalos, hipopótamos, cebras, estampidas, nenets (indígenas del norte de Siberia), antílopes, monos, jaguares, volcanes, icebergs, Parques Naturales, el Gran Cañon, la Antártida, África, Galápagos, el Círculo Polar, desiertos, glaciares, selvas, océanos,…fotos de cerca, cenitales desde globo y helicóptero… todo esto y más repartido en los cinco bloques del libro: Confines del sur, Santuarios, África, La tierra del norte y La Amazonia y el Pantanal.

Un libro que cualquier amante o aficionado a la fotografía debe, sino tener, sí al menos verlo un par de veces. Por algo menos de 50 euros puede conseguirse y lo cierto es que ahora, varias veces ya visionado, no me parece un precio para nada caro.

Un libro que es una oda visual a la majestuosidad y fragilidad de La Tierra y una advertencia de lo que corremos el riesgo de perder.

Grandioso.

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El muerto enfermo de amor, de Junji Ito

El muerto enfermo de amor

El muerto enfermo de amorEn la ciudad japonesa de Nazumi,  existe la curiosa tradición de ocultarse en una esquina y pedir una predicción a la primera persona que pase por delante. Las personas que hacen esto suelen encontrarse en una situación difícil en sus vidas, y, en su desesperación, se entregan así a las palabras al azar pronunciadas por un desconocido. Acostumbran a ser adolescentes que no saben qué decisión tomar respecto a la persona amada, pero de hecho cualquier persona puede pedir una predicción: ¿debo abortar? ¿Es el divorcio la única salida? ¿Cuándo dejará de torturarme mi hijo?

Con esta premisa, el japonés Junji Ito ha creado un estupendo manga del género de terror. Ito es uno de los maestros del manga, y los que no seáis aficionados a ese género de cómic, prestad atención a esto, porque no lo voy a repetir: el manga no es lo que parece. Es mucho más que un hobby para friquis disfrazados de fantoches. Es un auténtico universo literario, dentro del cual el de terror es tan sólo uno de sus diferentes géneros, y en ese universo se ocultan grandísimas obras literarias. Y quien os dice esto, hasta hace cuatro días era un furibundo antimanga.

Ahora, cerremos el paréntesis imaginario y continuemos con la historia que se nos narra en El muerto enfermo de amor.

Una adolescente se suicida tras recibir una predicción, y a partir de ese momento empiezan a circular rumores acerca de un misterioso chico que recorre las calles envueltas en niebla, soltando predicciones que acaban con la vida de quienes las reciben. Todo esto coincide con la llegada a la ciudad de Ryusuke, un chico que vivió allí hasta los seis años, cuando se fue a otra ciudad con su familia, cargado con una terrible y secreta culpa.

El número de suicidios empieza a aumentar, y los alumnos del instituto muestran un creciente rechazo hacia Ryusuke, de quien sospechan que se trata del misterioso y guapo chico del cruce, como se conoce al causante de las muertes. La policía interviene, pero con escasos resultados. La situación cada día es más grave, la niebla más espesa, y el terror más terrorífico. Pero Junji Ito consigue algo muy difícil en el género: regodearse en el horror y llevarlo al extremo, sin permitirnos en ningún momento la protección que nos proporcionaría la risa. La historia tiene escenas escalofriantes y personajes espeluznantes, pero el autor consigue mantener todos los elementos bajo control.

Podría pensarse que El muerto enfermo de amor está dirigida exclusivamente a un público adolescente. Si me conocierais, veríais que nada más lejos de realidad. Con un dibujo preciso, cuidado, oscuro y angustioso; con una atmósfera inquietante, y con unos retratos certeros y perturbadores, en esta historia de muerte, superstición y fantasmas, Junji Ito plantea algunas de las eternas cuestiones de la buena literatura: la culpa y su redención, el amor abnegado, el suicidio, la locura y la lucha entre el bien y el mal.

Si sois aficionados al manga de terror, estáis de enhorabuena. Si no, dejad a un lado vuestros prejuicios y animaos a disfrutar pasándolo mal.

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Paul en el norte, de Michel Rabagliati

Paul en el norte

Paul en el norteCada vez que sale un nuevo tomo de las aventuras de Paul, de Michel Rabagliati, sus seguidores le hacemos una ola. Esta autor de Montreal ha conseguido, durante los casi dieciocho años que lleva unido a su personaje, congregar a un círculo de lectores muy fieles que aprecian su talante como autor costumbrista. Rabagliati es un autor que nunca se ha distanciado del género slice of life y ha creado un alter ego que ha capturado distintos momentos, tanto de la vida personal como de toda una época.

Paul en el norte es la séptima entrega en castellano de las vivencias de Paul. Rabagliati no las ha publicado en un orden cronológico, sino que ha atendido más bien a razones sentimentales. En esta ocasión, nos trasladamos a 1976. Paul es un adolescente y su única aspiración es conseguir dinero para comprar se una moto. Ese ese momento en el que Paul, que se ha mudado recientemente de barrio, empieza a alejarse de sus padres, su hermana se va de casa y hace nuevos amigos. Precisamente el conocer a Marc, un nuevo compañero de instituto, hará que Paul salga definitivamente de su infancia para convertirse realmente en un adolescente. Le esperan verdaderos ritos de paso, en un verano inolvidable por los juegos olímpicos que su ciudad natal organizaba aquel año.

En esa puerta de entrada a la madurez colaborará también su tío, esa figura entre paternal y díscola que le proporcionará sus primeros trabajos pero también sus primeros placeres como adulto: la bebida, el tabaco y las primeras experiencias más cercanas al otro sexo.

En Paul en el norte podemos decir que nuestro protagonista va haciéndose adulto: no sólo por aquellas experiencias que terminan por despertarle de su inocencia infantil (como el conductor que le propone veladamente un encuentro sexual cuando hace autoestop), sino también por el gran tema de este volumen: el descubrimiento del amor.

Paul se enamora locamente, como sólo hacemos en la adolescencia, y repite, sin siquiera saberlo, cada estereotipo del primer amor. Rabagliati es consciente de ello, y una de las cosas que mejor se le dan es poder ver los hechos con una distancia que permite algo más de objetividad. El retrato de Paul es cariñoso, pero no exento de ironía. Nos vemos reflejados en Paul y eso es precisamente el gran mérito de Rabagliati.

A pesar de llevar ya casi veinte años con su saga, nuestro autor apenas ha modificado su estilo, un trazo limpio y sinuoso que nos recuerda a los caricaturistas americanos de los años 50 y 60. La única novedad que al respecto ofrece este tomo es la inclusión de unas páginas en un color muy vistoso, cuya intencionalidad está justificada dentro de la historia.

Paul en el norte es una invitación a rememorar esos años de adolescencia en las que hicimos cosas que hoy nos parecen absurdas. Una evocación nostálgica pero alegre, con un humor natural, sin estridencias: el que encierran las escenas cotidianas. Acercaos a Paul y acompañadle en sus descubrimientos, caminad hacia el norte con él. Si no lo conocéis, es, como cualquiera de sus volúmenes, una excelente manera de empezar. Y si, como yo, lo sentís ya como un amigo, os encantará volver a saber de él.

Josep Oliver

@cisnenegro

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La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie

La flor púrpura

La flor púrpuraLa personalidad y el comportamiento del ser humano están determinados por sus genes y por el ambiente en el que vive. Nature and nurture, naturaleza y crianza, o lo que es lo mismo, herencia y entorno. Nacemos con una herencia genética fija que nos predispone a ser tímidos, adictos a las drogas o propensos a sufrir una depresión. Este saco de genes regalado por nuestros padres interacciona con el entorno que nos ha tocado vivir, con los amigos que nos encontramos o nos encuentran, con el brillante profesor de matemáticas del instituto que descubre algo en ti que nadie más había visto, con la natación del jueves y con el ballet de los martes. Pero también y por encima de todo, nuestra estructura genética choca con sus donantes originales, con cómo son, cómo viven y cómo nos educan nuestros padres. Tras un tira y afloja de varios años entre estos dos grandes mecanismos reguladores, se genera un adulto más o menos inteligente, motivado, extrovertido, neurótico, atrevido, voluntarioso, optimista y empático (por mencionar solo algunos de los muchos aspectos que configuran la personalidad).

Los genes son bastante invariables (de momento, de momento), así que lo único que se puede controlar para generar un adulto sano es evitar que la influencia del ambiente sea muy negativa. La infancia debería ser una etapa sagrada ya que en ella se forman la gran mayoría de los esquemas mentales que nos van a permitir luego enfrentarnos con cierta soltura en un mundo complejo. La infamia es que en muchos casos no es así. Muchos adultos se encontrarán con que están más o menos incapacitados para tratar con lo que les rodea, precisamente por haber encajado en un mundo peligroso o terrible en su niñez.

La Flor Púrpura es un libro que nos habla del final de la infancia de dos hermanos, Kambili y Jaja, que viven en un ambiente muy particular creado, principalmente, por su padre. La atmósfera en la que viven se sale de lo corriente. A mí me ha recordado al mundo tan extraño en el que viven los hijos en la película Canino. En esta extraordinaria película de Yorgos Lanthimos, se podría decir que los padres han secuestrado a los hijos del mundo real, obligándolos a vivir dentro de casa sin que entre ni una pizca del mundo exterior en sus vidas. Este encierro induce en sus hijos una ingenuidad y una pureza no habituales en niños “corriente y molientes” (si es que existe tal cosa). Sin embargo, la consecuencia atroz de este experimento es que, si alguna vez fuesen más allá de los muros de su casa, estos niños, ya adultos, serían completamente incapaces de entender nada de lo que les rodea. Los personajes de Canino son ficticios, pero existen casos reales equiparables, como el descrito en el documental Wolfpack (2015) de Crystal Moselle, que cuenta cómo los hermanos Angulo pasaron encerrados catorce años en su casa porque su padre tenía miedo de que Nueva York los “contaminase”.

Kambili y Jaja, viven una situación singular, no tan extrema como la de los niños de Canino o los del documental Wolfpack, y desgraciadamente mucho más habitual. A otra escala, la educación restrictiva de Eugene, el padre de Kambili y Jaja, transporta a los niños a un espacio cuyas únicas referencias son las que el padre permite. El factor externo “educación” choca con la carga genética de Kambili y le produce miedo, confusión y silencia su voz, mientras que el mismo factor provoca en Jaja frustración, culpa y finalmente determinación. En la historia que cuenta La Flor Púrpura, el entorno es una bomba que determinará las personalidades de Kambili y Jaja para siempre, a no ser que algo lo impida. A no ser que se les exponga a otro mundo lleno de risas, de flores de otros colores, de comidas más baratas pero más sabrosas. A un mundo de relaciones flexibles y naturales en el que conviven con armonía la tradición y la modernidad, la rebeldía y la supervivencia. Un mundo como el de la Tía Ifeona, la hermana de su padre.

Hasta ahora no he dicho que La Flor Púrpura se desarrolla en Nigeria y que todos los personajes del libro, a excepción de algún sacerdote europeo, son africanos. Y no lo he hecho a propósito. Precisamente para no incidir en lo que Chimamanda Ngozi Adichie llama el “peligro de la historia única” en su lúcida charla TED. Si tenemos muy poca información sobre una persona, un país, un continente, lo poco que sabemos los define de manera exclusiva.“La historia única” nos limita, fomenta los estereotipos y transmite la sensación de que somos muy diferentes de aquello que no conocemos. “La historia única” es la que hace que muchos europeos y americanos hablemos de África como si fuese un país en vez de un continente; un país además pobre, enfermo, analfabeto y violento. Solo eso. Chimamanda Ngozi se queja y nos recuerda que sus habitantes también son ambiciosos en sus trabajos, quieren conocer a la pareja de su vida o se preocupan por la rebeldía de sus hijos en su adolescencia. Todos somos muy parecidos en lo esencial y “la historia única” fomenta las diferencias y la oposición del “yo” frente al “otro”. Chimamanda Ngozi propone luchar contra la generación de esquemas tan pobres, sumando historias que nos permitan ver con más claridad. Y la materia de la que está hecha La Flor Púrpura, su primera novela, se podía extrapolar a Francia, Canadá o China. Es verdad que el clima político que ella describe es inseguro y peligroso y, obviamente, esta realidad como parte del entorno que los moldea tiene un gran impacto en sus vidas.

Pero la vida está en muchas otras plazas. En la contradicción emocional en la que vive Kambili con respecto a su padre, que parece ser un héroe y un monstruo a la vez; en la lucha por la democracia y la libertad de los medios de comunicación en la que lidian Eugene y Ade Coker; en el papel de la religión, tanto la de los dioses Igbos con sus exóticos rituales como la de la religión católica mostrada a través del antagonismo de Eugene y del padre Amadi; incluso en las preparaciones de comidas dónde se pela, se trocea y se cuecen verduras, tubérculos, frutos y se mezclan, si se puede, con algo de carne (el okpa, las hojas de orah… palabras hermosas no traducidas, probablemente directas del Igbo).

Chimamanda Ngozi, con su prosa limpia y bien estructurada, lucha contra la historia única no solo mediante un cuento sobre Nigeria que se suma a lo que conocemos, sino que predica con el ejemplo y puebla su historia con personajes complejos y contradictorios, que percibimos que están hechos de lo mismo que nosotros. Después ha escrito obras mejores como Medio Sol Amarillo o Americanah, pero su primera novela contiene ya los ingredientes y el buen hacer que le hicieron recibir el premio “Commonwealth Writer´s” al “Best First Book”.

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Sobre Shunkin, de Junichiro Tanizaki

Sobre-Shunkin-Satori

Sobre-Shunkin-SatoriDecía mi compañero Andrés Barrero en la reseña de El elogio de la sombra, que “es una de esas obras que ennoblecen una biblioteca personal”, pues eso mismo he pensado yo al leer Sobre Shunkin, otro de los cuentos de Junichiro Tanizaki, así que he de suponer que lo que ennoblece la biblioteca de cualquiera, y sea cual sea el formato que se utilice, es tener entre tus obras algo de este autor.

También mi cuento es de la editorial Satori. Y también sé que será la envidia de todo el que se acerque a mi biblioteca.

Dice Yasunari Kawabata de este cuento que les traigo, que es “Una obra maestra imposible de describir con palabras y ante la cual solo podemos dejar escapar suspiros de admiración”, y no seré yo la que corrija a quien fue capaz de escribir La casa de las bellas durmientes, de la que un día ya les conté mi fascinación.

He agradecido mucho la introducción que Carlos Rubio le hace a este cuento, y no tanto por lo que del mismo nos aclara, sino más bien, por lo que puede servir de iniciación a la literatura japonesa moderna.

Como ustedes ya me van conociendo, sabrán que no he leído la introducción hasta después de haber leído el libro, pero también les cuento ahora que una vez leída la introducción he vuelto a releer Sobre Shunkin, y ahora les confieso que seguramente volveré algún día a él para subrayar aquellas cosas que hoy ni tan siquiera me he atrevido a hacer en este bello libro, pero quiero que esta historia tenga vida propia entre mis libros, y para eso tengo que hacerlo mío. Tengo que hacer mía esta historia de la maestra Shunkin y su discípulo y amante Sasuke. Tendré que escribir en los márgenes, tenderé que subrayar las más hermosas frases, tendré que poner los muchos signos de admiración que ayer no me atreví a dibujar …

Tengo la sensación de que cuando yo también sepa ver esta historia con los ojos del corazón y no con los ojos de la razón, habré dado un paso más en la comprensión del AMOR. Sí, claro, estamos hablando no del enamoramiento, no de la atracción sexual, estamos hablando de lo que hace que algo te una para toda la vida a otra persona, algo que transciende a lo meramente humano y que nos lleva a otra dimensión solo apta para unos pocos privilegiados.

¿Qué es la belleza?

¿La admiración?

¿La devoción?

El vuelo de la alondra que regresa a su jaula después de haber volado hasta el infinito, el canto del ruiseñor, que nunca canta con público … ¿Cuántas veces nos paramos a disfrutar de la belleza que nos ofrece la naturaleza? ¿Dónde está la belleza, en el ruiseñor o en su canto?

La música en todas sus dimensiones de belleza. El arte de las artes, y la poesía… Que juntas suman.

Qué habilidad la del autor para que me interese absolutamente todo lo que me cuenta, la historia central y naturalmente todo lo que la rodea, esa forma de vida tan extraña hoy a la nuestra… ¿O no tanto?

Fíjense que esta historia tan antigua a mí me ha recordado esta frase:

“No se ve bien más que con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos” Y no crean que es un proverbio chino a una frase de un libro de filosofía oriental son palabras pronunciadas por Forrest Gump 😀

Muchas veces la literatura japonesa me deja un poco triste, no ha sido este el caso. Creo que seguiré leyendo a este autor que se me ha colado por la grieta que ya en su momento me abriese el propio Kawabata. Y de la misma forma que un día investigara y me preocupara de leer sobre la vida de ese autor, hoy quiero de forma casi obsesiva saber más de Tanizaki, de su vida y de su obra, así ha sido la fuerza con la que ha llegado a mí tanto la propia historia Sobre Shunkin, como lo que del autor y de su bibliografía nos cuenta Carlos Rubio.

Nada les he dicho de la traducción de Aiga Sakamoto. Buena señal 😀

P.D.: Este libro ha sido un regalo de una amiga muy lectora y muy especial en sus lecturas. Sus regalos son siempre gotas de esencia de literatura… ¡Gracias!

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